¿Para qué necesita el proletariado una vanguardia comunista?

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En el marco de las discusiones del Círculo Obrero de Debate de Barcelona,
de una reciente Reunión Pública de la
CCI y en general del Foro Esparevol[1],
el compañero Tamer ha hecho dos aportaciones a la discusión[2].
Las saludamos, saludamos su valentía y
su criterio en exponer sus puntos de vista. Creemos que al discutir
públicamente su postura podremos aclarar mejor entre todos dos puntos
fundamentales: ¿hacia dónde va la lucha de la clase obrera? ¿Cuál es el papel
de los comunistas?

Se trata de dos cuestiones que interesan a muchos compañeros, no solamente
en el medio politizado proletario de Barcelona o a nivel de España sino en todo
el medio internacionalista que hoy está emergiendo en los 5 continentes. Aquí
nos interesa ver las posturas que expresa el compañero, conforme al auténtico
espíritu proletario de debate se trata de ver qué se dice y no quién lo
dice. De ahí que las críticas o las posiciones opuestas que podamos exponer
parten de un respeto profundo al compañero y a todo lo que está aportando.

El estilo con el que el compañero se expresa resulta a veces difícil de
comprender, su tendencia a encadenar una idea tras otra sin dar un mínimo
respiro hace que se pierda el hilo de lo que quiere decir. Puede que lo hayamos
interpretado mal. No obstante, confiamos que en el debate el compañero aclarará
y definirá más su posición,
rectificaremos gustosos si hemos sacado alguna conclusión errónea.[3]

Los puntos que compartimos

En todo debate proletario hemos de partir de aquello que nos une para desde
ahí manifestar lo que nos separa. En los dos textos del compañero hay puntos
que compartimos:

a)
La decadencia del capitalismo

El compañero comprende que el modo de producción capitalista está en un
proceso de decadencia irreversible: «
Sin embargo, todos los Modos de
Producción están sujetos a un desarrollo que culmina inevitablemente en un
punto a partir del que la propia economía -y no subjetivamente los miembros de
la clase dominante ni los gestores a su servicio-, empiezan a carecer de un
marco de condiciones que ofrecer. Ese punto abre una vía posible para la clase
explotada, no más: destrucción del Modo de Producción y, mientras tanto,
padecimiento de las implicaciones inextricables a la inoperancia objetiva
creciente del Modo de Producción».

La revolución proletaria no puede hacerse en cualquier momento ni es el
producto de una minoría audaz que aprovecharía una situación favorable para
conducir el género humano al paraíso. Frente al idealismo y el voluntarismo,
Marx puso en evidencia que «Ninguna formación social desaparece
antes de que se desarrollen todas las fuerzas productivas que caben dentro de
ella, y jamás aparecen nuevas y más elevadas relaciones de producción antes de
que las condiciones materiales para su existencia hayan madurado dentro de la
propia sociedad antigua. Por eso, la humanidad se propone siempre únicamente
los objetivos que puede alcanzar, porque, mirando mejor, se encontrará siempre
que estos objetivos sólo surgen cuando ya se dan o, por lo menos, se están
gestando, las condiciones materiales para su realización»
[4]

Como afirmó el primer Congreso de la Internacional Comunista
(1919) el periodo histórico abierto por la Primera Guerra
Mundial (1914-18) y la
Revolución de Octubre 1917 es la época donde el declive
irreversible del capitalismo pone a la orden del día la Revolución Comunista
Mundial.

b)
El problema es el Capital

El compañero denuncia las ideas que explican los desmanes de esta sociedad
en función de "malas políticas económicas", "sectores especuladores o
egoístas", "los mercados" etc. Deja muy claro que «El comunismo no avanza sin haber barrido de la conciencia proletaria
ese paradigma de lucha que ve capitalistas y sus deseos, en lugar de ver al
capitalismo -con sus límites de respuesta e integración, con sus épocas, con
todo el arco de necesidades, y no tan sólo ni fundamentalmente intereses
utilitarios, que el Modo de Producción asigna a los capitalistas mismos, y así
con el comportamiento de clase aparejado a ellas»

El capitalismo es un sistema cuyas leyes conducen a la destrucción de la
humanidad en medio de sufrimientos inenarrables. Ninguna fracción "más
progresista" del Capital, ninguna reforma, ninguna "voluntad popular", podrán
detenerlo, solamente su destrucción como sistema social podrá abrir la vía
hacia la liberación de la humanidad.

c)
La denuncia del "realismo conservador"

El compañero denuncia un "realismo" y un "sentido común" que nos conducen a
aceptar mansamente esta sociedad "tal cual es" porque "es lo que hay": «Los límites estructurales que circunscriben
a las perspectivas de los proletarios contra los capitalistas, también se ven,
o el empresario las muestra: "Mirad la caja vacía", "Mirad los números rojos",
"Es así; no es culpa mía", "Tendré que cerrar la empresa", "Quien pudiera,
sobreviva". Pero, la negación de las Instituciones sociales que enmarcan la
vida de unas y otras clases y que definen la relación entre ellas, no se ve en
tanto que negación histórica, es decir, en tanto que nuevo mundo erigido sobre
la liberación respecto de esas Instituciones objetivas nucleares: económicas,
políticas, culturales, de relaciones, valorativas y éticas. La apariencia -no
como mentira, sino como aparición y manifestación real: phenomenon- conforma el
campo visual de la "vida práctica", es decir, conforma las inducciones
emergiendo a partir de la "práctica de vida"»

Todo eso que se llama "realismo", "espíritu práctico", "sentido común", no
son sino manifestaciones pedestres del más lato y torpe de los idealismos. En
primer lugar porque conduce a ver la realidad que nos rodea como una foto fija
y estática que ni comprende la dinámica pasada que ha llevado a ella ni la
dinámica futura que puede esconderse tras la superficie. En segundo lugar
porque lleva a agarrarse a utopías reaccionarias: que los capitalistas
"compartan los sacrificios", que el Estado se ponga del lado de los más
desfavorecidos, que la ley le pare los pies a los especuladores...

La propiedad no revolucionaria del
proletariado

El compañero se plantea la lucha por el comunismo, se define como comunista
y dice creer en la naturaleza revolucionaria del proletariado. Sin embargo, el
debate surge cuando distingue en el proletariado dos "propiedades": una revolucionaria y otra no
revolucionaria.

En su texto En relación a la lucha económica y la subversión comunista, el
compañero explica en qué consiste la propiedad no revolucionaria del
proletariado: « En otras palabras: la conciencia de rechazo que el
proletariado desarrolla frente a las imágenes más monstruosas del sistema, y
frente a la dureza del malvivir que soporta bajo el sistema, no es consciencia, pues el proletariado, ni
identifica su condición de clase como ser
en contradicción irresoluble
bajo el capitalismo, y ni mucho menos identifica el curso político con que debe canalizar esa contradicción hacia
su resolución socialista»
.

De forma todavía más precisa, nos dice que «El proletariado desengañado de la democracia tiende al apoliticismo.
El proletariado desengañado de los sindicatos estatales tiende a renegar de la
necesidad de dotar de unidad y continuidad sindicales a las luchas por sus
condiciones de vida
(...) El obrero
desempleado adopta el trabajo como horizonte de reivindicaciones o de
expectativas, mientras el obrero empleado sueña con un "dolce far niente" ocioso y de descanso. El proletariado
indignado por la guerra acostumbra a abrazar posturas latente o claramente
pacifistas. El proletariado repudia el nacionalismo pero ese mismo repudio le
conduce al apoyo inconsciente al nacionalismo (...) En definitiva, el
proletariado en su generalidad no llega a formular la negación dialéctica de su
propia negación espontánea reflexiva del capitalismo, y así acaba quedando
atrapado en una u otra dimensión "alternativa" de la matriz de la ideología
dominante»
.

¡Peor aún!: «ese rechazo proletario
de su propia existencia insatisfactoria no contiene germen (ni puede
auto-producírselo) que, fecundándose y aflorando parejo al curso evolutivo de
las luchas proletarias inspiradas por su necesidad de darse condiciones de cobertura
de sus necesidades de clase (necesidades capitalistas, al
fin y al cabo), irrumpa destripando la vieja membrana de mundo de referencia y
se revele como nueva cualidad entrañada por el proletariado»
.

El compañero traza sobre el papel, un ejercicio teórico sobre los
resultados de una lucha económica y nos enuncia dos posibles resultados: el A y
el B. Resultado A: «Si la lucha da frutos
más o menos satisfactorios, la conclusión empírica consecuente es que es
posible continuar mejorando proletariamente,
al menos a cierto nivel. La identidad proletaria objetiva se nutre así de su
mecánica percepción subjetiva y se instala con mayor estabilidad como Capital
Variable»
. Dicho simplemente: si la lucha es victoriosa el proletariado se
vuelve más explotado, más clase para el capital. Pero sí el Resultado es
B «El proletariado va acercándose así, a
cada movimiento, a ese estado de masa totalmente vendida al soplar de los
vientos del Capital y sin energía que consagrar a todo cuanto no sea llegar a
sobrevivir día a día»
.

La propiedad revolucionaria del
proletariado

En resumidas cuentas, si el proletariado lucha y gana, mal; si lucha y
pierde, peor. El proletariado no puede rechazar la guerra, ni los sindicatos,
ni la democracia, ni el nacionalismo, tampoco puede rechazar su propia
existencia insatisfactoria, haga lo que haga está irremisiblemente condenado a
caer en el terreno del capitalismo porque sus necesidades como clase son "necesidades capitalistas, al fin y al cabo".

¿Dónde está la "propiedad revolucionaria" del proletariado? El compañero nos
dice: « Pero entonces, si, ni la cualidad
de explotado por ella misma, ni la evolución fenoménica de esa cualidad en el
marco existencial proletario, componen la substancia de la Propiedad revolucionaria
proletaria, ¿qué compone esa substancia?»
, a lo que responde que « las implicaciones socio-estructurales
indesligables de la cualidad de explotado son las que hacen del proletariado la
clase revolucionaria del capitalismo. Pero ello jamás haciéndolo -fuera de
repente o evolutivamente- revolucionario para sí, sino en tanto que esas
implicaciones socio-estructurales de la explotación hacen del proletariado una
fuerza: 1º. Capaz de ser puesta al servicio de un proceso de abolición de toda
clase de Capital como Capital
(...) 2º.
Capaz de culminar este proceso con éxito y de poner en marcha las nuevas bases
productivas, cuyo correlato al nivel de la distribución es la abolición de la
mercancía
(...) 3º. El proletariado es
una Fuerza Productiva que necesita realizar esa capacidad histórica que entraña
debido a las implicaciones socio-estructurales inherentes a su condición de
explotado. Su capacidad es su necesidad porque, bajo el capitalismo, ni puede
seguir desarrollándose o empleándose como Fuerza Productiva en su desarrollo efectivo,
ni su sustento integrado en el trabajo capitalista o en el consumo mercantil es
compatible con el sustento competitivo capitalista de la producción
».

De esta larga aseveración lo único que responde realmente a la pregunta es
el primer punto, cuando dice que el proletariado es una fuerza "capaz de ser
puesta al servicio de un proceso de abolición del capital". ¿Quién pone al
servicio de ese proceso a la fuerza proletaria? El compañero se ha encargado de
excluir categóricamente al proletariado mismo. Tiene que ser una fuerza
exterior o superior a él. ¿Quién?

En un pasaje anterior nos lo aclara «
En este sentido, toda la ganancia de habilidad de lucha, toda ganancia de
sentimiento de solidaridad, toda ganancia en la identificación de clase más
allá de marcos clasificatorios profesionales, de sector, territoriales o de
procedencia, toda ganancia en el terreno de la consciencia en torno a la
necesidad de unificación de luchas, toda ganancia de auto-comprensión de
fortaleza colectiva, toda ganancia formativa estratégica, toda ganancia en la
consecución de condiciones mínimas para poder sacar al proletariado respecto
del horizonte perceptivo de la supervivencia y de la inercia energética hacia
la conservación adaptativa..., son ganancias cuyo "cuantum revolucionario" suma signo negativo mientras no sean
puestas, por la Vanguardia
comunista, en conjunción dentro de la racionalidad
revolucionaria que las positivice (llamo a este proceso dotación de
Dirección comunista a la lucha de clases)»
.

Así pues, la "propiedad revolucionaria" reside en el "proceso de dotación
de dirección comunista a la lucha de clases". Esta "dirección comunista" no
debe desdeñar las luchas del proletariado pero dentro de ellas ha de intervenir
para decirles que no sirven para nada pues « ¿Es tarea de los comunistas ser sol y lluvia sobre ese terreno?: no
hay simiente revolucionaria guardada por ese terreno. No importa su fertilidad
o esterilidad de frutos; son frutos estériles al comunismo. ¿Van a dejar de
darse estas luchas? Al contrario: están determinadas
a proliferar. ¿Vamos los comunistas a marchar con este movimiento real del
proletariado? Los comunistas no somos una secta, sino el orden que organiza y
que dirige a la colosal fuerza humana que el proletariado es, disponiéndola al
servicio de la revolución. Sin embargo
(...)
el comunismo teórico va a marchar con el
movimiento real del proletariado, no para servirlo en la afirmación de sus
contenidos; va a desvalorizar esos contenidos dirigiendo la mirada proletaria
hacia otra dimensión, hacia los referentes socialistas de la organización de la
producción».

Así pues, los comunistas se dirigen a los proletarios diciéndoles ¡dejad al
lado vuestras luchas miserables![5],
¡Entregadnos a nosotros la dirección de vuestra "colosal fuerza"! ¡Nosotros dirigiremos
vuestra atención "hacia los referentes socialistas de la organización de la
producción"!

¿Y en qué consisten esos "referentes socialistas"? El compañero señala la
siguiente perspectiva: «plantillas enteras de proletarios, justamente para auto-mantenerse como proletarios, han tenido y, sobre
todo, van a tener que apropiarse del
Capital, haciéndose propietarios y asegurándose así subsistir con su
propia explotación. Este proceso desatado, no destruye el Capital
(...) tampoco se trata de un proceso que genere o que facilite consciencia
proletaria respecto de la necesidad de destruir el Estado capitalista
(...). La apropiación proletaria de Capital en unas y otras ramas de
la producción es revolucionaria en el sentido exclusivo de que, siendo esos proletarios sujetos a la acción
de los comunistas por dirigirlos hacia la destrucción del Estado capitalista,
nos brinda a los proletarios en lucha revolucionaria un tejido productivo con
el que sustentarnos y con el que dotarnos de medios militares, lo que significa
dar un paso de gigante tanto porque nos libramos, aun parcialmente, del
chantaje subsistencial que los capitalistas intentan imponer»
.

Así pues, el compañero propone como perspectiva "táctica" un objetivo -la
autogestión de empresas "abandonadas por el capital"- que él mismo reconoce que
ni "destruye el capital" ni genera "conciencia de la necesidad de destruir el
Estado Capitalista" (¡¡¡).

Ese objetivo -el mismo compañero lo reconoce- gira totalmente en la órbita
del capital. Entonces ¿cómo es posible que sea válido en la lucha por el
comunismo? Solamente porque está dirigido por los comunistas. Esto abre
una puerta potencialmente muy peligrosa: cualquier objetivo táctico aunque
refuerce al capital será válido para avanzar hacia el comunismo con tal de
estar dirigido por comunistas. El proletariado no es capaz de ninguna de
las maneras de luchar por el comunismo como se ha encargado de demostrar el
compañero. Pero por eso mismo si es dirigido por los comunistas entonces si que
puede caminar en esa dirección aunque su "lucha" consolide el capitalismo.

No estamos exagerando ni haciendo una caricatura porque el compañero no
tiene ningún inconveniente en que sean utilizados los sindicatos: «El hecho de que los comunistas que
pertenecen al proletariado socio-económico, formen sindicatos -o como prefieran
llamar a las estructuras de lucha económica-, no es ni loable ni censurable;
sencillamente está determinado a ser, igual que está determinado a hacerlo el
proletariado no comunista en su movimiento de agarrarse al suelo capitalista
(...)
así actúa y va a actuar el proletariado
como proletariado; no como proletariado comunista»[6]
.

Un pensamiento basado en las nubes
de la especulación abstracta

Hemos intentado citar lo más ampliamente posible al compañero con objeto de
intentar comprender lo que defiende y no hacer caricaturas. Si esas son
realmente sus posiciones vamos a formularles una crítica severa.

Lo primero que nos llama la atención en sus 2 textos es que sus
conclusiones no se basan en un análisis de experiencias concretas, bien sean
históricas, bien sean recientes, sino en todo un argumentario que fluye de una
lógica completamente abstracta.

Este método es defendido por Tamer con el siguiente argumento: «La esencia no emerge sin ciencia. Y, a su
vez, es mentira que la ciencia comunista emerja del análisis de las
experiencias, lecciones, memoria y de la lucha de clases como si éstas
compusieran un banco conceptual vivo que sintetizar mecánicamente en textos.
Marx y Engels estuvieron en la brecha en París durante la revolución de 1848,
disparando tras la barricada y delante de ella. Dieron lucha en la Liga de los Justos contra el
misticismo de Weitling. Siguieron y animaron las luchas obreras del Ruhr, Se
interesaron por conocer las condiciones de vida del proletariado en Inglaterra.
Pero no fue con estos materiales que Marx escribió Contribución a la crítica de
la Economía Política

(...) Sólo cuando Marx y Engels hubieron
identificado la esencia contradictoria del Modo de Producción capitalista,
pudieron transmutar esa ciencia suya en una ofrenda para los proletarios

(...) no hubo Manifiesto del Partido
Comunista sin la averiguación anterior de las Leyes de la historia en general
-que gobiernan la sucesión de los Modos de Producción- y del capitalismo en
particular. A su vez, El Capital no emana de la asistencia a la lucha de clases
por parte de un Marx que, armado de su genio, sacara a ésta un jugo suyo de
ideas implícitas, sino que es el producto de los varios años que Marx pasó
consigo mismo, encerrado entre libros en la Biblioteca británica»

Es verdad que el marxismo no es un reflejo pasivo de la experiencia de la
lucha de clases sino que es un factor activo en su evolución, es decir,
que el marxismo participa y transforma el propio movimiento proletario del que
se reclama y en el que se inscribe.
También es justo señalar que el marxismo no se limita a "analizar la
lucha de clases" sino que estudia y comprende lo mejor del pensamiento y las
ciencias legadas por la historia de la humanidad. Lenin dice en Tres
fuentes y tres partes del marxismo
«el
marxismo es el sucesor natural de lo mejor que la humanidad creó en el siglo
XIX, la filosofía alemana, la economía política inglesa y el socialismo
francés»
[7]

Sin embargo, es radicalmente erróneo pensar que el marxismo sería el
producto de un "Marx encerrado consigo mismo". Lenin clarifica en la obra antes
citada que «La historia de la filosofía y
la historia de las ciencias sociales enseñan con toda claridad que no hay nada
en el marxismo que se parezca al sectarismo, en el sentido de una doctrina
encerrada en sí misma, rígida, surgida al margen del camino real del desarrollo
de la civilización mundial»
.

Marx estaba en contra del método que le atribuye el compañero pues ya en los
Anales Franco-Alemanes (1843) afirmó con rotundidad que «nosotros no nos enfrentamos al mundo doctrinalmente, esgrimiendo un
nuevo principio y exclamando ¡he aquí la verdad arrodíllate! Brindamos al mundo
nuevos principios deducidos de los principios del mundo»
. Pero el
Manifiesto Comunista es todavía más inequívoco: «Los comunistas no forman un partido aparte de los demás
partidos obreros. No tienen intereses propios que se distingan de los intereses
generales del proletariado. No profesan principios especiales con los que
aspiren a modelar el movimiento proletario. Los comunistas no se distinguen
de los demás partidos proletarios más que en esto: en que destacan y
reivindican siempre, en todas y cada una de las acciones nacionales
proletarias, los intereses comunes y peculiares de todo el proletariado,
independientes de su nacionalidad, y en que, cualquiera que sea la etapa
histórica en que se mueva la lucha entre el proletariado y la burguesía,
mantienen siempre el interés del movimiento enfocado en su conjunto»
.

Quizá el compañero no esté de acuerdo
con el método de Marx. Tiene no solo el derecho sino el deber de
exponerlo públicamente porque ni Marx ni nadie son infalibles, pero lo que si debemos
exigirle es que no atribuya a Marx ideas o posiciones que no le pertenecen.

Un debate que no es nuevo

Este método de rechazo de la experiencia histórica del proletariado conduce
al compañero a formular ideas que en realidad son muy viejas. Ya estuvieron en
boga en las corrientes modernistas de los años 70 y 80 del siglo XX que
afirmaban que "el proletariado es una clase para el capital" y que, en
consecuencia, su única perspectiva es "negarse a sí mismo como clase".

Pero remontándose más lejos, las mismas ideas que formula el compañero
estuvieron en el centro del debate entre Marx y Proudhon en el libro La
miseria de la filosofía
, aparecido en 1847.

Marx comenta: «los socialistas les
dicen a los obreros: no os unáis porque, a fin de cuentas, ¿qué vais a ganar?
¿Un alza de salarios? Los economistas os demostrarán de sobra que los pocos
céntimos que podéis ganar, en caso de tener éxito, serán seguidos por un
descenso permanente.
(...) Y nosotros,
en nuestra condición de socialistas, nosotros os diremos que apartando esta
cuestión del dinero, seguiréis siendo los obreros, y los patronos serán siempre
los patronos, antes y después»
(página 293 edición española).

Marx consideraba a esas corrientes socialistas como revolucionarios
sinceros, lo que criticaba en ellos es que negaran toda relación entre las
luchas inmediatas obreras en el viejo mundo y el nuevo mundo al que aspiraban.
De ahí que «los economistas quieren que
los obreros permanezcan en la sociedad tal y como está formada y tal como ellos
la han consignado y sellado en sus manuales. Los socialistas quieren que los
obreros dejen como está la vieja sociedad para poder entrar mejor en la nueva
sociedad que les han preparado con tanta previsión»
(ídem.)

Y ¿por qué los socialistas no veían nada revolucionario en el proletariado
y no establecían ninguna relación orgánica entre sus luchas contra la vieja
sociedad y la perspectiva de la nueva sociedad? Porque tomaban una foto fija de
los efectos que produce la explotación en los obreros: «La división del trabajo reduce al obrero a una función degradante; a
esta función degradante le corresponde un alma depravada; a la depravación del
alma le corresponde una reducción siempre creciente del salario. Y para probar
que esta reducción de salarios corresponde a un alma depravada, el Señor
Proudhon dice, para tranquilizar su conciencia, que la conciencia universal lo
que así lo quiere»
(página 237).

Es decir, como el mismo Marx apostilla, no veían en LA MISERIA MAS QUE LA MISERIA y no captaban el
lado revolucionario que encierra. Las luchas inmediatas de la clase obrera constituyen
una de las vías[8]
que tiene el proletariado para forjarse como clase revolucionaria: «la gran industria aglutina en un lugar a
una masa de personas en la que nadie conoce a nadie. Pero el mantenimiento del
salario, ese interés común que tienen contra los patronos, los une en una misma
idea, la resistencia, la coalición. De esta forma, la coalición tiene siempre
un doble objetivo, el de poner fin a la competencia entre ellos para así poder
llevar a cabo una competencia general contra el capitalista. Si bien el primer
objetivo de la resistencia solo fue el mantenimiento de los salarios, a medida
que los capitalistas se unían a su vez en torno a la idea de la represión, las
coaliciones, aisladas al principio, se forman en grupos y, frente al capital
siempre unido, se hace más necesaria la defensa de la asociación que la del
salario. Esto es tan cierto que los economistas ingleses están perplejos al ver
que los obreros sacrifican una buena parte de su salario a favor de las
asociaciones que, para los economistas, solo están establecidas en defensa del
salario. En esta lucha -una verdadera guerra civil- se reúnen y se desarrollan
todos los elementos necesarios para una batalla futura. Una vez llegado a ese
punto, la asociación adquiere un carácter político»
(página 295).

Los argumentos de lógica formal degeneran en silogismos: como el
proletariado aspira a abolir el trabajo asalariado toda lucha en defensa de sus
salarios es una lucha "para el Capital". Frente a ello hemos de situarnos en la
comprensión concreta de la dinámica histórica de la lucha de clases: «la clase trabajadora, sustituirá en el
curso de su desarrollo, a la antigua sociedad civil con una asociación que
excluirá las clases y su antagonismo: ya no habrá poder político propiamente
dicho, ya que el poder político es precisamente la concreción oficial del
antagonismo en la sociedad civil»
(página 298).

El partido comunista por el que
luchamos

¿No hubiera sido mejor que el compañero hubiera confrontado sus posiciones con
ese debate de hace 160 años? No estamos diciendo -ni mucho menos- que siga a
Marx a pies juntillas. Lo que decimos es que considere antes la argumentación
contraria de Marx y parta de ella, bien para rebatirla bien para asumirla.

Abordemos ahora la solución que propone el compañero: el desarrollo de la
dirección comunista. Nosotros estamos por la constitución del Partido
Comunista Mundial. Ahora bien ¿cómo abordar el combate por esa formación?
Nosotros pensamos que debe llevarse a cabo a partir de la experiencia histórico
- mundial del proletariado. Debe tomarse en cuenta las lecciones de más de 200
años de intentos de crear y desarrollar una actividad organizada por parte de
los comunistas: desde la Liga
de los Iguales de Babeuf a fines del siglo XVIII a la Liga de los Comunistas (1847)
hasta las fracciones de la Izquierda Comunista pasando por las experiencias
de las 3 Internacionales: la AIT
(1864-76), la 2ª Internacional (1889-1914) y la Internacional Comunista
(1919-28).

No podemos aquí más que hacer unas breves reflexiones[9].
Para nosotros la actividad organizada de los comunistas forma parte integral de
la lucha de clase del proletariado. Es un elemento de primer orden en su
evolución. Necesita de la contribución teórica y agitativa de los comunistas.
La cuestión NO ES estar a favor o en contra del Partido, sino determinar cuál es su función en la clase obrera y
precisar a partir de ahí cómo podemos luchar concretamente por su
constitución.

Desde ese punto de vista, estamos radicalmente en contra de la postura
expresada por el compañero consistente en que el Partido es el Sujeto -así con
mayúsculas- y el proletariado es el objeto -en mínimas minúsculas-, el Partido
dirige y el proletariado le sigue; el Partido es el genio de la lámpara
maravillosa capaz de infundir carácter revolucionario a lo más reaccionario y
el proletariado sería el Don Pésimo que hace reaccionario todo lo que toca.

Una vez más, la visión que expresa el compañero no es nueva en la
historia del movimiento obrero. Fue la que defendían Blanqui y otras
organizaciones que en los albores del movimiento obrero y considerando su
estado de debilidad e inmaduro desarrollo teorizaban que el comunismo era un
proyecto que había que imponer a la clase[10].

Sí tanto Marx como Engels defendieron enérgicamente que «el movimiento proletario es el movimiento
independiente de la inmensa mayoría en beneficio de la inmensa mayoría»

(Manifiesto Comunista) y que «la
emancipación de los trabajadores será obra de los propios trabajadores o no
será»
(Primera Internacional) no fue por retórica ni porque negaran la
función del Partido, sino porque situaban el papel del Partido como arma de
desarrollo desde dentro, orgánica, de la propia lucha de clases.

El Partido del proletariado no nace de la debilidad del proletariado sino
del desarrollo combatiente de su fuerza. El Partido del proletariado no es la
silla de ruedas motorizada al que hay que subir a empellones a un proletariado
congénitamente inválido sino la herramienta indispensable que el proletariado
se dota para llevar su combate hasta el asalto revolucionario contra el
capitalismo. Los comunistas no son unos solícitos médicos que desde el exterior
desembarcan con recetas milagrosas sobre un proletariado que no sabe otra cosa
que ponerse enfermo. Son la expresión de un esfuerzo histórico - ojo: no
inmediato- del conjunto del proletariado a lo largo de más de 2 siglos de
combates.

No podemos sino solidarizarnos con este pasaje de Engels en el prólogo a la
edición alemana del Manifiesto Comunista (1890): « En cuanto al triunfo final de las tesis del
Manifiesto, Marx ponía toda su confianza en el desarrollo intelectual de la
clase obrera, fruto obligado de la acción conjunta y de la discusión. Los
sucesos y vicisitudes de la lucha contra el capital, y más aún las derrotas que
las victorias, no podían menos de revelar al proletariado militante, en toda su
desnudez, la insuficiencia de los remedios milagreros que venían empleando e
infundir a sus cabezas una mayor claridad de visión para penetrar en las
verdaderas condiciones que habían de presidir la emancipación obrera»
[11]

CCI 04-06-10

Anexo 1

Inercia capitalista del
proletariado en su conciencia y en su práctica

Yo también sé que el proletariado
es una clase revolucionaria (y más exactamente, el proletariado en su conjunto,
aunque algunas de sus capas no puedan llegar a serlo más que si son ganadas por
el núcleo central del proletariado durante la lucha política enmarcada en el
proceso de construcción del poder y de su ejercicio, así como otras de sus
capas serán contra-revolucionarias hasta su disolución). Conozco esta Propiedad
de clase a la luz de la demostración científica que Marx desarrolla en torno a
la cuestión de las condiciones evolutivas de Modo de Producción que producen
también a la clase revolucionaria (no sólo, pues, la propia sepultura del Modo
de Producción, sino a sus sepultureros también). Pero creo que esa condición
revolucionaria se refiere a que el proletariado está determinado a estallar en
la medida en que el Modo de Producción va siendo crecientemente incapaz de
integrarlo como partícula del Capital (Capital Variable) y como elemento
central en la conversión de la plusvalía en ganancia al contraerse
progresivamente el Total salarial en relación al Total de valor producido. Va
cobrando irremisiblemente rostro histórico la premisa que Engels
formulara en Anti-Dühring: la producción de la fuerza humana que se
levanta contra un orden económico no responde a la conciencia con que las
clases dominadas viven la decadencia de los Modos de Producción -y que puede
presentarse como filosofía, rebelión, malestar, insatisfacción, nuevas
concepciones de "la Justicia",
nuevos valores, crítica de la clase dominante en decadencia, etc.-, sino que,
al revés, esas concepciones disconformes son el reflejo de que la producción
-y, por tanto, la distribución, la política, el aparato jurídico provisor de
derechos indispensables para el funcionamiento de la clase explotada; incluso
la esclavitud fue legislada con unos derechos- va siendo incapaz de sostener
las relaciones de clase que caracterizan y reproducen a ese Modo de Producción.

Esa Propiedad de clase es una
necesidad; es decir, posee cualidad de mera objetividad, desprovista en sí
de -e incapaz de generar por sí- un correlato de idéntica cualidad
objetiva (revolucionaria) en el plano de la conciencia. Esa consciencia
(y no un modo de conciencia cualquiera) respecto de la acción política y
respecto del método de pensar lo real, que esa misma Propiedad históricamente
necesaria, por su parte, necesita incorporar en sí para no quedar en un
estallido sin rumbo ni sentido asumidos y que, así pues, no hiciera historia.

En otras palabras: la conciencia
de rechazo que el proletariado desarrolla frente a las imágenes más monstruosas
del sistema, y frente a la dureza del malvivir que soporta bajo el sistema, no
es consciencia, pues el proletariado, ni identifica su condición de
clase bajo el capitalismo como ser en contradicción irresoluble bajo
el capitalismo
, y ni mucho menos identifica el curso político con que
debe canalizar
esa contradicción hacia su resolución socialista, incluso
cuando una minoría intuye o comprende la imposibilidad histórica del
"capitalismo" (tal y como se lo representa con más o con menos limitación) y
por tanto comprende la necesidad de una imprecisa "revolución" o de un
impreciso "cambio profundo" pensados como acontecimiento que pudiera llegar de
la mano de poderes -grandes o pequeños- ya existentes que adoptaran
resoluciones de "cambio de las reglas del juego".

Pero la conciencia
anti-capitalista que el proletariado fragua en sí a tenor de su
experiencia pensada, no es consciencia (revolucionaria), también porque él, en
su mayoría, no está dotado del método de pensamiento materialista dialéctico.
De modo que unas u otras capas, proletarios en unas u otras condiciones
concretas, unos u otros destacamentos del proletariado adscritos objetivamente
a unos u otros territorios y sufriendo a unos u otros marcos políticos y
militares concretos..., se verán destinadas plantearse la negación de unas o de
otras manifestaciones del capitalismo, en función de su intensidad y predominio
circunstancial. El proletariado desengañado de la democracia tiende al
apoliticismo. El proletariado desengañado de los sindicatos estatales tiende a
renegar de la necesidad de dotar de unidad y continuidad sindicales a las
luchas por sus condiciones de vida, mientras el proletariado sujeto a contextos
de restricción de la libertad sindical, tiende a idealizar la lucha económica
como fuente de conquista de bienestar o como puerta a "la conquista de
otras condiciones políticas que valoricen su lugar en sociedad". El obrero
desempleado adopta el trabajo como horizonte de reivindicaciones o de
expectativas, mientras el obrero empleado sueña con un "dolce far niente"
ocioso y de descanso. El proletariado indignado por la guerra acostumbra a
abrazar posturas latente o claramente pacifistas. El proletariado repudia el
nacionalismo pero ese mismo repudio le conduce al apoyo inconsciente al
nacionalismo (a otro), o, "al revés" (complementariamente en realidad), le
conduce a despreciar las resistencias anti-imperialistas porque las identifica tout
court
erróneamente con "nacionalismo". En definitiva, el proletariado en su
generalidad no llega a formular la negación dialéctica de su propia negación
espontánea reflexiva del capitalismo, y así acaba quedando atrapado en una u
otra dimensión "alternativa" de la matriz de la ideología dominante.

Pero, finalmente, la conciencia
crítica del proletariado no es consciencia (revolucionaria) en tanto que no es
la negación de los valores, las concepciones, los ideales, las metas, los
proyectos, los planes..., con cuya materialización la burguesía pretende
consagrar en la Virtud
(burguesa) a su propio mundo, y cuyo cumplimiento al menos parcial es
imprescindible a su funcionamiento como orden productivo; esa crítica proletaria
espontánea se arroja contra la falsedad o contra la inviabilidad, en el orden
de cosas establecido, de esos ideales, y no contra su valor y su institución
referencial.

 

Por tanto, deberíamos partir de la
siguiente premisa: la conciencia de adversidad al capitalismo que el
proletariado fragua en sí -inextricable de su conciencia respecto de que
el capitalismo, por sí, es adverso a su subsistencia aun en el marco
capitalista y en el horizonte capitalista de viejas posibilidades o de viejas
condiciones
-, no es consciencia revolucionaria de clase (aunque sí
vaya a derivar en consciencia de clase entendida como identificación de una
condición de común pertenencia, de unos intereses comunes y de una fuerza
compartida de lucha
). Y ello es así porque ese rechazo proletario de su
propia existencia insatisfactoria no contiene germen (ni puede
auto-producírselo) que, fecundándose y aflorando parejo al curso evolutivo de
las luchas proletarias inspiradas por su necesidad de darse condiciones de
cobertura de sus necesidades de clase (necesidades capitalistas,
al fin y al cabo), irrumpa destripando la vieja membrana de mundo de referencia
y se revele como nueva cualidad entrañada por el proletariado. Esto es: irrumpa
revelándose como comprensión de su capacidad histórica en lo que se
refiere a producir una sociedad nueva sobre la base de un Modo de Producción
superador del capitalismo y, dialécticamente, irrumpa revelándose como
comprensión de que esa capacidad suya coincide con su determinación
objetiva a la lucha económica (pues, persistiendo en su condición de
proletario, ni siquiera puede cubrir ni asegurarse prolongadamente, por su
lucha, sus necesidades como proletario). Finalmente, la Propiedad proletaria
revolucionaria en lo que atañe a la determinación del proletariado (en
su conjunto) a una lucha por su reproducción como Fuerza de Trabajo, que es
irreconciliable con el techo capitalista en la provisión de esas condiciones
reproductivas, es una Propiedad que no se revela como comprensión del curso de
lucha y de ejercicio del poder que el proletariado debe surcar, determinado por
esa necesidad de realizar su capacidad histórica. Este curso, en lo que
se refiere a su recorrido general, no admite coexistencia con modelos
"alternativos" o con "soluciones concretas alternativas". Mientras, en lo que
se refiere a la superación de cada momento y cada contradicción de recorrido,
requiere de la identificación y la aplicación de la fórmula política correcta,
ya que el comunismo no es Roma, a la que "conducen todos los caminos", y, en
cambio, el recorrido hacia el comunismo responde más bien a la teoría del caos
en aquello de que una desviación a primera vista "mínima", imponiéndose, es
capaz de llegar a provocar, igual que el ajetreo de alas de una mariposa el
huracán, consecuencias contrarrevolucionarias tanto teóricas como de
funcionamiento social efectivo.

Dónde estriban respectivamente la Propiedad no
revolucionaria del proletariado y su Propiedad revolucionaria

En definitiva, ese "polo no
revolucionario" que el proletariado entraña, lejos de deberse fundamentalmente
al imperio de la ideología dominante entendida reductivamente como dominación
en las ideas por medio de la difusión de ideas, se debe, más profundamente,
a la posición material que el
proletariado ocupa en el proceso de producción y de cambio. El, mientras no sea
llevado a emprender una lucha -asumida a lo sumo limitadamente y no más que por
una minoría de este ejército- que apunte a la destrucción de su condición
objetiva proletaria, continúa dependiendo del capitalista y de las
posibilidades económicas del capitalismo, tanto como estos dependen de él. El
hecho de que escasee el trabajo, de que las empresas cierren, del incremento de
horas reales trabajadas o de la densidad laboral/ tiempo, de la disolución
progresiva del tejido asistencial..., son buenas noticias en el sentido
estricto de confirmar la determinación capitalista a atrapar al
proletariado en un callejón sin salida capitalista. Pero esto no significa que
la determinación proletaria a la lucha consecuente a esta des-cobertura
galopante de su propia funcionalidad proletaria y respecto de las necesidades
que la disposición capitalista de sus relaciones sociales ha ido generando a lo
largo de siglos en el proletario, asuma la inviabilidad del callejón y ni mucho
menos todavía asuma las implicaciones de esta inviabilidad, relativas a la
necesidad de dar a su lucha un cambio de cualidad, y no uno cualquiera
improvisado, experimental y (pseudo)"creativo", sino el único preciso, el único
creativo de una sociedad superior. Pero es más: no se trata meramente de
que la andadura proletaria a través del callejón de la defensa contra la
edición de "nuevas" condiciones capitalistas no entrañe por sí su
auto-superación revolucionaria endógena; es que, por mucho "suplemento de
consciencia" que algunos acudan a suministrarle en su transcurso, tampoco anida
en sí la materia prima con que cocinar su superación cualitativa a
partir de un apoyo e impulso comunistas a su discurrir (de una orientación
comunista a la prosecución de su adentrarse en el callejón). Más bien sucederá
lo contrario, y ello sea cual sea el resultado de esas luchas enmarcadas en la
matriz de las condiciones de vida capitalista, y esto por qué:

Resultado A: éxito de la lucha
(hipótesis, dicho sea de paso, más o menos improbable en el caso de
enfrentamiento del proletariado con la empresa, con el consorcio o con un
sector concreto de la administración estatal, y, en cambio, casi imposible
cuando el enfrentamiento es con el Estado a fin de obtener de él condiciones
jurídicamente recogidas o a fin de conseguir la edición estatal de regulaciones
vinculantes para una rama empresarial o para todos los empresarios, como en el
caso de un "régimen" o un estatuto laboral). Si la lucha da frutos más o menos
satisfactorios, la conclusión empírica consecuente es que es posible continuar
mejorando proletariamente, al menos a cierto nivel. La identidad
proletaria objetiva se nutre así de su mecánica percepción subjetiva y se
instala con mayor estabilidad como Capital Variable. En este sentido, toda la
ganancia de habilidad de lucha, toda ganancia de sentimiento de solidaridad,
toda ganancia en la identificación de clase más allá de marcos clasificatorios
profesionales, de sector, territoriales o de procedencia, toda ganancia en el
terreno de la consciencia en torno a la necesidad de unificación de luchas,
toda ganancia de auto-comprensión de fortaleza colectiva, toda ganancia
formativa estratégica, toda ganancia en la consecución de condiciones mínimas para
poder sacar al proletariado respecto del horizonte perceptivo de la
supervivencia y de la inercia energética hacia la conservación adaptativa...,
son ganancias cuyo "cuantum revolucionario" suma signo negativo mientras
no sean puestas, por la
Vanguardia comunista, en conjunción dentro de la racionalidad
revolucionaria
que las positivice (llamo a este proceso dotación de
Dirección comunista a la lucha de clases). Mientras tanto, estas ganancias no
son más que componentes técnicos de eficiencia que la clase, por su experiencia
y a través de sus luchas económicas, va fabricándose, consciente o
inconscientemente, para incrementar sus índices de éxito en las luchas de esa
misma categoría, y por tanto son aportes para la petrificación proletaria en
esa cualidad de lucha; jamás constituyen la materia prima en cuyo marco,
llegada ésta a un punto de crecimiento cuantitativo, de implicación más o menos
masiva, de lucidez auto-evaluativa y de eficacia procedimental, se produjera el
necesario cambio de cualidad, o prendiera el cambio al eco de prédicas
idealistas de conscienciación. Al revés: al paso de su auto-dotación de fuerza
de clase, es decir, de condiciones competenciales por la concreción de las
fuerzas del Capital frente a su antítesis capitalista, el proletariado
fortalece en sí esa conciencia proletaria como conciencia en su condición, de
"natural existencia", y susceptible de ser trascendida sólo en el individuo
proletario que ingresara -Virtud, laboriosidad, sacrificio o lotería mediante-
en otra condición de clase.

Resultado B: la lucha económica
fracasa en tanto que tienen que ser aceptadas, en lo substancial, las mismas
condiciones de trabajo, fiscales, de pago de infraestructuras,
asistenciales..., contra las que era enfocada la lucha (eso es lo que ocurre
con mayor frecuencia). De no ser mostrado otro marco de lucha y otra meta -es
decir, la genuina alternativa de lucha-, este proletariado embarcado en
su movimiento espontáneo no extrae la conclusión de abandonar esa vía,
raquítica de posibilidades de resultado y de resultados escuálidos ellos mismos
cuando llegan. La conclusión espontánea se muestra, en cambio, como una
tendencia al abandono en general respecto de la disposición de lucha, pues esa
vía no abandona su ocupación del campo conceptual "realista" de lucha en su
integridad. A esa tendencia abierta -y acumulativa al paso de la sucesión de
derrotas- hacia el desencantamiento, la
renuncia y la deserción sin alternativa, debemos sumar el hecho de que
este proletariado en movimiento de lucha por y para su clase -y no desde
una perspectiva revolucionaria que lo encarrile contra sí mismo como
proletariado
- ha invertido unos escasos recursos de que llega a disponer
bajo el capitalismo, ha corrido con unos riesgos represivos..., para, a fin de cuentas,
llegar a peor de lo que estuvo al principio en el terreno de sus condiciones
proletarias
. Esta conclusión de circunstancias reúne todas las premisas del
círculo vicioso, pues, correlativamente a este plus de deterioro en las
condiciones proletarias, el pragmatismo de la "postura" individual adaptativa
gana terreno por fuerza, de modo que los capitalistas directamente y su
Estado mejor pueden seguir apretando la válvula y, sucesivamente, cuanto más
baja es colocada la Espada
de Damocles subsistencial, menores posibilidades objetivas de respuesta y menor
inclinación a la respuesta. El proletariado va acercándose así, a cada
movimiento, a ese estado de masa totalmente vendida al soplar de los vientos
del Capital y sin energía que consagrar a todo cuanto no sea llegar a
sobrevivir día a día integrándose al precio que sea en el chantaje que le
garantiza su reproducción como Fuerza de Trabajo y así como cuerpo "vivo"
proletario. Pero, así como Marx habla, en ese pasaje, de cómo se
llegaría a ello si el proletariado renunciara a su lucha económica, también se
llega a ese estado en culminación del recorrido de lucha económica, en tanto
que ésta siga desarrollándose y desarrollándose tal cual en una unidad
de tiempo lo suficientemente amplia como para que la relación entre "ganancias"
y re-definición capitalista restrictiva de las condiciones proletarias
alcance determinada tasa de diferencial.

 

Hemos visto arriba cómo el factor
determinante del "polo no revolucionario" inserto en el proletariado, no reside
en el plano de las ideas. Esto es, tal factor determinante está lejos de ser
una mera distorsión interpuesta -vía manipulación, vía educación, vía valores,
vía divisionismo, vía aislamiento...-, entre el proletariado y una inercia suya
a percibirse verdaderamente si -por su experiencia reflexiva, por su
comunicación en el marco de sus prácticas de lucha y por una obra
conscienciadora de Vanguardia- "se encuentra a sí" al aparecerse limpio cuando
se quiebran -o quiebra- las capas superpuestas de "la ideología". Pues esa
misma ideología dominante más o menos compartida entre clases posee al
proletariado por ser una derivación mecánica -victoriosa siempre al nivel del
pensamiento empírico, no importa si es pensamiento analizador de las luchas
propias- respecto de la realidad elemental proletaria bajo el
capitalismo
: dependencia laboral -subsistencial- en relación al Capital;
dependencia contractual inmediata respecto de un mínimo de salud en las
cuentas empresariales; dependencia reproductiva inmediata como Fuerza de
Trabajo sujeta a sus necesidades sociales, respecto de un mínimo de
salud en las cuentas del Estado; dependencia respecto de la nación (o
conglomerado supranacional) que lo almacena, acondiciona y protege
político-jurídicamente en tanto que Fuerza de Trabajo, al componerse el
mundo capitalista de naciones en competencia y así en guerra o peligro de
guerra; dependencia subsistencial respecto de la propiedad privada que
adquiere con su salario -transporte, piso, integridad física, relativa
capacidad laboral-, así como de su salvaguarda capitalista; dependencia de la
salvaguarda político-jurídica de aquellos derechos y libertades capitalistas
sin los que no podría subsistir como proletario que es; dependencia integral de
su propia inserción en la economía en calidad de mercancía que así podrá
comprar otras, a diferencia de lo que ocurría con el Modo de Producción
anterior -feudal-, donde el siervo se relacionaba sin mediación más que natural
y técnico-productiva -epidemias, hambrunas-, pero no mediación social, con las
condiciones de su reproducción a través de la propia comunidad aldeana, de la División del Trabajo
Social cuyo producto no es mercantil, de la propiedad comunitaria o doméstica
sobre determinados Medios de Producción, y del cultivo del pedazo de tierra
propia fuera de tiempo de plustrabajo.

Por su parte, en lo que se refiere
a este otro polo, al "polo revolucionario del proletariado" a que aludís, cabe
preguntarse en qué sentido es su condición de explotado aquello que le dota de
tal Propiedad. Si la premisa consiste en afirmar que la determinación
proletaria revolucionaria deriva de las dimensiones humanas, captativas
sensibles, de dificultades..., intrínsecas a la explotación y agravadas
correlativamente tanto al incremento de la explotación (medida
cuantitativamente) como a su agudización cualitativa, entonces la respuesta
comunista a ese humanismo "marxista" es no. Pero si la premisa consiste en
afirmar que esas implicaciones humanas y empírico-vivenciales, de dolor
reflexivamente vivido y sentido en la conciencia, criticado, epistémicamente
padecido..., relativas a la explotación, componen el substrato que da al
proletariado "susceptibilidad revolucionaria", entonces la respuesta continúa
siendo rotundamente no. Esas implicaciones no determinan más -ni menos-
que el desarrollo de la lucha de clases encerrada en el plano del combate
por las condiciones proletarias
. ¿Es tarea de los comunistas ser sol y
lluvia sobre ese terreno?: no hay simiente revolucionaria guardada por ese
terreno. No importa su fertilidad o esterilidad de frutos; son frutos estériles
al comunismo. ¿Van a dejar de darse estas luchas?. Al contrario: están determinadas
a proliferar. ¿Vamos los comunistas a marchar con este movimiento real del
proletariado?. Los comunistas no somos una secta, sino el orden que organiza y
que dirige a la colosal fuerza humana que el proletariado es, disponiéndola al
servicio de la revolución. Sin embargo (y por eso mismo), ¿vamos a marchar con
la lucha por las condiciones proletarias como si fuéramos consejeros que operen
con su teoría y análisis en pro de optimizar el discurrir y las "ganancias" de
la misma, es decir, como técnicos planificadores de la canalización energética de
la espontaneidad
hacia culminar sus horizontes intrínsecos?. Eso
sería la antítesis de nuestra presencia: el comunismo teórico va a marchar con
el movimiento real del proletariado, no para servirlo en la afirmación de sus
contenidos; va a desvalorizar esos contenidos -y va a hacer la crítica de las
posibilidades reales de la materialización de estos-, dirigiendo la mirada
proletaria hacia otra dimensión, hacia los referentes socialistas de la
organización de la producción y hacia las posibilidades de actividad social que
solamente ella abre, hacia el amor por nuestro Estado, sólo con cuya
construcción crear las condiciones políticas y anti-ideológicas sin las que,
para el proletariado en su conjunto, son impensables los contenidos básicos
del mundo nuevo que, perdiéndose a sí mismo al hacerse dueño de su actividad
productiva, tiene ya que ganar. ¿Quiere esto decir que los comunistas vamos a
decirle a los proletarios que desistan de defenderse de la definición
capitalista de sus condiciones proletarias?: los comunistas no somos cristianos
creyentes en el privilegio del sufrimiento como pilar de Virtud y de salvación.
He mostrado arriba cómo pretender una superación proletaria, respecto del
paradigma de lucha por condiciones, a base del deterioro de las condiciones, es
ni más ni menos estúpido que pretender una superación de ese paradigma a través
del desarrollo del mismo. Los comunistas tienen que mostrar a los comunistas,
así como al proletariado más decidido y consciente, porqué tanto una como otra
afirmación son tópicos infundados de consecuencias nefastas para la conjunción
de la fuerza proletaria hacia el comunismo. Solamente produciendo esta fuerza
de intervención en el seno de la fuerza proletaria, el comunismo va a ganarse
para sí a ésta. A falta de nuestras propias fuerzas, formadas para revolucionar
los horizontes de la lucha proletaria misma gracias a nuestra presencia y a
nuestra claridad teóricas, gritar desde nuestra debilidad actual a los
proletarios, en pro de que ellos mismos se den un golpe de rumbo porque se lo
decimos los comunistas, no sería más que un ejercicio cristiano de Imperativo
Categórico. Así que el proletariado no tiene que resignarse a sufrir bajo el
capitalismo, pero los comunistas debemos forjar la fuerza capaz de explicar
cómo, resignado o luchando por sus condiciones, el resultado va a ser, mientras
permanezca en esa matriz de lucha, sufrir cada vez más a un Modo de Producción determinado
a extraer del deterioro de la "vida" proletaria el balance de
cuentas garante de su reproducción.

Las condiciones de explotación
pesantes sobre el proletariado, así como el hecho mismo de ser explotado, sí lo
conducen a hacer objetivamente la revolución en el estrecho sentido de
que el capitalismo va perdiendo capacidad de insertarlo funcionalmente
en su aparato laboral productivo y laboral de cambio mercantil, al haberse
vuelto incompatible la destinación de inversión hacia la Reproducción Ampliada
del Capital (ampliación de las capacidades productivas), con la destinación de
inversión hacia la reproducción de la
Fuerza de Trabajo -formativa, salarial adquisitiva,
asistencial-, de modo que las Fuerzas Productivas continúan desarrollándose en
contradicción creciente con su uso proletario creador de plusvalía, y con el
consumo proletario de su producto, traductor de la explotación en ganancia.
Pero el Capital no puede mantener indefinidamente la Reproducción Ampliada
hecha a costa de desemplear FT y de no reproducirla en consonancia a la demanda
de FT abierta por esas Fuerzas Productivas en imparable desarrollo que, al
tiempo que forman parte de la Reproducción Ampliada, se convierten una y otra
vez en el presupuesto para la continuidad de la misma. El círculo vicioso de
abandono, por el Capital, de su necesidad de reproducir la FT y así su dificultad
creciente por reproducirse a sí mismo, está, pues, echado a rodar. Y ello sin
que la redistribución estatal de plusvalía pueda suplir, en última instancia,
la incapacidad de reproducir las condiciones proletarias por parte de la
producción, porque esa redistribución opera, al fin y al cabo, con Capital que
ha tenido que ser producido previamente. Este panorama de colapso incipiente
del funcionamiento del Modo de Producción por no poder mantener a la vez el
Capital Variable (empleo productivo del proletariado), el desarrollo de las
Fuerzas Productivas y la
Acumulación en una cuantía acorde con los requisitos
competenciales de inversión, verdaderamente abre tendencias, en la lucha
proletaria por condiciones proletarias, hacia la toma de Medios de
Producción y de cambio. Pues esas condiciones no pueden ser ya satisfechas
desde la separación proletaria respecto de la propiedad del Capital y de su
gestión. Así que plantillas enteras de proletarios, justamente para
auto-mantenerse como proletarios, han tenido y, sobre todo, van a tener
que apropiarse del Capital, haciéndose propietarios y asegurándose así
subsistir con su propia explotación. Este proceso desatado, y que proliferará
en tanto que los capitalistas no pueden mantener operativo su Capital, no
destruye el Capital -es solamente la disolución de la separación Capital-trabajo
sin que la contradicción sea superada dialécticamente, en tanto que los polos
continúan existiendo y, por ende, continúan en antagonismo rigiendo de modo
fetichista la actividad objetiva del capitalista-proletario con "sus" Factores
de Producción y con "su" producto. Pero tampoco se trata de un proceso que
genere o que facilite consciencia proletaria respecto de la necesidad de
destruir el Estado capitalista y de edificar un Estado proletario que sustente
y defienda la supresión de la propiedad empresarial (proletaria o no) en
relación a los Medios de Producción y al producto. La apropiación proletaria de
Capital
en unas y otras ramas de la producción es revolucionaria en el
sentido exclusivo de que, siendo esos proletarios sujetos a la acción de los
comunistas por dirigirlos hacia la destrucción del Estado capitalista
, nos
brinda a los proletarios en lucha revolucionaria un tejido productivo con el
que sustentarnos y con el que dotarnos de medios militares, lo que significa
dar un paso de gigante tanto porque nos libramos, aun parcialmente, del
chantaje subsistencial que los capitalistas intentan imponer, como también
porque arrastramos a la confianza a más y más capas del proletariado, al serles
provista una alternativa material para la existencia transitoria en la lucha
-no siendo anunciada como alternativa de organización social- mientras, a la
inversa, el campo productivo burgués ve desertar contingentes de FT a los que
ha dejado de poder acorralar en la vieja dependencia de realizar aquella condición
mercantil. Este debilitamiento de la economía burguesa se traslada
inextricablemente al plano militar del Estado capitalista, entidad dependiente
de la economía tanto en lo que se refiere a la reunión de presupuesto para la
inversión y adquisición militares, como al pago de sus empleados y a la
disposición de los recursos bélicos mismos, que presuponen una producción en
funcionamiento.

Pero entonces..., si, ni la
cualidad de explotado por ella misma, ni la evolución fenoménica de esa
cualidad en el marco existencial proletario, componen la substancia de la Propiedad revolucionaria
proletaria, ¿qué compone esa substancia?: las implicaciones socio-estructurales
indesligables de la cualidad de explotado son las que hacen del proletariado la
clase revolucionaria del capitalismo. Pero ello jamás haciéndolo -fuera de
repente o evolutivamente- revolucionario para sí, sino en tanto que esas
implicaciones socio-estructurales de la explotación hacen del proletariado una
fuerza: 1º. Capaz de ser puesta al servicio de un proceso de abolición de toda
clase de Capital como Capital, así como de su conversión en puros
Factores de Producción sujetos a la unificación social de su propiedad; 2º.
Capaz de culminar este proceso con éxito y de poner en marcha las nuevas bases
productivas, cuyo correlato al nivel de la distribución es la abolición de la
mercancía, pues la producción, así como se había socializado, ya bajo el
capitalismo, en tanto que proceso, se socializa, con el comunismo, en
tanto que fuerza y en tanto que sistema de componentes de uso. Así que,
correlativamente, a la comunidad pertenece el producto de su actividad
unificada, cuya autoría es, si nos remontamos a Factores de Producción
intervinientes y a la producción del propio productor, una autoría infragmentable;
3º. El proletariado es una Fuerza Productiva que necesita realizar esa
capacidad histórica que entraña debido a las implicaciones socio-estructurales
inherentes a su condición de explotado. Su capacidad es su necesidad porque,
bajo el capitalismo, ni puede seguir desarrollándose o empleándose como Fuerza
Productiva en su desarrollo efectivo, ni su sustento integrado en el
trabajo capitalista o en el consumo mercantil es compatible con el sustento
competitivo capitalista de la producción, que, contradictoriamente, sub-acumula
así relativamente a la inversión necesaria, una tras otra, en desarrollo y en
incorporación de Fuerzas Productivas.

Las implicaciones
socio-estructurales de la explotación capitalista, que integran la substancia
de la Propiedad
revolucionaria del proletariado, son:

1. Alienación respecto de los
Medios de Producción y de sustento, que son, bien Capital, bien propiedad de la
pequeña burguesía, bien propiedad campesina, bien instrumentos de rendimiento
al rentista. Para el proletario no hay salida, ni individual ni de clase,
paralela a la capacidad del Capital para poner al proletario en relación a sí
mismo. He mostrado el recorrido histórico imparable de debilitamiento a que
está sujeta esta capacidad, en consonancia con el desarrollo del Modo de
Producción capitalista.

2. Reverso inextricable de la
separación respecto de los Medios de Producción y de sustento: el proletariado
obtiene sustento trabajando para el Capital, lo que significa, operando con
esos mismos Medios de Producción y de sustento alienados. El Capital, para
reproducirse y ampliarse como Capital, depende del proletariado,
mientras el proletario, aunque fuera con
vistas nada más que a sustentarse, depende crecientemente de interrumpir el
funcionamiento del Capital -lo que le es factible al ser él quien realiza
su valor de uso-, para apropiarse de esos Medios de Producción y de cambio.

3. Propiedad social internacional
de la producción y cambio capitalistas. En última instancia, el proletariado
solamente puede llevar a la contradicción producción-consumo a su salida
histórica trascendente, dirigiéndose hacia su emergencia como comunidad mundial
de productores. Los procesos capitalistas de producción y de cambio ya
atraviesan el mundo. Sólo la conjunción, la especialización, la jubilación y el
desarrollo, y la puesta en solidaridad funcional, de las Fuerzas Productivas a
escala planetaria, da respuesta a las necesidades básicas de la humanidad
actual
de modo que ésta pueda ponerse en curso de revolucionar -en una
historia sin fin al fin suya- sus capacidades y sus necesidades. El
proletariado es la clase que trabaja inserta en la imbricación internacional de
procesos de producción y cambio capitalistas.

A las tres implicaciones
enunciadas hay que sumar una de orden bio-antropológico y que es implícita no
sólo a la explotación capitalista, sino a cualquier sociedad dividida en
clases. Se trata de la cosificación, de la actividad productiva, en trabajo,
es decir, de la alienación de la producción genérica humana, acto expresivo
de la historicidad de las capacidades humanas, expresivo de socialidad, expresivo
de la auto-negación trascendente a través de la afirmación de las cualidades
adquiridas, expresivo de la relación genérica con la materia hacia la
subversión de la misma, expresivo del don de sí, del auto-gasto y del
gasto de materia más allá de las ventajas adscritas a una postura de
auto-reserva, acto, en definitiva, con centro de gravedad en sí mismo, en una
actividad con sentido instrumental (sentido de provisión de rentabilidades
políticas; sentido de posicionamiento relativamente "bienestante" en la
estructura laboral y así provisor de certidumbre, de seguridad, alzador del
Ego, provisor de auto-ahorro laboral...; sentido de pesada condición para la
subsistencia en la clase explotada; sentido, en la clase dominante, de
provisión de los elementos materiales para su reproducción como clase, para la
reproducción de las relaciones de clase con la clase explotada, para la
reproducción del Modo de Producción, para la persistencia del capitalista
amenazado por la competencia con otros capitalistas en el caso concreto de este
Modo de Producción; etc.). Esta cosificación laboral de la actividad
productiva agrede al proletariado, en cuyo cuerpo, en cuyas cualidades orgánicas
y cerebrales, yace inscrita nuestra historia genérica, aunque inmóvil,
presa de una producción capitalista que la impide continuar produciéndose
como obra en sí mismo -auto-transformadora- de su portador humano, de la
mano de la afirmación productiva de esa historia hecha genes, órganos,
cualidades, técnica, conciencia, planificación, Medios de Producción. Sin
embargo, esta contradicción es nada más que sentida, sufrida, por el
proletariado, y no identificada espontáneamente por la mayoría, debido a
la propia cosificación subjetiva del trabajo correlativa a la cosificación
laboral objetiva. Por ello la importancia comunista -la crucialidad- de
hablarle al proletariado respecto del sentido objetivo que posee la producción
genérica, epicentro de ese "mundo que ganar". Porque el último, al fin y al
cabo, será la creación y el sostén de la cualidad definitoria genérica: pensar
lo que hacemos y hacer lo que pensamos fundando historicidad al fin consciente
y re-abriéndola continuamente. Cualidad al fin liberada; al fin practicable
socialmente.

Subversión comunista de la
inercia capitalista del proletariado: otra lucha por otros objetivos y
formación de la fracción consciente de la fuerza objetiva revolucionaria

La evolución del Modo de
Producción en su decadencia determina, con una fuerza econométricamente
objetivable, al proletariado a arrojarse a su propia resistencia cosificada de
proletariado
, aunque no uniformemente con arreglo a capas y a realidades
concretas. Este movimiento, ni muta por sí en su propia negación de
planteamiento político, y ni muchísimo menos entraña en sí condiciones
que, parejas a la maduración de tal movimiento, a su expansión, a su fortalecimiento y a su desarrollo de lucidez
y de realismo dentro de sus parámetros de racionalidad de base, lo
dispusieran a la recepción de una subversión comunista de referencias. Al
contrario: aunque este movimiento produce en sus implicados consciencia de
clase como ser social compartido con intereses compartidos y una misma
fuerza por imponerlos
, es un movimiento que contiene en sí a su
propio desgaste e interrupción a la luz de la nimiedad de sus obtenciones -y,
es más, la nimiedad de sus objetivos de entrada- medidas por los riesgos
de represión empresarial y de exclusión. Este movimiento, así, no puede pasar
de ser una ola, con su periodo de arremetida y su consecuente repliegue
disolutivo. Con unos aprioris referenciales de -objetivamente y más allá
de lo que se imaginen los proletarios que están haciendo- enfrentarse al
Capital dándole empujones para encontrar respiración dentro de él o incluso
para hacerse con él, el cuerpo de lucha tarde o temprano se desmiembra
desertando del mismo cada vez más proletarios. Porque, guiados por un cálculo
de las ventajas o los inconvenientes que una u otra acción comporta en el
tránsito hacia esa racionalidad de objetivos (adaptativa), la conclusión
más frecuente es empeñarse en sacar a flote la propia cabeza para respirar,
acogiéndose al consejo práctico de "no mear donde uno come". "No hay
sitio para todos", así que cada uno "a buscarse la vida" como mejor pueda y "a
prepararse": receta del mérito, del esfuerzo, de la "perspectiva", de la
oportunidad y de la aplicación laboral..., ¡y a correr, que "tras de mí,
el Diluvio"!.

Determinados contra este estado
de cosas
, los comunistas no podemos acudir al marco de lucha proletaria en
desarrollo, con miras a entroncar mecánicamente con el mismo. Es decir,
entrando en competencia contra el espontaneísmo, contra el sindicalismo, contra
la ideología individualista del mérito, el esfuerzo, la oportunidad, la
inteligencia y la suerte..., por demostrar nuestra pericia científica a la hora
de organizar y disponer a este movimiento hacia sus éxitos, su
afianzamiento y su crecimiento. Pero tampoco podemos, "al contrario",
organizarlo y disponerlo hacia su auto-comprensión de no revolucionario a
partir de reforzar su práctica y de transformar a ésta en objeto de crítica
conjunta
, porque esta operación no culminará en un abandono de sí por parte
de este movimiento y en su trascendencia comunista de sí, sino, a lo sumo, en
la simple renuncia a seguir siendo. Tal trascendencia comunista del movimiento
proletario de condiciones sólo será posible -y ello al nivel objetivo y jamás
al nivel de la comprensión subjetiva de la nueva función propia por parte de la
mayoría del proletariado-, si los comunistas somos capaces de subvertir la
dirección de ese movimiento realizando la negación de ese movimiento
mismo. Condición de ello es, formar a la Vanguardia práctica de ese movimiento en la
perspectiva de ponerse a dirigirlo a éste desde la premisa de que no hay
cinturones de seguridad que perseguir tras el Capital, sino cadenas que romper.
Condición de esa condición es, la formación organizativa, política y
teórica de los comunistas como potencia de lucha contra la subsistencia
capitalista, contra las condiciones proletarias de subsistencia y por la
identificación proletaria -en la medida de lo posible- de su emancipación con
la destrucción de la producción laboral (mero medio para la subsistencia)
y con el despliegue de ese áspero, esforzado, agónico, jubiloso e inercial don
de sí con que el cuerpo y la conciencia afirman la historia objetivada en ellos
y así la historia continúa haciéndose cuerpo y conciencia nuevos: la producción
genérica.

Anexo 2

Revolución de los horizontes: asumir el horizonte de la revolución

 

Hace ya bastante tiempo vi una película yankie
en torno a la trastienda de preparación, de equipo, de itinerarios..., desde la
que era dirigida la campaña electoral de un candidato a Presidente de los
Estados Unidos. Aunque se trataba de una comedia, la película hacía entrega de
cierto dramatismo, de "ternura", de sentimentalidad, y de ese mejunje que el
espectáculo pone en nombre de la sensibilidad.

Entre toreo y toreo con lobbies que
pujaban por sus favores y lo amenazaban a la primera de cambio, la agenda del
candidato hizo parada en un pueblo de montaña, de esos que se extienden a los
flancos de una gran carretera, donde los obreros -y otras gentes subsidiarias
del trabajo de estos: comerciantes, leñadores- intentaban enfrentar el cierre
de "su" fábrica. Total, que el equipo de asesores se reúne con el candidato a
fin de amarrar el voto de esos obreros. "Es pan comido"; así de inconmovible
liberal se ha mostrado el presidenciable rival. No obstante, hay que concretar
unas posiciones que no cierren demasiado el sentido de las palabras, y así
poder maniobrar luego sin ser acusado de manipulador. Por otro lado, haber
incluido ese caso en la agenda no era, ni mucho menos, comparativamente
rentable. Fue el candidato quien con vistas a ello venció la oposición de parte
de su Gabinete; pues sintió la llamada del Pueblo. Pues es un semi-progre con
el corazón del lado de quienes supuestamente "dependen" de tener un empresario beneficiario
que no sea negligente de empeñar sus bienes en el cumplimiento de "su función
social".

La llegada del candidato es anunciada y
esperada en el pueblo como si aquél fuera un monarca del teatro de Lope o de
Calderón: manda-más justiciero que acude a poner en su sitio al poderoso local,
abusón. Se suceden las reuniones y las audiciones a la plantilla y a sus
delegados. El candidato se llena de solidaridad, de identificación, y
transmite, hacia sus asesores, la tragedia humana que sacude a estos proletarios,
mientras los asesores estudian política y científicamente el caso, extrayendo
sus fórmulas. Todo queda, en fin, dispuesto para el gran discurso en el
intramuros fabril, que ha congregado a la plantilla, a familiares, a
proletarios. Empieza hablando el delegado de la plantilla en lucha -sindical o
no, poco importa; veremos porqué-, quien se refiere a la injusticia del
capitalista con quienes lo han dado todo -a quienes deja sin nada-, así como
con los padres y abuelos de estos, que ya lo daban en sus tiempos para la misma
fábrica: imposible la reciprocidad libre con quien piensa sólo en las cuentas
de su negocio; hay que forzarle a quedarse o, al menos, hacerle pagar un precio
que costee la siembra de alternativas de "vida".

Sube entonces a la palestra el candidato y
abre su oferta. No es lo que los obreros esperan oír: para sorpresa de estos, y
guiado por los consejos de sus expertos, el político presenta un cuadro de
posibilidades enmarcado en unas condiciones reales de determinación. Que
si ellos con su producción no forman un islote, sino una pieza más dependiente
de la demanda que otros procesos productivos, "externos" e interconectados,
manifiesten por sus productos, y esos sectores de destino están deshaciéndose
dada la llegada de productos substitutivos y dada la obsolescencia de la
demanda...; que si, en todo caso, el capitalista podría afrontar la permanencia
de la fábrica solamente revolucionando unas técnicas productivas incompetentes
y una maquinaria torpe, lo que implicará numerosos despidos...; que si los
tiempos están cambiando, y en otros lugares a menos gasto, a menos tiempo y a
mejor maquinaria, mejores resultados, pero que él no está dispuesto a que el "american
worker
" pierda "su dignidad" transformándose en un "amarillo" de esos que
tanto prefiere el capitalista, así que ya puede irse éste a hacer esclavos a
otra parte...

Aunque el delegado respondió con sorpresa e
indignación, y sonados fueron los abucheos que lanzaron los obreros más
"radicales" en su lucha de obreros, al final del desarrollo de sus
razones, incluso no pocos de estos fueron convencidos. El candidato se
comprometió a defender un desenlace de interés obrero en lo posible,
mientras la audiencia, en sus monos y cascos de azul, había entrado en razón
de lo posible
(de eso que emerge como lo posible mientras no se plantearan
dejar de ser la especie social que se enfunda en ese mono y bajo ese casco, con
todo lo que ello implica).

Bajo las coordenadas objetivas capitalistas,
la razón de realidad (y no ética o "de legitimidad") la llevan los
capitalistas; he ahí el problema que la lucha proletaria encarna. El
beneficio del capitalista es miseria para el obrero, pero es idealismo el
supuesto de que el Capital consintiera por sí unas modificaciones que no
pueda metabolizar en la economía de empresa, real, y que, de todos
modos, serían, por ello, a fin de cuentas también miseria para el obrero,
quien, en su definición como carente de propiedad sobre las fuentes de
subsistencia, se precipita tras la caída libre del capitalista (es más: el
capitalista hace pagar al obrero la colchoneta amortiguadora empresarial y el
relanzamiento de la empresa, pudiendo impulsarse solamente haciéndole daño en
la espalda). Hay que añadir a esto, que la economía de empresa es el polo relativamente
independiente de la llamada economía nacional, integrado en ella junto al polo
de los fondos de Estado: así, la atención capitalista al obrero -y su
formación, su control, su sujeción funcional a su condición de obrero- por
medio del Estado se halla sujeta tanto a la capacidad empresarial de
transferencias (la explotación en forma de plusvalías al Estado, o "salario
indirecto"), como sujeta también a la propia persistencia de un tejido
empresarial. A menos que el planteamiento proletario fuera la destrucción de la
economía nacional a través de la destrucción de sus dos polos -el empresarial y
el Estatal-, dentro de la matriz de la gestión nacional de poblaciones
-y de las clases que las componen-, el obrero no deja de depender de la llegada
de alimento hasta esa maquinaria que se alimenta de su explotación para
devolverle recursos con que reproducir su explotación al reproducirlo a él.
Pero la necesidad cosificada del obrero, en su propia cosificación objetiva,
es, en el plano de lo inmediato, reproducirse como tal, de modo que un
planteamiento proletario jamás va a ser -espontáneamente y de entrada- el de
destruir las condiciones de su reproducción.

He ahí uno de los grandes problemas a que
los comunistas tienen que enfrentarse, y que no pueden jamás conciliar ni
integrar en sí. Por el contrario, el comunismo no avanza sin haber barrido de
la conciencia proletaria ese paradigma de lucha que ve capitalistas y sus
deseos, en lugar de ver al capitalismo -con sus límites de respuesta e
integración, con sus épocas, con todo el arco de necesidades, y no tan
sólo ni fundamentalmente intereses utilitarios, que el Modo de Producción
asigna a los capitalistas mismos, y así con el comportamiento de clase
aparejado a ellas.

Ese paradigma de identificación de
campo de antagonismo
brota inevitablemente y se reconstituye incesantemente
como inercia de la conciencia proletaria, con la misma naturalidad con que
funciona el sistema de percepción reflexiva de cualquier ser vivo: los
capitalistas, sus máquinas, su dinero y propiedades, su tren de vida..., se
ven. Los límites estructurales que circunscriben a las perspectivas de los
proletarios contra los capitalistas, también se ven, o el empresario las
muestra: "Mirad la caja vacía", "Mirad los números rojos", "Es así; no es culpa
mía", "Tendré que cerrar la empresa", "Quien pudiera, sobreviva". Pero, la
negación de las Instituciones sociales que enmarcan la vida de unas y otras
clases y que definen la relación entre ellas -negación abriéndose paso al calor
de su propia inviabilidad económica creciente-, no se ve en tanto que negación
histórica
, es decir, en tanto que nuevo mundo erigido sobre la liberación
respecto de esas Instituciones objetivas nucleares: económicas, políticas,
culturales, de relaciones, valorativas y éticas. La apariencia -no como
mentira, sino como aparición y manifestación real: phenomenon-
conforma el campo visual de la "vida práctica", es decir, conforma las
inducciones emergiendo a partir de la "práctica de vida".

La esencia no emerge sin ciencia. Y, a su
vez, es mentira que la ciencia comunista emerja del análisis de las
experiencias, lecciones, memoria y de la lucha de clases como si éstas
compusieran un banco conceptual vivo que sintetizar mecánicamente en textos.
Marx y Engels estuvieron en la brecha en París durante la revolución de 1848,
disparando tras la barricada y delante de ella. Dieron lucha en la Liga de los Justos contra el
misticismo de Weitling. Siguieron y animaron las luchas obreras del Ruhr, Se
interesaron por conocer las condiciones de vida del proletariado en Inglaterra.
Pero no fue con estos materiales que Marx escribió Contribución a la crítica
de la Economía
Política. Hubo de encerrarse y estudiar a Sismondi, a los
fisiócratas, a la
Economía Política clásica, a toda la corriente
distribucionista que atravesaba la historia de la Economía moderna y que
culminaba en Proudhon, paladín de una redistribución
radical de la
propiedad y de la consecución de una autonomía universal para el intercambio
como presupuestos garantes de una Igualdad eterna. Sólo cuando Marx y Engels
hubieron identificado la esencia contradictoria del Modo de Producción
capitalista, pudieron transmutar esa ciencia suya en una ofrenda para los
proletarios, igual que el buen pintor sólo se vuelve capaz de abstraer de la
figura sus líneas expresivas -aparente "garabato"- cuando ha adquirido maestría
en la reproducción fiel y detallada de la realidad. No hay política sin
ciencia; no hubo Manifiesto del Partido Comunista sin la averiguación
anterior de las Leyes de la historia en general -que gobiernan la sucesión de
los Modos de Producción- y del capitalismo en particular. A su vez, El
Capital
no emana de la asistencia a la lucha de clases por parte de un Marx
que, armado de su genio, sacara a ésta un jugo suyo de ideas implícitas, sino
que es el producto de los varios años que Marx pasó consigo mismo, encerrado
entre libros en la
Biblioteca británica.

 

Los proletarios, así, se forjan, por su
propia posición ocupada en la empresa, una concepción politicista de las
relaciones interclase: imaginan un campo de fuerzas entrecruzadas y
contrapuestas, el valor de cuya Resultante dependería de su voluntad y
capacidad de imposición por encima de las maniobras respectivas del
capitalista. Cuando esos mismos proletarios aprenden que, dentro de la
matriz de coordenadas de funcionamiento, que no ven
, la economía de empresa
a la que están sujetos se hunde sin poder realizar concesiones, para luego
solamente poder re-emerger sobre la base de retirar concesiones, de endurecer
el trabajo y de precarizarlo..., se pasa de la euforia al pragmático
acatamiento de la real politik: se cede por el "bien común", se cierran
filas, triunfan las visiones corporativistas y solidaristas, de
anarcosindicalista espontáneo -que lo es sin saberlo-, el proletario se hace
fascista también inconsciente. Y esa metamorfosis acontece también al nivel de
las estructuras formales que organizan la lucha económica.

Engels ironiza en Anti-Dühring
respecto de esta concepción politicista, sumamente vulgar -y viejísima, aunque
Dühring la presentaba como pensamiento revolucionario-, especialmente cuando
ésta se aplica a la historia de los gobiernos que pesan sobre los grupos
humanos y a su cambio: unos cuantos individuos coaligados se imponen por la
violencia y se reproducen ejerciéndola hasta que se llega a un punto social
general, o grupal particular, de hartazgo, y entonces se da un relevo, o no.
Mientras tanto, y siguiendo con esta concepción, el umbral de lo que al
"Pueblo" puede hacérsele tragar ha venido siendo marcado por el apetito del
poder, por sus ansias de logro y por su satisfacción en su propio ejercicio,
por su habilidad de engaño, y por su fuerza contrastada a la que los dominados
son capaces de reunir.

Pero este "libre juego" en desigualdad
determinando relaciones y condiciones de vida es un mito que encubre cómo el
dominio sólo puede nacer y aposentarse a partir del diferencial en la propiedad
económica, diferencial que da "razones", a los desabastecidos de garantía de
subsistencia, para servir a quienes tienen algo que ofrecerles. Sólo así
tienen, esos primeros, porqué servir a la producción de medios de violencia con
que esos otros provisores de posibilidad de subsistencia puedan producirse un
poder. Y sólo así tienen, aquellos primeros, porqué convertirse ellos mismos en
medios de violencia al servicio de sus "contra-prestantes".

Sin embargo, todos los Modos de Producción
están sujetos a un desarrollo que culmina inevitablemente en un punto a partir
del que la propia economía -y no subjetivamente los miembros de la clase
dominante ni los gestores a su servicio-, empiezan a carecer de un marco de
condiciones que ofrecer. Ese punto abre una vía posible para la clase
explotada, no más: destrucción del Modo de Producción y, mientras tanto,
padecimiento de las implicaciones inextricables a la inoperancia objetiva
creciente del Modo de Producción para auto-reproducirse atendiendo al mismo
tiempo
el nivel de la provisión de condiciones de subsistencia bajo
explotación
. El politicismo de fábrica, de empresa o de clase, presentando
una hipotética "tercera vía" según la que las condiciones definidas serían
correlativas al nivel de la lucha de clases, interna al proletariado en el
anhelo de objetivos-quimera. O bien, cuando inspira la consecución de ciertos
objetivos relativos a condiciones, ello no hace más que precipitar al Capital
todavía más en su inoperancia y con ello arrastra, dialécticamente, en efecto boomerang,
todavía más al abismo de miseria y de precariedad al proletariado. Porque el
proletariado, que atento a ese horizonte de lucha no ha podido ni siquiera
plantearse destruir el capitalismo, es parte del Capital y vive con todas sus
consecuencias el descalabro de la economía capitalista a la que permanece
objetivamente sujeto. Los capitalistas no tienen otra "salida" transitoria que
modificar condiciones a la baja justamente para acercarse una pizca a
"armonizar" sus cuentas con la introducción de ese otro input al alza. La
persistencia en la lucha por condiciones culmina, en un tiempo determinado y
por su desarrollo mismo, en el deterioro de las condiciones
: "La clase
dominante está dominada por su sistema de dominación" (Marx).

 

El hecho de que los comunistas que
pertenecen al proletariado socio-económico, formen sindicatos -o como prefieran
llamar a las estructuras de lucha económica-, no es ni loable ni censurable;
sencillamente está determinado a ser, igual que está determinado a
hacerlo el proletariado no comunista en su movimiento de agarrarse al suelo
capitalista precisamente estando éste en desgarramiento. Pero una cosa es que
los comunistas no sean, a grandes rasgos en su composición, externos al
proletariado, y así se hallen determinados a participar en una respuesta común,
y otra cosa es que fundar sindicatos y otros organismos de lucha por
condiciones fuera "tarea comunista". Al revés: así actúa y va a actuar el
proletariado como proletariado; no como proletariado comunista. Es un absurdo
lógico que los comunistas se convirtieran en la rueda trasera de tracción de
ese movimiento, o en sus re-afirmadores, en sus apologetas y en sus
perfeccionadores mediante puesta de la teoría comunista al servicio de una
práctica que no conduce a la adopción, por al menos parte del proletariado, de
una disposición de dirigir contra el Capital -y no contra la burguesía
meramente- el arma de la crítica y la crítica de las armas. Esos "comunistas"
no serían tales; no serían Vanguardia que señala metas nuevas, sino la
retaguardia de la lucha obrera, esto es, las posaderas sobre las que se
sienta cómodo el hábito inercial politicista a la hora de considerar la lucha
de clases y de practicarla.

Al revés que el burgués, quien "no ve en el
proletario más que al obrero" (Marx, Manuscritos de París), y
opuestamente también a los paladines económicos del obrero, coincidentes en
ello con el burgués, los revolucionarios vemos en el proletario la célula
básica de la fuerza humana que, dirigida en sentido comunista, se niega
radicalmente a sí misma y a su miseria de sujeto histórico: "Los obreros
separados no pueden nada; los obreros unidos lo pueden todo" (Lenin). Los
comunistas somos enemigos mortales -y no los "asesores", ni los aduladores, ni
el "suplemento teórico", ni la "guía técnica hacia la eficiencia"- de la Vanguardia de la
lucha obrera
, que dirige sus palabras a los proletarios para animarlos a
luchar por seguir con las legumbres con pollo en lugar de llegar a sólo
legumbres, o por llegar a legumbres con
pollo y con cordero los fines de semana. Y, de todos modos, los proletarios ni
siquiera podrán plantearse persistir en su asociación por tan prosaicos
horizontes; pensarán pronto o tarde que menos difícil han de tenerlo intentando
cubrir esos objetivos por adaptación individual. Los comunistas somos los
auténticos enemigos del fin de semana, del ocio como suspiro del esclavo y del
trabajo entendido como mero "instrumento de subsistencia", de los pisos y del
pasar frío en la calle, de la urbe y sus hormigas, del campo y sus comadrejas
aburridas, así como del sistema de división de las actividades a que ambos
órdenes obedecen, enemigos del hospital amnésico respecto de la ancestral
riqueza curativa que la humanidad averiguó, enemigos de la escuela donde a unos
se les enseña a pensar para no poder participar activamente en la producción de
lo que piensan, mientras a otros se les enseña a trabajar sin poder así pensar
lo que producen más que a modo de hecho ya previamente consumado al que ellos
han de plegarse y ejecutar. Los comunistas somos los enemigos de la máquina, de
la técnica y de la relación entre productores que fueron pensadas con vistas a
obtener más producto por unidad de tiempo: destruiremos esas herramientas, esos
métodos y las relaciones laborales en cuanto podamos, es decir, en
cuanto ellas hallan cumplido su cometido socialista de procurar una base de
subsistencia a la humanidad, sobre la que ésta pueda empezar por fin a pensar
en superarse y a discutir su superación. Al tiempo que los comunistas somos los
amigos de la máquina, de la técnica y de la relación entre productores pensadas
como catalizador y como potenciador de la cualidad productiva genérica y así de
la calidad con que esta cualidad logre afirmarse:

En tanto que práctica de auto-don;

En tanto que expresión de socialidad;

En tanto que afirmación de la historia genérica
subjetivada en cuerpo con energía, con sentidos y con conciencia;

Y, por lo mismo, en tanto que apertura de
nuevas capacidades y necesidades dándose continuidad a la historia genérica
hasta el punto mutativo revolucionario en que la especie se auto-trasciende en
otra especie homínida dentro del marco de contención genérico.

Estos atributos entrañables por máquinas,
por técnicas y por relaciones entre productores, más allá e incluso en colisión
con cualquier racionalidad productiva orbitante entorno a la cantidad de
producto pero también con cualquier racionalidad productiva orbitante entorno a
supeditar, la producción como actividad expresiva, a la calidad por la calidad
del resultado. Son esas máquinas, técnicas y relaciones, aquello que idearemos
con vistas a darles acoplamiento a nosotros, productores, desde la racionalidad
única de permitirnos realizar en sociedad nuestro óptimo de expresividad
productiva como actividad relacional transformadora de materia y como producto.

Ahorrar tiempo de producción, abreviarla,
volverla más fructífera por unidad de tiempo, hacerla más fácil, más cómoda,
menos cansada y áspera...: esos son los cálculos rentables del capitalista, las
horrendas pseudo-panaceas del progre que anuncia el ocio como "reino de la
vida" que la maquinización portará, y los anhelos del esclavo que soporta el
peso de la producción cosificada en trabajo. El género humano liberado
en su cualidad de productor consciente, vivirá la substancia y el sentido de
ese don de sí que emprenderá, con su dureza; sus dificultades; su cansancio; su
dolor; su sudor; su incomodidad; su perduración; su inutilidad ocasional; su
desgaste de energía; su privación de cultivar el potencial propio de modo
diletante en una mayor variedad de actividades; en ocasiones con su dedicación
y especialización privativas de repartirse en otras cosas; y, por qué no, con
la rudeza de sus resultados en comparación a aquellos que serían "conseguidos"
con artefactos, técnicas y modelos de división de tareas que fueran más útiles
y funcionales, pero, a la vez, que fueran privativos de vivir densamente la
práctica productiva y alienantes del gastarse productivo completo afirmando con
plenitud los sentidos, la psico-motricidad, el lenguaje, la conciencia y la
capacidad de ordenar los momentos de la producción en una complejidad de
relaciones entre productores.

 

El comunismo no puede dejar de ser todo ello
y más. Al menos una parte del proletariado -la más avanzada en conciencia
anti-capitalista y la más decidida e influyente en lo que se refiere a impulsar
la insumisión de los demás obreros a los designios que el Capital les tiene
preparados diariamente-, debe ser alertada en relación al hecho de que
el comunismo es la única lucha proletaria realmente posible: subsistir
al Capital es una quimera, que tarde o temprano se manifestará como tal. Esto a
menos que los comunistas consigamos subvertir el rumbo del proletariado
llevándolo a disentir de la lucha por la supervivencia de plantilla, de rama o
de clase, y poniéndolo a luchar contra la persistencia de visión en esa
supervivencia -imposible- que, como un espejismo nefasto, niega la producción
de un mundo nuevo. Los comunistas vamos a activar la capacidad y necesidad
proletarias de auto-emancipación. Lo haremos, contribuyendo a des-ilusionar
al proletariado -en el sentido de des-engañarle de ilusiones, de
ideologías, empezando por la ideología politicista de la determinación de las
condiciones de clase por pura posición alcanzable en la correlación de fuerzas
con los capitalistas. Y, a la vez, contribuyendo a ilusionarlo -favoreciendo su
entrada en juego en pos de la producción de las coordenadas de
mundo material que han de volver posible producir seres humanos nuevos;
etimología de ilusionar como in ludere: "entrar en juego". Porque ni
reformadores sociales, ni el reformismo político redistributivo y re-legislador
de condiciones, ni los Estados policlasistas populares, ni las sectas que
agasajan al proletariado con un supuesto apego latente suyo a realizar la
"hermandad humana", ni utopistas con su pétrea e inamovible ingeniería social a
cuestas -o con sus bancos de pobres-, ni neo-cristianos
anarco-insurreccionalistas que esperan ver venir la salvación de la mano de la
miseria y el sufrimiento, y ni mucho menos consejistas ideólogos de una
supuesta trayectoria evolutiva desde la lucha económica hasta su eclosión en
revolución habiendo pasado por la constitución de Consejos obreros como
matrices revolucionarias en el capitalismo, portan ninguno emancipación al
proletariado. Porque "la emancipación del proletariado será obra del
proletariado mismo, o no será".


[1] Ver http://esparevol.forumotion.net/

[2] Se trata de Revolución de los horizontes: asumir el horizonte de la revolución
y de En la relación a la lucha económica
y a la subversión comunista
. Ver Anexos 1 y 2

[3] El compañero ha
respondido de manera muy positiva a nuestra polémica lo cual revela su
disponibilidad para el debate, su espíritu proletario y su voluntad de
clarificación. La nota que nos ha enviado reza así: « Buenas tardes!. He recibido vuestra respuesta y la verdad es que
estoy satisfecho por poder continuar con vosotros en un camino que me enriquece
personalmente y, más allá de ello, supone por sí luchar por el comunismo al
significar nuevos pasos hacia el mismo por ser práctica forjadora de sujeto
revolucionario. Me gusta sobre todo la sensibilidad, la comprensión y la
seriedad que demostráis en la misma. De todos modos, intentaré afinar un poco
más mi modo de expresión, porque algunas de las tesis que expongo son
comprendidas de un modo que carga demasiado las tintas de la crítica que
contienen a vuestras tesis; es decir, son convertidas en antítesis, y por ello
partidas por la mitad. Lenin dijo una vez, evocando un viejo aforismo ruso, que
cuando un palo se halla torcido hacia la derecha hay que hacer fuerza hacia la
izquierda para centrarlo, lo que puede desatar la conclusión errónea de que se fuera
partidario de torcerlo hacia la izquierda. Un abrazo y continuamos
discutiendo!.»
Del mismo modo, el compañero ha enviado a los compañeros de
Esparevol el siguiente mensaje: « Buenos días a todos!.
Recientemente, los compañeros de Corriente Comunista Internacional han enviado
una respuesta, con título de "¿Para qué necesita el proletariado una
Vanguardia comunista?, que toma como referencia de debate a dos textos que yo
había hecho llegar a la página de correo colectivo. La respuesta de los compañeros
es sumamente aportativa y estimula la continuidad de la clarificación. Al tomar
a esos dos textos como punto de arranque, necesariamente cita de ellos
determinados pasajes como puntos de apoyo en el análisis crítico de los textos
considerados en su conjunto. No obstante, sería bueno que los compañeros, con
vistas a favorecer su percepción total del sistema de razonamiento que ha dado
paso al debate y en que se enmarcan esos pasajes, tuvieran acceso a los textos.
Esto no es una crítica ni muchísimo menos, porque yo ya los había enviado al
correo colectivo así que ya habían sido expuestos públicamente; los envío ahora
a cada correo por separado, por si se ha perdido el hilo o alguien tiene
complicado el acceso a esparevol. Gracias por participar y un abrazo!».

 

[4] Prólogo a la Contribución a la Crítica de la Economía Política,
ver http://www.marxists.org/espanol/m-e/1850s/criteconpol.htm

[5] No estamos haciendo la más mínima
ironía pues el compañero afirma que «los
comunistas debemos forjar la fuerza capaz de explicar cómo, resignado o
luchando por sus condiciones, el resultado va a ser, mientras permanezca en esa
matriz de lucha, sufrir cada vez más a un Modo de Producción determinado a extraer del deterioro de la "vida" proletaria el balance de cuentas garante de su
reproducción»

[6] Además de justificar la
utilización de la cárcel sindical, de este pasaje se desprende la idea de que
¡Los sindicatos son capitalistas porque la lucha de los obreros es una lucha
para el capital!

 

[7] Obras Escogidas tomo I edición
española página 61

[8] Decimos "una de las vías" y no
"la única vía" porque nosotros pensamos, con Engels, que la lucha de clase
del proletariado tiene 3 componentes indispensables y estrechamente unidos
entre sí: la lucha económica, la lucha política y la lucha ideológica. Es
de una miopía y de una estrechez insoportables reducir la lucha del
proletariado únicamente a la lucha económica. Por ejemplo, este debate con el
compañero Tamer forma parte -aunque sea muy minoritario- de la lucha general
del proletariado.

[9] Remitimos a nuestro texto que
podría servir de base a un debate: El Partido y sus lazos con la clase,
ver http://es.internationalism.org/rint/1983/35_partido

[10] En contra de lo que defienden
tanto los partidarios como los detractores de Lenin, éste jamás defendió esa
postura por más que en el ¿Qué hacer? cometiera el error -que
luego se autocriticó- de seguir a Kautski con su tesis de "inyectar la
conciencia desde fuera a una clase tradeunionista".

[11] Ver http://www.marxists.org/espanol/m-e/1840s/48-manif.htm

Herencia de la Izquierda Comunista: