Pugnas interburguesas: Ante el fracaso del equipo de Fox, ¿qué candidato busca la burguesía?

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El llamado reciente a la “reconciliación” y a la “unidad nacional” así como a “terminar las pugnas entre los partidos y al interior de los mismos como base para lograr acuerdos y sacar adelante las medidas estructurales que el país necesita” (La Jornada, 13.08.04), arengas pronunciadas por conducto de Carlos Slim, el principal empresario del país y Juan Ramón de la Fuente, rector de la UNAM, un personaje que puede ser candidato, al que una parte de la burguesía no ve con malos ojos para proyectarlo a la Presidencia, ha rematado el cúmulo de llamados similares a lo largo del presente sexenio que se han quejado de la situación política tan inestable que no pocas veces ha amenazado con salirse del control producto del golpeteo político tanto entre los partidos como dentro de ellos.

Los efectos de la descomposición

En RM núm. 81 (jul-ago 2004) donde explicamos los escándalos alrededor del primer círculo de Andrés Manuel López Obrador (AMLO) recordábamos una tesis que hemos venido defendiendo desde hace tiempo: la causa fundamental de que la actual administración no haya, hasta ahora, alcanzado logros significativos con respecto a los retos que tenía particularmente relacionados con las reformas estructurales([1]) a nivel económico y político, se debe, sobre todo, a “la división existente entre la burguesía que no ha logrado darse una fuerza de unidad para encauzar a las distintas fracciones en esa dirección.” (ídem). Esta división, si bien tiene un fundamento económico relacionado con la puja por la elección del equipo de gobierno federal más adecuado para continuar con la gestión de sus intereses como clase considerando las metas que todavía quedan por resolverse al menos en el corto y mediano plazos, el centro de gravedad de la pugna global, sin embargo, se ha trasladado desde hace varios años hacia el terreno político; es ahí donde se está dirimiendo actualmente el conflicto para tomar la decisión.

Estas pugnas políticas se caracterizan por una tendencia cada vez más omnipresente: el cada uno para sí, el afán faccioso de beneficiarse a costa de los otros grupos aún si se sabe que en esta dinámica destructiva siempre hay un saldo negativo para la burguesía tomada de manera global; es, como lo hemos documentado desde hace ya más de una década, el fenómeno de la descomposición que también afecta a los procesos políticos de la burguesía en la forma de descontrol, de incapacidad para consensar acuerdos, etc. Esto se ilustra en la carrera desenfrenada de las distintas fracciones burguesas que pululan al interior del Estado para posicionarse de la mejor manera para garantizar su pervivencia política que les reditúe los beneficios derivados de la influencia en la conducción de los negocios capitalistas. No hay diferencias de fondo en cuanto a la necesidad de las llamadas reformas estructurales como si existen de manera declarada en cuanto al reparto de los feudos de poder económicos y políticos; en medio de una profundización y extensión sin precedentes de la crisis económica que todo lo constriñe, la pelea es a muerte para disputar las cuotas de poder más jugosas.

De la modernización a... la cruda realidad

Esto es lo que ha sucedido, por ejemplo, en los últimos recambios políticos en algunos estados; en Oaxaca, sobre todo, donde como un laboratorio se manifestaron las tendencias profundas que dominan la política burguesa: los alineamientos generados alrededor de las dos candidaturas (con Cué-Diódoro Carrazco-Gordillo-Fox: PAN, PRD, Convergencia; con Ruiz-Murat-Madrazo: PRI estatal, PT, Verde Ecologista) disputaron precisamente las cuotas de poder engendrando alianzas coyunturales que ponen en entredicho el proyecto político de la burguesía para ordenar su juego de partidos para hacerlo más creíble a los ojos de la clase obrera. ¿Dónde queda la campaña democrática modernizadora, por ejemplo, ante el retorno de los grupos más oscuros del priísmo como se dio en Tijuana con el ascenso de Jorge Hank Rhon a la alcaldía?. Lo que importa es el cálculo inmediato, poniéndose en entredicho de manera irresponsable los intereses globales de los capitalistas como clase: el cada uno para sí, por si hubiera alguna duda. Y lo mismo se repite en todas partes.

La burguesía, no sólo tiene aquí un problema grave en cuanto a la falta de partidos políticos definidos ideológicamente como se suponía que iba a operarse mediante una reestructuración de los mismos (pues así lo calculó la burguesía) después del desplazamiento del PRI del poder central para hacer frente a un reparto de tareas frente a la clase obrera (los índices de abstencionismo superiores al 60 y 70% sin duda son un foco rojo para la capacidad de mistificación y control del Estado); tiene otro también muy grave en el plazo inmediato, y es que las disputas así gestionadas tienden cada vez más a amplificarse alejando en los hechos cualquier posibilidad de acuerdos de unidad que tanto necesita la clase capitalista para avanzar en sus proyectos.

Situación actual de las pugnas interburguesas

Frente a esta situación la burguesía ha intentado algunas salidas: -Efectivamente, negociando una mínima disciplina para sacar adelante algunas reformas, como la del seguro social por parte de los llamados dinosaurios del PRI, a cambio, por lo pronto, de respetar la integridad de la “gran familia” que gobernó por siete décadas, aún si el riesgo de descrédito de la campaña del “cambio” es inevitable([2]). Por cierto, en esta circunstancia, el ejército, vinculado por múltiples lazos a la clase política priísta de rancio abolengo, ha logrado hacer valer sus prerrogativas exigiendo “perdón, olvido y unidad para que el país no se nos vaya de las manos” (Secretario de la Defensa, General Clemente Ricardo Vega García. El Universal, 18.07.04).

- Desmantelando el famoso “gabinetazo” que prácticamente se ha desgranado, sobre todo en los últimos meses, ante el fracaso de la administración federal, preparando las mejores condiciones para un relevo presidencial ahora sí más efectivo que el actual y sobre una base más firme que garantice la unidad nacional como premisa para lograr las metas de la burguesía.

- En medio de esta incertidumbre la llamada clase política del PRI se ha venido posicionando cada vez más fuerte como el mejor equipo para lograr la unidad y la disciplina general para sacar adelante los proyectos centrales del país: si bien resiente una división muy marcada en sus filas (Madrazo-Gordillo) que últimamente ha amenazado con la fractura y la creación de un nuevo partido liderado por la misma Elba Esther, secretaria del PRI. A pesar de todo esto, el PRI ha venido promoviéndose ante el conjunto de la burguesía como la única alternativa, que además ha probado una renovada recomposición política (ahí está su recuperación electoral creciente en varios estados del país), capaz de cohesionar a la burguesía alrededor de sus intereses fundamentales aún si eso signifique sacrificar a alguna fracción en disputa([3]).

- En fin, como lo mencionábamos al principio, la fracción de la burguesía agrupada en torno al magnate Slim, la cual reclama cada vez más un liderazgo para superar el actual marasmo y estancamiento político, ha dado un fuerte golpe sobre la mesa para recordar al conjunto de sus compinches de clase que no sólo tienen la carta AMLO sino que disponen de varias alternativas para aportar de una vez por todas una solución a la situación actual. El rector de la Universidad Nacional, por ejemplo, ha representado en todo momento un recurso sólido dependiendo de la evolución de los acontecimientos. De manera más inteligente, este grupo ha demostrado habilidad para jugar con varios naipes a la vez con la única condición de que los ases bajo la manga sepan consagrarse a los sacrosantos intereses estratégicos y globales dela burguesía nacional.

Como vemos, los cálculos son netamente burgueses y la clase obrera no tiene interés alguno en apoyar tal o cual opción de sus enemigos de clase. Si la burguesía actualmente le convoca a inmiscuirse en la mejor elección es porque le interesa mantenerla uncida a la mistificación capitalista que consiste en ofrecer mejoras a las condiciones de vida y de trabajo a condición de que estas se gestionen a través de las instituciones democráticas capitalistas; en particular el parlamento y las elecciones que se ofrecen de nuevo como la oportunidad para elegir al mejor candidato en el 2006 no son sino la ocasión para que elijamos, efectivamente, al equipo gobernante que habrá de dirigir nuestra explotación en los próximos seis años. El proletariado no puede dejarse embaucar en este tipo de trampas, su terreno de combate está en otro lado desplegando su combatividad en la defensa de sus condiciones de vida y de trabajo y jamás en la defensa de la nación.

Agosto del 2004/RR

1Un breve recuento general: el aeropuerto, la magna obra faraónica está en suspenso; la venta gradual del sector eléctrico no avanza; el cobro de IVA a alimentos y medicinas está en suspenso; los contratos de servicios múltiples en petróleo y también en electricidad se han quedado como medidas sólo de consolación para el gran capital; el acuerdo migratorio con EU fue un cuento... en fin, la burguesía en su conjunto a diario le envía mensajes de descontento por la ineficiencia de un gobierno que se pretendía más moderno y más capaz.

2Muy mal ha quedado la cacareada Comisión para investigar los crímenes de la llamada Guerra Sucia que últimamente no atina más que a justificar su ridículo trabajo con excusas del tipo de “se robaron el expediente”, “se integró mal la averiguación”, etc., etc.

3Una situación que no favorece a la burguesía pues el resurgimiento del PRI contradice la campaña democratizadora del Estado burgués, de ahí que haya las mayores reservas sobre la viabilidad de esta opción.