Breve presentación del boletín Al comienzo de la guerra en Ucrania, la Corriente Comunista internacional propuso una declaración conjunta sobre la guerra en Ucrania a los demás grupos de la Izquierda Comunista. Esta declaración conjunta se adjunta a este boletín. De estos grupos tres afirmaron su voluntad de participar y se discutió, acordó y publicó una declaración por estos diferentes grupos. El principio subyacente a la declaración conjunta era que sobre la cuestión fundamental de la guerra imperialista y la perspectiva internacionalista contra ella, los diferentes grupos de la Izquierda Comunista estaban de acuerdo y podrían unirse en esta cuestión para proporcionar, con la mayor fuerza, una clara alternativa política a la barbarie capitalista para la clase obrera de los distintos países. El otro aspecto de la declaración conjunta era que sobre otras cuestiones, particularmente sobre el análisis de la actual guerra imperialista, sus orígenes y perspectivas, había diferencias entre los grupos participantes que deben ser discutidas y aclaradas. En consecuencia, los grupos han decidido elaborar breves declaraciones sobre estas cuestiones y publicarlas en un boletín. ¡Los trabajadores no tienen patria! Ninguna ilusión en el pacifismo: El capitalismo sólo puede vivir a través de guerras sin fin. Sólo la clase obrera puede poner fin a la guerra imperialista a través de su lucha de clase contra la explotación que conduzca al derrocamiento del sistema capitalista. **** Esta es la primera edición en español de este boletín. Le seguirán en farsi, italiano, coreano, ...
La CCI a los grupos del Medio Político Proletario
A 25/02/2022
La CCI a
- Tendencia Comunista Internacionalista
- Partido Comunista Internacional (Programma Comunista)
- Partido Comunista Internacional (Il Comunista)
- Istituto Onorato Damen
- Internationalist Voice
- Fil Rouge
Camaradas,
La guerra imperialista ha golpeado de nuevo a Europa a gran escala. Una vez más, la guerra en Ucrania es un dramático recordatorio de la verdadera naturaleza del capitalismo, un sistema cuyas contradicciones conducen inevitablemente a enfrentamientos militares y a masacres de las poblaciones, especialmente de las explotadas. Desde principios del siglo XX, las organizaciones políticas del proletariado, más allá de sus diferencias, han unido sus fuerzas para denunciar la guerra imperialista y para llamar al proletariado de todos los países a la lucha por el derrocamiento del sistema que la genera, el capitalismo. Los congresos de Stuttgart en 1907, Basilea en 1912, las conferencias de Zimmerwald en 1915, Kienthal en 1916 abrieron el camino que conduciría a la revolución comunista de octubre de 1917 en Rusia y al fin de la matanza imperialista.
Durante la década de 1930 y durante la segunda matanza imperialista, es honor de la Izquierda Comunista haber enarbolado firmemente la bandera del internacionalismo proletario frente a todos los que llamaban a los proletarios a luchar en nombre del “antifascismo”, la “defensa de la democracia” o la “defensa de la patria socialista”. Hoy, es responsabilidad de los grupos que dicen formar parte de esta izquierda comunista defender con firmeza el internacionalismo proletario y, en particular:
- denunciar las mentiras de todos los sectores nacionales de la clase dominante para envolver a los proletarios en la guerra imperialista o asociarlos a su política imperialista, llamándoles a tomar partido por uno u otro bando imperialista;
- llamar a los proletarios del mundo entero a rechazar todos los sacrificios que la clase dominante y sus Estados quieren imponerles, llevar la lucha de clases contra este sistema que los explota ferozmente y pretende convertirlos en carne de cañón;
- recordar la importancia y la actualidad de las viejas consignas del movimiento obrero: Los proletarios no tienen patria, ¡Proletarios de todos los países, uníos!
Estamos convencidos de que su organización como la nuestra, no dejará de asumir su responsabilidad internacionalista frente a la guerra actual. Sin embargo, la CCI considera que la afirmación del internacionalismo tendrá un impacto mucho mayor si las posiciones adoptadas por cada una de nuestras organizaciones fueran respaldadas por una posición común de nuestras organizaciones basadas en las posiciones fundamentales que compartimos. Por lo tanto, les pedimos que se pronuncien sobre nuestra propuesta y, si están a favor, a ponerse en contacto con nuestra organización con el fin de preparar esta toma de posición común.
Reciban, camaradas, nuestros saludos comunistas e internacionalistas
Corriente Comunista Internacional
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Respuesta de Internationalist Voice
3 de marzo de 2022
Queridos camaradas
Saludamos su iniciativa de hacer una declaración conjunta sobre la guerra y estamos de acuerdo en que una declaración conjunta tendría un impacto mucho mayor. Sin embargo, un punto esencial para nosotros es quién ha recibido esta carta, y podemos confiar en que sólo revolucionarios la han recibido.
Ya se ha publicado una declaración adjunta, y la versión en inglés estará disponible en breve.
Saludos internacionalistas
Internationalist Voice
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Carta de Istituto Onorato Damen
03/03/2022
Camaradas,
Damos la bienvenida a su propuesta.
Pensamos, como ustedes, que los internacionalistas comunistas de todo el mundo tienen la responsabilidad de esclarecer las causas de la guerra imperialista y de tomar posición sobre la guerra.
Nuestra organización considera que la perspectiva política comunista, basada en el internacionalismo proletario, el derrotismo revolucionario y el rechazo de todos los campos imperialistas, representa cada vez más la única respuesta posible de la clase obrera a la matanza imperialista y a la barbarie capitalista. Es la única posibilidad de un futuro para la humanidad, en una sociedad finalmente humana: una sociedad comunista.
Saludamos la idea de que los revolucionarios, más allá de las diferencias entre organizaciones, deben unirse para denunciar la guerra imperialista y apoyar entre el proletariado mundial la perspectiva de la revolución comunista internacional.
Por ello, nuestra organización acuerda con la preparación de una declaración común, respaldada por los diferentes grupos revolucionarios internacionalistas comunistas, además de las declaraciones y análisis que cada organización publique de forma independiente.
Esto representaría una voz internacionalista más fuerte; también pensamos que podría representar un paso adelante en el camino de una confrontación fraternal y franca entre comunistas, en la perspectiva de construir el futuro Partido Comunista, sobre la base de la claridad programática.
Respecto a cómo preparar esta declaración común, sugerimos que la CCI prepare un borrador sobre el cual trabajar juntos.
Con nuestros fraternales saludos comunistas
IOD
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La CCI al Medio Político Proletario Sobre el llamamiento
13 de marzo de 2022
CCI a:
Tendencia Comunista Internacionalista
PCI (Programma Comunista)
PCI (Il Comunista)
PCI (Il Partito Comunista)
Istituto Onorato Damen
Internationalist Voice
PCI (Le Prolétaire)
Estimados camaradas,
Escribimos a raíz de nuestra carta del 25 de febrero de 2022 proponiendo una declaración pública conjunta de principios internacionalistas fundamentales contra la guerra en Ucrania compartidos por la tradición de la Izquierda Comunista.
Hemos recibido un apoyo positivo a esta propuesta del Istituto Onorato Damen e Internationalist Voice. La Tendencia Comunista Internacional ha respondido positivamente a los principales principios que propusimos para la declaración pero tenía algunas consideraciones sobre el análisis de la situación, los invitados y la posibilidad de otras iniciativas comunes. El PCI (Programma) dio una breve respuesta en la que rechazaba la propuesta diciendo que es “hora de actuar, no de hablar”. Los demás invitados aún no han respondido.
La principal tarea de la Izquierda Comunista hoy es hablar con una voz unida sobre los principios internacionalistas fundamentales de nuestra tradición sobre el carácter imperialista de la guerra, la denuncia de las ilusiones pacifistas y la perspectiva alternativa de la lucha de la clase obrera que conduzca al derrocamiento del capitalismo. Debemos afirmar la única tradición política que ha defendido estos principios en las pruebas de fuego en el pasado.
En nuestra opinión, la función de la declaración no es, por tanto, profundizar en el análisis de la situación sobre el cual sin duda existen diferencias de apreciación entre las organizaciones que reivindican la Izquierda Comunista; tampoco es la declaración el lugar para entrar en cuestiones de otras iniciativas comunes. Una declaración común de los grupos de la Izquierda Comunista no sería, en ningún caso, un obstáculo para debatir las diferencias y enfoques alternativos en otros contextos.
Los camaradas del IOD propusieron que la CCI redactara la declaración común. Para acelerar el proceso hemos aceptado esta sugerencia y el proyecto de llamamiento se adjunta a esta carta. Hemos intentado presentar los principios internacionalistas de forma que todos los firmantes puedan aceptarlos. No obstante, los camaradas son bienvenidos para proponer cualquier formulación alternativa a las existentes para cumplir el objetivo común de la declaración. Pero esperamos que camaradas, conscientes de que el tiempo apremia, se limiten a los cambios que consideren imprescindibles para cumplir el proyecto común, para que la versión final se produzca rápidamente.
Confiamos en que el estado común de la Izquierda Comunista hará que estos principios y esta tradición sean ampliamente conocidos entre la clase obrera de hoy.
Esperado su rápida respuesta.
Arriba: Titular del primer boletín publicado el 21-09-1915 por la Comisión de la Internacional Socialista creada por la Conferencia Internacional celebrada en Zimmerwald del 5 al 9-09-1915.
A la izquierda: Lista de participantes en la Segunda Conferencia de Zimmerwald celebrada en Kiental del 24 al 30 de abril de 1916.
En medio de la masacre de la Primera Guerra Mundial, mucho antes de que grandes masas de trabajadores se reunieran en las calles para protestar contra la guerra, un pequeño pero determinado número de internacionalistas se reunió en el pequeño pueblo suizo de Zimmerwald en septiembre de 1915 para defender el internacionalismo y la unificación de los trabajadores de todo el mundo rechazando las ilusiones pacifistas y oponiéndose a los diversos frentes del imperialismo.
Los revolucionarios no pueden esperar a que las grandes masas de la clase obrera empiecen a moverse, deben mostrar la dirección.
Las organizaciones de la Izquierda Comunista deben defender juntas su herencia común de adhesión a los principios del internacionalismo proletario, particularmente en un momento de gran peligro para la clase obrera mundial. El regreso de la matanza imperialista en Europa con la guerra en Ucrania es uno de esos momentos.
Es por eso que publicamos a continuación, con otros signatarios de la tradición de la izquierda comunista (y un grupo con una trayectoria diferente pero que apoya plenamente la declaración), una declaración conjunta sobre las perspectivas fundamentales para la clase obrera y la guerra imperialista.
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¡Los proletarios no tienen patria!
¡Abajo todas las potencias imperialistas!
En lugar de la barbarie capitalista: ¡socialismo!
La guerra en Ucrania se libra en nombre de los intereses contradictorios de todas las diferentes potencias imperialistas, grandes y pequeñas, y no de la clase obrera cuyo interés es su unidad internacional. Esta es una guerra por territorio estratégico, por la dominación militar y económica, librada abierta y secretamente por los belicistas que encabezan las máquinas estatales de Estados Unidos, Rusia y Europa Occidental, en la que la clase dominante ucraniana actúa como un peón nada inocente en el tablero imperialista mundial.
Es la clase obrera, no el Estado ucraniano, la verdadera víctima de esta guerra, ya sean mujeres y niños indefensos masacrados, refugiados hambrientos o carne de cañón reclutada para un ejército u otro, o incluso la indigencia creciente que los efectos de la guerra causarán para los trabajadores de todos los países.
La clase capitalista y su modo de producción burgués no pueden superar sus divisiones y competencia nacionales que conducen a la guerra imperialista. El sistema capitalista no puede evitar hundirse en una barbarie cada vez mayor.
Por su parte, la clase obrera mundial no puede evitar desarrollar su lucha contra el deterioro de los salarios y su nivel de vida. La guerra actual, la más importante en Europa desde 1945, pone en guardia sobre el futuro del mundo capitalista si la lucha de la clase obrera no conduce al derrocamiento de la burguesía y su sustitución por el poder político de la clase obrera, la dictadura del proletariado.
Los objetivos de la guerra
y las mentiras de las diferentes
Potencias imperialistas
El imperialismo ruso quiere revertir el enorme revés que sufrió en 1989 y volver a ser una potencia mundial. Estados Unidos quiere preservar su estatus de superpotencia y su liderazgo mundial. Las potencias europeas temen la expansión de Rusia pero también el dominio apabullante de Estados Unidos. Ucrania busca aliarse con la potencia imperialista más poderosa.
Seamos claros: Estados Unidos y las potencias occidentales tienen las mentiras más convincentes y la mayor maquinaria mediática de mentiras para justificar sus verdaderos objetivos en esta guerra. En ella, se supone deben reaccionar ante la agresión rusa contra pequeños Estados soberanos, defender la democracia contra la autocracia del Kremlin y defender los derechos humanos frente a la brutalidad de Putin.
Los mafiosos imperialistas más fuertes suelen tener la mejor propaganda de guerra, inventan las mentiras más grandes, porque pueden provocar a sus enemigos y maniobrar para que “disparen primero”. Pero recordemos la conducta tan pacífica de estas potencias en Oriente Medio, en Siria, Irak y Afganistán; cómo el poder aéreo estadounidense arrasó recientemente la ciudad de Mosul, cómo las fuerzas de la Coalición han tratado a sangre y fuego a la población iraquí bajo el falso pretexto de que Saddam Hussein poseía armas de destrucción masiva. Recordemos además los innumerables crímenes de estas democracias contra la población civil durante el último siglo, ya sea durante los años 60 en Vietnam, durante los años 50 en Corea, durante la Segunda Guerra Mundial en Hiroshima, Dresde o Hamburgo. Los abusos rusos contra la población ucraniana están esencialmente tomados del mismo tratado del “juego imperialista”.
El capitalismo ha catapultado a la humanidad a la era de la guerra imperialista permanente. Es ilusorio pedirle que “detenga” la guerra. La “paz” sólo puede ser un interludio en el capitalismo guerrerista.
Cuanto más se hunda en una crisis insoluble, mayor será la destrucción militar del capitalismo, junto con las crecientes catástrofes (de las que es responsable) como contaminación y epidemias. El capitalismo está podrido y maduro para un cambio revolucionario.
La clase obrera, un gigante dormido
El sistema capitalista, cada vez más un sistema de guerra y todos sus horrores, no encuentra actualmente una oposición de clase significativa a su dominación, de modo que la clase obrera sufre la explotación creciente de su fuerza de trabajo y el sacrificio final que el imperialismo le pide que haga en el campo de batalla.
El desarrollo de la defensa de sus intereses de clase, así como su conciencia de clase estimulada por el papel indispensable de la vanguardia revolucionaria, contienen un potencial aún mayor de la clase obrera, el de poder unirse como clase para derrocar completamente el aparato político de la burguesía como lo hizo en Rusia en 1917 y amenazó con hacerlo en Alemania y otros lugares en esa época. Es decir, derrocar el sistema que lleva a la guerra. De hecho, la Revolución de Octubre y las insurrecciones que luego desató en las otras potencias imperialistas son un ejemplo brillante no sólo de oposición a la guerra sino también de un ataque al poder de la burguesía.
Hoy estamos todavía lejos de un tal período revolucionario. De la misma manera, las condiciones de la lucha del proletariado son diferentes a las que existían en el momento de la primera masacre imperialista. Sin embargo, lo que no cambia frente a la guerra imperialista son los principios fundamentales del internacionalismo proletario y el deber de las organizaciones revolucionarias de defender estos principios con uñas y dientes, a contracorriente cuando sea necesario, en el seno del proletariado.
La tradición política que ha luchado y sigue luchando por el internacionalismo contra la guerra imperialista
Las ciudades de Zimmerwald y Kienthal, en Suiza, se hicieron famosas como lugares de reunión de los socialistas de ambos campos durante la Primera Guerra Mundial, para iniciar una lucha internacional que pusidera poner fin a la carnicería y denunciar a los dirigentes patriotas de los partidos socialdemócratas. Fue en estas reuniones donde los bolcheviques, apoyados por la Izquierda de Bremen y la Izquierda holandesa, expusieron los principios esenciales del internacionalismo contra la guerra imperialista que todavía son válidos hoy:
Ningún apoyo a uno u otro de los campos imperialistas, el rechazo de cualquier ilusión pacifista y el reconocimiento de que sólo la clase obrera y su lucha revolucionaria puede poner fin al sistema que se basa en la explotación de la fuerza de trabajo y que produce constantemente la guerra imperialista.
En las décadas de 1930 y 1940, sólo la corriente política, llamada hoy La Izquierda Comunista, se aferró a los principios internacionalistas desarrollados por los bolcheviques durante la Primera Guerra Mundial. La Izquierda italiana y la Izquierda holandesa se opusieron activamente a ambos campos de la Segunda Guerra Mundial Imperialista, rechazando las justificaciones fascistas y antifascistas para la masacre (contrariamente a otras corrientes que se reclaman de la revolución proletaria, incluido el trotskismo). Al hacerlo, estas Izquierdas Comunistas rechazaron cualquier apoyo al imperialismo de la Rusia estalinista en este conflicto.
Hoy, ante la aceleración del conflicto imperialista en Europa, las organizaciones políticas basadas en el legado de la Izquierda Comunista continúan levantando la bandera del internacionalismo proletario coherente y proporcionando un punto de referencia para quienes defienden los principios de la clase obrera.
Por eso las organizaciones y grupos de la Izquierda Comunista, hoy pocos y poco conocidos, han decidido publicar esta declaración conjunta y difundir lo más ampliamente posible los principios internacionalistas que se forjaron contra la barbarie de dos guerras mundiales.
Ningún apoyo a ningún lado de la carnicería imperialista en Ucrania.
No hay que hacerse ilusiones en el pacifismo: el capitalismo sólo puede sobrevivir a través de guerras interminables.
Sólo la clase obrera puede terminar a la guerra imperialista
A través de su lucha de clases contra la explotación
Conduciendo al derrocamiento del sistema capitalista.
¡Proletarios de todos los países, uníos!
Corriente Comunista Internacional
(www.es.internationalism.org [4])
Istituto Onorato Damen
http://www.istitutoonoratodamen.it [5]
Internationalist Voice
(en.internationalistvoice.org)
Internationalist Communist Perspective (Korea) fully supports the joint statement (국제코뮤니스트전망 - International Communist Perspective (jinbo.net)
– La naturaleza retrógrada del sistema capitalista se revela plenamente en la recurrencia de sus crisis, cuando las contradicciones acumuladas explotan con todas sus fuerzas. En estas circunstancias, la paradoja que surge del enorme desarrollo de fuerzas productivas que, en un momento determinado, ya no pueden garantizar una rentabilidad adecuada sobre el capital invertido, emerge con gran claridad. Esto resulta en una contradicción entre el constante aumento del valor producido y la propagación simultánea de la incertidumbre y de la pobreza entre los trabajadores y en la sociedad.
– Vivimos en una época histórica particularmente compleja que requiere un uso cuidadoso de la crítica a la economía política y el materialismo histórico para entender cómo las contradicciones de la economía más importante del mundo provocan una crisis mundial. De acuerdo al marxismo revolucionario, la guerra es siempre el resultado de las contradicciones del capital y la crisis económica. Puesto que el capitalismo representa la forma principal económica y social a una escala internacional, las guerras son libradas en nombre y beneficio de los intereses del capital. La guerra es siempre una guerra del capital librada contra los intereses del proletariado. Estas declaraciones de principios, obviamente siempre ciertas a lo largo de la historia del capitalismo, no nos autorizan a proponer de nuevo escolasticamente elaboraciones teóricas llevadas a cabo por el movimiento revolucionario durante su historia centenaria.
– El imperialismo no es una política de la burguesía sino el resultado del proceso de acumulación que obliga al capital a ampliar constantemente su base reproductiva. La guerra imperialista se inserta dramáticamente en el ciclo del capital: expansión, crisis y guerra que son los tres momentos diferentes de cada ciclo de acumulación que han caracterizado la vida del capitalismo en su fase imperialista. Además, cuando finalmente se materializa, al destruir el capital excedente, permite restablecer condiciones económicas y políticas más ventajosas destinadas a iniciar un nuevo ciclo de acumulación a una escala cada vez mayor. Por eso se reprodujo a escala mundial simultáneamente con la crisis del primer y segundo ciclo de acumulación: es decir, se ha producido de manera cíclica.
– En la era de la supremacía del capital ficticio, la guerra se ha convertido en factor permanente puesto que las razones que empujan a las potencias imperialistas a desencadenar conflictos por defender sus intereses de clase son permanentes.
– La guerra ya no representa una momento del ciclo económico, como fue el caso bajo la forma imperialista basada exclusivamente en la exportación de capital financiero, sino que se ha convertido en una forma constante en la que el capitalismo se manifiesta en la reciente fase imperialista, porque la conservación del control de la producción de capital ficticio requiere constantemente el uso de la fuerza.
– La burguesía norteamericana acapara una gran parte de la plusvalía arrancada al proletariado a escala internacional (gracias al papel desempeñado por el dólar en la economía mundial). Este desplazamiento de la plusvalía hacia Estados Unidos es el tributo que otros países deben pagarle al imperialismo norteamericano y es un precio cada vez más alto a medida que la crisis económica empeora. Dentro un contexto donde dominan las formas de apropiación parasitaria a través de la producción de capital ficticio y donde otras potencias imperialistas, como los países de la zona euro, intentan ponerse al mismo nivel que Estados Unidos, la guerra se ha convertido en una constante en el modo de existencia del capital.
– En nuestro tiempo, cualquier guerra, incluso disfrazada de guerra de religión o de liberación nacional, de guerra “humanitaria” para la defensa de los derechos humanos y respeto al derecho internacional, etc., es siempre un momento de esta guerra imperialista permanente que ha estado arrasando durante décadas alrededor del mundo, sembrando muerte, hambre y destrucción.
– El discurso que marca la distinción entre “agredidos ” y “agresores” es una miserable estratagema para ocultar la verdadera naturaleza de la guerra imperialista y enrolar en el frente de la guerra a sus verdaderas víctimas, a saber los millones de proletarios obligados luchar, morir bajo las bombas o huir de sus casas para no acabar bajo un montón de escombros.
– La guerra en Ucrania representa un paso cualitativo: la diferencia con guerras pasadas recientes no reside sólo en el hecho de que tenga lugar en el corazón de Europa o que ponga en contacto peligrosamente a las dos superpotencias nucleares, sino también en el contexto económico y social en que se lleva a cabo. El Capitalismo conoce desde hace varios años una crisis histórica, que la pandemia no hace más que agravarla sin haberla generado. Una crisis estructural cuyas razones radican en buscar en las contradicciones cada vez más acuciantes del sistema capitalista. Una inmensa masa de capital ficticio ya no puede ser remunerada adecuadamente, lo que alimenta extremadamente la tendencia a la guerra de los detentores de este capital. Esta es la razón que hizo de la guerra un factor permanente en el modus operandi del capitalismo, hasta el punto de que el conflicto ucraniano actual representa sólo uno episodio trágico de una historia mucho más amplia y compleja.
– En esta guerra, Estados Unidos, Rusia y China comparten un interés común para impedir que la Unión Europea tenga una política exterior y un ejército comunes, para poder competir con ellos en el escenario geoestratégico mundial en igualdad de condiciones.
– Con el conflicto ucraniano, el imperialismo estadounidense, tal vez incluso de forma inesperada, persigue ciertos objetivos estratégicos: 1) empantanar a Rusia en un conflicto de larga duración, lo que desgastaría al oso ruso mientras crea problemas internos para el propio Putin; 2) romper el eje que se creó entre Moscú y Europa occidental durante los últimos quince años y que corre el riesgo de reducir la presencia de Washington en el viejo continente; 3) poner en dificultades a las principales economías del viejo continente, Alemania e Italia in primis, debido a su dependencia del gas ruso.
– En cuanto a las ventajas inmediatas, no hay duda que hay un reparto, al menos entre Rusia y Estados Unidos, para que en el mercado mundial el precio del gas y el petróleo sea el más alto posible, dado que Rusia y Estados Unidos son países productores y exportadores.
– Este reparto sin embargo, se detiene cuando se trata de determinar si, en el mercado internacional, este precio debe ser indicado en dólares, euros, rublos, yuanes o cualquier otra moneda: hasta la fecha, la mayor parte del petróleo y el gas extraído en el mundo es vendido a través del dólar. Esto “da” a Estados Unidos enormes ingresos financieros, pero Rusia empezó a vender una buena parte de sus productos energéticos a cambio de euros, rublos, yuanes o monedas de cuentas especiales; China hace lo mismo con sus mercancías: disminuye el uso del dólar y, en consecuencia, los ingresos que de él derivan también disminuyen.
– El conflicto en Ucrania también demuestra que Estados Unidos está dispuesto a poner en juego al máximo su poder militar para defender el dominio del dólar en los mercados mundiales. Un soborno impuesto al resto del mundo que se vuelve cada vez más vital para Estados Unidos, que también se confronta con una crisis económica y social interna sin precedentes en su historia. Cuanto más amenaza la situación interna explotar socialmente, más agresivo se vuelve Estados Unidos sobre el plano internacional, porque sólo el privilegio del dólar podrá garantizar los recursos necesarios para contener los disturbios sociales y al mismo tiempo reafirmar su dominación imperialista.
– Alemania se vio obligada a posponer sine die la puesta en marcha del North Stream 2 tan odiado por Estados Unidos, quien no podría hacerlo mejor: consiguió lo que quería prácticamente gratis y amore Dei. El revés de la medalla es que esta guerra podría dar una fuerte aceleración al proceso de integración de la Unión Europea, tan odiada por Norteamérica.
– En lo que respecta a Rusia: debido a la no apertura del North stream 2, el precio del gas podría llegar a los 2 000 euros por metro cúbico. En este caso, Rusia percibirá de Europa la misma cantidad de euros que hoy solo vendiendo la mitad del gas que actualmente está vendiendo, para desviar el excedente a China. Además, excepto si sufriera una derrota militar total e improbable, anexionará definitivamente las autoproclamadas repúblicas independientes de Donetsk y Lugansk, es decir la zona más industrializada y rica del Donbass: en definitiva, incluso para Moscú, teniendo en cuenta los efectos negativos de las sanciones, que son normalmente más perjudiciales para quienes las imponen que para quienes las sufren, podría haber una buena jugada. También aquí, por supuesto, hay otra cara de la moneda. Una vez cerradas todas las puertas a Occidente, corre el riesgo de encontrarse sin posibilidad alguna de liberarse de las garras del dragón chino.
– El dragón chino es un espectador interesado de la masacre perpetrada con la sangre de los proletarios ucranianos. China no apoya militarmente a Moscú, pero al mismo tiempo lo apoya políticamente, y este apoyo político dará como resultado entregas de materias primas desde Rusia a precios garantizados y ventajosos.
– No se excluye que la guerra se generalice, poniendo en peligro la supervivencia de la propia humanidad, debido a de la fuerte inestabilidad de los actuales equilibrios interimperialistas y del enfrentamiento en curso por sus redefinición, con el declive de Estados Unidos y el ascenso en potencia de China.
- El conflicto en Ucrania demuestra una vez más que la guerra es generada por los mecanismos contradictorios del sistema capitalista y que las verdaderas víctimas de los desastres de la guerra son ante todo los proletarios: el proletariado entero, el proletariado ucraniano como el proletariado europeo, el proletariado ruso como el proletariado norteamericano, el proletariado ruso y el proletariado del mundo entero.
- La degradación de las condiciones de vida y la falta de perspectivas de una sociedad radicalmente opuesta al capitalismo, sin explotación y sin clases sociales, ha conducido a muchos proletarios en la trampa y a los brazos de los partidos reaccionarios y populistas del capital. El control ideológico de la clase dominante no puede en ningún caso resolver las gigantescas e insolubles contradicciones del modo de producción capitalista. No puede seguir mistificando la naturaleza un sistema basado en la explotación y transformación de todos los aspectos de la vida humana en dinero.
– Pero el proletariado se encuentra en un estado de desarme político, ideológico y organizativo total, de modo que le resulta más fácil permanecer enredado en la lógica de guerra imperialista tras tal o cual fracción de la burguesía
Internacional que levantarse contra la guerra y las causas que la provocan.
– Es necesario señalar que se han producido tantos cambios en la organización y en la división internacional del trabajo que es simplemente imposible superar tanta subalternidad permaneciendo anclados en el mismo marco teórico y organizativo de la Tercera Internacional. Hay que decirlo claramente: el camino que, en 1917, condujo a la Revolución de Octubre en Rusia no puede repetirse en sus términos específicos, ya que el propio desarrollo capitalista ha superado muchas de sus presupuestos particulares.
Es necesario notar esto y proceder a una nueva sistematización de todos los elementos inherentes a la condición del proletariado moderno, y desde allí, identificar los caminos para desarrollar el proceso de construcción de un nuevo partido comunista a escala mundial, sin el cual la misma consigna de “derrotismo revolucionario” (a pesar de toda su imperiosa relevancia) está destinada a permanecer vacía de significado.
Istituto Onorato Damen.
Después del colapso del mundo bipolar, Estados Unidos se convirtió en la única superpotencia del mundo. Sin embargo, su dominio indiscutible duró poco y todas las demás potencias imperialistas persiguieron sus propios intereses y divisiones imperialistas. Estados Unidos ya no podía ejercer la hegemonía como lo había hecho durante la Guerra Fría. Por lo tanto, para mantener su hegemonía en el nuevo orden mundial y debilitar a sus rivales, Estados Unidos intentó alinear a las otras potencias imperialistas tras de sí librando guerras, mientras usaba palabras humanitarias.
El objetivo de Estados Unidos y la OTAN era asediar a Rusia fusionando los países del antiguo bloque del Este en la OTAN o lanzando “revoluciones de color” en países que no eran miembros de la OTAN en ese momento. Occidente, liderado por Estados Unidos, abogó por “revoluciones de color” en la ex Unión Soviética para servir a sus intereses imperialistas, de modo que gobiernos pro occidentales pudieran tomar el poder.
En los últimos años, los países que formaban el antiguo bloque occidental se han fragmentado más que antes.
Contrariamente a la demagogia de la burguesía estadounidense sobre su desescalada, la burguesía norte-americana no sólo busca tensiones, sino que también busca alimentar aquellas asociadas con el alineamiento de los miembros de la OTAN y otros Estados detrás de Estados Unidos para recuperar su hegemonía perdida. Otro objetivo de Estados Unidos en su manejo de Ucrania ha sido perturbar las relaciones entre Rusia y la UE, alinear a los europeos tras de sí y reforzar la dependencia militar de otros países respecto de Estados Unidos.
Después de la caída de la Unión Soviética, ha hecho falta un tiempo para que Rusia reafirme finalmente sus ambiciones imperialistas como pretendiente a potencia mundial. La retirada del equipo militar de la OTAN de estos países y el fracaso del asedio de la OTAN a Rusia significarían que Rusia podría ampliar su esfera de influencia.
El objetivo de Estados Unidos es debilitar a Rusia tanto como sea posible porque una Rusia neutralizada no representaría una amenaza para Estados Unidos. Una Rusia débil, por otra parte, no sería un buen aliado para China.
China es un competidor temible para Estados Unidos. Se espera que para 2030 se convierta en la primera economía mundial, superando a Estados Unidos. Para la burguesía norteamericana está claro que el progreso de China y progresión como potencia están directamente ligados al declive de Estados Unidos. Trump y el Partido Republicano no son los únicos que han puesto de relieve la amenaza que representa China, los demócratas no están menos preocupados que los republicanos por este rival, y toda la burguesía estadounidense se opone al avance de China.
Se puede afirmar que la operación militar rusa redunda en interés de Estados Unidos a corto plazo y que Estados Unidos pudo consolidar su hegemonía por el momento. Tras cortar los lazos comerciales con Rusia, la UE se ha vuelto parcialmente dependiente de Estados Unidos en materia energética.
Aunque Estados Unidos haya logrado alinear detrás de sí a los miembros de la OTAN, Japón, Australia, etc., y aparentemente hayan formado un frente único, este apoyo no ha sido unánime, con un voto de abstención por parte de los países de América Latina, India y especialmente de los Estados árabes del Golfo (que eran aliados de Estados Unidos) en la resolución que condena a Rusia en el nido de los ladrones (ONU) y de la objeción de Turquía a la admisión de dos nuevos miembros de la OTAN (Finlandia y Suecia), lo que demuestra una debilidad en el frente único. Francia y Alemania, dos miembros clave de la OTAN están persiguiendo sus propios intereses imperialistas de manera más clara y abierta, lo que amenazará a largo plazo la férrea alianza del frente de la OTAN.
Rusia, China e Irán han convergido en su oposición a Estados Unidos, aunque cada uno persigue sus propios intereses imperialistas, que a veces están en contradicción entre sí.
Veremos más caos y conflictos, un nuevo ciclo de tensión e inestabilidad imperialista, desde Europa hasta Medio Oriente, desde el Cáucaso hasta el Sudeste Asiático.
Estados Unidos se ha centrado en confrontar a China. El hecho innegable es que las tensiones actuales son un anticipo de futuras tensiones imperialistas. Los principales enfrentamientos se producirán entre Estados Unidos y China. Estados Unidos quiere contener a China, que es un enemigo estratégico, y su estrategia de contención comenzó mucho antes que Trump. Biden continúa con esta política. En la nueva situación, Estados Unidos, al alinear a la OTAN y a otros países tras de si, quiere crear serios problemas para frenar el progreso imperialista de China y frustrar sus ambiciones en nombre de la Ruta de la Seda. La Nueva Ruta de la Seda, con su infraestructura, permitirá a China llegar a los confines del mundo y extender su poder imperialista a todas partes.
El internacionalismo proletario es una reacción a la guerra imperialista, y el proletariado internacional es la única fuerza capaz de detener esta guerra imperialista. ¿Puede el proletariado hoy plantear su alternativa histórica, es decir, una revolución social? El hecho es que el proletariado internacional aún no ha reaccionado seriamente a la guerra imperialista, ya sea en el capitalismo metropolitano o en el capitalismo periférico. El proletariado (como clase social) está observando actualmente. Él es solo un espectador. Aunque presenciamos manifestaciones obreras en países como Irán, la clase obrera mundial sin embargo retrocedió en sus posiciones a escala mundial, lo que demuestra un reflujo de su identidad de clase.
Una guerra imperialista no es un terreno favorable para las luchas proletarias fructíferas, pero la crisis del capitalismo proporciona las mejores condiciones para el desarrollo de conciencia de clase y luchas proletarias unidas.
Los carnavales de paz y las campañas contra la guerra en países occidentales y europeos son parte de la propaganda de guerra de la OTAN, de acuerdo con los objetivos imperialistas de la OTAN. En el marco del sistema capitalista, las llamas de la guerra seguirán ardiendo.
En la situación actual, los revolucionarios no deberían esperar una movilización de la clase obrera. Las actividades de los revolucionarios no tendrán lugar en el vacío y no serán ineficaces. Más importante aún, la guerra imperialista pone en evidencia la necesidad de levantar la bandera del internacionalismo, incluso si conduce al aislamiento de las masas de la clase obrera. Ésta es una de las enseñanzas de Lenin y Luxemburgo, y todavía inspira a los revolucionarios.
La guerra en Ucrania no sólo se lleva a cabo en el plano militar. La guerra de propaganda en curso, que envenena a la clase obrera mundial, es igualmente insidiosa.
Ambos bandos de la guerra imperialista son conscientes del potencial de la clase obrera, y la historia da testimonio de que sólo esta clase social puede poner fin a la guerra.
La burguesía ataca de forma odiosa el nivel de vida de la clase obrera, que paga el precio de guerra con una inflación vertiginosa y una disminución del nivel de vida. La clase obrera se ve obligada a defender su nivel de vida, lo que probablemente implique una confrontación con la guerra imperialista.
Sólo la clase obrera puede traer paz real a la humanidad, mediante la lucha de clases y la puesta en cuestión del capitalismo. La destrucción de la humanidad es inevitable si la clase obrera no actúa sobre la base de su juicio histórico, que consiste en derrocar al capitalismo mediante la revolución comunista.
Internacionalist Voice.
Para comenzar esta presentación, primero nos gustaría volver a las causas de esta guerra, que ya hemos desarrollado en nuestras reuniones públicas anteriores y en nuestra prensa:
– Estados Unidos quiere mantener y relanzar su papel como primera potencia mundial;
– por eso empujaron a Rusia a invadir a Ucrania diciendo que no intervendrían en el caso de invasión;
– después de la invasión, lanzaron una campaña en apoyo de Ucrania obligando a los países europeos a alinearse detrás;
– el objetivo inmediato es debilitar considerablemente a Rusia, tanto en el plano militar como económico, y para ello cuentan con una larga guerra que agotará a Rusia en estos dos planos;
– de esta manera se debilita también China al debilitar su aliado más importante, y lanza una advertencia a China sobre lo que puede esperar en caso de invasión a Taiwán (Estados Unidos ha declarado que defenderá la independencia de Taiwán);
– Finalmente, obligó a los países europeos a alinearse detrás de EEUU, lo que no es exactamente la ambición de estos países (en particular Francia y Alemania).
Hoy, después de seis meses de guerra, parece que nada de esto ha sido puesto en duda: la guerra continúa, y es muy probable que continúe durante muchos meses, sino años. De hecho, Rusia no puede ponerle fin sin firmar su sentencia de muerte como actor importante en la escena internacional. E incluso si lograra tomar el control total del Donbass, tendría que mantener una fuerte presencia militar allí para enfrentar la guerra “partisana” que Ucrania, con la ayuda de Estados Unidos, libraría contra ella. Estados Unidos, por su parte, tiene interés en que la guerra continúe para llegar lo más lejos posible en su objetivo de desangrar a Rusia. Tanto en el lado ruso como en el lado norteamericano, el costo, los daños materiales, las muertes y la devastación no importan: la guerra debe continuar hasta el final.
La reciente cumbre de la OTAN (que anunció la voluntad de intervenir en todo el mundo), la provocación a China mediante el viaje de Nancy Pelosi a Taiwán, el asesinato del líder de Al Qaeda, Ayman al-Zawahiri, en Kabul, el viaje de Biden a Arabia Saudita; todo esto confirma el deseo de Estados Unidos de erigirse como única potencia mundial, cueste lo que cueste.
Por lo tanto, esta guerra confirma plenamente el marco de análisis que el movimiento obrero desarrolló sobre la guerra en la decadencia, y que la CCI en continuidad ha desarrollado sobre la guerra en la última fase de la decadencia, la fase de descomposición:
– ya no hay racionalidad económica en la guerra, por el contrario. En la época del ascenso del capitalismo, si pudieron haber guerras sin un objetivo económico dominante (es decir, con objetivos esencialmente políticos), la mayoría de ellas estaban dirigidas a ampliar el control de la riqueza y los mercados. En la decadencia, la guerra misma cada vez más se convierte en una aberración económica.
Porque más allá de los terribles efectos directos de las operaciones militares, esta guerra tiene importantes repercusiones en la economía mundial: aceleración de la recesión, aumento de la inflación, y crecientes dificultades para mantener la globalización que había permitido un cierto nivel de crecimiento económico. Tiene consecuencias en el plano social, con hambrunas que provoca por la falta de cereales en el mercado, con la ola de refugiados que huyen directamente de la guerra o sus consecuencias económicas, consecuencias ambientales, con la destrucción ecológica en Ucrania (sin mencionar el peligro de accidentes nucleares con el bombardeo de áreas que contienen centrales nucleares). Finalmente, porque esta guerra implica una carrera para aumentar gasto militar (Alemania añade 100 mil millones a su presupuesto militar, Francia, Italia y Japón aumentan sus presupuestos), y por lo tanto un desarrollo de la economía de guerra, es decir, la tendencia a someter la economía a las exigencias de la guerra.
– La guerra en la decadencia y en la descomposición está, por tanto, marcada por una irracionalidad total: ninguna parte participante en la guerra ni ninguna potencia involucrada obtendrá beneficio alguno sino lo contrario. Sólo quedará de Ucrania un páramo inhóspito y los enormes gastos incurridos serán irrecuperables. Incluso si hubiera mercados a recuperar, gas de esquisto que vender, ¿cuántos años, décadas, incluso siglos, se necesitarían para que los beneficios compensen los gastos incurridos en la guerra? La ayuda occidental a Ucrania se calcula hoy en más de 75 mil millones dólares, ¡y aún no ha terminado!
– Finalmente, la característica fundamental de las relaciones imperialistas en la fase de descomposición se verifica también aquí: el desarrollo de cada uno para sí. Más allá del éxito inmediato obtenido por Estados Unidos, su voluntad de seguir siendo el único líder del mundo es y será impugnada no sólo por China y Rusia, sino también por sus actuales “aliados” que no quieren renunciar a defender sus propios intereses imperialistas. Turquía lo hace ya abiertamente, pero el aumento del gasto militar de Alemania, Francia, y de Japón, es una señal clara de que estos países no renuncian a sus propias ambiciones, lo que significa una exacerbación de las tensiones imperialistas. Hoy la alineación de las grandes potencias europeas detrás de Estados Unidos es una alianza forzada y coyuntural, que no quita para nada la voluntad de cada uno de estos países para ocupar su lugar en el escenario imperialista.
Esta guerra se inscribe en una serie de fenómenos: tensiones bélicas en todo el mundo, pandemia, cambio climático, incendios incontrolables y fuerte amenaza nuclear contenida en esta guerra... estos fenómenos no son aislados ni coyunturales, expresan el hecho de que el capitalismo se encuentra en un período específico de su decadencia, una etapa suplementaria marcada por la descomposición general de la sociedad que lleva consigo la amenaza de la aniquilación de la humanidad. El único futuro que el capitalismo promete a la humanidad es uno de caos, miseria, hambruna y desesperación. Y, en definitiva, la extinción.
Esto es lo que está en juego en la actual situación histórica, y los revolucionarios tienen el deber de hacérselo entender al proletariado. Intentamos hacerlo con nuestra prensa web e impresa en papel, con un folleto internacional distribuido en todos los países donde fue posible, con reuniones públicas físicas y en línea y con el llamamiento al medio político proletario que dio origen a la Declaración Conjunta de tres grupos de la comunidad internacionalista, disponible en nuestra prensa.
Las respuesta de la clase obrera
Pero sería ilusorio pensar que el proletariado puede hoy escuchar plenamente nuestros llamados y responder a la guerra en su propio terreno de clase (lo que implicaría desarrollar la revolución).
En primer lugar, porque la guerra no es un terreno propicio para la clase obrera. Esto lo vemos con el proletariado ucraniano, que sufre las peores consecuencias de la guerra, porque sufrió una gran derrota política, al ser arrastrado detrás de la burguesía en la “defensa de la patria”. También es una clara confirmación de que el proletariado de los países periféricos no está mejor equipado para resistir el peso de la ideología nacionalista, democrática y guerrera de la burguesía.
Igualmente el proletariado ruso tampoco se ha opuesto a la guerra: incluso si no se ha alineado completamente detrás de su propia burguesía, no tiene suficiente fuerza para demostrar activamente su hostilidad hacia la guerra.
Finalmente, si bien el proletariado de los países occidentales es el que tiene mayor potencial para oponerse a la guerra, también ha tenido un momento de parálisis, además del impacto de la pandemia, que interrumpió la tendencia a revivir la combatividad demostrada por la lucha contra reforma de las pensiones en Francia y huelgas en distintos países (Estados Unidos, Italia, Irán, España).
Incluso hoy, la situación muestra que el principal aliado de la clase obrera en su lucha histórica es la crisis. Y la guerra en Ucrania, que siguió a la pandemia de Covid, está produciendo efectos devastadores a este nivel: inflación, una economía orientada a la guerra que requiere aumentos de productividad, una deuda cada vez mayor, etc. La burguesía no tendrá más remedio que atacar a la clase obrera y ya se está preparando para ello. La clase obrera de estos países, que ya se encuentra bajo una enorme presión para pagar la factura de la pandemia, y que ya se ve afectada directamente por la inflación, sufrirá nuevos ataques masivos.
Pero el proletariado de los países occidentales no está derrotado, no está dispuesto a aceptar los sacrificios que le impone la crisis económica del capital (y obviamente menos los sacrificios que implicaría una guerra que involucrara directamente a estos países). Lo había demostrado antes de la pandemia, lo había demostrado a finales de 2021, está empezando a mostrarlo nuevamente a través de una serie de huelgas y manifestaciones que se están desarrollando en varios países. algunas de ellas de una magnitud sin precedentes desde hace varios años, y que demuestran que la ira acumulada está empezando a transformarse en voluntad de luchar.
Estas huelgas y manifestaciones se han desarrollado en varios países: en Estados Unidos, en España, el pasado otoño e invierno, en Francia, en Alemania, en Bélgica este verano, y en otros se esperan: Francia, Italia. Un otoño cálido se avecina por todas partes.
Pero es ante todo la clase obrera en Gran Bretaña la que nos dice que está empezando a reaccionar con determinación ante las consecuencias de la crisis. Este movimiento masivo llamado “El verano de la ira”, en referencia al “Invierno de la ira” de 1979, afecta a diario a los trabajadores de sectores cada vez más numerosos: los trenes, luego el metro de Londres, British Telecom, el Correo, los estibadores de Felixstowe (un puerto vital en Gran Bretaña), basureros y conductores de autobuses en diferentes partes del país, Amazon, etc. Hoy trabajadores del transporte, mañana trabajadores de la salud-sanitarios y docentes.
Todos los periodistas y comentaristas señalan que esta es la mayor movilización de la clase obrera en este país en décadas; Tenemos que remontarnos a las grandes huelgas de 1979 para encontrar un movimiento más importante y masivo. Una movilización de esta magnitud en un país tan importante como el Reino Unido no es un acontecimiento “local”, como decíamos en nuestro folleto publicado a finales de agosto, es un acontecimiento de alcance internacional, un mensaje a los explotados de todos los países.
Estas huelgas son una respuesta a décadas de ataques y de apatía por parte de la clase obrera británica, que pagó no sólo con la consternación que azotó a la clase obrera en todo el mundo con el colapso del bloque del Este y las campañas en curso sobre la “muerte del comunismo” que le siguió, sino también con la dura derrota de los mineros a mediados de los años 1980. Las luchas actuales son en particular una respuesta a la pérdida de poder adquisitivo provocada por la inflación y el estancamiento salarial. Y son esenciales no sólo para defendernos de los ataques sino también para redescubrir nuestra identidad de clase a escala mundial, para prepararnos para el derrocamiento de este sistema sinónimo de miseria y desastres de todo tipo.
En todo el mundo, la clase obrera está experimentando una situación en la que la inflación erosiona su poder adquisitivo, donde sufre inundaciones y sequías causadas por el cambio climático, precariedad laboral, etc. Hoy, a los proletarios de los países occidentales se les pide por parte de sus gobiernos, nuevos sacrificios para enfrentar la inflación y la crisis energética causada por la guerra en Ucrania, mientras que aumentan el gasto militar para sus ambiciones imperialistas. Las huelgas proletarias en el Reino Unido también llevan los gérmenes de la lucha contra esto; aunque los trabajadores no siempre sean plenamente conscientes de ello: el rechazo a sacrificarse cada vez más por los intereses de la clase dominante, el rechazo a hacer sacrificios por la economía nacional y para el esfuerzo bélico, el rechazo a aceptar la lógica de este sistema que lleva a la humanidad a la catástrofe y, en última instancia, a su destrucción.
Si las luchas actuales en el Reino Unido anuncian esta combatividad renovada y todo el potencial que contiene, no debemos olvidar todos los obstáculos y trampas que enfrenta la clase y que la burguesía pone para impedir el desarrollo de este potencial.
En el plano ideológico, con:
– la matraca ideológica nacionalista para apoyar a un campo contra otro, bajo la bandera de “defensa de la democracia” contra “autocracias”;
– la ideología pacifista frente a la destrucción y la muerte;
Al nivel de las luchas mismas:
– el peligro de las luchas interclasistas (las crisis que afecta también a las capas pequeñoburguesas);
– la acción de sabotaje de los partidos de izquierda y especialmente de los sindicatos. La gran mayoría de las huelgas actuales han sido convocadas por sindicatos, que se presentan así como indispensables para organizar la lucha y defender a los explotados. Los sindicatos son indispensables, sí, pero para defender el orden burgués y organizar la derrota de la clase obrera. Sabemos que los sindicatos se movilizan para impedir que la clase luche de forma autónoma, siendo su tarea precisamente controlar y sabotear la combatividad de los trabajadores. Al tomar la iniciativa, estos servidores del Estado burgués quieren evitar ser abrumados por la ira de los trabajadores.
Hoy debemos evitar el peligro de dejarnos llevar y caer en el activismo. Debemos tener claro que la clase obrera no tiene la capacidad inmediata de poner fin a la guerra. Es un proceso lento y sinuoso que implicará enfrentar el sabotaje sindical, con la imposibilidad para la burguesía de hacer concesiones significativas sobre las condiciones de vida de los proletarios, y también la represión del Estado burgués. Es a través de este proceso que el proletariado podrá progresar en su conciencia. Y, cada vez más, ante las diversas manifestaciones del fracaso del sistema (y por tanto también ante la cuestión de guerra), el proletariado se verá obligado a reflexionar sobre la necesidad de un enfrentamiento frontal con el capitalismo.
Los revolucionarios tienen un papel esencial que desempeñar en este proceso, denunciando la guerra, enfatizando la responsabilidad central del capitalismo en la situación y sus consecuencias, señalando la necesidad para la clase obrera de oponerse a los sacrificios impuestos por la clase dirigente.
Lo que el movimiento obrero declaró en 1907 en el Congreso de la Segunda Internacional en Stuttgart sigue siendo plenamente válido hoy: “los revolucionarios tienen el deber de utilizar con todas sus fuerzas la crisis económica y política creada por la guerra para levantar a las clases populares más vulnerables. Las más profundas y acelerar la caída del régimen capitalista”, el internacionalismo proletario es un principio que debe defenderse sin concesiones: “Ningún apoyo a uno u otro campo, los proletarios no tienen patria”.
Esta consigna debe impregnar nuestra intervención desde ahora, sin hacernos ilusiones sobre su impacto inmediato dentro de un proletariado profundamente desorientado, pero sin la más mínima duda sobre el hecho de que la alternativa hoy sigue siendo “socialismo o la destrucción de la ‘humanidad” y que no hay otra fuerza que la clase obrera capaz de detener la caída del capitalismo en el caos y la barbarie.
CCI, septiembre 2022
Han pasado diez meses desde que Rusia invadió Ucrania. Estados Unidos y los países occidentales han impuesto sanciones generales contra Rusia, pero Rusia no ha detenido su agresión. En la guerra, la Unión Europea (UE) fue la primera en financiar la provisión de armas para Ucrania, y Putin advirtió contra el uso de armas nucleares. Esta guerra no tiene precedentes desde la Segunda Guerra Mundial y la humanidad en su conjunto se enfrenta a una crisis bélica más generalizada.
En 2006, la crisis de la guerra también se intensificó en la Península de Corea, y en la primera “Conferencia Comunista Internacional” celebrada en Corea en ese momento, hubo una “Declaración Internacionalista Contra la Amenaza de guerra”. La declaración puso en
claro que es la lucha mundial de la clase trabajadora la que puede plantear la “defensa de los principios internacionalistas” y la lucha contra la guerra imperialista. “Declaramos que es la lucha mundial de los trabajadores la que puede poner fin para siempre a la barbarie y guerras imperialistas y la amenaza de destrucción nuclear que azotan a la humanidad bajo el capitalismo”. Han pasado quince años desde la Declaración. El peligro de guerra sobre la península de Corea persistió, la crisis económica capitalista intensificó el choque imperialista y otra guerra fue provocada en Europa. En esta crisis, la solidaridad internacional de la clase trabajadora por la defensa del internacionalismo proletario y el derrocamiento revolucionario del sistema capitalista, la causa de la guerra, se ha vuelto cada vez más y más importante.
La crisis capitalista de larga duración que no se ha resuelto desde el colapso de la burbuja especulativa en 2008, se ha acelerado desde la pandemia de COVID-19. Ahora, en el mundo capitalista, la amenaza de una guerra imperialista está aumentando en medio de una crisis económica cada vez más profunda, el riesgo de enfermedades infecciosas y el aumento de los desastres ambientales, creando grietas en todas partes. La guerra en Ucrania que se produjo en estas circunstancias no fue una acción repentina de Putin, sino que significó una nueva fase del choque imperialista que estuvo al borde de una guerra generalizada en medio de una prolongada crisis económica. Después del colapso de la Unión Soviética, la OTAN continuó expandiendo su influencia en Europa del Este y Rusia intentó recuperar nuevamente el estatus de potencia imperialista. La guerra en Ucrania unió a la OTAN y a la Unión Europea (UE) en torno a Estados Unidos y llevó a Rusia a los brazos de China, preparando el escenario para una extensa guerra imperialista.
Todo el daño de la guerra a los intereses de la clase dominante recayó miserablemente sobre el proletariado. Miles de civiles y soldados ucranianos de ambos bandos ya han sido asesinados y cientos de miles de refugiados han sido expulsados a las calles. La guerra provocará nuevos aumentos en los precios de la energía y los cereales, exacerbando la pobreza y empeorando las condiciones de vida de los trabajadores en todo el mundo. Quienes se benefician de esta guerra que destruye las vidas de la clase trabajadora son la clase dominante que explota a la clase trabajadora. Hacen que los trabajadores mueran y se maten entre sí a través de la ideología nacionalista y gracias a máquinas de propaganda de guerra por el beneficio económico, político y militar de la clase dominante.
Todas las guerras actuales tienen el carácter de guerra imperialista, que sólo ha traído sufrimiento, muerte y mayor destrucción a la humanidad. En estas guerras, el resultado de la lucha por la liberación nacional no fue el debilitamiento del imperialismo, sino el reemplazamiento de otras fuerzas imperialistas. Esto demostró que la llamada "lucha de liberación nacional" está lejos de ser una "lucha antiimperialista" porque obliga a la clase trabajadora a elegir un bando u otro de la clase dominante, del imperialismo, a identificarse con algunos miembros de la clase dominante.
En medio de un conflicto imperialista cada vez más profundo, la posición de los internacionalistas contra la ideología nacionalista que todavía insiste en la defensa de la patria y la independencia nacional no ha cambiado. Es internacionalismo proletario, convertir la “guerra imperialista en guerra civil” planteada por los revolucionarios en la genocida e imperialista Primera Guerra Mundial. En 1917-18, la clase trabajadora puso fin al genocidio imperialista obligando a la burguesía a través de la lucha revolucionaria. Lo mismo se aplica a la actitud de la clase trabajadora ante la guerra en Ucrania. Es convertir la guerra imperialista en una “guerra de clases” contra la clase dominante sin tomar partido en la guerra entre las clases dominantes, donde la clase trabajadora se mata entre sí.
Apoyar a un lado en una guerra imperialista es apoyar a la clase dominante, y el pacifismo que se niega a convertir una guerra imperialista en una guerra de clases neutraliza la lucha de clases. Sólo hay una manera para que la clase trabajadora escape de las crisis del capitalismo, del sufrimiento y de la amenaza mortal de la guerra. Es rechazar todas las ideologías dominantes, incluido el nacionalismo, y luchar en solidaridad internacional por los intereses comunes de la clase trabajadora. Es detener la guerra imperialista mediante la lucha de clases internacional, reconociendo que la única guerra que vale la pena librar para los trabajadores es una guerra de clases, una guerra contra los explotadores.
La guerra en Ucrania expresa la profunda y antigua crisis del capitalismo. Hoy en día, la guerra no sólo tiene lugar en Ucrania, sino también guerras locales en más de 60 regiones. La crisis de la humanidad en su conjunto avanza no sólo a través de la guerra, sino también a través de la pobreza, las enfermedades infecciosas y la destrucción del medio ambiente. Vivimos en un mundo cada vez más peligroso. La guerra destruye las vidas de la clase trabajadora y de sus familias, pero la clase dominante lucha por su propio beneficio. La carrera hacia la guerra es resultado del funcionamiento del propio sistema capitalista. No es por culpa de algunos malos líderes, es un problema del sistema capitalista. La clase trabajadora ahora no tiene perspectivas sin el derrocamiento revolucionario del capitalismo. Por lo tanto, la alternativa real que enfrentamos es '¿Guerra o Revolución?' Para poner fin definitivo a la guerra imperialista que conducirá a la destrucción de la humanidad, es necesario el derrocamiento revolucionario del capitalismo a través de una guerra de clases internacional y la construcción de un nuevo sistema, una comunidad mundial de productores libremente unidos.
La clase trabajadora debe rechazar toda la lógica de guerra y paz fomentada por la clase dominante en la guerra imperialista y tomar una posición propia. Además, es necesario aclarar la posición internacionalista frente a la hipocresía de todos los movimientos pacifistas anti-guerra que no están asociados con el movimiento por la destrucción del sistema capitalista, y contra el apoyo del bando “menos malo” del imperialismo reivindicado por los pseudosocialistas. Incluso si los trabajadores internacionalistas son una minoría ahora y un movimiento revolucionario como hace 100 años no existe, la acción internacional de la Izquierda Comunista y los internacionalistas contribuirán al resurgimiento de la lucha de clases, a la creación de métodos propios de la clase trabajadora y la aparición de un nuevo sujeto.
¡Los trabajadores no tienen patria!
¡Ningún apoyo a ningún bando en la carnicería imperialista en Ucrania!
¡Ninguna guerra salvo la guerra de clases!
¡Extendamos la lucha por el derecho a vivir, y en contra de que los trabajadores paguen por la crisis capitalista!
¡Pongamos fin a la guerra imperialista con la lucha de clases internacional para derrocar el sistema capitalista!
Diciembre de 2022
Internationalist Communist Perspective
Tras la publicación de la Declaración Conjunta por grupos de la Izquierda Comunista (Corriente Comunista Internacional, Voz Internacionalista e Istituto Onorato Damen)[1], estos grupos celebraron dos reuniones públicas en línea, una en italiano y otra en inglés, para discutir y aclarar la necesidad de la Declaración Conjunta y las tareas de los revolucionarios frente a la guerra imperialista y las nuevas condiciones mundiales. Las reuniones se desarrollaron en un ambiente serio y cordial; las diferencias de opinión no impidieron una camaradería o una animada discusión. La importancia de la Declaración Conjunta es que sigue el espíritu de la Conferencia de Zimmerwald de 1915, donde los revolucionarios fueron capaces de acordar una declaración internacionalista conjunta frente a la Primera Guerra Mundial. En la década de 1930, por otro lado, los comunistas de la Izquierda Italiana y la Izquierda Holandesa se opusieron a la guerra española pero no fueron capaces de producir una declaración conjunta. De manera similar, durante la Guerra Chino-japonesa, la Segunda Guerra Mundial y la Guerra de Corea, los comunistas internacionalistas fallaron en la tarea de elaborar y transmitir una declaración conjunta. Es innegable que hoy los grupos de la Izquierda Comunista no tienen la influencia que tenían los revolucionarios en 1915. Sin embargo, una voz común es necesaria, no por sus consecuencias inmediatas, sino por la perspectiva de batallas futuras. No es posible reflejar las discusiones de ambas sesiones en un artículo breve, pero queremos dar un resumen de los temas discutidos.
La Reunión Pública en italiano
En la reunión en italiano, todos los participantes, sin excepción, evaluaron la naturaleza de la guerra como imperialista y subrayaron la necesidad de defender el internacionalismo, es decir, no apoyar a ninguno de los campos imperialistas. Rechazando las ilusiones pacifistas, vieron a la clase obrera y la lucha de clases como la única fuerza capaz de oponerse a la guerra. Los participantes, sin excepción, destacaron la importancia de la Declaración Conjunta. Los participantes consideraron que, aunque la situación actual no es comparable a la de 1915 y los revolucionarios no tienen la influencia que tenían sobre la clase obrera en 1915, el espíritu de la conferencia de Zimmerwald, como una brújula, sigue siendo válido hoy. La conferencia de Zimmerwald es una referencia para los revolucionarios, a la que se refieren en su lucha contra la guerra imperialista. Sólo un participante declaró inválida la referencia a la conferencia de Zimmerwald, argumentando que las corrientes que firmaron la declaración conjunta no tienen la influencia de Lenin o Luxemburgo sobre la clase trabajadora. Otros respondieron que la importancia de una declaración conjunta reside en una voz común de posiciones internacionalistas que las corrientes de la Izquierda Comunista anteriormente no habían podido expresar ante la guerra.
El hecho de que otros grupos de la izquierda comunista se negaran a firmar la declaración conjunta refleja la debilidad del medio político proletario. La mayoría de los participantes deploró la negativa de otros grupos comunistas de izquierda a referirse a Lenin sobre la necesidad de una respuesta común, a pesar de las diferencias teóricas. En Zimmerwald, los participantes tenían diferencias de opinión y análisis, pero esto no les impidió expresarse al unísono. La mayoría de los participantes no estuvo de acuerdo con las razones dadas por la Tendencia Comunista Internacionalista [[2]] para no firmar la declaración conjunta. Mientras algunos de los participantes hablaron de continuar el debate con la TCI para animarles a firmar la declaración conjunta o, al menos, a desarrollar acciones conjuntas con ellos, otros subrayaron que debemos evitar entrar en discusiones polémicas y seguir adelante sin prestar atención a los demás. En cualquier caso, todos los participantes en la reunión compartieron la opinión de que la propuesta “Ninguna Guerra salvo la Guerra de Clases” impulsada por la TCI representa un enorme retroceso respecto de su propia tradición política, delegando efectivamente a la clase trabajadora en general las funciones que las vanguardias revolucionarias deberían estar cumpliendo en la clase.
Los participantes subrayaron que no es posible luchar contra la guerra sin luchar contra el capitalismo. Después de la guerra, la inflación aumentó no sólo en la periferia del capitalismo, sino también en los centros metropolitanos y, por tanto, aumentó el costo de vida del proletariado, lo que significa que el nivel de vida de la clase trabajadora disminuyó. Las condiciones de vida y de trabajo de la clase trabajadora, con el estallido de la guerra imperialista en curso, empeorarán y pueden inducir, en un futuro más o menos cercano al proletariado a reaccionar contra los continuos ataques lanzados por el capital.
Otro punto de discusión destacó que la lucha del proletariado puede desarrollarse en una dirección revolucionaria sólo si se basa en la continuidad histórica de las posiciones de la Izquierda Comunista. Por supuesto, esto no significa que sólo los grupos comunistas de izquierda puedan apoyar estas posiciones, sino que deben servir como punto de referencia para mostrar el camino a seguir. Durante la discusión se acordó que es tarea de los revolucionarios trabajar para construir el futuro partido internacional e internacionalista del proletariado, sin el cual todas las eventuales luchas de la clase trabajadora estarán inevitablemente condenadas a la derrota. Y esta es la perspectiva de la declaración contra la guerra imperialista firmada por los distintos grupos adherentes.
La Reunión Pública en ingles
En la sesión en inglés (en la que los camaradas del IOD no pudieron participar), como en la sesión en italiano, los participantes evaluaron inequívocamente la naturaleza de la guerra como imperialista y, rechazando cualquier ilusión pacifista, vieron a la clase obrera y la lucha de clases como única fuerza que podía contrarrestar la guerra. En la reunión, excepto el delegado de la TCI/CWO, los participantes destacaron la importancia de la Declaración Conjunta. Un participante afirmó que, aunque no estaba totalmente de acuerdo con la Declaración Conjunta, la apoyaba. Al igual que en la reunión italiana, los participantes, con excepción del delegado de la TCI/CWO, también afirmaron que, aunque la situación actual no era comparable a la de 1915 y los revolucionarios no tenían la influencia que tenían en la clase obrera en 1915, el espíritu de la Conferencia de Zimmerwald debe actuar como una brújula, que sigue siendo válida hoy, como un punto de referencia para los revolucionarios en la lucha contra la guerra imperialista.
En la reunión, el delegado de la TCI (CWO) tuvo la oportunidad de exponer los motivos de su negativa a firmar la declaración conjunta. Expuso sus razones, pero sus argumentos no sólo no convencieron a los participantes, sino que alimentaron más discusiones. El representante de la TCI/CWO afirmó que no firmar la declaración no era una cuestión de principios, pero la TCI/CWO consideró que los criterios para quiénes debían firmar eran demasiado estrechos. Según el camarada: ellos quieren reunir a quienes estén de acuerdo con la iniciativa “Ninguna Guerra salvo la Guerra de Clases” (NWBCW); al firmar la Declaración Conjunta, la TCI respaldaría implícitamente la visión de la CCI sobre el parasitismo; ellos trabajan con Controversias y el Grupo Internacional de la Izquierda Comunista, y la CCI no; la CCI ha calificado de parásitos a camaradas que han estado luchando durante años; quizás la TCI pueda atraerlos de regreso a la izquierda comunista a través de la propuesta NWBCW.
Varios participantes que fueron antiguos miembros de la CCI rechazaron la afirmación del representante de la TCI/CWO de que cada militante que abandona la CCI es etiquetado como parásito, afirmando que nunca han sido privados de ninguna actividad y que los camaradas de la CCI siempre están muy abiertos a la discusión y la solidaridad. Destacaron que el problema del parasitismo está relacionado con un comportamiento no proletario.
Algunos participantes intervinieron criticando la iniciativa NWBCW; sin embargo, el Presidium pidió a los participantes que pospusieran la discusión sobre NWBCW hasta la próxima reunión pública. En las discusiones se argumentó que los internacionalistas no pudieron emitir una declaración conjunta frente a la Guerra Española del 36, la Segunda Guerra Mundial, la Guerra de Corea, etc. Hoy la adopción de la Declaración Conjunta fue un golpe al sectarismo en el Medio Político Proletario y un paso adelante. Algunos camaradas que al comienzo de la reunión habían dado crédito a la TCI por negarse a firmar la Declaración Conjunta quedaron convencidos por la discusión de la necesidad de esta última. Un camarada dijo en las conclusiones que creía que el debate era constructivo, incluso si las diferencias entre la CCI y la TCI eran significativas. Estas diferencias deben articularse más y desarrollarse en debates comunes. Otro participante afirmó que, aunque no estaba de acuerdo con algunas de las posiciones de la CWO, estaba convencido de que la Izquierda Comunista no podría llevar a cabo sus tareas históricas sin la participación de grupos como los bordiguistas o la TCI. Según él, es una lástima que no hayan comprendido la importancia de esta acción ante la guerra de Ucrania.
La opinión predominante en la reunión fue que, aunque sólo una minoría de todos los grupos de la Izquierda Comunista firmó la Declaración Conjunta, esta última seguiría convirtiéndose en un punto de referencia en la tradición comunista de izquierda, al que otros grupos y militantes podrían referirse.
Voz Internacionalista
Istituto Onorato Damen
Corriente Comunista Internacional
15 de junio de 2022
[1] Declaración conjunta de grupos de la Izquierda Comunista Internacional sobre la guerra en Ucrania, abril 2022 https://es.internationalism.org/content/4807/declaracion-conjunta-de-grupos-de-la-izquierda-comunista-internacional-sobre-la-guerra [6]
https://en.internationalistvoice.org [7] ; http://www.istitutoonoratodamen.it [5]
¡Trabajadores de Europa! La guerra ha durado más de un año. Millones de cadáveres yacen en los campos de batalla; Millones de hombres han quedado lisiados de por vida. Europa se ha convertido en un gigantesco matadero humano. Toda la ciencia, el trabajo de muchas generaciones, está dedicada a la destrucción. La barbarie más salvaje celebra su triunfo sobre todo aquello que hasta la fecha constituía el orgullo de la humanidad.
Cualquiera que sea la verdad en cuanto a sobre quién recae la responsabilidad inmediata por el estallido de la guerra, una cosa es segura: la guerra que ha ocasionado este caos es el resultado del imperialismo, de los esfuerzos de las clases capitalistas de cada nación por satisfacer su avidez de ganancias, por la explotación del trabajo humano y de los tesoros de la Naturaleza.
Las naciones económicamente atrasadas o políticamente débiles caen bajo el yugo de las grandes potencias, que intentan a sangre y fuego cambiar el mapa del mundo de acuerdo con sus intereses explotadores. Pueblos y países enteros, como Bélgica, Polonia, los Estados balcánicos y Armenia, ya sea como unidades o en secciones, corren el riesgo de ser anexionados, botín en la negociación de compensaciones.
A medida que avanza la guerra, sus verdaderas fuerzas impulsoras se hacen evidentes en toda su bajeza. Pieza a pieza se va cayendo el velo que ha ocultado el significado de esta catástrofe mundial a la comprensión de los pueblos. En todos los países, los capitalistas que forjan el oro de la guerra con la sangre del pueblo declaran que la guerra es por la defensa nacional, la democracia y la liberación de las nacionalidades oprimidas. ¡ELLOS MIENTEN!
En realidad, están enterrando en los campos de la devastación las libertades de sus propios pueblos, junto con la independencia de otras naciones. Nuevas trabas, nuevas cadenas, nuevas cargas están surgiendo y los trabajadores de todos los países, tanto de los victoriosos como de los vencidos, tendrán que soportarlas. Elevar la civilización a un nivel superior fue el objetivo anunciado al comienzo de la guerra: miseria y privaciones, desempleo y miseria, desnutrición y enfermedades son los resultados reales. Durante décadas y décadas por venir, el costo de la guerra devorará la fuerza de los pueblos, pondrá en peligro la labor de reforma social y obstaculizará cada paso en el camino del progreso.
Desolación intelectual y moral, desastre económico, reacción política: tales son las bendiciones de esta horrible lucha entre las naciones. Así, la guerra revela la forma desnuda del capitalismo moderno, que se ha vuelto irreconciliable, no sólo con los intereses de las masas trabajadoras, no sólo con las circunstancias del desarrollo histórico, sino incluso con las condiciones elementales de existencia de la comunidad humana. Las fuerzas dominantes de la sociedad capitalista, en cuyas manos estaban los destinos de las naciones, los gobiernos monárquicos y republicanos, la diplomacia secreta, las grandes organizaciones patronales, los partidos de la clase media, la prensa capitalista, la Iglesia, todas estas fuerzas deben cargar con todo el peso de la responsabilidad de esta guerra, que ha sido producida por el orden social que los nutre y protege y que se lleva a cabo en aras de sus intereses.
¡Obreros!
Explotados, privados de vuestros derechos, despreciados: habéis sido llamados hermanos y camaradas al estallar la guerra cuando ha llegado la hora de enviaros a marchar hacia el caos, hacia la muerte. Y ahora, cuando el militarismo os ha mutilado, destrozado, humillado, aplastado, los gobernantes os exigen el abandono de vuestros intereses, de vuestras metas, de vuestros ideales; en una palabra, la sumisión servil a la “tregua nacional”. Se os impide expresar vuestros puntos de vista, vuestros sentimientos, vuestro dolor; no se os permite presentar vuestras reivindicaciones y luchar por ellas. La prensa está amordazada, los derechos y libertades políticas son pisoteados; así gobierna hoy la dictadura militar con mano de hierro. No podemos ni nos atrevemos a permanecer inactivos ante un estado de cosas que amenaza todo el futuro de Europa y de la humanidad. Durante muchas décadas la clase trabajadora socialista ha llevado a cabo la lucha contra el militarismo. Con creciente ansiedad, sus representantes en sus conferencias nacionales e internacionales se dedicaron al peligro de la guerra, resultado de un imperialismo cada vez más amenazador. En Stuttgart, Copenhague y Basilea, los Congresos Socialistas Internacionales indicaron el camino que debían seguir los trabajadores. No obstante, partidos socialistas y organizaciones obreras de varios países, pese a haber contribuido en su día a la elaboración de estas decisiones, han olvidado y repudiado desde el comienzo de la guerra las obligaciones que les imponían. Sus representantes han llamado e inducido a los trabajadores a suspender la lucha obrera, único medio posible y eficaz para la emancipación de la clase obrera. Han votado para las clases dominantes los créditos para continuar la guerra. Se han puesto a disposición de sus Gobiernos para prestarles los más variados servicios. Han intentado a través de su prensa y sus enviados ganarse a los neutrales a las políticas gubernamentales de sus respectivos países. Han entregado a sus gobiernos ministros socialistas como rehenes para el acatamiento de la tregua nacional y, por lo tanto, han asumido la responsabilidad de esta guerra, sus objetivos y sus métodos. Y así como los partidos socialistas fracasaron por separado, también fracasó el más alto organismo de las organizaciones socialistas de todos los países: el Buró Socialista Internacional. Estos hechos constituyen una de las razones por las que el movimiento obrero internacional, incluso cuando sectores de él no fueron víctimas del pánico nacional del primer período de la guerra, o cuando se elevaron por encima de él, no haya encontrado aún en el segundo año de la matanza de pueblos los medios para emprender en todos los países una lucha activa y simultanea por la paz.
En esta situación intolerable nos hemos reunido nosotros, representantes de los partidos socialistas, de los sindicatos o de sus minorías, nosotros, los alemanes, los franceses, los italianos, los rusos, los polacos, los letones, los rumanos, los búlgaros, los suecos, los noruegos, los holandeses y los suizos. nosotros que estamos en el terreno, no de la solidaridad nacional con la clase explotadora, sino de la solidaridad internacional de los trabajadores y la lucha obrera. Nos hemos reunido para unir nuevamente los lazos rotos de las relaciones internacionales y convocar a la clase trabajadora a reorganizarse y comenzar la lucha por la paz.
Esta lucha es también la lucha por la libertad, por la hermandad de naciones, por el socialismo. La tarea es emprender esta lucha por la paz, por una paz sin anexiones ni indemnizaciones de guerra. Una paz así sólo es posible cuando se condena toda idea de violar los derechos y libertades de las naciones. No debe haber ninguna incorporación forzosa de países total o parcialmente ocupados. Nada de anexiones, ya sea abiertas o encubiertas, y mucho menos aún subordinaciones económicas forzadas que, en razón de la perdida de autonomía política que entrañan, resultan todavía más intolerables si cabe. El derecho de las naciones a elegir su propio gobierno debe ser el principio fundamental inamovible de las relaciones internacionales.
¡Trabajadores organizados!
Desde que la guerra se desencadenó habéis puesto todas vuestras fuerzas, todo vuestro valor y vuestra capacidad de aguante al servicio de las clases poseedoras para mataros los unos a los otros. Ahora la tarea es enlistarse por vuestra propia causa, por los objetivos sagrados del socialismo, por la salvación de las naciones oprimidas y de las clases esclavizadas, mediante la lucha obrera irreconciliable.
Es tarea y deber de los socialistas de los países beligerantes iniciar esta lucha con todas sus fuerzas. Es tarea y deber de los socialistas de los países neutrales apoyar a sus hermanos por todos los medios eficaces en esta lucha contra la sangrienta barbarie.
Nunca en la historia del mundo ha habido una tarea más urgente, más noble, más sublime, cuyo cumplimiento debe ser nuestro trabajo común. Ningún sacrificio es demasiado grande ni ninguna carga demasiado pesada para lograr este fin: el establecimiento de la paz entre las naciones.
¡Hombres y mujeres trabajadores! ¡Madres y padres! ¡Viudas y huérfanos! ¡Heridos y lisiados! A todos los que sufren a causa de la guerra o a consecuencia de ella, clamamos sobre las fronteras, sobre los campos de batalla humeantes, sobre las ciudades y aldeas devastadas:
“¡Trabajadores de todos los países, uníos!”
En nombre de la Conferencia Socialista Internacional:
Por la delegación alemana: George Ledebour, Adolph Hoffman
Por la delegación francesa: A. Bourderon, A. Merrheim
Por la delegación italiana: G.E. Modigliani, Consanino Lazzari
Por la delegación rusa: N. Lenin, Paul Axelrod, M. Bobrov
Por la delegación polaca: St. Lapinski, A. Warski, Cz. (Jacob) Hanecki
Por la Federación Socialista Interbalcánica: (Por la delegación rumana) G. Rakovsky (Por la delegación búlgara) Vasil Kolarov
Por las delegaciones sueca y noruega: Z. Hoglund, Ture Nerman
Por la delegación holandesa: H. Roland Holst
Por la delegación suiza: Robert Grimm
Septiembre de 1915.
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La Conferencia de Zimmerwald (contra la guerra) se celebró en Suiza en septiembre de 1915. Aunque sólo asistieron 42 delegados (cuatro vagones los llevaron a todos, Trotsky relata) la Conferencia sentó las bases de una nueva Internacional, la Tercera Internacional.
Declaración de la izquierda
Los abajo firmantes declaran lo siguiente:
El manifiesto adoptado por la Conferencia no nos satisface completamente. No contiene ningún pronunciamiento ni sobre el oportunismo abierto ni sobre el oportunismo que se esconde bajo una fraseología radical: el oportunismo que no sólo es la causa principal del colapso de la Internacional, sino que se esfuerza por perpetuar ese colapso. El manifiesto no contiene ninguna declaración clara sobre los métodos de lucha contra la guerra.
Continuaremos, como lo hemos hecho hasta ahora, defendiendo en la prensa socialista y en las reuniones de la Internacional, una posición marxista clara con respecto a las tareas que la época del imperialismo ha asignado al proletariado.
Votamos por el manifiesto porque lo consideramos un llamado a la lucha y en esta lucha estamos ansiosos de marchar codo con codo junto a las otras secciones de la Internacional.
Solicitamos que nuestra presente declaración sea incluida en la prensa oficial.
Firmado: N. Lenin, G. Zinoviev, Radek, Nerman, Hoglund, Winter
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Direcciones postales de los grupos que firmaron la Declaración Conjunta
Corriente Comunista Internacional [email protected] [9]; [email protected] [10]
Instituto Onorato Damen [email protected] [11]
Voz Internacionalista [email protected] [12]
Perspectiva Comunista Internacionalista [email protected] [13]
Links
[1] https://es.internationalism.org/files/es/pdf/boletin_de_discusion_izq_com_1_esp.pdf
[2] https://es.internationalism.org/en/tag/vida-de-la-cci/correspondencia-con-otros-grupos
[3] https://es.internationalism.org/en/tag/desarrollo-de-la-conciencia-y-la-organizacion-proletaria/corriente-comunista-internacional
[4] http://www.es.internationalism.org
[5] http://www.istitutoonoratodamen.it
[6] https://es.internationalism.org/content/4807/declaracion-conjunta-de-grupos-de-la-izquierda-comunista-internacional-sobre-la-guerra
[7] https://en.internationalistvoice.org
[8] https://www.leftcom.org/es
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