Presentación

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La CCI celebró el año pasado su vigésimo congreso internacional. El Congreso de una organización comunista es uno de los momentos más importantes de su actividad y de su existencia. Es cuando toda la organización (mediante delegaciones nombradas por cada una de las secciones) hace balance de sus  actividades, analiza en profundidad la situación internacional, avanza perspectivas y elige el órgano cuya tarea es asegurarse de que las decisiones del Congreso se realicen.

Estamos convencidos de la necesidad del debate y de la cooperación entre organizaciones que luchan por el derrocamiento del sistema capitalista, por eso invitamos a tres grupos –dos de Corea y Opop de Brasil que ya asistieron a nuestros congresos internacionales. Los trabajos de un congreso de una organización comunista no son una cuestión “interna” sino que interesan a la clase obrera entera: por eso informamos a nuestros lectores de los temas esenciales discutidos en dicho Congreso.

Éste se desarrolló en un contexto de agudización de las tensiones en Asia, de la continuación de la guerra en Siria, de agravación de la crisis económica y de una situación de la lucha de clases compleja, marcada por un débil desarrollo de las luchas obreras “clásicas” contra los ataques económicos de la burguesía pero también por el surgimiento internacional de movimientos sociales cuyos ejemplos más significativos fueron el de los “Indignados” en España y “Occupy Wall Street” en Estados Unidos.

El análisis de la situación mundial:
un reto que exige un esfuerzo teórico importante

La “Resolución sobre la situación internacional” adoptada por el XX Congreso de la CCI, y que resume los análisis que se despejaron de las discusiones, está publicada en este mismo número de la Revista internacional. No vamos pues a entrar en detalles en esta presentación.

Dicha resolución recuerda el marco histórico en el que entendemos nosotros la situación actual de la sociedad, el de la decadencia del modo de producción capitalista, decadencia que se inició con la Primera Guerra Mundial, y la fase última de dicha decadencia a la que la CCI, desde mediados de los años 1980, ha analizado como la de la descomposición, la de la putrefacción de esta sociedad. Esta descomposición queda bien ilustrada en la forma que hoy toman los conflictos imperialistas, siendo la situación en Siria un ejemplo trágico (como puede leerse en el informe sobre esa cuestión que adoptó el congreso y que también publicamos aquí). Pero también queda plasmada en la dramática degradación del medio ambiente, una situación que la clase dominante, por muchas declaraciones y campañas alarmistas que despliegue, es totalmente incapaz de impedir, ni siquiera frenar.

El congreso no pudo realizar la discusión sobre los conflictos imperialistas por falta de tiempo y también porque las discusiones preparatorias habían puesto de relieve la gran homogeneidad en nuestras filas sobre esta cuestión. El congreso, sin embargo, asistió a una presentación del grupo coreano Sanoshin sobre las tensiones imperialistas en Extremo Oriente, presentación que hemos publicado en anexo en nuestro sitio Internet.

Sobre la crisis económica

Sobre esto, la resolución pone de relieve la situación sin salida en la que está hoy la burguesía, incapaz de superar las contradicciones del modo de producción capitalista, lo cual es una confirmación evidente del análisis marxista. Un análisis que todos los “expertos”, ya sea de los que reivindican su “neoliberalismo” o de quienes lo rechazan, consideran con esa mueca despectiva típica de los ignorantes y que esos expertos combaten sobre todo por eso precisamente: porque prevé la quiebra histórica de este modo de producción y la necesidad de destruirlo por una sociedad en la que el mercado, la ganancia y el salario hayan sido colocados en las vitrinas de los museos de historia, en la que la humanidad se haya liberado de las leyes ciegas que la hunden en la barbarie, y pueda vivir según el principio “De cada cual según sus medios, a cada cual según sus necesidades”.

Sobre la situación actual de la crisis del capitalismo, el congreso se pronunció claramente por considerar que la “crisis financiera” actual no es ni mucho menos el origen de las contradicciones en las que se hunde la economía mundial como tampoco tiene sus raíces en una “financiarizacion de la economía” en la que la única preocupación serían las ganancias inmediatas y especulativas: “… es la sobreproducción la causa de la “financiarización”, ya que es cada vez más arriesgado el invertir en la producción dado que el mercado mundial se encuentra cada vez más saturado, lo que dirige el flujo financiero de forma creciente hacia la especulación. Es por eso que todas las “teorías económicas de izquierda”, que llaman a “controlar las finanzas internacionales” para salir de la crisis, no son más que sueños vacíos ya que “olvidan” las causas reales de la hipertrofia de la esfera financiera” ([1]). El Congreso también consideró que: “La crisis de las subprime en 2007, el gran pánico financiero de 2008 y la recesión de 2009 marcaron un nuevo y muy importante paso en el descenso del capitalismo hacia una crisis irreversible” ([2]).

Dicho lo cual, el Congreso pudo constatar que no había unanimidad en nuestra organización y que había que proseguir la discusión sobre una serie de temas como los siguientes:

La agravación de la crisis en 2007 ¿significó una ruptura cualitativa abriendo un nuevo capítulo que lleva la economía hacia un desmoronamiento rápido e inmediato? ¿Cuál es el significado de la etapa cualitativa de los acontecimientos de 2007? Y de manera más general, ¿qué tipo de evolución de la crisis nos espera: hundimiento repentino o “lento” declive acompañado “políticamente” por los Estados capitalistas? Y ¿qué países se hundirán antes y cuáles al final? ¿Le queda a la clase dominante un margen de maniobra y qué errores quiere evitar? O, de manera más general, cuando la clase dominante analiza las perspectivas de la crisis, ¿puede ignorar la posibilidad de reacciones de la clase obrera? ¿Cuáles son los criterios que la clase dominante toma en cuenta cuando adopta programas de austeridad en los diferentes países? ¿Estamos en una situación en la que todas las clases dominantes pueden atacar a la clase obrera como lo hizo en Grecia? ¿Podemos suponer que se reproduzcan ataques del mismo calibre (reducción de salarios hasta el 40 %, etc.) en los viejos países industriales centrales? ¿Qué diferencias hay entre la crisis de 1929 y la de hoy? ¿En qué nivel está la pauperización en los grandes países industrializados?

La organización recordó que, muy poco después de 1989, tomó conciencia y previó los cambios fundamentales en el plano imperialista y en la lucha de clases que hubo tras el hundimiento del bloque del Este y de los regímenes llamados “socialistas”  ([3]). Sin embargo, en el plano de las consecuencias económicas, no previmos los grandes cambios habidos desde entonces. ¿Qué iban a significar para la economía mundial  el abandono de cierta autarquía y de los mecanismos de aislamiento respecto al mercado mundial de regímenes como el de China o India?

Evidentemente, como lo hicimos con el debate realizado hace algunos años en nuestra organización sobre los mecanismos que permitieron el “boom” que siguió a la IIª Guerra Mundial ([4]), también daremos a conocer a nuestros lectores los elementos principales del debate actual en cuanto éste haya alcanzado un nivel suficiente de claridad.

Sobre la lucha de clases

El Informe sobre la lucha de clases en el congreso sacó un balance de los dos últimos años (desde la Primavera árabe, los movimientos de los Indignados, de Occupy, las luchas en Asia, etc.) y de las dificultades de la clase para replicar a los ataques cada vez mayores por parte de los capitalistas en Europa y en Estados Unidos. Las discusiones del congreso trataron sobre todo de las cuestiones siguientes: ¿cómo explicar las dificultades de la clase obrera para responder de “manera adecuada” a esos ataques en aumento? ¿Por qué todavía no se evoluciona hacia situaciones revolucionarias en los viejos centros industriales? ¿Qué política sigue la clase dominante para evitar luchas masivas en los viejos centros industriales? ¿Cuáles son las condiciones de la huelga de masas?

¿Qué papel desempeña la clase obrera de Asia en la relación de fuerzas global entre las clases, la de China especialmente? ¿Qué podemos esperar de nuestra clase? ¿Se ha desplazado a China el centro de la economía mundial y del proletariado mundial? ¿Cómo evaluar los cambios habidos en la composición de la clase obrera mundial? La discusión retomó nuestra posición sobre “el eslabón más débil” que habíamos desarrollado a principios de los años 1980 en oposición a la tesis de Lenin según la cual la cadena de la dominación capitalista acabaría rompiéndose por su “eslabón más débil” ([5]), o sea, los países poco desarrollados.

Aunque las discusiones no hicieron surgir desacuerdos sobre el informe presentado (y que queda resumido en la parte lucha de clases de la resolución), nos ha parecido que la organización debía proseguir la reflexión sobre el tema, discutiendo especialmente sobre “¿Con qué método debemos abordar el análisis de la lucha de clases en el período histórico actual?”

Sobre actividades y vida de la organización

Las discusiones sobre la vida de la organización, sobre balance y perspectivas de sus actividades y de su funcionamiento ocuparon un lugar importante en los trabajos del XXº congreso, como así fue siempre en los precedentes. Eso plasma el hecho de que las cuestiones de organización no son “asuntos técnicos”, sino asuntos plenamente políticos que deben abordarse con la mayor profundidad. Cuando uno se fija en la historia de las tres internacionales que la clase obrera se construyó, se constata que quien de verdad se tomó a pecho esos problemas fue el ala marxista de aquéllas como queda ilustrado, entre otros muchos, por los ejemplos siguientes:

  • combate de Marx y del Consejo general de la AIT contra la Alianza de Bakunin, especialmente en el congreso de La Haya de 1872;
  • combate de Lenin y de los bolcheviques contra las ideas pequeño burguesas y oportunistas de los mencheviques en el II Congreso del POSDR, en 1903 y en los años siguientes;
  • combate de la Fracción de Izquierda del Partido Comunista de Italia contra la degeneración de la Internacional comunista y para preparar les condiciones políticas y programáticas del surgimiento de un nuevo partido proletario cuando las condiciones históricas fueran favorables para ello.

La experiencia histórica del movimiento obrero ha evidenciado el carácter indispensable de organizaciones políticas específicas que defiendan la perspectiva revolucionaria en el seno de la clase obrera para que ésta sea capaz de echar abajo el capitalismo y edificar la sociedad comunista. No basta, sin embargo, con proclamar la necesaria existencia de las organizaciones políticas proletarias, hay que construirlas. El objetivo es el derrocamiento del sistema capitalista y una sociedad comunista sólo puede construirse fuera de tal sistema y una vez que la burguesía haya sido echada abajo, pero resulta que es en la sociedad capitalista donde hay que construir una organización revolucionaria. Esta construcción se ve enfrentada a todo tipo de presiones y de obstáculos que imponen el sistema capitalista y su ideología. O sea que tal construcción no se hace en el vacío y las organizaciones revolucionarias son como un cuerpo extraño en la sociedad capitalista que ésta procura destruir constantemente. Una organización revolucionaria está constantemente obligada a defenderse contra toda una serie de amenazas procedentes de la sociedad capitalista.

Es una evidencia el hecho de que debe resistir a la represión. La clase dominante nunca ha dudado, cuando lo estima necesario, en dar rienda suelta a sus medios policiacos, cuando no militares, para acallar las voces de los revolucionarios. La mayoría de las organizaciones del pasado vivieron en condiciones de represión, estaban “fuera de la ley”, muchos militantes estaban en exilio. Sin embargo, tal represión no los quebraba. Muy a menudo, al contrario, fortalecía su resolución, ayudándoles a defenderse contra les ilusiones democráticas. Así ocurrió con el Partido Socialdemócrata de Alemania (SPD) durante el periodo de las leyes antisocialistas, tiempo durante el cual resistió mejor a la ponzoña de la “democracia” y del “parlamentarismo” que durante el período en que fue legal. Lo mismo ocurrió con el Partido Obrero Socialdemócrata de Rusia (especialmente su fracción bolchevique) que fue ilegal durante casi toda su existencia.

La organización revolucionaria debe asimismo resistir a la destrucción desde dentro originada por denunciadores, informadores o aventureros que pueden provocar estragos a menudo mucho más importantes que la represión abierta.

En fin, y sobre todo, debe resistir a la presión de la ideología dominante, especialmente la del démocratismo y la del “sentido común” (que Marx denunció), y luchar contra todos los “valores” y todos los “principios” de la sociedad capitalista. La historia del movimiento obrero nos ha enseñado, con la gangrena oportunista que acabó con la IIª y IIIª Internacionales, que la amenaza principal para las organizaciones proletarias es precisamente cuando son incapaces de luchar contra la penetración en su seno de los “valores” y modos de pensar de la sociedad burguesa.

Por ello, la organización revolucionaria no puede funcionar como la sociedad capitalista, sino que debe funcionar de manera asociada.

La sociedad capitalista funciona basada en la competencia, la alienación, la “comparación” de unos con otros, el establecimiento de normas, la máxima eficacia. Una organización comunista requiere el trabajo en común y la superación de la mentalidad competitiva. Sólo puede funcionar si sus miembros no se comportan como un rebaño de ovejas, si no siguen ni aceptan ciegamente lo que les dicen el órgano central u otros camaradas. La búsqueda de la verdad y de la claridad debe ser un estimulante permanente en todas las actividades de la organización. La autonomía del pensamiento, la capacidad de reflexión, de poner las cosas en cuestión es algo indispensable. Eso significa que no cabe ocultarse tras un colectivo sino tomar sus responsabilidades expresando su punto de vista y animando a la clarificación. El conformismo es un gran obstáculo en nuestra lucha por el comunismo.

En la sociedad capitalista, si no estás dentro de la “norma”, se te “excluye” de inmediato, acabando por ser un chivo expiatorio, en ése a quién se culpa por todo lo que ocurre. Una organización revolucionaria debe establecer un modo de funcionamiento en el cual los diferentes individuos, las personalidades diferentes puedan integrase en un gran conjunto único, es decir un funcionamiento que desarrolle el arte que haga contribuir y que integre todo tipo de personalidades. Eso significa que se debe combatir el engreimiento personal y otras actitudes ligadas a la competición a la vez que se estima y se da importancia a la contribución de cada camarada. Al mismo tiempo, eso significa que una organización debe tener un conjunto de reglas y principios. Estos deben ser elaborados, lo cual es ya un combate político. Mientras la ética de la sociedad capitalista no conoce escrúpulo alguno, los medios de la lucha proletaria deben ser acordes con el objetivo a alcanzar.

La construcción y el funcionamiento de una organización implican por lo tanto una dimensión teórica y moral, requiriendo ambas unos esfuerzos constantes y permanentes. Toda dejadez o debilitamiento en los esfuerzos y en la vigilancia en una de esas dos dimensiones acaba debilitando la otra. Esas dos dimensiones son inseparables una de la otra, determinándose mutuamente. Cuanto menos esfuerzos teóricos hace una organización más fácilmente se desarrollará una regresión moral, y la pérdida de su brújula moral debilitará, a su vez e inevitablemente, sus capacidades teóricas. Así lo puso en evidencia Rosa Luxemburg en el período entre finales del siglo xix y principios del xx: la deriva oportunista de la Socialdemocracia alemana iba emparejada con la regresión moral y teórica.

Algo fundamental de la vida de una organización comunista es su internacionalismo, no sólo en los principios, sino también en la idea que ella se hace de su modo de vida y de funcionamiento.

El objetivo– una sociedad sin explotación y que produce para las necesidades de la humanidad – sólo podrá alcanzarse a nivel internacional requiriendo la unificación del proletariado por encima de las fronteras. Por eso es por lo que el internacionalismo ha sido la consigna medular del proletariado desde su aparición. Las organizaciones revolucionarias deben ser la vanguardia, adoptando siempre un enfoque internacional, luchando contra toda perspectiva “localista”.

El proletariado, desde su nacimiento, siempre procuró organizarse a nivel internacional (La Liga de los Comunistas de 1847-1852 fue la primera organización internacional), pero la CCI es la primera organización en haberse centralizado a nivel internacional en la que todas las secciones defienden las mismas posiciones. Nuestras secciones están integradas en el debate internacional de la organización y todos sus miembros –en los diferentes continentes– se apoyan en la experiencia de toda la organización. Esto significa que siempre debemos estar aprendiendo a agrupar militantes que proceden de ámbitos de todo tipo, y a llevar a cabo debates en lenguas diferentes –siendo todo ello un proceso apasionante y fructífero en el que el esclarecimiento y la profundización de nuestras posiciones se enriquecen gracias a las contribuciones de camaradas del planeta entero.

Por último, y no por ello menos importante, la organización debe tener permanentemente una clara comprensión de la función que le incumbe en el combate del proletariado por su emancipación. La CCI ha insistido mucho en ello: la función de la organización revolucionaria no es hoy la de “organizar a la clase” ni siquiera sus luchas (como sí podía ser el caso en los primeros pasos del movimiento obrero, en el siglo xix). Su papel esencial, tal como está enunciado en El Manifiesto Comunista de 1848, se deduce de que [Los comunistas] llevan a la masa restante del proletariado la ventaja de su comprensión de las condiciones, de la marcha y de los resultados generales del movimiento proletario.

La función permanente y esencial de la organización es la elaboración de posiciones políticas y para ello no debe estar totalmente absorbida por las tareas de intervención en la clase. Está obligada a tener amplitud de miras, una visión general de lo que está en juego, a profundizar constantemente lo que se plantea a la clase en su conjunto y en el marco de su perspectiva histórica. Eso quiere decir que no puede contentarse con analizar la situación mundial sino, de manera más amplia, debe estudiar las cuestiones teóricas subyacentes, lo contrario de lo superficial y las distorsiones de la sociedad y de la ideología capitalistas. Es una lucha permanente, con miras a largo plazo, una lucha que abarque toda una serie de aspectos que superan con creces los problemas que puedan planteársele a la clase en tal o cual momento de su combate.

La revolución proletaria no es únicamente una lucha por “cuchillos y tenedores”, como decía Rosa Luxemburg, sino la primera revolución en la historia de la humanidad en la que se romperán las cadenas de la explotación y de la opresión, por ello la lucha lleva consigo necesariamente una ingente transformación cultural. Una organización revolucionaria no solo trata sobre temas de economía política y de lucha de clases en sentido limitado; debe desarrollar constantemente una visión sobre las cuestiones más importantes que la humanidad enfrenta, y estar abierta y lista para encarar nuevos problemas. La elaboración teórica, la búsqueda de la verdad, la inquietud por la clarificación deben ser una pasión cotidiana.

Al mismo tiempo, tampoco podremos desempeñar nuestro papel si la vieja generación de militantes no es capaz de transmitir experiencia y lecciones a los nuevos militantes. Si la vieja generación no posee ningún “tesoro” de experiencia ni ninguna lección que transmitir a la nueva generación, habría fracasado en su tarea. Construir la organización requiere pues el arte de combinar las lecciones del pasado para preparar el futuro.

La construcción de una organización revolucionaria es pues algo muy complejo que exige un combate permanente. Ya en el pasado, nuestra organización llevó a cabo combates importantes por la defensa de los principios enunciados antes. La experiencia nos ha demostrado, sin embargo, que esos combates fueron insuficientes y que debían proseguir ante las dificultades y debilidades debidas a los orígenes de nuestra organización y a las condiciones históricas en las que realiza su actividad:

No hay una causa única, exclusiva, para cada una de las debilidades de la organización. Son el resultado de la combinación de diferentes factores que, aunque puedan estar relacionados entre sí, deben ser claramente identificados:

  • reanudación histórica del proletariado mundial a finales de los años 1960, y sobre todo el peso de la ruptura orgánica;
  • el peso de la descomposición que empieza a producir sus efectos a mediados de los años 1980;
  • la presión de la “mano invisible del mercado”, de la reificación cuya huella queda cada día más marcada en la sociedad debido a la supervivencia prolongada de la relaciones de producción capitalistas.

Las debilidades varias que hemos podido identificar, aunque se determinen mutuamente, se deben, en última instancia, a tres factores y su combinación:

• La subestimación de la elaboración teórica, y especialmente en lo referente a los problemas de organización, cuyo origen está en nuestros propios orígenes: el impacto de la revuelta estudiantil con su componente academicista (de naturaleza pequeñoburguesa) a la que se oponía una tendencia que confundía anti-­academicismo y desprecio por la teoría, y eso en un ambiente de ‘contestación de la autoridad’ [de los militantes más antiguos]. “Después, esa subestimación de la teoría se vio alimentada por el ambiente general de destrucción del pensamiento propio en este período de descomposición y de impregnación creciente del “buen sentido común” (…).

• La pérdida de lo adquirido es una consecuencia directa de la subestimación de la elaboración teórica: las adquisiciones de la organización, ya sea sobre cuestiones programáticas, de análisis o de organización, no pueden mantenerse, especialmente frente a la presión constante de la ideología burguesa, si no son afianzadas y nutridas constantemente mediante la reflexión teórica: un pensamiento que no progresa contentándose con repetir fórmulas estereotipadas no solo se estanca, sino que retrocede. (…)

• El inmediatismo forma parte de los “pecados juveniles” de nuestra organización, la cual se formó con unos militantes que se abrieron a la política en un momento de reanudación espectacular de los combates de clase, muchos de los cuales se imaginaban que la revolución estaba a la vuelta de la esquina. Los más inmediatistas de nosotros no resistieron y acabaron desmoralizándose, abandonando el combate, pero esta debilidad también se mantuvo entre quienes se quedaron (…). Es una debilidad que puede ser mortal pues, asociada a la pérdida de lo adquirido, acaba desembocando en el oportunismo, una manera de actuar que retorna con regularidad a socavar las bases de la organización. (…)

• La rutina, por su parte, es una de la expresiones más importantes del peso en nuestras filas de las relaciones alienadas, cosificadas, dominantes en la sociedad capitalista y que tienden a transformar la organización en máquina y a los militantes en robots. (…)

• La mentalidad de circulo es, como lo muestra la historia de la CCI, y también la de todo el movimiento obrero, una de las ponzoñas más peligrosas para la organización que implica no sólo transformar un instrumento del combate proletario en un simple “grupo de amiguetes”, no sólo personalizar los problemas políticos –socavando así la cultura del debate– y destruyendo el trabajo colectivo en la organización, sino su unidad, especialmente mediante la mentalidad de clan. Es también responsable de la búsqueda de chivos expiatorios, socavando así la salud moral de la organización, así como también es uno de los peores enemigos de la cultura de la teoría porque destruye el pensamiento racional y profundo a favor de contorsiones y chismorreos. Es además un posible vector del oportunismo, antesala de la traición” ([6]).

Para luchar contra las debilidades y los peligros que enfrenta la organización, no existen fórmulas mágicas. Hay que hacer esfuerzos en varias direcciones. Uno de los puntos en los que se ha insistido muy especialmente ha sido la necesidad de luchar contra lo podríamos llamar el “rutinismo” (o funcionar por rutina) y el conformismo, subrayándose que la organización no es un cuerpo uniforme y anónimo sino una asociación de militantes diferentes, quienes, todos ellos, deben aportar su contribución específica a la labor común:

Para la construcción de una verdadera asociación internacional de militantes comunistas en la que cada uno aporte su piedra a la labor colectiva, la organización rechaza la utopía reaccionaria del “militante modelo”, del “militante estándar”, del “supermilitante” invulnerable e infalible. (…) Los militantes no son ni robots ni “superhombres” sino seres humanos con sus personalidades, historias, orígenes socioculturales diferentes. Sólo gracias a una mejor comprensión de nuestra “naturaleza” humana y de la diversidad propia de nuestra especie, podrán construirse y consolidarse la confianza y la solidaridad entre los militantes. (…) En esta construcción, cada camarada tiene la capacidad de contribuir con algo único a la organización. También tiene la responsabilidad individual de hacerlo. Es responsabilidad de cada uno el expresar su posición en los debates, en especial sus desacuerdos y cuestionamientos pues, si no, la organización será incapaz de fomentar la cultura del debate y la elaboración teórica” ([7]).

El Congreso, con razón, insistió muy especialmente en la necesidad de porfiar, con decisión y perseverancia, en el esfuerzo de elaboración teórica.

El primer reto para la organización es tomar conciencia de los peligros ante los que estamos. No podremos sobrepasarlos con “intervenciones de bombero” (…) debemos encarar todos los problemas con método teórico e histórico, oponiéndonos a todo análisis pragmático, superficial. Esto quiere decir que hay que fomentar una visión a largo plazo, no caer en lo empírico y en el “día a día”. El estudio teórico y el combate político deben volver al centro de la vida de la organización, no sólo en nuestra intervención en lo cotidiano, sino, más importante, continuando con las cuestiones teóricas más profundas, incluido el marxismo, que nos hemos planteado en los últimos diez años en orientaciones que nos hemos dado (…) Eso significa que nos damos el tiempo para profundizar y combatir todo conformismo en nuestras filas. La organización anima el cuestionamiento crítico, la expresión de dudas y los esfuerzos por explorar las cosas a fondo.

No olvidemos que “la teoría no es una pasión del cerebro, sino el cerebro de una pasión” y que cuando “la teoría se apodera de las masas acaba convirtiéndose en una fuerza material” (Marx). La lucha por el comunismo no incluye únicamente una dimensión económica y política, sino también una dimensión teórica (“intelectual” y moral). Fomentar la “cultura de la teoría”, o sea la capacidad de situar permanentemente en un marco histórico y/o teórico todos los aspectos de la actividad de la organización: sólo así podremos desarrollar y profundizar la cultura del debate en nuestro seno y asimilar mejor el método dialéctico del marxismo. Sin desarrollo de esa “cultura de la teoría”, la CCI no será capaz de “mantener el rumbo” a largo plazo, orientándose y adaptándose a situaciones inéditas, evolucionando, enriqueciendo el marxismo que no es un dogma invariante e inmutable sino una teoría viva orientada hacia el porvenir.

Esa “cultura de la teoría” no es un problema de “nivel de estudios” de los militantes. Contribuye en el desarrollo de un pensamiento racional, riguroso y coherente (indispensable para argumentar), en el desarrollo de la conciencia de todos los militantes y en la consolidación en nuestras filas del método marxista.

El trabajo de reflexión teórica no puede ignorar el aporte de las ciencias (especialmente de las ciencias humanas, como la psicología y la antropología), la historia de la especie humana Y del desarrollo de su civilización. Por ello es por lo que la discusión sobre el tema “marxismo y ciencia” fue de la mayor importancia de manera que los avances que aportó deben seguir presentes y reforzarse en la reflexión y la vida de la organización” ([8]).

La invitación de científicos

La preocupación por lo que las ciencias pueden aportarnos no es nueva en la CCI. Ya hemos reseñado en algunos artículos sobre nuestros congresos precedentes la invitación de científicos que contribuyeron en la reflexión del conjunto de la organización sometiéndoles nuestras propias reflexiones en su ámbito de investigación. Esta vez hemos invitado a dos antropólogos británicos, Camilla Power y Chris Knight, que ya vinieron en congresos anteriores y a quienes queremos, en este artículo, mandarles nuestro más caluroso agradecimiento. Estos dos científicos compartieron una presentación sobre el tema de la violencia en la prehistoria, en las sociedades que todavía no conocían la división en clases. El interés de ese tema para los comunistas es, claro está, fundamental. El marxismo dedicó una amplia reflexión sobre el papel de la violencia. Engels dedica una parte importante del Anti-Dühring al papel de la violencia en la historia. Este año en que se va a celebrar el centenario de la Primera Guerra Mundial, un siglo marcado por la peores violencias que haya conocido la humanidad, ahora que la violencia es algo omnipresente en una sociedad en la que se desparrama a diario por las pantallas de televisión, es importante que quienes militan por una sociedad librada de las plagas de la sociedad capitalista, de las guerras y de la opresión se interroguen sobre el lugar de la violencia en las diferentes sociedades. Frente a las tesis de la ideología burguesa de que la violencia de la sociedad actual se debe a la “naturaleza humana”, cuya regla es “cada uno para sí”, en la que predomina la “ley del más fuerte”, es muy importante examinar el lugar de la violencia en unas sociedades que no conocieron la división en clases, como el comunismo primitivo.

No es este el lugar para hacer reseña de las presentaciones muy enjundiosas que Camilla Power y Chris Knight hicieron. Serán publicadas en podcast en nuestra página web. Pero vale ya la pena subrayar que esos dos científicos contradijeron la tesis de Steven Pinker de que gracias a la “civilización” y a la influencia del Estado, la violencia ha retrocedido. Demostraron que en las sociedades de cazadores-recolectores había un nivel de violencia mucho más bajo que en las sociedades que sucedieron a aquéllas.

La discusión que siguió a la presentación de Camilla Power y Chris Knight fue, como en otros congresos, de lo más animado. Ilustró perfectamente y una vez más lo enriquecedor que es para el pensamiento revolucionario el aporte de las ciencias, una idea que defendieron Marx y Engels hace más de siglo y medio.

Conclusión

El vigésimo congreso de la CCI, al poner de relieve los obstáculos que afronta la clase obrera en el combate por su emancipación, y también los obstáculos de la organización de revolucionarios en el cumplimiento de su responsabilidad especifica en dicho combate, ha podido comprobar lo dificultoso y largo que es el camino que ante nosotros tenemos. Pero no es eso, ni mucho menos, lo que va a desanimarnos. Como se dice en la resolución adoptada por el congreso:

La tarea que nos espera es larga y difícil. Necesitamos paciencia, de la que Lenin decía que era una de las cualidades principales del bolchevique. Debemos resistir ante las dificultades. Son inevitables, debemos verlas no como una maldición sino, al contrario, como un ánimo para proseguir e intensificar el combate. Los revolucionarios, es una de sus características fundamentales, no son gente que busca lo cómodo o lo fácil. Son combatientes cuyo objetivo es contribuir de manera decisiva en la tarea más inmensa y más difícil que deberá realizar la especie humana, pero también la más apasionante pues consiste en liberar a la humanidad de la explotación y la alienación, e iniciar así su ‘verdadera historia’” ([9]).

CCI

[1]) “Resolución sobre la situación internacional”, punto 10.

[2]) Idem. punto 11.

[3]) Cf. Revista internacional no 60 (1er trimestre 1990): “Derrumbe del Bloque del Este: Dificultades en aumento para el proletariado”,
http://es.internationalism.org/node/3450 y Revista internacional no 64 (1er trimestre 1991) “Texto de orientación: Militarismo y descomposición” (sólo, por ahora, en versión papel).

[4]) “Debate interno en la CCI – Las causas del período de prosperidad consecutivo a la Segunda Guerra Mundial”, en las Revista internacional nos 133, 135, 136, 138 (2008-2009), http://es.internationalism.org/rint133-debate y siguientes.

[5]) Ver al respecto: “El proletariado de Europa occidental en una posición central de la generalización de la lucha de clases” en Revista internacional no 31 (1982) http://es.internationalism.org/rint/1982/31_eslabon

[6]) “Resolución de actividades” adoptada por el congreso, punto 4.

[7]) Ídem, punto 9.

[8]) Ídem, punto 8

[9]) Ídem, punto 16.