A 90 años de la Revolución Rusa: El proletariado mantiene en alto la bandera del comunismo

Versión para impresiónEnviar por email

Ahora que la clase obrera se esfuerza por retomar sus luchas de resistencia ante los ataques del capital y que se está planteando preocupaciones políticas relacionadas con el futuro que le depara el capitalismo, le conviene recordar esta experiencia que demuestra que su perspectiva comunista no sólo es posible sino más que nunca una necesidad histórica. Para contribuir a esta reflexión presentamos algunos elementos que ayudan a entender el proceso de conjunto que preparó este grandioso asalto al cielo. En efecto, hace 90 años la oleada revolucionaria internacional de la clase obrera que se desarrolló contra la barbarie de la primera gran guerra mundial y en particular su vanguardia rusa que produjo la revolución rusa en octubre de 1917, cuando por primera vez en su historia el proletariado logró tomar el poder político en un país, demostraron la capacidad del proletariado para llevar a cabo su tarea histórica de revolucionar al capitalismo y crear una nueva sociedad comunista.

Tras un primer momento en que los trabajadores fueron arrastrados por sus gobiernos tras las banderas nacionalistas y democráticas y sobre todo por la desorientación producida debido a la traición de la mayoría de los partidos socialdemócratas y de los sindicatos, la reacción ante la barbarie guerrera no se hizo esperar; desde finales de 1915 se produjeron en varios países de Europa huelgas, protestas contra el hambre y contra los sacrificios en general que la guerra imponía y, además, en el frente de guerra, en particular en los ejércitos alemán y ruso surgen motines, deserciones colectivas, fraternización entre soldados de ambos bandos. Como siempre, en primera fila se encuentran los militantes comunistas que como los bolcheviques, los espartaquistas y el conjunto de la izquierda de la Segunda Internacional, quienes denunciaron el carácter imperialista de la guerra desde el principio, en agosto de 1914, como la manifestación incontestable de la decadencia capitalista, en lo subsiguiente no dudan en llamar al proletariado de todos los países a convertir esta guerra imperialista en una guerra de clases para cumplir con su misión histórica.

En este contexto, para fines de 1916 el movimiento revolucionario en Rusia avanza a la vanguardia sumando todas las manifestaciones de descontento en un enorme e incontenible torrente de energía obrera que reclama el derecho de tomar su destino en sus propias manos: mítines, huelgas reivindicativas, huelgas políticas, fraternización entre soldados y obreros, extensión geográfica del movimiento, la intervención de los bolcheviques está presente desde el principio dirigiendo políticamente el movimiento, una vez cubierto el primer paso de la insurrección que es la huelga (como lo dice Trosky en su Revolución Rusa), esta se convierte en huelga generalizada de masas. En fin, todo un proceso social de masas que es generado por la clase trabajadora que demuestra que la huelga de masas no es una utopía y que no sólo es posible sino una necesidad la transformación de los obreros de una masa atomizada, apática y dividida, en una clase unida capaz de asumir su combate revolucionario.

 

De febrero a …

Las masas proletarias asediadas por el hambre y la guerra, van tomando conciencia y asumiendo el combate sin retorcer, retomando la experiencia de 1905. En ese sentido la principal experiencia de 1905 es recobrada creativamente por los explotados: la creación de los Soviets como organizaciones unitarias de clase. Sin embargo, a pesar de este empuje tumultuoso y decidido, hay partes de la clase obrera que todavía resiente los estragos de las confusiones derivadas del cambio del periodo histórico y estos consejos obreros son dominados inmediatamente por los partidos menchevique y el social-revolucionario (que mostraban dificultades para mantenerse en el campo proletario, dado su colaboracionismo con la burguesía), lo cual desemboca en la creación de un Gobierno provisional en el mes de febrero. Este gobierno, enarbolando supuestas conquistas democráticas y libertades políticas se dedica a sabotear desde el principio el combate revolucionario de los obreros para que vuelvan a la “normalidad” y permitan continuar con los negocios capitalistas y con la guerra imperialista.

Ante esto, en la segunda mitad del mes de abril, los obreros, campesinos y soldados se resisten y reactivan sus luchas en las principales ciudades como Petrogrado y Moscú y hacen retroceder sus planes guerreros desplegando una febril actividad revolucionaria caracterizada particularmente por una labor de organización masiva consistente en la extensión de los Soviets a todos los rincones del país a la vez que van apareciendo a su alrededor toda una red de órganos de masas como los Comités de fábrica, Comités de campesinos, Soviets de barrios, Comités de soldados… a través de los cuales las masas se agrupan, discuten qué hacer[1]. Cansados de las interminables peroratas y promesas incumplidas del Gobierno provisional copado por los partidos socialtraidores, las masas oprimidas convierten su hartazgo en una comprensión conciente de que es necesario asumir las consecuencias finales de sus acciones y se plantean “¡Todo el poder a los soviets!”, una aspiración que en los agitados días del mes de junio había ganado a amplias capas de esas masas.

Las frenéticas jornadas del mes de julio en Petrogrado son la confesión del ímpetu incontenible de la energía revolucionaria de las masas oprimidas quienes despliegan masivas manifestaciones armadas de obreros y soldados por mar y tierra; sin embargo, son frenadas en su intento de asaltar el cielo de manera prematura por el partido bolchevique que denuncia y desactiva los planes provocadores de la burguesía para derrotar a esas masas. Las razones de los bolcheviques se imponen: la situación todavía no está madura para la toma del poder dado que los soldados no se solidarizan completamente con los obreros, los campesinos continúan presas de ilusiones con respecto a los social-revolucionarios además de que el movimiento mismo está retrasado en las provincias con relación a la capital[2].

A continuación, en los meses de agosto y septiembre, después de la amarga derrota y ante los avances de las fuerzas reaccionarias lideradas por el gobierno democrático de Kerenski y por Kornilov quien como jefe supremo de los ejércitos organiza un golpe de Estado para masacrar a los trabajadores; una intentona que se encuentra con la firme organización del Comité de defensa de la Revolución -que se convertirá a la postre en el Comité Militar Revolucionario- que la hace fracasar al neutralizar por múltiples medios a las tropas de la burguesía. Esta batalla aportó enormemente a la revitalización de los soviets quienes descubrieron que tanto el Gobierno provisional de Petrogrado como los generalísimos habían estaban implicados mano a mano no sólo en ese último complot sino en todos los intentos anteriores para descarrilar a la revolución. Un aprendizaje necesario para tomar conciencia de que aquellos partidos menchevique y social-revolucionario, al que pertenecía Kerenski, se habían convertido en una verdadera ala de izquierda del capital, lo cual permitió que se inclinaran hacia los bolcheviques.

La situación de “doble poder” suscitada desde febrero fue necesariamente un periodo corto e inestable pero decisivo en la guerra que se libraba entre el capital y el trabajo. La tarea central de la clase obrera desde entonces fue convencer a todos aquellos sectores de la población susceptibles de ganarse para su causa como los soldados y los campesinos pero también a otras capas de trabajadores no muy cercanas a sus filas. Un esfuerzo que había dado amplios frutos en vísperas de la insurrección que se avecinaba.

 

…la insurrección de octubre

Esta iniciativa creadora de las masas proletarias, su organización práctica, las discusiones y debates plasmados en resoluciones claras y decididas producto del alto grado de conciencia que se va adquiriendo, la determinación de persuadir para lograr sus fines a las capas de la población menos convencidas, son características inconfundibles de un movimiento de masas que se encamina a su emancipación. Esta toma de conciencia culmina al fin con la insurrección de octubre preparada sobre todo, aparte de la intervención indispensable del partido bolchevique, por la paciente labor de propaganda y agitación que llevaron a cabo tanto los obreros como los campesinos y soldados anónimos en todos los rincones de Rusia para vencer las últimas vacilaciones y dudas, educando a millones de trabajadores otrora acostumbrados a la sumisión y la pasividad y que ahora despertaban a la vida política y ya no quisieron retroceder y reclamaron como su derecho la toma de su destino en sus propias manos: “Toda revolución instruye, y lo hace rápidamente. En ello está su fuerza. Cada semana aportaba a las masas algo nuevo. Dos meses equivalían a una época. A fin de febrero la insurrección. A fin de abril, las manifestaciones armadas de los obreros y soldados de Petrogrado. Al iniciarse julio nueva manifestación, con proporciones mucho más vastas y con consignas más resueltas. A fin de agosto, la tentativa de golpe de Estado de Kornilov, descartado por las masas. A fin de octubre, conquista del poder por los bolcheviques. Bajo estos acontecimientos, que sorprenden por la regularidad de su ritmo, se operan profundos procesos moleculares, que funden a los elementos heterogéneos de la masa obrera en un todo político”[3]

Pero esto no son simples anécdotas o datos culturales, son hechos que demuestran que fueron las masas obreras quienes realizaron la insurrección de octubre, la cual sólo fue posible bajo las premisas del desarrollo de la conciencia política y la auto organización de las amplias masas; los bolcheviques en ningún momento obligaron al proletariado a seguir un plan de acción, pues el principio marxista reconoce que la acción directa de las masas es una gigantesca energía creadora.

La burguesía en su odio a la Revolución rusa, acusa a Lenin y a los bolcheviques de ser unos vulgares golpistas, sin embargo, como lo demuestra Trosky (en su libro sobre la Revolución Rusa), la fuerza principal de Lenin y los bolcheviques estaba en “comprender la lógica interna del movimiento y reglaba su política de acuerdo a ella. No imponía su plan a las masas. Ayudaba a éstas a concebir y realizar su propios planes”.

Como hemos visto, la Revolución Rusa es desde el principio la revelación de la toma de conciencia colectiva del proletariado, producto de las lecciones, de reflexiones, de consignas, de recuerdos; es decir, de reapropiación de sus propias experiencias como una clase unitaria a nivel internacional. El accionar de las masas proletarias rusas en 1917 no sólo es continuación de la revolución de 1905, sino recoge el cúmulo de lecciones que la clase obrera a nivel internacional ha legado en sus combates pasados: la Comuna de París de 1871, las batallas de la Liga de los comunistas, la experiencia de la Primera y Segunda Internacionales, de la Izquierda de Zimmerwald... Se trata pues de una respuesta consciente, guiada por la continuidad histórica y mundial del movimiento proletario. Así, podemos también constatar la huella de la enorme experiencia de los obreros rusos acumulada por las luchas de 1898, 1902, la Revolución de 1905 y las batallas de 1912-14. Todo un proceso de lucha a la vez acompañado con el desarrollo de su propia organización política de combate, el partido bolchevique.

Este protagonismo directo de las masas proletarias fue preparado con decenas de años de enfrentamientos contra el capital y este asalto revolucionario en que culminó todo el proceso[4] que hemos presentado sigue siendo la única esperanza de liberación no sólo para los trabajadores que soportan cotidianamente la explotación y la opresión más agobiante en todo el mundo, sino también la única y la última oportunidad para la supervivencia de la humanidad. En este sentido, la revolución rusa de 1917, es un faro que guía los esfuerzos de las masas proletarias en todo el globo para intentar resistir a los ataques cada vez más feroces del capital a sus condiciones de vida y que en este proceso se están planteando poco a poco la incapacidad del capitalismo para ofrecerles mejoras reales y que es necesario levantar la vista hacia el futuro, y que tiene en octubre rojo su cimiento más firme.

RR/agosto-2007

Notas


[1] Una situación compleja que la mayoría de los bolcheviques no alcanzaba a clarificar y donde las Tesis de Abril de Lenin tuvieron el mérito de llamar a sobrepasar el Gobierno provisional y todas las ilusiones democráticas para preparar el combate final y llamar a la toma del poder por los Soviets.

[2] Ver RM Nº 99, jul-ago 2007

[3] Totsky; Historia de la revolución rusa, capítulo I

[4] En los límites de este artículo no es posible tratar la degeneración que sufrió la Revolución rusa, causada por la derrota de la oleada internacional de luchas y a su aislamiento. Para un análisis completo recomendamos nuestro folleto “Octubre del 17 inicio de la revolución mundial. Las masas obreras se apoderan de su propio destino”.