El peor ataque a nuestras condiciones de vida (hasta la fecha) - ¿Adonde vamos a parar? ¿Cómo podemos responder?

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El peor ataque a nuestras
condiciones de vida (hasta la fecha)

 

¿Adónde vamos a parar? ¿Cómo podemos responder?

 

Publicamos el volante elaborado por nuestra
sección en España a mediados de julio de este año que tiene un interés general
pues recoge cuestiones esenciales para la clase obrera en todo el mundo ahora
que está sometida a una política de austeridad brutal en un contexto de
profunda crisis económica y que, por consecuencia, se le plantea directamente
cómo defenderse de estos ataques. A continuación el volante.

En 1984, el gobierno PSOE de
entonces lanzó la primera Reforma Laboral, hace apenas 3 meses el Gobierno PP
actual aplica la peor Reforma Laboral... hasta ahora. En 1985 el gobierno PSOE
hizo la primera Reforma de las Pensiones, en 2011 otra Reforma, ¿para cuando
será la próxima? Desde hace más de 30 años las condiciones de vida de los
trabajadores han ido empeorando gradualmente, pero desde 2010 la degradación toma
un ritmo vertiginoso y con las nuevas medidas del Gobierno PP alcanza cotas que
desgraciadamente se quedarán pequeñas ante los nuevos ataques por llegar. Y
encima hay un ensañamiento de la represión policial: la violencia con los
estudiantes en Valencia el pasado febrero, palizas a mineros, la bala de goma
que deja un enorme hematoma en la espalda de un niña, el cierre del Congreso
tomado por la policía ante las manifestaciones espontáneas que se vienen dando
desde el pasado miércoles y que se repitieron el domingo 15 de julio...

Nosotros, la INMENSA
MAYORIA, explotada y oprimida pero igualmente indignada, trabajadores públicos
y privados, parados, estudiantes, jubilados, emigrantes..., nos hacemos muchas
preguntas sobre lo que está pasando. Hemos de compartir estas preguntas
colectivamente en calles y plazas, en los centros de trabajo, para entre todos,
empezar a hallar respuestas, dar una respuesta masiva, contundente y
sostenida.

El
hundimiento del capitalismo

Cambian los gobiernos pero
la crisis es cada vez peor y los recortes cada vez más sangrantes. Nos
presentan en cada cumbre de la UE, del G20 etc., la “solución definitiva”...
¡que al día siguiente resulta ser un sonoro fracaso! Dicen que los recortes
hacen bajar la prima de riesgo pero sucede JUSTO LO CONTRARIO. Después de
tantas sangrías a nuestras condiciones de vida, el FMI reconoce que habrá que
esperar ¡hasta 2025! para recuperar los niveles económicos de 2007. La
crisis sigue un curso implacable e inexorable dejando a su paso millones de
vidas definitivamente truncadas.

Es cierto que hay países que
están mejor que otros pero hemos de ver el mundo en su conjunto. El problema no
se circunscribe a España, Grecia o Italia, ni puede reducirse a la “crisis del
euro”. Alemania está al borde de la recesión y hay 7 millones de mini-jobs
(sueldos de 400 €); en Estados Unidos el paro se dispara en la misma proporción
que los desahucios. En China la economía lleva 7 meses seguidos de
desaceleración pese a la loca burbuja inmobiliaria que ha hecho que solo en
Pekín existan 2 millones de pisos vacíos. Estamos sufriendo en carne viva la
crisis mundial e histórica del sistema capitalista del que forman parte todos
los Estados cualquiera que sea la ideología oficial que profesen -”comunista”
como en China o Cuba, “socialista del siglo xxi
en Ecuador o Venezuela, “socialista” en Francia, “demócrata” en USA, liberal en
España o Alemania. El capitalismo, tras haber formado el mercado mundial se ha
convertido desde hace casi un siglo en un sistema reaccionario, que hunde a la
humanidad en la peor barbarie: dos guerras mundiales, innumerables guerras
localizadas, destrucción medio ambiental... y, tras haber logrado momentos de
crecimiento económico artificial, a base de especulación y burbujas de todo
tipo, actualmente y desde 2007 se estrella en la peor crisis de su historia con
Estados, empresas y bancos hundidos en una insolvencia sin salida. El resultado
de esta debacle es una enorme catástrofe humanitaria. Mientras el hambre y la
miseria siguen creciendo en África, Asia y Latinoamérica, en los países “ricos”
millones de personas pierden su empleo, cientos de miles son desahuciadas, la
mayoría no puede llegar a fin de mes, el repago de unos servicios sociales
súper recortados hace muy precaria su existencia, y encima la carga de
impuestos (directos e indirectos) les aplasta.

El
Estado democrático es la dictadura de la clase capitalista

El capitalismo divide la
sociedad en dos polos: el polo minoritario de la clase capitalista
que lo tiene todo y no produce nada;  y el polo mayoritario de
las clases explotadas, que produce todo y recibe cada vez menos. La clase
capitalista, ese 1 % de la población que se decía en el movimiento Occupy de
Estados Unidos, se muestra cada vez más corrupta, arrogante e insultante.
Acumula riquezas con un descaro indecente, se muestra insensible ante los
sufrimientos de la mayoría y su personal político impone por doquier recortes y
austeridad... ¿Por qué a pesar de los grandes movimientos de indignación social
que hubo en 2011 (España, Grecia, Estados Unidos, Egipto, Chile, etc.)
continúa, erre que erre, aplicando políticas contra el interés de la mayoría?
¿Por qué nuestra lucha, pese a las valiosas experiencias vividas, está muy por
debajo de lo que sería necesario?

Una primera respuesta está
en el engaño que supone el Estado democrático. Este se presenta como “la
emanación de todos los ciudadanos” pero en realidad es el órgano exclusivo y excluyente
de la clase capitalista, está a su servicio, y cuenta con dos manos: la
mano derecha compuesta por policía, cárceles, tribunales, leyes,
burocracia, con la que nos reprime y aplasta cualquier intento de rebelión. Y
una mano izquierda con un abanico de partidos de todas las
ideologías, con sindicatos aparentemente independientes, con servicios de cohesión
social supuestamente para protegernos... con los cuales nos crea falsas
ilusiones para acabar engañándonos, dividiéndonos y desmoralizándonos.

¿De qué han servido los
votos que cada 4 años hemos emitido? ¿Los gobiernos salidos de las urnas han
cumplido alguna de sus promesas? Cualquiera que fuera su ideología ¿con quién
han estado? ¿Con sus electores o con el capital? ¿De qué han servido las
innumerables reformas y cambios que se han hecho en educación, seguridad
social, economía, política, etc.? ¿No han sido en realidad un “que todo cambie
para que todo siga igual”? Como se decía en el movimiento 15 M: “Le llaman
democracia y no lo es, es una dictadura y no se ve”.

Ante
la miseria mundial ¡revolución mundial contra la miseria!

El capitalismo lleva a la
miseria generalizada. ¡Pero no veamos en la miseria más que la miseria! En sus
entrañas se encuentra la principal clase explotada, el proletariado, quien con
su trabajo asociado –trabajo que no se reduce a la industria y a la agricultura
sino que comprende educación, sanidad, servicios, etc.– asegura el
funcionamiento de toda la sociedad y tiene por tanto la capacidad para
paralizar la máquina capitalista y abrir la vía para crear una sociedad donde
la vida no sea sacrificada en el altar de las ganancias capitalistas, donde la
economía de la competencia sea sustituida por la producción solidaria para la
satisfacción plena de las necesidades humanas. En suma, una sociedad que supere
las contradicciones en las que el capitalismo enreda a la humanidad. 

Esto, que no es un ideal
sino la experiencia histórica y mundial de más de dos siglos de lucha del
movimiento obrero, parece hoy difícil y lejano. Una causa ya la hemos apuntado:
nos engañan con la ilusión del Estado democrático. Pero hay causas más profundas:
la mayoría de los trabajadores no se reconocen como tales. No tenemos confianza
en nosotros mismos como fuerza social autónoma. Y, especialmente, el modo de
vida de esta sociedad basado en la competencia, en la lucha de todos contra
todos, nos lleva a la atomización, al cada uno a la suya, a la división y al
enfrentamiento entre nosotros.

La conciencia de estos
problemas, el debate abierto y fraterno sobre ellos, la recuperación crítica de
las experiencias de más de  dos siglos de lucha, nos proporciona los
medios  para superar esa situación y ser capaces de responder. El mismo
día que Rajoy anunció sus medidas empezaron a surgir algunas respuestas. Mucha
gente acudió en Madrid a la manifestación solidaria con los mineros. Esa
experiencia de unidad y solidaridad se ha traducidos en los días siguientes en
manifestaciones espontáneas convocadas desde las redes sociales.  Ha sido
la iniciativa propia de los trabajadores públicos quién, fuera de los
sindicatos, las ha iniciado ¿Cómo continuar, teniendo en cuenta que será una
lucha larga y difícil? Algunas propuestas:

La lucha unitaria. Parados,
trabajadores públicos y privados, interinos y funcionarios, jubilados,
estudiantes, emigrantes, JUNTOS PODEMOS. Ningún sector puede quedarse aislado y
encerrado en su rincón. Frente a una sociedad de división y atomización hemos
de hacer valer la fuerza de la solidaridad.

Las Asambleas generales y
abiertas. El capital es fuerte si delegamos en los profesionales de la política
y de la representación sindical que siempre nos venden. Asambleas para pensar,
discutir y decidir juntos. Para que todos se hagan responsables de lo acordado,
para vivir y sentir la alegría de estar unidos, para romper la barrera de la
soledad y el aislamiento y cultivar la confianza y empatía.

Buscar la solidaridad
internacional. Defender la nación hace de nosotros la carne de cañón de
guerras, xenofobia, racismo, nos separa y enfrenta con los trabajadores del
mundo entero que son con los que podemos confiar y crear la fuerza para echar
atrás los ataques del capital.

Agruparnos en los
centros de trabajo, en los barrios, a través de Internet, en colectivos que
reflexionen sobre lo que está pasando, organicen reuniones y debates, impulsen
y preparen las luchas. ¡No basta con simplemente luchar, hay que luchar con una
clara conciencia de lo que está pasando, de cuales son nuestras armas, de
quienes son nuestros amigos y quienes nuestros enemigos!

Todo cambio social es
inseparable de un cambio individual. Nuestra lucha no puede limitarse a un mero
cambio de estructuras políticas y económicas, es un cambio radical de sistema
social y por tanto de nuestra propia vida, de nuestro modo de ver las cosas, de
nuestras aspiraciones. Solo así desarrollaremos la fuerza para resistir las
innumerables trampas que nos tenderán, los golpes físicos y morales que
recibiremos. Un cambio de mentalidad hacia la solidaridad, la conciencia
colectiva, que no solamente son el cemento de nuestra unión sino el pilar de
una futura sociedad liberada del mundo de competencia feroz y mercantilismo
extremo que caracteriza el capitalismo.

CCI, julio
2012

Situación nacional: