Venezuela, referéndum del 15 de Agosto: Chávez y la oposición, enemigos por igual de los trabajadores

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El referéndum convocó a escoger entre dos opciones burguesas: la fracción chavista o la opositora, para que en adelante se encargue de continuar con la explotación de los trabajadores. Además de ser una oportunidad de la burguesía para darle credibilidad y oxigenar su dictadura democrática, es el resultado de una profunda crisis política en las filas de la burguesía venezolana que se ha agudizado de manera progresiva desde el ascenso de Chávez al poder en 1999, que ha llevado a la polarización de las diversas fracciones que componen al capital nacional en dos bandos: una oficialista agrupada alrededor de la figura de Chávez, y otra, que se le opone, agrupada en la llamada Coordinadora Democrática, logrando dividir a buena parte de los trabajadores y de la población en general en “chavistas” o “anti-chavistas”. Independientemente del resultado, que por el momento ha dado el triunfo a Chávez, encierra un gran peligro para los trabajadores ya que puede recrudecer los enfrentamientos violentos y sangrientos dado el nivel de exacerbación de las luchas intestinas de la burguesía.

¿Qué está a la base de esta confrontación?

La actual confrontación política es un resultado de la descomposición que vive el sistema capitalista a nivel mundial, que lleva a la sociedad a una situación de impasse, de bloqueo([1]). En algunos países, como es el caso que nos ocupa, la descomposición se ha expresado a nivel político por la implosión de los partidos tradicionales de la burguesía, tanto de izquierda como de derecha, el incremento de tensiones entre facciones de las burguesías nacionales que ocasionan una situación de convulsión, caos e ingobernabilidad([2]). Las nuevas fuerzas políticas emergentes, necesarias para el control obrero y social, actúan en un contexto de mayor crisis y caos mundial. Es así que emerge el gobierno izquierdista y populista de Chávez sobre las ruinas de los partidos del “Pacto de Punto Fijo”, principalmente del socialdemócrata Acción Democrática y el socialcristiano COPEI, carcomidos por sus luchas internas, la corrupción, el clientelismo político y el abandono de las necesidades básicas de la sociedad. Chávez, exmilitar, uno de los líderes del golpe de estado de 1992 contra el socialdemócrata Carlos Andrés Pérez, apoyado en su carisma y en su extracción popular, logra capitalizar a su favor el descontento social y la pobreza reinante, hasta llegar al poder en diciembre de 1998; inmediatamente se rodea de los militares que le apoyaron en su movimiento conspirativo y junto con elementos de la vieja izquierda (dentro de ellos el PCV) y organizaciones y elementos izquierdistas (muchos de ellos exguerilleros de los años 60 y 70), derrotados y excluidos de los factores de poder de los gobiernos anteriores, apoyado en una amplia popularidad, toma por asalto las instituciones y poderes del Estado con un objetivo central: desarrollar una “verdadera burguesía nacionalista», viejo anhelo de la izquierda del capital y de la pequeña burguesía izquierdista. Entonces, emprende un feroz ataque contra los sectores de la burguesía que se beneficiaron de los gobiernos anteriores, tratando de excluirlos de la vida económica, política y social, lo cual ha provocado la peor crisis política que ha vivido Venezuela desde comienzos del siglo pasado.

Pero también hay que integrar la injerencia de las potencias extranjeras en este conflicto (ver artículo relacionado en este número). Efectivamente, sobre todo en los últimos tres lustros (desde la desaparición de los bloques imperialistas en 1989) hemos venido evidenciando, los intentos de las potencias europeas y Japón también para disputarle el control casi hegemónico a los EU en América Latina mediante el coqueteo con las burguesías nacionales y regionales más contestatarias que a su vez buscan también la oportunidad para hacer valer sus propios intereses frente al Gran Padrino. Es precisamente este factor el que ha jugado fundamentalmente en las conmociones de los últimos años en Venezuela pues Chávez representa un factor de desestabilización en la región de El Caribe y Sudamérica al inclinarse peligrosamente hacia la colaboración “latinoamericanista” y “antiyanqui” sumándose a Cuba pero también proponiendo liderazgos regionales emergentes peligrosos ya que de inmediato e inevitablemente se subordinan ante los poderes enemigos de los EU; por ejemplo, ha promovido relaciones estrechas con Libia e Irak (parte del eje del mal), ni que decir del intenso cabildeo hecho por Chávez entre las potencias imperialistas hostiles al Policía del mundo. Es por ello, también, que las facciones burguesas de oposición con el apoyo evidente de los EEUU han implementado una serie de medidas para intentar sacar a Chávez del poder: paro empresarial de diciembre del 2001; golpe de Estado de abril del 2002, que mantuvo a Chávez fuera del poder por sólo 48 horas; paro petrolero de diciembre 2002-enero 2003. Después de fracasar en esos intentos, cambiaron la estrategia de pretender sacar a Chávez por la fuerza, y recurrieron a la figura del revocatorio presidencial, contemplado en la nueva constitución aprobada en 1999 por el chavismo para darle sustento jurídico a su “revolución”.

La perspectiva es mayores ataques para los trabajadores

El gobierno de Chávez, gobierno capitalista, es decir que se sustenta sobre la plusvalía extraída a la clase obrera, independientemente de su verborrea “revolucionaria” ha proseguido el camino de los gobiernos de Caldera y CAP, un ataque sistemático y sin cuartel a las condiciones de vida de la clase obrera: los “aumentos” de salarios no compensan la acelerada alza de los alimentos; los niveles de desempleo abierto se ubican en un 22%-25%, de una fuerza laboral de alrededor de 12 millones; de ésta, un 57%, es decir, cerca de 7 millones viven en el subempleo y en la llamada “economía informal”; a las cargas impositivas del Impuesto al Débito Bancario y del IVA (16%), hay que añadirle los niveles de inflación mas altos de América Latina (del 30% para este año) que devoran el salario de los trabajadores; cerca de un 85% de la población vive en condiciones de pobreza; el salario mínimo oficial de Bs. 321.235 (alrededor de 160 dólares), no llega a cubrir el costo de la canasta básica alimentaria de Bs. 545.361; el deterioro de los servicios públicos de salud, educación, transporte, etc. es inocultable, a pesar de las campañas mediáticas del gobierno; en fin, la pauperización de la sociedad se expresa a través de un crecimiento de la mendicidad infantil, la desnutrición y la prostitución juvenil.

La perspectiva es clara, el resultado del referéndum no cambiará en nada las condiciones para la clase obrera, al contrario; por ejemplo, ahora Chávez sustentará su “revolución” no sólo en un ataque ideológico contra la clase, sino en un ataque a sus condiciones de vida; su triunfo le dará carta blanca para acentuar los ataques contra los trabajadores, principalmente los empleados públicos, con el cuento de que “la embestida de los ricos requiere sacrificios para salir de las dificultades actuales”. La campaña, ahora relanzada como nunca, anuncia que “la democracia es la alternativa” a las dificultades del mundo. Ideólogos de las más variadas corrientes políticas pero con el denominador común de ser demócratas defensores del orden capitalista se regocijan por los “logros del pueblo venezolano”, de la “gran lección democrática de Venezuela” pero jamás dirán que los resultados de la gran campaña nacionalista y democrática orquestada apuntalan el reino de la burguesía pues aunque estos acontecimientos están marcados profundamente por los efectos de la descomposición social del capitalismo lo cierto es que el capital sabe aprovechar muy bien el aspecto de la campaña contra la conciencia de los obreros. En medio de este marasmo, la injerencia de las potencias imperialistas se suma como un elemento más que evidencia la utilización del proletariado y el resto de las capas no explotadoras como carne de cañón por parte de la burguesía. En adelante, los riesgos contra el proletariado siguen vigentes ya que si bien, por el momento, los EU aún lamiéndose las heridas hace un tímido reconocimiento al triunfo de Chávez, la realidad es que busca disimular su total intervención en los sucesos a la vez que se prepara, seguramente, para tomar la iniciativa en mejores condiciones.

El futuro depende de la lucha de los trabajadores

El proletariado es la única clase social que puede poner fin a la barbarie capitalista, sin embargo, para lograrlo debe recuperar su independencia, su solidaridad e identidad de clase; para ello, debe impedir que sus movilizaciones queden atrapadas en el interclasismo de las luchas del “pueblo” o los “ciudadanos”. Colocándose en su terreno de clase (de la lucha contra el desempleo, la defensa del salario) puede darle un sentido, un rumbo, a las luchas y manifestaciones de indignación que a diario muestran las otras capas sociales no explotadoras de la sociedad. Este es el reto que hoy tiene planteado el proletariado mundial, y en particular los trabajadores en Venezuela para no dejarse arrastrar por los cantos de sirena de la burguesía y en particular por los impulsores de la llamada “revolución bolivariana” que no es más que un proyecto capitalista promovido por un sector del capital nacional y nada tiene que ver con los intereses de la clase obrera, Esta ideología de izquierda e izquierdista tiene consecuencias nefastas para la clase obrera tal como hoy se vive en Venezuela.

Agosto del 2004/P, RR

1Ver nuestras tesis sobre la descomposición en RINT N° 62 y los números subsiguientes.

2Las convulsiones que se dieron en Perú con Fujimori, en Ecuador con Bucaram, y recientemente en Haití, Argentina y Bolivia, se inscriben dentro de la situación de caos creado por los efectos de la descomposición en América Latina y El Caribe.