México: ¿Estado fallido o gansterización del Estado?

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El crecimiento y extensión del poder económico y político de las mafias de la droga en México, ha conducido a que la burguesía de los EUA se sienta preocupada por la posibilidad del "contagio" y por eso ha venido presionado al gobierno mexicano. En ese nivel se encuentra la declaración realizada por el general de la marina norteamericana, James Mattis, (febrero-2009), afirmando que en México existe un "Estado fallido". Según ese militar hay un parecido de México con Pakistán, en tanto que en ambos hay una pérdida de control de la vida política y económica por parte del Estado, en México por culpa del narco, y en Pakistán por el desgaste que sufre por los enfrentamientos continuos con la India y los atentados por los islamistas.

Este argumento pone al descubierto que hay un involucramiento mayor de la mafia en la vida de la burguesía, pero al denunciar el fenómeno  mistifica la realidad, en tanto impide ver que el Estado es un instrumento de la clase dominante, que sintetiza los intereses de todos los sectores de la burguesía, y entre esos intereses también están los de la mafia, que no pertenece a otra clase, por eso sus intereses y prácticas se ha vuelto tan común en todos los grupos que forma esta clase, mezclando y confundiendo sus actividades "legales" con las relativas al narcotráfico. Pero al mismo tiempo, la gansterización de la clase dominante, anima y acrecienta las pugnas, que son llevadas al interno del propio Estado, lo cual sin duda dificulta que la burguesía pueda controlar todos los hilos de su vida política, pero en  ningún momento eso implica que el Estado pierda fuerza para mantener el dominio.

Unidad de gobierno y narcotraficantes... avanza la descomposición

Se afirma por editorialistas, que las acciones militares, financieras y el estado de corrupción al que someten al aparato judicial los cárteles de la droga, muestra que la mafia se mueve como un "poder fáctico" que impide la acción del Estado, en tanto estos grupos mafiosos actúan como un "Estado paralelo". Esta idea toma coherencia sólo si nos quedamos con la definición burguesa del Estado moderno, que lo concibe como la institución que asegura el cumplimiento del "contrato social", organizando a la nación, creando así una unidad indivisible con los ciudadanos. El Estado, si se sigue esa perspectiva, es una entidad neutral que -como teorizara Weber- ejerce el monopolio de la fuerza, pero procurando de forma "racional-legal" legitimar su poder mediante la representación de la población. De forma que si la mafia practica el terror, no sólo a través de sus aparatos paramilitares sino incluso usando a los cuerpos represivos del Estado, se da la imagen que la estructura de poder se ve debilitada, por lo que podría considerársele como "Estado fallido".

Pero ese discurso no tiene asidero si vamos al corazón del problema. Y lo primero es explicar lo que significa el Estado moderno bajo una concepción materialista. Para ello recuperemos lo que Lenin expone en su libro "El Estado y la revolución", presentando de forma sintética la postura marxista: "El Estado es una máquina para que una clase reprima a otra, una máquina para el sometimiento a una clase...". No es pues, el Estado, una estructura neutral que tiene como función primordial la protección de los "ciudadanos", su función primordial es asegurar el dominio del capital, y aún cuando la disputa interna de la burguesía expande el terror hacia el conjunto de la población, el Estado no deja de cumplir sus funciones, asegurando el control y sometimiento de los explotados. Por el contrario, las acciones de la mafia han sido muy bien aprovechadas (por el Estado) para atemorizar y evitar respuestas de descontento de los trabajadores. En regiones como Sinaloa, Michoacán o Guerrero, donde los proletarios cuentan con cierta tradición de combatividad, el accionar de la mafia ha logrado (para el agrado del conjunto de la burguesía) atemorizar e inhibir movilizaciones de descontento.

De manera que no se trata de poner en duda que la presencia de la mafia domina en todas las actividades de la vida de la burguesía, exponiéndose mediante feroces combates, que desgarran lo mismo a los partidos, las relaciones empresariales, que a las estructuras de gobierno... pero la pregunta es: ¿dónde, esta pugna interna de la clase dominante, ha creado una imposibilidad de la actuación del Estado? Hasta ahora, vemos actuar al Estado con toda impunidad en contra de la clase obrera, incluso, como se dice arriba, al hacer el traslado de los efectos de esa pugna hacia los trabajadores ha llevado mejor su labor. Suponer lo contrario nos llevaría a olvidar que las mafias de la droga no se encuentran fuera de la esfera del Estado, sino al ser parte de la clase dominante, se colocan dentro de éste.

La mafia y la droga desde hace décadas toman un lugar importante en la vida de la burguesía. En los últimos tiempos se ha vuelto escandaloso en tanto el capitalismo sufre un proceso de descomposición, marcado por una dificultad de la burguesía a establecer relaciones duraderas, lo cual hace que viva en una disputa interna de "todos contra todos". Es esta fractura la que le impide contener los ímpetus de las pandillas. Esta ruptura del tejido de la burguesía, la lleva a definir su comportamiento al estilo gánster, asesinando con las balas de la mafia y del ejército no sólo a los sicarios (que son carne de cañón) y a la población civil que se cruza en su camino (a la que el gobierno clasifica como "daños colaterales"), sino incluso a personeros de la burguesía, involucrados en la política, pero eso, por muy grave que parezca, no muestra la debilidad del Estado para cumplir su papel de control, tan sólo habla de la dificultad de la burguesía para poner orden en sus filas.

La gansterización del Estado

Esto que se vive en México muestra en carne viva lo que representa la descomposición, tal como se señalan nuestras Tesis sobre la descomposición (publicada en Revista Internacional # 62): "resulta cada día más difícil distinguir al aparato de gobierno y al hampa gansteril".

Para la burguesía, la operación con la droga es un negocio como cualquier otro, y como en toda rama de la producción, se vive una feroz competencia (también acelerada por la agudización de la crisis), sólo que la protección o afectación de un oponente requiere de operaciones sangrientas. La presencia de las prácticas mafiosas de la burguesía está presente en Estados como Rusia y aunque no es una actuación nueva de la clase en el poder, guarda como peculiaridad de este tiempo el que se dificulta disciplinar sus fuerzas.

En los años 60 y 70 el "combate" a la siembra de la droga en los estados de Guerrero y Oaxaca se mezcló con la persecución a la guerrilla, de manera que el negocio de la droga era usado como una especie de pago extra o compensación a los militares que cumplían en primera fila la represión. En ese marco es que sin dificultad los grupos de la droga se colocaban bajo las órdenes de gobernadores, como Raúl Caballero Aburto, Rubén Figueroa (ambos gobernadores de Guerrero entre 1957-61 y 1975-81 respectivamente), o de militares como Acosta Chaparro. La relación de las mafias con Figueroa era incluso presumida por este, y en el caso de Acosta, aunque es destituido y encarcelado durante 5 años por su colaboración con grupos del narcotráfico (y por la muerte de 22 personas durante la "guerra sucia"), en 2007 sale libre, exonerado de toda culpa, recuperando su grado, e incluso en 2008 le otorgan una nueva condecoración por 45 años de servicio con "patriotismo, lealtad, abnegación, dedicación y espíritu de servicio a México y sus instituciones".

En la "operación cóndor" (1977-87), llevada a cabo en el "triangulo dorado" (formado por las zonas de encuentro de Durango, Sinaloa y Chihuahua), la operación militar contra la droga esconde también la persecución de la guerrilla, no es casual que en estas tareas se designe al general Hernández Toledo (militar que dirigiera las tropas en la masacre de Tlatelolco en 1968). Con esta operación el gobierno permite se puedan ordenar los intereses que se crean alrededor de la droga, otorgando privilegios a los gobernadores y mandos militares. Un hecho a destacar es que durante los 10 años que duraron esas operaciones, no se detuvo a ningún dirigente de la mafia, por el contrario, se le da poder para extender su dominio hacia Jalisco.

En décadas anteriores cuando se presentaban pugnas al interior de la burguesía, aglutinada en ese entonces como una "familia revolucionaria" (y representada en su mayoría en el PRI), la burguesía tenía la capacidad de imponer una disciplina. Por ejemplo, en 1947, cuando grupos del cardenismo acusaron públicamente al general Pablo Macías, no son posibles en la actualidad, y no solamente porque el partido en el poder es ahora el PAN, la pugna se presenta de igual forma en los estados donde gobierna el PRI, incluso podemos arriesgarnos asegurar que aún regresando este partido al gobierno federal, la fractura del tejido seguirá ahondándose, después de todo, como ya la CCI lo ha planteado: "Entre las características más importantes de la descomposición de la sociedad capitalista, hay que subrayar la creciente dificultad de la burguesía para controlar la evolución de la situación en el plano político." (Tesis 9).

En suma, es posible ver que cada grupo del poder está unido a un grupo mafioso, hay entre ellos una colaboración, si no es que una fusión, eso permite que trabajen con gran impunidad. Pero los personajes y los grupos burgueses saben a qué pandilla mafiosa es a la que está unida su vecino o a su opositor y pueden convivir hasta cierto punto, el límite es el cruce de intereses, por eso la dificultad del Estado está en poder controlar la actividad de todos ellos y evitar la explosión de los conflictos, en este sentido la colocación de los militares en la primera fila del conflicto es un acto con el que el grupo en el poder pretende mostrar una posición de fuerza, pero el mismo ejército está fracturado, ni aún la protección y la carta blanca recibida para actuar con impunidad logra la disciplina. La burguesía tiene problemas para asegurar su unidad, pero aún puede trasladar los efectos nocivos de su descomposición hacia los trabajadores.

Tatlin / agosto - 2010