Intervención occidental en Libia - Un nuevo infierno guerrero

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Intervención occidental en Libia

Un nuevo infierno guerrero

Desde el 19 de marzo que estalló la intervención
militar en Libia bajo la doble bandera de las Naciones Unidas y la OTAN, la
situación no se ha calmado. Aunque se tranquilizó cuando la última cumbre del
G8 reiteró que la coalición, más allá de sus disensiones, estaba "decidida a
terminar el trabajo", después de haber llamado al líder libio a abandonar el
poder porque ha "perdido toda legitimidad". Rusia misma, participa en el
concierto de todos estos nuevos anti-Gadafi para ofrecer su mediación con quien
"ya no considera líder de Libia". Como signo de apoyo a las "revoluciones
árabes" y por lo tanto, también hacia la población Libia, los líderes actuales
se dividen presionando a Arabia Saudita a meter la mano al bolsillo, con un
regalo a las "revoluciones árabes" de 45 millones de dólares.

Entretanto, este bello gesto de "solidaridad" con
los insurgentes anti-Gadafi reunidos alrededor del Consejo Nacional de
Transición Libio, cuyos representantes pasan más tiempo en embajadas
occidentales que en las áreas de combate, también tiene dificultades para acreditar
una guerra que se atasca cada día más. Las fuerzas de Gadafi, a pesar de los
aproximadamente 2700 ataques aéreos que han sufrido, continúan bombardeando a
los rebeldes ya sea en Bengasi o Misrata. Está lejos el desalojo del poder
libio denunciado recientemente por la "comunidad internacional" por su crueldad
y el advenimiento de la democracia que ha sido el pretexto para esta nueva
aventura militar imperialista. El "guía de la revolución verde" se aferra desesperadamente
al poder. Además, el país ofrece un espectáculo de desolación, lejos de
satisfacer la esperanza o el entusiasmo que acompañaron, a pesar de la dureza
de los acontecimientos en Túnez y Egipto. Los muertos se cuentan en decenas
cada día al menos en Misrata (de acuerdo con la OMS), y los cascarones de
blindados y coches armados llenan las carreteras, mientras las ciudades parecen
cada vez más quesos gruyere, a imagen de Beirut en la década de 1970 y 80. Por
supuesto, nuestros dignos representantes no han dejado de fustigar al gobierno
libio y exigir que "los responsables de los ataques contra civiles entreguen
cuentas", sin omitir movilizar previamente a la Corte Penal Internacional sobre
estos "crímenes".

Conocemos sus grandes discursos, así como su
hipocresía: son responsables de los muertos en ambos campos, incluso entre la
población civil. Porque es regla que en los "ataques aéreos" los muertos no
solo se apilan en los campamentos de los malvados, como en las películas de
serie B. Recordemos solo el ejemplo de los supuestos ataques "dirigidos" de las
dos guerras en Irak, y sus cientos de miles de muertes "colaterales", o en
Afganistán donde regularmente pueblos enteros fueron objeto de "errores" de
logística. La lista de las responsabilidades de las grandes potencias, que no
quita su parte a los Estados pequeños, por la muerte de "civiles", sería muy
larga. Lo mismo que su responsabilidad por crear el caos.

Así pues, la reafirmación de la última Cumbre del
G8 de reforzar su presión militar contra Gadafi con la decisión de implementar
ataques con helicópteros británicos y franceses para estar "más cerca del
terreno" significa a plazo una presencia a plazo "sobre el terreno". En tanto
que la intervención militar tenía parte sobre bases dudosas e inestables, por
ejemplo con EU arrastrando los pies, así como la oposición de Italia y Rusia,
hoy la consigna parece ser, todos a la jauría. La población, a quien los
campeones de todas las categorías de democracia occidental han llegado a
"rescatar" y "resguardar", sufre la misma situación que bajo el yugo de
cualquier dictador particular o el terrorismo internacional. El futuro que se
anuncia después de Gadafi es de una confrontación más o menos latente entre
varios grupos tribales libios, apoyada por las diferentes potencias en el
terreno, donde la consigna es: cada uno para sí y todos contra todos.

Y la cuestión que se plantea hoy es saber si la
misma suerte espera pronto a la población Siria; una población en la cual ha
habido al menos 1000 muertos desde el comienzo de las protestas anti-Assad hace
dos meses, y decenas de miles de encarcelados por las fuerzas de represión del
gobierno de Damasco. Torturas, palizas, y asesinatos son lo cotidiano para los
sirios, de hecho la misma situación que en Libia, que de repente "molesta" a
los representantes de la Unión Europea. Turnándose las veleidosas protestas
ante el Consejo de Seguridad de la ONU contra esta "represión sangrienta",
Francia, Alemania, Gran Bretaña y Portugal han llamado a golpear al régimen
sirio con "sanciones internacionales" que lo convierten por el momento en el
lobo feroz de la historia.

A diferencia de lo que pasa con Libia, la ONU está
lejos de alcanzar un acuerdo y una resolución que comprometa a la acción
militar contra la Siria. Primero porque el gobierno de Siria tiene medios
militares más importantes que las de Gadafi, y debido a que esa región es mucho
más sensible estratégicamente que el entorno de Libia. Y es aquí que puede
darse poco crédito a las potencias occidental que dicen apoyar las
"revoluciones democráticas árabes", cuyas palabras llenan la boca de estos
mentirosos con licencia que toleraron por años el régimen familiar de Al-Assad.
Todas las cuestiones imperialistas relativas a Siria son de primer orden.
Vecina y aliada de Irak de donde un vacilante EU trata de encontrar una
honorable salida militar, Siria es apoyada cada vez más por Irán que le provee
desde los últimos acontecimientos, de milicias experimentadas y todo tipo de
servicios que requieren las necesidades de una represión masiva de la
población.

La primera potencia mundial no puede permitirse el
lujo de terminan con un nuevo pantanal en Siria, lo cual le restaría más
credibilidad en los países árabes, incluso cuando ha tenido dificultades para
calmar las tensiones israelí-palestinas, especialmente atizadas por Israel y
Siria. Además, la carta jugada momentáneamente sobre la arena mundial por EU -y
por Obama en particular, cuyo prestigio casi le asegura su futura reelección-
con el éxito del acecho y muerte sobre mediatizada de Bin Laden, "lavando la
afrente del 11 de septiembre", no significa una erradicación del terrorismo,
objetivo que nos proclamaba la cruzada americana hace 20 años. Por el
contrario, esta nueva situación expone aún más al mundo a un recrudecimiento de
los atentados mortales y los recientes atentados sangrientos en Pakistán y en
Marrakech no han tardado en demostrarlo. En todas partes, ha habido una
multiplicación de los focos de guerra, una huida hacia adelante hacia
rivalidades imperialista agudizadas por las rivalidades entre las grandes potencias
y una acumulación de la inestabilidad y la barbarie.

No hay que hacerse ilusiones. El capitalismo es la
guerra, el caos, y de ninguna manera desembocará en una supuesta liberación o
emancipación de los pueblos.

Mulan,
28 de mayo de 2011