Hablan de fin de la crisis y ayuda a pobres, pero los golpes contra los trabajadores se multiplican

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Con jactancia Ben Bernanke, presidente de la FED estadounidense ha "pronosticado" que a fines de este año terminará la recesión, en el mismo tono el secretario de Hacienda de México, desde inicios de septiembre declaró que la crisis en México "ha tocado fondo" y ya se espera un retorno gradual "a su fase de crecimiento"... y eso a pesar de que apenas una semana antes el INEGI había contabilizado una caída de la actividad económica en el segundo trimestre de este año en 10.3%.

Para completar ese optimismo la burguesía anuncia la aplicación de programas económicos sustentados en un pretendido combate a la pobreza. Por ejemplo el gobierno español amenaza con subir los impuestos para así poder "ayudar" a los desempleados, y como si se tratara de un concurso para ver quién presenta los discursos más consoladores y demagógicos, Felipe Calderón, repite la amenaza de Zapatero sobre el incremento de impuestos, pero le suma una explicación de cómo hará para que esas nuevas cargas impositivas mejoren la condición de los sectores depauperados: "Si nosotros logramos que las familias más pobres consuman menos agua, sin sacrificar sus satisfactores, y consuman menos electricidad, [como resultado del incremento de su precio por efecto del impuesto extra] vamos a hacerle ahorrar a esas familias dinero contante y sonante sobre su ingreso disponible, pero también vamos a ahorrar nosotros, porque cada kilovatio-hora que deje de consumirse es un subsidio que dejamos también de pagar." (La Jornada, 11-09-2009). La ONU, siguiendo el mismo cinismo, apoya las propuestas de elevación de impuestos en tanto puede hacer el milagro de que "con una mano se pide, pero con dos se les devuelve a los más necesitados".

Esta misma campaña esta sustentada sobre el hecho de que ha llegado el momento de crear las condiciones para prepararse para el crecimiento económico, dado que la economía ha salido de la crisis. Lo que significa que para la burguesía la recesión ha terminado, y por ello se congratula porque sus "recetas" anti-crisis, sustentadas en el incremento de la explotación y los despidos le dieron "resultados", pero esos datos y proyecciones no se ajustan a la realidad que vive la gran masa de asalariados, por eso ese decreto de fin de la crisis podrá ser una invención propagandística o el resultado de una explicación técnica que de suyo expresa la visión mistificada que tiene del mundo... podrá ser cualquiera de esos aspectos, pero el hecho es que los ataques en contra de las condiciones de vida de los trabajadores no menguan, sino por el contrario tienden a acelerarse, y justamente para hacer pasar esas nuevas medidas, con demagógicos discursos, hacen una transformación de esos golpes en "necesarios sacrificios" para el "rescate" de los sectores depauperados que se han visto afectados por la crisis, por lo que estas nuevas agresiones a las condiciones de vida de los trabajadores los hacen aparecer como actos sustentados en la "solidaridad". Pretenden así que los trabajadores se coloquen sumisamente a los designios de la burguesía, y asuman como un deber los sacrificios y el combate hacia los proletarios "privilegiados".

Con discursos de este estilo, la clase dominante busca no sólo hacer pasar un golpe más a las condiciones de vida de la clase obrera, sino además golpear su conciencia al hacerles tragar tales argumentos y alejarlos de la comprensión del significado de la crisis y del mismo capitalismo, avanzando así el reforzamiento de su sometimiento como clase.

 

La falsa solidaridad pregonada por la burguesía

Los llamados a la solidaridad, de apoyo a la pobreza y al combate a los "privilegios", que hacen lo mismo los voceros de la ONU que los diversos gobiernos, no son sino mecanismos para convencer que los explotados comparten intereses con sus explotadores, y que se expresa en la defensa de la economía nacional, impidiendo así la reflexión y la toma de conciencia de su situación real como trabajadores.

Levantando ese tipo de argumentos, el gobierno en México lleva a cabo una feroz campaña para hacer pasar nuevos impuestos y justificar los despidos, así lo hemos visto en su ataque en contra de los trabajadores de la electricidad, a los que ha llamado "privilegiados" e "ineficientes", pero no son los únicos, en general la burguesía desea que los explotados se traguen la idea de que la crisis es un problema "que vino de afuera", y por tanto se requiere, para enfrentarla, de la "solidaridad" y la "unidad nacional", de manera que los intereses de los explotados y explotadores se igualan, requiriendo de una "solidaridad" especial donde ante los designios gubernamentales los trabajadores deben de agachar la cabeza, apretarse el cinturón y combatir en contra de sus hermanos de clase a los que el gobierno marque como "privilegiados".

En una demostración de esa pretendida actuación solidaria, Felipe Calderón ha anunciado que su gobierno recortará sus "gastos improductivos" y eliminará "privilegios"... pero detrás de los discursos aparece la realidad: en primer lugar, el cierre de tres secretarías, que significó el despido de 10 mil asalariados, y luego con el golpe a los trabajadores de la electricidad se crean 44 mil desempleados más... Por eso, miseria y desempleo es lo que se encuentra detrás de la palabra solidaridad cuando sale de boca de los explotadores.

 

¿Fin de la crisis?

Cuando la burguesía anuncia el fin de la crisis, habría que entender que se refiere a la culminación de un momento agudo de la economía y que se define por la falta de crecimiento en sus variables económicas durante un período, justamente a eso que define como recesión. Si se refieren a que esa dinámica se ha venido modificando, en tanto que en algunas regiones el PIB ya se incrementa en pocos centésimos porcentuales (que no llega ni aún al 1%), entonces se podría decir que de acuerdo a esa medida limitada para entender la realidad, la recesión decrece, pero no así la crisis que vive el capitalismo desde fines de los años sesenta, es decir, de esta crisis que lleva cerca de cuatro décadas. Aún cuando el proceso que se abrió en diciembre de 2007 puede cambiar ahora en alguna dimensión y afectar menos a algunas variables, eso no significa que la crisis haya terminado, aún más, la afectación de los niveles de vida que ha de sufrir la clase trabajadora en esta pretendida fase de recuperación no amainarán, por el contrario, el ansia de la burguesía por darle movimiento al proceso de acumulación tendrá que agudizar los ataques. Esto no es una visión perversa que tan sólo busca escandalizar. Veamos: mientras los voceros del gobierno mexicano presumen que hay signos muy claros de recuperación de la economía nacional, en tanto "de junio a agosto pasado se crearon 65 mil nuevos empleos..." la realidad hace ver otra cosa, sin hacer un severo rastreo, se tiene que entre septiembre y la mitad de octubre se despidieron a 54 mil trabajadores, y eso es sólo contabilizando los despidos que el gobierno ha hecho.

Y si la cesantía es uno de los más severos golpes que se asesta en contra de los trabajadores durante los procesos de aceleración de la crisis, las otras secuelas no dejan de ser menos graves, en ese sentido los nuevos y severos impuestos, tendrán un efecto tanto en los salarios, que al ver incrementadas las tasas impositivas los disminuyen, como sobre los precios, en los que al aplicarse nuevos y mayores impuestos los eleva, reduciendo al fin de cuentas las capacidades de compra de la clase trabajadora, lo que implica un incremento de la explotación.

En ese mismo sentido está la reforma del trabajo (ver artículo en esta edición) que también se anuncia tendrá que aplicarse para asegurar, dice el gobierno, que la economía pueda crecer. Esta reforma contempla la imposición de severos controles de la productividad, que implica la imposición de ritmos acelerados de trabajo, y al mismo tiempo la eliminación de prestaciones como seguridad social, derechos de antigüedad... lo cual significa que busca aplastar o eliminar una parte del salario (en su forma de salario indirecto pagado por medio de servicios). Y el argumento para imponer estas medidas están sustentadas en una absurda realidad, existente sólo en la cabeza de los tinterillos y comentaristas a sueldo, que afirman que los salarios indirectos (expuestos tradicionalmente como prestaciones) son "privilegios", lo que significa que los trabajadores al recibirlos obtienen más del valor de su fuerza de trabajo, generando altos costos a los empresarios, inhibiendo el crecimiento del empleo, afectando así a los propios trabajadores, y si seguimos esa lógica torcida se llega al grado de suponer que la burguesía es explotada por esos "trabajadores privilegiados"... todo lo cual nos hace ver que los discursos alegres de la burguesía sobre el fin de la crisis, no tienen otro fin que el justificar sus ataques, haciéndolos pasar como tragos amargos pero necesarios.

 

La explotación y la miseria se aceleran, el único camino es la lucha

La aceleración de la crisis ha traído una acentuación de los ataques contra las condiciones de vida de los trabajadores, y aún cuando la recesión limite su efecto, la miseria y la explotación no decrecerán. Tomando los datos del informe del Banco Mundial (agosto 2009), que aunque presenta categorías inconsistentes (como a lo que llama pobre) y medidas que exponen su visión de la realidad, nos da una apreciación general de los niveles de pauperización que ha venido sufriendo la clase obrera en la región, de manera que en México, entre 2006 y 2008 se registraron 50.6 millones de pobres, pero a últimas fechas este proceso de pauperización ha llevado a la existencia de 54.8 millones, lo que nos dice que si la población total es de 107.4 millones, entonces el 51.02% de la población del país vive en graves condiciones de miseria. Y esta aceleración de la pauperización, sólo es preocupante para la burguesía, en tanto que puede ser detonante de la reflexión y de explosión del descontento, por eso es que los discursos y los programas asistencialistas del gobierno no buscan limitar esa miseria sino tan solo dar una apariencia de preocupación que confunda y gane la simpatía de algunos sectores de explotados, usando así su miseria y confusión para apuntalar al sistema.

Los trabajadores no pueden confiar que estos programas y ataques brutales que impulsa el gobierno para asegurar el incremento de la explotación y del control, puedan tener un contrapeso en las discusiones y medidas llevadas a cabo por los diversos partidos en las cámaras de diputados y senadores o en los tribunales de justicia. Esas instancias, lo mismo que los procesos electorales, son instrumentos del capital para hacer efectiva su dictadura... por eso ante los discursos huecos de la burguesía y el reforzamiento de sus ataques en contra de los trabajadores, no hay más salida: la movilización masiva y conciente.

Tatlin /octubre de 2009