Trotsky, militante fiel de la clase obrera

Versión para impresiónEnviar por email El 20 de agosto de 1940, Trotsky murió asesinado por los agentes de Stalin. A 65 años de su muerte estalinistas, trotskistas y otros izquierdistas vuelven a tomar el nombre del gran revolucionario para remendar sus disfraces proletarios con los que pretenden desviar a los trabajadores de su verdadera lucha. Toman su nombre y lo que de su historia no le hace daño a la burguesía, para en conferencias, mítines y hasta obras de teatro y radionovelas convertir su legado en un cascarón hueco al esconder el arsenal que para el combate revolucionario ha constituido y constituye la vida de este hombre ejemplar. De frente a esta campaña de confusión, los revolucionarios estamos obligados a denunciar a aquellos que se esconden bajo el nombre de Trotsky para jugar el papel de fieles lacayos de la burguesía llevando una política diametralmente opuesta a la desarrollada por este militante a lo largo de toda su vida.


Troskismo: falsificador del legado de Trotsky [1]

Pocos son los revolucionarios que permanecieron fieles durante su vida entera y que murieron de pie, en la lucha, como Rosa Luxemburgo o Carlos Liebknecht. Trotsky fue uno de ellos: tras una apasionada vida de militante enteramente dedicada a la cusa de la clase obrera falleció como revolucionario y luchador. Es cierto que Trotsky, en sus últimos años defendió muchas posiciones oportunistas tales como la política del “entrismo” en la socialdemocracia, el frente obrero, etc.; posiciones criticadas, con toda la razón, por la Izquierda Comunista en los años 30. Sin embargo, nunca se pasó al campo de la burguesía, como sí lo han hecho trotskistas después de su muerte. Sobre la cuestión de la guerra imperialista, muy especialmente, defendió hasta el final la postura tradicional del movimiento revolucionario: transformación de la guerra imperialista en guerra civil por ello cuanto más se iba acercando la guerra imperialista mundial, más crucial era, para la burguesía mundial, eliminar a Trotsky.

El asesinato de los viejos bolcheviques había servido para fortalecer el poder absoluto de Stalin. El de Trotsky vino además a significar que para la burguesía mundial, incluida la rusa, era necesario ir a la guerra generalizada sin estorbos. El camino quedó perfectamente despejado tras la desaparición de la última gran figura de la Revolución de Octubre, del más célebre de los internacionalistas. Ese fue el resultado de la gran eficacia del aparato de la GPU que Stalin utilizó para liquidarlo.

Para la burguesía, el asesinato de Trotsky no era suficiente. Lenin había escrito en El Estado y la Revolución, lo que se ve obligada a hacer la burguesía con los revolucionarios para obstaculizar el movimiento obrero: ...Después de su muerte, se intenta convertirlos en íconos inofensivos, canonizarlos, por decir así, rodear sus nombres de una cierta aureola de gloria para “consolar” y engañar a las clases oprimidas, castrando el contenido de su doctrina revolucionaria, mellando el filo revolucionario de ésta... Olvidan, relegan a un segundo plano, tergiversan el aspecto revolucionario de esta doctrina, su espíritu revolucionario. Hace pasar a primer plano, ensalzan lo que es o parece ser aceptable para la burguesía”.

Son quienes pretenden ser sus continuadores, los trotskistas, los que tras la muerte de este revolucionario han asumido esta sucia labor. Ha sido basándose en sus posiciones oportunistas con lo que han justificado todas las guerras nacionales desde el final de la II Guerra Mundial y con lo que se hicieron defensores de un campo imperialista, el de la URSS. Todos los errores políticos de Trotsky, por muchas consecuencias dramáticas que hayan tenido, no lo convirtieron en enemigo de la clase obrera, mientras que sus “herederos” sí que acabaron siéndolo después de su muerte. Trotsky fue incluso capaz, a la luz de lo ocurrido al iniciarse la guerra, de admitir que tenía que revisar y, sin duda modificar sus análisis políticos, especialmente en lo que se refiere a la URSS como la caracterización de “Estado obrero degenerado”.

Como lo afirmó Natalia, su compañera en la vida y en la lucha por la revolución, los trotskistas ni siguieron a Trotsky ni revisaron sus posiciones políticas tras la victoria de la URSS en el segundo conflicto mundial. Las discusiones que siguen teniendo los trotskistas siguen manteniendo el silencio sobre cuestiones fundamentales como la de la naturaleza de la URSS o la del internacionalismo proletario y del derrotismo revolucionario frente a la guerra. Así, desde que el trotskismo traicionó a la clase obrera y al internacionalismo proletario apoyando un campo imperialista contra otro en la II Guerra Mundial, no ha cesado de apoyar a los pequeños imperialismos contra los grandes en las numerosas luchas llamadas de liberación nacional y otras luchas de los “pueblos oprimidos”.

El trotskismo murió para la clase obrera y no hay para él resurrección posible. Por ello la tradición de la Izquierda Comunista, que no tiene nada que ver con la IV Internacional y todas sus actuales reencarnaciones, reclama: ¡Dejad a Trotsky en paz!, su legado no les pertenece.

RM/agosto-2005


[1]Las ideas expuestas son extractos del artículo A Trotski lo mataron porque era un símbolo para la clase obrera, publicado en la Revista Internacional 103.