Amenaza de un cataclismo imperialista en Oriente Medio

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Cada día que pasa en Siria acarrea su nueva lista de masacres. Este país se ha añadido al campo de guerras imperialistas en Oriente Próximo y Medio. Tras Palestina, Irak, Afganistán y, en el Magreb, Libia, ahora le toca a Siria. Esta situación plantea inmediatamente una pregunta muy inquietante: ¿qué va a pasar en el periodo venidero? En efecto, Oriente Próximo y Medio en su conjunto parecen estar en vísperas de un estallido cuyas consecuencias son difíciles de prever. Detrás de la guerra en Siria, es Irán el país que fomenta hoy todos los miedos y apetitos imperialistas, y todos los bandidos imperialistas se están preparando también para defender sus intereses en la zona, una zona en pie de guerra, una guerra cuyas consecuencias dramáticas serian irracionales y destructoras para el propio sistema capitalista.

Destrucción de masas y caos en Siria. ¿Quién es responsable?

Para el movimiento obrero internacional como para todos los explotados de la tierra, la respuesta a esta pregunta solo puede ser: el solo y único responsable, es el capital. Así ya fue con las matanzas de las primera y segunda guerras mundiales. Y así fue también para las incesantes guerras que desde entonces han provocado más muertes que ambas guerras mundiales juntas. Hace poco más de 20 años, Georges Bush, entonces Presidente de Estados Unidos, mucho antes de que su propio hijo accediera a la Casa Blanca, declaraba triunfalmente “que le mundo entraba en un nuevo orden mundial”. El bloque soviético se acababa de derrumbar. La URSS desaparecía, y con ella iban a desaparecer todas las guerras y masacres. Gracias al capitalismo por fin triunfante y bajo la bondadosa mirada de EE.UU., iba al fin a reinar la paz por doquier. ¡Cuántas mentiras una vez más desmentidas inmediatamente por la realidad! Fue ese mismo Presidente, poco después de haber pronunciado ese discurso cínico e hipócrita, el que iba a desencadenar la primera guerra de Irak.

En 1982, el ejército sirio ahogó en sangre la población rebelde de la ciudad de Hama. El numero de víctimas nunca se precisó con exactitud, variando las estimaciones entre 10.000 y 40.000 muertos ([1]). Nadie entonces habló de intervenir para socorrer a la población, nadie exigió que se fuera Hafez Al-Assad, padre del actual Presidente sirio. ¡No es poco el contraste con la situación actual! Es que en 1982, el escenario mundial todavía estaba dominado por la rivalidad entre los dos grandes bloques imperialistas. A pesar del derrocamiento del Sah de Irán por el régimen de los ayatolahs a principios de 1979 y de la invasión rusa de Afganistán al año siguiente, la dominación norteamericana en la zona no se ponía en entredicho por parte de las demás grandes potencias imperialistas y tenia los medios de garantizar una estabilidad relativa.

Las cosas han ido cambiando mucho desde entonces: el desmoronamiento del sistema de bloques y el debilitamiento del “liderazgo” norteamericano liberaron los apetitos imperialistas de potencias regionales como Irán, Turquía, Egipto, Siria, Israel… La agudización de la crisis ha hundido en la miseria a las poblaciones y fomenta sus sentimientos de exasperación y de rebeldía frente a los regímenes gobernantes.

Hoy ningún continente puede evitar el incremento de las tensiones interimperialistas, pero es en Oriente Medio donde se concentran todos los peligros. Y en el epicentro, en primera línea, está Siria, tras muchos meses de manifestaciones en contra del paro y de la miseria que movilizan a explotados de todos los orígenes; drusos, suníes, cristianos, kurdos, hombres, mujeres y niños unidos en su protesta por una vida más decente. Pero la situación en el país ha tomado un rumbo más siniestro. La protesta social ha sido desviada, recuperada, hacia un terreno que nada tiene que ver ya con sus orígenes. En ese país, en el que la clase obrera es muy débil y muy fuertes son los apetitos imperialistas, esa triste perspectiva era prácticamente inevitable, dada la debilidad de las luchas obreras por el mundo.

Todas las fuerzas de la burguesía siria se han arrojado como aves de carroña sobre la población rebelde y desesperada. Para el gobierno y las fuerzas armadas pro Bashar Al-Assad, las cosas son claras. Se trata de conservar el poder cueste lo que cueste. Para la oposición, cuyos diversos componentes están dispuestos a matarse entre sí y a la que sólo une la voluntad de acabar con Bashar Al-Assad, se trata de echar mano de ese mismo poder. En unas reuniones de esas fuerzas de oposición en Londres y París, hace poco, ningún ministro o servicio diplomático ha aceptado precisar su composición. ¿Qué representan el Consejo Nacional Sirio, el Comité Nacional de Coordinación o el Ejército Sirio Libre? ¿Qué poder tienen en ellos los Kurdos, los Hermanos Musulmanes o los yihadistas salafistas? No son más que un revoltijo de camarillas burguesas rivales entre sí. Si el régimen de Assad todavía no ha sido derrocado, es porque ha sabido jugar con las rivalidades internas de la sociedad siria. Los cristianos ven con malos ojos el auge de los islamistas y temen sufrir el mismo destino que los coptos en Egipto; parte de los kurdos intentan negociar con el régimen; y éste tiene el respaldo de la minoría religiosa alauita de la que forma parte la camarilla presidencial.

De todos modos, el Consejo Nacional no tendría gran relevancia ni militar ni políticamente si no lo apoyaran fuerzas exteriores, haciéndolo todo cada una de estas fuerzas por sacar la mejor tajada. Entre ellas se han de señalar los países de la Liga Árabe (Arabia Saudí en especial), Turquía, pero también Francia, Gran Bretaña, Israel y Estados Unidos.

Todos esos carroñeros imperialistas toman pretexto de la inhumanidad del régimen sirio para preparar la guerra total en ese país. Según el medio ruso La Voz de Rusia, citando el canal de televisión pública iraní Press TV, existen informaciones de que Turquía se estaría preparando para atacar a Siria con ayuda norteamericana. El Estado turco estaría ya concentrando tropas y materiales en su frontera con Siria. Esta información también la han recogido los medios occidentales. En el bando opuesto, en Siria, se han apostado misiles balísticos tierra-tierra de fabricación rusa en las regiones de Kamechliyé y de Deir al Zur, en el este de Siria, cerca de la frontera con Irak. El régimen de Bashar Al-Assad está a su vez apoyado por potencias extranjeras, en particular por China, Rusia e Irán.

Esa feroz batalla entre los buitres imperialistas más poderosos en torno a Siria también se libra en esa asamblea de bandidos que se llama la ONU. Rusia y China ya opusieron dos veces su veto a propuestas de resolución sobre Siria, la última de las cuales apoyaba el proyecto de la Liga Árabe para salir de la crisis, proponiendo ni más ni menos que la retirada de Bashar Al-Assad. Tras varios días de sórdidas negociaciones, una vez más la hipocresía de todos se ha expuesto a plena luz. El Consejo de Seguridad de Naciones Unidas, con el acuerdo de Rusia y China, adoptó el pasado 21 de marzo una declaración para el cese de la violencia, cese que culminaría gracias a la presencia en Siria de un enviado especial muy conocido, Kofi Annan, sin que nada fuera de obligado cumplimiento, claro está. O sea algo que sólo compromete a quienes se lo creen. Todo ello es un poco siniestro.

La pregunta que podemos plantearnos es entonces muy diferente. ¿Cómo es posible que, de momento, ninguna potencia imperialista extranjera haya intervenido directamente –en defensa de sus propios intereses nacionales evidentemente- como así ocurrió, por ejemplo, hace unos meses en Libia? Pues principalmente porque las fracciones de la burguesía opuestas a Bashar Al-Assad lo rechazan oficialmente. No quieren una intervención militar masiva extranjera y lo hacen saber. Cada una de ellas teme, con razón, perder en tal situación la posibilidad de dirigir algún día el poder. Pero eso no es ninguna garantía de que la amenaza de guerra imperialista total, que ya está a las puertas de Siria, no irrumpa en ese país en el periodo que viene. De hecho, la clave de la situación esta ciertamente en otro lugar.

Uno se puede preguntar por qué ese país azuza hoy tantos apetitos imperialistas por el mundo. La respuesta a esa pregunta está unos cientos kilómetros más allá de Siria. Miremos hacia su frontera oriental para descubrir lo que sobre todo está en juego en esa pugna imperialista y el drama humano resultante: lo que está en juego es Irán.

Irán en el ojo del huracán imperialista mundial

El pasado 7 de febrero, el New York Times declaraba: “Siria ya es el principio de la guerra con Irán”. Una guerra que todavía no se ha desencadenado directamente pero que está ahí presente, agazapada en la sombra del conflicto sirio.

El régimen de Bashar Al-Assad es efectivamente el principal aliado regional de Teherán y Siria es una zona estratégica esencial para Irán. La alianza con Siria permite a Teherán tener una ventana abierta al espacio estratégico mediterráneo e israelí, con medios militares en contacto directo con el Estado hebreo. Pero esa guerra potencial, que avanza escondida, tiene sus raíces profundas en la importancia vital de Oriente Medio en un momento en que se desencadenan todas las tensiones guerreras contenidas en este sistema capitalista en putrefacción.

Esa región del mundo es la gran encrucijada entre Oriente y Occidente. Europa y Asia convergen en Estambul. Rusia y los países del Norte miran más allá del Mediterráneo hacia el continente africano y los vastos océanos. Pero sobre todo, desde que ya hace tiempo las bases de la economía mundial empezaron a tambalearse, el oro negro se ido convirtiendo cada día más en un arma económica y militar de importancia vital. Cada cual ha de controlar su flujo. Sin petróleo, la menor fábrica debe pararse, cualquier avión de caza se queda pegado al suelo. Esa realidad forma parte íntegra de las razones por las cuales todos los imperialismos están implicándose en esa región del mundo. Sin embargo, todas esas consideraciones no son los motivos más operantes y perniciosos que llevan a esa región hacia la guerra.

Desde hace ya varios años, Estados Unidos, Gran Bretaña, Israel y Arabia Saudí son los directores de orquesta de una campaña ideológica anti-iraní. Y tal campaña acaba de tener un violento acelerón. El reciente informe de la Agencia Internacional de la Energía Atómica (AIEA) da a entender que existe una posible dimensión militar a las ambiciones nucleares de Irán. Un Irán que posea el arma atómica resulta insoportable para muchos países imperialistas por el mundo. El auge de un Irán nuclearizado, imponiéndose en toda la región, es totalmente insoportable para todos esos tiburones imperialistas, tanto más porque el conflicto palestino-israelí mantiene una inestabilidad permanente en la zona. Irán está militarmente cercado por completo. El ejército norteamericano está instalado cerca de todas sus fronteras. Y el golfo Pérsico, ¡rebosa de tantos buques de guerra de todo tipo y bandera que casi se podría atravesar sin tocar agua! El Estado israelí no deja de proclamar que jamás dejará que Irán posea el arma atómica y, según dicho Estado, Irán podría tenerla en el plazo de un año como máximo. La afirmación proclamada ante el mundo alta y claramente es espantosa por ser peligrosísimo ese pulso: Irán no es Irak, ni Afganistán. Es un país de más de 70 millones de habitantes dotado de un ejército “respetable”.

Consecuencias catastróficas de la mayor trascendencia

Económicas

La utilización del arma atómica por parte Irán no es, sin embargo, el único peligro, ni siquiera el más importante: últimamente, los dirigentes políticos y religiosos iraníes afirmaron que replicarían por cualquier medio a su disposición si su país fuera atacado. Irán dispone de unos medios para hacer daño cuya importancia nadie es capaz de medir hoy. Si Irán, por ejemplo, decidiera impedir la navegación por el estrecho de Ormuz, incluso hundiendo sus propios barcos, la catástrofe sería mundial.

Una parte considerable de la producción de petróleo ya no podría llegar a sus destinatarios. La economía capitalista en plena crisis de senilidad sería entonces vapuleada por un huracán de máxima fuerza. Los estragos serian inconmensurables en una economía ya muy enferma.

Ecológicas

Las consecuencias ecológicas pueden ser irreversibles. Atacar posiciones atómicas iraníes enterradas bajo miles de toneladas de hormigón y de metros cúbicos de tierra, exigiría un ataque aéreo táctico mediante bombardeos atómicos con objetivos bien determinados. Eso es lo que explican los expertos militares de todas las potencias imperialistas. Si tal fuera el caso, ¿qué será de toda la región de Oriente Medio? ¿Cuáles serían las consecuencias sobre las poblaciones y el ecosistema, y también a escala del planeta? No estamos hablando de elucubraciones enfermizas, producto del cerebro calenturiento de un científico estrafalario. Tampoco se trata de un guión para una de esas película de catástrofe. Ese plan de ataque forma parte íntegra de la estrategia estudiada y preparada por el Estado israelí junto con Estados Unidos, aunque, por ahora, EEUU sea más reservado al respecto. El estado mayor del ejército israelí estudia, en sus preparativos, la posibilidad de pasar al mencionado nivel de destrucción en caso de fracaso de un ataque aéreo más clásico. La locura está ganando a un capitalismo en total decadencia.

Humanitarias

Desde que se desencadenaron las guerras en Irak, Afganistán y Libia, el caos reina en esos países. La guerra prosigue en ellos interminablemente. Los atentados son diarios y mortíferos. Las poblaciones intentan desesperadamente sobrevivir día a día. La prensa burguesa afirma: “Afganistán vive en una postración general. Al cansancio de los afganos hace eco el cansancio de los occidentales” (Le Monde, 21 de marzo de 2012). Para la prensa burguesa, todos están cansados de la interminable continuación de la guerra en Afganistán pero para la población no se trata de cansancio, sino de exasperación y de abatimiento. ¿Cómo sobrevivir en semejante situación de guerra y de descomposición permanente? Y si se desencadena la guerra en Irán, la catástrofe humana tendría una amplitud mucho más considerable. La concentración de la población, los medios de destrucción que serían entonces utilizados dejan presagiar lo peor. Lo peor es un Irán a sangre y fuego, un Oriente Medio hundido en el caos más total. Ninguno de esos asesinos de masas que dirigen las instancias dirigentes civiles y militares es capaz de decir cómo se acabaría la guerra en Irán. ¿Qué sería de las poblaciones árabes de esas regiones? ¿Qué harían las poblaciones chiítas? Esa perspectiva es sencilla y humanamente espantosa.

Burguesías nacionales divididas, alianzas imperialistas al borde de una crisis gravísima

El mismo hecho de entrever aunque solo sea una pequeña parte de esas consecuencias asusta a esos sectores de la burguesía que intentan guardar un mínimo de lucidez. El periódico kuwaití Al-Jarida acaba de filtrar una información que recoge, como suele hacerse, uno de esos mensajes que los servicios secretos israelíes quieren dar a conocer públicamente. Su último director, Meir Dagan, acaba de afirmar efectivamente que “la perspectiva de un ataque contra Irán es la idea más estúpida de la que jamás haya oído hablar”. Parece ser que esa es la opinión que prevalece en la otra agencia de las fuerzas secretas de seguridad externa israelí, el Shin Bet.

Es conocido que buena parte del estado mayor israelí no desea esa guerra. Pero también es sabido que parte de la clase política israelí, unida tras Netanyahu, quiere que estalle en el momento más propicio para el Estado hebreo. En Israel, por razones de política imperialista, la crisis política madura bajo las brasas de una posible guerra. En Irán, el jefe religioso Ali Jamenei también está enfrentado sobre ese tema con el presidente del país, Mahmud Ahmadineyad. Pero lo más espectacular es el pulso que enfrenta a Estados Unidos e Israel sobre esa cuestión. De momento, la administración norteamericana no quiere una guerra abierta con Irán. Hay que decir que la experiencia norteamericana en Irak y Afganistán no es de lo más convincente, de modo que la administración de Obama prefiere por ahora imponer unas sanciones cada día más duras. La presión de Estados Unidos sobre Israel para que este país sea paciente es enorme. Pero el debilitamiento del liderazgo de EEUU también se nota incluso en sus relaciones con su aliado tradicional en Oriente Medio. Israel afirma con contundencia que no dejará a Irán poseer el arma atómica, sea cual sea la opinión de sus aliados incluso los más próximos. La mano de hierro de la superpotencia americana sigue oxidándose e incluso Israel está poniendo hoy en entredicho su autoridad. Para ciertos comentaristas burgueses, podría estar produciéndose una primera ruptura en la hasta ahora indefectible alianza entre Estados Unidos e Israel.

El principal participante inmediato en este siniestro juego en la región es Turquía, que posee las fuerzas armadas más importantes de Oriente Medio (más de 600.000 efectivos en servicio activo). Aun cuando ese país ha sido antaño un aliado indefectible de EE.UU. y uno de los pocos amigos de Israel, la fracción más “islamista” de la burguesía turca está intentando jugar su propia baza con un islamismo “democrático” y “moderado”, tras la subida al poder de Erdogan. Por ello intenta aprovecharse de los levantamientos en Egipto y en Túnez. Y eso también explica el viraje en sus relaciones con Siria. Hubo un tiempo en que Erdogan se iba de vacaciones con Assad, pero se rompió esa alianza en cuanto el líder sirio se negó a obedecer a las exigencias de Ankara y a negociar con la oposición. Los esfuerzos de Turquía para exportar su “modelo” de Islam “moderado” se oponen por otro lado de forma directa con los intentos de Arabia Saudí de incrementar su influencia propia apoyándose en el wahhabismo ultraconservador.

La posibilidad de estallido de una guerra en Siria, quizá seguida por otra en Irán, es algo tan presente que los aliados de ambos países, China y Rusia, reaccionan cada día más fuerte. Irán es muy importante para China, porque ese país la abastece en torno al 11 % de sus necesidades energéticas ([2]). Desde que empezó a emerger industrialmente, China se ha convertido en un nuevo actor muy importante en la región. En diciembre pasado, ponía en guardia contra el peligro de conflicto mundial en torno a Siria e Irán. Así declaró por vía del Global Times ([3]): “Occidente sufre de recesión económica, pero sus esfuerzos por derribar gobiernos no occidentales por razones de interés político y militar están en su punto más álgido. China, como su vecino gigante Rusia, han de estar alertas al nivel más alto y adoptar las contramedidas que se imponen” ([4]). Aunque una confrontación directa entre las grandes potencias imperialistas del mundo sea hoy impensable en el contexto mundial actual, tales declaraciones ponen en evidencia lo seria que es la situación.

El capitalismo va todo recto hacia el abismo

Oriente Medio es un polvorín y algunos están muy cerca de prenderle fuego. Ciertas potencias imperialistas proyectan fríamente el uso de ciertas categorías de armas atómicas en una eventual guerra contra Irán.

Los medios militares ya están listos y apostados estratégicamente para ello. Como lo peor siempre es posible en el capitalismo agonizante, no podemos descartar totalmente esa eventualidad. En cualquier caso, la huida ciega de un capitalismo ahora totalmente senil y caduco lleva siempre más allá la irracionalidad del sistema. Una vez llegada a ese nivel, la guerra imperialista se aparenta a una auténtica autodestrucción del capitalismo. Que desaparezca el capitalismo ahora que está condenado por la historia no es un problema ni para el proletariado ni para la humanidad. Por desgracia, tal autodestrucción conlleva la amenaza de destrucción total de la humanidad. El constatar el hundimiento del capitalismo en un proceso de destrucción de la civilización no debe llevarnos al desánimo, a la desesperación o la pasividad. En el número del primer trimestre de este año de esta Revista, escribíamos: “La crisis económica no es una historia sin fin. Anuncia el fin de un sistema y la lucha por otro mundo”. Esta afirmación se apoya en la evolución de la lucha de clases internacional. Esa lucha mundial para construir otro mundo está ya en sus comienzos. Eso sí, con dificultades y a ritmo todavía lento, pero sí que es ya algo muy presente y en desarrollo. Es esa fuerza otra vez en movimiento, cuya expresión más significativa sigue siendo de momento la lucha del verano pasado de los Indignados en España, la que nos permite afirmar que potencialmente existen las capacidades para acabar con toda esta barbarie capitalista y hacerla desaparecer de nuestro planeta.

Tino (11 de abril del 2012)