La Izquierda Comunista y la continuidad del marxismo

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La Izquierda Comunista y la continuidad del marxismo

Publicamos este texto para contribuir al conocimiento de la izquierda comunista ahora que la combatividad y el avance en la toma de conciencia de la clase obrera requiere de elementos de referencia de la historia del movimiento proletario. Por la extensión del documento presentamos aquí una primera parte y entregaremos la segunda y última en la próxima edición de Revolución Mundial.

1. Desde la derrota de la oleada re­volucionaria internacional de 1917-23, pocos términos han sido tan deformados o mal empleados como socialismo, comunismo y marxismo. La idea de que los regímenes estalinistas del antiguo bloque de los países del Este, o países como China, Cuba y Corea del Norte actualmente, sean expresiones de comunismo o marxismo es realmente la Gran Mentira del siglo XX, perpetuada deliberadamente por todas las facciones de la clase dominante, desde la extrema derecha a la extrema izquierda. Durante la guerra mundial imperialista de 1939-45, el mito de la "defensa de la patria socialista" fue utilizado junto con el "antifascismo" y la "defensa de la democracia" para movilizar a los trabajadores tanto fuera como dentro de Rusia para la más grande masacre en la historia de la humanidad.

Durante el período de 1945-89, dominado por las rivalidades entre los dos gigantescos bloques imperialistas bajo el liderazgo estadounidense y ruso, la mentira se utilizó más extensivamente: en el Este, para justificar las ambiciones imperialistas del capital ruso; en el oeste, como cobertura para el conflicto imperialista ("defensa de la democracia contra el totalitarismo soviético") y como medio para envenenar la conciencia de la clase obrera. Se exhibían los campos de trabajo rusos (el famoso GULAG) y se le preguntaba a la población occidental: sí eso es el socialismo ¿no preferirías tener capitalismo a pesar de todos sus errores?

Este tema se volvió aún más ensordecedor cuando se dijo que el colapso del bloque de los países del Este significaría la "muerte del comunismo", la "bancarrota del marxismo", e inclusive el fin de la clase trabajadora misma. Por su parte, la "extrema" izquierda del capitalismo le agregó más molienda a este molino burgués. Los trotskistas en particular, que siguieron encontrando "fundamentos proletarios" en el edificio estalinista a pesar de sus graves "deformaciones burocráticas".

2. Este enorme montón de distorsiones ideológicas también ha servido para obscurecer la continuidad real y el desarrollo del marxismo en el siglo XX. Los falsos defensores del marxismo -los estalinistas, los trotskistas, todo tipo de "marxólogos" académicos, modernizadores y filósofos- han ocupado el centro de atención, mientras sus verdaderos defensores han sido desterrados a un segundo plano, descartados como sectas irrelevantes, y o como supuestos fósiles de un mundo perdido, cuando no han sido directamente reprimidos y silenciados. Para reconstruir la continuidad auténtica del marxismo en este siglo, es necesario, por lo tanto, comenzar con una definición de lo que es el marxismo. Desde su primera gran declaración en El Manifiesto Comunista de 1848, el marxismo se autodefinió no como un producto de "pensadores" aislados o genios, sino como la expresión teórica del movimiento real del proletariado.

Como tal, solo puede ser una teoría de combate, la cual prueba su adhesión a la causa de la clase explotada por la defensa intransigente de los intereses inmediatos e históricos de ésta. Esta defensa, aunque basada en una capacidad para permanecer fiel a principios fundamentales e inalterables tales como el internacionalismo proletario, también involucra el enriquecimiento de la teoría marxista en relación directa y viviente con la experiencia de la clase trabajadora. Además, como el producto de una clase que personifica trabajo colectivo y lucha, el marxismo mismo sólo puede desarrollarse a través de colectivos organizados -a través de fracciones y partidos revolucionarios. De esta manera El Manifiesto Comunista apareció como el programa de la primera organización marxista en la historia - la Liga de los Comunistas.

3. En el siglo XIX, cuando el capitalismo era todavía un sistema en expansión, ascendente, la burguesía tenía menos necesidad de esconder la naturaleza explotadora de su dominio pretendiendo que negro era blanco y que el capitalismo era en realidad socialismo. Perversiones ideológicas de este tipo son sobre todo típicas de la decadencia histórica del capitalismo, y se expresan más claramente por los esfuerzos de la burguesía para utilizar el mismo "marxismo" como una herramienta de mistificación. Pero aún en la fase ascendente del capitalismo, la presión implacable de la ideología dominante, tomó frecuentemente la forma de versiones falsas del socialismo que se colaron de contrabando en el movimiento obrero. Fue por esta razón que El Manifiesto Comunista se vio obligado a distinguirse del socialismo "feudal", "burgués" y "pequeño burgués" y que la fracción marxista de la Primera Internacional tuvo que dar una batalla en dos frentes, por un lado contra el bakuninismo y por el otro, contra el "socialismo de estado" lasalleano.

4. Los partidos de la Segunda Internacional se fundaron sobre la base del marxismo, y en este sentido representaban un paso considerable con respecto a la Primera Internacional, la cual había sido una coalición de diferentes tendencias dentro del movimiento obrero. Sin embargo, como existieron en un período de enorme crecimiento capitalista, fueron particularmente vulnerables a las presiones que las empujaban a la integración en el sistema capitalista. Estas presiones se expresaron a través del desarrollo de las corrientes reformistas que habían comenzado a plantear que debían ser "revisadas" las predicciones del marxismo con referencia a la caída inevitable del capitalismo y que sería posible evolucionar pacíficamente hacia el socialismo sin ninguna interrupción revolucionaria.

Durante este período -particularmente a finales de 1890 y principio de 1900- la continuidad del marxismo fue defendida por las corrientes de "izquierda" que eran las mas intransigentes en la defensa de los principios básicos marxistas, y las primeras en ver las nuevas condiciones que surgían para la lucha proletaria mientras el capitalismo alcanzaba los límites de su era ascendente. Los nombres que personifican el ala izquierda de la social democracia son bien conocidos -Lenin en Rusia, Luxemburg en Alemania, Pannekoek en Holanda, Bordiga en Italia- pero también es importante recordar que ninguno de estos militantes trabajó de manera aislada. Cada vez más, mientras la gangrena del oportunismo se esparcía por la Internacional, ellos se vieron obligados a trabajar como fracciones organizadas -los Bolcheviques en Rusia, el grupo Tribuna en Holanda, y así sucesivamente, cada uno dentro de sus partidos respectivos e internacionalmente.

5. La guerra imperialista de 1914 y la Revolución Rusa de 1917 confirmaron la visión marxista de que el capitalismo entraría inevitablemente en su "época de revolución social", y precipitaron una separación fundamental en el movimiento obrero. Por primera vez, organizaciones que se reclamaban de Marx y Engels se encontraron a si mismas en lados distintos de las barricadas: los partidos oficiales social demócratas, la mayoría de los cuales habían caído en las manos de antiguos "reformistas", apoyaron la guerra imperialista invocando a los escritos de Marx de un período anterior, y denunciaron la Revolución de Octubre argumentando que Rusia todavía tenía que pasar por una fase burguesa de desarrollo. Pero al hacer esto, pasaron irrevocablemente al campo de la burguesía, convirtiéndose en banderines de enganche para la guerra en 1914 y en perros sangrientos de la contrarrevolución en 1918, como uno de ellos, el alemán Noske, se calificaba a sí mismo.

Esto demostró definitivamente que la adhesión al marxismo no se basa en declaraciones piadosas o etiquetas partidarias, sino en una práctica viva. Únicamente las corrientes del ala izquierda de la Segunda Internacional, fueron capaces de izar la bandera del internacionalismo proletario contra el holocausto imperialista, quienes se reunieron en la defensa de la revolución proletaria en Rusia, y quienes encabezaron las huelgas y alzamientos que estallaron en numerosos países desde el comienzo de la guerra. Fueron estas mismas corrientes las que proporcionaron el núcleo de la nueva Internacional Comunista fundada en 1919.

6. 1919 fue el punto culminante de la ola revolucionaria de la posguerra, y las posiciones de la Internacional Comunista en su congreso fundador expresaron las posiciones más avanzadas del movimiento proletario: por una ruptura total con los traidores social-patriotas, por los métodos de acción masiva demandados por el nuevo período de decadencia capitalista, por la destrucción del estado capitalista y por la dictadura internacional de los Soviets obreros. Esta claridad programática reflejaba el enorme ímpetu de la ola revolucionaria, pero también había sido preparada mediante las contribuciones políticas y teóricas de las fracciones de izquierda dentro de los viejos partidos: así, en contra de la visión legalista y gradualista del camino al poder de Kautsky, Luxemburgo y Pannekoek habían elaborado la concepción de la huelga de masas como terreno de la revolución; en contra del cretinismo parlamentario de Kautsky, Pannekoek, Bujarin y Lenin habían revivido y refinado la insistencia de Marx en la necesidad de destruir el estado burgués y crear el "estado de la Comuna". Estos desarrollos teóricos iban a convertirse en materia de políticas prácticas cuando naciera la hora de la revolución.

7. El retroceso de la ola revolucionaria y el aislamiento de la revolución Rusa dio lugar a un proceso de degeneración dentro de la Internacional Comunista y del poder soviético en Rusia. El partido bolchevique se había fusionado más y más con un aparato de estado burocrático el cual creció en proporción inversa a los propios órganos de poder y participación del proletariado - los Soviets, comités de fábricas y guardias rojos. Dentro de la Internacional, los intentos de ganar apoyo de las masas en una fase de retroceso de estas, engendró "soluciones" oportunistas - incrementando el énfasis en el trabajo en el parlamento y sindicatos, el llamamiento a los "pueblos del Este" a levantarse contra el imperialismo, y sobre todo, la política del Frente Único la cual tiró a la basura la claridad ganada con tanto empeño acerca de la naturaleza capitalista del social patriotismo de los social patriotas.

Pero justo cuando el crecimiento del oportunismo en la Segunda Internacional provocaba una respuesta proletaria en la forma de corrientes de izquierda, también la marea del oportunismo en la Tercera Internacional era resistida por las corrientes de la izquierda comunista -muchos de cuyos voceros, tales como Pannekoek y Bordiga, ya se habían probado a si mismos como los mejores defensores del marxismo en la vieja Internacional. La izquierda comunista era esencialmente una corriente internacional y tenía expresiones en muchos países, desde Bulgaria hasta Gran Bretaña y desde Estados Unidos hasta Sudáfrica. Pero sus representantes más importantes se encontraban precisamente en esos países donde la tradición marxista estaba en su punto más sólido: Alemania, Italia y Rusia.

8. En Alemania, la profundidad de la tradición marxista unida al enorme ímpetu del movimiento del momento de las masas proletarias, ya había engendrado, en la cresta de la ola revolucionaria, algunas de las más avanzadas posiciones políticas, particularmente sobre las cuestiones parlamentarias y sindicales. Pero el comunismo de izquierda como tal apareció como respuesta a los primeros signos de oportunismo en el Partido Comunista Alemán y la Internacional, y fue encabezado por el Partido Comunista Obrero Alemán "KAPD", formado en 1920 cuando la oposición dentro del KPD fue expulsada por una maniobra inescrupulosa. A pesar de ser criticado por el liderazgo de la Internacional Comunista como "infantil" y "anarquista-sindicalista", el rechazo del KAPD de las antiguas tácticas parlamentarias y sindicalistas estaba basado en un análisis marxista profundo de la decadencia del capitalismo, que hacía estas tácticas obsoletas y demandaba nuevas formas de organización de clase - los comités de fábrica y los consejos obreros; lo mismo puede decirse de su claro rechazo de la vieja concepción de "partido de masas" de la socialdemocracia, a favor de la noción del partido como un núcleo programáticamente claro -una noción heredada directamente del bolchevismo. La defensa intransigente del KAPD de estas adquisiciones en contra de un retorno a las viejas tácticas socialdemócratas lo colocó en el centro de una corriente internacional que tuvo expresiones en numerosos países, particularmente en Holanda, cuyo movimiento revolucionario estaba estrechamente ligado a Alemania a través del trabajo de Pannekoek y Gorter.

Esto no significa que la izquierda comunista en Alemania a principios de la década de los 20 no tuviera debilidades importantes. Su tendencia a ver el declive del capitalismo en la forma de una "crisis mortal" final en vez de un largo y extenso proceso, le hizo difícil ver el retroceso de la ola revolucionaria y le expuso al peligro del voluntarismo; ligado a esto estaban las debilidades sobre la cuestión organizacional, lo que le condujo a una ruptura prematura con la Internacional Comunista e intentar el esfuerzo funesto de convocar una nueva Internacional en 1922. Estas grietas en su armadura le iban a dificultar resistir el curso de la contrarrevolución que se estableció en 1922 y tuvo como resultado un proceso desastroso de fragmentación, teorizado en muchos casos por la ideología del "consejismo" que negaba la necesidad de una organización política distinta.

9. En Italia, por el otro lado, la izquierda comunista -que había ocupado inicialmente una posición mayoritaria dentro del Partido Comunista de Italia- fue particularmente clara sobre la cuestión de la organización y le permitió no sólo llevar una valerosa batalla contra el oportunismo dentro de la Internacional en declive, sino además engendrar una fracción comunista que fuese capaz de sobrevivir el desastre del movimiento revolucionario y desarrollar la teoría marxista durante la noche de la contrarrevolución. Pero a principios de los años 20, sus argumentos a favor del abstencionismo ante la participación en parlamentos burgueses, en contra de fusionar la vanguardia comunista con grandes partidos centristas para dar una ilusión de "influencia de masas", en contra de los eslóganes de Frente Unido y "gobierno de los trabajadores", se basaron también en una profunda comprensión del método marxista.

Lo mismo se aplica a su análisis del nuevo fenómeno del fascismo y su rechazo consecuente de cualquier frente anti-fascista dentro de los partidos de la burguesía "democrática". El nombre de Bordiga se asocia irrevocablemente con esta fase en la historia de la Izquierda Comunista Italiana, pero a pesar de la enorme importancia de esta contribución militante, la Izquierda Italiana no se puede reducir sólo a Bordiga, de la misma forma que el bolchevismo no se podía reducir a Lenin: ambos fueron productos orgánicos del movimiento político proletario.

Continuará
CCI
/septiembre 1998