¿Por qué tantos ataques y tan escasas luchas?

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Los ataques llueven sobre nosotros. Todos tenemos temor ante el anuncio de un cierre de fábrica o de un "plan de reestructuración", sinónimo de oleada de despidos. Los jóvenes en edad de acceder al "mercado laboral" se enfrentan a un muro. Las empresas ya no contratan. Las entrevistas para solicitud de empleo se saturan con, en el mejor de los casos, 100 candidatos sobrecalificados  para... un puesto. Y aún se proponen como provisionales  los pequeños trabajos precarios, mal pagados y en condiciones de explotación infernales. ¡Y todos sabemos que eso será aún peor mañana!

Con todo esto, desempleados, precarios, trabajadores del sector público y  privado, dudamos para volver a entrar en lucha. La crisis económica afecta sin distinción a toda la clase obrera con una brutalidad y una ferocidad desconocida en décadas. Ante esta situación insoportable desde hace varios meses casi no hay ninguna reacción, hay muy pocas huelgas y luchas (1). ¿Por qué?

Es a esta pregunta crucial que responde en gran parte el correo de AL, lector de nuestra prensa, que publicamos enseguida.  (2).

Carta del lector

Sin entrar en detalles, el capitalismo atraviesa una enésima crisis económica [...]. En todos los países, las empresas y los Estados procedieron a despidos masivos. A nivel mundial, el desempleo estalló simplemente. Los impuestos de todo tipo aumentaron y las ayudas sociales disminuyeron drásticamente. Todas estas acciones generan obviamente una degradación importante pero también muy rápida de las condiciones de vida de los obreros a escala mundial. [...]

En la actualidad, un gran número de obreros se preguntan porqué no hay una respuesta masiva por parte del proletariado mundial ante la importancia y la profundidad de la crisis actual y sus consecuencias sobre su vida social. ¿Qué impide a los trabajadores entrar en lucha? Aparte de la rebelión en Grecia entre diciembre de 2008 y enero de 2009,  la clase obrera paradójicamente no respondió a la altura de los golpes recibidos.

Es necesario decir que los Estados, apoyados por periodistas y analistas financieros de toda calaña, se ponen a trabajar para hacernos creer en una recuperación de la economía desde marzo de 2009. En particular, en la última reunión del G20, los representantes de todos los países se felicitaron por el éxito de sus respectivos planes, de la economía mundial y los mercados financieros. Un maquillaje que, a propósito, sólo es temporal y se refiere solamente a los mercados bursátiles y que es dirigida por los grandes bancos americanos como Goldman Sachs, contribuyendo a la formación de una nueva "burbuja" bursátil y a su estallido a muy corto plazo. La economía "real", al contrario sigue deteriorándose más. Esta euforia, aunada al golpeteo de información, mantiene ciertamente la confusión en la cabeza de los obreros y contribuye también a la falta de perspectivas. La segunda razón se remonta a una veintena de años, a saber, la caída del muro de Berlín, del estalinismo, del "bloque del Este" y la llamada "muerte del comunismo". En efecto, hoy, simplemente al discutir con un buen número de personas, se da cuenta que para ellos el sistema que tuvo en lugar en Rusia, en los países del Este y Alemania del Este, era el comunismo, cuando no era el caso. Pienso y me doy cuenta que la desinformación y las mentiras sobre el comunismo pronunciadas por la clase explotadora dejaron huellas y están aún desgraciadamente presentes en el espíritu de los proletarios. En la actualidad, muchos obreros piensan objetivamente que este sistema económico está en su fase final de su vida y en agonía, pero no sabe simplemente con que sustituirlo, ya que les martillaron durante años, a través de los medios de comunicación, la prensa escrita, sus libros y sobre todo por la educación, que el comunismo era un sistema económico que no funcionaba  y que conducía a regímenes dictatoriales o, en el mejor de los casos, que era una utopía. Lo cual es falso por supuesto, y se trata de una de las mayores mentiras de la humanidad. La tercera y última razón es que la crisis no afecta a todos los asalariados con la misma intensidad y en el mismo momento. Lo que puede explicar porqué un número limitado de obreros entran en luchas desesperadas, aunque aisladas, y que otros están aún en fase de reflexión y maduración de su conciencia.

Aquí quizá un principio de respuesta, y que espero aportará algunos elementos a la reflexión colectiva.

 

Nuestra respuesta

Estamos de acuerdo con cada punto de este correo. En realidad, la violencia con la cual afecta hoy la crisis económica tiene, momentáneamente, un efecto espantoso y paralizante.

Como lo destaca el camarada AL, las últimas luchas de amplitud tuvieron lugar en Grecia y las Antillas a finales de 2008 y a principios de 2009. No es una casualidad si la situación social se ha calmado en ese momento, exactamente cuando la crisis ha comenzado a afectarnos más. En general, y eso se comprobó frecuentemente durante los cuarenta últimos años, los momentos de un fuerte aumento del desempleo no son el teatro de las luchas más importantes. La clase obrera en efecto se somete a un chantaje odioso pero eficaz: "si no están contentos, muchos obreros están dispuestos a sustituirlos". Además, los dueños y los Gobiernos se repliegan tras un argumento "decisivo": "Nosotros no tenemos nada que ver si aumenta el desempleo o los despidos: es por culpa de la crisis". Se desarrolla pues un sentimiento de impotencia. Los obreros no tienen frente a ellos simplemente un malévolo patrón sino un capitalismo internacional en complicidad. Toda lucha es un cuestionamiento del conjunto del sistema. Toda lucha plantea, básicamente, la cuestión de otro mundo. Para entrar hoy en lucha, es necesario no solamente tener el valor de hacer frente a las amenazas de despidos y el chantaje patronal, sino es necesario también y sobre todo creer que la clase obrera es una fuerza capaz  de proponer otra cosa. No basta que perciba que el capitalismo está en un callejón sin salida para que la clase obrera esté en condiciones de dirigirse hacia una perspectiva revolucionaria. Es necesario que tenga la convicción de que tal perspectiva es posible. Y es precisamente sobre este terreno que la burguesía logró ganar puntos tras el hundimiento de la URSS, supuestamente "patria del socialismo". La clase dominante llegó a insertar en la cabeza de los obreros la idea de que la revolución proletaria es un sueño hueco, que el viejo sueño del comunismo murió con la URSS (3). Los años noventa se han caracterizado mucho por el impacto de esta propaganda. Durante una década las luchas estuvieron en fuerte repliegue. Aunque el efecto de  la "muerte del comunismo" comenzó a esfumarse ligeramente a principios de este siglo y que nuestra clase llegó lentamente a reanudar el camino del combate, aún sigue habiendo hoy numerosas huellas. La asimilación del estalinismo y comunismo, la falta de confianza de la clase obrera que debe construir con sus manos otro mundo, actúan como cerrojos.

¿Estamos entonces en un callejón sin salida? Ciertamente no. La perspectiva es sin duda alguna hacia numerosas luchas cada vez más  importantes. Momentáneamente, nuestra clase recibió un golpe en la cabeza que resiente como anestesia. Pero la crisis sigue siendo el terreno más fértil al desarrollo de las luchas. En los próximos meses y años, la clase dominante va a intentar hacer pagar a todos los trabajadores los enormes déficit presupuestarios que se acumulan, los planes de rescate de los bancos y de "reactivación" de la economía. La amenaza de despidos pesará menos sobre sus hombros y tendrán entonces la responsabilidad de llevar la ofensiva y de implicar a su lado a los trabajadores del sector privado, los precarios, los desempleados, los pensionados... se impondrá entonces la idea de que solamente la lucha unida, masiva y solidaria, sin distinción de sectores, puede frenar la brutalidad de los ataques. Es en este combate que la clase obrera forjará su confianza en sus propias fuerzas y en su capacidad de llevar a cabo un día la revolución comunista mundial, condición de la supresión de la explotación.

 

Pawel, 21 de noviembre.

1) A nivel internacional, sin embargo, el proletariado conduce algunas huelgas silenciadas por un bloqueo casi total de todos los medios de comunicación. (Ver en nuestra página web luchas recientes en Gran Bretaña, Sidney e India .  

2 ) No dudar en escribirnos también a nuestro correo electrónico ([email protected]) .

3) Leer artículo aparecido en RM 113 respecto a la caída del muro de Berlín, trata precisamente de esta propaganda nauseabunda asimilando el estalinismo y comunismo.