¿Para qué necesita el proletariado una vanguardia comunista?

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En el marco de las discusiones del Círculo Obrero de Debate de Barcelona, de una reciente Reunión Pública de la CCI y en general del Foro Esparevol[1], el compañero Tamer ha hecho dos aportaciones a la discusión[2]. Las saludamos, saludamos su valentía y su criterio en exponer sus puntos de vista. Creemos que al discutir públicamente su postura podremos aclarar mejor entre todos dos puntos fundamentales: ¿hacia dónde va la lucha de la clase obrera? ¿Cuál es el papel de los comunistas?

Se trata de dos cuestiones que interesan a muchos compañeros, no solamente en el medio politizado proletario de Barcelona o a nivel de España sino en todo el medio internacionalista que hoy está emergiendo en los 5 continentes. Aquí nos interesa ver las posturas que expresa el compañero, conforme al auténtico espíritu proletario de debate se trata de ver qué se dice y no quién lo dice. De ahí que las críticas o las posiciones opuestas que podamos exponer parten de un respeto profundo al compañero y a todo lo que está aportando.

El estilo con el que el compañero se expresa resulta a veces difícil de comprender, su tendencia a encadenar una idea tras otra sin dar un mínimo respiro hace que se pierda el hilo de lo que quiere decir. Puede que lo hayamos interpretado mal. No obstante, confiamos que en el debate el compañero aclarará y definirá más su posición, rectificaremos gustosos si hemos sacado alguna conclusión errónea.[3]

Los puntos que compartimos

En todo debate proletario hemos de partir de aquello que nos une para desde ahí manifestar lo que nos separa. En los dos textos del compañero hay puntos que compartimos:

a) La decadencia del capitalismo

El compañero comprende que el modo de producción capitalista está en un proceso de decadencia irreversible: « Sin embargo, todos los Modos de Producción están sujetos a un desarrollo que culmina inevitablemente en un punto a partir del que la propia economía -y no subjetivamente los miembros de la clase dominante ni los gestores a su servicio-, empiezan a carecer de un marco de condiciones que ofrecer. Ese punto abre una vía posible para la clase explotada, no más: destrucción del Modo de Producción y, mientras tanto, padecimiento de las implicaciones inextricables a la inoperancia objetiva creciente del Modo de Producción».

La revolución proletaria no puede hacerse en cualquier momento ni es el producto de una minoría audaz que aprovecharía una situación favorable para conducir el género humano al paraíso. Frente al idealismo y el voluntarismo, Marx puso en evidencia que «Ninguna formación social desaparece antes de que se desarrollen todas las fuerzas productivas que caben dentro de ella, y jamás aparecen nuevas y más elevadas relaciones de producción antes de que las condiciones materiales para su existencia hayan madurado dentro de la propia sociedad antigua. Por eso, la humanidad se propone siempre únicamente los objetivos que puede alcanzar, porque, mirando mejor, se encontrará siempre que estos objetivos sólo surgen cuando ya se dan o, por lo menos, se están gestando, las condiciones materiales para su realización»[4]

Como afirmó el primer Congreso de la Internacional Comunista (1919) el periodo histórico abierto por la Primera Guerra Mundial (1914-18) y la Revolución de Octubre 1917 es la época donde el declive irreversible del capitalismo pone a la orden del día la Revolución Comunista Mundial.

b) El problema es el Capital

El compañero denuncia las ideas que explican los desmanes de esta sociedad en función de "malas políticas económicas", "sectores especuladores o egoístas", "los mercados" etc. Deja muy claro que «El comunismo no avanza sin haber barrido de la conciencia proletaria ese paradigma de lucha que ve capitalistas y sus deseos, en lugar de ver al capitalismo -con sus límites de respuesta e integración, con sus épocas, con todo el arco de necesidades, y no tan sólo ni fundamentalmente intereses utilitarios, que el Modo de Producción asigna a los capitalistas mismos, y así con el comportamiento de clase aparejado a ellas»

El capitalismo es un sistema cuyas leyes conducen a la destrucción de la humanidad en medio de sufrimientos inenarrables. Ninguna fracción "más progresista" del Capital, ninguna reforma, ninguna "voluntad popular", podrán detenerlo, solamente su destrucción como sistema social podrá abrir la vía hacia la liberación de la humanidad.

c) La denuncia del "realismo conservador"

El compañero denuncia un "realismo" y un "sentido común" que nos conducen a aceptar mansamente esta sociedad "tal cual es" porque "es lo que hay": «Los límites estructurales que circunscriben a las perspectivas de los proletarios contra los capitalistas, también se ven, o el empresario las muestra: "Mirad la caja vacía", "Mirad los números rojos", "Es así; no es culpa mía", "Tendré que cerrar la empresa", "Quien pudiera, sobreviva". Pero, la negación de las Instituciones sociales que enmarcan la vida de unas y otras clases y que definen la relación entre ellas, no se ve en tanto que negación histórica, es decir, en tanto que nuevo mundo erigido sobre la liberación respecto de esas Instituciones objetivas nucleares: económicas, políticas, culturales, de relaciones, valorativas y éticas. La apariencia -no como mentira, sino como aparición y manifestación real: phenomenon- conforma el campo visual de la "vida práctica", es decir, conforma las inducciones emergiendo a partir de la "práctica de vida"»

Todo eso que se llama "realismo", "espíritu práctico", "sentido común", no son sino manifestaciones pedestres del más lato y torpe de los idealismos. En primer lugar porque conduce a ver la realidad que nos rodea como una foto fija y estática que ni comprende la dinámica pasada que ha llevado a ella ni la dinámica futura que puede esconderse tras la superficie. En segundo lugar porque lleva a agarrarse a utopías reaccionarias: que los capitalistas "compartan los sacrificios", que el Estado se ponga del lado de los más desfavorecidos, que la ley le pare los pies a los especuladores...

La propiedad no revolucionaria del proletariado

El compañero se plantea la lucha por el comunismo, se define como comunista y dice creer en la naturaleza revolucionaria del proletariado. Sin embargo, el debate surge cuando distingue en el proletariado dos "propiedades": una revolucionaria y otra no revolucionaria.

En su texto En relación a la lucha económica y la subversión comunista, el compañero explica en qué consiste la propiedad no revolucionaria del proletariado: « En otras palabras: la conciencia de rechazo que el proletariado desarrolla frente a las imágenes más monstruosas del sistema, y frente a la dureza del malvivir que soporta bajo el sistema, no es consciencia, pues el proletariado, ni identifica su condición de clase como ser en contradicción irresoluble bajo el capitalismo, y ni mucho menos identifica el curso político con que debe canalizar esa contradicción hacia su resolución socialista».

De forma todavía más precisa, nos dice que «El proletariado desengañado de la democracia tiende al apoliticismo. El proletariado desengañado de los sindicatos estatales tiende a renegar de la necesidad de dotar de unidad y continuidad sindicales a las luchas por sus condiciones de vida (...) El obrero desempleado adopta el trabajo como horizonte de reivindicaciones o de expectativas, mientras el obrero empleado sueña con un "dolce far niente" ocioso y de descanso. El proletariado indignado por la guerra acostumbra a abrazar posturas latente o claramente pacifistas. El proletariado repudia el nacionalismo pero ese mismo repudio le conduce al apoyo inconsciente al nacionalismo (...) En definitiva, el proletariado en su generalidad no llega a formular la negación dialéctica de su propia negación espontánea reflexiva del capitalismo, y así acaba quedando atrapado en una u otra dimensión "alternativa" de la matriz de la ideología dominante».

¡Peor aún!: «ese rechazo proletario de su propia existencia insatisfactoria no contiene germen (ni puede auto-producírselo) que, fecundándose y aflorando parejo al curso evolutivo de las luchas proletarias inspiradas por su necesidad de darse condiciones de cobertura de sus necesidades de clase (necesidades capitalistas, al fin y al cabo), irrumpa destripando la vieja membrana de mundo de referencia y se revele como nueva cualidad entrañada por el proletariado».

El compañero traza sobre el papel, un ejercicio teórico sobre los resultados de una lucha económica y nos enuncia dos posibles resultados: el A y el B. Resultado A: «Si la lucha da frutos más o menos satisfactorios, la conclusión empírica consecuente es que es posible continuar mejorando proletariamente, al menos a cierto nivel. La identidad proletaria objetiva se nutre así de su mecánica percepción subjetiva y se instala con mayor estabilidad como Capital Variable». Dicho simplemente: si la lucha es victoriosa el proletariado se vuelve más explotado, más clase para el capital. Pero sí el Resultado es B «El proletariado va acercándose así, a cada movimiento, a ese estado de masa totalmente vendida al soplar de los vientos del Capital y sin energía que consagrar a todo cuanto no sea llegar a sobrevivir día a día».

La propiedad revolucionaria del proletariado

En resumidas cuentas, si el proletariado lucha y gana, mal; si lucha y pierde, peor. El proletariado no puede rechazar la guerra, ni los sindicatos, ni la democracia, ni el nacionalismo, tampoco puede rechazar su propia existencia insatisfactoria, haga lo que haga está irremisiblemente condenado a caer en el terreno del capitalismo porque sus necesidades como clase son "necesidades capitalistas, al fin y al cabo".

¿Dónde está la "propiedad revolucionaria" del proletariado? El compañero nos dice: « Pero entonces, si, ni la cualidad de explotado por ella misma, ni la evolución fenoménica de esa cualidad en el marco existencial proletario, componen la substancia de la Propiedad revolucionaria proletaria, ¿qué compone esa substancia?», a lo que responde que « las implicaciones socio-estructurales indesligables de la cualidad de explotado son las que hacen del proletariado la clase revolucionaria del capitalismo. Pero ello jamás haciéndolo -fuera de repente o evolutivamente- revolucionario para sí, sino en tanto que esas implicaciones socio-estructurales de la explotación hacen del proletariado una fuerza: 1º. Capaz de ser puesta al servicio de un proceso de abolición de toda clase de Capital como Capital (...) 2º. Capaz de culminar este proceso con éxito y de poner en marcha las nuevas bases productivas, cuyo correlato al nivel de la distribución es la abolición de la mercancía (...) 3º. El proletariado es una Fuerza Productiva que necesita realizar esa capacidad histórica que entraña debido a las implicaciones socio-estructurales inherentes a su condición de explotado. Su capacidad es su necesidad porque, bajo el capitalismo, ni puede seguir desarrollándose o empleándose como Fuerza Productiva en su desarrollo efectivo, ni su sustento integrado en el trabajo capitalista o en el consumo mercantil es compatible con el sustento competitivo capitalista de la producción».

De esta larga aseveración lo único que responde realmente a la pregunta es el primer punto, cuando dice que el proletariado es una fuerza "capaz de ser puesta al servicio de un proceso de abolición del capital". ¿Quién pone al servicio de ese proceso a la fuerza proletaria? El compañero se ha encargado de excluir categóricamente al proletariado mismo. Tiene que ser una fuerza exterior o superior a él. ¿Quién?

En un pasaje anterior nos lo aclara « En este sentido, toda la ganancia de habilidad de lucha, toda ganancia de sentimiento de solidaridad, toda ganancia en la identificación de clase más allá de marcos clasificatorios profesionales, de sector, territoriales o de procedencia, toda ganancia en el terreno de la consciencia en torno a la necesidad de unificación de luchas, toda ganancia de auto-comprensión de fortaleza colectiva, toda ganancia formativa estratégica, toda ganancia en la consecución de condiciones mínimas para poder sacar al proletariado respecto del horizonte perceptivo de la supervivencia y de la inercia energética hacia la conservación adaptativa..., son ganancias cuyo "cuantum revolucionario" suma signo negativo mientras no sean puestas, por la Vanguardia comunista, en conjunción dentro de la racionalidad revolucionaria que las positivice (llamo a este proceso dotación de Dirección comunista a la lucha de clases)».

Así pues, la "propiedad revolucionaria" reside en el "proceso de dotación de dirección comunista a la lucha de clases". Esta "dirección comunista" no debe desdeñar las luchas del proletariado pero dentro de ellas ha de intervenir para decirles que no sirven para nada pues « ¿Es tarea de los comunistas ser sol y lluvia sobre ese terreno?: no hay simiente revolucionaria guardada por ese terreno. No importa su fertilidad o esterilidad de frutos; son frutos estériles al comunismo. ¿Van a dejar de darse estas luchas? Al contrario: están determinadas a proliferar. ¿Vamos los comunistas a marchar con este movimiento real del proletariado? Los comunistas no somos una secta, sino el orden que organiza y que dirige a la colosal fuerza humana que el proletariado es, disponiéndola al servicio de la revolución. Sin embargo (...) el comunismo teórico va a marchar con el movimiento real del proletariado, no para servirlo en la afirmación de sus contenidos; va a desvalorizar esos contenidos dirigiendo la mirada proletaria hacia otra dimensión, hacia los referentes socialistas de la organización de la producción».

Así pues, los comunistas se dirigen a los proletarios diciéndoles ¡dejad al lado vuestras luchas miserables![5], ¡Entregadnos a nosotros la dirección de vuestra "colosal fuerza"! ¡Nosotros dirigiremos vuestra atención "hacia los referentes socialistas de la organización de la producción"!

¿Y en qué consisten esos "referentes socialistas"? El compañero señala la siguiente perspectiva: «plantillas enteras de proletarios, justamente para auto-mantenerse como proletarios, han tenido y, sobre todo, van a tener que apropiarse del Capital, haciéndose propietarios y asegurándose así subsistir con su propia explotación. Este proceso desatado, no destruye el Capital (...) tampoco se trata de un proceso que genere o que facilite consciencia proletaria respecto de la necesidad de destruir el Estado capitalista (...). La apropiación proletaria de Capital en unas y otras ramas de la producción es revolucionaria en el sentido exclusivo de que, siendo esos proletarios sujetos a la acción de los comunistas por dirigirlos hacia la destrucción del Estado capitalista, nos brinda a los proletarios en lucha revolucionaria un tejido productivo con el que sustentarnos y con el que dotarnos de medios militares, lo que significa dar un paso de gigante tanto porque nos libramos, aun parcialmente, del chantaje subsistencial que los capitalistas intentan imponer».

Así pues, el compañero propone como perspectiva "táctica" un objetivo -la autogestión de empresas "abandonadas por el capital"- que él mismo reconoce que ni "destruye el capital" ni genera "conciencia de la necesidad de destruir el Estado Capitalista" (¡¡¡).

Ese objetivo -el mismo compañero lo reconoce- gira totalmente en la órbita del capital. Entonces ¿cómo es posible que sea válido en la lucha por el comunismo? Solamente porque está dirigido por los comunistas. Esto abre una puerta potencialmente muy peligrosa: cualquier objetivo táctico aunque refuerce al capital será válido para avanzar hacia el comunismo con tal de estar dirigido por comunistas. El proletariado no es capaz de ninguna de las maneras de luchar por el comunismo como se ha encargado de demostrar el compañero. Pero por eso mismo si es dirigido por los comunistas entonces si que puede caminar en esa dirección aunque su "lucha" consolide el capitalismo.

No estamos exagerando ni haciendo una caricatura porque el compañero no tiene ningún inconveniente en que sean utilizados los sindicatos: «El hecho de que los comunistas que pertenecen al proletariado socio-económico, formen sindicatos -o como prefieran llamar a las estructuras de lucha económica-, no es ni loable ni censurable; sencillamente está determinado a ser, igual que está determinado a hacerlo el proletariado no comunista en su movimiento de agarrarse al suelo capitalista (...) así actúa y va a actuar el proletariado como proletariado; no como proletariado comunista»[6].

Un pensamiento basado en las nubes de la especulación abstracta

Hemos intentado citar lo más ampliamente posible al compañero con objeto de intentar comprender lo que defiende y no hacer caricaturas. Si esas son realmente sus posiciones vamos a formularles una crítica severa.

Lo primero que nos llama la atención en sus 2 textos es que sus conclusiones no se basan en un análisis de experiencias concretas, bien sean históricas, bien sean recientes, sino en todo un argumentario que fluye de una lógica completamente abstracta.

Este método es defendido por Tamer con el siguiente argumento: «La esencia no emerge sin ciencia. Y, a su vez, es mentira que la ciencia comunista emerja del análisis de las experiencias, lecciones, memoria y de la lucha de clases como si éstas compusieran un banco conceptual vivo que sintetizar mecánicamente en textos. Marx y Engels estuvieron en la brecha en París durante la revolución de 1848, disparando tras la barricada y delante de ella. Dieron lucha en la Liga de los Justos contra el misticismo de Weitling. Siguieron y animaron las luchas obreras del Ruhr, Se interesaron por conocer las condiciones de vida del proletariado en Inglaterra. Pero no fue con estos materiales que Marx escribió Contribución a la crítica de la Economía Política (...) Sólo cuando Marx y Engels hubieron identificado la esencia contradictoria del Modo de Producción capitalista, pudieron transmutar esa ciencia suya en una ofrenda para los proletarios (...) no hubo Manifiesto del Partido Comunista sin la averiguación anterior de las Leyes de la historia en general -que gobiernan la sucesión de los Modos de Producción- y del capitalismo en particular. A su vez, El Capital no emana de la asistencia a la lucha de clases por parte de un Marx que, armado de su genio, sacara a ésta un jugo suyo de ideas implícitas, sino que es el producto de los varios años que Marx pasó consigo mismo, encerrado entre libros en la Biblioteca británica»

Es verdad que el marxismo no es un reflejo pasivo de la experiencia de la lucha de clases sino que es un factor activo en su evolución, es decir, que el marxismo participa y transforma el propio movimiento proletario del que se reclama y en el que se inscribe. También es justo señalar que el marxismo no se limita a "analizar la lucha de clases" sino que estudia y comprende lo mejor del pensamiento y las ciencias legadas por la historia de la humanidad. Lenin dice en Tres fuentes y tres partes del marxismo «el marxismo es el sucesor natural de lo mejor que la humanidad creó en el siglo XIX, la filosofía alemana, la economía política inglesa y el socialismo francés» [7]

Sin embargo, es radicalmente erróneo pensar que el marxismo sería el producto de un "Marx encerrado consigo mismo". Lenin clarifica en la obra antes citada que «La historia de la filosofía y la historia de las ciencias sociales enseñan con toda claridad que no hay nada en el marxismo que se parezca al sectarismo, en el sentido de una doctrina encerrada en sí misma, rígida, surgida al margen del camino real del desarrollo de la civilización mundial».

Marx estaba en contra del método que le atribuye el compañero pues ya en los Anales Franco-Alemanes (1843) afirmó con rotundidad que «nosotros no nos enfrentamos al mundo doctrinalmente, esgrimiendo un nuevo principio y exclamando ¡he aquí la verdad arrodíllate! Brindamos al mundo nuevos principios deducidos de los principios del mundo». Pero el Manifiesto Comunista es todavía más inequívoco: «Los comunistas no forman un partido aparte de los demás partidos obreros. No tienen intereses propios que se distingan de los intereses generales del proletariado. No profesan principios especiales con los que aspiren a modelar el movimiento proletario. Los comunistas no se distinguen de los demás partidos proletarios más que en esto: en que destacan y reivindican siempre, en todas y cada una de las acciones nacionales proletarias, los intereses comunes y peculiares de todo el proletariado, independientes de su nacionalidad, y en que, cualquiera que sea la etapa histórica en que se mueva la lucha entre el proletariado y la burguesía, mantienen siempre el interés del movimiento enfocado en su conjunto».

Quizá el compañero no esté de acuerdo con el método de Marx. Tiene no solo el derecho sino el deber de exponerlo públicamente porque ni Marx ni nadie son infalibles, pero lo que si debemos exigirle es que no atribuya a Marx ideas o posiciones que no le pertenecen.

Un debate que no es nuevo

Este método de rechazo de la experiencia histórica del proletariado conduce al compañero a formular ideas que en realidad son muy viejas. Ya estuvieron en boga en las corrientes modernistas de los años 70 y 80 del siglo XX que afirmaban que "el proletariado es una clase para el capital" y que, en consecuencia, su única perspectiva es "negarse a sí mismo como clase".

Pero remontándose más lejos, las mismas ideas que formula el compañero estuvieron en el centro del debate entre Marx y Proudhon en el libro La miseria de la filosofía, aparecido en 1847.

Marx comenta: «los socialistas les dicen a los obreros: no os unáis porque, a fin de cuentas, ¿qué vais a ganar? ¿Un alza de salarios? Los economistas os demostrarán de sobra que los pocos céntimos que podéis ganar, en caso de tener éxito, serán seguidos por un descenso permanente. (...) Y nosotros, en nuestra condición de socialistas, nosotros os diremos que apartando esta cuestión del dinero, seguiréis siendo los obreros, y los patronos serán siempre los patronos, antes y después» (página 293 edición española).

Marx consideraba a esas corrientes socialistas como revolucionarios sinceros, lo que criticaba en ellos es que negaran toda relación entre las luchas inmediatas obreras en el viejo mundo y el nuevo mundo al que aspiraban. De ahí que «los economistas quieren que los obreros permanezcan en la sociedad tal y como está formada y tal como ellos la han consignado y sellado en sus manuales. Los socialistas quieren que los obreros dejen como está la vieja sociedad para poder entrar mejor en la nueva sociedad que les han preparado con tanta previsión» (ídem.)

Y ¿por qué los socialistas no veían nada revolucionario en el proletariado y no establecían ninguna relación orgánica entre sus luchas contra la vieja sociedad y la perspectiva de la nueva sociedad? Porque tomaban una foto fija de los efectos que produce la explotación en los obreros: «La división del trabajo reduce al obrero a una función degradante; a esta función degradante le corresponde un alma depravada; a la depravación del alma le corresponde una reducción siempre creciente del salario. Y para probar que esta reducción de salarios corresponde a un alma depravada, el Señor Proudhon dice, para tranquilizar su conciencia, que la conciencia universal lo que así lo quiere» (página 237).

Es decir, como el mismo Marx apostilla, no veían en LA MISERIA MAS QUE LA MISERIA y no captaban el lado revolucionario que encierra. Las luchas inmediatas de la clase obrera constituyen una de las vías[8] que tiene el proletariado para forjarse como clase revolucionaria: «la gran industria aglutina en un lugar a una masa de personas en la que nadie conoce a nadie. Pero el mantenimiento del salario, ese interés común que tienen contra los patronos, los une en una misma idea, la resistencia, la coalición. De esta forma, la coalición tiene siempre un doble objetivo, el de poner fin a la competencia entre ellos para así poder llevar a cabo una competencia general contra el capitalista. Si bien el primer objetivo de la resistencia solo fue el mantenimiento de los salarios, a medida que los capitalistas se unían a su vez en torno a la idea de la represión, las coaliciones, aisladas al principio, se forman en grupos y, frente al capital siempre unido, se hace más necesaria la defensa de la asociación que la del salario. Esto es tan cierto que los economistas ingleses están perplejos al ver que los obreros sacrifican una buena parte de su salario a favor de las asociaciones que, para los economistas, solo están establecidas en defensa del salario. En esta lucha -una verdadera guerra civil- se reúnen y se desarrollan todos los elementos necesarios para una batalla futura. Una vez llegado a ese punto, la asociación adquiere un carácter político» (página 295).

Los argumentos de lógica formal degeneran en silogismos: como el proletariado aspira a abolir el trabajo asalariado toda lucha en defensa de sus salarios es una lucha "para el Capital". Frente a ello hemos de situarnos en la comprensión concreta de la dinámica histórica de la lucha de clases: «la clase trabajadora, sustituirá en el curso de su desarrollo, a la antigua sociedad civil con una asociación que excluirá las clases y su antagonismo: ya no habrá poder político propiamente dicho, ya que el poder político es precisamente la concreción oficial del antagonismo en la sociedad civil» (página 298).

El partido comunista por el que luchamos

¿No hubiera sido mejor que el compañero hubiera confrontado sus posiciones con ese debate de hace 160 años? No estamos diciendo -ni mucho menos- que siga a Marx a pies juntillas. Lo que decimos es que considere antes la argumentación contraria de Marx y parta de ella, bien para rebatirla bien para asumirla.

Abordemos ahora la solución que propone el compañero: el desarrollo de la dirección comunista. Nosotros estamos por la constitución del Partido Comunista Mundial. Ahora bien ¿cómo abordar el combate por esa formación? Nosotros pensamos que debe llevarse a cabo a partir de la experiencia histórico - mundial del proletariado. Debe tomarse en cuenta las lecciones de más de 200 años de intentos de crear y desarrollar una actividad organizada por parte de los comunistas: desde la Liga de los Iguales de Babeuf a fines del siglo XVIII a la Liga de los Comunistas (1847) hasta las fracciones de la Izquierda Comunista pasando por las experiencias de las 3 Internacionales: la AIT (1864-76), la 2ª Internacional (1889-1914) y la Internacional Comunista (1919-28).

No podemos aquí más que hacer unas breves reflexiones[9]. Para nosotros la actividad organizada de los comunistas forma parte integral de la lucha de clase del proletariado. Es un elemento de primer orden en su evolución. Necesita de la contribución teórica y agitativa de los comunistas. La cuestión NO ES estar a favor o en contra del Partido, sino determinar cuál es su función en la clase obrera y precisar a partir de ahí cómo podemos luchar concretamente por su constitución.

Desde ese punto de vista, estamos radicalmente en contra de la postura expresada por el compañero consistente en que el Partido es el Sujeto -así con mayúsculas- y el proletariado es el objeto -en mínimas minúsculas-, el Partido dirige y el proletariado le sigue; el Partido es el genio de la lámpara maravillosa capaz de infundir carácter revolucionario a lo más reaccionario y el proletariado sería el Don Pésimo que hace reaccionario todo lo que toca.

Una vez más, la visión que expresa el compañero no es nueva en la historia del movimiento obrero. Fue la que defendían Blanqui y otras organizaciones que en los albores del movimiento obrero y considerando su estado de debilidad e inmaduro desarrollo teorizaban que el comunismo era un proyecto que había que imponer a la clase[10].

Sí tanto Marx como Engels defendieron enérgicamente que «el movimiento proletario es el movimiento independiente de la inmensa mayoría en beneficio de la inmensa mayoría» (Manifiesto Comunista) y que «la emancipación de los trabajadores será obra de los propios trabajadores o no será» (Primera Internacional) no fue por retórica ni porque negaran la función del Partido, sino porque situaban el papel del Partido como arma de desarrollo desde dentro, orgánica, de la propia lucha de clases.

El Partido del proletariado no nace de la debilidad del proletariado sino del desarrollo combatiente de su fuerza. El Partido del proletariado no es la silla de ruedas motorizada al que hay que subir a empellones a un proletariado congénitamente inválido sino la herramienta indispensable que el proletariado se dota para llevar su combate hasta el asalto revolucionario contra el capitalismo. Los comunistas no son unos solícitos médicos que desde el exterior desembarcan con recetas milagrosas sobre un proletariado que no sabe otra cosa que ponerse enfermo. Son la expresión de un esfuerzo histórico - ojo: no inmediato- del conjunto del proletariado a lo largo de más de 2 siglos de combates.

No podemos sino solidarizarnos con este pasaje de Engels en el prólogo a la edición alemana del Manifiesto Comunista (1890): « En cuanto al triunfo final de las tesis del Manifiesto, Marx ponía toda su confianza en el desarrollo intelectual de la clase obrera, fruto obligado de la acción conjunta y de la discusión. Los sucesos y vicisitudes de la lucha contra el capital, y más aún las derrotas que las victorias, no podían menos de revelar al proletariado militante, en toda su desnudez, la insuficiencia de los remedios milagreros que venían empleando e infundir a sus cabezas una mayor claridad de visión para penetrar en las verdaderas condiciones que habían de presidir la emancipación obrera»[11]

CCI 04-06-10

Anexo 1

Inercia capitalista del proletariado en su conciencia y en su práctica

Yo también sé que el proletariado es una clase revolucionaria (y más exactamente, el proletariado en su conjunto, aunque algunas de sus capas no puedan llegar a serlo más que si son ganadas por el núcleo central del proletariado durante la lucha política enmarcada en el proceso de construcción del poder y de su ejercicio, así como otras de sus capas serán contra-revolucionarias hasta su disolución). Conozco esta Propiedad de clase a la luz de la demostración científica que Marx desarrolla en torno a la cuestión de las condiciones evolutivas de Modo de Producción que producen también a la clase revolucionaria (no sólo, pues, la propia sepultura del Modo de Producción, sino a sus sepultureros también). Pero creo que esa condición revolucionaria se refiere a que el proletariado está determinado a estallar en la medida en que el Modo de Producción va siendo crecientemente incapaz de integrarlo como partícula del Capital (Capital Variable) y como elemento central en la conversión de la plusvalía en ganancia al contraerse progresivamente el Total salarial en relación al Total de valor producido. Va cobrando irremisiblemente rostro histórico la premisa que Engels formulara en Anti-Dühring: la producción de la fuerza humana que se levanta contra un orden económico no responde a la conciencia con que las clases dominadas viven la decadencia de los Modos de Producción -y que puede presentarse como filosofía, rebelión, malestar, insatisfacción, nuevas concepciones de "la Justicia", nuevos valores, crítica de la clase dominante en decadencia, etc.-, sino que, al revés, esas concepciones disconformes son el reflejo de que la producción -y, por tanto, la distribución, la política, el aparato jurídico provisor de derechos indispensables para el funcionamiento de la clase explotada; incluso la esclavitud fue legislada con unos derechos- va siendo incapaz de sostener las relaciones de clase que caracterizan y reproducen a ese Modo de Producción.

Esa Propiedad de clase es una necesidad; es decir, posee cualidad de mera objetividad, desprovista en sí de -e incapaz de generar por sí- un correlato de idéntica cualidad objetiva (revolucionaria) en el plano de la conciencia. Esa consciencia (y no un modo de conciencia cualquiera) respecto de la acción política y respecto del método de pensar lo real, que esa misma Propiedad históricamente necesaria, por su parte, necesita incorporar en sí para no quedar en un estallido sin rumbo ni sentido asumidos y que, así pues, no hiciera historia.

En otras palabras: la conciencia de rechazo que el proletariado desarrolla frente a las imágenes más monstruosas del sistema, y frente a la dureza del malvivir que soporta bajo el sistema, no es consciencia, pues el proletariado, ni identifica su condición de clase bajo el capitalismo como ser en contradicción irresoluble bajo el capitalismo, y ni mucho menos identifica el curso político con que debe canalizar esa contradicción hacia su resolución socialista, incluso cuando una minoría intuye o comprende la imposibilidad histórica del "capitalismo" (tal y como se lo representa con más o con menos limitación) y por tanto comprende la necesidad de una imprecisa "revolución" o de un impreciso "cambio profundo" pensados como acontecimiento que pudiera llegar de la mano de poderes -grandes o pequeños- ya existentes que adoptaran resoluciones de "cambio de las reglas del juego".

Pero la conciencia anti-capitalista que el proletariado fragua en sí a tenor de su experiencia pensada, no es consciencia (revolucionaria), también porque él, en su mayoría, no está dotado del método de pensamiento materialista dialéctico. De modo que unas u otras capas, proletarios en unas u otras condiciones concretas, unos u otros destacamentos del proletariado adscritos objetivamente a unos u otros territorios y sufriendo a unos u otros marcos políticos y militares concretos..., se verán destinadas plantearse la negación de unas o de otras manifestaciones del capitalismo, en función de su intensidad y predominio circunstancial. El proletariado desengañado de la democracia tiende al apoliticismo. El proletariado desengañado de los sindicatos estatales tiende a renegar de la necesidad de dotar de unidad y continuidad sindicales a las luchas por sus condiciones de vida, mientras el proletariado sujeto a contextos de restricción de la libertad sindical, tiende a idealizar la lucha económica como fuente de conquista de bienestar o como puerta a "la conquista de otras condiciones políticas que valoricen su lugar en sociedad". El obrero desempleado adopta el trabajo como horizonte de reivindicaciones o de expectativas, mientras el obrero empleado sueña con un "dolce far niente" ocioso y de descanso. El proletariado indignado por la guerra acostumbra a abrazar posturas latente o claramente pacifistas. El proletariado repudia el nacionalismo pero ese mismo repudio le conduce al apoyo inconsciente al nacionalismo (a otro), o, "al revés" (complementariamente en realidad), le conduce a despreciar las resistencias anti-imperialistas porque las identifica tout court erróneamente con "nacionalismo". En definitiva, el proletariado en su generalidad no llega a formular la negación dialéctica de su propia negación espontánea reflexiva del capitalismo, y así acaba quedando atrapado en una u otra dimensión "alternativa" de la matriz de la ideología dominante.

Pero, finalmente, la conciencia crítica del proletariado no es consciencia (revolucionaria) en tanto que no es la negación de los valores, las concepciones, los ideales, las metas, los proyectos, los planes..., con cuya materialización la burguesía pretende consagrar en la Virtud (burguesa) a su propio mundo, y cuyo cumplimiento al menos parcial es imprescindible a su funcionamiento como orden productivo; esa crítica proletaria espontánea se arroja contra la falsedad o contra la inviabilidad, en el orden de cosas establecido, de esos ideales, y no contra su valor y su institución referencial.

 

Por tanto, deberíamos partir de la siguiente premisa: la conciencia de adversidad al capitalismo que el proletariado fragua en sí -inextricable de su conciencia respecto de que el capitalismo, por sí, es adverso a su subsistencia aun en el marco capitalista y en el horizonte capitalista de viejas posibilidades o de viejas condiciones-, no es consciencia revolucionaria de clase (aunque sí vaya a derivar en consciencia de clase entendida como identificación de una condición de común pertenencia, de unos intereses comunes y de una fuerza compartida de lucha). Y ello es así porque ese rechazo proletario de su propia existencia insatisfactoria no contiene germen (ni puede auto-producírselo) que, fecundándose y aflorando parejo al curso evolutivo de las luchas proletarias inspiradas por su necesidad de darse condiciones de cobertura de sus necesidades de clase (necesidades capitalistas, al fin y al cabo), irrumpa destripando la vieja membrana de mundo de referencia y se revele como nueva cualidad entrañada por el proletariado. Esto es: irrumpa revelándose como comprensión de su capacidad histórica en lo que se refiere a producir una sociedad nueva sobre la base de un Modo de Producción superador del capitalismo y, dialécticamente, irrumpa revelándose como comprensión de que esa capacidad suya coincide con su determinación objetiva a la lucha económica (pues, persistiendo en su condición de proletario, ni siquiera puede cubrir ni asegurarse prolongadamente, por su lucha, sus necesidades como proletario). Finalmente, la Propiedad proletaria revolucionaria en lo que atañe a la determinación del proletariado (en su conjunto) a una lucha por su reproducción como Fuerza de Trabajo, que es irreconciliable con el techo capitalista en la provisión de esas condiciones reproductivas, es una Propiedad que no se revela como comprensión del curso de lucha y de ejercicio del poder que el proletariado debe surcar, determinado por esa necesidad de realizar su capacidad histórica. Este curso, en lo que se refiere a su recorrido general, no admite coexistencia con modelos "alternativos" o con "soluciones concretas alternativas". Mientras, en lo que se refiere a la superación de cada momento y cada contradicción de recorrido, requiere de la identificación y la aplicación de la fórmula política correcta, ya que el comunismo no es Roma, a la que "conducen todos los caminos", y, en cambio, el recorrido hacia el comunismo responde más bien a la teoría del caos en aquello de que una desviación a primera vista "mínima", imponiéndose, es capaz de llegar a provocar, igual que el ajetreo de alas de una mariposa el huracán, consecuencias contrarrevolucionarias tanto teóricas como de funcionamiento social efectivo.

Dónde estriban respectivamente la Propiedad no revolucionaria del proletariado y su Propiedad revolucionaria

En definitiva, ese "polo no revolucionario" que el proletariado entraña, lejos de deberse fundamentalmente al imperio de la ideología dominante entendida reductivamente como dominación en las ideas por medio de la difusión de ideas, se debe, más profundamente, a la posición material que el proletariado ocupa en el proceso de producción y de cambio. El, mientras no sea llevado a emprender una lucha -asumida a lo sumo limitadamente y no más que por una minoría de este ejército- que apunte a la destrucción de su condición objetiva proletaria, continúa dependiendo del capitalista y de las posibilidades económicas del capitalismo, tanto como estos dependen de él. El hecho de que escasee el trabajo, de que las empresas cierren, del incremento de horas reales trabajadas o de la densidad laboral/ tiempo, de la disolución progresiva del tejido asistencial..., son buenas noticias en el sentido estricto de confirmar la determinación capitalista a atrapar al proletariado en un callejón sin salida capitalista. Pero esto no significa que la determinación proletaria a la lucha consecuente a esta des-cobertura galopante de su propia funcionalidad proletaria y respecto de las necesidades que la disposición capitalista de sus relaciones sociales ha ido generando a lo largo de siglos en el proletario, asuma la inviabilidad del callejón y ni mucho menos todavía asuma las implicaciones de esta inviabilidad, relativas a la necesidad de dar a su lucha un cambio de cualidad, y no uno cualquiera improvisado, experimental y (pseudo)"creativo", sino el único preciso, el único creativo de una sociedad superior. Pero es más: no se trata meramente de que la andadura proletaria a través del callejón de la defensa contra la edición de "nuevas" condiciones capitalistas no entrañe por sí su auto-superación revolucionaria endógena; es que, por mucho "suplemento de consciencia" que algunos acudan a suministrarle en su transcurso, tampoco anida en sí la materia prima con que cocinar su superación cualitativa a partir de un apoyo e impulso comunistas a su discurrir (de una orientación comunista a la prosecución de su adentrarse en el callejón). Más bien sucederá lo contrario, y ello sea cual sea el resultado de esas luchas enmarcadas en la matriz de las condiciones de vida capitalista, y esto por qué:

Resultado A: éxito de la lucha (hipótesis, dicho sea de paso, más o menos improbable en el caso de enfrentamiento del proletariado con la empresa, con el consorcio o con un sector concreto de la administración estatal, y, en cambio, casi imposible cuando el enfrentamiento es con el Estado a fin de obtener de él condiciones jurídicamente recogidas o a fin de conseguir la edición estatal de regulaciones vinculantes para una rama empresarial o para todos los empresarios, como en el caso de un "régimen" o un estatuto laboral). Si la lucha da frutos más o menos satisfactorios, la conclusión empírica consecuente es que es posible continuar mejorando proletariamente, al menos a cierto nivel. La identidad proletaria objetiva se nutre así de su mecánica percepción subjetiva y se instala con mayor estabilidad como Capital Variable. En este sentido, toda la ganancia de habilidad de lucha, toda ganancia de sentimiento de solidaridad, toda ganancia en la identificación de clase más allá de marcos clasificatorios profesionales, de sector, territoriales o de procedencia, toda ganancia en el terreno de la consciencia en torno a la necesidad de unificación de luchas, toda ganancia de auto-comprensión de fortaleza colectiva, toda ganancia formativa estratégica, toda ganancia en la consecución de condiciones mínimas para poder sacar al proletariado respecto del horizonte perceptivo de la supervivencia y de la inercia energética hacia la conservación adaptativa..., son ganancias cuyo "cuantum revolucionario" suma signo negativo mientras no sean puestas, por la Vanguardia comunista, en conjunción dentro de la racionalidad revolucionaria que las positivice (llamo a este proceso dotación de Dirección comunista a la lucha de clases). Mientras tanto, estas ganancias no son más que componentes técnicos de eficiencia que la clase, por su experiencia y a través de sus luchas económicas, va fabricándose, consciente o inconscientemente, para incrementar sus índices de éxito en las luchas de esa misma categoría, y por tanto son aportes para la petrificación proletaria en esa cualidad de lucha; jamás constituyen la materia prima en cuyo marco, llegada ésta a un punto de crecimiento cuantitativo, de implicación más o menos masiva, de lucidez auto-evaluativa y de eficacia procedimental, se produjera el necesario cambio de cualidad, o prendiera el cambio al eco de prédicas idealistas de conscienciación. Al revés: al paso de su auto-dotación de fuerza de clase, es decir, de condiciones competenciales por la concreción de las fuerzas del Capital frente a su antítesis capitalista, el proletariado fortalece en sí esa conciencia proletaria como conciencia en su condición, de "natural existencia", y susceptible de ser trascendida sólo en el individuo proletario que ingresara -Virtud, laboriosidad, sacrificio o lotería mediante- en otra condición de clase.

Resultado B: la lucha económica fracasa en tanto que tienen que ser aceptadas, en lo substancial, las mismas condiciones de trabajo, fiscales, de pago de infraestructuras, asistenciales..., contra las que era enfocada la lucha (eso es lo que ocurre con mayor frecuencia). De no ser mostrado otro marco de lucha y otra meta -es decir, la genuina alternativa de lucha-, este proletariado embarcado en su movimiento espontáneo no extrae la conclusión de abandonar esa vía, raquítica de posibilidades de resultado y de resultados escuálidos ellos mismos cuando llegan. La conclusión espontánea se muestra, en cambio, como una tendencia al abandono en general respecto de la disposición de lucha, pues esa vía no abandona su ocupación del campo conceptual "realista" de lucha en su integridad. A esa tendencia abierta -y acumulativa al paso de la sucesión de derrotas- hacia el desencantamiento, la renuncia y la deserción sin alternativa, debemos sumar el hecho de que este proletariado en movimiento de lucha por y para su clase -y no desde una perspectiva revolucionaria que lo encarrile contra sí mismo como proletariado- ha invertido unos escasos recursos de que llega a disponer bajo el capitalismo, ha corrido con unos riesgos represivos..., para, a fin de cuentas, llegar a peor de lo que estuvo al principio en el terreno de sus condiciones proletarias. Esta conclusión de circunstancias reúne todas las premisas del círculo vicioso, pues, correlativamente a este plus de deterioro en las condiciones proletarias, el pragmatismo de la "postura" individual adaptativa gana terreno por fuerza, de modo que los capitalistas directamente y su Estado mejor pueden seguir apretando la válvula y, sucesivamente, cuanto más baja es colocada la Espada de Damocles subsistencial, menores posibilidades objetivas de respuesta y menor inclinación a la respuesta. El proletariado va acercándose así, a cada movimiento, a ese estado de masa totalmente vendida al soplar de los vientos del Capital y sin energía que consagrar a todo cuanto no sea llegar a sobrevivir día a día integrándose al precio que sea en el chantaje que le garantiza su reproducción como Fuerza de Trabajo y así como cuerpo "vivo" proletario. Pero, así como Marx habla, en ese pasaje, de cómo se llegaría a ello si el proletariado renunciara a su lucha económica, también se llega a ese estado en culminación del recorrido de lucha económica, en tanto que ésta siga desarrollándose y desarrollándose tal cual en una unidad de tiempo lo suficientemente amplia como para que la relación entre "ganancias" y re-definición capitalista restrictiva de las condiciones proletarias alcance determinada tasa de diferencial.

 

Hemos visto arriba cómo el factor determinante del "polo no revolucionario" inserto en el proletariado, no reside en el plano de las ideas. Esto es, tal factor determinante está lejos de ser una mera distorsión interpuesta -vía manipulación, vía educación, vía valores, vía divisionismo, vía aislamiento...-, entre el proletariado y una inercia suya a percibirse verdaderamente si -por su experiencia reflexiva, por su comunicación en el marco de sus prácticas de lucha y por una obra conscienciadora de Vanguardia- "se encuentra a sí" al aparecerse limpio cuando se quiebran -o quiebra- las capas superpuestas de "la ideología". Pues esa misma ideología dominante más o menos compartida entre clases posee al proletariado por ser una derivación mecánica -victoriosa siempre al nivel del pensamiento empírico, no importa si es pensamiento analizador de las luchas propias- respecto de la realidad elemental proletaria bajo el capitalismo: dependencia laboral -subsistencial- en relación al Capital; dependencia contractual inmediata respecto de un mínimo de salud en las cuentas empresariales; dependencia reproductiva inmediata como Fuerza de Trabajo sujeta a sus necesidades sociales, respecto de un mínimo de salud en las cuentas del Estado; dependencia respecto de la nación (o conglomerado supranacional) que lo almacena, acondiciona y protege político-jurídicamente en tanto que Fuerza de Trabajo, al componerse el mundo capitalista de naciones en competencia y así en guerra o peligro de guerra; dependencia subsistencial respecto de la propiedad privada que adquiere con su salario -transporte, piso, integridad física, relativa capacidad laboral-, así como de su salvaguarda capitalista; dependencia de la salvaguarda político-jurídica de aquellos derechos y libertades capitalistas sin los que no podría subsistir como proletario que es; dependencia integral de su propia inserción en la economía en calidad de mercancía que así podrá comprar otras, a diferencia de lo que ocurría con el Modo de Producción anterior -feudal-, donde el siervo se relacionaba sin mediación más que natural y técnico-productiva -epidemias, hambrunas-, pero no mediación social, con las condiciones de su reproducción a través de la propia comunidad aldeana, de la División del Trabajo Social cuyo producto no es mercantil, de la propiedad comunitaria o doméstica sobre determinados Medios de Producción, y del cultivo del pedazo de tierra propia fuera de tiempo de plustrabajo.

Por su parte, en lo que se refiere a este otro polo, al "polo revolucionario del proletariado" a que aludís, cabe preguntarse en qué sentido es su condición de explotado aquello que le dota de tal Propiedad. Si la premisa consiste en afirmar que la determinación proletaria revolucionaria deriva de las dimensiones humanas, captativas sensibles, de dificultades..., intrínsecas a la explotación y agravadas correlativamente tanto al incremento de la explotación (medida cuantitativamente) como a su agudización cualitativa, entonces la respuesta comunista a ese humanismo "marxista" es no. Pero si la premisa consiste en afirmar que esas implicaciones humanas y empírico-vivenciales, de dolor reflexivamente vivido y sentido en la conciencia, criticado, epistémicamente padecido..., relativas a la explotación, componen el substrato que da al proletariado "susceptibilidad revolucionaria", entonces la respuesta continúa siendo rotundamente no. Esas implicaciones no determinan más -ni menos- que el desarrollo de la lucha de clases encerrada en el plano del combate por las condiciones proletarias. ¿Es tarea de los comunistas ser sol y lluvia sobre ese terreno?: no hay simiente revolucionaria guardada por ese terreno. No importa su fertilidad o esterilidad de frutos; son frutos estériles al comunismo. ¿Van a dejar de darse estas luchas?. Al contrario: están determinadas a proliferar. ¿Vamos los comunistas a marchar con este movimiento real del proletariado?. Los comunistas no somos una secta, sino el orden que organiza y que dirige a la colosal fuerza humana que el proletariado es, disponiéndola al servicio de la revolución. Sin embargo (y por eso mismo), ¿vamos a marchar con la lucha por las condiciones proletarias como si fuéramos consejeros que operen con su teoría y análisis en pro de optimizar el discurrir y las "ganancias" de la misma, es decir, como técnicos planificadores de la canalización energética de la espontaneidad hacia culminar sus horizontes intrínsecos?. Eso sería la antítesis de nuestra presencia: el comunismo teórico va a marchar con el movimiento real del proletariado, no para servirlo en la afirmación de sus contenidos; va a desvalorizar esos contenidos -y va a hacer la crítica de las posibilidades reales de la materialización de estos-, dirigiendo la mirada proletaria hacia otra dimensión, hacia los referentes socialistas de la organización de la producción y hacia las posibilidades de actividad social que solamente ella abre, hacia el amor por nuestro Estado, sólo con cuya construcción crear las condiciones políticas y anti-ideológicas sin las que, para el proletariado en su conjunto, son impensables los contenidos básicos del mundo nuevo que, perdiéndose a sí mismo al hacerse dueño de su actividad productiva, tiene ya que ganar. ¿Quiere esto decir que los comunistas vamos a decirle a los proletarios que desistan de defenderse de la definición capitalista de sus condiciones proletarias?: los comunistas no somos cristianos creyentes en el privilegio del sufrimiento como pilar de Virtud y de salvación. He mostrado arriba cómo pretender una superación proletaria, respecto del paradigma de lucha por condiciones, a base del deterioro de las condiciones, es ni más ni menos estúpido que pretender una superación de ese paradigma a través del desarrollo del mismo. Los comunistas tienen que mostrar a los comunistas, así como al proletariado más decidido y consciente, porqué tanto una como otra afirmación son tópicos infundados de consecuencias nefastas para la conjunción de la fuerza proletaria hacia el comunismo. Solamente produciendo esta fuerza de intervención en el seno de la fuerza proletaria, el comunismo va a ganarse para sí a ésta. A falta de nuestras propias fuerzas, formadas para revolucionar los horizontes de la lucha proletaria misma gracias a nuestra presencia y a nuestra claridad teóricas, gritar desde nuestra debilidad actual a los proletarios, en pro de que ellos mismos se den un golpe de rumbo porque se lo decimos los comunistas, no sería más que un ejercicio cristiano de Imperativo Categórico. Así que el proletariado no tiene que resignarse a sufrir bajo el capitalismo, pero los comunistas debemos forjar la fuerza capaz de explicar cómo, resignado o luchando por sus condiciones, el resultado va a ser, mientras permanezca en esa matriz de lucha, sufrir cada vez más a un Modo de Producción determinado a extraer del deterioro de la "vida" proletaria el balance de cuentas garante de su reproducción.

Las condiciones de explotación pesantes sobre el proletariado, así como el hecho mismo de ser explotado, sí lo conducen a hacer objetivamente la revolución en el estrecho sentido de que el capitalismo va perdiendo capacidad de insertarlo funcionalmente en su aparato laboral productivo y laboral de cambio mercantil, al haberse vuelto incompatible la destinación de inversión hacia la Reproducción Ampliada del Capital (ampliación de las capacidades productivas), con la destinación de inversión hacia la reproducción de la Fuerza de Trabajo -formativa, salarial adquisitiva, asistencial-, de modo que las Fuerzas Productivas continúan desarrollándose en contradicción creciente con su uso proletario creador de plusvalía, y con el consumo proletario de su producto, traductor de la explotación en ganancia. Pero el Capital no puede mantener indefinidamente la Reproducción Ampliada hecha a costa de desemplear FT y de no reproducirla en consonancia a la demanda de FT abierta por esas Fuerzas Productivas en imparable desarrollo que, al tiempo que forman parte de la Reproducción Ampliada, se convierten una y otra vez en el presupuesto para la continuidad de la misma. El círculo vicioso de abandono, por el Capital, de su necesidad de reproducir la FT y así su dificultad creciente por reproducirse a sí mismo, está, pues, echado a rodar. Y ello sin que la redistribución estatal de plusvalía pueda suplir, en última instancia, la incapacidad de reproducir las condiciones proletarias por parte de la producción, porque esa redistribución opera, al fin y al cabo, con Capital que ha tenido que ser producido previamente. Este panorama de colapso incipiente del funcionamiento del Modo de Producción por no poder mantener a la vez el Capital Variable (empleo productivo del proletariado), el desarrollo de las Fuerzas Productivas y la Acumulación en una cuantía acorde con los requisitos competenciales de inversión, verdaderamente abre tendencias, en la lucha proletaria por condiciones proletarias, hacia la toma de Medios de Producción y de cambio. Pues esas condiciones no pueden ser ya satisfechas desde la separación proletaria respecto de la propiedad del Capital y de su gestión. Así que plantillas enteras de proletarios, justamente para auto-mantenerse como proletarios, han tenido y, sobre todo, van a tener que apropiarse del Capital, haciéndose propietarios y asegurándose así subsistir con su propia explotación. Este proceso desatado, y que proliferará en tanto que los capitalistas no pueden mantener operativo su Capital, no destruye el Capital -es solamente la disolución de la separación Capital-trabajo sin que la contradicción sea superada dialécticamente, en tanto que los polos continúan existiendo y, por ende, continúan en antagonismo rigiendo de modo fetichista la actividad objetiva del capitalista-proletario con "sus" Factores de Producción y con "su" producto. Pero tampoco se trata de un proceso que genere o que facilite consciencia proletaria respecto de la necesidad de destruir el Estado capitalista y de edificar un Estado proletario que sustente y defienda la supresión de la propiedad empresarial (proletaria o no) en relación a los Medios de Producción y al producto. La apropiación proletaria de Capital en unas y otras ramas de la producción es revolucionaria en el sentido exclusivo de que, siendo esos proletarios sujetos a la acción de los comunistas por dirigirlos hacia la destrucción del Estado capitalista, nos brinda a los proletarios en lucha revolucionaria un tejido productivo con el que sustentarnos y con el que dotarnos de medios militares, lo que significa dar un paso de gigante tanto porque nos libramos, aun parcialmente, del chantaje subsistencial que los capitalistas intentan imponer, como también porque arrastramos a la confianza a más y más capas del proletariado, al serles provista una alternativa material para la existencia transitoria en la lucha -no siendo anunciada como alternativa de organización social- mientras, a la inversa, el campo productivo burgués ve desertar contingentes de FT a los que ha dejado de poder acorralar en la vieja dependencia de realizar aquella condición mercantil. Este debilitamiento de la economía burguesa se traslada inextricablemente al plano militar del Estado capitalista, entidad dependiente de la economía tanto en lo que se refiere a la reunión de presupuesto para la inversión y adquisición militares, como al pago de sus empleados y a la disposición de los recursos bélicos mismos, que presuponen una producción en funcionamiento.

Pero entonces..., si, ni la cualidad de explotado por ella misma, ni la evolución fenoménica de esa cualidad en el marco existencial proletario, componen la substancia de la Propiedad revolucionaria proletaria, ¿qué compone esa substancia?: las implicaciones socio-estructurales indesligables de la cualidad de explotado son las que hacen del proletariado la clase revolucionaria del capitalismo. Pero ello jamás haciéndolo -fuera de repente o evolutivamente- revolucionario para sí, sino en tanto que esas implicaciones socio-estructurales de la explotación hacen del proletariado una fuerza: 1º. Capaz de ser puesta al servicio de un proceso de abolición de toda clase de Capital como Capital, así como de su conversión en puros Factores de Producción sujetos a la unificación social de su propiedad; 2º. Capaz de culminar este proceso con éxito y de poner en marcha las nuevas bases productivas, cuyo correlato al nivel de la distribución es la abolición de la mercancía, pues la producción, así como se había socializado, ya bajo el capitalismo, en tanto que proceso, se socializa, con el comunismo, en tanto que fuerza y en tanto que sistema de componentes de uso. Así que, correlativamente, a la comunidad pertenece el producto de su actividad unificada, cuya autoría es, si nos remontamos a Factores de Producción intervinientes y a la producción del propio productor, una autoría infragmentable; 3º. El proletariado es una Fuerza Productiva que necesita realizar esa capacidad histórica que entraña debido a las implicaciones socio-estructurales inherentes a su condición de explotado. Su capacidad es su necesidad porque, bajo el capitalismo, ni puede seguir desarrollándose o empleándose como Fuerza Productiva en su desarrollo efectivo, ni su sustento integrado en el trabajo capitalista o en el consumo mercantil es compatible con el sustento competitivo capitalista de la producción, que, contradictoriamente, sub-acumula así relativamente a la inversión necesaria, una tras otra, en desarrollo y en incorporación de Fuerzas Productivas.

Las implicaciones socio-estructurales de la explotación capitalista, que integran la substancia de la Propiedad revolucionaria del proletariado, son:

1. Alienación respecto de los Medios de Producción y de sustento, que son, bien Capital, bien propiedad de la pequeña burguesía, bien propiedad campesina, bien instrumentos de rendimiento al rentista. Para el proletario no hay salida, ni individual ni de clase, paralela a la capacidad del Capital para poner al proletario en relación a sí mismo. He mostrado el recorrido histórico imparable de debilitamiento a que está sujeta esta capacidad, en consonancia con el desarrollo del Modo de Producción capitalista.

2. Reverso inextricable de la separación respecto de los Medios de Producción y de sustento: el proletariado obtiene sustento trabajando para el Capital, lo que significa, operando con esos mismos Medios de Producción y de sustento alienados. El Capital, para reproducirse y ampliarse como Capital, depende del proletariado, mientras el proletario, aunque fuera con vistas nada más que a sustentarse, depende crecientemente de interrumpir el funcionamiento del Capital -lo que le es factible al ser él quien realiza su valor de uso-, para apropiarse de esos Medios de Producción y de cambio.

3. Propiedad social internacional de la producción y cambio capitalistas. En última instancia, el proletariado solamente puede llevar a la contradicción producción-consumo a su salida histórica trascendente, dirigiéndose hacia su emergencia como comunidad mundial de productores. Los procesos capitalistas de producción y de cambio ya atraviesan el mundo. Sólo la conjunción, la especialización, la jubilación y el desarrollo, y la puesta en solidaridad funcional, de las Fuerzas Productivas a escala planetaria, da respuesta a las necesidades básicas de la humanidad actual de modo que ésta pueda ponerse en curso de revolucionar -en una historia sin fin al fin suya- sus capacidades y sus necesidades. El proletariado es la clase que trabaja inserta en la imbricación internacional de procesos de producción y cambio capitalistas.

A las tres implicaciones enunciadas hay que sumar una de orden bio-antropológico y que es implícita no sólo a la explotación capitalista, sino a cualquier sociedad dividida en clases. Se trata de la cosificación, de la actividad productiva, en trabajo, es decir, de la alienación de la producción genérica humana, acto expresivo de la historicidad de las capacidades humanas, expresivo de socialidad, expresivo de la auto-negación trascendente a través de la afirmación de las cualidades adquiridas, expresivo de la relación genérica con la materia hacia la subversión de la misma, expresivo del don de sí, del auto-gasto y del gasto de materia más allá de las ventajas adscritas a una postura de auto-reserva, acto, en definitiva, con centro de gravedad en sí mismo, en una actividad con sentido instrumental (sentido de provisión de rentabilidades políticas; sentido de posicionamiento relativamente "bienestante" en la estructura laboral y así provisor de certidumbre, de seguridad, alzador del Ego, provisor de auto-ahorro laboral...; sentido de pesada condición para la subsistencia en la clase explotada; sentido, en la clase dominante, de provisión de los elementos materiales para su reproducción como clase, para la reproducción de las relaciones de clase con la clase explotada, para la reproducción del Modo de Producción, para la persistencia del capitalista amenazado por la competencia con otros capitalistas en el caso concreto de este Modo de Producción; etc.). Esta cosificación laboral de la actividad productiva agrede al proletariado, en cuyo cuerpo, en cuyas cualidades orgánicas y cerebrales, yace inscrita nuestra historia genérica, aunque inmóvil, presa de una producción capitalista que la impide continuar produciéndose como obra en sí mismo -auto-transformadora- de su portador humano, de la mano de la afirmación productiva de esa historia hecha genes, órganos, cualidades, técnica, conciencia, planificación, Medios de Producción. Sin embargo, esta contradicción es nada más que sentida, sufrida, por el proletariado, y no identificada espontáneamente por la mayoría, debido a la propia cosificación subjetiva del trabajo correlativa a la cosificación laboral objetiva. Por ello la importancia comunista -la crucialidad- de hablarle al proletariado respecto del sentido objetivo que posee la producción genérica, epicentro de ese "mundo que ganar". Porque el último, al fin y al cabo, será la creación y el sostén de la cualidad definitoria genérica: pensar lo que hacemos y hacer lo que pensamos fundando historicidad al fin consciente y re-abriéndola continuamente. Cualidad al fin liberada; al fin practicable socialmente.

Subversión comunista de la inercia capitalista del proletariado: otra lucha por otros objetivos y formación de la fracción consciente de la fuerza objetiva revolucionaria

La evolución del Modo de Producción en su decadencia determina, con una fuerza econométricamente objetivable, al proletariado a arrojarse a su propia resistencia cosificada de proletariado, aunque no uniformemente con arreglo a capas y a realidades concretas. Este movimiento, ni muta por sí en su propia negación de planteamiento político, y ni muchísimo menos entraña en sí condiciones que, parejas a la maduración de tal movimiento, a su expansión, a su fortalecimiento y a su desarrollo de lucidez y de realismo dentro de sus parámetros de racionalidad de base, lo dispusieran a la recepción de una subversión comunista de referencias. Al contrario: aunque este movimiento produce en sus implicados consciencia de clase como ser social compartido con intereses compartidos y una misma fuerza por imponerlos, es un movimiento que contiene en sí a su propio desgaste e interrupción a la luz de la nimiedad de sus obtenciones -y, es más, la nimiedad de sus objetivos de entrada- medidas por los riesgos de represión empresarial y de exclusión. Este movimiento, así, no puede pasar de ser una ola, con su periodo de arremetida y su consecuente repliegue disolutivo. Con unos aprioris referenciales de -objetivamente y más allá de lo que se imaginen los proletarios que están haciendo- enfrentarse al Capital dándole empujones para encontrar respiración dentro de él o incluso para hacerse con él, el cuerpo de lucha tarde o temprano se desmiembra desertando del mismo cada vez más proletarios. Porque, guiados por un cálculo de las ventajas o los inconvenientes que una u otra acción comporta en el tránsito hacia esa racionalidad de objetivos (adaptativa), la conclusión más frecuente es empeñarse en sacar a flote la propia cabeza para respirar, acogiéndose al consejo práctico de "no mear donde uno come". "No hay sitio para todos", así que cada uno "a buscarse la vida" como mejor pueda y "a prepararse": receta del mérito, del esfuerzo, de la "perspectiva", de la oportunidad y de la aplicación laboral..., ¡y a correr, que "tras de mí, el Diluvio"!.

Determinados contra este estado de cosas, los comunistas no podemos acudir al marco de lucha proletaria en desarrollo, con miras a entroncar mecánicamente con el mismo. Es decir, entrando en competencia contra el espontaneísmo, contra el sindicalismo, contra la ideología individualista del mérito, el esfuerzo, la oportunidad, la inteligencia y la suerte..., por demostrar nuestra pericia científica a la hora de organizar y disponer a este movimiento hacia sus éxitos, su afianzamiento y su crecimiento. Pero tampoco podemos, "al contrario", organizarlo y disponerlo hacia su auto-comprensión de no revolucionario a partir de reforzar su práctica y de transformar a ésta en objeto de crítica conjunta, porque esta operación no culminará en un abandono de sí por parte de este movimiento y en su trascendencia comunista de sí, sino, a lo sumo, en la simple renuncia a seguir siendo. Tal trascendencia comunista del movimiento proletario de condiciones sólo será posible -y ello al nivel objetivo y jamás al nivel de la comprensión subjetiva de la nueva función propia por parte de la mayoría del proletariado-, si los comunistas somos capaces de subvertir la dirección de ese movimiento realizando la negación de ese movimiento mismo. Condición de ello es, formar a la Vanguardia práctica de ese movimiento en la perspectiva de ponerse a dirigirlo a éste desde la premisa de que no hay cinturones de seguridad que perseguir tras el Capital, sino cadenas que romper. Condición de esa condición es, la formación organizativa, política y teórica de los comunistas como potencia de lucha contra la subsistencia capitalista, contra las condiciones proletarias de subsistencia y por la identificación proletaria -en la medida de lo posible- de su emancipación con la destrucción de la producción laboral (mero medio para la subsistencia) y con el despliegue de ese áspero, esforzado, agónico, jubiloso e inercial don de sí con que el cuerpo y la conciencia afirman la historia objetivada en ellos y así la historia continúa haciéndose cuerpo y conciencia nuevos: la producción genérica.

Anexo 2

Revolución de los horizontes: asumir el horizonte de la revolución

 

Hace ya bastante tiempo vi una película yankie en torno a la trastienda de preparación, de equipo, de itinerarios..., desde la que era dirigida la campaña electoral de un candidato a Presidente de los Estados Unidos. Aunque se trataba de una comedia, la película hacía entrega de cierto dramatismo, de "ternura", de sentimentalidad, y de ese mejunje que el espectáculo pone en nombre de la sensibilidad.

Entre toreo y toreo con lobbies que pujaban por sus favores y lo amenazaban a la primera de cambio, la agenda del candidato hizo parada en un pueblo de montaña, de esos que se extienden a los flancos de una gran carretera, donde los obreros -y otras gentes subsidiarias del trabajo de estos: comerciantes, leñadores- intentaban enfrentar el cierre de "su" fábrica. Total, que el equipo de asesores se reúne con el candidato a fin de amarrar el voto de esos obreros. "Es pan comido"; así de inconmovible liberal se ha mostrado el presidenciable rival. No obstante, hay que concretar unas posiciones que no cierren demasiado el sentido de las palabras, y así poder maniobrar luego sin ser acusado de manipulador. Por otro lado, haber incluido ese caso en la agenda no era, ni mucho menos, comparativamente rentable. Fue el candidato quien con vistas a ello venció la oposición de parte de su Gabinete; pues sintió la llamada del Pueblo. Pues es un semi-progre con el corazón del lado de quienes supuestamente "dependen" de tener un empresario beneficiario que no sea negligente de empeñar sus bienes en el cumplimiento de "su función social".

La llegada del candidato es anunciada y esperada en el pueblo como si aquél fuera un monarca del teatro de Lope o de Calderón: manda-más justiciero que acude a poner en su sitio al poderoso local, abusón. Se suceden las reuniones y las audiciones a la plantilla y a sus delegados. El candidato se llena de solidaridad, de identificación, y transmite, hacia sus asesores, la tragedia humana que sacude a estos proletarios, mientras los asesores estudian política y científicamente el caso, extrayendo sus fórmulas. Todo queda, en fin, dispuesto para el gran discurso en el intramuros fabril, que ha congregado a la plantilla, a familiares, a proletarios. Empieza hablando el delegado de la plantilla en lucha -sindical o no, poco importa; veremos porqué-, quien se refiere a la injusticia del capitalista con quienes lo han dado todo -a quienes deja sin nada-, así como con los padres y abuelos de estos, que ya lo daban en sus tiempos para la misma fábrica: imposible la reciprocidad libre con quien piensa sólo en las cuentas de su negocio; hay que forzarle a quedarse o, al menos, hacerle pagar un precio que costee la siembra de alternativas de "vida".

Sube entonces a la palestra el candidato y abre su oferta. No es lo que los obreros esperan oír: para sorpresa de estos, y guiado por los consejos de sus expertos, el político presenta un cuadro de posibilidades enmarcado en unas condiciones reales de determinación. Que si ellos con su producción no forman un islote, sino una pieza más dependiente de la demanda que otros procesos productivos, "externos" e interconectados, manifiesten por sus productos, y esos sectores de destino están deshaciéndose dada la llegada de productos substitutivos y dada la obsolescencia de la demanda...; que si, en todo caso, el capitalista podría afrontar la permanencia de la fábrica solamente revolucionando unas técnicas productivas incompetentes y una maquinaria torpe, lo que implicará numerosos despidos...; que si los tiempos están cambiando, y en otros lugares a menos gasto, a menos tiempo y a mejor maquinaria, mejores resultados, pero que él no está dispuesto a que el "american worker" pierda "su dignidad" transformándose en un "amarillo" de esos que tanto prefiere el capitalista, así que ya puede irse éste a hacer esclavos a otra parte...

Aunque el delegado respondió con sorpresa e indignación, y sonados fueron los abucheos que lanzaron los obreros más "radicales" en su lucha de obreros, al final del desarrollo de sus razones, incluso no pocos de estos fueron convencidos. El candidato se comprometió a defender un desenlace de interés obrero en lo posible, mientras la audiencia, en sus monos y cascos de azul, había entrado en razón de lo posible (de eso que emerge como lo posible mientras no se plantearan dejar de ser la especie social que se enfunda en ese mono y bajo ese casco, con todo lo que ello implica).

Bajo las coordenadas objetivas capitalistas, la razón de realidad (y no ética o "de legitimidad") la llevan los capitalistas; he ahí el problema que la lucha proletaria encarna. El beneficio del capitalista es miseria para el obrero, pero es idealismo el supuesto de que el Capital consintiera por sí unas modificaciones que no pueda metabolizar en la economía de empresa, real, y que, de todos modos, serían, por ello, a fin de cuentas también miseria para el obrero, quien, en su definición como carente de propiedad sobre las fuentes de subsistencia, se precipita tras la caída libre del capitalista (es más: el capitalista hace pagar al obrero la colchoneta amortiguadora empresarial y el relanzamiento de la empresa, pudiendo impulsarse solamente haciéndole daño en la espalda). Hay que añadir a esto, que la economía de empresa es el polo relativamente independiente de la llamada economía nacional, integrado en ella junto al polo de los fondos de Estado: así, la atención capitalista al obrero -y su formación, su control, su sujeción funcional a su condición de obrero- por medio del Estado se halla sujeta tanto a la capacidad empresarial de transferencias (la explotación en forma de plusvalías al Estado, o "salario indirecto"), como sujeta también a la propia persistencia de un tejido empresarial. A menos que el planteamiento proletario fuera la destrucción de la economía nacional a través de la destrucción de sus dos polos -el empresarial y el Estatal-, dentro de la matriz de la gestión nacional de poblaciones -y de las clases que las componen-, el obrero no deja de depender de la llegada de alimento hasta esa maquinaria que se alimenta de su explotación para devolverle recursos con que reproducir su explotación al reproducirlo a él. Pero la necesidad cosificada del obrero, en su propia cosificación objetiva, es, en el plano de lo inmediato, reproducirse como tal, de modo que un planteamiento proletario jamás va a ser -espontáneamente y de entrada- el de destruir las condiciones de su reproducción.

He ahí uno de los grandes problemas a que los comunistas tienen que enfrentarse, y que no pueden jamás conciliar ni integrar en sí. Por el contrario, el comunismo no avanza sin haber barrido de la conciencia proletaria ese paradigma de lucha que ve capitalistas y sus deseos, en lugar de ver al capitalismo -con sus límites de respuesta e integración, con sus épocas, con todo el arco de necesidades, y no tan sólo ni fundamentalmente intereses utilitarios, que el Modo de Producción asigna a los capitalistas mismos, y así con el comportamiento de clase aparejado a ellas.

Ese paradigma de identificación de campo de antagonismo brota inevitablemente y se reconstituye incesantemente como inercia de la conciencia proletaria, con la misma naturalidad con que funciona el sistema de percepción reflexiva de cualquier ser vivo: los capitalistas, sus máquinas, su dinero y propiedades, su tren de vida..., se ven. Los límites estructurales que circunscriben a las perspectivas de los proletarios contra los capitalistas, también se ven, o el empresario las muestra: "Mirad la caja vacía", "Mirad los números rojos", "Es así; no es culpa mía", "Tendré que cerrar la empresa", "Quien pudiera, sobreviva". Pero, la negación de las Instituciones sociales que enmarcan la vida de unas y otras clases y que definen la relación entre ellas -negación abriéndose paso al calor de su propia inviabilidad económica creciente-, no se ve en tanto que negación histórica, es decir, en tanto que nuevo mundo erigido sobre la liberación respecto de esas Instituciones objetivas nucleares: económicas, políticas, culturales, de relaciones, valorativas y éticas. La apariencia -no como mentira, sino como aparición y manifestación real: phenomenon- conforma el campo visual de la "vida práctica", es decir, conforma las inducciones emergiendo a partir de la "práctica de vida".

La esencia no emerge sin ciencia. Y, a su vez, es mentira que la ciencia comunista emerja del análisis de las experiencias, lecciones, memoria y de la lucha de clases como si éstas compusieran un banco conceptual vivo que sintetizar mecánicamente en textos. Marx y Engels estuvieron en la brecha en París durante la revolución de 1848, disparando tras la barricada y delante de ella. Dieron lucha en la Liga de los Justos contra el misticismo de Weitling. Siguieron y animaron las luchas obreras del Ruhr, Se interesaron por conocer las condiciones de vida del proletariado en Inglaterra. Pero no fue con estos materiales que Marx escribió Contribución a la crítica de la Economía Política. Hubo de encerrarse y estudiar a Sismondi, a los fisiócratas, a la Economía Política clásica, a toda la corriente distribucionista que atravesaba la historia de la Economía moderna y que culminaba en Proudhon, paladín de una redistribución radical de la propiedad y de la consecución de una autonomía universal para el intercambio como presupuestos garantes de una Igualdad eterna. Sólo cuando Marx y Engels hubieron identificado la esencia contradictoria del Modo de Producción capitalista, pudieron transmutar esa ciencia suya en una ofrenda para los proletarios, igual que el buen pintor sólo se vuelve capaz de abstraer de la figura sus líneas expresivas -aparente "garabato"- cuando ha adquirido maestría en la reproducción fiel y detallada de la realidad. No hay política sin ciencia; no hubo Manifiesto del Partido Comunista sin la averiguación anterior de las Leyes de la historia en general -que gobiernan la sucesión de los Modos de Producción- y del capitalismo en particular. A su vez, El Capital no emana de la asistencia a la lucha de clases por parte de un Marx que, armado de su genio, sacara a ésta un jugo suyo de ideas implícitas, sino que es el producto de los varios años que Marx pasó consigo mismo, encerrado entre libros en la Biblioteca británica.

 

Los proletarios, así, se forjan, por su propia posición ocupada en la empresa, una concepción politicista de las relaciones interclase: imaginan un campo de fuerzas entrecruzadas y contrapuestas, el valor de cuya Resultante dependería de su voluntad y capacidad de imposición por encima de las maniobras respectivas del capitalista. Cuando esos mismos proletarios aprenden que, dentro de la matriz de coordenadas de funcionamiento, que no ven, la economía de empresa a la que están sujetos se hunde sin poder realizar concesiones, para luego solamente poder re-emerger sobre la base de retirar concesiones, de endurecer el trabajo y de precarizarlo..., se pasa de la euforia al pragmático acatamiento de la real politik: se cede por el "bien común", se cierran filas, triunfan las visiones corporativistas y solidaristas, de anarcosindicalista espontáneo -que lo es sin saberlo-, el proletario se hace fascista también inconsciente. Y esa metamorfosis acontece también al nivel de las estructuras formales que organizan la lucha económica.

Engels ironiza en Anti-Dühring respecto de esta concepción politicista, sumamente vulgar -y viejísima, aunque Dühring la presentaba como pensamiento revolucionario-, especialmente cuando ésta se aplica a la historia de los gobiernos que pesan sobre los grupos humanos y a su cambio: unos cuantos individuos coaligados se imponen por la violencia y se reproducen ejerciéndola hasta que se llega a un punto social general, o grupal particular, de hartazgo, y entonces se da un relevo, o no. Mientras tanto, y siguiendo con esta concepción, el umbral de lo que al "Pueblo" puede hacérsele tragar ha venido siendo marcado por el apetito del poder, por sus ansias de logro y por su satisfacción en su propio ejercicio, por su habilidad de engaño, y por su fuerza contrastada a la que los dominados son capaces de reunir.

Pero este "libre juego" en desigualdad determinando relaciones y condiciones de vida es un mito que encubre cómo el dominio sólo puede nacer y aposentarse a partir del diferencial en la propiedad económica, diferencial que da "razones", a los desabastecidos de garantía de subsistencia, para servir a quienes tienen algo que ofrecerles. Sólo así tienen, esos primeros, porqué servir a la producción de medios de violencia con que esos otros provisores de posibilidad de subsistencia puedan producirse un poder. Y sólo así tienen, aquellos primeros, porqué convertirse ellos mismos en medios de violencia al servicio de sus "contra-prestantes".

Sin embargo, todos los Modos de Producción están sujetos a un desarrollo que culmina inevitablemente en un punto a partir del que la propia economía -y no subjetivamente los miembros de la clase dominante ni los gestores a su servicio-, empiezan a carecer de un marco de condiciones que ofrecer. Ese punto abre una vía posible para la clase explotada, no más: destrucción del Modo de Producción y, mientras tanto, padecimiento de las implicaciones inextricables a la inoperancia objetiva creciente del Modo de Producción para auto-reproducirse atendiendo al mismo tiempo el nivel de la provisión de condiciones de subsistencia bajo explotación. El politicismo de fábrica, de empresa o de clase, presentando una hipotética "tercera vía" según la que las condiciones definidas serían correlativas al nivel de la lucha de clases, interna al proletariado en el anhelo de objetivos-quimera. O bien, cuando inspira la consecución de ciertos objetivos relativos a condiciones, ello no hace más que precipitar al Capital todavía más en su inoperancia y con ello arrastra, dialécticamente, en efecto boomerang, todavía más al abismo de miseria y de precariedad al proletariado. Porque el proletariado, que atento a ese horizonte de lucha no ha podido ni siquiera plantearse destruir el capitalismo, es parte del Capital y vive con todas sus consecuencias el descalabro de la economía capitalista a la que permanece objetivamente sujeto. Los capitalistas no tienen otra "salida" transitoria que modificar condiciones a la baja justamente para acercarse una pizca a "armonizar" sus cuentas con la introducción de ese otro input al alza. La persistencia en la lucha por condiciones culmina, en un tiempo determinado y por su desarrollo mismo, en el deterioro de las condiciones: "La clase dominante está dominada por su sistema de dominación" (Marx).

 

El hecho de que los comunistas que pertenecen al proletariado socio-económico, formen sindicatos -o como prefieran llamar a las estructuras de lucha económica-, no es ni loable ni censurable; sencillamente está determinado a ser, igual que está determinado a hacerlo el proletariado no comunista en su movimiento de agarrarse al suelo capitalista precisamente estando éste en desgarramiento. Pero una cosa es que los comunistas no sean, a grandes rasgos en su composición, externos al proletariado, y así se hallen determinados a participar en una respuesta común, y otra cosa es que fundar sindicatos y otros organismos de lucha por condiciones fuera "tarea comunista". Al revés: así actúa y va a actuar el proletariado como proletariado; no como proletariado comunista. Es un absurdo lógico que los comunistas se convirtieran en la rueda trasera de tracción de ese movimiento, o en sus re-afirmadores, en sus apologetas y en sus perfeccionadores mediante puesta de la teoría comunista al servicio de una práctica que no conduce a la adopción, por al menos parte del proletariado, de una disposición de dirigir contra el Capital -y no contra la burguesía meramente- el arma de la crítica y la crítica de las armas. Esos "comunistas" no serían tales; no serían Vanguardia que señala metas nuevas, sino la retaguardia de la lucha obrera, esto es, las posaderas sobre las que se sienta cómodo el hábito inercial politicista a la hora de considerar la lucha de clases y de practicarla.

Al revés que el burgués, quien "no ve en el proletario más que al obrero" (Marx, Manuscritos de París), y opuestamente también a los paladines económicos del obrero, coincidentes en ello con el burgués, los revolucionarios vemos en el proletario la célula básica de la fuerza humana que, dirigida en sentido comunista, se niega radicalmente a sí misma y a su miseria de sujeto histórico: "Los obreros separados no pueden nada; los obreros unidos lo pueden todo" (Lenin). Los comunistas somos enemigos mortales -y no los "asesores", ni los aduladores, ni el "suplemento teórico", ni la "guía técnica hacia la eficiencia"- de la Vanguardia de la lucha obrera, que dirige sus palabras a los proletarios para animarlos a luchar por seguir con las legumbres con pollo en lugar de llegar a sólo legumbres, o por llegar a legumbres con pollo y con cordero los fines de semana. Y, de todos modos, los proletarios ni siquiera podrán plantearse persistir en su asociación por tan prosaicos horizontes; pensarán pronto o tarde que menos difícil han de tenerlo intentando cubrir esos objetivos por adaptación individual. Los comunistas somos los auténticos enemigos del fin de semana, del ocio como suspiro del esclavo y del trabajo entendido como mero "instrumento de subsistencia", de los pisos y del pasar frío en la calle, de la urbe y sus hormigas, del campo y sus comadrejas aburridas, así como del sistema de división de las actividades a que ambos órdenes obedecen, enemigos del hospital amnésico respecto de la ancestral riqueza curativa que la humanidad averiguó, enemigos de la escuela donde a unos se les enseña a pensar para no poder participar activamente en la producción de lo que piensan, mientras a otros se les enseña a trabajar sin poder así pensar lo que producen más que a modo de hecho ya previamente consumado al que ellos han de plegarse y ejecutar. Los comunistas somos los enemigos de la máquina, de la técnica y de la relación entre productores que fueron pensadas con vistas a obtener más producto por unidad de tiempo: destruiremos esas herramientas, esos métodos y las relaciones laborales en cuanto podamos, es decir, en cuanto ellas hallan cumplido su cometido socialista de procurar una base de subsistencia a la humanidad, sobre la que ésta pueda empezar por fin a pensar en superarse y a discutir su superación. Al tiempo que los comunistas somos los amigos de la máquina, de la técnica y de la relación entre productores pensadas como catalizador y como potenciador de la cualidad productiva genérica y así de la calidad con que esta cualidad logre afirmarse:

En tanto que práctica de auto-don;

En tanto que expresión de socialidad;

En tanto que afirmación de la historia genérica subjetivada en cuerpo con energía, con sentidos y con conciencia;

Y, por lo mismo, en tanto que apertura de nuevas capacidades y necesidades dándose continuidad a la historia genérica hasta el punto mutativo revolucionario en que la especie se auto-trasciende en otra especie homínida dentro del marco de contención genérico.

Estos atributos entrañables por máquinas, por técnicas y por relaciones entre productores, más allá e incluso en colisión con cualquier racionalidad productiva orbitante entorno a la cantidad de producto pero también con cualquier racionalidad productiva orbitante entorno a supeditar, la producción como actividad expresiva, a la calidad por la calidad del resultado. Son esas máquinas, técnicas y relaciones, aquello que idearemos con vistas a darles acoplamiento a nosotros, productores, desde la racionalidad única de permitirnos realizar en sociedad nuestro óptimo de expresividad productiva como actividad relacional transformadora de materia y como producto.

Ahorrar tiempo de producción, abreviarla, volverla más fructífera por unidad de tiempo, hacerla más fácil, más cómoda, menos cansada y áspera...: esos son los cálculos rentables del capitalista, las horrendas pseudo-panaceas del progre que anuncia el ocio como "reino de la vida" que la maquinización portará, y los anhelos del esclavo que soporta el peso de la producción cosificada en trabajo. El género humano liberado en su cualidad de productor consciente, vivirá la substancia y el sentido de ese don de sí que emprenderá, con su dureza; sus dificultades; su cansancio; su dolor; su sudor; su incomodidad; su perduración; su inutilidad ocasional; su desgaste de energía; su privación de cultivar el potencial propio de modo diletante en una mayor variedad de actividades; en ocasiones con su dedicación y especialización privativas de repartirse en otras cosas; y, por qué no, con la rudeza de sus resultados en comparación a aquellos que serían "conseguidos" con artefactos, técnicas y modelos de división de tareas que fueran más útiles y funcionales, pero, a la vez, que fueran privativos de vivir densamente la práctica productiva y alienantes del gastarse productivo completo afirmando con plenitud los sentidos, la psico-motricidad, el lenguaje, la conciencia y la capacidad de ordenar los momentos de la producción en una complejidad de relaciones entre productores.

 

El comunismo no puede dejar de ser todo ello y más. Al menos una parte del proletariado -la más avanzada en conciencia anti-capitalista y la más decidida e influyente en lo que se refiere a impulsar la insumisión de los demás obreros a los designios que el Capital les tiene preparados diariamente-, debe ser alertada en relación al hecho de que el comunismo es la única lucha proletaria realmente posible: subsistir al Capital es una quimera, que tarde o temprano se manifestará como tal. Esto a menos que los comunistas consigamos subvertir el rumbo del proletariado llevándolo a disentir de la lucha por la supervivencia de plantilla, de rama o de clase, y poniéndolo a luchar contra la persistencia de visión en esa supervivencia -imposible- que, como un espejismo nefasto, niega la producción de un mundo nuevo. Los comunistas vamos a activar la capacidad y necesidad proletarias de auto-emancipación. Lo haremos, contribuyendo a des-ilusionar al proletariado -en el sentido de des-engañarle de ilusiones, de ideologías, empezando por la ideología politicista de la determinación de las condiciones de clase por pura posición alcanzable en la correlación de fuerzas con los capitalistas. Y, a la vez, contribuyendo a ilusionarlo -favoreciendo su entrada en juego en pos de la producción de las coordenadas de mundo material que han de volver posible producir seres humanos nuevos; etimología de ilusionar como in ludere: "entrar en juego". Porque ni reformadores sociales, ni el reformismo político redistributivo y re-legislador de condiciones, ni los Estados policlasistas populares, ni las sectas que agasajan al proletariado con un supuesto apego latente suyo a realizar la "hermandad humana", ni utopistas con su pétrea e inamovible ingeniería social a cuestas -o con sus bancos de pobres-, ni neo-cristianos anarco-insurreccionalistas que esperan ver venir la salvación de la mano de la miseria y el sufrimiento, y ni mucho menos consejistas ideólogos de una supuesta trayectoria evolutiva desde la lucha económica hasta su eclosión en revolución habiendo pasado por la constitución de Consejos obreros como matrices revolucionarias en el capitalismo, portan ninguno emancipación al proletariado. Porque "la emancipación del proletariado será obra del proletariado mismo, o no será".


[1] Ver http://esparevol.forumotion.net/

[2] Se trata de Revolución de los horizontes: asumir el horizonte de la revolución y de En la relación a la lucha económica y a la subversión comunista. Ver Anexos 1 y 2

[3] El compañero ha respondido de manera muy positiva a nuestra polémica lo cual revela su disponibilidad para el debate, su espíritu proletario y su voluntad de clarificación. La nota que nos ha enviado reza así: « Buenas tardes!. He recibido vuestra respuesta y la verdad es que estoy satisfecho por poder continuar con vosotros en un camino que me enriquece personalmente y, más allá de ello, supone por sí luchar por el comunismo al significar nuevos pasos hacia el mismo por ser práctica forjadora de sujeto revolucionario. Me gusta sobre todo la sensibilidad, la comprensión y la seriedad que demostráis en la misma. De todos modos, intentaré afinar un poco más mi modo de expresión, porque algunas de las tesis que expongo son comprendidas de un modo que carga demasiado las tintas de la crítica que contienen a vuestras tesis; es decir, son convertidas en antítesis, y por ello partidas por la mitad. Lenin dijo una vez, evocando un viejo aforismo ruso, que cuando un palo se halla torcido hacia la derecha hay que hacer fuerza hacia la izquierda para centrarlo, lo que puede desatar la conclusión errónea de que se fuera partidario de torcerlo hacia la izquierda. Un abrazo y continuamos discutiendo!.» Del mismo modo, el compañero ha enviado a los compañeros de Esparevol el siguiente mensaje: « Buenos días a todos!. Recientemente, los compañeros de Corriente Comunista Internacional han enviado una respuesta, con título de "¿Para qué necesita el proletariado una Vanguardia comunista?, que toma como referencia de debate a dos textos que yo había hecho llegar a la página de correo colectivo. La respuesta de los compañeros es sumamente aportativa y estimula la continuidad de la clarificación. Al tomar a esos dos textos como punto de arranque, necesariamente cita de ellos determinados pasajes como puntos de apoyo en el análisis crítico de los textos considerados en su conjunto. No obstante, sería bueno que los compañeros, con vistas a favorecer su percepción total del sistema de razonamiento que ha dado paso al debate y en que se enmarcan esos pasajes, tuvieran acceso a los textos. Esto no es una crítica ni muchísimo menos, porque yo ya los había enviado al correo colectivo así que ya habían sido expuestos públicamente; los envío ahora a cada correo por separado, por si se ha perdido el hilo o alguien tiene complicado el acceso a esparevol. Gracias por participar y un abrazo!».

 

[4] Prólogo a la Contribución a la Crítica de la Economía Política, ver http://www.marxists.org/espanol/m-e/1850s/criteconpol.htm

[5] No estamos haciendo la más mínima ironía pues el compañero afirma que «los comunistas debemos forjar la fuerza capaz de explicar cómo, resignado o luchando por sus condiciones, el resultado va a ser, mientras permanezca en esa matriz de lucha, sufrir cada vez más a un Modo de Producción determinado a extraer del deterioro de la "vida" proletaria el balance de cuentas garante de su reproducción»

[6] Además de justificar la utilización de la cárcel sindical, de este pasaje se desprende la idea de que ¡Los sindicatos son capitalistas porque la lucha de los obreros es una lucha para el capital!

 

[7] Obras Escogidas tomo I edición española página 61

[8] Decimos "una de las vías" y no "la única vía" porque nosotros pensamos, con Engels, que la lucha de clase del proletariado tiene 3 componentes indispensables y estrechamente unidos entre sí: la lucha económica, la lucha política y la lucha ideológica. Es de una miopía y de una estrechez insoportables reducir la lucha del proletariado únicamente a la lucha económica. Por ejemplo, este debate con el compañero Tamer forma parte -aunque sea muy minoritario- de la lucha general del proletariado.

[9] Remitimos a nuestro texto que podría servir de base a un debate: El Partido y sus lazos con la clase, ver http://es.internationalism.org/rint/1983/35_partido

[10] En contra de lo que defienden tanto los partidarios como los detractores de Lenin, éste jamás defendió esa postura por más que en el ¿Qué hacer? cometiera el error -que luego se autocriticó- de seguir a Kautski con su tesis de "inyectar la conciencia desde fuera a una clase tradeunionista".

[11] Ver http://www.marxists.org/espanol/m-e/1840s/48-manif.htm