El capitalismo verdadero causante de la “crisis del agua”

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Un aspecto que expone el peligro al que el capitalismo ha llevado a la humanidad es el problema del agua, al grado que la misma ONU reconoce que en el mundo hay 1,100 millones de personas que no cuentan con el abastecimiento de agua potable. Tan sólo en México esos mismos datos oficiales indican que 11 millones de personas no tienen acceso al líquido. Y este problema no sólo es privativo de las zonas rurales alejadas de los servicios, en pleno DF hay zonas (como Iztapalapa) que viven prácticamente sin el servicio de agua, y lo mismo sucede en ciudades como Tijuana y Juárez. Es evidente que el agua, se ha convertido en un problema, lo cual ha dado pauta para que gobiernos, agrupaciones izquierdistas, ecologistas, ONG's y toda una fauna de intelectuales se desgarren las vestiduras y expongan pretendidas explicaciones del problema e incluso de soluciones, pero tanto en sus explicaciones como en sus propuestas de solución se busca esconder que el verdadero problema se encuentra en la existencia del capitalismo. Este sistema no sólo se funda en la explotación del trabajo asalariado, sino que avanza depredando al ambiente, al grado que no sólo contamina el agua (y el aire) sino además, despoja y concentra al sistema hidrológico, integrándolo en su lógica de ganancia.

 

La clase dominante no tiene solución al problema del agua

Las burguesía, a través de sus aparatos de derecha e izquierda, intenta hacer aparecer al problema del agua como una dificultad que proviene del crecimiento poblacional y del uso desmedido que la humanidad le ha dado, es decir, que esto que se vive tendría su raíz, en cierta parte, en aspectos de orden "natural" y otros que se refieren a una falta de "cultura del ahorro del agua", por ello las soluciones que expone van desde el cuidado y la racionalización del uso del agua de forma individual y en la producción, la aplicación de tecnología avanzada para la extracción, tratamiento y distribución, hasta la realización de una pretendida "democratización" de la distribución y del control del agua. Estas propuestas llevan como evidente trasfondo, hacer creer que el capitalismo puede acabar con su naturaleza depredadora e irracional, aplicando adecuadamente la tecnología, inculcando la "cultura de protección de los recursos", pero además pretende hacer creer que imponiendo altos cobros por el uso y acceso del agua puede encontrar una solución, estas ideas son complementadas por aquellos que pretenden encontrar la solución a la "crisis del agua" mediante la invocación a la democracia... de tal forma que buen uso le ha dado la burguesía a la crisis del agua para dejar colar la idea de que el capitalismo puede ser más"humano y racional" y puede ofrecer una salida a la destrucción del ambiente y asegurar que se cubran las necesidades de agua.

Es real que la burguesía, como el resto de la humanidad, está preocupada con lo que sucede al agua, sin embargo, su preocupación central es como se apropiará y cómo hará negocio con ella. Sus invocaciones a los acuerdos internacionales impulsados por la ONU (como la "observación 15"), los "derechos constitucionales", o las declaraciones de los gobiernos por crear acuerdos de protección, no son sino parapetos de sus verdaderas intenciones: la apropiación del agua bajo cualquier circunstancia. La declaración descarada del consejero del Pentágono, Andrew Marshall, en el sentido de que ante la falta de agua potable los EUA deben prepararse para apropiarse del agua "allí donde esté y cuando sea necesario"[1], nos explica que para el capital el agua es ahora un recurso estratégico, por eso la intención de todos los Estados nacionales (en tanto representación y expresión social del capital) es la misma que la declarada por los voceros de la burguesía norteamericana, sólo que la capacidad de fuerza con la que cuentan en el plano de las pugnas imperialistas no les permite, ni ser tan descarados al externar sus deseos, ni llevar a cabo, en lo concreto, tal propósito. Por ello, la crisis del agua no proviene SOLO de la actuación depredadora de algunos gobiernos, o de algunas empresas (como Nestlé, Lála, CocaCola...), es el sistema en su conjunto el que engendra esta degradación, que pone en peligro a la humanidad y hace, por tanto, cada vez más evidente la NECESIDAD de su destrucción.

 

El capitalismo ha convertido en mercancía al agua

Con el fin de hacer ver su preocupación por lo que sucede con el agua, la clase en el poder convoca a foros (como el Foro Mundial del Agua, o sus complementos definidos como foros "alternativos"), ellos, lo mismo que en sus escritos y proclamas (desde ambos lados: los oficiales y los alternativos) expanden una campaña de confusión que va encaminado a atrapar la conciencia del proletariado (y a usar la "buena fe" de grupos sociales no explotadores, como los campesinos o estudiantes) y así evitar que se logre reflexionar que el sistema capitalista es el verdadero causante de la crisis del agua. Se ha convertido en un alegato de amplia referencia para izquierdistas y altermundistas, el que el agua no es una mercancía. Este frase, que se ha vuelto el cliché preferido, dado que les permite presentarse como opositores a las ansias abiertas del capital por apropiarse de toda el agua y comerciar con ella, y al ganar prestigio con ello poder conducir a mayores confusiones y trampas.

Los argumentos más convencionales para "demostrar" que "el agua no es mercancía", avanzan señalando primero que es un medio ambiente, fuente de vida, esencia de vida, recurso natural no renovable... hasta aquí se podría acordar con la caracterización, no obstante este argumento es usado inmediatamente para concluir que el agua es "un derecho humano fundamental" y debe pugnarse porque así sea reconocido. De manera que (sin entrar en el debate de los juristas) podríamos entender que estos derechos humanos son "garantías legales" que tienen los individuos por el hecho de pertenecer a la raza humana, sin embargo estos preceptos son definidos en 1948 justamente por la ONU (estructura continuadora de la Sociedad de las Naciones, a la que Lenin, con justeza llamara "cueva de ladrones") y respaldados por las constituciones de los diversos Estados-nación (no es raro, dicho sea de paso, que se establezca como uno de esos derechos, a la propiedad, y la protección de los sindicatos). De manera que sembrada la esperanza en las instituciones del capital para que "solucione" la actuación depredadora del mismo capital, cierran el círculo al plantear como salida alternativa (como lo hizo la "Reunión alterna al Foro Mundial del Agua, 2006) que: "... la gestión y el control (del agua) deben permanecer en el ámbito público"... Explicando más abajo que: "Es obligación de todas las instituciones públicas... garantizar estas condiciones" (el subrayado es nuestro), es decir que, aunque usen un lenguaje radical exponen su apoyo a las acciones del Estado, en tanto concluyen que éste debe ser quien maneje y controle el agua.

En este mismo tenor, pretendiendo mostrar una actitud de enfrentamiento al proceso privatizador del agua, la Coalición de organizaciones por el derecho al agua, afirma: "el acceso al agua potable no se logrará mediante procesos de privatización, sino mediante el cumplimiento de la responsabilidad social del Estado..." (el subrayado también es nuestro)... En ambos ejemplos notamos que le otorgan al Estado la cualidad de representante "neutral" de la sociedad, aspecto que es FALSO. El Estado y sus "instituciones públicas" responden a las necesidades del capital, por ello todo ese discurso falsamente "alternativo" termina insistiendo que el capitalismo puede hacerse más "humano" y menos depredador siempre que se usen "mejores políticas".

No menos peligrosas son las proclamas fundadas en un lenguaje marxista realizada por intelectuales. Un ejemplo de ello es el libro "Economía y política del agua" de J. Veraza. En éste inicia exponiendo un acercamiento a la explicación marxista de cómo el agua aún cuando no tiene valor (en tanto no es producto del trabajo humano) es forzada, mediante una imposición de precio a presentarse como mercancía, pero termina repitiendo el mismo discurso altermundista. Hay en su explicación el inicio de una explicación adecuada al señalar que "el agua es patrimonio de la humanidad", pero se queda a mitad de camino y deja de reconocer que la humanidad de encuentra sometida por el capital, y no sólo por las trasnacionales, las cuales son parte de este sistema de explotación, pero no basta con limitar su poder para alcanzar la emancipación de la humanidad. Este "olvido" es lo que conduce a que, cuando critica la "solución" a la crisis del agua mediante la privatización, derrumbe los mismos argumentos teóricos que había desarrollado al suponer que la "...solución política no necesariamente ni mucho menos coincide con la destrucción del capitalismo..." sino que tal solución política se basa en la esperanza (o súplica) de que "... el capital social nacional y mundial pueden proceder a tomar conciencia y a contraponer a los abusos hídricos de los capitales privados, trasnacionales del agua en primera fila" (p.30)... En resumen, la solución deberá presentarse a partir de que el sistema tome una conducta racional y "conciente", que ablande a las políticas neoliberales, que los sectores "progresistas" del capital o el Estado, limite la voracidad de las trasnacionales y entonces el capitalismo con rostro humano podrá aparecer...

La humanidad en su totalidad se encuentra amenazada por el capitalismo, proclamar que este sistema puede mejorara si se ajustan las reglamentaciones internacionales o nacionales o con una actuación racional y bondadosa de la burguesía, es llamar a los trabajadores que olviden que hay una necesidad de su actuación revolucionaria... hoy el señalamiento de Engels, sobre el hecho de que la humanidad se encuentra ante la disyuntiva: socialismo o barbarie, se hace más patente que nunca, o la clase trabajadora pone fin a este podrido sistema o la humanidad se verá envuelta en una espiral de barbarie destructiva.

Rojo /octubre-2007


[1] Declaración publicada por The Guardian, citada por Gian Carlo Delgado, en "Agua", Ediciones La Jornada, 2006, p.189.