Polonia 1980 - Lecciones siempre válidas para la lucha del proletariado mundial

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Polonia 1980

Lecciones siempre válidas para la lucha del proletariado mundial

Como nuestra organización planteaba hace seis años:

“La movilización de las jóvenes generaciones de proletarios en Francia contra el CPE en las facultades, los institutos de enseñanza media, en las manifestaciones y la solidaridad de todas las generaciones hacia esa lucha confirman la apertura de un nuevo período de enfrentamientos entre las clases” ([1]).

La situación que se ha venido desarrollando a partir de entonces solo ha reafirmado las conclusiones de nuestro análisis al verificarse un incremento y aceleración de las movilizaciones obreras así como el reavivamiento de la lucha de clases en todo el planeta.

Junto con el aumento de la combatividad obrera la burguesía ha venido incrementando también la ofensiva contra la unidad y conciencia de nuestra clase, ofreciéndole al proletariado como respuesta a sus demandas las trampas actualizadas del sindicalismo de base, la defensa del capital nacional y la lucha por la democracia en todos sus matices. Los trabajadores de las nuevas generaciones son el sector que está llevando la vanguardia en este periodo de luchas y por ello son el principal blanco de esta andanada ideológica que la clase capitalista difunde profusamente por todos los medios a su alcance. Es de esta manera que se vuelve relevante para los trabajadores recuperar las lecciones de pasadas experiencias de lucha en las cuales nuestra clase, al tomar conciencia de su fortaleza cuando se encuentra unida y organizada, enfrentó de manera exitosa los ataques de los explotadores. La experiencia de los trabajadores polacos a principios de los años 80’s son una de estas experiencias del pasado inmediato en la cual se pueden ver claramente de qué manera la participación masiva del proletariado se puede convertir en un dique a las embestidas del capitalismo.

A continuación presentamos un extracto de un artículo publicado en la Revista Internacional no 103 con la finalidad de mantener presentes las enseñanzas que nos dejaron los trabajadores polacos.

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Las luchas de Polonia 1980 aportaron numerosas lecciones al proletariado mundial (…) una de esas lecciones que se impuso en esa época y que hoy intentan ocultar totalmente las campañas ideológicas de la burguesía, es que las luchas obreras en los llamados “países socialistas” eran fundamentalmente de la misma naturaleza que las de los obreros de los países occidentales, abiertamente capitalistas. En este sentido, las luchas en Polonia ponían en evidencia que en los países del Este, la clase obrera estaba explotada igual que en los países capitalistas, lo que significaba que, desde el punto de vista de los obreros, el “socialismo real” era ni más ni menos que capitalismo.

Antecedentes

El 1º de julio de 1980, estallan huelgas en Ursus, en las cercanías de Varsovia; y también en Tczew, en la región de Gdansk. En Ursus, los obreros se organizan en asambleas generales, redactan una lista de reivindicaciones y eligen un comité de huelga. Aguantan ante la amenaza de despidos y de represión y paran varias veces para mantener el movimiento.

Entre el 3 y el 10 de julio, la agitación prosigue en Varsovia (fábricas de material eléctrico, imprenta), en las factorías de aviones de Swidnick, en las automovilísticas de Zeran, en Lodz, en ­Gdansk... Por todas partes los obreros forman comités de huelga. Las reivindicaciones son de aumentos de sueldo y anulación de las alzas de precios. El gobierno promete aumentos: el 10 % y en algunos casos el 20 % para frenar al movimiento...

A mediados de mes, la huelga llega a la ciudad de Lublin. Las reivindicaciones son: elecciones libres en los sindicatos, seguridad con garantías para los huelguistas, fuera policía de las fábricas, aumentos salariales.

Hacia finales de mes, el movimiento parece estar en reflujo y el gobierno cree que lo ha frenado negociando fábrica por fábrica. Y se engaña. La explosión en realidad está madurando como lo demuestra la huelga de basureros de Varsovia que dura una semana a principios de agosto. La asamblea general hace una lista de 11 reivindicaciones; las propuestas se discuten y se votan. La asamblea decide la elección de un comité de huelga que se compromete con las reivindicaciones: reintegración de militantes, aumento de subsidios familiares, aumento de sueldos (…), disolución de los sindicatos oficiales, supresión de los privilegios de la policía y los burócratas, construcción de un monumento a los obreros muertos por la milicia en 1970, la publicación inmediata de informes verídicos sobre la huelga.

Durante la mayor parte de la huelga hasta el día antes de la firma del compromiso, miles de obreros intervienen desde fuera para exhortar, aprobar o desaprobar las discusiones del Comité de huelga. Todos los obreros despedidos del astillero desde 1970 pueden volver a sus puestos. La dirección cede sobre los aumentos y da garantías para la seguridad de los huelguistas.

El 15 de agosto, la huelga general paraliza la región de Gdansk. Los obreros ocupan los locales y obtienen 2100 zlotys de aumento inmediato. Pero se niegan a volver al trabajo, pues “también Gdansk tiene que ganar”. El movimiento en Gdansk está en un momento fluctuante; hay delegados de taller que dudan en ir más lejos y proponen que se acepten las propuestas de la dirección. Pero vienen obreros de otras fábricas de Gdansk y Gdynia y los convencen de que se mantengan solidarios. Se pide la elección de nuevos delegados más capaces de expresar el sentir general. Los obreros venidos de todas partes forman en Gdansk un comité interempresas en la noche del 15 de agosto y elaboran una lista de 21 reivindicaciones.

El comité de huelga tiene 400 miembros, 2 representantes por fábrica; días después serán 800 y luego 1000. Las delegaciones van y vienen entre sus empresas y el Comité de huelga central, grabando cassettes para dar cuenta de la discusión. Los comités de huelga de cada fábrica se encargan de las reivindicaciones particulares y se coordinan entre sí. El comité de los astilleros “Lenin” está formado por 12 obreros, uno por taller, elegidos a mano alzada tras debate. Dos de ellos son mandados al comité de huelga central interempresas y rinden cuentas de todo lo ocurrido dos veces por día.

El 17 de agosto, la radio local de Gdansk informaba que “el clima de discusión en ciertas fábricas se ha hecho alarmante”. El 18 de agosto 75 fábricas estaban paralizadas en la región de Gdansk-Gdynia-Sopot. Había cerca de 100 mil huelguistas. (…) El comité de huelga organizaba el aprovisionamiento; las plantas de energía y las fábricas de alimentación funcionaban a petición del comité de huelga. Las negociaciones se habían atascado y el gobierno se negó a hablar con el comité interempresas. En los días siguientes estallaron nuevas huelgas en Elblag, Tczew, en Kolobrzeg y otras ciudades. El 20 de agosto se estimaba que 300,000 obreros estaban en huelga (incluyendo 120,000 en el área de Gdansk en más de 250 fábricas). El 22 de agosto, más de 150,000 obreros en la región de Gdansk y 30,000 en Szczecin estaban en huelga. El periódico de los astilleros Lenin, Solidarnosc, salía diariamente; los obreros impresores ayudaban a sacar panfletos y publicaciones. Las publicaciones estalinistas hablaban de “un peligro de desestabilización social y política permanente”.

El 27 de agosto se concedieron salvoconductos elaborados por el gobierno de Varsovia para que los disidentes pudieran viajar a Gdansk y presentarse ante los huelguistas como “expertos” y poner calma en un mundo patas arriba. El gobierno estuvo de acuerdo en negociar con la Mesa del comité central de huelga, y reconoció el derecho de huelga; se restablecieron las líneas telefónicas. Comenzaron negociaciones paralelas en Szczecin, cerca de la frontera con Alemania del Este. El cardenal Wyszynski llamó a terminar la huelga; partes de su discurso se retransmitieron en televisión. Los huelguistas enviaron delegaciones al resto del país pidiendo solidaridad.

El 28 de agosto las huelgas se extendieron aún más, afectando a las minas de cobre y carbón de Silesia, donde los obreros tenían las mejores condiciones de vida de toda Polonia. Los mineros, aún antes de discutir sobre la huelga y manifestarse de acuerdo con las reivindicaciones concretas, declararon que pararían inmediatamente “si las autoridades tocaban a Gdansk”. En el punto más álgido de la generalización, Walesa declaró: “No queremos que las huelgas se extiendan, porque llevarán al país al borde del colapso. Necesitamos calma para negociar”. Las negociaciones entre la Mesa y el gobierno se hicieron privadas; el sistema de altavoces cada vez se estropeaba más en los astilleros. El 29 de agosto las discusiones técnicas entre la Mesa y el Gobierno acabaron en compromiso: a los obreros se les darían “sindicatos libres” si aceptaban: 1º el papel dirigente del partido; 2º la necesidad de apoyar al Estado polaco y al Pacto de Varsovia; 3º que el sindicato libre no desempeñara ningún papel político.

El acuerdo se firmó el 31 de agosto en Szczecin y en Gdansk. El gobierno reconoció los sindicatos “autogestionados”; como dijo su portavoz, “la nación y el Estado necesitan una clase obrera bien organizada y consciente”. Dos días después, quince miembros de la Mesa se despidieron de sus puestos de trabajo para convertirse en oficiales de los nuevos sindicatos (…). Por sus declaraciones los obreros de Gdansk aparecen amargados, desconfiados y decepcionados. Muchos obreros, al enterarse de que los acuerdos les daban sólo la mitad del aumento que ya habían obtenido el 16 de agosto, gritaban: “Walesa, nos has vendido”. Muchos tampoco estaban de acuerdo con reconocer el papel del Partido estalinista y del Estado. Hacia mediados de octubre de 1980 se estimaba que había habido huelgas en más de 4800 fábricas por toda Polonia.

En el aspecto económico, hubo ocupaciones de oficinas gubernamentales en protesta por los racionamientos de carne. En otras partes hubo huelgas y protestas contra el racionamiento de carne en Navidad. Solidarnosc se situó explícitamente en contra de estas acciones y durante algún tiempo hizo campaña por los racionamientos de carne.

El 10 de enero de 1981, cuando Solidarnosc discutía con el gobierno sobre el trabajo sabatino, 3 millones de personas no volvieron al trabajo, poniéndose en estado de alerta la industria pesada. Walesa llamó a que no hubiera enfrentamientos con el gobierno.

En marzo hubo una amenaza de huelga general nacional en respuesta a la violencia de la policía en Bydgoszcz. Al final, fue desconvocada por Solidarnosc tras conversaciones con el gobierno. El sindicato aceptaba que “había alguna justificación en la intervención de la policía en Bydgoszcz por el clima de tensión en la ciudad”. En el periodo que siguió a Bydgoszcz, se pusieron en marcha siete comisiones conjuntas para institucionalizar la colaboración entre Solidarnosc y el gobierno.

A mediados de julio de 1981 se anunciaron aumentos de la gasolina y los precios en general de 400 %, así como recortes de las raciones de carne para agosto y septiembre. Las huelgas y las marchas contra el hambre reaparecieron. Solidarnosc llamó a que se terminaran las protestas. Se plantean también otras cuestiones: la corrupción y la represión, el racionamiento. A finales de septiembre estaban afectados dos tercios de las provincias de Polonia. La oleada de huelgas siguió desarrollándose hasta mediados de octubre de 1981.

Aunque los avisos del gobierno en el verano eran muy provocativos, no fue hasta el 13 de diciembre de 1981 cuando se jugó la baza de la intervención y el gobierno militar. El Estado (…) se sintió lo suficientemente confiado para reprimir y atacar físicamente las huelgas obreras, las ocupaciones y las manifestaciones. Esa confianza venía de la seguridad de que Solidarnosc había hecho un trabajo eficaz para minar gradualmente la capacidad de respuesta de la clase obrera.

La fuerza del movimiento estaba en que los obreros tomaron la lucha en sus manos y rápidamente la extendieron más allá de los confines de cada fábrica. Extender las luchas superando la barrera de la fábrica, hacer asambleas comunes y elegir delegados revocables en cualquier momento, todo esto contribuyó a la fuerza del movimiento.

La labor de Solidarnosc en 1980 y 1981 demostró que, por muy separados formalmente que estuvieran del Estado capitalista, los nuevos sindicatos surgidos de la nada con millones de afiliados y que disfrutaban de la confianza de la clase obrera actuaron de la misma forma que los sindicatos burocráticos oficiales estatales. En Polonia, incluso en lo más álgido de las luchas cuando los obreros se organizaban por sí mismos, hacían asambleas, elegían delegados y organizaban comités interempresas para coordinar y hacer más eficaces sus acciones, ya había un movimiento que insistía en la necesidad de nuevos sindicatos. Como muestra el repaso de los hechos, uno de los primeros golpes contra el movimiento fue la transformación del comité interfábricas (MKS) en la estructura inicial de Solidarnosc (MKZ).

Walesa no sólo contaba con su reputación pasada. También daba nuevos argumentos para acabar con las luchas: “La sociedad quiere orden ahora. Tenemos que aprender a negociar en vez de luchar”. Los obreros tenían que parar sus huelgas para que Solidarnosc pudiera negociar. El marco de su discurso estaba también muy claro, era el del respeto a la economía nacional: “Primero somos Polacos y después sindicalistas”.

El papel de Solidarnosc se hizo cada vez más abiertamente de complicidad con el gobierno, particularmente tras impedir una huelga general en marzo de 1981. Pero Solidarnosc no sólo lanzaba llamamientos directos a mantener el orden. Un típico panfleto de Solidarnosc de Szczecin empezaba diciendo que: “Solidarnosc significa: 1 - el camino para volver a levantar la patria. 2 - calma y estabilidad social - 3. mantenimiento de las condiciones de vida y buena organización”. Pero al mismo tiempo seguía hablando de “la batalla por condiciones de vida decentes”. Esto muestra las dos caras de Solidarnosc, como una fuerza del orden social y a la vez como defensor de los intereses de los obreros. Los dos aspectos de la actividad del sindicato eran mutuamente dependientes. Presentando como primera preocupación los intereses de los trabajadores, esperaban que sus llamamientos al orden tuvieran credibilidad. Esta función de Solidarnosc se reconoció internacionalmente, y los sindicatos occidentales le dieron lecciones de cómo funcionan los sindicatos en el marco de la economía nacional. Las luchas de 1980-81 se vieron enriquecidas por la experiencia anterior de la clase obrera en Polonia. Sin embargo, no fueron una expresión “polaca” aislada de la lucha de clases, sino la culminación de una oleada internacional de luchas de 1978 a 1981. Uno de los significados de la huelga de masas en Polonia fue que proporcionó un principio de respuesta a las cuestiones fundamentales que se planteaban en todas esas luchas: ¿Cómo lucha la clase obrera y cuáles son los obstáculos básicos que enfrenta en su lucha?

Esta es una lección fundamental que aportan al proletariado mundial las luchas de 1980 en Polonia. Sin embargo, los obreros de Polonia no podían comprender inmediatamente esta lección puesto que no habían pasado por la experiencia histórica del papel de sabotaje de los sindicatos. Esas lecciones sólo podían sacarlas realmente aquellos sectores del proletariado mundial que están enfrentados desde hace mucho tiempo a la democracia burguesa, no inmediatamente como consecuencia de la experiencia de Polonia sino a partir de su propia experiencia cotidiana. Y eso es lo que, en parte, ocurrió a lo largo de los años 80.

Pero en las luchas que, frente al impacto de la crisis capitalista, se desarrollarán necesariamente en el futuro, los obreros de todos los países tendrán que retomar las lecciones de sus luchas precedentes. (…).

Barrow


[1]) “Un nuevo periodo de confrontación entre clases”, Revista Internacional no 125, 2o trimestre 2006, http://es.internationalism.org/rint/2006/125