Democracia - En las elecciones los trabajadores siempre pierden

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Democracia

En las elecciones los trabajadores siempre pierden

Una larga y tediosa campaña publicitaria ha lanzado la burguesía mexicana para promover las votaciones presidenciales que tendrán lugar en el mes de julio de este año. Prensa, radio, TV e Internet están infestados de discursos para convencer a los explotados de las bondades que recibirán si votan por uno u otro de los personajes. Pero sobre todo esa campaña tiene como objetivo central hacer creíble la idea de que el voto es un instrumento que otorga “poder”, en tanto permite elegir quien ha de encabezar el gobierno y entonces hacer aparecer a esto como equivalente a un “cambio social”.

El gran “caballo de batalla” de la burguesía para imponer su dominio es la invocación de la democracia y el voto, con esta trampa, construye una falsa visión de igualdad al imponer a todos los trabajadores la condición de “ciudadanos libres”, con “derechos individuales” (entre los que resalta el voto). Es esta condición política que la clase en el poder establece para hacer aparecer a la estructura de los Estados capitalistas como producto de un acuerdo “civilizado” de toda la sociedad, que crea una unidad de ciudadanos, capaces con solo el “poder del voto” de expresarse y construir mundos.

“Poder ciudadano” = poder de la burguesía

Cuando la burguesía asumió el poder político y se instauró como la clase dominante, establece la condición de ciudadano como expresión de la liberación de la población. Esa condición política queda expresada en los “Derechos Universales del Hombre” (1789) que proclamó el gobierno surgido de la revolución francesa y se considera referente general para el conjunto de la sociedad capitalista. La proclamación de esos derechos fueron, en ese momento, una crítica a las viejas formas de organización política de la aristocracia, aunque definía ya que la preocupación era crear un marco de justificación, a través de las leyes, del dominio de la burguesía y de la división social, de tal forma que reconoce como condición central para la existencia de la libertad ciudadana la permanencia de la propiedad privada. Lo que implica que esas presumidas libertades individuales que proclama la burguesía, como lo plantea Marx, están impedidos para ir “más allá del hombre egoísta, del hombre como miembro de la sociedad civil, es decir, de un individuo encerrado en sí mismo, en su interés privado y en su capacidad privada…” (La Cuestión Judía).

Teniendo como base los “derechos individuales del hombre”, el capitalismo ha levantado sus gobiernos proclamándolos como la representación de la libertad y el producto de la decisión de las mayorías. Y es justamente la capacidad que ha tenido para arrastrar a grandes masas a los procesos electorales lo que le ha permitido crear confusión y hacer aparecer al poder de la burguesía como la forma superior de la organización social. La campaña ideológica que desata en torno a la democracia y el voto le permite fingir que la formación del gobierno lo decide la mayoría y así nubla la visión e impide percibir que detrás del maquillaje de los gobiernos democráticos se encuentra el rostro fiero de la dictadura del capital.

Lenin en 1919 explicaba que “… incluso la república del burguesa más democrática no es nada más que el instrumento por el cual la burguesía oprime a la clase obrera, por la que un puñado de capitalistas oprime a las masas trabajadoras” (“Tesis sobre la democracia burguesa y la dictadura proletaria”).

La clase dominante intenta reforzar las cadenas de dominio conduciendo a los trabajadores a que olviden que en la sociedad capitalista mantienen una condición de explotados y se asuman como ciudadanos atomizados que no tienen más alternativa que seguir el rito periódico de ir mansamente a las urnas y marcar una papeleta para elegir de entre una lista (en la que todos son iguales) al personaje que ha de cumplir el papel de su verdugo. Por eso el “poder” que la burguesía dice, a través de sus diversos voceros, se ejerce por los “ciudadanos” a través del voto, es en realidad el poder de la misma clase dominante en contra de los explotados.

Partidos de izquierda o de derecha, enemigos de los trabajadores

El sistema capitalista es un sistema que ejerce una violencia abierta en contra los trabajadores a través de sus cuerpos represivos, pero de forma cotidiana lo hace a través de la explotación y la imposición de una degradante condición de vida. La fricción social continua que esta condición engendra es un problema para la burguesía y por ello requiere de hacer uso de mecanismos distractores y contenedores de esas molestias. La estructuración de un mosaico de partidos, que abarque desde la derecha hasta la izquierda, se vuelve vital para la clase en el poder porque éstos tienen un papel importante en la contención y desviación del descontento social. Su relevo en el gobierno o la simple esperanza de que esto pueda ocurrir, ayuda a la burguesía a que los trabajadores desgasten sus fuerzas y potencialidades y queden sometidos a la dinámica que dicta el capital. Y aunque al interior de la burguesía se expresan diversas posturas e intereses, todas ellas han de coincidir (en lo general) con que la democracia y el voto es la forma más adecuada para contener el descontento.

Por ejemplo, Karl Popper, filósofo venerado ampliamente por la burguesía, le rinde culto a la democracia porque dice encontrar en ella la forma de “castigar” mediante el voto; lo que implica entonces es que con el voto se castiga o se premia, quitando o poniendo gobiernos. Este argumento se repite en versiones más simplistas en cada campaña electoral que se lleva a cabo. Esta idea expuesta con estudios filosóficos o en grotescos comerciales de televisión, tiene la misma preocupación: mantener atados a los trabajadores a la ilusión de que la democracia y el voto son caminos alternativos para que los explotados lleven sus combates.

Pero el papel alienador de los partidos de la burguesía no sólo lo cumple en las campañas electorales o en su trabajo de “oposición”, también saben cumplir los mandatos del capital cuando encabezan los gobiernos.

Cada que hay un relevo de partido en el gobierno la burguesía lanza vítores porque anuncian la llegada de un cambio social. Pero poco tiempo ha de pasar para que se muestre que, sin importar el color del partido que asuma el poder, los resultados son los mismos: miseria, explotación y represión… incluso los argumentos para justificar la aplicación de sus brutales programas suelen ser repetidos. Si alguien piensa que son puras exageraciones recuerde que no sólo los gobiernos comandados por partidos de derecha son lo que aplican los feroces planes de austeridad. En España aún antes de que llegara al gobierno la derecha (con el PP), el PSOE ya había iniciado con los ataques. En Grecia el gobierno encabezado por Papandreou, miembro del Partido “socialista” (PASOK), no solamente inició los feroces ataques económicos contra la masa trabajadora, además no dejó de lanzar a la policía y al ejército en contra de las manifestaciones de protesta… la izquierda y la derecha buscan un lenguaje que los diferencie entre sí cuando están en la “oposición” (y quieren capturar la simpatía de los “ciudadanos”), pero estando en el gobierno, sus palabras y sus actos antiproletarios son iguales, y no podría ser de otra manera, después de todo los partidos y sus gobiernos tanto de derecha como de izquierda son enemigos de los trabajadores.

Y en México, ¿votar por la izquierda o por la derecha?

Luego de que hemos planteado el significado del voto y la manera en que actúan los gobiernos tanto de derecha como de izquierda, vale entonces analizar lo que significan las votaciones y las campañas electorales en México.

Es importante hacer notar que todos los partidos que están en competencia electoral, son estructuras de origen y naturaleza burguesa, por tanto, todos los personajes que están en este proceso representan a esa clase, pero no es la única razón por la que los trabajadores deben reconocer a estas campañas como procesos inútiles. No es por el hecho de que no exista un “partido adecuado” o un personaje diferente en esas boletas lo que nos lleva a reconocer que se trata de un proceso inútil. Es fundamental reconocer que la democracia y sus instrumentos de actuación, como las votaciones, no son sino mecanismos de control social, por lo que se entiende que no es sino una mascarada que ni siquiera tiene algún peso real en las tomas de decisiones. Es por ello que las elecciones son un terreno en el que los trabajadores no pueden obtener nada.

El PAN, PRI y PRD indudablemente representan lo mismo siendo partidos “opositores” o siendo gobierno. Los gobiernos de izquierda o derecha son enemigos de los asalariados porque su mandato es la protección de las ganancias capitalistas.

Es importante profundizar la reflexión sobre el significado de la democracia y de las votaciones, pero además es imprescindible que los trabajadores tomen consciencia de que su fuerza se encuentra en su capacidad de organizarse de forma autónoma a la clase en el poder. La lucha proletaria para enfrentar a este decadente sistema no pasa por las urnas, porque en las votaciones gane el partido que sea siempre pierden los trabajadores.

Tatlin, abril 2012