“Huelgas” en Cananea, Sonora y El Cubo, Guanajuato Estado y sindicato golpean y humillan a los trabajadores

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Después de casi tres años de una larga "huelga" iniciada el 30 de julio del 2007, los trabajadores mineros fueron aplastados el pasado 6 de junio por fuerzas de choque de la empresa, amplios destacamentos de la policía federal y tropas del ejército. Una acción estatal represiva que de nuevo fue presentada como ejemplar y con saldo blanco cuando en realidad los obreros y sus familias sufrieron la bestialidad represiva ante el afán de los capitalistas y su aparato policial de dar un "ejemplo" de cómo se actúa ante cualquier brote de descontento o rebeldía de la clase explotada.

En general, este tipo de eventos se presentan con una carga apabullante y desmoralizadora pues estamos ante la fuerza omnipresente del Estado de los explotadores y se hace difícil enfrentar tal aparato con las exiguas fuerzas que tenemos en cada centro de trabajo. Sin embargo, no debemos permitir que este tipo de hechos se nos impongan con fatalismo y sin un mínimo de reflexión y comprensión. En efecto, los antecedentes de este nuevo golpe a los trabajadores se vinculan directamente con la labor antiobrera de la estructura sindical.

El sindicato usa a los obreros como carne de cañón

Después de la muerte de 65 trabajadores en la mina Pasta de Conchos en Coahuila en el 2006, el descontento y la indignación se extendieron no sólo por las inhumanas condiciones de trabajo y de explotación reveladas por enésima ocasión, sino también por el cínico manejo del crimen que hicieron todos los actores del capital: sindicato, empresa, gobierno, policía, clero... Esta cólera queda ahogada en medio de las pugnas interburguesas que se agudizaron entre la fracción gubernamental y la empresa por un lado y la camarilla sindical aglutinada en tomo al secretario general Napoleón Gómez Urrutia ("Napito"), a quien se ha intentado por varios medios de desplazar de esa estructura, interponiendo otra fracción sindical de recambio, una medida que no significa que el sindicato minero actual ataque los intereses del capital y defienda a los obreros sino que expresa pura y llanamente los enfrentamientos entre grupos de la burguesía que se disputan la parte más jugosa del botín producto de la explotación de los trabajadores.

En ese contexto, la camarilla de "Napito" estalla la huelga en Cananea bajo la bandera de mejorar las condiciones de seguridad e higiene en el trabajo, demandas muy sentidas por los trabajadores quienes se sumaron a la supuesta lucha convocada por el sindicato pero que rápidamente se transformó en una lucha por "el respeto a la autonomía sindical", es decir, por la defensa del secretario general del sindicato.

En esta disputa burguesa tanto la empresa y el gobierno por un lado como el sindicato por el otro, aunque se han dedicado a saldar sus diferencias, se han cuidado muy bien de que los trabajadores no se salgan de control sobre todo si tenemos en cuenta que han sido utilizados para desplegar movilizaciones y huelgas recurrentes como medidas de presión por parte de las camarillas sindicales. Una prueba más de que sindicato, patrón y gobierno actúan unidos contra los trabajadores, a pesar de sus diferencias.

Durante casi tres años, se impuso a los trabajadores no sólo la exigencia central de defender a uno de sus verdugos sino además una huelga larga, muy desgastante y desmoralizadora que los ha aislado completamente del resto del proletariado y los ha encerrado en acciones sindicales típicas que presentan siempre como las únicas formas de lucha posibles: litigios en los tribunales burgueses, cartas de súplica a los gobernantes, demandar apoyo en las cámaras de diputados y senadores, amparos... medidas que apuntalan siempre al Estado en contra de los trabajadores.

Después de estos años de verdadero tormento, los trabajadores son desalojados de la mina con todo el bestial sadismo de que es capaz la burguesía y además los está responsabilizando de las supuestas pérdidas económicas generadas durante el paro, justificando así las miserables indemnizaciones que ofrece la empresa a los 1300 obreros echados a la calle. Así, no sólo han dilapidado tres años de sus energías y de sus familias en una "lucha" por la defensa del sindicato, su principal enemigo, sino que, al final, se les condena por los daños a la empresa y se les arrebata sus empleos con una represión brutal de balas, gas y tolete, sufriendo adicionalmente una humillación atroz junto con sus familias, pues han sido perseguidos y vejados por toda la ciudad sin importar la edad y el sexo.

Como se aprecia, no era un bastión de lucha lo que existía en Cananea, sino sólo grupos de trabajadores dominados por el sindicato, indefensos, atados de pies y manos, listos para ser sacrificados en aras de los intereses de los patrones y del Estado. Ese ha sido siempre el trabajo del sindicato. El hecho de que el sindicato haya sido el más feroz defensor de esta "huelga" no significa, ni mucho menos, que lo haya realizado para defender las demandas de los trabajadores sino para apuntalar la resistencia de la camarilla sindical dominante a ser desplazada del poder.

La huelga de la mina El Cubo en Guanajuato: la misma trampa sindical

Es cierto que para la camarilla del "Napito" la pérdida de la carta fuerte de Cananea es un duro revés para su capacidad de maniobra política, sin embargo, no se ha quedado con los brazos cruzados como se demuestra en la manipulación de otras opciones como los paros de labores que ha impulsado, en el último ano, en la mina El Cubo en Guanajuato jalando a los trabajadores con demandas legítimas pero que de inmediato son desvirtuadas hacia la defensa del sindicato. Es decir, transformando estas "huelgas" en monedas de cambio, en estrategias de amago y negociación.

Para los trabajadores, estos jalóneos interburgueses significan inevitablemente la sumisión total ante los designios del patrón y del Estado como se ha demostrado también aquí pues, al menos en el último año, los mineros han sufrido brutales aumentos de los ritmos de trabajo y de la jornada laboral y, últimamente, el despido de casi 400 trabajadores. Al mismo tiempo que la fracción sindical dominante resiste frente a las tentativas de su relevo con el chantaje de la movilización a la empresa y al gobierno, por otro lado se las arregla para garantizar un férreo control de los trabajadores a fín de que los designios de la empresa se lleven a cabo.

El problema es el sindicato

Aparte de especializarse por un siglo en el control y el encuadre de los obreros para hacerlos aceptar los sacrificios exigidos por la sed de ganancia del capital, los sindicatos los sacrifican sin ningún pudor en las pugnas intersindicales y burguesas que se disputan a menudo en el interior del Estado capitalista. Esta es una verdad probada por décadas que demuestra que siempre que los trabajadores confían y siguen las directrices sindicales (de cualquier filiación) acaban siendo golpeados y humillados sin consideración por este órgano del Estado burgués dentro de las filas proletarias.

Para defender sus intereses reales como clase el proletariado debe necesariamente avanzar en el cuestionamiento de la tutela sindical, diferenciando las marrullerías de los sindicaleros que siempre traían de enrolarlos en actividades ajenas a su terreno de clase de las acciones necesarias y propias que se orientan a una lucha genuina con medios y formas de lucha (ver volante en este número) totalmente contrarias a las trampas sindicales que se despliegan actualmente.

RR (06-06-2010)