Luchas en España y Bangla-Desh

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El proletariado necesita recobrar su experiencia para preparar sus nuevos combates

Ante la agudización de la crisis y la acentuación de los ataques contra las condiciones de vida de los trabajadores, se han visto importantes respuestas. Presentamos a continuación dos ejemplos de luchas en España y Bangladesh, llevadas a cabo en los últimos meses, ambos son experiencias que los trabajadores de todo el mundo deben retomar.

 

España: La huelga en Vigo expone un claro método de lucha proletaria

De la misma manera en que los medios de información masiva ocultaron el movimiento de los estudiantes contra el CPE en Francia, esos servidores de la burguesía guardaron casi total silencio sobre el movimiento de los trabajadores de metal en Vigo, iniciado el mes de mayo pasado.

 

La huelga masiva en Vigo estalló como respuesta a la nueva Reforma Laboral que firmó el gobierno, patrones y sindicatos. Esta nueva Reforma que supuestamente se establece para “luchar contra la inseguridad en el trabajo”, lo que ha hecho realmente es aumentar la inseguridad facilitando los despidos y proponiendo eventualidad fija de 2 años en el trabajo. Ante ello el coraje de los trabajadores se ha expresado y con ello se evidencia que la lucha contra los ataques a las condiciones de vida y trabajo no es la “lucha” que proponen los sindicatos, ni aún los más “radicales”. La lucha verdaderamente eficaz es la lucha directa de los obreros, las huelgas que nacen de su decisión colectiva y en contra de las consignas sindicales, son esas huelgas las que hay que apoyar y extender y es así como se puede reunir la fuerza necesaria e ir forjando la conciencia para oponerse realmente al Capital.

 

La fuerza de las Asambleas

La huelga del metal en Vigo fue masiva y se dio como forma de organización la Asamblea General en plena calle que, por decisión de los trabajadores, estaba abierta a todo aquel que quisiera dar su opinión, expresar su apoyo o plantear sus problemas o quejas. Más de 10,000 trabajadores se reunieron diariamente para organizar la lucha, decidir acciones a tomar, ver a qué empresas dirigirse para pedir la solidaridad de otros trabajadores, escuchar qué se dice de la huelga en la radio, en los comentarios de la gente etc.

 

Es significativo que los obreros de Vigo hayan desarrollado el mismo método que los estudiantes de Francia en su reciente movimiento. Es también significativo que en 2006 los obreros de Vigo recuperen la práctica de la gran huelga de 1972 en la que se celebraban diariamente Asambleas Generales de Ciudad. Esto muestra que la clase obrera es una clase internacional e histórica, en ello reside su fuerza.

 

Desde el principio, los obreros se plantearon ganar la solidaridad de los demás trabajadores. En los astilleros, de forma unánime, los obreros se pusieron en huelga solidaria desde el 4 de mayo. Desde el punto de vista de la clase obrera es la mejor respuesta, porque la sociedad que aspira a instaurar el proletariado y permitirá a la humanidad salir del atolladero del capitalismo se basa en la solidaridad, en la comunidad humana mundial.

 

El día 5 de mayo, unos 15,000 obreros del metal rodearon la fábrica Citroen para intentar convencer a sus compañeros de que se unieran a la huelga. El martes 9, hubo paros en Citroen y otras empresas grandes. Como en 1972, la solidaridad y la extensión de la lucha fue lo dominante en la huelga general de todo Vigo hizo retroceder la mano asesina de la dictadura franquista. También aquí vemos repetir esa experiencia.

 

La represión: arma política de la burguesía

El 8 de mayo cuando tras la Asamblea unos 10,000 obreros se dirigían a la estación de ferrocarril con objeto de informar a los viajeros, la policía les atacó por todos los lados con una violencia inaudita. Los obreros se dispersaron en pequeños grupos que fueron acorralados y atacados sin piedad por las fuerzas policiales. Hubo numerosos heridos y 13 detenidos.

 

Esta represión dice mucho de lo que es la llamada “democracia” y sus bellas palabras sobre la “negociación”, la “libertad de manifestación”, la “representación de todos”. Pero esta trampa perseguía una finalidad política: encerrar a los obreros en una pelea agotadora con las fuerzas represivas, empujarles a reemplazar las acciones masivas (manifestaciones y asambleas generales) por la dispersión en enfrentamientos con la fuerza pública. Busca entramparles en batallas campales en inferioridad de condiciones que tienen el efecto de hacerles perder la simpatía de los demás trabajadores y desmoralizarlos. Es una política que también siguió el gobierno francés con el movimiento de estudiantes.

 

Es significativo que los medios de “información” de circulación nacional que habían guardado un escrupuloso silencio sobre la lucha y sobre todo, sobre las Asambleas, las manifestaciones masivas y la solidaridad, dieran todo el bombo posible a los choques violentos del día 8. El mensaje que quieren que traguemos es muy claro: “sí quieres hacerte notar y que te hagan caso realiza choques violentos”. Es el capital el primer interesado en que los obreros se encierren y agoten en una dinámica de enfrentamientos estériles.

 

Los principales sindicatos: CCOO, UGT y CIG, como instrumentos del capital todo el tiempo buscaron controlar la huelga y así carcomerla desde dentro. Fueron ellos los quienes se opusieron al envío de delegaciones masivas a las otras empresas y aunque no lo pudieron impedir “ofrecieron” a cambio llamar a una huelga general del metal el 11 de mayo. Pero los obreros no esperaron y, sobre todo, no aceptaron el método sindicalista de parar un día D siguiendo las órdenes sindicales. Desarrollaron el método genuinamente obrero: el envío de delegaciones masivas, el contacto directo con los demás obreros, la acción colectiva y masiva.

 

El 9 de mayo 10,000 trabajadores marcharon pidiendo la liberación de sus compañeros detenidos logrando su objetivo. El 10 de mayo, tras 20 horas de negociaciones, el sindicalismo logró un preacuerdo que significa una puñalada trapera a los trabajadores, pues a cambio de algunas migajas, las reivindicaciones esenciales fueron escamoteadas. Un sector amplio de trabajadores manifestó su indignación y la votación se postergó. De esta maniobra hay que sacar una clara lección: NO SE PUEDE DEJAR LAS NEGOCIACIONES EN MANOS DE LOS SINDICATOS. LAS NEGOCIACIONES DEBEN SER TOTALMENTE ASUMIDAS POR LA ASAMBLEA. Ésta debe nombrar la comisión negociadora y hacer que todos los días rinda cuentas ante ella.

 

Ante la agudización de la crisis, los trabajadores deben luchar, recobrando las experiencias como la de Vigo, y la de los estudiantes de Francia, teniendo claro que los métodos sindicales llevan a la desmoralización y la impotencia, impidiendo la manifestación real de la fuerza y la unidad que la clase necesita.

 

Bangladesh: La lucha proletaria contra la miseria

Después de huelgas aisladas en diferentes fábricas, el 20 de mayo cerca de 1000 trabajadores de la fábrica FS Sweater en Sripur, en los suburbios de Dhaka, la capital, iniciaron una protesta demandando incremento de salarios y la liberación de unos compañeros que habían sido arrestados dos días antes por participar en las movilizaciones. Los patrones de la compañía encerraron a los trabajadores en la fábrica, cortaron el suministro de agua y llamaron a la policía que los golpeó y les disparó. Los que pudieron saltaron las bardas para escapar de la fábrica y se reunieron apoyados por miles de trabajadores del barrio para bloquear la carretera cercana a la fábrica y hacer una marcha por sus demandas y contra la represión. Esta marcha fue rechazada por contingentes más amplios de la policía que de nuevo golpearon y dispararon contra los manifestantes. Todo esto fue el detonador de amplias movilizaciones que se extendieron rápidamente a diferentes ciudades alrededor de Dhaka.

 

Así, cerca de 1.8 millones de trabajadores del vestido concentrados en áreas industriales alrededor de la capital se lanzaron a huelgas salvajes y masivas simultáneas que tomaron proporciones de una rebelión proletaria masiva. En el periodo del 20 al 24 de mayo cuando la rebelión de trabajadores del vestido llegaba a la cima, los trabajadores de casi 4000 fábricas pararon el trabajo. Estos trabajadores, y otros de los suburbios industriales, se manifestaron repetidamente y bloquearon las carreteras que conectan los suburbios con Dhaka, y a ésta con otras ciudades. De frente a esta rebelión masiva, la burguesía contestó con la represión masiva. En la primera semana, según cifras oficiales, al menos tres trabajadores fueron asesinados por arma de fuego, 3000 resultaron heridos y varios miles fueron encarcelados. Los trabajadores en huelga se enfrentaron y ahuyentaron a las fuerzas policíacas y paramilitares desplegadas para sofocar el movimiento. Aunque para mayo 26 la burguesía había logrado disminuir la cólera de la rebelión con el despliegue masivo de las fuerzas paramilitares y con la ayuda de los sindicatos, la rebelión continuó hasta el 7 de junio. Los trabajadores de diferentes zonas de proceso de exportación y de áreas industriales continuaron lanzándose a huelgas salvajes y manifestaciones mientras la mayoría de las fábricas de ropa permanecían cerradas.

 

Brutal explotación de los trabajadores, el verdadero rostro del “boom” económico de India

El sector textil emplea a 1.8 millones de trabajadores. Los trabajadores del vestido constituyen el 40% del total de la fuerza de trabajo industrial de Bangladesh. El salario mínimo, que no ha cambiado desde 1994 a pesar de que los precios de los productos de primera necesidad se han triplicado en los últimos 12 años, es equivalente a 14 dólares mensuales. Y es aún menos en la mitad de las fábricas. Pero los salarios de hambre no son la única expresión de la explotación brutal que sufren esos trabajadores. Hace unos años, la semana laboral se extendió legalmente a 72 horas; el día de trabajo frecuentemente es de alrededor de 16 horas. No hay tiempo de descanso semanal en el sector del vestido. No hay días festivos con descanso ni vacaciones anuales. Se han incrementado las muertes por accidentes de trabajo e incluso ha habido trabajadores golpeados y asesinados por los patrones o agentes de éstos, por eso las demandas iniciales de los trabajadores eran por aumento salarial, pago de horas extra, descanso obligatorio semanal, vacaciones y días festivos con descanso. Más tarde se añadieron el alto a la represión y la liberación de los detenidos.

 

No conocemos claramente el tipo de autorganización y de coordinación desarrollada por los trabajadores que protagonizaron esta rebelión, pero sabemos que en lugar de dispersarse, los trabajadores fueron de fábrica en fábrica a llamar a sus compañeros a solidarizarse con ellos. Lo que unió a los trabajadores a lo largo de muchas ciudades alrededor de Dhaka y en la misma capital fue el odio contra la explotación brutal, la represión diaria y las últimas atrocidades de la policía.

 

El papel de los sindicatos

Una de las principales debilidades políticas de la burguesía en Bangladesh es la fragilidad de su aparato democrático y, como consecuencia, la fragilidad de las mistificaciones democráticas. Debido a esta debilidad, la burguesía no ha sido capaz de establecer un aparato sindical, especialmente en la industria del vestido. Esta debilidad permitió a los trabajadores desarrollar su rebelión y darle tal amplitud en varios días. Pero una vez que la burguesía se dio cuenta de la gravedad de la situación, ordenó la ocupación de la ciudad por el ejército y las ‘centrales sindicales’ que pertenecen a diferentes bandas políticas burguesas, aunque no tenían presencia en la industria del vestido, fueron llevadas a que juntas, como ‘coordinación de sindicatos’, redactaran una lista de demandas ‘amenazando’ irse a huelga el 12 de junio si esas demandas no eran atendidas”.

 

El gobierno pidió a la asociación de patrones y a la recientemente formada ‘coordinación de sindicatos’ reunirse. La reunión fue anunciada profusamente por los medios masivos a los largo del país. El 23 de mayo el Ministro de trabajo declaró que la patronal había acordado solucionar todas las demandas y los sindicatos proclamaron el regreso al trabajo. La falta de desarrollo de los trabajadores en su organización les impidió ver la trampa montada por sus enemigos. La burguesía se plantearía a partir de entonces la necesidad de los sindicatos para controlar a los trabajadores por lo que introdujo entre las demandas la de los “derechos de los sindicatos”: “si hubiera habido sindicatos en las fábricas…la situación no se habría tornado tan violenta”(New Age, 3-06-06).

No hay duda de que la rebelión de los trabajadores del vestido ha sido la lucha más grande y más militante de la historia de la clase trabajadora en Bangladesh, fueron capaces de desarrollar su lucha con coraje de frente a la violenta represión. Esto expresa una gran determinación y deseo de luchar. Por ser este movimiento manifestación del desarrollo de la combatividad obrera la burguesía mundial no lo divulgó.

 

La experiencia de Bangladesh muestra que la ausencia física de los sindicatos no es suficiente para el desarrollo de las luchas, es muy importante poseer la habilidad para rechazar concientemente a estos agentes de la burguesía. Aún más importante es la capacidad de desarrollar la autoorganización. En ausencia de autoorganización la rebelión en algunos momentos tomó el carácter de revuelta interclasista. Algunas de las debilidades de esta lucha son expresión de falta de experiencia de la clase trabajadora en Bangladesh, por eso es necesaria la apropiación de las experiencias de todo el movimiento proletario a nivel mundial. Es responsabilidad de los revolucionarios contribuir con el desarrollo de la conciencia de los trabajadores sobre su identidad de clase y sobre su responsabilidad histórica: la revolución comunista que es la única que puede poner fin a la brutal explotación de la clase trabajadora no sólo en Bangladesh, sino en todo el mundo.

 

RM/ junio-2006.