De las asambleas generales a los consejos obreros en 1905 - ¡Organizarnos por nosotros mismos es posible!

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De las asambleas generales a los consejos obreros en 1905

¡Organizarnos por nosotros mismos es posible!

Las reacciones de la clase trabajadora a la crisis económica mundial se han empezado a desarrollar en diferentes partes del mundo mostrando las potencialidades del proletariado pero también sus debilidades. Algo muy importante que contribuye a superarlas es la reapropiación de las experiencias del movimiento obrero, pues permiten analizar cuáles son los obstáculos y hacia dónde y cómo se tiene que avanzar. La Revolución de 1905 aportó importantes respuestas a lo que se planteaba al movimiento obrero en aquel entonces y sin las cuales la Revolución de 1917 no hubiera triunfado. Aún más, 1905 da claves de cómo puede desarrollarse la lucha proletaria en el futuro por lo que presentamos cómo funcionaron entonces las asambleas generales y su relación con la formación de los consejos obreros o soviets ([1]). 

Las condiciones históricas para el nacimiento de los soviets

Los acontecimientos de 1905 se sitúan en los albores de la fase de declive o decadencia del capitalismo; para cada una de las dos clases principales, el período era el de un inmenso cambio que exigía respuestas diferentes. Para la burguesía, era el final del período de expansión y el principio de un período de rivalidades imperialistas que llevarían a la guerra mundial en 1914. Para la clase obrera, ese cambio significaba el fin de una época en la que las reformas podían ser conquistadas en el marco legal, y el principio de otra época en la que sus intereses no pueden defenderse si no es destruyendo al Estado burgués. Esta situación acabaría desembocando en la lucha por el poder en 1917 y la oleada revolucionaria que le siguió.

Como premisa, la clase obrera se había lanzado a una serie de huelgas cada vez más intensa y extensa. En Alemania, por ejemplo, la cantidad de huelgas pasó de 483 en 1896 a 1468 en 1900 y se habían producido movimientos masivos y huelgas generales en diferentes lugares del mundo. Fue en ese contexto común a la clase obrera internacional, en el que el proletariado en Rusia respondió ante el reto del nuevo periodo creando las nuevas armas de su combate político: la huelga de masas y los soviets.

En Rusia, los acontecimientos de 1905 fueron el producto de una acumulación de experiencias sucesivas de huelgas que se produjeron desde 1896. La gota que derramó el vaso fue el despido de dos obreros de las fábricas Putílov de Petrogrado en enero de 1905, que desencadenó un movimiento de huelgas de solidaridad y una manifestación con la petición al zar de: libertades políticas, el derecho a la educación, la jornada de 8 horas, contra los impuestos, etc. La represión de esta manifestación, fue el punto de partida de la hoguera revolucionaria que se extendió por el país durante un año.  

La clase obrera, que empezó suplicando tras los iconos de la iglesia, demostró una fuerza inesperada. Durante aquellos acontecimientos, se le vio desarrollar movimientos masivos, más allá de las fábricas, los sectores, las profesiones y se fue produciendo un cambio muy acelerado en su conciencia. Era la expresión típica del proceso revolucionario durante el cual, los proletarios, a pesar de sus creencias y sus miedos, descubren y toman conciencia de que su unión hace la fuerza: “El país, de un rincón al otro, fue atravesado por una gigantesca marea de huelgas que sacudieron el cuerpo de la nación. Según un cálculo aproximado, la huelga se extendió a ciento veintidós ciudades y lugares… El movimiento arrastraba a millones de seres… sólo guiada por el instinto de solidaridad, la huelga reinó en el país durante dos meses” ([2]).

El haber entrado en huelga por solidaridad, porque “una masa de millones de proletarios descubre de pronto, con un agudo sentimiento lo insoportable, lo intolerable que es su existencia social” ([3]) es, a la vez, una expresión y un factor activo de la maduración, en el seno del proletariado ruso de entonces, de la conciencia de ser una clase y de la necesidad de enfrentarse como tal a su enemigo. Así, de enero a julio las luchas fueron una sucesión de explosiones espontáneas con un nivel muy débil de organización, pero a partir de septiembre la cuestión de la organización general de la clase obrera pasa a primer plano; es un estadio de creciente politización de las masas en cuyo seno se percibe la unidad de la lucha inmediata reivindicativa con la política. Se desarrollaba lo que luego habría de llamarse huelga de masas, la gran extensión y la auto-organización espontáneas de la lucha del proletariado que van a ser características de los grandes momentos de lucha del siglo xx: “La huelga de masas aparece no como un producto específicamente ruso del absolutismo, sino como una forma universal de la lucha de la clase proletaria… más allá del apogeo de la sociedad capitalista” ([4]).

Las asambleas generales como origen de los soviets

No solo es la huelga de masas la que vivifica todo el año 1905, sino que además su dinámica desembocó, por vez primera, en la creación por el proletariado de los soviets (o consejos obreros), que serán en Rusia de 1917 y en toda la oleada revolucionaria que sacudió Europa, la forma de organización y de poder del proletariado revolucionario.

Fueron los bolcheviques y Trotski quienes primero comprendieron el paso adelante que para el movimiento obrero significaba la formación de esos órganos de la toma del poder. El propio movimiento de la clase obrera había desembocado en la creación de los órganos de poder adecuados para echar abajo el capitalismo agonizante. Los soviets fueron, fundamentalmente, la obra colectiva de la clase obrera: múltiples iniciativas, innumerables discusiones, propuestas que surgían aquí y allá, y la intervención activa de los revolucionarios. Es decir, dos factores determinantes de su nacimiento fueron el debate de masas y la radicalización creciente de las luchas.

Efectivamente, la maduración de la conciencia de las masas que se generalizó desde septiembre de 1905 cristalizó en el desarrollo de una gigantesca voluntad de debate; un fenómeno “nuevo” de propagación de discusiones palpitantes en fábricas, universidades y barriadas: “Asambleas populares absolutamente libres entre los muros de las universidades… el pueblo llenaba los pasillos, las aulas y las salas. Los obreros venían directamente de la fábrica a la universidad… se veía en esta multitud, entre los estudiantes, gran número de personas de ambos sexos venidas del exterior, alumnos de enseñanza secundaria, adolescentes de las escuelas privadas, obreros…” ([5]). Se trataba de un colectivo que discute y reflexiona de manera metódica, ordenada, observando una gran disciplina y madurez. Ese mismo espíritu se observa desde mayo en la ciudad industrial de Ivánovo-Vosnesensk en Rusia central, donde se documenta la aparición del primer soviet.

 El funcionamiento de los soviets

En Ivanovo-Voznesensk, la ciudad que era conocida como el Manchester ruso, el 12 de mayo estalló una huelga en una fábrica que causó, en unos días,  el cierre de todas las fábricas con más de 32,000 obreros en huelga. Tras la sugerencia de un trabajador, en la asamblea fueron elegidos delegados para representar a los obreros en las discusiones. La Asamblea de delegados, compuesta por unos 120 obreros, se reunió con regularidad durante las semanas si­guientes. Su objetivo era conducir la huelga, impedir acciones y negociaciones separadas, asegurar el orden y organizar las acciones obreras y que el trabajo solo cesara tras una orden suya. El soviet emitió una gran cantidad de reivindicaciones, a la vez económicas y políticas, incluida la jornada de 8 horas, un salario mínimo más elevado, que se pagaran los días de baja por enfermedad o maternidad, libertad de reunión y de palabra. Creó después una milicia obrera para proteger a la clase de los ataques de la milicia, impedir los enfrentamientos entre los huelguistas y los que todavía seguían trabajando, mantener el contacto con los obreros de las zonas más alejadas.

“Las asambleas plenarias se celebraban todas las mañanas a las nueve. Una vez terminada la sesión [del Soviet] empezaba la asamblea general de los obreros, que examinaba todas las cuestiones relacionadas con la huelga. Se daba cuenta de la marcha de esta última, de las negociaciones con los patronos y las autoridades. Después de la discusión, eran sometidas a la asamblea las proposiciones preparadas por el Soviet. Luego, los militantes de los partidos pronunciaban discursos de agitación sobre la situación de la clase obrera…  Así se repetía todos los días” ([6]).

Las reuniones masivas en diferentes partes habían planteado un intenso debate sobre la situación, las experiencias vividas, las alternativas para el futuro, pero en octubre la situación se transforma: esos debates, sin por ello desaparecer, maduran en la lucha abierta que empieza a dotarse de una organización general que no solamente dirige la lucha sino que integra y multiplica el debate masivo. La necesidad de agruparse y de reunirse, de unificar los diferentes focos huelguísticos había sido planteada de manera especialmente aguda por los obreros de Moscú. Darse un programa de reivindicaciones económicas y políticas acorde con la situación histórica y con las posibilidades reales de la clase obrera, había sido la aportación de un congreso ferroviario. Debate, organización unificada, programa de lucha, tales fueron los 3 pilares sobre los que van a levantarse los Soviets. Es pues la convergencia de las iniciativas y propuestas de los diferentes sectores de la clase obrera lo que les da origen y no  el “plan” de una minoría. En los Soviets se personifica lo que 60 años antes, en El manifiesto comunista, parecía una formulación utópica: “Todos los movimientos han sido hasta ahora realizados por minorías o en provecho de minorías. El movimiento proletario es un movimiento independiente, de la inmensa mayoría en provecho de la inmensa mayoría”.

Los soviets, órganos de lucha revolucionaria

El 13 de octubre el soviet de Petrogrado llama al proletariado de la capital a la huelga política general y a la elección de delegados: “La clase obrera se ha visto obligada a recurrir a la última medida de que dispone el movimiento obrero mundial: la huelga general. En el plazo de unos días deben producirse acontecimientos decisivos en Rusia que determinarán para muchos años la suerte de la clase obrera; tenemos pues que ir por delante de los hechos con todas las fuerzas disponibles, unificadas bajo la égida de nuestro soviet común” ([7]).

Este pasaje muestra la visión global, la amplia perspectiva, que tiene el órgano recién nacido de la lucha. Expresa una visión claramente política y, en coherencia con el ser profundo de la clase obrera, se vincula con el movimiento obrero mundial. Esta conciencia es a la vez expresión y factor activo de la extensión de la huelga a todos los sectores y a todo el país, prácticamente generalizada desde el 12 de octubre. La huelga paraliza la economía y la vida social, pero el Soviet vela para que ello no lleve a una parálisis de la propia lucha obrera: “abre una tipografía cuando tiene necesidad de publicar los boletines de la revolución, se sirve del telégrafo para enviar sus instrucciones, deja pasar los trenes que conducen a los delegados de los huelguistas… no consiste simplemente en una interrupción del trabajo para esperar acontecimientos, no es una protesta pasiva de brazos cruzados. Se defiende y de la defensa pasa a la ofensiva… levanta barricadas, asalta armerías, se arma y ofrece una resistencia…” ([8]).

“Cuando la huelga, al inten­sificarse, se propagó por el país entero, una vez que hubo parado en seco la industria y los medios de transporte y hubo paralizado a las autoridades, los soviets se encontraron ante problemas nuevos. Debían organizar la vida so­cial, velar tanto por el mantenimiento del orden como por el buen funcionamiento de los servicios públicos indispensables, en resumen, hacer las funciones que, normalmente, son propias de los gobiernos. Lo que los soviets de­cidían, los obreros lo ejecutaban” ([9]).

De esta manera, lo que caracterizó 1905, no fue el enfrentamiento armado, sino la organización del proletariado con bases de clase para alcanzar sus nuevos objetivos generales. Los soviets, necesariamente debían rebasar y suplantar a los sindicatos. Así, en ese primer esfuerzo de formación de soviets podía ya percibirse su naturaleza fundamental: unificación de los intereses económicos y políticos de la clase obrera, y al unir a los trabajadores con una base de clase más que corporativa, el soviet tendió a ser cada día más político, lo cual, irremediablemente, llevaba a un enfrentamiento entre el poder establecido de la burguesía y el poder emergente del proletariado. El que la cuestión de la milicia obrera fuera central en la vida del soviet no se debió a la amenaza militar inmediata que esa milicia presentaba, sino a que planteaba la cuestión del poder de clase.

La situación de doble poder no se alcanzó en 1905, pero la cuestión se planteó desde el principio. Esa es la cualidad esencial del soviet y eso es lo que lo distingue de los sindicatos. Los sindicatos son un arma de lucha del proletariado en el capitalismo en ascenso, en la decadencia esa función del sindicato desaparece y los soviets surgen como un arma en su lucha contra el capitalismo, por su derrocamiento. En 1905, esto se mostró en la manera con la que los soviets iban más lejos pasando por encima de los sindicatos que en realidad los obstaculizaban: “Los consejos de diputados obreros se formaron respondiendo a una necesidad práctica, suscitada por la coyuntura de entonces: había que tener una organización que gozara de una autoridad indiscutible, libre de toda tradición, que reagrupara de golpe a las masas diseminadas e inconexas; esta organización debía ser una punto donde confluir todas las corrientes revolucionarias dentro del proletariado; debía tener iniciativa y capacidad para controlarse ella misma de forma automática; y lo esencial, en fin, poder crearla en veinticuatro horas” ([10]). Por eso es por lo que después de 1905 la forma del soviet, como tendencia o como realidad, volvió a aparecer en momentos de ofensiva de la clase obrera.

1905 muestra lo importante que son las asambleas generales durante la huelga de masas como base para el surgimiento de los soviets. La asamblea general es donde los trabajadores del sector público y privado, desempleados o jubilados, estudiantes, niños y mujeres de familias trabajadoras realmente pueden construir y tomar su lucha en sus manos, decidir colectivamente su desarrollo y extensión. Por ser abierta a todos, no limitada por el corporativismo, la asamblea general une y solidariza los diversos sectores de nuestra clase. Es por ello que los sindicatos y los grupos izquierdistas concentran todos sus esfuerzos para sabotearlas. Aunque tenemos un ejemplo más cercano de lo que es la huelga de masas en la lucha de los obreros polacos en 1980, el proletariado mundial está aún lejos de llegar a este punto, sin embargo, la realización y la defensa de verdaderas asambleas generales está en la agenda en cada lucha de la clase trabajadora en todo el mundo.

CCI, agosto 2012


[1]) Se recomienda la lectura de los artículos de la serie “Hace 100 años, la revolución de 1905 en Rusia” en la Revista Internacional de la CCI.

[2])L. Trotski, 1905.

[3])R. Luxemburg, Huelga de masas, partido y sindicatos.

[4]) Idem.

[5]) Trotski, op. cit.

[6]) A. Nin, Los Soviets en Rusia, p. 17.

[7]) Trotski, op. cit., p. 105.

[8]) Ídem, p. 96.

[9]) A. Pannekoek, Los Consejos obreros.

[10]) Trotski, op. cit.