Elecciones presidenciales 2006 (y VI): Gobiernos de izquierda o de derecha: enemigos de la clase trabajadora

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El remate de la campaña electoral cumple con el guión previsto por el Estado capitalista para tratar de llevar a la mayor parte de la población y principalmente a los trabajadores a las urnas. La inversión hasta ahora derramada en este objetivo durante varios meses rebasa con mucho las precedentes y la burguesía espera que con su esfuerzo consiga repetir el éxito obtenido en el año 2000 cuando logró la mayor votación de que se tenga memoria en México donde, por años, el sistema de partido único desalentaba esta “participación ciudadana”. La clase dominante, como en todos los países, se está ocupando a fondo para mantener viva la ilusión de que por medio del voto, los trabajadores metamorfoseados en ciudadanos, frente a la urna, en la más completa soledad y el aislamiento más lastimoso pueden revertir la crisis económica, pueden solucionar el problema del desempleo, pueden de un plumazo aumentar los salarios y, en general, mejorar sustancialmente sus condiciones de vida y las de su familia. Y luego, al término del sexenio, recordarles que hay que renovar el voto y que si no resultaron sus expectativas como las imaginaron en cada ocasión que han votado es porque tal vez se equivocaron de candidato o este último los traicionó, o no lo dejaron actuar los otros partidos, o hay causas externas, o ¡cualquier barbaridad que se pueda “argumentar”! Pero, nos dicen, no hay de otra, la única alternativa es votar de nuevo y encumbrar al nuevo político que transformará, ahora sí, la situación de miseria que viven cotidianamente; el cuento de nunca acabar, el truco es casi perfecto, la participación democrática, mediante el voto, valida cualquier actuación de los gobiernos así elegidos.

 

La polarización: izquierda o derecha

En la recta final la burguesía ha logrado polarizar la campaña alrededor de dos alternativas: izquierda o derecha; los medios de difusión están cargados de referencias y debates que giran alrededor de estas opciones tratando de fijar la idea en el pensamiento de los potenciales votantes, incluso cada bando cuenta ya con promotores del voto útil para impedir que triunfe la derecha en un caso o por el otro para evitar que el peligro de la izquierda populista se apodere del poder. Es indicativo, cómo en los diversos medios los pretenciosos periodistas se devanan histéricamente los sesos para “demostrar” las bondades de su candidato y los peligros del adversario.

Es claro que esta diferenciación tiene el propósito de animar a los trabajadores para que se enganchen al juego electoral identificándose de un lado o de otro. Incluso la propia burguesía recurre a sus viejos mitos para animar el voto, haciendo ver el “peligro” que representa la derecha (en particular por el radicalismo del Yunque), postulando así el mal menor. Pero para los trabajadores no hay diferencia entre un verdugo u otro, ambas opciones representan los intereses del capital y sus colores y discursos en apariencia tan disímiles sólo tienen la función de desorientar a la clase trabajadora, se trata de una división del trabajo para ofrecer “diversas alternativas”. Cualquier equipo de gobierno que se encargue de la dirección del Estado capitalista aplicará los planes económicos que requiere la burguesía, cualquier gobierno del tinte que sea tomará las medidas necesarias para impedir que la lucha de la clase obrera se desarrolle, sólo variarán los tintes de las justificaciones como ya lo hemos visto infinidad de ocasiones en todos los países del mundo.

A la clase obrera, se le dice, que le conviene elegir gobiernos de “izquierda” pues defenderían sus intereses frente a los capitalistas, sin embargo, se cuidan de no mencionar el largo rosario de experiencias dolorosas que los trabajadores han sufrido cuando han confiado de manera ingenua en este tipo de lobos con piel de oveja; por no mencionar más que los casos más recientes y conocidos tenemos al gobierno de Lula en Brasil que se estrenó intensificando los ataques económicos contra las condiciones de vida de los asalariados bajo la cubierta de que “la transformación requiere trabajar más duro”; o también a la recién electa presidente M. Bachelet en Chile quien ya dio muestra, recientemente de su capacidad de represión contra las expresiones de luchas reivindicativas (ver artículo en este RM).

 

¿Qué función tiene la “alternativa” de la izquierda?

La burguesía permanentemente cuenta con organismos de monitoreo para conocer la situación social y, en particular, para recabar información constantemente actualizada sobre su enemigo de clase, el proletariado, sus preocupaciones principales, los niveles de descontento, etc. En este sentido, siempre que estructura una campaña electoral donde la “izquierda” es una opción, lo que está haciendo es proponerle una salida fraudulenta a sus anhelos de cambio.

La “alternativa” de izquierda entonces tiene la función de canalizar el descontento y la combatividad latente de los trabajadores hacia las urnas, diluyendo su potencia como clase en la atomización más impotente que existe cuando como “ciudadano”, armado con un bolígrafo, vota y espera que los personajes políticos de la burguesía mejoren su situación. El tema actualmente es el de cambiar la política económica en beneficio de las mayorías, hacer un gobierno diferente de la derecha. De hecho, no se trata de un tema de moda precisamente, ya la burguesía ha sacado muy buenos dividendos políticos de esta “alternativa de izquierda” por lo menos en los últimos veinte años. El llamado movimiento democratizador contra el sistema de partido único ha tenido el mérito de mantener enganchadas a las masas de trabajadores a la ilusión de que sus precariedades terminarán cuando logren un gobierno que defienda sus intereses. Hablamos en este caso del uso que se hace en la campaña de la posibilidad de que la izquierda llegue al gobierno, un señuelo que le funciona al Estado de la clase dominante para llevar agua a su molino.

No pretendemos en este momento pronunciarnos sobre la tendencia dominante de la orientación política de la burguesía mexicana, no obstante lo que es evidente es que la clase dominante en la región busca colocar un equipo de gobierno que le posibilite, poder enfrentar la crisis económica adecuadamente, refuncionalizando las estrategias para impulsar el proceso de acumulación, y que significa establecer un esquema político que le permita cargar la crisis a los trabajadores, limitando la posibilidad de una explosión de descontento, y aunque es algo en lo que la burguesía muestra una disposición, es evidente que hay un choque continuo de intereses económicos y políticos dentro de la burguesía que le impide llevar un proceso electoral “ordenado”. Es por ello que, con gobierno de derecha o de izquierda, la pugna de la burguesía tenderá no sólo a permanecer, sino a agudizarse, intentando, otra vez como ahora lo hacen con las elecciones, arrastrar como carne de cañón a los trabajadores en apoyo de alguna de las fracciones burguesas.

Es fundamental que los trabajadores reflexionen el papel mistificador que tiene el proceso electoral, pero no sólo este proceso electoral (el de México 2006), sino este mecanismo como parte de la democracia que da sustento al capitalismo, es decir que no basta con llamar a no votar, es fundamental entender que las elecciones no son sino una gran trampa para atrapar a los trabajadores.

RR/20 de junio del 2006