Irak, Palestina y Ucrania. Las elecciones no anuncian la paz sino más caos y barbarie

Versión para impresiónEnviar por emailA pesar de la cooperación entre los gobiernos palestino e israelí, la ayuda de Estados Unidos y observadores de la ONU para atraer a la población hacia las urnas, el circo electoral no ha tenido un éxito real. Mahmoud Abbas fue elegido con 62% de votos “o sea ·30 % de palestinos residentes en los territorios y solamente 15 % del conjunto de palestinos en edad de votar (incluyendo los refugiados y expatriados)” (Revista joven África del 15 de enero ,05).

Si bien el llamado al boicot de la consulta por Hamas y el Jihad islámico tuvo cierto impacto, la débil participación ilustra sobre todo la desesperanza, el desconcierto de una población diezmada, aterrorizada por los bombardeos, las masacres, y el pesado tributo pagado cotidianamente a la intifada. Para el proletariado y la población palestina, rehenes de la OLP en su guerra nacionalista contra el Estado de Israel, la miseria no deja de agravarse. La mitad de la población vive con menos de dos dólares diarios. En el sur de la franja de Gaza, la desnutrición también ha hecho su aparición. ¡He aquí la realidad espantosa de la defensa chauvinista de la “causa palestina”!

En cuanto a las declaraciones sobre la posibilidad de nuevas negociaciones, estas son de la misma índole que los discursos de paz que los diferentes protagonistas nos han servido por decenas de años y el frágil cese al fuego no es más que el preludio de nuevos enfrentamientoss y masacres. El nuevo equipo Sharón aliado a la izquierda trabajan hoy la misma política que consiste en acelerar el retiro de fuerzas israelíes de la franja de Gaza para rodear mejor a Cisjordania y aislarla totalmente con la construcción de un muro a su alrededor. Para quitar toda legitimidad a la demanda de la autoridad palestina de mantener Jerusalén como capital del Estado palestino, Israel ha reactivado discretamente un texto de ley de confiscación de bienes palestinos sin ofrecerles la menor indemnización que data de 1950. Esta política no puede más que hacer explotar a corto plazo la frágil unidad de los gángsteres palestinos y engendrar un recrudecimiento de atentados suicidas contra la población israelí y a su vez una represión sangrienta a la población palestina por el clan Sharon/Peres.

Las elecciones en Irak no resolverán nada

Mientras los atentados se suceden, los medios de comunicación burgueses y las grandes potencias presentan las elecciones del 30 de enero en Irak como un acontecimiento histórico. Dicho de otra forma, si se llegara a impedir los actos terroristas, particularmente de la nebulosa Al Qaeda, todo iría como en el mejor de los mundos. ¡La realidad es otra! Los atentados terroristas son directamente producto de la segunda guerra del golfo, de la ofensiva americana en esta región del mundo que condujo a la implosión de Irak y a abrir la caja de Pandora de los enfrentamientos entre clanes islámicos, chiítas, sunnitas y kurdos. De forma más general, Irak constituye, hoy, el punto neurálgico de las rivalidades entre potencias capitalistas en competencia por la defensa de su rango imperialista en el mundo. Mientras el ejército americano comete masacres y bombardeos sistemáticos de ciudades controladas por los rebeldes, el caos no deja de desarrollarse en todo el país. Es necesario que la consulta electoral se realice ya que en ello va su credibilidad política, tanto más que la justificación de su intervención militar, a saber las armas de destrucción masiva ha sido desgastada una vez que se ha reconocido oficialmente que estas no existían. Es por ello que estas elecciones se desarrollaron bajo la más alta vigilancia. Cientos de miles de soldados americanos e ingleses vigilaron las 7000 casillas, apoyados por 100 000 agentes del orden irakí, con retenes y cierre de fronteras. ¿Y después de las elecciones? El riesgo de un caos en todo el país con repercusiones sobre los países vecinos es real, particularmente para Turquía e Irán. Además de los llamados sunnitas al boicot electoral, los chiítas están divididos entre pro y anti-iraníes, existen “nuevos problemas en perspectiva: los kurdos quieren a cualquier precio agregar la región de Kirkouk y sus inmensas riquezas petroleras a su zona autónoma, lo que ni los sunnitas ni los chiítas parecen aceptar. Habrá fricciones, puede haber enfrentamientos. La hipótesis de una partición del país en principio rechazado por Estados Unidos como por todos los vecinos de Irak, o sea una guerra civil, no está excluida” (Le Monde del 5 de enero).

¿Después de la destrucción de Irak, la guerra con Irán?

Mientras nuevas masacres se preparan tras las negociaciones de paz en Palestina, y que las elecciones irakíes van a “dar a luz” un nuevo hundimiento en la barbarie, Estados Unidos acaba de poner a la cabeza de la lista de los países potencialmente peligrosos a Irán, en razón de su programa nuclear y su apoyo al terrorismo.

Ello significa que nuevas intervenciones militares están a la orden del día. “En cuanto a Irán, por el momento, hay incompatibilidad entre las posiciones americana y europea. Para Washington, es inaceptable que Irán se convierta en una potencia nuclear, y si es necesario para impedirlo puede recurrir a la fuerza. Para los europeos, lo que es inaceptable, es el uso de la fuerza militar”. (ibid)

Como en el conflicto irakí y el conjunto de conflictos en curso sobre el planeta, las divergencias sobre Irán entre las grandes potencias reflejan los diferentes intereses de cada uno. Todos son pillos imperialistas, su preocupación es la defensa de su nación, de sus intereses capitalistas. La estabilidad y la paz no son posibles en esta sociedad “Cualquiera que sea el motivo ideológico avanzado por la burguesía para afirmar sus pretensiones imperialistas, este siempre es un pretexto, la única explicación a la agravación de las tensiones y a la multiplicación de los conflictos es el reforzamiento irremediable del capitalismo en una crisis sin fin. La solución a ésta no es ni la instauración de la democracia, ni la búsqueda de la independencia nacional, ni el abandono por ËU de su voluntad hegemónica, ni alguna reforma del capitalismo cualquiera que esta sea, sino su destrucción a escala mundial (extracto de la Revista Internacional 120).

Ucrania: una lucha imperialista entre las grandes potencias

Celebrada en Ucrania y las potencias occidentales como el triunfo de la legalidad democrática concluyen el proceso de democratización abierto en 1991 con el desprendimiento de este país de la URSS.

En el contexto desastroso de Ucrania que, después de la independencia en 1991, ha perdido más de 60% de su producto nacional bruto y donde los ingresos por habitante han caído a 42%, el llamado del nuevo presidente Iouchtchenko a todos los ucranianos “a arremangarse la camisa para servir a su país” va a repercutir en nuevos sacrificios y una caída aún más catastrófica en la miseria para la población donde más de la mitad vive ya por debajo del umbral de la pobreza. Nada diferencia a Iouchtchenko y Ianoukovitch; “la diferencia de programa entre los dos protagonistas es mínima”([1])ambos salieron de las esferas estalinistas después de 1991 e igualmente responsables de numerosos ataques contra la clase obrera.

El proletariado no tiene nada que ganar en esta llamada llegada de la democracia. Para este, como para todos en el mundo, las elecciones capitalistas, “truqueadas” o celebradas según los “standars occidentales”, no son hoy más que un engaño. Es siempre la burguesía la que gana; para la clase obrera no pueden significar más que sumisión a los intereses del capital, reforzamiento de su explotación, pauperización acrecentada y guerra imperialista.

Un momento en el enfrentamiento entre potencias imperialistas

El apoyo aportado “al proceso de democratización” en Ucrania no es en realidad más que una cobertura a la ofensiva americana para hacer caer a Ucrania en su esfera de influencia y la máscara del enfrentamiento entre las grandes potencias occidentales por los despojos del ex bloque del Este desmoronado en 1989. Esta gigantesca conmoción histórica ha relanzado la lucha por la hegemonía mundial y la redistribución de cartas en Europa. El fuerte empuje de Alemania que se levanta como rival de Estados Unidos y la voluntad de estos últimos de mantener a todo precio su supremacía sobre el mundo hacen de Europa una lucha crucial el los enfrentamientos imperialistas.

La elección presidencial en Ucrania jamás ha sido un asunto interior. Se ha hablado mucho de la intervención de los rusos. Pero en 2004, La agencia americana para el desarrollo internacional (USAID) consagró 55 millones de dólares al desarrollo de la democracia en Ucrania. Treinta medios de oposición han recibido un apoyo organizacional y financiero. En todo el país, los americanos han supervisado con la ayuda de asociaciones locales, la formación de asistentes y observadores electorales. El secretariado de Estado ha vertido 10 millones de dólares adicionales en tanto que la ayuda directa al proceso electoral. Los dos grandes partidos americanos se han comprometido y han enviado dos consultores. (...) Washington quería ver en los ucranianos “nuevos europeos”, susceptibles de servir a la OTAN y debilitar a la UE. En el marco de la estrategia de seguridad nacional americana, todo se debe hacer para impedir la emergencia de rivales regionales.”([2])

Estados Unidos dan un golpe de avanzada sobre Alemania al colocar primero a sus hombres sobre terrenos que constituyen zona de expansión del imperialismo alemán. Sin embargo, es completamente imposible para Berlín acomodarse a la presencia americana, obstáculo al desarrollo de su “espacio vital” y aceptar verse presionado sobre sus fronteras por un collar de hierro de naciones que no le son favorables: Alemania no puede más que responder para hacer saltar este cerrojo que quiere imponerle EU, como lo ha hecho en los años 90 ante el cerrojo serbio en los Balcanes, provocando el retorno de la guerra sobre el continente europeo por primera vez desde 1945.

Por otra parte, arrancando Ucrania de Rusia, EU la reduce brutalmente a un rango de potencia secundaria. Habiendo sufrido un retroceso marcado de su influencia después de quince años con la adhesión de sus ex satélites a la OTAN y la instalación de tropas americanas en varios países de Asia central, Rusia había puesto sus ojos sobre las elecciones en Ucrania para que ese país no sea el próximo en darle la espalda. Perder toda influencia sobre Ucrania, zona estratégica de primera importancia (a la vez acceso marítimo al Mediterráneo y lugar de estacionamiento de su flota), significa el fin de sus sueños de gran potencia. Por tanto es imposible aceptar dejarse expulsar de los límites de la Rusia del siglo XVIII sin reaccionar con todas sus fuerzas.

Hacia la aceleración del caos

Las declaraciones del presidente ruso llaman a Ucrania “al pragmatismo en sus relaciones con la Rusia” así como las del ministro de asuntos exteriores Labrov reconocía “el derecho de cada Estado –comprendiendo nuestros vecinos- a escoger por sí mismos sus socios, a decidir a que organización se quieren adherir” no llevan a un apaciguamiento. Al contrario, cuando Rusia se declara “lista para cooperar con la nueva dirección de Ucrania”, ejerce una presión máxima sobre Ucrania a fin de no dejarle algún margen de maniobra.

Así, la “victoria naranja” augura serias confusiones, tanto son vivas las tensiones entre las diferentes bandas mafiosas que forman la clase dominante ucraniana, ellas mismas divididas sobre la alternativa de alineamiento imperialista.

El clan Ianouckovitch, que maneja los medios del Estado y que detenta el poder económico, rechaza dejarse eliminar y promete una “oposición dura”. Las tendencias a la dislocación de Ucrania, encarnadas por las amenazas separatistas de parte de los responsables políticos de las regiones rusófonas constituyen un potente medio de chantaje al servicio del Kremlin.

Por otra parte, Moscú se apoya sobre “las capitales rusas que se apoderaron recientemente de partes importantes de la economía ucraniana” para tratar de imponerse de nuevo.

Para Ucrania que depende en 85% de las importaciones para su energía, la interrupción, a principios de enero, por Turkmenistán (proruso) de entrega de gas con el pretexto de desacuerdos sobre las tarifas, constituye un recuerdo de Moscú que sobre este plano está sometida a su deseo.

Iouchtchenko ha tenido que dar garantías a Moscú de comprometerse a retirar los 1600 soldados ucranianos de Irak y a respetar el acuerdo cuatripartita de cooperación económica con Rusia, Bielorrusia y Kazajastán, que ponía en cuestión.

La bofetada magistral administrada por Estados Unidos a Rusia no puede más que conducir al desarrollo de la inestabilidad sobre el territorio ruso, inestabilidad que a su vez no puede más que agudizar los apetitos imperialistas de las potencias vecinas como de Irán y Turquía. El clan Putin, fuertemente estremecido por el fiasco ucraniano, con la amenaza de ver repetirse el mismo escenario en todos los países de la CEI y en Rusia misma, no puede más que ser obligada a usar todos los medios a su disposición.

Bloqueados al Oeste por potencias actualmente imposible de someter, las tentativas del imperialismo alemán para adquirir una estatura mundial pasan por su afirmación hegemónica en Europa del Este. Así, el “empuje hacia el Este” de Alemania no puede más que provocar la respuesta rusa como americana en Ucrania.

El enfrentamiento entre las diferentes imperialismos en Ucrania donde los protagonistas disponen del arma atómica, transforma esta región en verdadero polvorín a las puertas de Europa occidental.

Donald / Scott, enero de 2005

1Le Nouvel Observateur, 02.12.04

2Die Ziet, citado por Courrier International no 736.