LOS DISTURBIOS EN GRAN BRETAÑA -La perspectiva sin futuro del capitalismo

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Los disturbios en Gran Bretaña

La perspectiva sin futuro del capitalismo

Tras los disturbios que estallaron en todo el país esta semana, los voceros de la clase dominante -el gobierno, los políticos, los medios de comunicación, etc.- nos piden participar en la defensa de una campaña diseñada para apoyar su “programa”: aumento de la austeridad y represión acrecentada contra cualquiera que se oponga.

Austeridad acrecentada porque no tienen ninguna solución para remediar la crisis económica de su sistema en agonía. Lo único que pueden hacer, es eliminar puestos de trabajo, bajar los salarios, recortar los gastos en ayuda social, pensiones, salud, educación. Estas condiciones conducen a la creencia, en una parte importante de toda
una generación, que hay ningún futuro. Por eso, toda discusión seria sobre las causas económicas y sociales de los disturbios ha sido denunciada como querer encontrar “una excusa” para los manifestantes. Nos han dicho que son criminales y que podrían ser tratados como tales.

Represión acentuada porque es lo único que la clase dominante nos puede ofrecer. Ésta saca la máxima ventaja de la preocupación de las poblaciones por las destrucciones causada por los disturbios para aumentar los gastos de la policía, para equiparla con balas de goma, cañones de agua y también para plantar la idea de imponer un toque de queda y el ejército en la calle. Estas armas, junto con la mayor vigilancia de las redes sociales en Internet y la “justicia” expeditiva que se ha abatido sobre aquellos que han sido detenidos después de los disturbios, no sólo se utilizarán contra el saqueo y la destrucción. Nuestros gobernantes saben muy bien que la crisis no puede más que desembocar en un torrente de levantamientos sociales y luchas obreras que ya se han extendido desde África del Norte a España y de Grecia hasta Israel. Son perfectamente conscientes de que se enfrentarán a movimientos de masas en el futuro y que todas sus pretensiones democráticas sirven únicamente para justificar el uso de la violencia contra estos movimientos, de la misma manera que lo han hecho regímenes abiertamente dictatoriales, como en Egipto, Bahrein o en Siria. Fue ya demostrado en la lucha de los estudiantes en Gran Bretaña el año pasado.

La “gran estatura moral” de la clase dominante

Los portavoces del Estado condenan la violencia de los disturbios. Pero es el propio Estado el que ejerce hoy la violencia, y en una escala mucho mayor, contra las poblaciones en Afganistán y en Libia. Una violencia que cada día se presenta como heroica y altruista, mientras que sólo sirve a los intereses de nuestros gobernantes. El gobierno y los medios de comunicación condenan a los fuera de la ley y el delito.
Pero es la brutalidad de sus propias fuerzas de represión, en nombre del mantenimiento de la ley y el orden, que la policía, en primer lugar, prendió fuego a la pólvora con el asesinato de Mark Duggan y con el comportamiento grosero hacia su familia y sus amigos que se manifestaban frente la estación de policía de Tottenham para averiguar lo que había sucedido realmente. Y esto es parte de una larga serie de muertes de personas en las comisarías situadas en zonas similares a
Tottenham o personas que sufren cotidianamente el acoso policial en las calles. El Gobierno y los medios de comunicación condenan la codicia y el egoísmo de los manifestantes. Pero son ellos los guardianes y los propagandistas de una sociedad que funciona sobre la base de la codicia organizada, de la acumulación de riqueza en las manos de una
pequeña minoría. Son ellos los que nos empujan constantemente a consumir más para realizar sus ganancias, a identificar nuestro valor social según la cantidad de mercancías que podemos comprar. Los gobernantes condenan los saqueos “en la semana”, mientras que ellos mismos están involucrados en una vasta operación de saqueo a escala planetaria: las empresas petroleras o forestales que están destruyendo la naturaleza para su beneficio particular, los especuladores que engordan aumentando el precio de los alimentos, los traficantes de armas que viven de la muerte y destrucción, las respetables instituciones financieras que lavan miles de millones de euros del tráfico de drogas. En resumen: ¡esa la moralidad de la clase dominante!

El verdadero problema: ¿cómo defenderse?

¿Cómo podemos defendernos realmente, mientras que este sistema se ve obligado a quitarnos todo?, ¿los motines que hemos visto a principios de agosto de 2011 en Gran Bretaña nos dan un método para combatir, para tomar el control de esas luchas, para unir nuestras fuerzas, para crear un futuro diferente para nosotros mismos?

Muchos de los que participaron en los disturbios han expresado claramente su ira contra la policía y contra los propietarios de la riqueza que son considerados como la causa esencial de su miseria. Pero, casi de inmediato, los manifestantes han secretado los aspectos más negativos, los comportamientos más problemáticos, alimentados por décadas de desintegración social en los barrios urbanos más pobres, por moral propia de las pandillas, a la que los ha llevado el desarrollo de la filosofía dominante del ¡”cada uno para sí mismo” y del “ser rico o morir en el intento”! Es así que al principio una manifestación contra la represión policiaca ha degenerado en un caos francamente antisocial y en acciones antiproletarias: intimidación y agresión contra individuos, robo de comercios en los alrededores, ataques contra los paramédicos y bomberos, incendios de edificios sin discriminación, mientras que a menudo los ocupantes estaban aún
dentro. Tales acciones no ofrecen absolutamente ninguna perspectiva que permita colocarse en contra de este sistema de saqueo en que vivimos. Por el contrario, sirven sólo para ampliar las divisiones entre los que sufren este sistema. Frente a los ataques contra los comercios y edificios, los residentes se han armado ellos mismos con bates de béisbol y han formado “unidades de autodefensa”. Otros se ofrecieron como voluntarios para operaciones de limpieza después de los disturbios. Muchos se quejaron de la falta de presencia policial y pidieron medidas más enérgicas. ¿Quién se beneficiará de esas divisiones? La clase dominante y su Estado. Como hemos dicho, los que están en el poder se reivindicaron ya de una petición popular para reforzar el aparato represivo policíaco y militar, para tipificar como delito toda forma de protesta, manifestaciones y desacuerdos políticos. Los disturbios ya han sido imputados a “anarquistas”.

Los disturbios no son una forma de la lucha de la clase trabajadora; son más bien una expresión de rabia y desesperación en una situación donde está ausente la clase obrera como clase. Los saqueos no son un paso hacia una forma de lucha superior, sino un obstáculo en este camino. Pero existe una alternativa. Se puede percibir en los movimientos masivos que se desarrollan en Túnez, Egipto, España, Grecia o en Israel con el resurgimiento de una identidad de clase, con el resurgimiento de la lucha de clases. Estos movimientos, con todas sus debilidades, nos dan una visión general sobre una forma distinta de llevar a cabo la lucha proletaria: a través de asambleas en la calle donde todo el mundo puede tomar la palabra; a través de un intenso debate político donde pueda discutirse cada decisión; a través de una defensa organizada contra los ataques de la policía y de los matones; a través de manifestaciones y huelgas de trabajadores; mediante la propuesta de la cuestión de la revolución, de la interrogación sobre una forma de sociedad completamente diferente, no basada ya en la visión de que el hombre es un ‘lobo del hombre’ sino en la solidaridad entre los seres humanos, basada no sobre una producción para la venta de mercancías y de la ganancia, sino en una producción para satisfacer nuestras necesidades reales.

 A corto plazo, debido a las divisiones creadas por los disturbios, porque el Estado ha logrado su golpe machacando el mensaje según el cual cualquier lucha contra el sistema actual está condenada a terminar en destrucciones irracionales, es probable que el desarrollo de un real movimiento de clase en el Reino Unido se confronte con aún mayores dificultades que antes. Pero a escala mundial, la perspectiva es la misma: el hundimiento en la crisis de esta sociedad verdaderamente enferma, la resistencia cada vez más consciente y organizada de los explotados. La clase dominante en
Gran Bretaña no podrá sustraerse a estas dos realidades.

CCI, 14/8/2011