folleto sobre luchas en la limpieza del metro de Madrid: Sacar lecciones para preparar nuevas luchas

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En el invierno 2007-2008 y pese a estar inmersos en una agobiante campaña electoral las estadísticas oficiales reconocen la mayor ola de huelgas en España en los últimos 12 años. Esta ola coincide con una multiplicación de luchas en 24 países diferentes de todos los continentes y de todos los niveles de "desarrollo económico"[1].

Estas luchas han proporcionado una rica experiencia sobre la que hemos de discutir para preparar otras nuevas, imperiosamente necesarias dado todo lo que se nos cae encima con la crisis del capitalismo: inflación, desahucios, despidos, pobreza rampante, hambruna en un buen número de países...

En ese sentido, hemos leído con entusiasmo un folleto que un compañero nos ha hecho llegar titulado Historia de una huelga de [email protected] del metro de Madrid[2]. Las reflexiones que contiene son tan interesantes como significativas y las reproducimos dejando claro nuestra simpatía y solidaridad con el grupo de compañeras y compañeros que han participado en su redacción.

La huelga de la limpieza del metro de Madrid se desarrolló desde mediados de diciembre 2007 hasta el 6 de enero de 2008. Fue una lucha muy combativa frente a la cual el Capital -tanto desde la derecha pepera como desde la izquierda sociata - lanzó una furiosa campaña tratando de aislar a los huelguistas malquistando contra ellos a los "usuarios".

La lucha de cualquier sector de trabajadores es la lucha de todos los trabajadores

 "Sin trabajar en el metro nos interesó y apoyamos todas las movilizaciones que se realizaron".

Así comienza la editorial del folleto afirmando la necesidad que tenemos los trabajadores de tomar como propia cada lucha de nuestra clase y frente a quienes "nos decían: ¿qué os importa a vosotros lo que hagan los limpiadores de metro si vosotros no trabajáis ahí? ¿qué sacáis vosotros con apoyar a los limpiadores sino problemas?", la editorial argumenta: "Para nosotros la huelga de limpiadores del metro fue una huelga nuestra también. Y eso fue porque nosotros también somos trabajadores. Y entendemos que todos los trabajadores hemos de apoyarnos como iguales porque todos pertenecemos a la misma clase, la clase obrera".

"Hemos elaborado este dossier a modo de homenaje a los trabajadores que lucharon esos días. Pero no es un homenaje que recuerda el pasado como días lejanos sino con un impulso para continuar la lucha y una afirmación de nuestra clase. Aprendiendo de lo ocurrido nos dotamos de nuevas herramientas con las que continuar limpiando nuestra dignidad como obreros".

¡Efectivamente!: hemos de reconocer y honrar a los compañeros en lucha; sacar lecciones para continuar la lucha y afirmarnos como clase; y, sobre todo, defender nuestra dignidad pues no somos "unos fracasados a los que no queda más remedio que ser obreros" sino que formamos parte de la clase social portadora de la liberación de la humanidad del yugo del capitalismo.

La editorial incide en un problema que las futuras luchas deberán afrontar: la campaña asquerosa de calumnias y desprestigio que todas las fuerzas del Capital lanzan contra los obreros en lucha: "También este dossier es un intento de escapar a la manipulación llevada a cabo por los grandes medios de comunicación. La función de los medios de comunicación que nos rodean es la de manipular, engañarnos y maquillar la verdadera realidad. En el caso de la huelga su intento constante fue asociar la imagen de las limpiadoras del metro a la de vulgares delincuentes". Y propone algo que hemos de tomarnos muy en serio: "Es necesario que los trabajadores nos dotemos de nuestros propios medios de comunicación. Este dossier es un intento de llevar a cabo esta tarea, ofrecer nuestra propia visión de lo ocurrido". En futuras luchas habrá que explicar sus motivaciones a los demás trabajadores, animarles a que se sumen al combate, denunciar las mentiras de prensa, radio y TV, lanzar un debate sobre los problemas sociales, económicos y políticos que se plantean. Y ello requerirá órganos propios de los trabajadores: tanto en papel como en Internet pero igualmente será necesaria la comunicación directa, cara a cara, para vivir y sentir el calor humano del contacto vital entre trabajadores.

Somos clase obrera

En el folleto el artículo "Clece, Eurolimp, Ferroser y Valoriza no nos dan de comer, nosotros les damos a ellos"[3], se recuerda que "Cuando en la manifestación del día 2 de enero de 2008 gritamos ¡Viva la lucha de la clase obrera!, todos pertenecíamos a aquella clase", que "la clase obrera somos el conjunto de personas que nos tenemos que vender ante el patrón" y que "no les importamos nosotros, sólo el dinero que nos roban".

El artículo propone recuperar nuestra identidad de clase que el capitalismo mundial ha intentado destruir desde 1989 con los acontecimientos del hundimiento del bloque "socialista", aprovechados para proclamar en una campaña machacona que "lucha de clases", "comunismo" y "clase obrera" habían muerto para siempre jamás. Por eso es muy significativo que en la manifestación del 2 de enero se gritara: ¡Viva la lucha de clase obrera!.

Pero este grito no revela triunfalismo sino que se acompaña de una mirada lúcida como se ve en otro artículo del folleto: Historia de una huelga: "Y quiénes éramos nosotras: nosotras éramos trabajadores y trabajadoras del metro y aquellos que nos hemos identificado con ellos, que cerrando filas entre las explotadas, que después de años de derrota, de pérdida generalizada de identidad colectiva, de desorientación, de categorías laborales, de aburguesamiento, de consumo, de mediación, todavía seguimos tratando de articular nuestra clase para que autónomamente tome las riendas de su futuro".

A causa de la feroz campaña anticomunista antes mencionada nuestra clase ha pasado por un periodo de más de 15 años de desorientación pero poco a poco tiende a desarrollar otra actitud: la combatividad, la recuperación de la solidaridad, volver a sentirse clase obrera. Para ello, la lucha de las limpiadoras de Madrid y el folleto que estamos comentando, son una valiosa contribución. Hemos de orientarnos hacia la recuperación de la identidad y la solidaridad de clase, que vuelva a resonar el grito de las manifestaciones obreras de 1976 en España: SOMOS OBREROS ¡UNETE! Un grito que hacía que más y más obreros se sumaran a la lucha, que masivamente ocuparan las calles, humillando al entonces ministro de la Gobernación, el Señor Fraga, que había proclamado arrogantemente "La calle es mía".

 

Las fuerzas de la lucha

El artículo recoge lo que constituyó la fuerza de la lucha: "De inmediato la protesta de estas "marujas de la fregona" (como dijo uno de los patronos) se transformó en una huelga llamada a marcar un punto importante en los procesos de lucha de Madrid de estos años. Porque ya no estamos acostumbrados a ver una huelga indefinida, de más de 1500 [email protected], de distintas empresas, de distintos sindicatos y sin sindicar, unidos por una tabla reivindicativa que trata de no categorizar a las trabajadoras, sino de unirlas en unos puntos comunes, que moviliza a sectores sociales solidarizados con las trabajadoras, que genera un debate dentro y fuera de los vagones, que es capaz de provocar iras y errores en el enemigo y que se extiende de manera descentralizada".

Esas "marujas de la fregona" han demostrado una dignidad, un compañerismo y también una inteligencia política que efectivamente han "marcado un punto" en la lenta pero real maduración de las luchas obreras actuales.

Porque las compañeras -muchas de ellas emigrantes- mostraron una fuerte solidaridad: "la renovación de los contratos de algunas trabajadoras en estas fechas de inusual solidaridad obrera se convierten en el punto añadido en la negociación de la tabla. Los trabajadores se dan unos aires que irrita a las jefas y patronos acostumbrados a ver las nucas de las orejas gachas y no la frente de las cabezas altas".

Pero igualmente supieron resistir y permanecer [email protected] frente a la brutal campaña represiva y mediática que se desencadenó contra ellos: "pronto lanzaron a sus perros de guardia, a la policía, para debilitar las acciones de los trabajadores y a sus perros de prensa para manipular y criminalizar y evitar así la solidaridad que pudiese difundirse entre los trabajadores. Empiezan aquí a usarse palabras como usuario en lugar de trabajador viajero; vándalos en lugar de huelguistas o paros en lugar de huelga. No faltan los servicios desinformativos, donde para no arriesgar encuestan a turistas extranjeras de edad avanzada y clase acomodada sobre la impresión que les produce la falta de limpieza, por extensión, la falta de responsabilidad al servicio de los intereses de la nación, que son los intereses de la clase dominante".

Los trabajadores no caen en las trampas que les tiende la señora Aguirre que amenaza con romper los contratos con las empresas de limpieza ni tampoco queman inmediatamente todos sus cartuchos: así respetan los servicios mínimos para demostrar que no quieren perjudicar a los "trabajadores viajeros" y para "tener un as en la manga" ante la radicalización del conflicto.

Del mismo modo, ante las innumerables cámaras instaladas en el Metro -que permiten espiar piquetes y reuniones- desde "el 22 de diciembre se generalizará el corte de cables de las cámaras para evitar su control y manipulación por parte de la patronal".

Pero lo más importante fue la búsqueda de la solidaridad: "El 30 se hace pública la convocatoria de una manifestación para el 2 de enero, una demostración de fuerza que partirá de Atocha y llegará a Tirso (...) el día de la manifestación, cientos de limpiadoras, familiares, amigos solidarios, empiezan a concentrarse antes de la hora fijada,(...). Muchos sentimientos encontrados en esta manifestación: euforia por la cantidad de gente que participó, complicidades intergeneracionales entre los mozos y las currelas".

¿Cómo impulsar la solidaridad?

La manifestación del 2 de enero fue una experiencia importante en la búsqueda de la solidaridad activa de los demás trabajadores. Pero al mismo tiempo mostró las dificultades y las debilidades que todavía arrastra el conjunto de la clase obrera.

La solidaridad con las trabajadoras fue muy puntual y limitada. Como dice el artículo "cuesta romper ese cerco que nos aísla del resto de trabajadores de otros sectores y menos concienciados políticamente. Los medios de desinformación han afilado sus armas y mejorado su puntería. Cuesta sumar nuevas fuerzas y aportaciones a los piquetes y acciones, así como la solidaridad económica para sostener una huelga que se está alargando (...) falta la solidaridad de otros trabajadores de esos grupos, como son los de la construcción o por ejemplo, de las plataformas de barrio que luchan contra la especulación (...) El resto de limpiadores de otros sitios se mantienen al margen, universidades, hospitales, resto de centros públicos o privados no mueven pieza, no golpean al unísono"

El artículo parte de la necesidad vital de la solidaridad entre trabajadores para llevar la lucha adelante. Afirma claramente la necesidad de golpear al unísono, de sumarse a la lucha para ser todos más fuertes. Sin embargo, es importante que llevemos a cabo un debate sobre cómo desarrollar la solidaridad.

Una primera cuestión es ¿qué sentido tiene la solidaridad económica? En el siglo XIX las cajas de resistencia tenían sentido para las luchas obreras. El capital estaba muy atomizado y no había alcanzado el grado de unión que le proporciona el capitalismo de Estado actual, por otro lado, la tendencia general del capitalismo era hacia la expansión de los negocios, la conquista de nuevos mercados. En tales condiciones, la fuerza de una huelga estaba en la resistencia, en la larga duración de la misma, y para ello la solidaridad de los demás obreros se expresaba fundamentalmente en aportar dinero a la caja de resistencia o en tomar a cargo la alimentación de los hijos de los huelguistas.

Pero ¿se dan ahora las mismas condiciones? Pensamos sinceramente que no y por ello entendemos que si la solidaridad se reduce al apoyo económico se está provocando un doble efecto: en los obreros huelguistas se produce la falsa idea de que su fuerza está en una lucha larga y aislada. Por su parte, en los demás obreros dar unos cuantos euros les da la impresión de que han aportado algo cuando en realidad se han quedado pasivos, encerrados en sus propios problemas. La solidaridad es -como muy bien apunta el artículo- la extensión de la lucha por los propios trabajadores, la comprensión de que luchando juntos ganamos todos, de que la principal fuerza de una lucha es que sea asumida como propia por los demás trabajadores y que se movilicen porque sienten que algo muy suyo está en juego.

Una segundo cuestión es ¿cómo organizar la solidaridad? ¿quién la toma a cargo?

El artículo plantea que el día 30 por la tarde "se reúnen distintos colectivos anticapitalistas para coordinar ese apoyo a la huelga, de allí sale un bloque de apoyo a la mani, propaganda y comunicado. Se intenta coordinar algo que ya estaba de facto y es el apoyo de la militancia anticapitalista".

Queremos saludar el apoyo y la entrega generosa de esos compañeros. El desarrollo de la solidaridad no consiste en una fórmula perfecta que se aplica y ya está, al contrario, es un aprendizaje donde hemos de hacer balance crítico de los intentos habidos. Hemos de ver a través de un debate si ese medio de una "reunión de colectivos" es el más adecuado para desarrollar la solidaridad. ¿No transmitiría este planteamiento la idea de que la solidaridad es un asunto de minorías politizadas cuando en realidad es un asunto vital que incumbe a cualquier obrero? ¿No estaríamos encerrando a los compañeros y compañeras que sienten la necesidad de unirse a la lucha en un papel compartimentado de "supporters exteriores" de la lucha, es decir, que los trabajadores en lucha estarían en un papel y ellos en otros papel separado y exterior?

Es igualmente una cuestión que nos debemos plantear. A este respecto, quizá la experiencia de los estudiantes franceses de 2006 puede aportar elementos para avanzar[4].

 

Una clara denuncia de esos profesionales del sabotaje de la lucha que son los sindicatos

Refiriéndose a la manifestación del 2 de enero el artículo pone al desnudo cómo los sindicatos se aprovechan escandalosamente de la lucha para promocionarse: "llega "el de las banderas de UGT" para parecer que son lo que no son, reparten banderitas de plástico para la foto, buscan lo que no tienen, porque en los andenes y en los fregaos no les hemos visto, en fin, pero la gente le coge las banderas porque parece que así protesta más".

Pone igualmente los puntos sobre las íes sobre el Sindicato de Estudiantes: "rabia cuando los del mitin agradecen más los cuatro duros que aportó el Sindicato de Estudiantes, conocido por su mamoneo partidista y reconocido rompehuelgas, delator y traidor del movimiento estudiantil, en lugar de reconocer y agradecer la solidaridad de cientos de trabajadoras que han apoyado la huelga de en cien mil modos".

Esta reflexión es muy clara y va en sentido de que los trabajadores reconozcamos con quién podemos contar y quienes son nuestros enemigos aunque se disfracen de corderos que sueltan cuatro euros. Hemos de agradecer y honrar la solidaridad y la combatividad de esos hermanos anónimos que lo dan todo por nuestra lucha y rechazar a esos organismos que se presentan como "profesionales de la lucha" pero que en realidad son especialistas de su sabotaje. Esa es la conclusión que saca el artículo cuando dice: "El sindicato Solidaridad Obrera divulga un comunicado de apoyo el día 3 de enero, bonito gesto que le hace quedar bien delante de la galería y no le compromete a nada mientras el resto de sindicatos siguen representando su papel en el teatro de las negociaciones con el enemigo, Comisiones Obreras a ver si el resto de sindicatos pierden el órdago y queda como el únicos sindicatos sensato por negociar los convenios dónde y cómo es ordenado por el amo, UGT y CGT reuniéndose con la patronal a solas porque hay que garantizarse una buena relación cuando el conflicto se acabe y el mamoneo vuelva sin pudores ni tapujos, USO que sigue comiéndose pocas roscas y CNT que participa en la estructura de poder vertical que supone el comité de huelga, que plantea los acuerdo a las asambleas, en lugar de que sean estas asambleas las que planteen, propongan y dispongan, que dice que el derecho de huelga queda cancelado por la cláusula de paz, cuando en realidad no es así pero es un discurso que le viene bien para ganar posiciones ante los otros sindicatos".

Los trabajadores necesitamos tomar a cargo colectivamente la lucha

Al hilo de lo anterior, el artículo insiste en la principal debilidad de la lucha de la limpieza: "La inexperiencia auto organizativa de los trabajadores ha permitido a los sindicatos tener un papel primordial en esta huelga. Mientras tanto, las asambleas de los trabajadores son consultadas sobre las iniciativas que ellos no producen, eligen pero no crean, ratifican pero no producen los ritmos de la huelga, la situación se les escapa en el momento que les poner por delante una votación, si o no, acuerdo o ruptura, izquierda o derecha, Pepsi o coca cola".

El Capital juega con nosotros utilizando dos barajas: enfrente de nosotros la Patronal y el Gobierno se muestran como representantes del Estado. Pero dentro de nuestras propias filas, en los centros de trabajo, utiliza su mejor baza: los Sindicatos.

Los sindicatos, a través de su tropa de permanentes, de "representantes electos", de "especialistas" de todo tipo y con el concurso lamentable de compañeros honestos pero profundamente desorientados, nos repiten todos los días la misma cantinela: "Sois unos aburguesados, unos egoístas, unos fracasados incapaces de pensar por vosotros mismos".

Con este ataque a la yugular de nuestra autoestima, con este propalar incesante en nuestras filas del destructor sentimiento de culpa, quieren venderse como el único medio que tenemos para "luchar", se nos presentan como los profesionales de la organización y la negociación. De esta forma el círculo vicioso a nuestro alrededor queda cerrado: por un lado, los capitalistas y sus medias nos dicen que somos unos fracasados en la vida lo que nos ha condenado a "ser obreros"; del otro lado, los sindicatos nos dicen que somos unos fracasados y unos inútiles para luchar. Desde ambas trincheras nos lanzan el fuego graneado de la desmoralización, la impotencia, el sentimiento de culpa, la desconfianza en nuestras propias fuerzas.

Como muy bien denuncia el artículo "nos quedamos de una pieza cuando una trabajadora que estaban entrevistando pedía comprensión y paciencia a las usuarias en lugar de reclamar solidaridad y complicidad entre trabajadoras, en definitiva apoyo mutuo. O cuando otro de los mitin pedía "aguantar un poquito más", que justo tiene el sentido contrario, la huelgas no se aguantan porque no son algo negativo que se soporta, es un ejercicio de dignidad y liberación a través de la lucha".

Si dejamos la lucha en manos de los sindicatos se produce este sabotaje sutil desde el propio "Comité de Huelga" que dice representarnos: al pedir "comprensión" a los usuarios está participando en la campaña contra la huelga y al decir que hay que aguantar está llamando a la desmovilización.

Tomar a cargo nuestra propia lucha no es fácil y no hay fórmulas. El principal paso es celebrar Asambleas Generales abiertas a los demás trabajadores pero, como reiteran los compañ[email protected] se trata de que sean Asambleas decisorias y soberanas, que todo pase por ellas, que allí se discuta cuando empieza la huelga y cuando termina, qué pasos se dan, cómo se dan y quién los da; que abriéndose a trabajadores de otras empresas, sectores, trabajadores viajeros etc.[5], desarrollen un debate práctico sobre cómo impulsar una solidaridad y una extensión efectiva de la lucha.

CCI 6-7-2008

 


 

[1] Ver Acción Proletaria nº 201 Amenaza de hambrunas por la inflación: Crisis capitalista y respuesta obrera, http://es.internationalism.org/ap/2000/2008/201_crisis

[2] El folleto ha sido editado por Grupo Editorial Ensuciemos el Metro y la dirección de contacto es [email protected] . En la Red se puede encontrar en http://www.klinamen.org/images/banners/dossier_metro.pdf

[3] Se trata de las empresas a las que el Metro de Madrid subcontrata la limpieza.

[4] Ver http://es.internationalism.org/rint/2006/125_tesis

 

[5] Hace dos años la huelga de los trabajadores del metal de Vigo nos proporcionó un ejemplo vivo de esa lucha por hacer de la Asamblea el órgano soberano de la lucha: "La huelga del metal vigués ha sido muy masiva y se ha dado como forma de organización la Asamblea Pública en plena calle que por decisión de los trabajadores estaba abierta a todo aquel que quisiera dar su opinión, expresar su apoyo o plantear sus problemas o quejas. Más de 10.000 trabajadores se han reunido diariamente para organizar la lucha, decidir acciones a tomar, ver a qué empresas dirigirse para pedir la solidaridad de los trabajadores, escuchar qué se dice de la huelga en la radio, en los comentarios de la gente etc. Es significativo que los obreros de Vigo hayan desarrollado el mismo método que los estudiantes de Francia en su reciente movimiento. Allí también las Asambleas eran abiertas a trabajadores en activo, a jubilados, a padres de alumnos. Allí también las Asambleas han sido el pulmón del movimiento. Es también significativo que ahora en 2006 los obreros de Vigo recuperen la práctica de la gran huelga de 1972 adonde se celebraban diariamente Asambleas Generales de Ciudad. La clase obrera es una clase internacional e histórica y en ello reside su fuerza". Ver http://es.internationalism.org/ccionline/2006/vigo.htm