Defensa de la patria y la soberanía, patrañas de la burguesía para asegurar el control de los trabajadores

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La burguesía desde principios de la década de los 90 del siglo pasado muestra grandes dificultades para lograr cohesionarse, y esto se expresa en los combates que presenta en todas la áreas, por ejemplo todos sus partidos (PRI, PAN, PRD...) se encuentran fracturados, y al interno del mismo gobierno se dejan ver de manera continua diferencias severas, pero sin duda las dificultades más graves las encuentra en la dispersión de fuerzas que le imposibilita disciplinar estructuras como la policía y el ejército. Desde la formación de la "familia revolucionaria" compactada mediante los acuerdos que llevan a establecer los gobiernos constitucionales (a partir de la segunda década del siglo XX), no se notaba la presencia directa de las fuerzas armadas en la vida política de la burguesía. Era común verla cumplir servilmente su papel represor, sin asumir un rol notorio, sin hablar nunca en contra de los "civiles", a cambio recibía impunidad y el camino libre para sacar provecho en su alianza con las mafias del narcotráfico. No obstante la dispersión de fuerzas que se presentan también entre las mafias, por la disputa de las rutas, el mercado y la complacencia y los favores de los gobiernos de todos los niveles, hace que los militares vean afectados sus intereses más aún cuando son involucrados a tomar parte del conflicto de manera forzada. Estas circunstancias hacen que se vuelvan aún más complicadas las relaciones de la clase dominante. Tan grave es la división y dispersión, que basta ver un diario para notar como se desarrollan por todos lados del país los enfrentamientos y asesinatos sangrientos, lo cual ha conducido a que el propio gobierno de los EUA intervenga, con el fin de evitar que el peso de la descomposición pueda llevar al gobierno de México a sufrir un debilitamiento tal que alargue la espiral de dificultades que afectaría al conjunto de la región, incluyendo por supuesto a los EUA. Es bajo el contexto de la descomposición general que sufre el capital, que Washington interviene, presionando al gobierno mexicano, primero con la declaración de que en México hay un "Estado fallido". A través del procurador Erick Holder y del jefe de la DEA, Michele Leonhart, el gobierno de Obama ha establecido que el gobierno de México es incapaz de imponer control en el territorio dado el poder de los cárteles de la droga. Luego para hacer notar ese descontrol, la revista Forbes presenta en su lista de los hombres más ricos del mundo, al conocido narcotraficante "Chapo Guzmán", lo cual es significativo en tanto este capo en el gobierno de Vicente Fox, escapó de una "cárcel de máxima seguridad" bajo circunstancias sospechosas y según lo informan mediante comunicados los grupos competidores, el "Chapo" y su cártel está protegida por el gobierno federal. En esa medida es notoria la preocupación de la burguesía norteamericana, la cual en algunos estados, como el de Texas, ha incorporado a mil elementos más de las tropas federales para reforzar la vigilancia, dado que se trata de un estado que hace frontera con México.

Trazado un escenario de este tipo, la visita de la secretaria de Estado, Hillary Clinton, se aprovecha para acordar el reforzamiento y ampliación del "plan México", al cual presentan como el establecimiento de una "cooperación y corresponsabilidad".

Pero si estos enfrentamientos exponen las dificultades que enfrenta la burguesía, al mismo tiempo busca trasladar esos efectos hacia la clase trabajadora.

 

Nacionalismo, un veneno contra la clase obrera

Aún cuando la burguesía presenta fracturas importantes, no significa que ha perdido todo el control, tiene la fuerza para imponer mediante el Estado una unidad forzosa para enfrentar a la crisis, y sobre todo para poder contener a la clase trabajadora. Es por ello que tratan de utilizar estas dificultades para reforzar el control de los explotados. El mismo acuerdo EUA-México es asumido con disgusto por sectores de la burguesía que sienten afectados sus intereses económicos y políticos, pero eso no evita para que se utilice como argumento (por toda la burguesía en su conjunto) para intentar atrapar la conciencia de los asalariados en las consignas nacionalistas. Por una parte el gobierno resalta en su argumento que México ha dejado de ser tratado por los EUA como un subordinado, ya que ahora se ha de respetar su soberanía al incluirlo como un "igual", mediante la creación de la oficina de cooperación bilateral en el combate de los cárteles de la droga; pero por otro lado, los sectores que se oponen a esta "cooperación" (entre ellos grupos de militares que se niegan a subordinarse al comando norte) aducen que se trata de la pérdida de una soberanía nacional en tanto se permite la intromisión de los EUA en los asuntos internos. Ambos argumentos aunque están opuestos en los intereses que defienden, tienen como común denominador el tratar de ganar el respaldo los trabajadores por medio del engañoso llamado a la defensa a la patria y el rescate de la soberanía nacional, por ello ambos discursos forman parte de un ataque ideológico en contra de los trabajadores, los cuales no tienen ningún interés común con alguna de las fracciones de la burguesía, y menos aún con la defensa de la nación y la patria.

 

La burguesía traslada su descomposición hacia los trabajadores

El crecimiento de las pugnas de las mafias ha alcanzado niveles tan graves que se manifiestan en hechos como el atentado del 15 de septiembre de 2007, en el que se lanzan granadas de fragmentación en contra de una masa inerme, matando e hiriendo a decenas de personas sin ningún motivo aparente. Esta situación abrió la peligrosa práctica de utilizar como rehén a la población civil para presionar. Hay evidentemente un traslado de la pudrición burguesa hacia las masas de explotadas, lo que revela sin duda un avance de la barbarie capitalista, no obstante eso no significa que la clase trabajadora para combatir y evitar estos efectos deba aliarse con alguno de los sectores de la burguesía; ni la política estatal que pide ayuda a los EUA, ni los sectores que se oponen a esta colaboración pueden dar una solución. La guerra de mafias es un producto del sistema capitalista, por lo que mientras este sistema de explotación se mantenga en pie el peligro de la violencia ciega y sanguinaria que trae esta guerra (y cualquier otra) amenazará la vida de los trabajadores. La población civil se ha vuelto víctima, lo mismo de las pandillas del narcotráfico que de las hordas militares que actúan con la misma ferocidad que los mafiosos... No tiene aliado en ninguna de las fracciones en pugna, y la colaboración de las fuerzas norteamericanas en el combate a la mafia en nada cambia el asunto, por eso ante las campañas que prometen orden y paz y las que invocan a la defensa de la soberanía, los trabajadores no tienen más camino que recordar que todo gobierno y toda fracción burguesa tienen como único interés la perpetuación del actual sistema de explotación y para ello no escatiman en verborrea y falsas promesas.

Tatlin/abril-2009