Las deslocalizaciones ilustran las leyes de la explotación capitalista (II)

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Publicamos enseguida la segunda parte del artículo sobre las deslocalizaciones aparecido en RM número 89. En la primera parte, contra las mentiras izquierdistas y altermundistas, tratamos el hecho de que las deslocalizaciones no son un fenómeno reciente o nuevo, sino que nacieron con el capitalismo como producto de la competencia desenfrenada entre capitalistas inherente a este sistema y como un medio en la búsqueda de la máxima explotación a la clase obrera. En esta segunda parte, veremos que las deslocalizaciones son para poner en competencia a los proletarios del mundo entero haciéndolos parte del conjunto de los ataques capitalistas contra el proletariado mismo. La propaganda efectuada por los sectores de la izquierda contra estas deslocalizaciones sirve en el fondo para atacar y enmascarar la realidad de la crisis mortal del sistema capitalista y de su hundimiento.

Las deslocalizaciones han causado la destrucción de miles de empleos en los países occidentales. En unas décadas, ramas industriales enteras, como la textil, fueron casi completamente transferidas hacia países con un menor costo de mano de obra.”La rama textil francesa no emplea más que a 150,000 trabajadores, lo mismo que la tunecina, contra un millón hace treinta años.”1  En otros sectores, estas explican por una parte la baja  continua del empleo. Así, “El número de asalariados en el sector automovilístico en Francia pasó de 220 000 a 180 000 después de 1990 a pesar de la llegada de armadoras extranjeras como Toyota”2. Las deslocalizaciones constituyen uno de los ataques más brutales de la clase dominante contra el proletariado. Primero, por la proporción que puede tomar este ataque entre otros. Así, en Bélgica entre 1990 y 1995, más de 17 000 trabajadores fueron tocados por las deslocalizaciones, lo que representa el 19 % de los despidos colectivos. Después, por el hecho de que los obreros concernidos no tienen oportunidades de encontrar empleo uniéndose así a las filas del desempleo de largo plazo. En fin, las deslocalizaciones se extienden a nuevas categorías de obreros, las de “cuello blanco” y a la mano de obra más calificada. En Francia “200 000 empleos en los servicios (de los cuales 90 000 corresponden al servicio a empresas y 20 000 a la investigación y desarrollo) son amenazados con ser transferidos a Europa del Este o Asia de aquí al 2010”3.

Sin embargo, los efectos de las deslocalizaciones no golpean únicamente a quienes pierden sus empleos en los países occidentales. Es el conjunto del proletariado mundial que se encuentra sometido a la presión de la loca carrera competitiva entre naciones capitalistas y al chantaje de la deslocalización, tanto en los países de origen como destino de ésta. En India está el temor a la competencia de Rusia, Pakistán y China. La clase obrera del Este de Europa en algunos sectores (alimentación, textil, petroquímica y equipo de comunicación) también está confrontada a las deslocalizaciones hacia los países de Asia. La búsqueda de la producción a menor costo ha hecho de la deslocalización en el interior de China hacia las regiones pobres del centro y el este, una tendencia dominante del sector textil. El capital no ha esperado a que la propuesta Bolkestein sea puesta en marcha para utilizar las deslocalizaciones “inversas” haciendo venir trabajadores de un país con “diferencial económico” a reemplazar la mano de obra existente. El recurso al empleo ilegal conoce un crecimiento considerable desde los años 90; ¡Alcanzó el 62% en la agricultura en Italia!

Lo que ilustran en realidad las deslocalizaciones es la despiadada puesta en competencia de diferentes partes de la clase obrera en el plano internacional.

 

El reforzamiento de la explotación capitalista para toda la clase obrera

Las grandes empresas y Estados occidentales aprovechan las terribles condiciones de explotación que impone el capital para las deslocalizaciones hacia el Este Europeo y China. Así, en China, donde “millones de personas trabajan entre 60 y 70 horas por semana y ganan menos de su país. Viven en dormitorios donde se amontonan hasta 20 personas. Los desempleados que han perdido recientemente su empleo son casi tan numerosos como los del resto del mundo juntos.”4 “Las primas de despido y subsidios prometidos a los trabajadores jamás les son entregadas. (…) Los trabajadores pueden ver rechazado el derecho a casarse, algunas veces les es prohibido desplazarse en las fábricas (donde se alojan) o salir a los alrededores en horas de trabajo. (…) En las fábricas de la zona especial de Censen, al sur de China, hay en promedio 13 obreros que pierden un dedo o una mano diariamente y un obrero que muere por accidente de trabajo cada 4 días.”5

Lo que empuja al capital a trasladarse hacia Europa del Este, es el mismo objetivo de explotar “una población instruida y poco costosa. (…) Todos estos países tienen jornadas de trabajo más largos que Occidente. Respectivamente, 43.8 y 43.4 horas en Letonia y Polonia. Esta extensión se acompaña de una menor, o hasta ausencia de retribución de las horas extra. Se observa igualmente una fuerte progresión del trabajo a tiempo parcial. Este es muchas veces el caso de personas de la tercera edad,  discapacitados y jóvenes que entran al mercado de trabajo. En Polonia, 40% de los trabajadores a tiempo parcial son, ya sea pensionados o personas que tienen una enfermedad. (Las numerosas empresas con capitales extranjeros) son también las que practican más frecuentemente el trabajo “asocial”: es común encontrar grandes áreas abiertas los siete días, las 24 horas.”6

En los países occidentales, las deslocalizaciones significan el despido de los trabajadores donde la explotación no obtiene suficientes ganancias para el capital. Sin embargo, la parte correspondiente a las deslocalizaciones entre los otros ataques muestra que las éstas están lejos de representar la única fuente de desempleo y la puesta en causa de las condiciones de vida del proletariado y que el objetivo buscado por la burguesía no es ciertamente imponer masivamente la transferencia del conjunto de producción hacia los países con bajos salarios. Así, “su impacto sobre el empleo no es nulo, (…) sino queda limitado. (…) Las deslocalizaciones no explican más que el 7% de las reestructuraciones y 5% de los empleos suprimidos en Europa. (…) Entre 1990 y 2001, las deslocalizaciones de empresas alemanas hacia países de Europa central y oriental condujeron a la destrucción de 90 000 empleos en Alemania, o sea el 0.7% de efectivos de las sociedades implicadas y el 0.3% del empleo alemán total”7

En Francia “95 000 empleos industriales fueron suprimidos y deslocalizados al extranjero entre 1995 y 2001, o sea, un promedio de 13 500 por año. A título de comparación, la supresión de empleos anuales en la industria son del orden de 500 000. (…) Las presunciones de deslocalizaciones se elevan al total a 2.4 % de efectivos de la industria fuera de la energía” (…) Poco menos de la mitad de deslocalizaciones son con destino a países llamados de “bajo salario”. Estos últimos recibieron alrededor de 6400 empleos deslocalizados por año. O sea 0.17 % del empleo industrial fuera de la energía. Dicho de otra forma, las deslocalizaciones hacia las naciones emergentes explicarían solamente menos de 2% de supresiones de los empleos industriales. Alrededor de un cierre de establecimiento industrial de 280 correspondería a una deslocalización hacia un país de bajos salarios.”8 Los mismos discursos de la burguesía ponen en claro la  mentira que hace de las deslocalizaciones la explicación principal de la desindustrialización y el desempleo masivo.

En cambio, el recurso sistemático al chantaje de las deslocalizaciones por la burguesía como medio para hacer aceptar al proletariado los sacrificios cada vez mayores, indica dónde se sitúa el real reto para la burguesía: imponer condiciones de explotación más duras y la reducción del costo de la fuerza de trabajo (la baja de los salarios) allí donde la producción no es deslocalizable y no debe serlo, allí donde los retos como potencia económica son más importantes para el capital y la competencia entre tiburones capitalistas es más ruda.

El ejemplo de Alemania es particularmente ilustrativo. Es en nombre de la competitividad de “la empresa alemana” y gracias al chantaje de las deslocalizaciones y a las supresiones de empleo que la flexibilización de los tiempos de trabajo se impuso, ya sea reducción de tiempo con pérdida de salarios, o con su elevación sin compensación de salarios. Así, Siemens; luego de haber transferido sus actividades de servicios y desarrollo en la República Checa, India, Rusia y China, impone en 2004 la semana de 40 horas sin compensación salarial a una gran parte de sus 167 000 asalariados alemanes bajo la amenaza de deslocalización al menos de 5000 empleos. En 2005, luego de haber anunciado 2400 supresiones de puestos en su filial de servicio informático SBS, la dirección impone a los 4600 asalariados de la filial Comunicación Com, ¡una reducción de tiempo de trabajo a 30 horas semanales (en vez de las 35.8) con reducción de salarios! Paralelamente está el sector público, campeón de “trabajar más”. La compañía ferroviaria DB pasó a las 40 horas y numerosos estados regionales han hecho pasar los tiempos de trabajos de los funcionarios regionales de 40 a 42 horas. De esta forma, en Alemania donde la burguesía tiene en la mira los costos de mano de obra más elevados en los grandes países de la OCDE, “las remuneraciones, en valor real retrocedieron  0.9% entre 1995 y 20049”Además, el chantaje de las deslocalizaciones no es disociable de otros ataques y va de la mano con la reforma del funcionamiento del mercado de trabajo así como la puesta en causa de los sistemas de pensiones y seguro por enfermedad.

 

Una gigantesca campaña ideológica contra la conciencia de la clase obrera

Si las campañas burguesas ponen énfasis en las deslocalizaciones, es también porque la clase dominante toma ventaja contra el proletariado a fin de desarmar su lucha. Cuando los sindicatos, partidos de izquierda, izquierdistas y altermundistas lanzan vituperios contra las deslocalizaciones para añorar el retorno a las condiciones dignas del siglo XIX, es para enmascarar mejor al proletariado el significado real de este fenómeno.

El marxismo jamás ha denunciado la tendencia a la extensión de la jornada de trabajo y a la baja de los salarios hacia el mínimo de la subsistencia vital como imputables al carácter carnicero de tal o cual capitalista en particular, sino como producto de las contradicciones inscritas en la naturaleza misma del sistema capitalista. Es un verdadero vampiro de la fuerza de trabajo de la cual saca provecho y se nutre, el capitalista desangra literalmente a quienes son sus portadores, los proletarios. “En su pasión ciega, en su glotonería de trabajo extra, el capital rebasa no solamente los límites morales, sino aún el límite fisiológico extremo de la jornada de trabajo (…) El capital no se inquieta por tanto de la duración de la fuerza de trabajo. Lo que le interesa únicamente es el máximo que puede ser obtenido en una jornada. Esto se logra reduciendo la vida del trabajador. (…) La producción capitalista, que es esencialmente producción de plusvalía, absorción de trabajo extra, no produce solamente una jornada de trabajo que impone el deterioro de la fuerza de trabajo, privándole de sus condiciones normales de funcionamiento y desarrollo, ya sea físico, moral, sino también el desgaste y la muerte precoz de esta fuerza de trabajo.”10

La diferencia de nuestros días con el siglo XIX, es que el proletariado podía esperar una atenuación de su situación en el seno del sistema capitalista. “Las primeras décadas de la gran industria tuvieron efectos devastadores sobre la salud y condiciones de vida de los trabajadores, provocaron una mortandad espantosa, tales deformaciones físicas, abandono moral, epidemias, incapacidad para el servicio militar, que la existencia misma de la sociedad parecía profundamente amenazada. (…)Fue por su propio interés, para permitir la explotación futura, que el capital impuso algunos límites a la explotación actual. Había que ahorrar la fuerza del pueblo para garantizar la continuación de su explotación. Había que pasar de una economía de pillaje no rentable a una explotación racional. De allí surgieron las primeras leyes sobre jornadas de trabajo máximo”11

Esto no fue impuesto sin la resistencia feroz de  los capitalistas y luego de décadas de una implacable lucha de clases. No podía ser obtenido más que porque el sistema capitalista se encontraba en su fase de ascendencia, en plena expansión.

Hoy, la implacable competencia entre naciones capitalistas en lucha por los mercados más reducidos, sobresaturados de mercancías, no puede más que provocar una inexorable puesta en causa general del “nivel de vida”  establecido en los países occidentales, sin esperanza de retornar atrás. Todos estos hechos confirman las previsiones del marxismo, el hundimiento del capitalismo en la catástrofe social.

Queda a los obreros del mundo entero aprender a considerarse como camaradas de lucha, a tenderse la mano a través de los límites de sectores y fronteras, para hacer sus movimientos una sola lucha contra el capitalismo y desarrollar su conciencia de que esta lucha no puede encontrar su finalidad más que en la destrucción del sistema capitalista, es decir, la abolición del trabajo asalariado y del carácter mercantil de la fuerza de trabajo, raíz del esclavismo del proletariado.

Scott.

Notas

1 L’Expansion, 27 de octubre, 2004.

2 L’Expansion, 27 de octubre, 2004.

3 L’Expansion.com, 19 de abril, 2005.

4 CISL en línea, 9 de diciembre, 2005.

5 China, Amnistía Internacional, 30 de abril 2002.

6 Le Monde, 18 de octubre 2005.

7 Le  Monde, 26 de mayo, 2005.

8 Dossiers et documents du Monde, noviembre 2005.

9 L’Humanité, 14 de febrero, 2006.

10 Marx, El Capital, libro 1 capítulo X. Para las nociones de fuerza de trabajo, plusvalor, trabajo extra (sobretrabajo) ver la primera parte de este artículo en RM número 89.

11 Rosa Luxemburgo, Introducción a la economía política, capítulo “el trabajo asalariado”