1848
Submitted by RevistaInternacional on Julio 29, 2007 - 4:44pm.
El comunismo no es un bello ideal, sino una necesidad material - Vª parte
1848: el comunismo como programa político
Los dos artículos previos de esta serie(), se han centrado en gran medida en los Manuscritos económicos y filosóficos de 1844, porque son un rico filón de material sobre los problemas del trabajo alienado y sobre los objetivos finales del comunismo, tal y como Marx los veía cuando se adhirió por primera vez al movimiento proletario. Pero aunque Marx ya en 1843 había identificado el proletariado moderno como el agente de la transformación comunista, los Manuscritos todavía no son precisos respecto al movimiento práctico social que conducirá de la sociedad de la alienación a la auténtica comunidad humana mundial. Este desarrollo fundamental en el pensamiento de Marx, surgió de la convergencia de dos elementos vitales: la elaboración del método materialista histórico y la abierta politización del proyecto comunista.
Submitted by RevistaInternacional on Julio 28, 2007 - 9:30am.
El comunismo no es un bello ideal, sino una necesidad material - VIª parte
Las Revoluciones de 1848: la perspectiva comunista se hace más clara
Como vimos en el último artículo, el Manifiesto comunista se escribió en anticipación de un inminente estallido revolucionario. Con estas expectativas, no era una voz clamando en el desierto: «... la conciencia de una inminente revolución social... no estaba, y de forma significativa, confinada a los revolucionarios, que la expresaban con la mayor elaboración, ni a las clases dirigentes, cuyo miedo de las masas empobrecidas sale a la superficie en tiempos de cambio social. También los pobres la sentían. Los estratos ilustrados del pueblo la expresaban. Toda “persona bien informada”, escribía desde Amsterdam el cónsul americano durante la hambruna de 1847, informando sobre los sentimientos de los inmigrantes alemanes que pasaban a través de Holanda, “expresa la creencia de que la crisis presente está tan profundamente entretejida en los acontecimientos del período presente, que es el comienzo de esa gran revolución que ellos consideran que, tarde o temprano, va a disolver el estado actual de las cosas”»().
Submitted by RevistaInternacional on Diciembre 23, 2006 - 10:45am.
1848
El Manifiesto comunista Una brújula indispensable para el porvenir de la humanidad
El Manifiesto comunista se escribió en un momento decisivo de la historia de la lucha de clases: el periodo en que la clase representante del proyecto comunista, el proletariado, comenzaba a constituirse en clase independiente en la sociedad. A partir del momento en que el proletariado desarrolló su propia lucha por sus condiciones de existencia, el comunismo dejó de ser un ideal abstracto elaborado por las corrientes utópicas, para convertirse en el movimiento social práctico que lleva a la abolición de la sociedad de clases y a la creación de una comunidad humana auténtica. Como tal, la principal tarea del Manifiesto comunista era la elaboración de la verdadera naturaleza del objetivo comunista de la lucha de clases así como los principales medios para alcanzarlo. Eso es lo que muestra la importancia del Manifiesto comunista en nuestros días frente a las falsificaciones burguesas del comunismo y la lucha de clases, su actualidad que la burguesía trata de ocultar. Hemos tratado el Manifiesto varias veces en nuestra prensa, recientemente en nuestros artículos «1848: el comunismo como programa político»() en «El Manifiesto comunista de 1848, arma fundamental del combate de clase obrera contra el capitalismo» (). En este artículo retomamos más particularmente un aspecto: el Manifiesto contiene ya la mayor parte de los argumentos para combatir el estalinismo.
Submitted by RevistaInternacional on Agosto 27, 2006 - 8:08pm.
La
aceleración actual de la historia, entrada de lleno en la fase de
descomposición del capitalismo, plantea de forma aguda la necesidad de la
revolución proletaria, como única salida a la
barbarie del capitalismo en crisis. La historia nos ha enseñado que tal
revolución no puede triunfar más que si la clase se organiza de manera autónoma
respecto a las demás clases
(consejos obreros) y segrega la vanguardia que la guíe hacia la victoria:
el partido de clase. Sin embargo, hoy en día,
este partido no existe, y muchos bajan la guardia
porque ante las gigantescas tareas que nos
esperan, la actividad de los pequeños grupos revolucionarios
existentes carecería de sentido. Dentro del medio revolucionario, le mayoría de
grupos reaccionan ante la ausencia del partido repitiendo hasta el infinito su Santo
Nombre, invocándolo como el deus
ex machina, capaz gracias a su
sola evocación, de
resolver todos los problemas de la
clase. La desimplicación individual y la implicación
de boquilla, son dos maneras clásicas de evitar la lucha por el partido, lucha
que ha de llevarse aquí, ahora, en continuidad con la actividad de las
fracciones de izquierda que se separaron en los años veinte
de la
Internacional Comunista degenerada.
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