La política de los “frentes”: armas de la burguesía contra el proletariado

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El ambiente electoral que hoy recorre el continente americano y el descontento social genuino que brota de la miseria engendrada por la quiebra del capitalismo son un terreno fértil para la promoción de toda clase de “alianzas” y “frentes” por parte de la izquierda y extrema izquierda del capital. Estas propuestas “tácticas” son un verdadero terreno minado para el proletariado, detrás de las  frases “radicales” que acompañan al “frentismo” está una trampa, la trampa del interclasismo, de la disolución del proletariado y del aniquilamiento de su independencia política.

 

El “frente único”, un frente antiproletario

Desde sus orígenes esta táctica fue la expresión primero de la deriva oportunista de la Internacional Comunista ante el retroceso de la revolución mundial y, después, ha sido sólo una utilización de la burguesía de ese error para justificar toda clase de “frentes populares”, “anti-fascistas”, “anti-imperialistas”, “contra el neoliberalismo”, etc.

Ante las condiciones cada vez más desfavorables para la revolución mundial, el Tercero y Cuarto congresos de la Internacional Comunista (IC) empezaron a resbalar por la peligrosa pendiente de la política del “frente único”, ello significaba que el proletariado y sus minorías comunistas deberían aliarse con la socialdemocracia (que se había pasado al campo burgués al apoyar los créditos de guerra): “Bajo ciertas circunstancias los comunistas deben declararse dispuestos a formar un gobierno con los partidos y las organizaciones obreras no comunistas” (Resolución sobre táctica de la IC, IV Congreso, 1922). En la historia del movimiento obrero el “frente único” se ha siempre caracterizado como un frente con fracciones burguesas. Lo que para la IC fue un terrible error oportunista que abrió de par en par las puertas a la contrarrevolución, se ha convertido en una grosera política burguesa en manos de trotskistas, maoístas y guevaristas que se “reivindican” de los “aportes” de la IC. Evidentemente que esas expresiones de la extrema izquierda del capital hacen omisión malintencionada de todas las críticas y las lecciones que las izquierdas salidas de la degeneración de la IC hicieron a esa desastrosa política de los bolcheviques. Todo el izquierdismo hoy nos quiere hacer creer que las alianzas con el enemigo serían inevitables, incluso serían el preludio de una etapa en vísperas a la revolución comunista.

Los pretextos que hoy esgrimen los izquierdistas no difieren mucho a las confusiones de la IC y es justamente por ello que la burguesía los puede utilizar dándoles un “barniz proletario”:

* “No aislarse de las masas”. El reflujo de la primera oleada internacional provocó, necesariamente, un regreso de la influencia de la ideología burguesa  a través de la socialdemocracia. Un argumento sería “ir a las masas”, “no abandonar a los obreros”. La IC proponía la “unidad” con los mismos gobiernos que masacraron al proletariado en Berlín y que se había pasado con armas y equipo a la defensa del capital. Lo que se imponía en cambio era el establecimiento de una clara ruptura con los partidos que ya no pertenecían al campo proletario y sacar las lecciones de esa traición. Si las masas “seguían” a esos gobiernos era porque las condiciones habían cambiado y sólo un nuevo giro en la situación mundial podría regresar la influencia dominante de las posiciones revolucionarias en las masas. La responsabilidad de los revolucionarios no es “seguir a las masas” sino luchar contra todas las mistificaciones como única manera para contribuir a una toma de conciencia. El “frente único” aceleró la degeneración de los partidos que lo adoptaron y esta teorización se pagó a un precio demasiado alto por el proletariado, no sólo a nivel de masacres sino también al precio de trabar el resurgimiento del desarrollo de una toma de conciencia al instalar una no delimitación de los enemigos.

 

* “El enemigo principal”. Ya es un viejo lugar común escuchar que es el “imperialismo” el enemigo a vencer, que las “políticas neoliberales” serían el objetivo central en “la coyuntura actual”, etc. Esta política reveló su naturaleza abiertamente antiobrera en la II Guerra Mundial. Bajo el pretexto del “fascismo como enemigo principal” el trotskismo condujo al proletariado a su encuadramiento rumbo a la carnicería mundial en el marco de los “frente antifascistas”. Por un lado, esta política ata al proletariado a “su” burguesía nacional, a la democracia que tendrá que destruir y la conduce inevitablemente a defender una campo imperialista (fascismo –Países del Eje- o los “democráticos” aliados comandados por los EUA). Por otro lado, esta “táctica” esconde una de las consecuencias políticas más importantes que se abrieron con la decadencia del capitalismo: la época de los enemigos comunes se terminó desde la I Guerra mundial, el proletariado y la burguesía encarnan desde entonces la alternativa histórica de la humanidad (comunismo o barbarie) y, entre estas dos alternativa no hay alianza posible en la época en que la revolución proletaria mundial se ha puesto a la orden del día.

Decir ahora que ciertas regiones del planeta serían “semicoloniales” y que, por tanto, el proletariado de esas regiones podría aliarse con “fracciones progresistas” de la burguesía para después poder luchar por el comunismo es una aberración histórica que esconde una descarada política contra la clase obrera. La decadencia del capitalismo es un proceso histórico mundial y nada tiene que ver con visiones absolutistas que pretenden ver esta manifestación hasta en la última aldea africana. La I Guerra Mundial ha sido la manifestación más evidente de esta decadencia. Desde entonces todo lo que conduzca a la toma de conciencia de la necesidad de una revolución mundial para acabar con el capitalismo va en un sentido proletario. Las “alianzas”, los “frentes” que esconden esa posibilidad se sitúan en un sentido contrario.

 

¿Rechazar los “frentes” y las “alianzas” es sectarismo?

Los “frentes” están de moda. Toda la izquierda del capital y sus izquierdistas agitan el estandarte de los “frentes”. Los hay para toda ocasión y con las más variadas cubiertas “teóricas”, desde  “evitar que llegue la derecha al poder”, para enfrentar al “imperialismo americano”y hasta los que se inclinan por “oponerse al neoliberalismo” o refundar una “verdadera izquierda”. La “Sexta Declaración de la Selva Lacandona” llama a conformar un “Frente Nacional” donde “se integren los miserables y explotados de este país (los de abajo)” y cuya meta sería luchar por “una nueva Constitución”; de forma similar la tradición estalinista-maoísta propone la “alianza” de clases (“... incluida la pequeña y mediana burguesía” como lo dice el PCM mlm) mediante un Frente Único de Masas, aunque maquillan su objetivo con lenguaje radicaloide de poner al proletariado como dirección de tal frente. De manera que dichos “Frentes” no son sino argumentos engañosos destinados a golpear la conciencia de los trabajadores, enfrascándolos en la defensa de la nación (o de la economía), ya sea desde el llamado a la “liberación nacional”, o mediante engañifas como el “combate” a la globalización, contra el neoliberalismo, o en apoyo a fuerzas imperialistas, como al Estado cubano o venezolano.

Como es evidente, estas “tácticas” no van en un sentido proletario, todas, sin excepción, navegan en el marco estrecho de la nación capitalista y pretenden ahogar a la clase obrera en medio del interclasismo, que termina perdiendo a los trabajadores en una “ciudadanía” amorfa. La independencia de clase del proletariado es una condición necesaria para poder llevar a acabo su proyecto histórico, ninguna otra clase de la sociedad tiene la conciencia clara de la necesidad de abolir las relaciones capitalistas de producción y de instaurar el comunismo a nivel mundial. Diluir su fuerza en medio de las “masas” es completamente contrarrevolucionario. Esto no significa, de ningún modo, “aislar” a la clase obrera del resto de capas no explotadoras y de los marginados del planeta, todo lo contrario, la suerte de esos millones de desamparados depende de las capacidades revolucionarias del proletariado. En la medida en que la clase obrera avance su programa comunista, en la medida en que plantee una perspectiva de transformación al conjunto de la sociedad, sólo en esa medida las capas no explotadoras encontrarán un programa con el cual identificarse. Esas masas excluidas por el capitalismo no constituyen una clase revolucionaria, pero serán capaces de apoyar al proletariado cuando identifiquen que la emancipación que propone la clase obrera es la emancipación de todos[1].

Las acusaciones de “sectarios” que la izquierda del capital y allegados, e inclusive algunos “ingenuos de buena voluntad”, esgrimen contra todos aquellos que como la CCI denunciamos el carácter contrarrevolucionario del “frentismo” no tienen fundamento. En cambio, introducen una serie de confusiones que sólo conducen a llevar agua al molino del “frentismo”.

 

* El sectarismo fue una expresión de la inmadurez del movimiento obrero. “La primera etapa de la lucha del proletariado contra la burguesía se desarrolló bajo el signo del movimiento sectario. Este tiene su razón de ser en una época en que el proletariado no está aún suficientemente desarrollado para actuar como clase” (Marx y Engels, “Las pretendidas escisiones de la Internacional”). En política las palabras no tienen el sentido que cada quien quiera, sino el que la historia les ha dado. Los “sectarios” que nos oponemos a los “frentes” no negamos las necesidades de una lucha unida, pero el concepto de unidad para el proletariado esta ligado indisolublemente al mantenimiento de su independencia de clase y la responsabilidad de los revolucionarios no es alimentar las ilusiones y la colaboración con los “falsos amigos”. Al contrario, el desarrollo de la conciencia avanza a través de la destrucción de mitos y del reconocimiento pleno del enemigo y sus trampas.

Embarcarse en la construcción de “frentes amplios”, cualesquiera que sean las intenciones, no contribuye a avanzar en la organización y en la conciencia para derribar al capitalismo, al contrario, son trabas ya que introducen confusión sobre las formas de organización del proletariado y conducen a éste a sacrificar su independencia.

Dan. Feb/2005


[1] Por ejemplo, las ilusiones en la propiedad de la tierra no permite a los campesinos arruinados desarrollar una conciencia de acabar definitivamente con la propiedad privada.