La agravación de la crisis económica revela el fracaso del capitalismo

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A entender de la burguesía, tanto de derecha como de izquierda, el capitalismo estaría floreciente y en pleno crecimiento. El increíble dinamismo de la economía china sería una prueba irrefutable. ¿El desempleo? ¿Las oleadas de despidos? ¿La pauperización creciente? Todo ello no serían más que producto de derivas, la falta de dirigentes sin escrupulos, sedientos de beneficios. Con menos liberalismo y más Estado, todo podría ir mejor en el mejor de los mundos. Todo ello no es más que una gran mentira. En realidad, el capitalismo es un sistema agonizante y su crisis económica mundial conoce hoy una nueva aceleración. Cuando la clase obrera sufre ya una degradación permanente de sus condiciones de existencia, ¿qué porvenir nos reserva la clase dominante?

 

La crisis bursátil expresa la aceleración de la crisis económica

El martes 27 de febrero, la bolsa de Shangai  China, conoció una brusca caída de 8.8 % en unas horas, arrastrando tras de si a las bolsas de el mundo entero. En Nueva York por ejemplo, Wall Steet perdió 3.5 %, o sea, la baja más fuerte desde hace cinco años.

¿Cómo es que la baja del mercado de Shangai pudo arrastrar una oleada de ventas de acciones sacudiendo el mundo entero, cuando todos los especialistas alaban día a día la insolente buena salud de los mercados bursátiles? De hecho, los récords de los índices de estos últimos años tiene por única base la especulación. Por todas partes, en todos los sectores y en todos los países, los inversionistas están confrontados al mismo problema: la sobreproducción. Así, la especulación se ha convertido en el único medio de obtener ganancias. En este gran casino de la economía virtual, el objetivo del juego es comprar acciones esperando venderlas más caras en el momento adecuado. Pero ante la menor mala noticia, se levanta un viento de pánico. Todo mundo vende al mismo tiempo, sabiendo bien que la aplastante mayoría de esas acciones no corresponden a nada en la realidad, a ninguna fábrica, a ningún bien. El pequeño sobresalto de Shangai es revelador de las potenciales tempestades en el futuro.

 

La economía China, un coloso con los pies de barro

El hundimiento de la bolsa de Shangai está ligado en parte a lo que los economistas llaman el sobrecalentamiento de la economía china. Sobreinversión, sobrecapacidad de producción, sobreendeudamiento: la economía china está totalmente desequilibrada y se orienta más y más seguramente hacia una recesión de extrema brutalidad. Por cierto, desde hace algunos años, China conocía una tasa de crecimiento muy elevado y un desarrollo industrial acelerado. En 2006, la tasa de crecimiento alcanzó el 10.7 %. Pero los obreros de este país, que viven y trabajan en verdaderos presidios industriales, saben en carne propia lo que significa esta expansión. En realidad, esta expansión se articula alrededor de dos columnas que han llegado al punto crítico de ruptura. La primera es el endeudamiento. ¡La deuda de China creció dos veces más rápidamente que su PIB! ¡Su sistema bancario contiene un 50% de créditos dudosos! La segunda es la necesidad para China de dar salida a una parte creciente de sus mercancías sobre el mercado americano cuando este, al borde de la recesión, está a punto de reducirse considerablemente. En efecto, el mercado interno de China es muy débil, no puede de ninguna forma absorber lo que produce. Su economía es por   tanto totalmente dependiente de las exportaciones. Y en un momento en que la economía americana jala a toda la economía mundial tiende a agotarse sin que algún otro país o continente pueda venir a tomar el relevo.

El primer ministro chino, Wen Jiabao, conciente del riesgo de mayor sobreproducción, acaba de declarar que el objetivo de su gobierno en 2007 será limitar el crecimiento a 8 %. Por tanto va a haber un estrechamiento de la política monetaria. El dinero va a costar más. ¡En pocas palabras, en el futuro, será más difícil invertir a fin de evitar que la economía se acelere más allá de toda razón!

 

Estados Unidos se hunde en la recesión

Durante esta semana negra para las bolsas mundiales, el Secretario de Estado del Tesoro americano, Hank Paulso, estaba de gira en Asia. Para él es importante tranquilizar al Estado chino sobre la solidez de la economía americana, atenuando la gravedad de la crisis inmobiliaria y los riesgos tanto monetarios como financieros. En efecto, toda una parte de la economía china es alimentada por haberes masivos en divisas americanas, dólares que China reinvierte en parte en Estados Unidos y que sirven para limitar la expansión del déficit americano. Por todas estas razones, estas dos economías están confrontadas a una terrible contradicción: están obligadas a librar una guerra encarnizada, y al mismo tiempo, son interdependientes en extremo, la recesión de una implica la recesión de la otra. Y es efectivamente hoy que las dos están a punto de ceder.

A. Greenspan, gran personaje de la política financiera americana, reconoció oficialmente la posibilidad de una recesión en EU en 2007. La causa más visible y más inmediata de este enlenteciminento es sin duda el estallido de la burbuja inmobiliaria en este país. Los precios en este sector de actividad han alcanzado una caída del 25 % y no es más que el principio[1].  Algunos economistas evalúan en un 40 % la sobrevaluación de este mercado. La corrección podría ser de 6000 millones de dólares, ¡casi un tercio del PIB americano! Esta crisis inmobiliaria se extiende ya a Inglaterra: “Es una mala noticia que podría alarmar. Kensington, líder del crédito inmobiliario arriesgó en Gran Bretaña, el viernes 23 de marzo, concedió una pérdida de 23 % de sus acciones”. (Le Monde , marzo 24). Este tiburón de las finanzas dispuesto a prestar dinero a más de 15 mil matrimonios hoy se declara insolvente.
Las consecuencias para la clase obrera van a ser terribles. En Estados Unidos, los matrimonios tenían la costumbre de prestar a medida que el valor de sus apartamentos
aumentaba, gracias al crédito hipotecario. El alza fenomenal de la inmobiliaria de estos últimos años había dado la impresión a estos obreros de que ellos se habían enriquecido. Son por tanto decenas de millones de matrimonios que serán incapaces de hacer frente a los vencimientos de sus inversiones, literalmente arruinados y lanzados a la calle. Peor aún, la inmobiliaria y la construcción han provisto el 40 % de los empleos de estos últimos tres años[2].   La crisis de este sector significa por tanto el lanzamiento al desempleo de decenas de miles de obreros. Estas oleadas de despidos vienen a agregarse a las del sector del automóvil, medianamente afectado y a punto de hundirse. En su plan de “reestructuración” que se extiende desde el cuarto trimestre del 2005 al primer trimestre del 2008, Ford proyecta el cierre simplemente de 40 % de sus fábricas en EU y la “salida” de 50 mil obreros de 130 mil[3].  Uno de los últimos sectores que aún estaba bien en la otra costa del Atlántico, el de los servicios, lo hacía esencialmente gracias al crecimiento de la actividad en el sector financiero. Hay que decir que este sector de actividad va a conocer también días sombríos y a engendrar despidos masivos. El consumo interno de Estados Unidos no puede más que continuar contrayéndose más y más en los meses que vienen. El problema para la burguesía es que este consumo americano constituye el motor principal que hace dar vuelta a la economía mundial. Para Europa, China, Japón, la India, una gran parte de sus mercancías no se podrá vender. ¡
La sobreproducción, factor determinante de la crisis mundial del capitalismo va a conocer nuevas cimas!

 

Una economía mundial a punto de su hundimiento

El contagio de la crisis económica mundial se extiende al frente monetario y particularmente en el dólar, que no puede más que continuar bajando en los meses que vienen. Estados Unidos sobreendeudados más allá de todo límite razonable (la deuda americana es de 7 800 billones de dólares y crece al ritmo de 1.64 millones por día!) van a ver fluir masivamente los capitales extranjeros que venían a apoyar su economía a punto de la asfixia. En América, una violenta contracción del crecimiento ya es inevitable, arrastrando en la tormenta y la recesión generalizada a toda la economía mundial. Nadie está en medida hoy de prever a qué velocidad y con que profundidad este nuevo sismo va a golpear al conjunto de la economía. Pero las consecuencias para el proletariado no son difíciles de imaginar. Los obreros en India y China conocen condiciones de vida peores aún que las de sus hermanos de clase en Europa en el siglo XIX. Bajo el yugo de la más feroz de las explotaciones, los obreros viven en la indigencia y la miseria. Confrontados al fracaso de su sistema y a la guerra económica, la burguesía trabaja fríamente para exportar estas condiciones espantosas en el corazón del capitalismo; Estados Unidos y Europa occidental.

El único porvenir que nos reserva este sistema, es aún y siempre más miseria. Creer en un capitalismo más humano es una quimera, una utopía. No hay más que una sola solución y está en manos del proletariado: construir un nuevo mundo, sin clases y sin explotación.

Tino 28 de marzo, 2007.


[1] Europa 2020  no. 13

 

[2] Solidaridad y progreso, 24 de marzo 2007.

[3] Agencia de Prensa Asociativa, 11 de marzo.