¿Qué son los Consejos Obreros? V - Los Soviets ante la cuestión del Estado

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¿Qué son los Consejos Obreros? V

Los Soviets ante la cuestión del Estado

En el artículo anterior de la serie (Revista Internacional no 143) vimos cómo los Soviets, que habían tomado el poder en octubre de 1917, lo fueron perdiendo gradualmente hasta convertirse en una mera fachada, mantenida artificialmente en vida para ocultar el triunfo total de la contra-revolución capitalista que se instauró en Rusia. El objetivo de este artículo es comprender por qué se dio este proceso y sacar lecciones, cara a futuras tentativas revolucionarias.

La naturaleza del Estado que surge con la Revolución

Al analizar la experiencia de la Comuna de París en 1871, Marx y Engels habían sacado una serie de lecciones sobre la cuestión del Estado que podemos resumir en dos:
1) Es necesario destruir el Estado burgués hasta que no quede de él piedra sobre piedra;
2) Al día siguiente de la revolución, el Estado se reconstituye principalmente por dos razones:
a) la burguesía aún no ha sido total y completamente derrotada y erradicada;
b) en la sociedad de transición todavía persisten clases no explotadoras, pero que tienen intereses que no son coincidentes con los del proletariado: pequeña burguesía, campesinado, marginados urbanos...

No es objeto de este artículo analizar la naturaleza de ese nuevo Estado ([1]), sin embargo queremos destacar cara al tema que nos ocupa, que si bien ya no es un Estado como todos los anteriores que han existido en la historia sigue teniendo rasgos que lo hacen peligroso para el proletariado y sus consejos obreros, por lo que, como señaló Engels y como insiste Lenin en El Estado y la Revolución, el proletariado debe iniciar desde el mismo día de la revolución un proceso de extinción del nuevo Estado.

Una vez tomado el poder, el principal obstáculo con el que tropezaron los Soviets dentro de Rusia fue el Estado surgido de ellos. Este, "a pesar de la apariencia de su mayor potencia material (...) es mil veces más vulnerable al enemigo que los otros organismos obreros. En efecto, el Estado debe su mayor potencia material a factores objetivos que corresponden perfectamente a los intereses de las clases explotadoras pero que no tienen ninguna relación con la función revolucionaria del proletariado" ([2]).

En el artículo anterior describimos los hechos que propiciaron el debilitamiento de los Soviets: la guerra civil, las hambrunas, el caos general de toda la economía, el agotamiento y la progresiva descomposición de la clase obrera, etc. Cabalgando dicho proceso, la "conspiración silenciosa" del Estado soviético contra los Soviets tuvo tres vectores:
1) el peso creciente que fueron adquiriendo instituciones estatales por naturaleza: Ejército, Checa (policía política) y Sindicatos;
2) el "interclasismo" de los Soviets y la burocratización acelerada que provocaba;
3) la absorción gradual del Partido bolchevique. El primero lo abordamos en el artículo anterior de la serie. Veremos en este artículo los dos últimos.

El imparable reforzamiento del Estado

El Estado de los Soviets excluía a la burguesía pero no era un Estado exclusivo del proletariado. Incluía capas sociales no explotadoras como los campesinos, la pequeña burguesía, las diferentes capas medias. Estas clases tienden a preservar sus estrechos intereses y ponen inevitablemente obstáculos a la marcha hacia el comunismo. Este "interclasismo" inevitable lleva al nuevo Estado a que, como denuncia la Oposición Obrera en 1921 ([3]) "la política soviética se haya roto en diversas direcciones y su configuración con respecto a la clase se ha desfigurado", y a constituirse en el caldo de cultivo de la burocracia estatal.

Muy poco después de octubre, los antiguos funcionarios zaristas comenzaron a recuperar posiciones en las instituciones soviéticas, en particular, cuando había que tomar decisiones improvisadas frente a los problemas que se iban presentando. Así por ejemplo, en febrero de 1918 y ante la imposibilidad de organizar el abastecimiento de productos de primera necesidad, el Comisariado del Pueblo tuvo que pedir ayuda a las comisiones que había puesto en funcionamiento el antiguo Gobierno Provisional. Sus miembros accedieron a condición de no depender de ningún bolchevique, lo que estos aceptaron. De la misma forma, la reorganización del sistema escolar para el curso 1918-19 tuvo que hacerse recurriendo a antiguos funcionarios zaristas que acabaron adulterando con mucha sutiliza los planes de enseñanza propuestos.

Además, los mejores elementos proletarios se fueron convirtiendo progresivamente en burócratas alejados de las masas. Los imperativos de la guerra absorbieron numerosos cuadros obreros como comisarios políticos, inspectores o jefes militares. Obreros capacitados pasaron a ser directivos de la administración económica. Los antiguos burócratas imperiales y los recién llegados de raíz obrera fueron cristalizándose en una capa burocrática identificada con el Estado. Pero este órgano tiene una lógica propia cuyos cantos de sirena lograron seducir a revolucionarios tan avezados como Lenin y Trotski.

Los portadores de esta lógica eran tanto los antiguos funcionarios como elementos procedentes de las élites burguesas que lograron penetrar en la fortaleza soviética por la puerta que les ofrecía el nuevo Estado: "millares de individuos, que estaban más o menos íntimamente ligados a la burguesía expropiada, por lazos de costumbre y de cultura, volvieron a desempeñar un papel (...) fusionados con la nueva élite político-administrativa, cuyo núcleo lo constituía el propio partido, los sectores más "abiertos" y mejor dotados técnicamente de la clase expropiada, no tardaron en volver a posiciones dominantes" ([4]), estos individuos, como señala el historiador soviético Kritsman, "en su trabajo administrativo hacían prueba de una desenvoltura y una hostilidad hacia el público" ([5]).

Pero el portador más peligroso era el propio engranaje estatal quien con su inercia lo desarrollaba de forma imperceptible haciendo que hasta los funcionarios soviéticos más abnegados tendieran a separarse de las masas, desconfiar de ellas, adoptar métodos expeditivos, imponer y no escuchar, despachar asuntos que involucraban a miles de personas como meros expedientes administrativos, gobernar a golpe de decreto.

"El partido, al cambiar sus tareas de destrucción por las de administración, descubre las virtudes de la ley, del orden y de la sumisión a la justa autoridad del poder revolucionario" ([6]).

La lógica burocrática del Estado le va como anillo al dedo a la burguesía que es una clase explotadora y puede delegar tranquilamente el ejercicio del poder en un cuerpo especializado de políticos y funcionarios profesionales. Pero es letal para el proletariado que no puede abandonarse a tales especialistas, que tiene necesidad de aprender por sí mismo, de cometer errores y corregirlos, que no sólo toma decisiones y las aplica, sino que se transforma a sí mismo al hacerlo. La lógica del proletariado no es la delegación del poder sino la participación directa en su ejercicio.

En abril de 1918 la revolución llegó a una encrucijada: mientras la revolución mundial tardaba en llegar, la invasión imperialista amenazaba con aplastar el bastión soviético. Todo el país estaba sumido en el caos, "la organización administrativa y económica declinaba en proporciones alarmantes. El peligro no venía tanto de la resistencia organizada como del derrumbamiento de toda autoridad. La apelación a destrozar la organización estatal burguesa que se incitaba en El Estado y la Revolución resultaba ahora singularmente anacrónica, puesto que esta parte del programa revolucionario había triunfado más allá de lo esperado" ([7]).

El Estado soviético se enfrentaba a cuestiones dramáticas: constitución a toda prisa del Ejército Rojo, garantizarle un suministro regular, organizar la red de transportes, relanzar la producción, asegurar el abastecimiento alimenticio a las ciudades hambrientas, organizar la vida social. Todo esto debía hacerse en medio del sabotaje total de empresarios y managers, lo que obligó a la confiscación generalizada de industrias, bancos, comercios, etc. Esto suponía un desafío adicional para el poder soviético. Un debate apasionado estalló en el Partido y en los Soviets. Había acuerdo en resistir militar y económicamente hasta el estallido de la revolución proletaria en otros países y principalmente en Alemania. La discrepancia se centró en cómo organizar esa resistencia: ¿desde el Estado reforzando sus mecanismos?, o ¿desde el desarrollo de la organización y la capacidad de las masas obreras? Lenin encabezó la primera postura mientras que las tendencias de izquierda dentro del Partido bolchevique encarnaron la segunda.

En el folleto Las tareas inmediatas del poder soviético, Lenin "argumentaba que la tarea primordial era reconstruir una economía exhausta, imponer la disciplina del trabajo e incrementar la productividad,  asegurar una estricta contabilidad y control en el proceso de producción, eliminar la corrupción y el despilfarro, y, quizás por encima de todo ello, luchar contra una mentalidad pequeño burguesa muy extendida (...) No dudó en propugnar lo que él mismo había definido como métodos burgueses, incluyendo: la utilización de técnicos especialistas burgueses, el trabajo por piezas, la adopción del "taylorismo" (...) Lenin propuso la "Gerencia unipersonal" insistiendo en que: "la subordinación incontestable a una sola persona será absolutamente necesaria" ([8]).

¿Por qué Lenin defendió esta orientación? Una causa era la inexperiencia -el poder soviético hacía frente a tareas gigantescas y urgentes sin el respaldo de una experiencia y una reflexión teórica previas-; otra era la situación desesperada e insostenible que hemos descrito. Pero igualmente, debemos valorar que Lenin estaba siendo víctima de la lógica estatal y burocrática y gradualmente estaba convirtiéndose en su intérprete. Ello le empujaba a depositar su confianza en el concurso de los viejos técnicos, administradores y funcionarios, educados en el capitalismo, y, por otro lado, en los sindicatos, encargados, de disciplinar a los trabajadores, de volverlos pasivos, reprimir sus iniciativas y su movilización independiente, atándolos a la división capitalista del trabajo con la mentalidad corporativa y estrecha que ello comporta.

Los adversarios de Izquierda denunciaron esta concepción según la cual: "La forma de control estatal de las empresas va en el sentido de la centralización burocrática, del imperio de varios comisariatos, la eliminación de la independencia de los Soviets locales y el rechazo en la práctica del tipo de Estado-Comuna gobernado desde abajo (...) La introducción de la disciplina del trabajo junto con la restauración del liderazgo capitalista en la producción no va a incrementar la productividad del trabajo y reducirá la autonomía de los trabajadores, la actividad y el grado de organización del proletariado " ([9]).

Como denunció la Oposición Obrera: "en vista del estado catastrófico de nuestra economía que todavía descansa en el sistema capitalista (pago de trabajo con dinero, tarifas, categorías de trabajo, etc.) las élites de nuestro partido buscan la salvación del caos económico, desconfiando de la capacidad creadora de los trabajadores, en los sucesores del pasado capitalista-burgués, en gentes de negocios y técnicos, cuya capacidad creadora está corrompida en el terreno de la economía por la rutina, los hábitos y métodos de producción y dirección económica al modo capitalista" ([10]).

Lejos de avanzar hacia su extinción, el Estado se reforzaba de manera alarmante: "un profesor blanco que llegó a Omsk viniendo de Moscú en otoño de 1919 contaba que a la cabeza de muchos centros y de los glavki se encuentran los antiguos patronos, funcionarios y directores. Visitando los centros, quien conozca personalmente al viejo mundo de los negocios, comercial e industrial, se sorprenderá al ver a los antiguos propietarios de grandes industrias de la piel en los Glavkoh, a grandes fabricantes en las organizaciones centrales del textil" ([11]).

En el debate del Soviet de Petersburgo en marzo de 1919, Lenin reconoció que: "Hemos expulsado a los antiguos burócratas, pero han vuelto con la falsa etiqueta de comunistas cuando apenas saben deletrear esa palabra; se ponen una divisa roja en el ojal para asegurarse la sinecura" ([12]).

El crecimiento de la burocracia soviética acabó aplastando a los soviets. De 114.529 empleados en junio de 1918 se pasó a 529.841 un año después, ¡pero en diciembre de 1920, la cifra era de 5.820.000! La razón de Estado se imponía implacable a la razón del combate revolucionario por el comunismo, "las consideraciones estatales de carácter general comienzan a surgir en el trasfondo frente a los intereses de clase de los trabajadores" ([13]).

La absorción del Partido Bolchevique por el Estado

El Estado al reforzarse, acabó absorbiendo al Partido Bolchevique. Este en principio no pretendía convertirse en un partido estatal. Según datos de febrero de 1918, el Comité Central de los bolcheviques apenas tenía 6 empleados administrativos mientras que el Consejo de Comisarios tenía 65 y los Soviets de Petersburgo y Moscú más de 200.

"Las organizaciones bolcheviques dependían de la ayuda financiera que pudieran aportarles los Soviets locales y en conjunto su dependencia era completa. Bolcheviques destacados como Preobrajensky sugirieron que el Partido aceptara disolverse completamente para fundirse en el aparato soviético".

El autor anarquista Leonard Schapiro reconoce que "los mejores cuadros del partido se habían integrado en el aparato central y local de los Soviets". Muchos bolcheviques consideraban que "los comités locales del Partido no son más que las secciones de propaganda de los Soviets locales" ([14]). Los bolcheviques tuvieron dudas incluso sobre la idoneidad de ejercer el poder a la cabeza de los Soviets.

"En los días siguientes a la insurrección de Octubre, cuando se estaba formando el personal del gobierno de los Soviets, Lenin tuvo una vacilación momentánea sobre si aceptar el puesto de presidente del Consejo de Comisarios del pueblo. Su intuición política le decía que ello podría frenar su capacidad para actuar como "vanguardia de la vanguardia", o sea, la izquierda del partido revolucionario, como lo había sido claramente entre abril y octubre de 1917" ([15]).

Los bolcheviques tampoco buscaban el monopolio del poder puesto que el primer Consejo de Comisarios del Pueblo lo compartieron con los Socialistas Revolucionarios de Izquierda. Incluso ciertas deliberaciones del Consejo estaban abiertas a delegados de los mencheviques internacionalistas y anarquistas.

Si, a partir de julio de 1918, el gobierno es definitivamente bolchevique fue por la sublevación de los socialistas revolucionarios de izquierda opuestos a la creación de Comités de Campesinos pobres.

"El 6 de julio, dos jóvenes chequistas militantes del partido socialista revolucionario de izquierda asesinan al embajador alemán (...) Un destacamento chequista, comandado por el militante SR de izquierdas, Popov, procedió por sorpresa a varios arrestos, entre ellos los dirigentes de la Checa, Dzerjinski y Latsis, el presidente del Soviet de Moscú, Smidovitch, y el comisario del pueblo para Correos, Podbielsky. Se adueñó de los edificios centrales de la Checa y de Correos" ([16]).

Como consecuencia de ello, el Partido se vio invadido por toda clase de oportunistas y trepas, por antiguos funcionarios zaristas o dirigentes mencheviques reconvertidos. Noguin, un viejo bolchevique, "expresaba el horror que le inspiraban la embriaguez, el libertinaje, la corrupción, los casos de robo y de comportamiento irresponsable que encontramos entre muchos permanentes del Partido. Verdaderamente ante este espectáculo se erizan los cabellos" ([17]).

Zinoviev contó ante el Congreso del Partido de marzo 1918 la anécdota de un militante que recibe un nuevo adherente al que dice que vuelva al día siguiente para retirar el carné, a lo que éste le responde "no camarada, lo necesito enseguida para obtener una plaza en la oficina".

Como señala Marcel Liebman: "si tantos hombres que no tenían de comunista más que el nombre intentaban penetrar en las filas del partido, era porque éste se había convertido en el centro del poder, en la institución más influyente de la vida social y política, la que reunía a la nueva élite, seleccionaba los cuadros y los dirigentes y constituía el instrumento y el canal de ascensión social y el éxito", a lo que añade que, mientras un partido burgués todo eso lo mira sin el menor escrúpulo, en cambio, "para los bolcheviques era un rasgo de sorpresa y preocupación" ([18]).

El partido intentó combatir esta oleada realizando numerosas campañas de depuración. Pero eran medidas impotentes porque no atacaban la raíz del fenómeno por lo que la fusión del Partido con el Estado avanzó sin remedio. Ello corría paralelo a otra peligrosa identificación: la del Partido con la nación rusa. El Partido proletario es internacional y su sección en el país o países donde el proletariado ha ocupado un bastión no puede identificarse con la nación sino única y exclusivamente con la revolución mundial.

La transformación del bolchevismo en un Partido-Estado acabó siendo teorizada con la tesis de que el Partido ejerce el poder en nombre de la clase, Dictadura del Proletariado es igual a Dictadura del Partido ([19]), lo que lo desarmó teórica y políticamente y lo precipitó con más fuerza en los brazos del Estado. El 8º Congreso del Partido (marzo 1919) en una resolución acordó que le incumbe "asegurarse la dominación política completa en el seno de los Soviets y el control práctico de todas sus actividades" ([20]). Esto se concretó en los meses siguientes con la formación de células del Partido en todos los Soviets para controlarlos. Kamenev proclamó que "el partido comunista es el gobierno de Rusia. Son sus 600 mil miembros quienes gobiernan el país" ([21]). La guinda la pusieron Zinoviev en el IIº Congreso de la Internacional Comunista (1920): "todo obrero consciente debe comprender que la dictadura de la clase obrera no puede ser realizada más que por la dictadura de su vanguardia, es decir, por el partido comunista" ([22]) y Trotski en el Xº Congreso del Partido (1921) donde en respuesta a la Oposición Obrera exclamó "¡cómo si el partido no tuviera derecho a afirmar su dictadura aunque esa dictadura choque pasajeramente con el humor veleidoso de la democracia obrera!. El partido tiene derecho a mantener su dictadura sin tener en cuenta las vacilaciones temporales de la clase obrera. La dictadura no se funda en todo momento en el principio formal de la democracia obrera" ([23]).

El Partido Bolchevique se perdió como vanguardia del proletariado. No fue él quien utilizó el Estado en beneficio del proletariado sino que fue el Estado quien hizo del Partido el ariete contra el proletariado. Como denunció la "Plataforma de los 15", grupo de oposición dentro del Partido surgido a principios de 1920: "La burocratización del partido, el extravío de sus dirigentes, la fusión del aparato del partido con la burocracia gubernamental, la reducción de la influencia del elemento obrero del partido, la intromisión del aparato gubernamental en las luchas internas del partido... todo esto pone de manifiesto que el Comité Central ha traspasado ya, con su política, la etapa de amordazar el partido y ha empezado ya la de su liquidación, transformándolo en un aparato auxiliar del Estado. Esta liquidación significaría el final de la dictadura del proletariado en la URSS" ([24]).

La necesidad de la organización autónoma del proletariado frente al Estado transitorio

¿Cómo podía el proletariado en Rusia dar un vuelco a la relación de fuerzas, revitalizar los Soviets, poner a raya al Estado surgido tras la revolución, abriendo la ruta hacia su extinción efectiva y avanzar en el proceso revolucionario mundial hacia el comunismo?

Esta pregunta solo podía responderse con el desarrollo de la revolución mundial.

"En Rusia solamente podía plantearse el problema. No podía resolverse" ([25]).

"Mientras que en Europa es muchísimo más difícil comenzar la revolución, en Rusia es inconmensurablemente más fácil comenzarla pero será más difícil continuarla" ([26]).

Dentro del marco de la lucha por la revolución mundial había en Rusia dos tareas concretas: Recuperar el Partido para el proletariado arrancándolo de las garras del Estado y organizarse el proletariado en Consejos Obreros capaces de enderezar a los Soviets. Tratamos aquí solamente el segundo punto.

El proletariado debe organizarse al margen del Estado transitorio y debe ejercer su dictadura sobre él. Esto puede parecer una tontería para los que se quedan en fórmulas fáciles y propias del silogismo según las cuales el proletariado es la clase dominante y el Estado no puede ser otra cosa que su órgano más fiel. En El Estado y la Revolución, reflexionando sobre la Crítica al programa de Ghota hecha por Marx en 1875, Lenin apunta: "En su primera fase, en su primer grado, el comunismo no puede presentar todavía una madurez económica completa, no puede aparecer todavía completamente libre de las tradiciones o de las huellas del capitalismo. De aquí un fenómeno tan interesante como la subsistencia del "estrecho horizonte del derecho burgués" bajo el comunismo, en su primera fase. El derecho burgués respecto a la distribución de los artículos de consumo presupone también inevitablemente, como es natural, un Estado burgués, pues el derecho no es nada sin un aparato capaz de obligar a respetar las normas de aquel. De donde se deduce que bajo el comunismo no sólo subsiste durante un cierto tiempo el derecho burgués, sino que ¡subsiste incluso el Estado burgués, sin burguesía!" ([27]).

El Estado del periodo de transición al comunismo ([28]) es un "Estado burgués sin burguesía" ([29]) o para hablar más precisamente es un estado que conserva importantes rasgos de la sociedad de clases y de la explotación: subsisten el derecho burgués ([30]), la ley del valor, persiste el influjo espiritual y moral del capitalismo, etc. La sociedad de transición recuerda en muchos aspectos a la vieja sociedad pero ha sufrido un cambio fundamental que es el que hay que preservar y desarrollar a toda costa pues es el único que puede llevar al comunismo: la actividad masiva, consciente y organizada de la gran mayoría de la clase obrera, su organización en clase políticamente dominante, la dictadura del proletariado.

La trágica experiencia rusa muestra que la organización del proletariado en clase dominante no puede vertebrarse en el Estado transitorio (el Estado soviético), "la clase obrera misma en cuanto clase, considerada unitariamente y no como una unidad social difusa, con necesidades de clase unitarias y semejantes, con tareas e intereses unívocos y con una política semejante, consecuente, formulada de modo claro y rotundo, juega cada vez un papel político de menos importancia en la república de los Soviets" ([31]).

Los Soviets eran el Estado-Comuna del que hablaba Engels como asociación política de las clases populares. Este Estado-Comuna cumple un papel imprescindible en la represión de la burguesía, en la guerra defensiva contra el imperialismo y en el mantenimiento de una mínima cohesión social, pero no tiene ni puede tener como horizonte la lucha por el comunismo. Esto ya fue vislumbrado por Marx. En el esbozo de La Guerra Civil en Francia, argumenta: "la Comuna no es el movimiento social de la clase obrera y por lo tanto de una regeneración general de la mentalidad de los hombres. La Comuna no se deshizo de la lucha de clases, a través de la cual la clase obrera empuja hacia la abolición de todas las clases, y por tanto de todas las dominaciones de clase" ([32]).

Además: "La Historia de la Comuna de París de Lissagaray, incluye muchas críticas de las dudas y confusiones y, en algunos casos, de las poses afectadas de algunos de los miembros del Consejo de la Comuna, muchos de los cuales, encarnaban efectivamente un radicalismo pequeño burgués obsoleto, y que fueron frecuentemente dados de lado por las asambleas de los barrios obreros. Al menos uno de los clubes revolucionarios declaró disuelta la Comuna ¡porque no era lo bastante revolucionaria!".
"El Estado se encuentra en nuestras manos, pero ¿ha cumplido nuestra voluntad? No. ¿Qué voluntad ha cumplido? El automóvil se desmanda; al parecer va en él una persona que lo guía, pero el automóvil no marcha hacia donde lo guía el conductor, sino hacia donde lo lleva alguien, algo clandestino, algo que está fuera de la ley"
 ([33]).

Para remediar este problema, el partido bolchevique, propugnó una serie de medidas. Por una parte, la constitución soviética aprobada en 1918 dictaminó que: "El Congreso panruso de los soviets se halla formado por representantes de los soviets locales, estando representadas las ciudades a razón de un diputado por cada 25.000 habitantes y el campo a razón de un diputado por cada 125.000 habitantes. Este artículo consagra la hegemonía del proletariado sobre los elementos rurales" ([34]).

Por otro lado, el programa del Partido Bolchevique, adoptado en 1919, preconizaba que: "1) Cada miembro del Soviet debe asumir un trabajo administrativo; 2) Debe haber una continua rotación de puestos, cada miembro del Soviet debe ganar experiencia en las distintas ramas de la administración; Por grados, el conjunto de la clase trabajadora debe ser inducida a participar en los servicios administrativos" ([35]).

Estas medidas estaban inspiradas en las lecciones de la Comuna de París. Servían para poner coto a los funcionarios estatales pero el problema estaba en quién las ejecutaba: solamente la organización autónoma del proletariado estaba capacitada para ello, sus Consejos Obreros organizados al margen del Estado ([36]).

El marxismo es una teoría viva, necesita adoptar, a la luz de los hechos históricos, rectificaciones y nuevas profundizaciones. Siguiendo las lecciones sacadas por Marx y Engels sobre la Comuna de París de 1871, los bolcheviques comprendieron que los Soviets son la expresión del Estado-Comuna que debía irse extinguiendo. Pero, al mismo tiempo, lo habían identificado erróneamente como Estado Proletario ([37]) creyendo que su extinción podría realizarse desde su interior ([38]). La experiencia de la Revolución Rusa demuestra la imposibilidad de extinguir el Estado desde él mismo y hace necesario distinguir entre Consejos Obreros y Soviets, los primeros son la sede de la auténtica organización autónoma del proletariado que debe ejercer su dictadura de clase sobre el Estado-Comuna transitorio que se basa en los segundos.

Tras la toma del poder por los Soviets, el proletariado tenía que conservar y desarrollar sus organizaciones propias que actuaban de forma independiente dentro de los Soviets: Guardia Roja, Consejos de Fábrica, Consejos de Barrio, Secciones Obreras de los Soviets, Asambleas Generales.

Los Consejos de Fábrica, corazón de la organización de la clase obrera

Ya antes de la toma del poder vimos que los Consejos de Fábrica habían jugado un papel clave ante la crisis que sufrieron los Soviets en julio ([39])y como los habían recuperado convirtiéndolos en órganos de la insurrección de octubre ([40]). En mayo de 1917, la Conferencia de Consejos de Fábrica de Jarkov (Ucrania) había reclamado que éstos "se convirtieron en órganos de la revolución decididos a consolidar sus victorias" ([41]). El 7-12 de agosto de 1917, una conferencia de Consejos de Fábrica de Petersburgo decidió crear un Soviet Central de Consejos de Fábrica que se constituyó como Sección Obrera dentro del Soviet de la capital e inmediatamente coordinó a todas las organizaciones soviéticas de base e intervino activamente en la política del Soviet radicalizándola cada vez más. Deutscher en su obra Los sindicatos soviéticos reconoce que: "los instrumentos más poderosos y mortíferos de subversión eran los consejos de fábrica y no los sindicatos" ([42]).

Los consejos de fábrica junto con las demás organizaciones de base emanaban de la clase obrera de forma directa y orgánica, recogían con mucho más facilidad que los Soviets sus pensamientos, sus tendencias, sus avances, mantenían una profunda simbiosis con ella.

Como el proletariado sigue siendo una clase explotada en el periodo de transición al comunismo, no tiene ningún estatus de clase dominante en el terreno económico. Ello le impide -contrariamente a la burguesía- delegar el poder en una estructura institucional que ejerza su representación, es decir, en un Estado con su irresistible tendencia burocrática a alejarse de las masas e imponerse a ellas. La dictadura del proletariado no puede ser un órgano estatal sino una fuerza de combate, de debate y movilización permanentes, una configuración que refleje a las masas obreras a la vez que las modele, que expresa simultáneamente su auto-actividad y su proceso de transformación.

Mostramos en el artículo 4º de esta serie cómo tras la toma del poder, esas organizaciones soviéticas de base fueron desapareciendo. Ello constituyó un hecho trágico que debilitó al proletariado y aceleró el proceso de descomposición social que estaba sufriendo.

La Guardia Roja, nacida efímeramente en 1905, renació con fuerza en febrero impulsada y supervisada por los Consejos de Fábrica, llegando a movilizar unos 100 mil efectivos. Se mantuvo activa hasta mediados de 1918, pero el estallido de la guerra civil, la llevó a una grave crisis. La potencia enormemente superior de los ejércitos imperialistas puso en evidencia su incapacidad para hacerles frente. Las unidades del Sur de Rusia, comandadas por Antonov Ovsesenko, opusieron una heroica resistencia pero fueron barridas y derrotadas. Víctimas del miedo a la centralización, las unidades que intentaron funcionar carecían de suministros tan elementales como cartuchos. Eran más una milicia urbana, con limitada instrucción y armamento y sin experiencia de organización, que podían funcionar como unidades de emergencia o como auxiliares de un ejército organizado, pero que no podían hacer frente a una guerra en toda regla. La urgencia del momento obligó a formar a toda prisa el Ejército Rojo con su rígida estructura militar ([43]). Éste absorbió numerosas unidades de la Guardia Roja que acabaron disolviéndose. Hasta finales de 1919, hubo intentos de reconstituir la Guardia Roja, de hecho, hubo Soviets que ofrecieron coordinar sus unidades con el Ejército pero éste las rechazó sistemáticamente e incluso las disolvió por la fuerza.

La desaparición de la Guardia Roja otorgó al Estado soviético uno de los atributos clásicos del Estado -el monopolio de la fuerza armada-, con ello el proletariado quedaba completamente indefenso pues carecía de una fuerza militar propia.

Los Consejos de Barrio desaparecieron a fines de 1919. Integraban en la organización proletaria a los trabajadores de las pequeñas empresas y comercios, los desempleados, jóvenes, jubilados, familiares, que forman parte de la clase obrera como conjunto. Eran igualmente un medio esencial para obrar paulatinamente hacia la incorporación al pensamiento y la acción proletaria de capas de marginados urbanos, pequeños campesinos, artesanos, etc.

Pero la desaparición de los Consejos de Fábrica significó el golpe decisivo. Como vimos en el artículo 4º de esta serie, aquella tuvo lugar de forma bastante rápida de tal manera que a fines de 1918 ya no existían. Los sindicatos jugaron un papel clave en su destrucción.

El conflicto apareció claramente en una animadísima Conferencia Pan rusa de Consejos de Fábrica celebrada en vísperas de la insurrección de octubre. En los debates se manifestó que: "cuando se formaron los consejos de fábrica los sindicatos dejaron de existir, los consejos llenaron el vacío".

Un delegado anarquista dijo: "los sindicatos quieren tragarse a los consejos de fábrica, pero la gente no está descontenta de ellos aunque sí lo está de los sindicatos. Para el obrero, el sindicato es una forma de organización impuesta desde fuera mientras que el Consejo de Fábrica está muy cerca de ellos".

Entre las resoluciones aprobadas por la conferencia una decía: "el control obrero sólo es posible en un régimen donde la clase obrera tenga el poder económico y político (...) se desaconsejan las actividades aisladas y desorganizadas (...), el que los obreros confisquen las fábricas en provecho propio de los que en ellas trabajan es incompatible con los objetivos del proletariado" ([44]).

Sin embargo, los bolcheviques eran prisioneros del dogma: "los sindicatos son los órganos económicos del proletariado" y en el conflicto entre éstos y los consejos de fábrica tomaron partido por los primeros. En la conferencia antes mencionada, un delegado bolchevique defendió que: "los consejos de fábrica debían ejercer funciones de control en provecho de los sindicatos y que debían, además, depender financieramente de ellos" ([45]).

El 3 de noviembre de 1917, el Consejo de Comisarios del Pueblo sometió un proyecto de decreto sobre el control obrero, estipulando que las decisiones de los consejos de fábrica "podían ser anuladas por los sindicatos y por los congresos sindicales" ([46]). Esto produjo vivas protestas de los Consejos de Fábrica y de miembros del partido. Al final, el proyecto fue modificado y en el Consejo del Control Obrero se admitió una representación de 5 delegados de los Consejos de Fábrica ¡sobre 21 delegados, 10 de los cuales procedían de los sindicatos! Esto colocó a los Consejos de Fábrica en posición de debilidad además de encerrarlos en la lógica de la gestión productiva lo que los hacía aún más vulnerables a los sindicatos.

Aunque el Soviet de Consejos de Fábrica siguió activo durante algunos meses, llegando a intentar un Congreso General (ver el artículo 4º de nuestra serie), los sindicatos lograron su disolución. El 2º Congreso sindical, celebrado el 25-27 de enero de 1919, lo consagró reclamando que se diera: "estatuto oficial a las prerrogativas de los sindicatos en la medida en que sus funciones son cada vez más extensas y se confunden con las del aparato gubernamental de administración y control estatales" ([47]).

Con la desaparición de los Consejos de Fábrica, "en la Rusia soviética de 1920, los obreros estaban de nuevo sometidos a la autoridad de la dirección, a la disciplina del trabajo, a los estímulos del dinero, al "scientific management", a todas las formas tradicionales de organización industrial, a los viejos directores burgueses, con la diferencia de que el propietario ahora era el Estado" ([48]), los obreros se hallaban completamente atomizados como individuos, no poseían ninguna organización propia que les aglutinara, con ello, su participación en los Soviets se fue asemejando al electoralismo de la democracia burguesa y convertía a éstos en cámaras parlamentarias.

Tras la revolución, la abundancia no existe todavía y la clase obrera sigue siendo una clase explotada pero la marcha hacia el comunismo exige una lucha sin descanso por disminuir la explotación hasta hacerla desaparecer ([49]). Como decimos en la serie sobre el Comunismo: "Para poder mantener su carácter político colectivo la clase obrera necesita asegurar un mínimo de sus necesidades básicas materiales, para así poder disponer del tiempo y la energía que requiere su participación en la actividad política"  ([50]),

Marx decía que: "Si [los proletarios] en sus conflictos diarios con el capital cediesen cobardemente, se descalificarían sin duda para emprender movimientos de mayor envergadura" ([51]).

Si el proletariado, una vez tomado el poder, aceptara el incremento constante de la explotación, se incapacitaría para continuar el combate por el comunismo.

Esto es lo que sucedió en la Rusia revolucionaria, la explotación de la clase obrera aumentó hasta límites extremos, su desorganización como clase autónoma corrió en paralelo; al fracasar la extensión mundial de la revolución, este proceso se hizo irreversible, con ello, la lección que sacaba el grupo Verdad Obrera ([52]) expresaba claramente la situación: "la revolución ha acabado con una derrota de la clase obrera. La burocracia junto con los hombres de la NEP se ha convertido en la nueva burguesía que vive de la explotación de los obreros y aprovecha su desorganización. Con los sindicatos en manos de la burocracia, los obreros están más desamparados que nunca. El Partido Comunista, después de convertirse en partido dirigente, en partido de los dirigentes y organizadores del aparato de Estado y de la actividad económica de tipo capitalista, ha perdido irrevocablemente todo vínculo y parentesco con el proletariado" ([53]).

C. Mir 28-12-10


[1]) Ver los artículos publicados sobre el tema "El Periodo de Transición", Revista Internacional no 1; "El Estado y la Dictadura del proletariado", Revista Internacional no 11. Ver también los artículos de nuestra serie sobre "El comunismo", Revista Internacional nos 77, 78, 91, 95, 96, 99, 12 a 130, 132, 134 y 135.

[2]) Bilan, Órgano de la Fracción de la Izquierda Comunista de Italia. La cita procede de la serie "Partido-Estado-Internacional", capítulo 7, Bilan nº 18, p. 612. Bilan prosiguió los trabajos de Marx, Engels y Lenin sobre la cuestión del Estado y más concretamente sobre su papel en el periodo de transición al comunismo el cual consideró -siguiendo a Engels- "una plaga que hereda el proletariado ante la que guardaremos una desconfianza casi instintiva" (nº 26, p. 874). En el mismo sentido se pronuncia la Izquierda Comunista de Francia, continuadora de Bilan y predecesora de la CCI: "la temible amenaza de vuelta al capitalismo procederá esencialmente del sector estatificado. Tanto más cuanto que el capitalismo encuentra en éste su forma más impersonal, por así decirlo etérea. La estatalización puede servir para camuflar por largo tiempo un proceso opuesto al socialismo" (Internationalisme no 10)".

[3]) Tendencia de izquierda que surgió en el Partido Bolchevique en 1920-21. No es objeto de este artículo analizar las diferentes fracciones de izquierda que surgieron dentro del Partido Bolchevique en respuesta a su degeneración. Remitimos al lector a los numerosos artículos que hemos escrito sobre el tema. Entre otros: ‘La Izquierda Comunista en Rusia' (1ª y 2ª parte), Revista Internacional nos 8 y 9, http://es.internationalism.org/rint8/rint8_izquierdarsia.htm, "Manifiesto del Grupo Obrero del Partido Comunista Ruso", Revista Internacional nos 142 y 143, http://es.internationalism.org/Rint142-Miasnikov. La cita está tomada del libro Democracia de los Trabajadores o Dictadura del Partido, texto "¿Qué es la Oposición de los Trabajadores?", p. 179, edición española. Hay que subrayar que si bien la Oposición de Trabajadores constató de manera meritoria y lúcida los problemas que tenía la revolución, la alternativa que preconizaba no era la adecuada sino que la hundía más aún. Pretendía que los sindicatos tuvieran cada vez más poder. Partiendo de la idea justa de que "el aparato de los soviets es un compuesto de diversas capas sociales" (p. 177, op. cit.) concluye la necesidad de que "las riendas de la dictadura del proletariado en el terreno de la construcción económica deben ser los órganos que por su composición son órganos de clase, unidos por lazos vitales con la producción de un modo inmediato, es decir, los sindicatos" (ídem). Por un lado, restringe la actividad del proletariado al estrecho terreno de la "construcción económica" y, por otra parte, unos órganos burocráticos y negadores de las capacidades del proletariado, los sindicatos, tendrían la utópica misión de desarrollar su auto-actividad.

[4]) Del folleto Los bolcheviques y el control obrero, de M. Brinton, "Introducción", p. 17, edición española.

[5]) Cita tomada del libro de Marcel Liebman, El leninismo bajo Lenin, p. 167, edición francesa. Ver referencia de esta obra en el artículo IV de esta serie.

[6]) E.H.Carr, La Revolución bolchevique, Cap. VIII, "El ascendiente del partido", p. 203, edición española.

[7]) Idem, nota A, "La teoría de Lenin sobre el Estado", p. 264, edición española.

[8]) "La comprensión de la derrota de la Revolución Rusa" (1ª parte), Revista Internacional no 99, http://es.internationalism.org/rint99-comunismo.

[9]) Ossinski, miembro de una de las primeras tendencias de izquierda dentro del Partido, citado en el artículo antes mencionado.

[10]) Op. cit., p. 181.

[11]) Brinton, op. cit., ver nota 7, Capítulo dedicado a 1920, p. 121. Los Glavki eran los órganos económicos de gestión estatal.

[12]) Obras Completas, tomo 38, p. 17, edición española, "Intervenciones en la sesión del Soviet de Petersburgo", marzo 1919.

[13]) Oposición Obrera, op. cit., p. 213.

[14]) Marcel Liebman, op. cit., p. 109.

[15]) Artículo antes citado de la Revista Internacional no 99. Lenin temía, no sin razón, que si el partido y sus miembros más avanzados, se comprometían en el día a día del gobierno soviético acabarían atrapados en los engranajes de éste y perderían de vista los objetivos globales del movimiento proletario que no pueden estar atados a las contingencias cotidianas de la gestión estatal. Esta preocupación fue retomada por los comunistas de izquierda que "expresaron en 1919 el deseo de acentuar la distinción entre el Estado y el Partido. Les parecía que este tenía más que aquel una preocupación internacionalista que respondía a su propia inclinación. El Partido debía jugar en cierta medida el papel de conciencia del gobierno y del estado" (Liebman, op. cit., p. 112). Bilan insiste en el peligro de que el Partido se vea absorbido por el Estado. Con ello la clase obrera pierde su fuerza de vanguardia y los órganos soviéticos sus principales animadores. "La confusión entre ambos conceptos, partido y Estado, es contraproducente puesto que no existe posibilidad alguna de conciliación entre ambos órganos, ya que existe una oposición irreconciliable entre la naturaleza, la función y los objetivos del Estado, y los del partido. El calificativo de proletario no cambia en absoluto la naturaleza del Estado, que sigue siendo un órgano de coacción económica y política, mientras que el papel que, por excelencia, corresponde al partido es el de alcanzar, no por la coacción sino por la educación política, la emancipación de los trabajadores" (Bilan no 26, serie "Partido-Estado-Internacional", 5ª parte, p. 871).

[16]) Tomado del libro Trotski, de Pierre Broué, p. 255, edición francesa que cita el relato del autor anarquista Leonard Schapiro.

[17]) Marcel Liebman, op. cit., p. 149.

[18]) Ídem, p. 151.

[19]) Esta teorización hincaba sus raíces en confusiones que arrastraban todos los revolucionarios respecto al Partido, sus relaciones con la clase y la cuestión del poder, como señalamos en el artículo de nuestra serie sobre "El comunismo", Revista Internacional nº 91, "Los revolucionarios de la época, pese a su compromiso con el sistema de delegación de los Soviets que había convertido en obsoleto el viejo sistema de representación parlamentaria, se veían empujados hacia atrás por la ideología parlamentaria, hasta el punto que ellos consideraban que el partido que disponía de la mayoría en los soviets centrales, debía formar gobierno y administrar el estado". En realidad, las viejas confusiones se vieron fortalecidas y llevadas al extremo por la teorización de la realidad cada vez más evidente de la transformación del bolchevismo en un Partido-Estado.

[20]) Marcel Liebman, op. cit., p. 109.

[21]) Ídem, p. 110.

[22]) Ibídem.

[23]) Citado en el folleto de Brinton (ver nota 7), p. 138, capítulo "1921". Trotski tiene razón en que la clase pasa por momentos de confusión y vacilación y que, por el contrario, el Partido al dotarse de un riguroso marco teórico y programático logra una fidelidad a los intereses históricos de la clase que debe transmitirle. Pero esto no puede hacerlo mediante una dictadura sobre el proletariado que lo único que hace es debilitarlo y aumentar su división y vacilaciones.

[24]) La "Plataforma del Grupo de los 15" fue inicialmente publicada fuera de Rusia por la rama de la Izquierda Comunista Italiana que publicaba Réveil Communiste a fines de los años 20. Apareció en 1928, en alemán y francés, bajo el título En vísperas del Thermidor, revolución y contra-revolución en la Rusia de los Soviets, Plataforma de la Oposición de Izquierda en el Partido Bolchevique (Sapronov, Smirnov, Obhorin, Kalin, etc.).

[25]) Rosa Luxemburg, La Revolución Rusa.

[26]) Lenin, Obras Completas, tomo 36, edición española, p. 11, "Informe político del Comité Central ante el VIIº Congreso del Partido" (7 de marzo 1918).

[27]) Cap. V, parte 4ª, "La fase superior de la sociedad comunista", p. 375.

[28]) Lenin siguiendo a Marx emplea impropiamente el término "fase inferior del comunismo" cuando en realidad, una vez destruido el estado burgués, estamos todavía bajo "un capitalismo con la burguesía derrotada" por lo que vemos mucho más exacto hablar de "Periodo de transición del capitalismo al comunismo".

[29]) En La Revolución traicionada, Trotski reitera la misma idea hablando del carácter "dual" del Estado, "socialista" por un lado pero al mismo tiempo "burgués sin burguesía", por otro. Ver nuestro artículo de la serie sobre "El comunismo", Revista Internacional, no 105.

[30]) Como decía Marx en la Crítica del Programa de Ghota impera el principio de "a trabajo igual salario igual" que no tiene nada de socialista.

[31]) Alexandra Kollontai, "Intervención en el Xº Congreso del Partido", op. cit., p. 171, edición española. Va en el mismo sentido, Anton Ciliga, en su obra En el país de la gran mentira: "Lo que a la Oposición la separa de Trotski es qué papel atribuye al proletariado en la revolución. Para los trotskistas es el partido, para la extrema izquierda el verdadero agente de la revolución es la clase obrera. En las luchas entre Stalin y Trotski tanto en lo referente a la política del partido como respecto a la dirección personal de éste, el proletariado apenas ha representado el papel de un sujeto pasivo. A los grupos de comunistas de extrema izquierda, en cambio, lo que nos interesa son las condiciones reales de la clase obrera, el papel que realmente tiene en la sociedad soviética, y el que debería asumir en una sociedad que se plantee verdaderamente la tarea de la construcción del socialismo" (citado en Revista Internacional nº 102, ver nota 28).

[32]) Citado en el artículo "1871, la primera dictadura del proletariado", Revista Internacional, no 77.

[33]) Lenin, Obras Completas, tomo 45, p. 93, ed. española, "Informe político del Comité Central al XIº Congreso" (27 de marzo 1922).

[34]) Víctor Serge, El año 1 de la revolución rusa, p. 320, ed. española, capítulo 8o, apartado "La Constitución soviética".

[35]) Lenin, Obras Completas, tomo 38, p. 102, 23 febrero 1919, "Borrador del Proyecto de Programa del Partido Comunista Bolchevique", capítulo "Las Tareas fundamentales de la Dictadura del Proletariado en Rusia", punto 9.

[36]) En su carta a la República de Consejos Obreros de Baviera que duró apenas 3 semanas (fue aplastada por las tropas del gobierno socialdemócrata en mayo de 1919) Lenin parece apuntar hacia la organización independiente de los Consejos Obreros: "La aplicación con la mayor prontitud y en la mayor escala, de estas y otras medidas semejantes, conservando los consejos de obreros y braceros y, en organismos aparte, los de los pequeños campesinos, su iniciativa propia" (Obras Completas, tomo 38, p. 344, edición española, 27 de abril de 1919).

[37]) En esta cuestión, Lenin manifestó, sin embargo, dudas pues en más de una ocasión señaló con justeza que era un "Estado obrero y campesino con deformaciones burocráticas" y, por otro lado, en el debate sobre los sindicatos (1921) argumentó que el proletariado se organizara en sindicatos y tuviera derecho de huelga para defenderse de "su" Estado.

[38]) Para combatir el creciente alejamiento y antagonismo del Estado soviético respecto del proletariado, Lenin propugnó una Inspección Obrera y Campesina (1922) que rápidamente fracasó en su labor de control y se convirtió en una estructura burocrática más.

[39]) Ver http://es.internationalism.org/rint141-consejos

[40]) Ver http://es.internationalism.org/rint142-consejos

[41]) Brinton, op cit., ver nota 10, p. 32.

[42]) Citado por Brinton, op cit., p. 47.

[43]) Sin entrar en una discusión que deberá desarrollarse más a fondo sobre la necesidad o no de un Ejército Rojo en la fase del periodo de transición que podemos caracterizar de Guerra Civil Mundial (es decir, cuando el poder no ha sido tomado por el proletariado en todo el mundo), hay algo evidente en la experiencia rusa: la formación del Ejército Rojo, su rápida burocratización y afirmación como órgano estatal, la ausencia total de contrapesos proletarios de la que gozó, todo ello reflejó una relación de fuerzas muy desfavorable a escala mundial con la burguesía. Como señalamos en el artículo de la serie sobre "El comunismo" de la Revista Internacional no 96 "Cuanto más se extienda la revolución a escala mundial, más será dirigida directamente por los consejos obreros y sus milicias, más predominarán los aspectos políticos sobre los militares, y menos necesitará un "ejército rojo" que dirija la lucha".

[44]) Citado en Brinton, op. cit., p. 48. Entusiasmado por los resultados de la conferencia, Lenin exclamó "debemos trasladar el centro de gravedad a los Consejos de Fábrica. Ellos deben convertirse en los órganos de la insurrección. Debemos cambiar la consigna y en lugar de decir: "todo el poder para los soviets" decir "todo el poder a los consejos de fábrica" (ídem) .

[45]) Brinton, op. cit., p. 35.

[46]) Brinton, op. cit., p. 50.

[47]) Idem, capítulo "1919", p. 103. La experiencia rusa muestra de forma concluyente el carácter reaccionario de los sindicatos, su tendencia indefectible a convertirse en estructuras estatales y su antagonismo radical con las nuevas vías organizativas que desde 1905 y en respuesta a las condiciones del capitalismo decadente y de la necesidad de la revolución, el proletariado había desarrollado.

[48]) R.V. Daniels, citado por Brinton, op. cit., p. 120.

[49]) "Una política de gestión proletaria sólo tendrá un contenido socialista si la dirección económica tiene una orientación diametralmente opuesta a la del capitalismo, o sea si se dirige hacia un alza progresiva y constante de las condiciones de vida de las masas y no hacia su degradación" (Bilan, citado en la Revista Internacional, no 128).

[50]) Revista Internacional, no 95, "1919 el programa de la dictadura del proletariado".

[51]) Salario, precio y ganancia, ver http://www.marxists.org/espanol/m-e/1860s/65-salar.htm#xiv.

[52]) Formado en 1922, fue una de las últimas fracciones de izquierda que nacieron en el Partido Bolchevique en combate por su regeneración y su recuperación para la clase.

[53]) Citado en Brinton, op. cit., p. 140.