Ni defensa de la economía nacional, ni de la empresa estatal… ¡ A enfrentar los ataques del capital !

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El proceso de agudización de la crisis capitalista viene conduciendo a una aceleración de los ataques en contra de la clase trabajadora, por todos lados del planeta la burguesía trata de poner sobre las espaldas de los trabajadores la carga de la crisis. Las medidas de afectación al salario directo, a la salud y la jubilación no son exclusivas de la burguesía mexicana, los trabajadores del sur del continente, lo mismo que los que habitan en Europa están sufriendo por los mismos golpes, no obstante la miseria que crece en las familias obreras, ha hecho ya que surjan movilizaciones importantes. En México, ante la imposición de la "ley del ISSSTE", el descontento se hizo sentir, logrando rebasar en momentos (principalmente en las movilizaciones del 1 y 2 de mayo de 2007) el control sindical, sin embargo la burguesía no puede dejar el terreno libre al desarrollo del descontento, por ello teje una trampa para contener la fuerza proletaria, primero, desviando la lucha por la defensa de las condiciones de vida hacia la demanda de "democracia sindical", de tal forma que la clase dominante utiliza a los sectores "radicales" del sindicato para envolver a los trabajadores en la rebatinga de carteras y secretarías, evitando así que avanzara la movilización, pero además renueva la careta del sindicato, deteniendo el proceso de clarificación sobre el papel saboteador que cumple este aparato.

Pero si el sindicato ha logrado imponer el control, no ha logrado eliminar el descontento que sigue creciendo ante la agravación de las secuelas de la crisis, a saber: incremento de precios, afectación del salario por los nuevos impuestos, desempleo... Incluso campesinos pequeños y medianos se han visto afectados por las medidas estatales, al grado que están al borde de la quiebra por la apertura comercial hacia productos como el maíz, frijol y lácteos... Por todo ello, consideramos que la burguesía requiere afianzar su control mediante la extensión de una campaña de confusión, para ello viene alentando un ambiente nacionalista, para que en nombre del rescate de la nación se someta el descontento proletario, evitando entonces que los asalariados y las clases no explotadoras (como los campesinos pobres) que también se han visto afectadas por las medidas gubernamentales, desplieguen movilizaciones en defensa de sus condiciones, quedándose atadas a las consignas como la defensa de PEMEX y del mercado nacional, esterilizando así cualquier movilización...

Nos llaman a defender a PEMEX para atarnos al dominio del capital

Un instrumento que la burguesía ha sabido usar muy bien para asegurar su control es el veneno nacionalista. Invocando la defensa de la nación, la burguesía ha lanzado como carne de cañón a los trabajadores a las "guerras de liberación nacional", y ha justificado carnicerías, como la primera y segunda guerra mundial, y astutamente cada vez que los trabajadores exponen su coraje ante la explotación a la que los somete el sistema capitalista, sacan a su aparato de izquierda y sindical, desempolvan sus banderas nacionalistas y sus discursos patrioteros para hacer que olviden sus demandas y abracen los intereses de la clase dominante, siempre escondidas bajo consignas como la defensa de la empresa estatal, de la economía nacional o la soberanía. El mismo discurso nacionalista que realiza Bush cuando lanza a su soldadesca, es reciclado por el aparato de izquierda del capital cuando llama a defender los intereses nacionales. Es un empeño de la burguesía hacer creer a los asalariados que comparten intereses con sus explotadores sólo por el hecho de convivir en el mismo territorio geográfico; quieren que los trabajadores lancen a la basura su esencia internacionalista y que olviden que no tienen patria, porque si a su alrededor se levantan fronteras y banderas, definiendo al Estado-nación, no son sino para delimitar el entorno que la burguesía necesita para levantar su sistema de explotación... sustentando ese razonamiento, Marx y Engels en el Manifiesto Comunista (1848) exponen que: "Se acusa también a los comunistas de querer abolir la patria, la nacionalidad." Pero "Los obreros no tienen patria. No se les puede arrebatar lo que no poseen".

El anuncio velado que ha emitido el gobierno mexicano sobre la apertura a la concesión de áreas de PEMEX y de la Industria eléctrica, ha dado motivo para que el aparato de izquierda del capital -desde López Obrador, hasta la fila de grupos estalinistas, maoístas, zapatistas y trotskistas- lancen toda una campaña proclamando la defensa de la industria nacional y de las empresas estatales. Esta campaña ideológica, la burguesía la sabe aprovechar para diluir el descontento obrero ante los crecientes golpes que se le viene asestando por la agudización de la crisis capitalista.

El mecanismo que se utiliza para hacer pasar esta trampa, es hacer creer que la producción industrial de las empresas que se encuentra en manos del Estado, tiene un fin social, es decir que el Estado es una entidad neutral que tiene como función la de distribuir equitativa de la riqueza, pero Marx, hace 160 años, clarificaba que "El Estado moderno no es más que una junta que administra los negocios comunes de toda la clase burguesa" (Manifiesto Comunista), de manera que cuando el Estado es propietario de medios de producción, no realiza una actividad que deje de estar en función de los requerimientos de la burguesía; justamente las empresas estatales en México, fueron pilar fundamental para el impulso del proceso de acumulación durante el siglo XX.

La nacionalización de las principales industrias en México (realizada lo mismo por gobiernos de izquierda, como el de Cárdenas, de derecha, como López Mateos, o populistas como Echeverría, que a pesar de ser muy radical en su discurso, ha sidoel  mayor carnicero), tuvo como objetivo fortalecer a la planta industrial nacional (es decir a la burguesía local) otorgándole los insumos y la energía a precios bajos, así mismo los ingresos de las empresas estatales eran retornados como subsidios a las mercancías de consumo obrero, eran con el fin de mantener salarios bajos (lo que significa reducción de los costos de producción)... Bien vale citar la nota irónica que Engels hiciera en el folleto Del socialismo utópico al socialismo científico (1880), para definir claramente que el chauvinismo impulsado por el aparato de izquierda del capital, nada tiene que ver con la tradición marxista: "... desde que Bismarck emprendió el camino de la nacionalización, ha surgido una especie de falso socialismo... que en todo acto de nacionalización, hasta en los dictados por Bismarck, ve una medida socialista. Si la nacionalización de la industria del tabaco fuese socialismo, habría que incluir entre los fundadores del socialismo a Napoleón y a Metternich..."

De la misma forma el aparato de izquierda del capital para completar la historia oficial, llena de mentiras y mitos, adjetiva a las nacionalizaciones como acciones anti-imperialistas, no obstante cuando analizamos los sucesos históricos que derivaron en la nacionalización de la industria petrolera, podemos entender el juego tramposo de la burguesía para envolver a los trabajadores en el nacionalismo. La expropiación del petróleo, en realidad es una acción de sumisión del Estado mexicano hacia el de los EUA. El seguimiento de los acontecimientos nos revela que el más beneficiado de ese proceso fue la burguesía de los EUA[1], en tanto arrebata el preciado insumo del control de las petroleras inglesas. En la preparación de la 2ª guerra mundial, el acceso al hidrocarburo a bajos costos era esencial, y al decretar Cárdenas la nacionalización y responsabilizarse en cubrir las necesidades de los EUA, les hace un gran servicio.

Por eso mienten cuando se dice que hay que rescatar a PEMEX porque los ingresos que genera harán falta en la creación de la "infraestructura social" (escuelas, hospitales...), porque si, efectivamente, una importante parte de los ingresos del Estado mexicano provienen de PEMEX, eso no significa que el gasto del gobierno sea dirigido a cumplir las mejoras de vida de los asalariados, por el contrario, los ingresos por renta que obtiene por esta empresa son canalizados para apuntalar al propio sistema, a saber: transferencias al capital, como el FOBAPROA, campañas electorales, equipamiento y mejoramiento del ejército, incremento en el gasto corriente del gobierno, lo que implica gastos mayores en salarios de funcionarios...

Hay que ser claros que, cuando criticamos la actitud patriotera, no implica que supongamos que el capital privado foráneo o nacional mejorará las cosas, ni se pretende negar la corrupción y los trapicheos que acompaña a la venta de paraestatales, se trata de explicar que los trabajadores no pueden perder su identidad de clase al sujetarse a consignas ajenas a sus necesidades e intereses. La burguesía está ansiosa en que los trabajadores dejen atrás su disgusto por las condiciones miserables a las que los condena el capital y se pongan a defender a la economía nacional. Un empeño de la Izquierda comunista ha sido recoger la tradición marxista del internacionalismo para enfrentar las campañas de la burguesía, así, mientras la clase dominante desataba toda una borrachera nacionalista en torno a la expropiación petrolera, el Grupo de Trabajadores Marxistas, alzaba su voz para prevenir: "...La tarea del proletariado mexicano no es sacrificarse para que la industria petrolera y los ferrocarriles sean lucrativas para los capitalistas... sino conquistarlas, quitarlas a la burguesía por medio de la revolución proletaria..." (Comunismo, 1938).

¿Luchar contra el TLC o contra el capitalismo?

La crisis capitalista en su avance aplasta las condiciones de vida de los asalariados pero también de otros grupos sociales, así vemos que con la apertura comercial del campo una masa importante de productores se ven afectados, ante ello ya se han visto movilizaciones de productores agrícolas, aglutinados en centrales campesinas, lo mismo la CNC (perteneciente al PRI, y, dicho sea de paso fueron de los firmantes del TLC), que la agrupación "Sin maíz no hay país". El problema central de estas manifestaciones es que se unen a la campaña nacionalista de defensa de PEMEX, añadiendo la convocatoria de defender el mercado interno, buscando con esto arrastrar a los asalariados a defender la producción nacional, porque, según se aduce, se trata de buscar un "nuevo proyecto de nación", lo cual no es sino una variación de la consigna "altermundista" que espera la realización de un "capitalismo con rostro humano".

Es evidente que los trabajadores no pueden dejarse arrastrar a la defensa del mercado nacional, es en cambio imprescindible reflexionar que la explotación y la miseria a la que son sometidos es producto de la existencia del capitalismo, mientras este sistema exista nada se logra con eliminar tratados comerciales rapaces. Con TLC o sin él las condiciones de explotación están presentes, no se trata por ello de quitar un tratado y hacer un "mejor" capitalismo, se trata de luchar por la defensa de las condiciones de vida, lo cual expresa en si mismo el rechazo y la negación de las leyes económicas del capitalismo.

Esta misma reflexión debe extenderse hacia los campesinos depauperados y fundamentalmente a los jornaleros agrícolas. Es un deber de la clase obrera en su conjunto, hacer ver a los campesinos, como dijera Engels: "... que su situación es absolutamente desesperada mientras domine el capitalismo, hacerles ver la absoluta imposibilidad de mantener su propiedad parcelaria como tal..." (El problema campesino en Francia y Alemania, 1894).

De manera que ante los llamados tramposos para involucrar a los trabajadores en la defensa de la economía nacional, éstos deben de impulsar la defensa de sus condiciones de vida y de trabajo... no hay otro camino: ¡la lucha contra el capitalismo!

Tatlin/23-02-08

Notas:


[1] Aún cuando algunas empresas norteamericanas se vieron afectadas, el Estado como "capitalista colectivo ideal" -como definiera Engels al Estado moderno- al procurar la vigilancia del sistema, sacrifica los intereses de algunos capitalistas individuales a favor de las necesidades generales de la burguesía.