En el verano de 2015 un enorme aluvión de refugiados llega a Europa procedente de un cinturón de caos que rodea este supuesto continente privilegiado: el arco que va desde Afganistán a Libia, pasando por Irak, Siria, Palestina, Ucrania, Somalia, Sudán, Chad, República Centroafricana, Mali etc., sumido en un océano espantoso de guerras, caos, sumergido en un agujero negro donde cualquier forma de vida humana está en riesgo. En noviembre de 2015, los atentados de París trajeron una muestra bárbara de esa locura a la ciudad considerada la joya turística del mundo.
Estos hechos muestran la validez del análisis que Rosa Luxemburg desarrolló un siglo antes (1915) ante el salvajismo inaudito de la Primera Guerra Mundial. Entonces decía: “El mundo “civilizado” que contempló con calma la masacre de decenas de miles de héroes a manos de este imperialismo, cuando el desierto de Kalahari se conmovió con el grito de los sedientos y los estertores de los moribundos, cuando diez años más tarde, en Putumayo, cuarenta mil seres humanos fueron torturados a muerte por una pandilla de piratas europeos, y lo que quedaba de todo un pueblo fue golpeado hasta la locura, cuando la antigua civilización china fue entregada a la destrucción y anarquía, a sangre y fuego, de la soldadesca europea (…) lanzó un grito horrorizado cuando Bélgica, esa joyita invalorable de la cultura europea, cuando los venerables monumentos artísticos del norte de Francia, cayeron hechos pedazos por el ataque avasallante de una fuerza ciega y destructora”[1].
Hoy podemos decir lo mismo: la barbarie incalificable que provoca la tensión imperialista de los que principales responsables son las grandes potencias capitalistas (USA, Alemania, Francia, Rusia, China, etc.) vuelve como un boomerang a los centros del capitalismo mundial transportando el caos y la barbarie que se ha extendido por numerosas zonas del planeta.
Nuestra organización está denunciando las dos caras de este boomerang: la ola de refugiados y la agudización de la guerra imperialista. En los dos artículos que aquí resumimos abordamos la primera de ellas.
Pero para evitar la tremenda confusión que organizan los medios, es necesario hacer una precisión sobre lo que es emigración económica y lo que son refugiados de guerra. Aunque la voracidad capitalista le lleva a aprovechar a precio irrisorio el trabajo de algunas capas de refugiados (Alemania da la “bienvenida” a algunos refugiados bien preparados que pueden trabajar por salarios de hambre), los refugiados de guerra no son lo mismo que la emigración económica. La emigración económica formó a la clase obrera desde el siglo XVII, los refugiados de guerra que toman una proporción gigantesca en la decadencia capitalista expresan el callejón sin salida en que se hunde este sistema a partir del siglo XX.
Desde hace miles de años, las personas se han visto obligadas a huir de la guerra, de la persecución, del hambre y las catástrofes naturales como la sequía, las inundaciones, las erupciones volcánicas, etc. Pero, estos movimientos no eran un fenómeno permanente y afectaban, normalmente, sólo a una pequeña parte de la población sedentaria. Con el inicio de la agricultura, la cultura de las plantas y la domesticación de los animales, la humanidad desarrolló durante miles de años un modo de vida sedentario. Bajo el feudalismo, los agricultores estaban vinculados a la tierra, y seguían siendo siervos, desde el nacimiento a la muerte, en la tierra que pertenecía a su señor. Pero, con la aparición del capitalismo, alrededor de los siglos XIV y XV, las condiciones cambiaron rápidamente.
El capitalismo se ha extendido mediante la conquista, utilizando una intensa y masiva violencia a través del globo. Desde el inicio, en Europa, donde el proceso de cercamiento de los terrenos comunales obligó a los agricultores que vivían en la autarquía a abandonar la tierra comunal para aglutinarse en las ciudades a la búsqueda de un empleo en las fábricas. Marx describió la acumulación primitiva como el proceso de “separación radical del productor con los medios de producción… Grandes masas de hombres han sido ya despojados de sus medios de subsistencia y azuzados a “venderse a sí mismos” en el mercado de trabajo”[2].
Esta separación del campesinado del suelo, y de todos sus medios de producción, significó el desarraigo de millones de personas. Porque el capitalismo necesita “la abolición de todas las leyes que impiden a los trabajadores desplazarse de una esfera de la producción a otra y de una producción a otra”[3].
Al mismo tiempo, que el capitalismo en Europa obligaba a los agricultores a vender su fuerza de trabajo, comenzó a extender su reino colonial en el mundo entero. Y, durante siglos, los cazadores de esclavos secuestraron a millones de personas, principalmente en África, con el fin de proporcionar la mano de obra barata necesaria para las plantaciones y las minas, ante todo en América. Cuando el esclavismo acabó, muchos esclavos que trabajaban en las plantaciones fueron reemplazados por trabajadores contratados. Durante toda su expansión, el capitalismo ha desarraigado y desplazados a muchísimas personas, ya sea forzándolas a dejar su tierra, vendiendo su fuerza de trabajo al capitalismo, ya sea secuestrando la fuerza de trabajo y transformándoles en esclavos intercambiados en otro continente. De la misma manera que el capitalismo necesita de una movilidad muy grande, incluso infinita para sus productos, y del libre acceso al mercado, el impone al mismo tiempo la movilidad más amplia en el acceso a la mano de obra. El capitalismo debe poder movilizar la fuerza de trabajo mundial sin restricciones para poder utilizar todas las fuerzas productivas del planeta (en los límites impuestos por un sistema de producción de plusvalía). “Estas fuerzas de trabajo, sin embargo, se encuentran la mayor parte del tiempo ligadas a las tradiciones rígidas de las formas de producción pre-capitalistas; el capitalismo debe primero “liberarlas” antes de poder enrolarlas en el ejército activo del capital. El proceso de emancipación de las fuerzas de trabajo de las condiciones sociales primitivas y su integración en el sistema asalariado capitalista es uno de los fundamentos históricos indispensables para el capitalismo”[4].
La movilidad tiene un significado especial en el capitalismo: “El capitalismo crea necesariamente la movilidad en el seno de la población, lo que no era un requisito en los sistemas económicos precedentes, y que habría sido imposible poner en marcha a gran escala”[5].
El proletariado se ve obligado, de este modo, a desplazarse sin cesar, siempre a la búsqueda de una ocasión, de un lugar donde vender su fuerza de trabajo. Ser asalariado implica verse obligado a desplazarse ya sea en largas que en cortas distancias e incluso desplazarse hacia otros países y continentes. En todos los lugares donde un obrero puede vender su fuerza de trabajo. Ya sea bajo formas violentas o por “simple” coerción económica, el capitalismo, desde sus inicios, ha explotado la fuerza de trabajo en el conjunto del planeta, ha sido global. En otros términos: la clase obrera, por la naturaleza de las condiciones del capitalismo, es una clase de migrantes y es, por esto, que los obreros no tienen patria. No obstante, las distancias que debe recorrer un obrero migrante dependen de la situación económica y de otros factores como el hambre, la represión o la guerra.
A lo largo del siglo XIX, en la fase ascendente del capitalismo, esta migración tenía lugar hacia las zonas de expansión económica. La migración y la urbanización iban de la par. En numerosas ciudades europeas, en el curso de los años que van de 1840 a 1880, la población se duplicó en 30-40 años; en sólo algunas décadas o incluso meses, pequeñas villas concentradas alrededor de las minas de carbón, de hierro o de nuevas fábricas se hincharon para convertirse en enormes ciudades.
Al mismo tiempo, mientras que el capitalismo se encuentra permanentemente plagado de crisis económicas, un “excedente” de fuerza de trabajo incrementa la masa de parados a la búsqueda de un empleo. En la fase ascendente, las crisis del capitalismo eran esencialmente cíclicas. Cuando la economía entraba en crisis, muchos trabajadores podían emigrar y cuando una nueva fase de expansión llegaba la industria necesitaba trabajadores suplementarios. Millones de obreros podían emigrar libremente, sin mayores restricciones (en primer lugar, porque el capitalismo se encontraba todavía en expansión), especialmente en los Estados Unidos. Entre 1820 y 1914, cerca de 25 millones y medio de personas procedentes de Europa emigraron a los Estados Unidos. En total, cerca de 50 millones de personas dejaron el continente europeo. Pero estas oleadas de migraciones, esencialmente económicas, se desaceleraron considerablemente con la Primera Guerra Mundial, con la modificación de las condiciones históricas globales, en particular durante la crisis económica (que hasta entonces eran coyunturales) que se convirtió no sólo en duradera sino en permanente. Masiva y casi sin límites, la migración fue progresivamente seleccionada, filtrada, cada vez más difícil, haciéndose ilegal. Desde la Primera Guerra Mundial se abrió un período de controles cada vez más estrictos en las fronteras para los migrantes económicos.
Sin embargo, debemos distinguir entre migraciones económicas y las que se producen por motivos de guerra: cada refugiado es un migrante pero cada migrante no es un refugiado. Un migrante es alguien que deja su región a la búsqueda de un trabajo. Un refugiado es alguien para el cual la vida se encuentra amenazada inmediatamente y que se desplaza para encontrar un lugar donde se sentirá más seguro.
Las guerras y los pogromos no son un fenómeno nuevo. Toda guerra implica violencia, obligando a las personas a huir de los lugares de combate para seguir con vida. De este modo, los refugiados de guerra existen desde que existen guerras y los refugiados de guerra aparecieron mucho antes de que el capitalismo obligase a los obreros a migrar económicamente. Sin embargo, la guerra ha cambiado cuantitativa y cualitativamente con la Primera Guerra Mundial. Hasta entonces, el número de refugiados de guerra era relativamente bajo. El número de víctimas de pogromos, como contra los judíos (en Rusia o en otros lugares) era igualmente bastante reducido. En los siglos precedentes, el problema de los refugiados era un problema temporal y limitado. Desde el inicio del siglo XX, con el desarrollo de la decadencia del capitalismo, en cada guerra mundial y, desde 1989, con la multiplicación de las guerras “locales” y “regionales” sin fin, la cuestión de los refugiados de guerra adquirió otra dimensión. El número de los refugiados y de los migrantes económicos depende, de este modo, de las condiciones históricas, de los tirones de las crisis económicas y del punto en el que la guerra se está extendiendo.
Hemos previsto publicar una serie de artículos sobre la cuestión de los refugiados y sobre la migración desde diferentes perspectivas. Ya hemos publicado un artículo sobre la migración y tenemos el proyecto de volver sobre esta cuestión de una manera más detallada. Empezamos la serie con el desarrollo de la espiral de la violencia en el siglo XX y sus consecuencias, que se tradujeron por una huida hacia delante en la guerra, examinando más precisamente las diferentes fases que van de la Primera Guerra Mundial, y todo lo que esto implicaba. Después examinaremos el período que va de la Guerra Fría a nuestros días. En otro artículo, examinaremos más de cerca la política de la clase dirigente y cuáles son las consecuencias para la lucha de la clase obrera.
“Una cosa es cierta, la guerra mundial representa un trastrocamiento para el mundo (…) tras la erupción del volcán imperialista, el ritmo de la evolución ha recibido un impulso tan violento que, a su lado, los conflictos que surgirán en el seno de la sociedad y al lado de las tareas que esperan al proletariado socialista en lo inmediato, toda la historia del movimiento obrero parece no haber sido hasta aquí sino una época paradisiaca” (Rosa Luxemburg, Folleto de Junius, 1916).
El brutal y violento impulso del capitalismo decadente evocado por Rosa Luxemburg se verifica, de modo especial, por la suerte trágica de las poblaciones civiles del siglo XX sometidas a unos hechos de una amplitud sin precedentes: encerrados en los campos de refugiados, de deportados y de liquidación masiva. El efecto combinado de las guerras, de la crisis económica y de las condiciones de opresión en la decadencia capitalista ha liberado un engranaje irracional, una violencia ciega compuesta de pogromismo, de “limpiezas étnicas” y de militarización a ultranza. ¡El siglo XX es uno de los más bárbaros de la historia!
El año 1914 y su histeria chovinista abren una espiral de violencia sin precedentes. Si en las sociedades del pasado las guerras conducían a masacres con frecuencia locales y a la opresión, no provocaban nunca grandes éxodos masivos, el acorralamiento de las poblaciones y la paranoia conducen a buscar, a cualquier precio, un control absoluto de estas últimas por parte de los Estados. La guerra moderna se convierte en total. Moviliza, en adelante y durante años, el conjunto de la población y la máquina económica al completo de los países beligerantes, reduciendo a la nada décadas de trabajo humano, segando decenas de millones de vidas, condenando al hambre a cientos de millones de seres humanos. Sus efectos no se limitan más a simpes conquistas, con sus procesiones de violaciones y de pillajes, sino a destrucciones gigantescas a escala mundial. Al desarraigo, por el éxodo rural provocado por las relaciones sociales capitalistas, la guerra total añade la movilización y la inmersión brutal de toda la sociedad civil al servicio del frente o, directamente, en las trincheras. Se trata de un verdadero salto cualitativo. Las poblaciones, de las que la mayor parte de la juventud se encontraban desplazada a la fuerza como soldados, se veían obligadas a enfrentarse en un baño de sangre. Los civiles en la retaguardia se desangraban, en nombre del esfuerzo de guerra, y los prisioneros de las naciones enemigas eran almacenados como ganado en los primeros campos de concentración. No existían aún, durante la Gran Guerra, campos de exterminio pero podemos, sin embargo, hablar ya de confinamientos y deportaciones. Cualquier extranjero se convierte automáticamente en sospechoso. En el Reino Unido, por ejemplo, los extranjeros son ubicados en las pistas de carreras de Newbury o en la Isla de Man. En Alemania, los prisioneros y los civiles son encerrados en los campos de Erfurt, de Munster o de Darmstadt. En Francia, 70 campos de internamiento están en funcionamiento de 1914 a 1920 en el litoral Oeste (en la bahía de Brest) y en los departamentos del sur del Hexágono. Se trataba, en un inicio, de edificios ya existentes o de perímetros vigilados y rodeados de alambradas de púas. La transferencia de un campo a otro se hacía en vagones de tren de ganado y toda revuelta era reprimida con violencia. Es inútil precisar que numerosos militantes comunistas se encontraba internado en ellos, como también lo fueron, por ejemplo, mujeres “comprometidas con el enemigo” y otros “indeseables”. Un campo como el de Pontmain permitía encerrar a los turcos, los austro-húngaros o los alemanes (los más numerosos). Se trata de una prefiguración del universo concentracionario que iba a establecerse en los años 30 y llegaría al paroxismo en la Segunda Guerra Mundial. Mientras, que se animaban prejuicios xenófobos, los indígenas de las regiones lejanas eran al mismo tiempo trasladados a Europa, como reclutas enrolados a la fuerza y utilizados como carne de cañón. A partir de 1917-18, bajo las órdenes de Clemenceau en Francia, 190.000 magrebíes serán enviados al frente. 170.000 hombres de África del Oeste, los célebres “exploradores senegaleses”, serán movilizados en su mayor parte por la fuerza, los chinos serán también movilizados por Francia y los británicos. Inglaterra enviará a la guerra africanos e hindúes (un millón y medio sólo en el subcontinente indio). Los beligerantes, como lo muestran igualmente las “salvajes divisiones” del Cáucaso del ejército ruso, fabricaran carne de cañón especializada, a los que debe añadirse los conejillos de indias para las empresas militares más peligrosas. Además de los soldados desplazados más de 12 millones de europeos se verán obligados a huir de la guerra para convertirse en “refugiados”.
Fueron las poblaciones armenias las que sufrirán una de las tragedias más importantes de la guerra, un hecho que es considerado como el primer auténtico genocidio del siglo XX. En el curso del siglo XIX, la voluntad de emancipación de los armenios (como la de los griegos) fue uno de los principales motivos de persecución por parte del Imperio Otomano. Un movimiento político, el de los “jóvenes turcos”, que se vinculó a un poderoso nacionalismo e ideología panturca fue quien preparó esta terrible catástrofe. Convertidos, los armenios, en chivos expiatorios durante la guerra, especialmente en el momento de la derrota contra los rusos, fueron presa fácil de una masacre planificada y programada de antemano desde abril de 1915 al otoño de 1916. Tras haber arrestado inicialmente a intelectuales, posteriormente, el resto de la población armenia fue sistemáticamente deportada y diezmada en masa por el Estado turco. Las mujeres y los niños fueron transportados en barcos y ahogados a lo largo de las costas o vendidos como esclavos. El ferrocarril y la línea hacia Bagdad iban a ser utilizados para la deportación masiva hacia el desierto o a los campos, algunos de los cuales iban a ser utilizados para el exterminio de la población. Un número considerable de armenios iban a morir sedientos en el desierto de Mesopotamia. Los que pudieron escapar a la masacre acabarían convertidos en miserables refugiados, hay que contar, entre ellos, a miles de huérfanos. Constituyeron una verdadera diáspora (un número importante acabaron en los Estados Unidos donde aún hoy existe una significativa comunidad). Hay que entender que todo esto fue rápidamente olvidado por las “grandes democracias”. ¡Cuándo hubo más de un millón de armenios asesinados!
El derrumbe de los últimos grandes imperios, durante esta terrible guerra, iba a generar una multitud de tensiones nacionalistas, con consecuencias igualmente desastrosas para otras muchas minorías. La formación de los Estados-naciones, que finaliza antes de la Primera Guerra Mundial, fue acompañada enseguida por una fragmentación de los viejos imperios moribundos. Fue, en especial, el caso de los Imperios Austro-Húngaro y otomano con poblaciones distribuidas en auténticos mosaicos de colores y rodeadas por buitres hambrientos, las potencias imperialistas europeas. Luchando por su propia supervivencia, estos imperios en ruinas, en un último sobresalto, trataron de fortificar sus fronteras, desplegaron alianzas militares desesperadas y procedieron a intercambiar poblaciones, intentos de asimilación forzada generando divisiones crecientes y “limpiezas étnicas”. El conflicto greco-turco, frecuentemente presentada como la consecuencia de una reacción “espontánea” por parte de las multitudes turcas, fue orquestado perfectamente por el nuevo Estado naciente y su moderno dirigente Mustapha Kemal Atatürk. Iba a fundar una nación turca y llevar a cabo una larga y mortífera guerra contra los griegos. Durante este conflicto los griegos llevaron a cabo auténticos pillajes, grupos de civiles organizados en bandas incendiaban los pueblos turcos y cometieron toda suerte de atrocidades contra sus habitantes. Por su parte, de 1920 a 1921, las fuerzas turcas cometieron igualmente todo tipo de atrocidades y masacres de una gran crueldad contra los griegos y contra los armenios. Desde el inicio se asistió a un traslado de poblaciones de los griegos de Turquía y a la inversa (1.300.000 griegos de Turquía contra 385.000 turcos de Grecia). En 1923, el Tratado de Lausana causó este tipo de prácticas violentas por medio de un conjunto de procedimientos administrativos. Miles de griegos y de turcos fueron expulsados, por medio de este intercambio oficial, y un buen número de ellos murieron en pleno éxodo.
De un modo más general, en estas condiciones, estos desplazamientos y una concentración de poblaciones debilitadas y hambrientas en todo el continente, no es sorprendente que los focos de infecciones patógenas se multiplicasen. La Europa Central y Oriental fue rápidamente afectada por el tifus. De un modo más espectacular, el mundo iba a ser maldecido por la “gripe española”, que se propagó rápidamente gracias a la confusión ocasionada por la guerra, causando de 40 a 50 millones de muertos. El peor recuerdo anterior había sido el cólera del siglo XIX. Había que remontarse a la Edad Media, con la gran peste sobre Occidente, para encontrase con epidemias de esta amplitud (el 30 % de la población fue diezmada).
Esta realidad bárbara no había podido originarse si la clase obrera no se hubiese visto por encerrada el nacionalismo y emborrachada por el patriotismo. Y, sin embargo, frente a estas condiciones el proletariado alzó su cabeza y demostró que sólo su fuerza podía acabar con la carnicería, deteniendo la máquina de guerra. Gracias a los motines de 1917 y a la oleada revolucionaria que empezó en Rusia, a las sublevaciones obreras en Alemania (revueltas de los marinos en Kiel en 1918 e insurrecciones en las grandes ciudades, como en Berlín) los principales países beligerantes se vieron obligados a firmar el armisticio. Había, pues, que acabar con el conflicto debido a la amenaza de una revolución mundial inminente.
La clase dominante tenía sólo una obsesión cara a las deserciones, a las desmovilizaciones y, sobre todo, frente al riesgo de la conflagración social: aplastar los focos de la revolución comunista. Para aplastar al proletariado una nueva oleada de violencia iba a desencadenarse por todas partes. Un profundo odio iba a empujar la reacción que cercaría la Rusia bolchevique a través de tropas de la Entente. La terrible guerra civil de los “ejércitos blancos” había sido lanzada. Los ejércitos de los Estados capitalistas de Europa, Estados Unidos y Japón a través de su guerra contra la clase obrera en Rusia. Todo esto causó un número ingente de víctimas. Al mismo tiempo, un bloqueo iba a provocar amplias hambrunas en Rusia. El proletariado se había convertido en el enemigo común de todas las potencias capitalistas. Ante la amenaza proletaria, había que “cooperar”. Pero, al contrario que en los países vencedores, la burguesía y sobre todo la pequeña burguesía de los países vencidos, como Alemania, iban a desarrollar un profundo sentimiento, el de haber recibido una “puñalada por la espalda”, de haber sido “humillados” por el “enemigo interior”. Las drásticas condiciones del Tratado de Versalles iban a precipitar la búsqueda de chivos expiatorios, lo que condujo al desarrollo del antisemitismo y el desencadenamiento de una auténtica caza al hombre contra los comunistas, convertidos en responsables de todos los males (como la caza abierta a los espartakistas). El punto culminante fue el de la Comuna de Berlín en 1919 y la sucesión de masacres de un salvajismo extremo: “Bien cubiertos, los carniceros empezaron a trabajar. Mientras bloques enteros de casas se derrumbaban bajo el fuego de la artillería y los morteros, enterrando a familias enteras bajo los escombros, otros proletarios cayeron ante sus casas, en los patios de la escuela, en los establos, golpeados con culatas de fusil, atravesados por las bayonetas, a menudo denunciados por informantes anónimos. Fusilados solos o en pareja, en grupos de tres o más; o asesinados por un disparo en la nuca, en plena noche, en orillas del Spree. Durante semanas, el río arrojó cadáveres sobre las orillas”[6].
Las sucesivas derrotas obreras iban a encontrarse marcadas por el asesinato de las grandes figuras del movimiento obrero, de las que las más celebres fueron Rosa Luxemburg y Karl Liebknecht. En los años 20, la feroz represión contra toda forma de oposición se desplegó más fácilmente debido a la contrarrevolución estalinista, por las expulsiones y la muerte, la creación de sus campos de trabajo y de internamiento, los gulags, que dará caza a los revolucionarios y aprisionará de un modo cada vez más sistemático a los grupos y obreros sospechosos de “sedición”.
En el cuadro de la decadencia capitalista y el del contexto de la contra-revolución, el odio al comunismo y su asimilación con el judío apátrida iban a contribuir a un cambio cualitativo en los pogromos antisemitas. En el siglo XIX, se produjeron toda una serie de pogromos contra los judíos, especialmente en Rusia, tras la anexión de Polinia. Los brotes de violencia eran recurrentes en Odesa, contra los judíos, durante toda la primera mitad del siglo XIX. Entre 1881 y 1884, violentos pogromos condujeron a masacres. Las poblaciones locales fueron incitadas y envalentonadas por las autoridades para entregarse a pillajes, violaciones y asesinatos. En 1903, una terrible oleada de pogromos golpeó la ciudad de Kishinev, los judíos fueron acusados, de forma completamente obscurantista e irracional, “de practicar crímenes rituales”. De 1879 a 1914 cerca de 2 millones de judíos se convirtieron en refugiados. Al inicio de los años 20, una nueva oleada de pogromos iba a afectar a Europa. Durante la guerra civil en Rusia, decenas de miles de judíos fueron masacrados por parte de “los ejércitos blancos”, especialmente en Ucrania y Biolorrusia, fundamentalmente por las tropas de Denikin[7]. Durante este período, los pogromos en el ex Imperio Ruso iban a causar entre 60.000 y 150.000 muertos[8]
La derrota del proletariado en Alemania iba a generar tensiones crecientes hacia los judíos, como en todas partes de Europa, empujando los primeros éxodos. El programa del NSDAP (el Partido Nazi) es del 24 de febrero de 1920 y se podía permitir señalar que: “Para ser ciudadano hay que tener sangre alemana, la sangre importa poco. Ningún judío puede entonces ser ciudadano”.
Con la preparación y la entrada en la guerra, una nueva era se había abierto: la del capitalismo en decadencia y su tendencia universal hacia el capitalismo de Estado. En adelante, cada Estado se veía movido a ejercer un control burocrático sobre el conjunto de la vida social. A través del endurecimiento de las fronteras, los controles y los abusos contra las poblaciones exiliadas y refugiadas se multiplicaron en nombre de los intereses militares o de la seguridad de los Estados. Contrariamente al período que precedió a la Primera Guerra Mundial, las migraciones serán en adelante motivo de restricciones. A partir de este momento se implementarán las principales medidas administrativas anti inmigrantes. Los desplazamientos de población durante la guerra condujeron a los Estados a establecer auténticos controles policiales de las identidades y a sospechar y fichar sistemáticamente de los extranjeros. En Francia, por ejemplo, “la creación de un carné de identidad tuvo lugar en 1917, una auténtica inversión de las costumbres administrativas y policiales. Nuestras mentalidades, hoy, han integrado esta estampa individual de la que sus orígenes policiales no son percibidas ya. No es por tanto algo neutro el que la institución del carné de identidad haya en primer lugar afectado a los extranjeros, para vigilarles y en pleno estado de guerra”[9]. De modo inmediato, los ejércitos percibían los movimientos de civiles (espontáneos o provocados) como una amenaza real, una “obstrucción” para la actividad de las tropas y la logística militar. Los Estados, desde el inicio, trataban de dar órdenes de evacuación, instrumentalizando a veces el destino de los civiles o de los refugiados para servirse de ellos como armas de guerra. Como fue el caso del conflicto greco-turco. La “solución” que tendió a desarrollarse, y a imponerse cada vez más fue la multiplicación de los campos de confinamiento, como lo hemos visto más arriba. Mientras que los refugiados han debido de huir de las zonas de combates (como fue el caso de los belgas en 1914 de cara al “invasor”) a pesar de que se pudieron beneficiar de la solidaridad y del trabajo de las asociaciones, muchos civiles estaban bajo el control directo de las autoridades y terminaban su doloroso éxodo en los campos. Los prisioneros se repartían por nacionalidades o “peligrosidad” de un modo masivo. Estas son las decisiones de los Estados defendiendo sus sórdidos intereses capitalistas, con los más “democráticos” a la cabeza, que fueron los auténticos carniceros de las poblaciones civiles transformadas en rehenes.
Al día de la siguiente de la guerra, después de la derrota física e ideológica del proletariado, un nuevo paso en la venganza iba a abrir un período preparando un nuevo conflicto aún más bárbaro y asesino. En un campo en ruinas, los Estados en Europa se encontraban en una situación difícil debido a la importante destrucción de su fuerza de trabajo. Los acuerdos iban, entonces, a favorecer la emigración económica. En los años 20, por ejemplo, Francia reclutó inmigrantes italianos, polacos y checoslovacos, lo que supuso un preludio a las nuevas campañas xenófobas que se iban a suceder tras la crisis económica y la terrible depresión, justo antes del curso abierto hacia una nueva guerra mundial.
WH, 28 de junio de 2015
La apertura de un segundo holocausto mundial iba a llevar a la barbarie a cotas inauditas para las poblaciones civiles y los refugiados. En una segunda parte abordaremos esta tragedia.
[1] La Crisis de la Socialdemocracia, https://www.marxists.org/espanol/luxem/09El%20folletoJuniusLacrisisdelasocialdemocraciaalemana_0.pdf [1]
[2] Karl Marx, El Capital, volumen I, capítulo XXVI, “El secreto de la acumulación primitiva”.
[3] Karl Marx, El Capital, volumen III, capítulo X.
[4]Rosa Luxemburg, La acumulación del capital, capítulo XXVI.
[5]Lenin, El desarrollo del capitalismo en Rusia, La “misión” del capitalismo.
[6] Fröhlich , Lindau, Schreiner, Walcher, Révolution et contre-révolution en Allemagne1918-1920, Ed. Science marxiste.
[7]Debido a estos pogromos, nuestro camarada MC, por ejemplo, tuvo que exiliarse con una parte de su familia, refugiándose en Palestina (ver Revista Internacional nos 65 y n°66. 2º y 3º trimestre de 1991).
[8]Según Le livre des pogroms, antichambre d'un génocide, coordinado por Lidia Miliakova.
[9] P.J Deschodt y F. Huguenin, La République xénophobe, Ed. JC Lattès.
En enero de este año, los miembros de la sección turca de la CCI anunciaron su abandono de la organización: la explicación de su partida fue publicada un par de meses después firmada por un nuevo grupo que se daba el nombre de “Pale Blue Jadal”, con el título “ [4]On our departure from the International Communist Current [4]” [4] [“Sobre nuestra salida de la Corriente Comunista Internacional”]. Nuestro objetivo en el artículo que sigue es tratar lo que, bajo nuestro punto de vista, son las cuestiones principales puestas sobre la mesa por la partida de estos ex-camaradas.
El editorial del primer número de nuestra Revista Internacional, publicado en 1975, expone claramente el objetivo que la joven CCI se propuso: “En este periodo de crisis generalizada, preñado de convulsiones y agitaciones sociales, una de las tareas más arduas y urgentes que enfrentan los revolucionarios es la unificación de las escasas fuerzas revolucionarias que hoy día se encuentran dispersas por el mundo. Esta tarea sólo puede emprenderse si se acomete desde el primer momento a nivel internacional. Esta ha sido siempre una preocupación central de nuestra corriente”. Para una organización así, perder a un militante es una desgracia. Perder a toda una sección, un fracaso. Por tanto, es un deber para nosotros, para todos los que se identifican con la tradición de la Izquierda Comunista, y con la clase obrera en general, el examinar este fracaso en un espíritu de crítica sin concesiones, y exponer nuestras conclusiones a nuestros lectores.
Esta necesidad es aún más acuciante dada la naturaleza del texto escrito por nuestros ex-camaradas de Turquía, a los que en adelante hemos de llamar “Pale Blue Jadal” [PBJ a partir de ahora, algo que podría traducirse al castellano como “Tono azul pálido”, pero conservaremos el término inglés original en este texto, N. de T.]. Hay puntos en este texto con los que podemos coincidir, pero, no obstante, en general, el texto es un revoltijo tal de medias verdades, tergiversaciones, recriminaciones y confusión general que sólo es apenas reconocible para aquéllos que vivimos esos acontecimientos, y deben de ser ciertamente ininteligibles para cualquiera ajeno a la CCI. Esto no impedirá, por supuesto, que el texto de PBJ surta cierto efecto: los pusilánimes tendrán más razones para dudar, y nuestros enemigos (algunos de los cuales nos reservan un odio más propio del terreno de la psicopatología que del de la política) leerán en él lo que han estado esperando oír.
Para contestar cada una de las acusaciones de PBJ, deberíamos emprender algo parecido a la disección que Lenin hizo del Congreso de 1903 del POSDR en Un paso adelante, dos pasos atrás, pero de un período de más de 10 años: tendríamos que citar en detalle determinadas partes de borradores masivos de conferencias y congresos. Esto llevaría demasiado tiempo. Pondría a prueba la paciencia de nuestros lectores, y además dejaría expuesto a la contemplación pública los trabajos internos de nuestra organización, algo que ningún revolucionario en su sano juicio haría hoy. Por tanto, nos limitaremos a exponer nuestro punto de vista tan claramente como sea posible, y a corregir, de paso, algunos de los errores e insinuaciones más escandalosos de PBJ.
Comencemos por una cuestión en la que coincidimos con PBJ: que la integración del grupo EKS (“Enternasyionalist Komunist Sol”, o “Izquierda Comunista Internacionalista”, nombre que los miembros de la sección turca daban a su agrupación antes de integrarse en la CCI), como sección turca de la CCI, fue un proceso infectado de oportunismo. No nos proponemos ahondar en las razones de esto aquí: baste decir que intentamos forzar el ritmo de la historia, y esto es una fórmula clásica para el oportunismo.
“Forzar el ritmo”, por supuesto, a nuestro reducido nivel: principalmente, significó la decisión de “acelerar” las discusiones con el grupo EKS que estaba por convertirse en nuestra sección de Turquía. En particular, decidimos:
Viéndolo en retrospectiva, nuestro desdeñoso enfoque de la cuestión organizacional fue tan imperdonable como increíble. ¿Qué era EKS, después de todo? Como dice PBJ, era “sólo un conjunto de círculos de amigos politizados”, y sobre todo de círculos provenientes del medio pequeño-burgués estudiantil politizado. En otras palabras, era precisamente el tipo de círculo que Lenin describía en 1903. Dada nuestras pasadas experiencias, por no mencionar nuestra conciencia de cómo la mayor parte de nuestros propios errores se derivan de los orígenes de la CCI en el movimiento estudiantil de los 60-70, ¿cómo podíamos no ver que uno de los más grandes problemas que enfrentábamos con la integración del EKS era precisamente el de transmitir nuestra propia experiencia organizacional? ¿Cómo pudimos perder de vista nuestra propia crítica de la inutilidad de las integraciones precipitadas, oportunistas [5], como las que habían sido practicadas en el pasado por la TCI? Así las cosas, nuestra experiencia con la sección de Turquía sólo sirve como una nueva confirmación –si fuera necesaria alguna– de que esta crítica es fundamentalmente correcta y aplica a nosotros mismos tanto como lo hace para otros.
El próximo artículo sobre nuestro vigésimo primer Congreso da una respuesta general a estas preguntas: “El Congreso enfatiza que la CCI siempre se ha visto afectada por su ‘error de juventud’ inmediatista, que nos ha llevado repetidas veces a perder de vista el marco histórico y a largo plazo el cual es la base de las función de la organización”. Tales deficiencias son incluso más difíciles de superar en cuanto que se encontraban en la organización desde el principio[1]. Concretamente, esto nos dejó expuestos a una ilusión particularmente predominante entre los miembros del EKS, de que la dificultad para difundir nuestras posiciones entre las nuevas generaciones más jóvenes (especialmente en el relativamente nuevo mundo de Internet) se debía esencialmente a un problema de presentación[2], y que por tanto podíamos incrementar nuestra influencia difuminando nuestra insistencia en los principios organizacionales (a lo que PBJ llama “reconocer que nuestros traumas generaban problemas”). De esta forma, perdimos de vista los fundamentos históricos, materialistas, de nuestra práctica organizacional tal y como estaban expresados en nuestros estatutos, los cuales sólo pueden ser entendidos históricamente, como principios políticos[3], y como productos tanto del pasado del movimiento obrero (las fracciones e Internacionales), así como de nuestra propia experiencia. Tratamos los estatutos como meras “normas de conducta”, y la “discusión” sobre este asunto se hizo precipitadamente y en un solo día (lo que contrasta con los meses de correspondencia y discusión con EKS sobre las posiciones representadas en la Plataforma). No hubo discusión en torno a los “Comentarios sobre los estatutos” (un texto que pone nuestros estatutos en el contexto de la experiencia histórica del movimiento obrero y de la propia CCI), ni sobre los textos organizacionales básicos, ni insistimos en que estos textos fueran traducidos al turco[4].
Por todo esto, repetimos, la CCI –y no los miembros del EKS– es cabalmente responsable[5].
Pero el resultado fue que la actitud de la sección turca hacia los estatutos no era la de militantes marxistas que buscasen comprender y poner en práctica los principios que los animan –o si fuera necesario, que discutiesen sobre la necesidad de cambiarlos, con todo el debate internacional en la organización que ello implicaría–: era más la actitud del abogado picapleitos de taberna cuyo único interés es el de hacerse valer a base de palabras y declaraciones en su provecho [6].
Esta es, en definitiva, la justificación de PBJ: “teníamos que irnos”. ¿Pero qué significa esto exactamente? Después de todo, los miembros turcos no fueron expulsados, ni colectiva ni individualmente, ni se les había aplicado sanción alguna. Sus “posiciones minoritarias” no fueron acalladas – por el contrario, siempre se les presionaba en el sentido de expresarlas por escrito para que pudieran ser publicadas y que toda la organización tuviera conocimiento de ellas.
Si tratamos de extraer los puntos principales del texto de PBJ, la imagen de conjunto que emerge es algo parecido a lo que sigue:
En resumen, PBJ sería la “izquierda crítica” de la CCI, o incluso mejor, serían los “jóvenes” que se niegan a aceptar una “transmisión unilateral”, una “dictadura” de los viejos cuyos “traumas” crean “problemas”.
De hecho, pocos meses antes de su dimisión, la sección enfrentó a la organización con una grandilocuente declaración de posiciones en la que declaraban que eran “la izquierda” de la organización. Tomémosles la palabra y consideremos por un momento qué significa esto: ¿qué significa ser “la izquierda” en el contexto de la CCI?
La CCI muy conscientemente reclama tener sus orígenes en la Izquierda Comunista, pero más explícitamente, en lo que a cuestiones organizacionales se refiere, en la tradición de la Izquierda Comunista Italiana. ¿Qué significaba ser una “fracción de izquierda” en los días de la Izquierda italiana, en los días de la degeneración de la Internacional Comunista?: “La Fracción de izquierda se forma en un momento en que el partido del proletariado tiende a degenerar, víctima del oportunismo, o sea, de la penetración en su seno de la ideología burguesa. Es responsabilidad de la minoría que mantiene el programa revolucionario luchar de modo organizado para que tal programa triunfe en el partido. (...) La fracción de izquierda tiene la responsabilidad de llevar a cabo un combate en el seno del partido mientras exista una mínima esperanza de que pueda ser enderezado. Por eso, en los años 1920, no son las corrientes de izquierda las que abandonan los partidos de la IC, sino que son excluidas y muy a menudo mediante sórdidas maniobras”[8].
Concluyendo, la Izquierda no huye al primer signo de desacuerdo y oposición. Hace todo lo posible por quedarse en la organización y defiende sus ideas –hasta que es expulsada. No se pone a jugar al conejo con piel de lobo para al final salir corriendo.
La fracción de la Izquierda italiana se formó como reacción ante la degeneración de la Internacional Comunista, que la llevaba hacia la integración de sus partidos en el aparato político de la burguesía. Cualesquiera que sean nuestros defectos, esta no es la situación de la CCI, ni se hizo declaración alguna en este sentido por parte de los miembros de la sección turca. No había por tanto razón alguna para suponer que los diferentes desacuerdos expresados por, o en la sección, podían justificar la formación de una “fracción” en la CCI; por el contrario, podíamos tener la esperanza de que una discusión abierta en el seno de la organización haría posible clarificar estos desacuerdos, y tal vez así alcanzar una posición más clara para toda la organización.
No obstante, la cuestión fundamental sigue conservando su vigencia. Es la responsabilidad de cualquier minoría de una organización revolucionaria el defender sus posiciones durante el tiempo que le sea posible hacerlo, así como el intentar todo lo posible por convencer al resto de la organización de su validez. Nadie dirá que esto sea tarea fácil, pero es la única forma de construir una organización.
¿Por qué fracasaron tan estrepitosamente a este respecto los camaradas turcos? Podemos apuntar a dos factores principales:
Queremos concluir este punto, respondiendo a la supuesta “disolución de la sección en Turquía”. No hay duda de que se cometieron errores en ambos lados en el proceso que llevó a la salida de la sección; no hay duda de que hubo cierta desconfianza acumulada, que no fuimos capaces de disipar[11]. Falta a la verdad, sin embargo, insinuar que la sección fue “disuelta”. Esta afirmación se basa en dos puntos:
Vamos a ver esto por orden.
Como el propio texto de PBJ dice, la participación de sus miembros en otras reuniones de las secciones fue un intento de romper el localismo en el que la sección se había atrincherado –y que no pueden negar. Lo que no se menciona, es que la misma medida se aplicó a otras secciones en el período previo al Congreso de la CCI. El objetivo era abrir la vida local de las secciones a la discusión internacional, para dejar entrar un poco de aire y permitir que todos los camaradas tuviesen una idea de la vida de la organización en su conjunto más allá de sus propias preocupaciones inmediatas antes de que las delegaciones llegasen al Congreso. La medida no estaba destinada originalmente a durar más allá del propio Congreso. No sólo eso: lo que PBJ no dice a sus lectores es que, una vez que estaba claro que la sección en Turquía no estaba de acuerdo con ella, dado que no la comprendían, la medida propuesta fue retirada por el órgano central: la disciplina comunista no es algo que pueda ser impuesto burocráticamente.
En lo que se refiere a la prensa, nuestros Estatutos expresan inequívocamente que (incluso en Turquía) “Las publicaciones territoriales son confiadas por la CCI a las secciones territoriales y más específicamente a sus órganos centrales, los cuales pueden designar los comités de redacción para este propósito. Sin embargo, estas publicaciones son la emanación de la totalidad de la corriente y no de las secciones territoriales particulares. Debido a esto, el BI tiene la responsabilidad de orientar y dar seguimiento al contenido de estas publicaciones”. Dado que el BI como un todo no habla turco, y que la sección –como PBJ difícilmente puede negar–, no estaba completamente de acuerdo con el resto de la CCI sobre toda una serie de puntos (incluyendo, por ejemplo, el análisis de las “revueltas sociales” en España, Egipto, Turquía y Brasil), seguramente no estaba falto de razón el BI al pedir que los artículos le fuesen enviados antes de su publicación: en todo caso, el BI actuaba completamente dentro de sus derechos estatutarios al hacerlo. El lector puede juzgar qué tan en lo correcto estaba el BI con base en el propio artículo sobre el desastre en la mina de Soma cuya no-publicación le provoca un sarpullido a PBJ. En el artículo leemos por ejemplo que “la muerte de los trabajadores en los astilleros, en las obras de construcción y en las guerras, ocurren porque la burguesía conscientemente quiere que sucedan; la masacre en Soma, que es llamada un accidente, fue realizada conscientemente”, y continúa diciendo: “En la guerra o en el centro de trabajo, los trabajadores son valorizables [valuable] si mueren por el capitalismo”. Incluso para el marxista más vulgar –y los miembros de la sección en Turquía, en su tiempo, se llamaban a sí mismos marxistas, obsequiándonos con largas lecciones mal digeridas sobre la “ley del valor”–, esto es un total sinsentido. Los trabajadores son valiosos para el capital si producen plusvalía, algo que difícilmente pueden hacer si están muertos.
Lejos de “disolver” a la sección, la organización tenía todo el interés en su participación en la vida internacional de la CCI, incluyendo y de especial manera, su congreso internacional. Uno podría esperar que “la Izquierda” aprovechara la oportunidad de expresarse en el Congreso, tanto más por cuanto nuestros Estatutos requieren explícitamente una mayor representación de las posiciones minoritarias. Pero no fue así, PBJ: no sólo abandonaron precipitadamente antes del Congreso, también rechazaron la invitación de nuestra organización para intervenir, y hablar, como un grupo externo. Tenían demasiado “trabajo importante” que hacer: dejamos a nuestros lectores que juzguen por sí mismos los resultados de la “importante labor” en su propio sitio web. “La prueba del pudin se realiza al comer”, finalmente.
PBJ da mucha importancia a lo que llama “los camaradas conservadores”,[12] que “han enfatizado que la generación del 68 necesitaba transmitir su experiencia a los jóvenes de manera unilateral. Este énfasis presupone que los jóvenes camaradas estaban desprovistos de cualquier experiencia en la cuestión de la organización”. Aquello de “los jóvenes camaradas estaban desprovistos de cualquier experiencia en la cuestión de la organización” es simplemente una afirmación sin argumentar[13] pero vale la pena tomar esta cuestión con un poco más de profundidad de lo que PBJ se ha molestado en hacer.
“Cada generación forma un eslabón de la cadena de la historia humana. Cada una de ellas se enfrenta a tres tareas fundamentales: recibir la herencia colectiva de la generación anterior; enriquecer este patrimonio sobre la base de su propia experiencia; transmitirla para que la próxima generación pueda lograr más que lo que la anterior pudo lograr.
Estas tareas, lejos de ser fáciles, representan un desafío particular. Esto también es así para el movimiento obrero. La vieja generación ha de hacer entrega de su experiencia. Pero también lleva consigo las heridas y traumas de sus luchas. Ha tenido que aprender a enfrentarse a las derrotas, a las decepciones, y ha tenido que comprender que la construcción de adquisiciones duraderas de lucha colectiva a menudo requiere más de una vida. No sólo se necesita la energía y el ímpetu de la siguiente generación, sino también sus nuevas cuestiones y su capacidad de ver el mundo con nuevos ojos.
Pero por mucho que las generaciones se necesiten mutuamente, su capacidad para forjar la unidad necesaria no está dada automáticamente. A medida que la sociedad se distancia a sí misma de la economía natural, el capitalismo “revoluciona” de manera más rápida e incesante las fuerzas productivas y el conjunto de la sociedad, y la experiencia de una generación difiere cada vez más de la siguiente. El capitalismo, el sistema de la competencia por excelencia, también induce a enfrentar a las generaciones unas contra otras en una lucha de todos contra todos” (CCI)[14].
Esquemáticamente, podemos decir que hay tres posibles reacciones a esta necesidad de la transmisión de la experiencia inherente a toda sociedad humana:
Ejemplos de dicha apropiación crítica de una nueva generación de militantes no faltan en el movimiento obrero. Podemos citar el de Lenin con respecto a Plejanov, o más sorprendentemente aún, el de Rosa Luxemburgo con respecto a Kautsky y el SPD en general, así como a las teorías de Marx que ella criticó y desarrolló en La acumulación del capital. Estos ejemplos nos muestran que una condición previa para la crítica es, precisamente, la apropiación de las ideas de nuestros predecesores, en otras palabras, la capacidad de comprenderlos –y la capacidad de comprenderlos depende de la capacidad de leerlos (dado que la mitad de la sección no leía otro idioma distinto del turco, se trataba evidentemente de una imposibilidad física). Una vez comprendidas las ideas, se les puede criticar, especialmente en el contexto de una organización donde el objetivo es convencer a otros camaradas, participando con ellos, en lo cual los miembros de la sección en Turquía fallaron rotundamente. PBJ afirma que esto no es verdad.[17] Sin embargo, a PBJ les resultará difícil indicar un solo texto sobre cuestiones organizativas (que no sea sobre nuestra "infame" posición sobre el parasitismo) que tenga relación alguna con cualquiera de los documentos básicos de la CCI, ya sean internos o externos. Si nuestros lectores necesitan convencerse de la comprensión organizativa del PBJ, los invitamos a consultar un texto de Jamal [6] (un colaborador frecuente en el foro de la CCI) que PBJ ha publicado en su página web sin una palabra de comentario crítico: dicho texto se lee como una especie de manual del gerente producido por el departamento de recursos humanos de alguna nueva empresa.
En este punto, queremos dar un paso atrás y volver a las palabras que hemos citado al principio de este artículo. “Una de las tareas más urgentes y difíciles que enfrentan los revolucionarios es el de unir las escasas fuerzas revolucionarias que están dispersas actualmente en todo el mundo”. De cara a los errores de la CCI (y nadie está más consciente de ellos que nosotros), es totalmente fácil olvidar cuán difícil y cuán ambiciosa es dicha tarea. Reunir militantes de todas partes del mundo, desde culturas y orígenes totalmente diferentes, en una única asociación internacional capaz de tomar parte y estimular la reflexión de un proletariado mundial con la fuerza de miles de millones, para unirlos no en una homogeneidad sin vida, sino en un todo donde la unidad de acción se base en la diversidad de debate dentro de un marco político aceptado, es una tarea gigantesca. Ciertamente, nos quedamos cortos ante nuestras aspiraciones, pero necesitamos expresarlas únicamente para ver lo diferentes que son de la mentalidad de círculo que dominó al EKS, como sus propios miembros reconocen.
De hecho, los miembros de la sección turca nunca comprendieron la diferencia fundamental entre ser un círculo y ser militantes de una organización revolucionaria, especialmente de una internacional. Esto no es del todo su culpa, ya que hemos fallado en transmitir nuestras concepciones organizativas hacia ellos, en parte porque las hemos, hasta cierto punto, descuidado nosotros mismos.
Hemos tratado ya ampliamente la cuestión de lo que Lenin llamó el “espíritu de círculo” [18]. Aquí nos limitaremos a recordar algunos de los puntos principales.
En primer lugar, el círculo se caracteriza por una membresía basada en una mezcla de amistades personales y un acuerdo político; como resultado, los conflictos personales y desacuerdos políticos se confunden: una fórmula segura para la personalización de la discusión política. No es de extrañar que la vida de la sección turca estuviera marcada por una serie de amargas animosidades personales que condujeron a divisiones y períodos de “parálisis”.
Para mantener su cohesión, el círculo se cierra como una ostra contra el exterior. Esto a su vez es una fórmula para el antagonismo personalizado entre el círculo y el resto de la organización: “Bajo el nombre de ‘minoría’, elementos heterogéneos se reagruparon en el Partido unidos por el deseo, consciente o no, de mantener las relaciones de círculo, formas de organización anteriores a la del partido”.[19] El espíritu de círculo en la organización lleva a una actitud de “nosotros y ellos”, el círculo contra los “órganos centrales”; el círculo pierde completamente de vista la organización como un todo, al obsesionarse con los “órganos centrales”. Un ejemplo que podemos citar entre muchos es un texto escrito por un miembro de la sección titulado “¿Hay una crisis en la CCI?”; la crítica expresada en este texto fue recibida, y tanto respondida como desarrollada por otra sección, sin embargo, esta respuesta fue completamente ignorada. Sólo se considera que los “órganos centrales” merecen atención.
El círculo mantiene su cohesión oponiéndose al resto de la organización en bloque, mientras que al mismo tiempo evita cualquier debate sobre las propias divergencias dentro del círculo. Esto fue claramente manifiesto en el debate sobre la ética y la moral al que se ha comprometido la CCI: cuando un camarada desarrolló un argumento crítico que (cf. la nota anterior) era, hasta cierto punto, directamente inspirado en textos propios de la organización, otro presentó una posición que debe más a Hobbes que a Marx, y, no obstante, nunca escuchamos una palabra de crítica de los camaradas de Turquía.[20]
Un caso más llamativo de ese cierre hacia el resto de la organización llegó con el debate sobre los acontecimientos en torno a las manifestaciones masivas del Parque Gezi en Estambul. Según PBJ, “Se alegó que la sección no informó a la organización de sus desacuerdos durante el proceso de Gezi, mientras que al calor de los acontecimientos la sección tuvo una reunión con los compañeros del secretariado tratando de explicar sus desacuerdos”. Es cierto que hubo una larga discusión entre los miembros del Secretariado Internacional y los miembros de la sección turca acerca de la modificación de la redacción de su artículo sobre los hechos ocurridos en Gezi. También es cierto que los miembros del SI tenían dificultades para encontrarle pies y cabeza a estos “desacuerdos”, y por una buena razón: en la conferencia que la sección celebró poco después se hizo evidente que había por lo menos dos, si no es que quizás tres, diferentes posiciones dentro de la misma sección. Los miembros de la sección se comprometieron a escribir sus diferentes posiciones para llevar la discusión a la organización como un todo (nuestros lectores se asombrarán al saber que estos documentos están todavía por ver la luz del día).
Los ex-compañeros de Turquía mantienen silencio sobre otro de sus desacuerdos internos, sobre el “tono” de nuestro “ [7]Comunicado a nuestros lectores: La Corriente Comunista Internacional bajo el ataque de una nueva agencia del Estado burgués [7]” [7]. Según PBJ, “Aun así, los miembros de nuestra sección en el órgano central de la CCI no dejaron de criticar el enfadado tono del comunicado escrito en respuesta a este ataque”. Perfectamente cierto. Pero el texto no menciona que otros dos miembros de la sección encontraron el comunicado perfectamente apropiado, y así lo manifestaron sin ambigüedad durante una reunión celebrada en julio de 2014 con los miembros de la sección en Francia.
Ya hemos mencionado (cf. nota 6), la insistencia de Leo y Devrim en llevar hacia su foro debates sin ninguna restricción. Esto trae a la mente, una vez más, las palabras de Lenin: “Ciertos eminentes militantes de los círculos más antiguos e influyentes, al no tener el hábito de restricciones organizativas que el Partido debiera imponer, se inclinan a confundir mecánicamente los intereses generales del Partido y sus intereses de círculo que pudieron coincidir en el período de círculos”. Ellos “... levantan, naturalmente, el estandarte de la rebelión contra las restricciones que son indispensables para la organización e implantan su anarquismo espontáneo como si fuera un principio de lucha (...) haciendo demandas a favor de la ‘tolerancia’, etcétera”.[21]
“Una imagen vale más que 1000 palabras”, dice el refrán, y ciertamente esto le ajusta a PBJ. Gracias a la magia técnica de Internet, descubrimos que la imagen que Pale Blue Jadal ha elegido para representar a su grupo viene directamente del mundo sentimental del hippismo.[22]
Sus “principios políticos” están desprovistos de cualquier referencia a la Izquierda Comunista, o de hecho a cualquier herencia del pasado en absoluto. De ese modo el PBJ se declara un grupo nuevo basado únicamente en sí mismo, en la ignorancia y en una amalgama de resentimientos, descontentos, y lealtades personales[23].
No se hace mención alguna de la decadencia del capitalismo, que, para la CCI, que ellos acaban de abandonar, es la piedra fundacional materialista de sus posiciones políticas. PBJ no tiene crítica alguna que hacer a esta base teórica, ni tiene alternativa alguna que ofrecer. PBJ puede no ser consciente de ello, pero al echar por la borda toda referencia al pasado y cualquier intento de dar una base materialista a sus posiciones, están poniendo en riesgo el proceso de “discusión política” al que se dicen estar comprometidos.[24] En la lista de temas de discusión propuestos en la “hoja de ruta” del PBJ (que debe mantenerlos ocupados durante los próximos 20 años por lo menos), vale la pena señalar la presencia de “La cuestión nacional en el Medio Oriente”... y la ausencia total en el sitio del PBJ al menor comentario sobre la situación concreta en Turquía, la renovación de la guerra de Erdogan sobre los kurdos, el resurgimiento del nacionalismo kurdo y la crisis de refugiados de Siria, el atentado con bomba en Suruç, etc.
Hemos dicho anteriormente que la existencia de una organización revolucionaria internacional es una condición previa para el derrocamiento exitoso del capitalismo. Si el proletariado, un día, demuestra que es capaz de “asaltar los cielos" (según la expresión de Marx), su fuerza decisiva habrá de encontrarse en los países con una fuerte clase obrera y una cierta experiencia histórica. Turquía, en la puerta de enlace entre Europa y Asia, es uno de esos países, y un movimiento proletario en ascenso necesariamente habrá de producir una expresión política que sólo puede basarse en el patrimonio de la Izquierda Comunista. Al dar la espalda a este patrimonio, los miembros del PBJ se desacreditan a sí mismos de participar en cualquier expresión política semejante, y esta es su tragedia.
Acabemos con una nota optimista, sin embargo. Toda nuestra experiencia pasada indica que PBJ está condenado a seguir el camino de los círculos anteriores: aquellos que se niegan a aprender de la historia –uno no puede aprender de la historia si no sabe nada al respecto– están condenados a repetirla. Pero sigamos abiertos a la posibilidad de que podemos estar equivocados, y que el PBJ a pesar de todas las apariencias, por el contrario, aún pueda producir algo útil para el proletariado y la revolución. Para ello, tendrán que encontrar su camino de vuelta a la herencia teórica y organizativa revolucionaria de la Izquierda Comunista.
Corriente Comunista Internacional, noviembre de 2015
[1] La TCI (ex-BIPR) ofrece otro llamativo ejemplo de la extrema dificultad que encierra superar deficiencias que están, por así decirlo, en los genes de la organización: sus orígenes en el profundo oportunismo que presidió la creación del Partido Comunista Internacionalista, en 1943, la han perseguido desde entonces.
[2] Esto, por supuesto, no quita el que también hayamos cometido errores en este medio, principalmente debido a nuestra tendencia al esquematismo.
[3] Esto es por lo que los estatutos forman parte explícitamente de nuestra Plataforma, y son parte de la base sobre la que los militantes se integran a la organización.
[4] La falta de traducciones al turco sólo se volvió crítica cuando la sección (sin preguntar a nadie su opinión al respecto) integró a nuevos miembros que no sabían leer inglés.
[5] El lector atento se habrá dado cuenta de que nuestro punto de vista sobre el oportunismo organizacional de la CCI es muy diferente del de PBJ. A riesgo de probar la paciencia de nuestro lector, queremos responder brevemente uno de los pequeños “mitos” de PBJ (por decirlo a su manera): de que “el ejemplo más obvio del oportunismo en el proceso de integración de la sección fue que camaradas que discrepaban con la Plataforma y los estatutos eran aceptados en la organización”. ¿A qué se refiere esto exactamente? En verdad, hubo dos desacuerdos potenciales que salieron a la luz en el proceso de discusión. El primero fue el desacuerdo de Devrim en la prohibición que hacen nuestros estatutos de ser miembro de un sindicato para entrar en la organización (curiosa y aparentemente, PBJ no ve nada deshonesto en aceptar la integración en una organización con cuyas posiciones se discrepa); el segundo se refiere al desacuerdo de una camarada en la prohibición que los estatutos hacen de pertenecer a cualquier otra organización política. Abordémoslos uno por uno.
La prohibición de membresía en cualquier sindicato está orientada a negar cualquier concesión al “entrismo” (la idea de que sería posible influenciar positivamente a un sindicato desde dentro, o incluso que se podría intervenir “más efectivamente” [en las luchas, se entiende] siendo miembro de un sindicato) o al “sindicalismo rojo” de la variedad bordiguista, o a su pariente, el sindicalismo revolucionario. Los estatutos, sin embargo, admiten excepciones debido a “dificultades/restricciones profesionales”. Esta disposición se incluyó para tener en cuenta a los trabajadores de las industrias “closed-shops” donde la pertenencia a un sindicato es un requisito para trabajar — una situación muy común en la Gran Bretaña de los 70—, pero también en otras industrias de otros países (la industria de la impresión francesa, por ejemplo, que estaba completamente dominada por la CGT). La objeción de Devrim se basaba en que los trabajadores podían ser forzados, incluso no tratándose de una industria “closed-shop”, a depender de la pertenencia al sindicato para acceder a la seguridad social, seguros y otros beneficios fundamentales tales como representación legal en disputas personales; en ningún momento (que nosotros sepamos), ni entonces ni después, argumentó Devrim a favor del entrismo o el sindicalismo revolucionario, y consideramos (tal y como le explicamos) que los casos que él citó, en las condiciones de los años 2000, estaban bajo las mencionadas “restricciones profesionales”.
En el segundo caso, la camarada en cuestión participaba en un grupo de mujeres y era reacia a abandonarlo. Le preguntamos de qué tipo de grupo se trataba y nos explicó que era un grupo de mujeres que se reunía para discutir de problemas específicamente vinculados al género femenino (tanto sociales como políticos) prefiriendo hacerlo sin la presencia de hombres –algo totalmente comprensible dadas las condiciones de un país como Turquía. Este grupo –hasta donde pudimos entender– no tenía plataforma política, de hecho ni siquiera una agenda política como tal; sobre esta base, concluimos que no era un grupo político tal y como se definía en los estatutos sino un grupo de discusión, y que consecuentemente no podíamos poner objeciones a su participación en él sino que, muy al contrario, lo consideraríamos parte de las intervenciones de la organización.
[6] Nos limitaremos a un sólo ejemplo. De acuerdo a nuestros estatutos, el debate interno de la organización se hace público sólo cuando ha llegado a cierto grado de madurez, de modo que, primero, toda la organización sea consciente del debate y sus implicaciones y, segundo, sea posible expresarlo con la suficiente claridad para que contribuya a la clarificación y no a la confusión. Estas disposiciones, recordemos, están en los mismos estatutos a los que todos los miembros de EKS acordaron inscribirse. Dos de ellos, sin embargo, continuaron debatiendo entre ellos públicamente en diversos foros de Internet que habitualmente frecuentan, sin creer necesario en ningún momento informar al resto de la organización ni de sus intervenciones ni de sus desacuerdos. Cuando se les señaló que eso contradecía tanto el texto como el espíritu de los estatutos, respondieron que los estatutos se escribieron antes de la existencia de Internet, y que sólo podían aplicarse a la prensa escrita.
Por supuesto, se podría discutir este punto sin problemas, pero lo que no se puede hacer, cuando se aceptan los estatutos de una organización como la CCI, es simplemente ignorarlos a conveniencia e intentar justificarse a posteriori discutiendo sobre la diferencia entre prensa escrita y digital.
[7] El artículo sobre el Congreso habla de la “dimensión intelectual” de la crisis de la CCI y de la necesaria lucha contra “el rutinismo, la superficialidad, la pereza intelectual, el esquematismo...”. Pero, ¿pueden decir honestamente los miembros de PBJ que se encuentran libres, ellos mismos, de estos defectos?
[8] Revista Internacional nº 90. /revista-internacional/199707/1226/polemica-hacia-los-origenes-de-la-cci-y-del-bipr-i-la-fraccion-ita [8] Ver también el próximo “Informe sobre la Fracción” dirigido al XXI Congreso.
[9] Revista Internacional nº131, « [9]La cultura del debate, un arma de la lucha de la clase [9]». /revista-internacional/200711/2088/la-cultura-del-debate-un-arma-de-la-lucha-de-la-clase [10]
[10] Y más importante, es la única que extrae sus posiciones de una síntesis de los principales avances de las diferentes corrientes de la Izquierda Comunista, mientras otros grupos se identifican exclusivamente con la Izquierda Germano-holandesa o la italiana.
[11] PBJ menciona una reunión del Buró Internacional en la cual el derecho del delegado de la sección turca de asistir a la reunión fue cuestionado por otra de las delegaciones. Este fue, sin duda, un grave error por parte de la delegación, y, precisamente, indicativo de esa atmósfera de desconfianza que se había desarrollado dentro de la organización —pero, como los propios miembros de PBJ señalan, la idea de que el delegado de Turquía no debiese ser admitido fue decididamente rechazada por el BI al ser contraria a nuestros estatutos y a nuestra concepción de la organización.
[12] PBJ se centra de forma obsesiva en la “personalización” que supuestamente caracterizaría nuestro enfoque. Incluso, a lo largo de su texto, los militantes son descritos como “expansionistas” o “conservadores”, sin considerar en absoluto los argumentos políticos involucrados. Permitamos que PBJ vea la viga en sus propios ojos antes de mirar la paja que ve en los ojos de otros.
[13] Algunos de los militantes de la sección turca tuvieron una larga experiencia organizativa antes de unirse a la CCI… aunque en las sectas de izquierda. Pero independientemente de las intenciones conscientes de sus miembros, se trata de grupos fundamentalmente burgueses y, como tales, están totalmente inspirados en la ideología burguesa: es nuestra experiencia invariable –que confirma al pie de la letra el PBJ– que, para un ex izquierdista, hacerse militante en una organización comunista significa ante todo desaprender todas las actitudes y prácticas adquiridas en el izquierdismo. Esto es mucho más difícil que llegar a la política comunista sin ninguna experiencia previa.
[14] “ [9]La cultura del debate [9]”, 2007, op.cit.
[15] En la canción “Les bourgeois” [“Los burgueses”] del cantante belga Jacques Brel, tres estudiantes se burlan de la pomposidad de los “burgueses” de la provincia... hasta que ellos mismos envejecen y se ven a sí mismos quejándose ante la policía sobre la insolencia intolerable de los jóvenes estudiantes. Brel podría haber estado escribiendo acerca de Joschka Fischer, Dany Cohn-Bendit y todos los demás líderes ministeriales del movimiento estudiantil de 1968.
[16] “Reading notes on science and marxism” [“ [11]Notas de lectura sobre ciencia y marxismo [11]”] [11].
[17] Según PBJ, “La afirmación según la cual un texto interno escrito por un miembro de la sección [en Turquía] sobre ética ignoró los textos escritos por la organización sobre este tema con anterioridad era otra leyenda dado que dicho texto fue, de hecho, escrito en respuesta al texto de orientación de la organización sobre esta cuestión”. En respuesta, permítasenos citar una respuesta que se hizo al texto en cuestión, el cual PBJ, muy precipitadamente, dejó de leer: “Una condición previa para la ‘cultura del debate’ es que debe haber un debate: esto significa que las posiciones opuestas deben responderse entre sí. Aunque el texto de L comienza con una breve cita de MyE [el texto sobre “Marxismo y Ética [12]”] sobre la definición de la moral y la ética, y nos dice que 'a partir de estas definiciones se derivan una serie de confusiones, sobreestimaciones, vueltas al idealismo, divergencias con respecto al método marxista, y una variedad de otros errores”, este es el único lugar en su texto donde se hace una sola referencia a MyE, y nos deja en la oscuridad en cuanto a cuáles son exactamente estos ‘errores y confusiones’, y en qué medida son el resultado de las ideas desarrolladas en MyE. Por otra parte, nos queda claro que partes del texto de L están de acuerdo con, o incluso inspiradas directamente por MyE y, sin embargo, tampoco estas regiones de acuerdo son puestas en claro en ningún momento”.
[18] Principalmente en “ [13]La cuestión del funcionamiento de la organización en la CCI [13]” [13], Revista Internacional nº 109.
[19] Lenin, Un paso adelante, dos pasos atrás, citado en el “Texto sobre el funcionamiento de la organización”.
[20] Para dar una idea de la inspiración hobbesiana de dicho texto, ofrecemos este breve pasaje: “La relación entre los seres humanos es desigual. Esta desigualdad se deriva del valor de uso y valor de cambio producido por los seres humanos [al parecer el autor aquí no es consciente de las decenas de miles de años de historia humana, donde el valor de cambio no existía]. Esta base material real determina las relaciones humanas todo el tiempo y por completo [la objeción burguesa clásica a la posibilidad del comunismo]. Y esta desigualdad genera una tendencia a dominar. Esta tendencia surge para que los seres humanos sobrevivan en condiciones naturales. Primitivamente, es la tendencia a que uno asegure su propia supervivencia”. Es decir, como Hobbes, el hombre es un lobo para el hombre; la sociedad humana es la guerra de todos contra todos, etc., etc.
[21] Lenin, op. cit.
[22] Los interesados pueden encontrar el original aquí: markhensonart.com/galleries/new-pioneers. Está acompañado del ilustrativo texto que sigue: “El drama épico de la vida, la muerte, la guerra, la paz y el inalienable derecho de elegir se representa en una gran panorámica. Los refugiados salen de escalar una zona de guerra, un pionero llega a un grafiti en la pared, donde están marcadas las opciones. Todos queremos vivir en paz, pero de alguna manera muchos se sienten atraídos por valores que son tan diferentes, [y] la guerra parece ser la única opción para una humanidad enloquecida. Los pioneros y refugiados llegan a un nuevo mundo de consciencia clarividente”.
[23] Vale la pena señalar que un camarada, en su carta de dimisión, no expresaba en absoluto diferencia política con la organización.
[24] Nuestros lectores pueden juzgar cuán comprometido está PBJ a la discusión y a la clarificación al rechazar nuestra invitación a participar en el reciente congreso de la CCI, ya fuese dentro de la organización o fuera de ella.
Links
[1] https://www.marxists.org/espanol/luxem/09El%20folletoJuniusLacrisisdelasocialdemocraciaalemana_0.pdf
[2] https://es.internationalism.org/en/tag/6/619/emigracion
[3] https://es.internationalism.org/en/tag/6/687/refugiados
[4] https://palebluejadal.tumblr.com/post/114780772253/on-our-departure-from-the-international-communist
[5] https://es.internationalism.org/revista-internacional/200504/69/polemica-con-el-bipr-una-politica-oportunista-de-agrupamiento-que-no
[6] https://palebluejadal.tumblr.com/post/124829023413/on-functioning-and-communication
[7] https://es.internationalism.org/node/4021/
[8] https://es.internationalism.org/revista-internacional/199707/1226/polemica-hacia-los-origenes-de-la-cci-y-del-bipr-i-la-fraccion-ita
[9] https://es.internationalism.org/node/2088
[10] https://es.internationalism.org/revista-internacional/200711/2088/la-cultura-del-debate-un-arma-de-la-lucha-de-la-clase
[11] https://en.internationalism.org/icconline/201203/4739/reading-notes-science-and-marxism
[12] https://es.internationalism.org/revista-internacional/200612/1139/texto-de-orientacion-sobre-marxismo-y-etica-i
[13] https://es.internationalism.org/revista-internacional/200204/3283/documentos-de-la-vida-de-la-cci-la-cuestion-del-funcionamiento-org
[14] https://es.internationalism.org/en/tag/vida-de-la-cci/correspondencia-con-otros-grupos