¿Qué son los consejos obreros? (III) - La Revolución de 1917: de julio a octubre, de la renovación de los consejos obreros...

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La serie "¿Qué son los consejos obreros?" se propone responder a la pregunta analizando la experiencia histórica del proletariado. No se trata de elevar los soviets a un modelo infalible que simplemente habría que copiar sino que buscamos comprenderlos tanto en sus errores como en sus aciertos para armar con la luz de esas lecciones a las generaciones actuales y futuras.

En el primer artículo vimos como nacieron con la Revolución de 1905 en Rusia ([1]), en el segundo cómo constituyeron la pieza vital de la Revolución de febrero de 1917 y cómo entraron en una profunda crisis en junio-julio de 1917 hasta convertirse en rehenes de la contra-revolución burguesa ([2]) .

En este tercer artículo veremos cómo fueron recuperados por la masa de trabajadores y soldados que logró con ellos tomar el poder en octubre de 1917.

Tras la derrota de julio la burguesía se propone destruir los Soviets

Tanto en los procesos naturales como en los procesos sociales, la evolución nunca se hace en línea recta sino a través de contradicciones, convulsiones, contratiempos dramáticos, pasos atrás y saltos adelante. Todo esto se acentúa mucho más con el proletariado, clase que por definición está privada de la propiedad de los medios de producción y que no dispone de ningún poder económico, por lo que su lucha sigue una marcha convulsa y contradictoria, con pasos atrás, con aparentes pérdidas de lo que parecía adquirido para siempre, con largos momentos de apatía y desarraigo.

Tras la revolución de febrero, los obreros y soldados parecían ir de éxito en éxito, el bolchevismo crecía sin cesar, las masas -sobre todo las de la región de Petersburgo- se orientaban hacia la revolución. Esta parecía que iba a caer como fruta madura.

Sin embargo, julio puso de relieve esos momentos de crisis y encrucijada tan típicos de la lucha proletaria. "Los obreros y soldados de Petersburgo que en su impulso hacia delante chocaron, por una parte, con la falta de claridad y el carácter contradictorio de sus mismos objetivos, y, por otra, con el atraso de las provincias y del frente, sufrieron una derrota directa" ([3]).

La burguesía lo aprovechó para emprender una furiosa ofensiva: los bolcheviques fueron calumniados como "agentes de Alemania" ([4]), se les detuvo en masa, se organizaron bandas paramilitares que los apaleaban en la calle, boicoteaban sus mítines, asaltaban sus locales e imprentas. Se hicieron presentes las temibles Centurias Negras zaristas, los círculos monárquicos, las asociaciones de oficiales. La burguesía -con el aval de la diplomacia inglesa y francesa-aspiraba a destruir los Soviets y a implantar una feroz dictadura ([5]).

La revolución iniciada en febrero estaba en un punto donde el espectro de la derrota asomaba peligrosamente: "el movimiento al llegar al umbral tropezó. A muchos les pareció que la revolución había dado cuanto podía dar de sí. Esta crisis interna de la conciencia colectiva, combinada con la represión y la calumnia, produjo la confusión y la retirada, que, en algunos casos, tuvo caracteres de pánico. Los adversarios cobraron ánimos. En la masa misma afloró a la superficie todo lo que en ella había de atrasado, de estático, de descontento por las sacudidas y las privaciones" ([6]).

Los bolcheviques impulsan la respuesta de las masas

Sin embargo, en este momento difícil, los bolcheviques constituyeron un bastión esencial de las fuerzas proletarias. Perseguidos, calumniados, no cedieron ni cayeron en la desbandada, pese a que hubo fuertes debates en sus filas y un buen número de militantes se dieron de baja en el partido. Sus esfuerzos se centraron en sacar las lecciones de la derrota y sobre todo la principal de ellas: ¿por qué los Soviets estaban secuestrados por la burguesía y corrían peligro de desaparecer?

De febrero a julio, se había mantenido una situación de doble poder: por un lado, los Soviets, pero enfrente, el poder del Estado burgués no había sido derribado y tenía bazas suficientes para restablecerse plenamente. Los hechos de julio habían hecho saltar por los aires el equilibrio imposible entre ambos: "El Estado Mayor General y los altos mandos del ejército, con la ayuda de Kerenski -a quién incluso los eseristas ([7]) más destacados denominan ahora Cavaignac ([8])-, han tomado prácticamente el poder; han desatado el ametrallamiento de las unidades revolucionarias en el frente; han comenzado a desarmar a las tropas revolucionarias y a los obreros en Petersburgo y Moscú, a sofocar y reprimir el movimiento en Nizhni Novgorod; han empezado a encarcelar bolcheviques y a clausurar sus periódicos no sólo sin decisión judicial, sino incluso sin decreto alguno del Gobierno (...) la verdadera esencia de la política de la dictadura militar, que hoy domina y es apoyada por los demócratas constitucionalistas y los monárquicos, consiste en preparar la disolución de los Soviets" ([9]).

Lenin demostraba igualmente cómo los mencheviques y los eseristas, "han traicionado definitivamente la causa de la revolución al ponerla en manos de los contrarrevolucionarios y al convertirse ellos, y convertir a sus partidos y a los soviets, en la hoja de parra de la contrarrevolución" ([10]).

En tales condiciones, "todas las esperanzas de un desarrollo pacífico de la revolución se han desvanecido para siempre. La situación objetiva es ésta: o la victoria completa de la dictadura militar o el triunfo de la insurrección armada de los obreros (...) La consigna de "¡Todo el poder para los soviets!" era la consigna del desarrollo pacífico de la revolución, posible en abril, en mayo, en junio y hasta el 5-9 de julio " ([11]).

En su libro Los soviets en Rusia, Anweiler , utiliza estos análisis para demostrar que: "con ello se proclamó por primera vez, en una formulación apenas encubierta, el objetivo de la conquista del poder único por los bolcheviques, el cual, hasta ahora, siempre había aparecido oculto tras el lema de "Todo el poder para los Soviets"" ([12]).

Aparece aquí la famosa y reiterada acusación de la "utilización táctica de los soviets para conquistar el poder absoluto". Sin embargo, un análisis del artículo que Lenin escribió a continuación demuestra que sus preocupaciones eran radicalmente diferentes de las que Anweiler le atribuye: buscaba cómo sacar a los soviets de la crisis en la que se debatían, cómo podían salir del pozo que los llevaba a su desaparición.

En "A propósito de las consignas", Lenin se pronuncia de forma inequívoca: "Es precisamente el proletariado revolucionario el que, aprovechando la experiencia de julio de 1917, debe tomar el poder por su cuenta: sin eso es imposible el triunfo de la revolución (...) En esta nueva revolución podrán y deberán surgir los soviets, pero no serán los soviets actuales, no serán órganos de conciliación con la burguesía, sino órganos de lucha revolucionaria contra ella. Cierto que también entonces propugnaremos la organización de todo el Estado según el tipo de los Soviets. No se trata de los soviets en general, sino de la lucha frente a la contrarrevolución actual y frente a la traición de los soviets actuales" ([13]).

De manera aún más precisa afirma: "comienza un nuevo ciclo en el que no entran ni las viejas clases ni los viejos partidos ni los viejos soviets, sino los partidos, las clases y los soviets renovados por el curso de la lucha, templados, instruidos y reconstituidos por el fuego de la lucha" ([14]).

Estos escritos de Lenin participaban de un tempestuoso debate en las filas del Partido bolchevique que cristalizó en el VIo Congreso del Partido celebrado del 26 de julio al 3 de agosto en la más rigurosa clandestinidad y con Lenin y Trotski ausentes debido a la persecución que pesaba sobre ellos. En dicho Congreso se expresaron 3 posturas: una, desorientada por la derrota de julio y por la deriva de los Soviets, que preconizaba abiertamente "dejarlos de lado" (Stalin, Molotov, Sokolnikov); otra que abogaba por mantener sin más el viejo lema de "Todo el poder para los soviets"; una tercera que propugnaba apoyarse en organizaciones "de base" (consejos de fábrica, soviets locales, soviets de barriada) para reconstituir el poder colectivo de los obreros.

Desde mediados de julio, las masas empiezan a recuperarse

Esta última postura dio en el clavo. Desde mediados de julio las organizaciones soviéticas "de base" iniciaron un combate por la renovación de los soviets.

En el segundo artículo de la serie vimos que alrededor de los soviets, las masas se organizaron en una gigantesca red de organizaciones soviéticas de todo tipo que expresaban su unidad y su fuerza ([15]). La cumbre de la red soviética -los Soviets de ciudad-- no flotaba sobre un océano de pasividad de las masas, al contrario, éstas tenían una intensa vida colectiva concretada en miles de asambleas, consejos de fábricas ([16]), soviets de barrio, asambleas inter-distrito, conferencias, encuentros, mítines... Sujanov nos da una idea del ambiente reinante en la Conferencia de Consejos de Fábrica de Petersburgo: "El 30 de mayo se abrió en el Salón Blanco una Conferencia de los comités de fábrica y de talleres de la capital y alrededores. Aquella conferencia fue preparada "en la base"; su plan había sido puesto a punto en los talleres sin ninguna participación de los organismos oficiales encargados de las cuestiones del trabajo, ni siquiera de los órganos del Soviet (...) La conferencia era realmente representativa: obreros llegados de los talleres participaron en gran número y activamente en sus tareas. Durante dos días, aquel parlamento obrero, discutió sobre la crisis económica y sobre el desastre del país" ([17]).

Incluso en los peores momentos tras las Jornadas de Julio, las masas lograron conservar estas organizaciones, las cuales no se vieron tan afectadas por la crisis como "los grandes órganos soviéticos": el Soviet de Petersburgo, el Congreso de los soviets y su Comité Ejecutivo Central, el CEC.

Dos razones concomitantes explican esta diferencia: en primer lugar, las organizaciones soviéticas de "abajo" se convocaban bajo el impulso de masas que intuyendo problemas o peligros proponían una asamblea y en pocas horas conseguían celebrarla. Muy diferente era la situación de los órganos soviéticos por "arriba": "En la misma medida que el trabajo del Soviet empezó a funcionar bien, perdió en gran parte el contacto directo con las masas. Las sesiones plenarias que se habían celebrado casi a diario en las primeras semanas, fueron pocas y la asistencia de los diputados era cada vez menos asidua. El comité ejecutivo del Soviet se independizaba visiblemente" ([18]).

En segundo lugar, mencheviques y eseritas se concentraron en el copo burocrático de los grandes órganos soviéticos. Sujanov describe el ambiente de intrigas y manejos que dominaba el Soviet de Petersburgo: "El Presidium del Soviet, que había sido en su origen un órgano de procedimiento interior, tendió a sustituir al Comité Ejecutivo en sus funciones, a suplantarlo. Además, se reforzó con un organismo permanente y un tanto oculto que recibió el nombre de "Cámara de las Estrellas". Allí se encontraban los miembros del Presidium y una especie de camarilla compuesta de amigos adictos de Tchkheidzé y Tsereteli ([19]). Este último se convirtió en uno de los responsables de la dictadura en el seno del Soviet" ([20]).

En cambio, los bolcheviques llevaban una intervención activa y cotidiana en los órganos soviéticos de base. Su presencia era muy dinámica, a menudo eran los primeros en proponer asambleas y debates, en la adopción de resoluciones capaces de dar expresión a la voluntad y el avance de las masas.

El 15 de julio, una manifestación de obreros de las grandes fábricas de Petersburgo se concentraba delante del edificio del Soviet de Petersburgo denunciando las calumnias contra los bolcheviques y exigiendo la liberación de los detenidos. El 20 de julio la asamblea de la fábrica de armas de Sestroretsk pedía el pago de los salarios que se les habían quitado por su participación en las jornadas de julio y, satisfecha la reivindicación, dedicaba ese dinero para financiar prensa contra la guerra. Trotski afirma cómo, el 24 de julio, "una asamblea de los obreros de 27 fábricas y talleres del distrito de Peterhof adoptó una resolución de protesta contra el gobierno irresponsable y su política contra-revolucionaria" ([21]).

Trotski destaca otro hecho: el 21 de julio llegaron a Petersburgo delegaciones de soldados del frente. Estaban hartos de los sufrimientos que allí se vivían y de la represión que los oficiales habían desatado contra los más destacados. Se dirigieron al Comité Ejecutivo del Soviet que no les hizo el menor caso. Varios militantes bolcheviques les aconsejaron tomar contacto con fábricas y regimientos de soldados y marinos. La acogida fue radicalmente distinta: les recibieron como algo propio, les escucharon, les proporcionaron comida y sitio donde dormir.
"En una asamblea que nadie convocó desde arriba, sino que surgió por iniciativa de los de abajo, participaron los representantes de 29 regimientos del frente, de 90 fábricas de Petersburgo, de los marinos de Krondstadt y de las guarniciones de los alrededores. El núcleo central de la asamblea lo constituyeron los hombres de las trincheras. Los obreros los escuchaban con avidez, procurando no perder ni una palabra. Soldados completamente grises que no tenían nada de agitadores, describían en informes sencillos la vida en el frente. Estos detalles producían una gran impresión, pues mostraban de un modo elocuente cómo volvía a salir a la superficie todo lo viejo, lo prerrevolucionario, lo odiado",
señala Trotski, que añade a continuación: "a pesar de que en los soldados del frente predominaban los social-revolucionarios, la resolución radical presentada por los bolcheviques fue adoptada casi por unanimidad: sólo hubo 4 abstenciones. La resolución no fue letra muerta: los delegados al volver al frente, dieron cuenta fielmente de la forma en que los habían echado los jefes conciliadores y de la acogida que les habían tributado los obreros" ([22]).

También, el Soviet de Krondstadt -una de las plazas de vanguardia de la revolución- pronto se hizo oír: "el 20 de julio, en un mitin celebrado en la Plaza del Ancla, se exige la transmisión del poder a los soviets, el envío de los cosacos, los gendarmes y la policía al frente, la abolición de la pena de muerte, la disolución de los "batallones de la muerte" y la confiscación de la prensa burguesa" ([23]).

En Moscú, los consejos de fábrica habían decidido celebrar sesiones comunes con los comités de regimiento y a fines de julio una Conferencia de consejos de fábricas con asistencia de delegados de los soldados adoptó una resolución de denuncia del Gobierno y de petición de "nuevos soviets para reemplazar al Gobierno". En elecciones el primero de agosto, 6 de los 10 consejos de barrio de Moscú pasaron a tener mayoría bolchevique.

Ante los aumentos de precios lanzados por el Gobierno y los continuos cierres de fábricas propiciados por los patronos, las huelgas y manifestaciones masivas comenzaron a proliferar. En ellas participaban sectores obreros hasta entonces considerados como "atrasados" (papel, piel, caucho, porteros etc.).

En la sección obrera del Soviet de Petersburgo, Sujanov relata un hecho significativo: "decidió crear un Presidium que antes no se tenía y aquel Presidium resultó compuesto de bolcheviques" ([24]).

En agosto se celebra en Moscú una Conferencia Nacional cuya pretensión era, como denuncia Sujanov: "obligar a los soviets a desaparecer ante la voluntad del resto de la población, reclamando una política de unión nacional (...) liberar al gobierno de la tutela de toda clase de organizaciones obreras, campesinas, zimmerwaldianas, semi-alemanas, semi-judías y otros grupos de golfos" ([25]).

Los obreros percibieron el peligro y numerosas asambleas votaron mociones proponiendo la huelga general. El Soviet de Moscú, por 364 votos contra 304, lo rechazó; sin embargo, los soviets de barrio protestaron contra esta decisión, "las fábricas exigieron inmediatamente la renovación del Soviet, el cual no solo se hallaba rezagado respecto de las masas, sino que adoptaba una actitud francamente antagónica a la de estas últimas. En el Soviet del barrio de Zamoskvoriechi, reunido con los comités de fábrica, la demanda de que fueran sustituidos los diputados del Soviet recogió 175 votos contra 4 y 19 abstenciones" ([26]),
más de 400 000 obreros fueron a la huelga, la cual se extendió a otras ciudades como Kiev, Kostrava y Tsatarin.

La movilización y auto-organización de las masas hace fracasar el golpe de Kornilov

Lo que hemos relatado no son sino unos cuantos hechos significativos, puntas del iceberg de un proceso muy amplio que muestra un viraje respeto a las actitudes predominantes en febrero-junio, todavía marcadas por muchas ilusiones y una movilización más limitada a los centros de trabajo, barrios o ciudades:

Las Asambleas conjuntas de obreros y soldados, abiertas a delegados campesinos, proliferan. Las conferencias de soviets de barriada y de fábrica invitan a sus trabajos a delegados de soldados y marinos.

La confianza es creciente hacia los bolcheviques: calumniados en julio, la indignación por la persecución de que son víctimas se conjuga con un reconocimiento cada vez más amplio de la validez de sus análisis y consignas.

Se da la multiplicación de reclamos pidiendo renovación de los soviets y la toma del poder.

La burguesía siente que los dividendos obtenidos en julio corren peligro de esfumarse. El fracaso de la Conferencia Nacional de Moscú había sido un duro revés. Las embajadas inglesa y francesa apremian a tomar medidas "decisivas". En este contexto surge el "plan" de golpe militar del general Kornilov ([27]). Sujanov subraya que: "Miliukov, Rodzianko ([28]) y Kornilov, ¡ellos si comprendieron! Llenos de estupor se pusieron a preparar con toda urgencia, pero en secreto, su acción. Pero para engañar, amotinaron a la opinión contra una próxima empresa de los bolcheviques" ([29]).

No podemos hacer aquí un análisis de todos los pormenores de la operación ([30]). Lo importante es que la movilización gigantesca de las masas de obreros y soldados logra paralizar la máquina militar desencadenada. Y lo destacable es que esta respuesta se hace desarrollando un esfuerzo de organización que dará un empujón definitivo a la regeneración de los soviets y su encaminamiento hacia la toma del poder.

En la noche del 27 de agosto, el Soviet de Petersburgo propuso la formación de un comité militar revolucionario para organizar la defensa de la capital. La minoría bolchevique aceptó la proposición pero añadieron que tal órgano "debía apoyarse en las masas de obreros y soldados". En la sesión siguiente, los bolcheviques hicieron una nueva proposición que fue aceptada a regañadientes por la mayoría menchevique, "el reparto de armas en las fábricas y barriadas obreras" ([31]), cosa que apenas anunciada dio lugar a que "en los barrios obreros se formaron, según la prensa obrera, "colas de gente que deseaban alistarse en las filas de la Guardia Roja". Se abrieron enseguida cursos de tiro e instrucción militar, dirigidas por soldados expertos. El 29 en casi todas las barriadas había ya grupos armados. La Guardia Roja anunció su propósito de formar en el acto un destacamento de 40 000 hombres (...) La gigantesca fábrica Putilov se convierte en el centro de la resistencia en el barrio de Peterhof. Se formaron apresuradamente destacamentos armados. La fábrica trabajaba día y noche: se montan nuevos cañones para la formación de divisiones de artillería proletaria" ([32]).

En Petersburgo, "los soviets de barriada establecen relaciones más estrechas entre sí y deciden: dar carácter permanente a las reuniones comunes de todas las organizaciones en los distintos barrios; mandar representantes propios al Comité Militar Revolucionario; constituir una milicia obrera; instituir el control de los soviets de barrio sobre las comisiones gubernamentales; organizar destacamentos volantes encargados de detener a los agitadores contra-revolucionarios" ([33]).

Estas medidas "representaban la apropiación de funciones importantes, no sólo del gobierno sino del mismo Soviet de Petersburgo (...) La entrada de las barriadas de Petersburgo en el campo de batalla modificó inmediatamente la dirección y las proporciones de la contienda. Una vez más se puso de manifiesto la inagotable vitalidad de la organización soviética, que paralizada arriba por la dirección de los conciliadores, en el momento crítico resucitaba abajo merced a la presión de las masas" ([34]).

Esta generalización de la auto-organización de las masas se extendió por todo el país. Trotski recoge el caso de Helsingfors, donde "la asamblea de todas las organizaciones soviéticas creó un Comité Revolucionario que mandó sus comisarios al General-Gobernador, a la Comandancia, al contra-espionaje y otras instituciones. Ninguna orden se hacía efectiva si no llevaba la firma de este Comité. Se estableció el control de teléfonos y telégrafos" ([35]),
pero hubo allí algo muy significativo: "al día siguiente cosacos de fila se presentan en el Comité y declaran que todo el regimiento está contra Kornilov. Por primera vez entran representantes cosacos en el Soviet".

Septiembre de 1917: la renovación total de los soviets

El aplastamiento del golpe de Kornilov produjo un vuelco espectacular en la relación de fuerzas entre las clases: el Gobierno Provisional de Kerenski había sido un cero a la izquierda. Los únicos protagonistas fueron las masas y sobre todo el reforzamiento y vitalización general de sus órganos colectivos. La respuesta a Kornilov "era el punto de partida de una transformación radical de toda la coyuntura, un desquite sobre las jornadas de julio. ¡El Soviet podía renacer!" ([36]).

El periódico del Partido Kadete ([37]), Retch, no se equivocaba cuando señalaba: "En las calles han aparecido ya multitudes de obreros armados que aterrorizan a los pacíficos habitantes. En el Soviet, los bolcheviques exigen enérgicamente la libertad de sus camaradas encarcelados. Todo el mundo está convencido de que una vez terminado el movimiento del general Kornilov, los bolcheviques, rechazados por la mayoría del Soviet, emplearán toda su energía en obligar al Soviet a seguir el camino, aunque sea parcialmente, de su programa".

Retch sin embargo se equivocaba de plano en una cosa: no fueron los bolcheviques los que obligaron al Soviet a seguir su programa sino que fueron las masas las que obligaron a los soviets a adoptar el programa bolchevique.

Los obreros habían ganado una enorme confianza en sí mismos y querían aplicarla en la renovación total de los soviets. Ciudad tras ciudad, soviet tras soviet, en un proceso vertiginoso, las viejas mayorías social-traidoras fueron apartadas y nuevos soviets con mayoría de bolcheviques y de otros agrupamientos revolucionarios (socialistas revolucionarios de izquierda, mencheviques internacionalistas, anarquistas) emergían tras debates y votaciones masivas.

Sujanov describe así el estado de ánimo de obreros y soldados: "impulsados por el instinto de clase y, en cierta medida, por la conciencia de clase, por la influencia organizada de los bolcheviques; cansados de la guerra y de las cargas que originaba; defraudados por la esterilidad de la revolución que no les había dado nada aún; irritados contra los amos y los gobernantes que gozaban, ellos sí, de todos los beneficios; deseosos, en fin, de hacer uso del poder conquistado, ansiaban entablar la batalla decisiva" ([38]).

Los episodios de esa reconquista y renovación de los soviets son interminables. "En la noche del 31 de agosto, el Soviet [de Petersburgo] presidido por Tchjeidse, votó a favor de entregar el poder a los obreros y campesinos. Los miembros de fila de las fracciones conciliadoras apoyaron casi unánimemente la resolución propuesta por los bolcheviques. La mesa conciliadora no daba crédito a sus ojos. La derecha exigió votación nominal que duró hasta las 3 de la madrugada. A pesar de las presiones empleadas, la resolución de los bolcheviques obtuvo, en la votación definitiva, 279 votos contra 115. La mesa, aturdida, anunció que presentaba la dimisión" ([39]).

El 2 de septiembre, una conferencia de todos los soviets de Finlandia adoptó una resolución a favor de la entrega del poder a los soviets por 700 votos contra 13 en contra y 36 abstenciones. La Conferencia Regional de Soviets de toda Siberia aprobó una resolución en el mismo sentido. El Soviet de Moscú lo hizo igualmente en una dramática sesión el 5 de septiembre donde se aprobó una moción que mostraba su desconfianza hacia el Gobierno Provisional y hacia el Comité Ejecutivo Central.

"El 8 fue adoptada, por 130 votos contra 55, en el Soviet de Diputados obreros de Kiev, la resolución de los bolcheviques a pesar de que su fracción solo contaba 95 miembros" ([40]). Por primera vez, el Soviet de diputados campesinos de la provincia de Petersburgo elegía como delegado a un bolchevique.

El momento culminante de este proceso fue la histórica sesión del Soviet de Petersburgo del 9 de septiembre. Innumerables reuniones en fábricas, barrios y regimientos la habían preparado. Cerca de 1000 delegados acudieron a una reunión donde la mesa propuso revocar la votación del 31 de agosto. Finalmente la votación arrojó un resultado que suponía el rechazo definitivo de la política de los social-traidores: 519 votos en contra de la revocación y por la toma del poder por los soviets, 414 a favor de la mesa, 67 abstenciones.

Se podría pensar, enfocando las cosas de manera superficial, que la renovación de los Soviets consistió en un simple cambio de mayorías de social-traidores a bolcheviques.

Es cierto -y lo trataremos detenidamente en el próximo artículo de esta serie- que en la clase obrera y, por tanto, en sus partidos, pesaba aún fuertemente una visión contaminada por el parlamentarismo según la cual la clase elegía "representantes que obraban en su nombre", pero es importante comprender que lo dominante en la renovación de los soviets no fue eso, sino:

1) La renovación surgió de la enorme telaraña de reuniones de los soviets de base (consejos de fábrica, consejos de barrio, comités de regimiento, reuniones conjuntas). Tras el golpe de Kornilov, estas reuniones se multiplicaron hasta el infinito. Cada sesión del soviet unificaba y daba expresión resolutiva a un sinfín de reuniones preparatorias.

2) Esta auto-organización de las masas fue impulsada de manera consciente y activa por los soviets renovados. Mientras los soviets anteriores se autonomizaban y apenas realizaban sesiones masivas, los nuevos realizaban sesiones abiertas diariamente. Mientras los anteriores temían e incluso desautorizaban las asambleas en fábricas y barrios, los nuevos las convocaban continuamente. Alrededor de cada debate significativo, de cada decisión importante, el soviet llamaba a celebrar reuniones "en la base" para adoptar una posición. Frente a la IVª coalición del Gobierno Provisional (25 de septiembre), "además de la resolución del Soviet de Petersburgo negándose a sostener la nueva coalición, una oleada de mítines se extendió por las dos capitales. Centenares de miles de obreros y de soldados, protestando contra la formación del nuevo Gobierno burgués, se comprometieron a entablar contra él una lucha decidida, exigiendo el poder para los soviets" ([41]).

3) Resulta espectacular la multiplicación de congresos regionales de soviets que recorre como un reguero de pólvora desde mediados de septiembre todos los territorios rusos. "Durante estas semanas se celebraron numerosos congresos de soviets locales y regionales, cuya composición y transcurso reflejaba el ambiente político de las masas. Característico de la rápida bolchevización fue el desarrollo del Congreso de Consejos de diputados obreros, soldados y campesinos de Moscú en los primeros días de octubre. Mientras que al principio de la reunión la resolución presentada por los social-revolucionarios, que se proclamaba en contra del traspaso del poder a los soviets, concentraba 159 votos contra 132, la fracción bolchevique lograba 3 días más tarde en otra votación 116 contra 97 (...). En otros congresos de consejos se aceptaron así mismo las resoluciones bolcheviques, que exigían la toma del poder por los soviets y la destitución del Gobierno Provisional. En Ekaterinburgo se reunieron el 13 de octubre 120 delegados de 56 consejos del Ural, entre ellos 86 bolcheviques. El Congreso Territorial de la zona del Volga rechazó en Saratov una resolución menchevique-­socialrevolucionaria y tomó en su lugar una bolchevique" ([42]).

Pero es importante precisar dos elementos que nos parecen fundamentales.

El primero es que la mayoría bolchevique respondía a algo más que una mera delegación del voto en un partido. El partido bolchevique era el único partido claramente partidario no sólo de la toma del poder sino de la forma concreta de hacerlo: una insurrección conscientemente preparada que derribara al Gobierno Provisional y desmontara el poder del Estado. Mientras los partidos social-traidores anunciaban que querían obligar a que los soviets se hicieran el haraquiri, mientras otros partidos revolucionarios hacían propuestas irrealistas o vagas, solamente los bolcheviques tenían claro que "Los soviets son reales únicamente "como órgano de insurrección, como órgano del poder revolucionario". Fuera de ello, los soviets no son más que un mero juguete que sólo puede producir apatía, indiferencia y decepción entre las masas, que están legítimamente hartas de la interminable repetición de resoluciones y protestas"  ([43]).

Era pues natural que las masas obreras depositaran su confianza en los bolcheviques no tanto para darles un cheque en blanco, sino como un instrumento de su propio combate que estaba llegando al momento cumbre: la insurrección y la toma del poder.

"El campo de la burguesía se alarmó al fin con razón. El movimiento de las masas se desbordaba visiblemente; la efervescencia en los barrios obreros de Petersburgo era manifiesta. No se escuchaba más que a los bolcheviques. Delante del famoso Circo Moderno, donde acudían para hablar Trotski, Volodarski, Lunatcharski, se veían colas interminables y multitudes sin fin que el amplio edificio no podía contener. Los agitadores invitaban a pasar de los discursos a los actos y prometían el poder al soviet en el más cercano porvenir" ([44]). Así reflejaba Sujanov, adversario de los bolcheviques, el ambiente reinante a mediados de octubre.

En segundo lugar, los hechos que se acumulan en septiembre y octubre revelan un cambio importante en la mentalidad de las masas. Como vimos en el artículo anterior de la serie, la consigna "Todo el poder para los soviets" enunciada tímidamente en marzo, argumentada teóricamente por Lenin en abril, masivamente proclamada en las manifestaciones de junio y julio, había sido hasta entonces más una aspiración que un programa de acción conscientemente asumido.

Una de las razones del fracaso del movimiento de julio era que la mayoría reclamaba que los soviets "obligaran" al Gobierno Provisional a tener "ministros socialistas".

Esta división entre soviet y Gobierno revelaba una incomprensión todavía evidente de la tarea de la revolución proletaria que no es la de "elegir un gobierno propio" y por tanto conservar la estructura del viejo Estado, sino la de derribar el Estado y ejercer el poder directamente. En la conciencia de las masas -aunque como veremos en un próximo artículo las confusiones y la multitud de problemas nuevos eran todavía considerables- se vislumbraba una comprensión mucho más concreta y precisa de la consigna de "Todo el poder para los soviets".

Trotski señala cómo al haber perdido el control del Soviet de Petersburgo, los social-traidores se llevaron todos los medios que estaba a su disposición, concentrándolos en su último reducto: el CEC.  "El Comité Ejecutivo Central había privado oportunamente al Soviet de Petersburgo de los dos periódicos creados por él, así como de todas las secciones administrativas, de todos los recursos técnicos y monetarios, de las máquinas de escribir, de los tinteros incluso. Los numerosos automóviles puestos al servicio del Soviet habían sido puesto todos ellos a la absoluta disposición del Olimpo conciliador. Los nuevos directivos no tenían ni caja, ni periódicos, ni aparato burocrático, ni medios de transporte, ni plumas, ni lápices. No tenían nada como no fueran las paredes desnudas y la ardiente confianza de obreros y soldados. Con eso hubo más que suficiente" ([45]).

El Comité Militar Revolucionario órgano soviético de la insurrección

Desde primeros de octubre una marea de resoluciones de soviets de todo el país reclama la celebración del Congreso de los Soviets, aplazada constantemente por los social-traidores, con objeto de materializar la toma del poder.

Esta orientación es una respuesta tanto a la situación en Rusia como a la situación internacional. En Rusia las revueltas campesinas se extienden a casi todas las regiones, la toma de tierras es generalizada; en los cuarteles los soldados desertan y vuelven a sus aldeas mostrando un creciente cansancio ante una situación de guerra a la que no se ofrece ninguna solución; en las fábricas los obreros tienen que hacer frente al sabotaje de la producción por parte de empresarios y cuadros superiores; en toda la sociedad se impone la amenaza de la hambruna por el total desabastecimiento y una carestía de la vida que sube sin cesar. En el frente internacional crecen las deserciones, la insubordinación de tropas, las fraternizaciones entre soldados de ambos bandos; en Alemania una oleada de huelgas barre el país, en España en agosto de 1917 estalla una huelga general. El proletariado ruso necesita tomar el poder no solo frente a los problemas insolubles del país sino para abrir la brecha por donde pueda desarrollarse la revolución mundial contra los sufrimientos terribles causados por 3 años de guerra.

La burguesía juega sus armas contra el ascenso revolucionario de las masas. En septiembre se intenta celebrar una Conferencia Democrática que fracasa de nuevo como la de Moscú. Por su parte, los social-traidores retrasan todo lo posible el Congreso de los Soviets con objeto de mantener dispersos y desorganizados a los soviets de todo el país y evitar que se unifiquen en la toma del poder.

Pero el arma más temible y que se precisa cada vez más es la tentativa de abandonar la defensa de Petersburgo para que el ejército alemán aplaste el punto más avanzado de la revolución. Era algo que ya había ensayado el "patriota" Kornilov en agosto cuando dejó la Riga ([46]) revolucionaria abandonada a la invasión de tropas alemanas que "restauraron el orden" sangrientamente. La burguesía que hace de la Defensa nacional su santo y seña y su peor veneno contra el proletariado, cuando ve amenazado su poder por el enemigo de clase no duda ni un segundo en encomendarse a sus peores rivales imperialistas.

En torno a esta cuestión de la defensa de Petersburgo las discusiones del Soviet llevaron a la formación de un Comité Militar Revolucionario con delegados elegidos del Soviet de Petersburgo, de la Sección de soldados de dicho Soviet, del Soviet de Delegados de la Escuadra Báltica, de la Guardia Roja, del Comité Regional de Soviets de Finlandia, de la Conferencia de Consejos de fábrica, del Sindicato ferroviario y de la organización militar del Partido bolchevique. Al frente de este Comité fue elegido Lasimir, un joven y combativo miembro de los Eseritas de Izquierda. Los objetivos de este comité unían la defensa de Petersburgo con la preparación del levantamiento armado, dos objetivos que: "hasta entonces se excluían recíprocamente, ahora se aproximaban en realidad; al tomar el poder en sus manos, el Soviet echaba sobre si la defensa de Petersburgo" ([47]).

A ello se unió al día siguiente la convocatoria de una Conferencia Permanente de toda la guarnición de Petersburgo y la región. Con estos dos organismos, el proletariado se dotaba de los medios para la insurrección, paso necesario e imprescindible para la toma del poder.

En un artículo de la Revista internacional, hemos puesto en evidencia cómo -en contra de las leyendas negras tejidas por la burguesía que presenta Octubre como un "golpe de Estado bolchevique"- la insurrección fue obra de los soviets y más concretamente del de Petersburgo ([48]). Fueron el Comité Militar Revolucionario (CMR) y la Conferencia Permanente de guarniciones, los órganos que prepararon paso a paso y minuciosamente el derribo armado del Gobierno Provisional, cabeza última del Estado burgués. El CMR obligó al Cuartel general del Ejército a someter a su firma cualquier orden o decisión por nimia que fuera, con lo cual lo paralizó totalmente. El 22 de octubre, en una dramática asamblea el último regimiento recalcitrante -el de la Fortaleza Pedro y Pablo- aceptó someterse al CMR. El 23 de octubre, en una emocionante jornada, miles de asambleas de obreros y soldados, se comprometían definitivamente con la toma del poder. El jaque mate que fue ejecutado por la insurrección del 25 de octubre, la cual ocupó el Cuartel general y la sede del Gobierno Provisional, derrotó a los últimos batallones adictos a éste, detuvo a ministros y generales, ocupó los centros de comunicaciones, y de esta manera, planteó las condiciones para que al día siguiente el Congreso de los soviets de toda Rusia asumiera la toma del poder ([49]).

En el próximo artículo de esta serie, veremos los enormes problemas que los soviets tuvieron que encarar tras la toma del poder.

C. Mir, 6-6-10


[1]) Ver Revista internacional no 140.
http://es.internationalism.org/rint/2000s/2010s/2010/140_consejos.

[2]) Ver Revista internacional no 141:
http://es.internationalism.org/rint141-consejos.

[3]) Trotski, Historia de la Revolución Rusa, tomo II, página 206, edición española.

[4]) Ver una refutación muy documentada en Trotski, op. cit., página 72.

[5]) El general Knox, jefe de la misión inglesa, decía: "No siento interés alguno por el gobierno de Kerenski, es demasiado débil; lo que hace falta es una dictadura militar, se necesita a los cosacos, este pueblo tiene necesidad del látigo". ¡Así se expresaba el representante del gobierno de la "más antigua democracia"!

[6]) Trotski, op cit., página 213.

[7]) Eseristas o Eseritas era el nombre que recibía el Partido Socialista Revolucionario.

[8]) Cavaignac: general francés (1802-1857) que fue el verdugo de la insurrección de los obreros parisinos en junio de 1848.

[9]) Lenin, Cuatro tesis, 23 de julio de 1917, tomo 34, Obras completas, página 1, edición española.

[10]) ídem.

[11]) ídem.

[12]) Anweiler, Los soviets en Rusia, página 180. Ver referencia a este autor y a su libro en la nota 3 del segundo artículo de la serie

[13]) Lenin, A propósito de las consignas, tomo 34, Obras completas, página 18 de la edición española.

[14]) ídem.

[15]) Ver en el artículo precedente de esta serie, Revista internacional no 141, el apartado "Toda Rusia cubierta por una enorme red de soviets", http://es.internationalism.org/rint141-consejos.

[16]) Sujanov, menchevique internacionalista, escisión de izquierda del menchevismo donde militaba Martov. Ver Memorias, página 209, edición española. Para conocer al autor, ver nota 9 del artículo anterior de la serie.

[17]) Ídem, página 220.

[18]) Anweiler, op. cit., página 115.

[19]) Prominentes miembros del Partido menchevique.

[20]) Sujanov, op. cit.

[21]) Trotski, La Revolución Rusa, op. cit., página 215, edición española.

[22]) Ídem, página 216.

[23]) Ídem, página 217

[24]) Ídem, página 302.

[25]) Ídem, página 306.

[26]) Ídem, tomo II, página 124, edición española.

[27]) Kornilov: militar bastante incompetente que había destacado por sus constantes derrotas en el frente, fue elevado a "héroe patriótico" tras las Jornadas de Julio y ensalzado por todos los partidos burgueses.

[28]) Rodzianko y Miliukov fueron los principales dirigentes de los partidos burgueses.

[29]) Op. cit., página 308.

[30]) Trotski, op. cit., Tomo II. Se pueden consultar los capítulos "La contrarrevolución levanta cabeza", "Elementos de bonapartismo en la Revolución Rusa", "El complot de Kerenski" y "La sublevación de Kornilov".

[31]) ídem.

[32]) ídem, página 188.

[33]) ídem.

[34]) ídem, subrayado nuestro.

[35]) ídem.

[36]) Sujanov, op cit.

[37]) Kadete: Partido Constitucional Democrático, principal partido burgués de la época.

[38]) Sujanov, op. cit.

[39]) Trotski, op. cit.

[40]) ídem.

[41]) Sujanov, op. cit.

[42]) Oskar Anweiler, op. cit., página 192. En las páginas siguientes hace un recuento de los numerosos congresos regionales que cubrían prácticamente todo el imperio y decidían en su mayoría la toma del poder.

[43]) Lenin, Tesis para el Informe a la Conferencia del 8 de octubre de la Organizacion de Petersburgo. Sobre la consigna "Todo el poder a los soviets", 8 de octubre de 1917.

[44]) Sujanov, op. cit.

[45]) Trotski, op. cit.

[46]) Capital de Estonia, entonces parte del imperio ruso.

[47]) Trotski, op. cit.

[48]) Véase Revista internacional no 72, "La Revolución de Octubre, obra colectiva del proletariado", 2ª parte, "La toma del poder por los Soviets", http://es.internationalism.org/rint72octubre.

[49]) En el artículo "1917, la Revolución rusa, la insurrección de Octubre, una victoria de las masas obreras", Revista internacional no 91, desarrollamos un análisis detallado de cómo es la insurrección del proletariado que nada tiene que ver con una revuelta o una conspiración, cuáles son sus reglas y el papel indispensable que en ella tiene el Partido del proletariado. Ver http://es.internationalism.org/rint91-octubre.