Cumbre del G 20 en Londres - Otro mundo capitalista no es posible

En la serie Medioambiente

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Cumbre del G 20 en Londres

Otro mundo capitalista no es posible

"La primera crisis global de la humanidad" (OMC, abril de 2009) ([1]). La recesión "más profunda y sincronizada de memoria humana" (OCDE, marzo de 2009) ([2])! Según la opinión de las grandes instituciones internacionales, la crisis económica actual alcanza una gravedad sin precedentes. Para enfrentarla se movilizan desde hace meses todas las fuerzas de la burguesía. La clase dominante intenta frenar a toda costa la caída de la economía mundial en los infiernos. El G20 es sin duda alguna el símbolo más fuerte de esa reacción internacional ([3]).

A principios de abril, todas las esperanzas capitalistas estaban puestas en Londres, ciudad en la que se celebraba la cumbre salvadora que debía "reactivar la economía y moralizar el capitalismo". Y si nos creemos las declaraciones de los distintos dirigentes del planeta, ese G20 fue un verdadero éxito. "Fue el día en que se unió el mundo para combatir la recesión" lanzó el Primer ministro británico, Gordon Brown. "Va más allá de lo que podíamos imaginar", se emocionó el Presidente francés Nicolas Sarkozy. "Se trata de un compromiso histórico para una crisis excepcional", consideró por su parte la canciller alemana Angela Merkel. Y para Barack Obama, esta cumbre ha sido un "cambio de rumbo".

Obviamente, la verdad es muy otra. 

El único éxito del G20:  ¡haberse celebrado!

Estos meses pasados, la crisis económica ha reavivado las tensiones internacionales. En un primer momento apareció la tentación del proteccionismo. Cada Estado procura ante todo salvar parte de su economía subvencionándola y concediéndole privilegios nacionales contra la competencia extranjera. Un ejemplo ha sido el plan de apoyo al sector de la automoción decidido en Francia o España, plan agriamente criticado al principio por sus "amigos" europeos. Después vino la tendencia a realizar planes de reactivación cada uno por su lado, especialmente para el rescate del sector financiero. Y los Estados Unidos, epicentro del seísmo financiero, al haber sido golpeados de lleno por la borrasca económica, tienen numerosos competidores que intentan aprovecharse de la situación para debilitar aún más su liderazgo económico. Tal es el sentido de las llamadas al "multilateralismo" por parte de Francia, Alemania, China, los países sudamericanos...

Este G20 de Londres se anunciaba por lo tanto tenso y, entre bastidores, los debates fueron sin duda agitados. Pero las apariencias quedaron a salvo, se evitó la catástrofe para la burguesía de un G20 caótico. La burguesía no ha olvidado hasta qué punto la ausencia de coordinación internacional y la tendencia desenfrenada a tirar cada uno por su lado contribuyeron en el desastre de 1929. El capitalismo se enfrentó entonces a la primera gran crisis de su período de decadencia ([4]), la clase dominante todavía no sabía hacerle frente. Inicialmente, los estados no reaccionaron. De 1929 a 1933, no se tomó casi ninguna medida mientras los bancos quebraban uno tras otro. El comercio mundial se hundió literalmente. En 1933 se esbozó una primera reacción: fue el primer New Deal ([5]) de Roosevelt. Este plan de reactivación consistía en una política de grandes obras y de endeudamiento estatal, pero también una ley proteccionista, el "Buy American Act" ("comprar americano") ([6]). Todos los países se lanzan entonces a la carrera al proteccionismo. El comercio mundial, sin embargo ya en mal estado, sufrió un choque suplementario. Con sus medidas, las burguesías acabaron empeorando la crisis mundial en los años treinta.

Las burguesías hoy quieren evitar todas ellas que se repita este círculo vicioso crisis-proteccionismo-crisis... Tienen conciencia de que deben hacerlo todo para no repetir los errores del pasado. Era imperativamente necesario que este G20 hiciera alarde de unidad de las grandes potencias contra la crisis, en particular para apoyar el sistema financiero internacional. El FMI dedicó incluso un punto específico de su "Documento de trabajo" preparatorio al G20 para poner en guardia contra ese peligro de que cada cual vaya por su cuenta ([7]). Se trata del apartado 13 titulado "El espectro del proteccionismo comercial y financiero es una preocupación creciente": "A pesar de los compromisos asumidos por los países del G20 [el de noviembre de 2008] de no recurrir a medidas proteccionistas, se han producido inquietantes descontroles. Las fronteras son poco claras entre la intervención pública destinada a contener el impacto de la crisis financiera en los sectores en dificultad y las subvenciones inadecuadas para las industrias cuya viabilidad a largo plazo es discutible. Algunas políticas de apoyo a las finanzas también conducen a los bancos a orientar el crédito hacia su país. Al mismo tiempo, hay riesgos crecientes de que algunos países emergentes enfrentados a presiones exteriores sobre sus cuentas intenten imponer controles de capitales." Y el FMI no fue el único en lanzar tales advertencias: "Temo [que un] retorno generalizado al proteccionismo sea probable, los países deficitarios, como Estados Unidos, podrían ver en ese proteccionismo el medio de reforzar la demanda de la producción interna y el nivel de empleo. [...] Se trata de un momento decisivo. Se ha de escoger entre volverse hacia el exterior o replegarse hacia soluciones internas. Esta segunda opción se intentó en los años treinta. Esta vez, debemos intentar la primera" (Martin Wolf, ante la Comisión de Asuntos exteriores del Senado de Estados Unidos, 25 de marzo de 2009) ([8]).

El G20 oyó el mensaje: los dirigentes del mundo supieron presentar una apariencia de unidad y escribir en su comunicado final: "No repetiremos los errores del pasado", que fue seguido por "¡Uf!" de alivio en el mundo entero. Como lo escribe el diario económico francés les Echos del 3 de abril, "la primera conclusión que se impone con respecto al G20 que se celebró ayer en la capital británica, es que no falló, y ya es mucho. Después de las tensiones de estas últimas semanas, las veinte grandes economías del planeta han hecho alarde de su unidad" frente a la crisis.

Concretamente, los países se comprometieron a no establecer barreras, incluso sobre los flujos financieros, encargando a la OMC que compruebe escrupulosamente que se respeta ese compromiso. Por otra parte, 250 mil millones de dólares serán puestos a disposición de agencias de apoyo a la exportación o agencias de inversión con el fin de ayudar a la reanudación del comercio internacional. Pero, sobre todo, el incremento de las tensiones no agrió una cumbre que podía haber acabado en reyerta. Se salvaron las apariencias. Ése fue el único éxito del G20. Pero un éxito sin duda temporal pues el aguijón de la crisis va a seguir espoleando irremediablemente la desunión internacional.

El endeudamiento de hoy prepara las crisis de mañana

Desde el verano 2007, y la famosa crisis de las "subprimes", los planes de reactivación se suceden a un ritmo desenfrenado. Los primeros anuncios de inyecciones masivas de miles de millones de dólares, hicieron momentáneamente soplar un viento de optimismo. Pero al seguir empeorándose inexorablemente la crisis, cada nuevo plan provoca hoy más escepticismo. Paul Jorion, sociólogo especializado en economía (y uno de los primeros en haber anunciado la catástrofe económica), ironiza con esa repetición de fracasos: "Hemos pasado insensiblemente de las pequeñas ayudas de 2007, calculadas en miles de millones de euros o dólares, a las grandes de principios de 2008, y a las enormes de finales del año que ahora se calculan en cientos de miles de millones. Y 2009, es el año de las ayudas "enormes" ("Kolossal", dice el autor), con importes calculados ahora en "trillones" de euros o dólares. ¡Y a pesar de la ambición siempre más faraónica, sigue sin verse la menor luz al final del túnel!" ([9]).

¿Y qué propone el G20? ¡Una nueva escalada igualmente ineficaz! 5 billones ([10]) de dólares van a inyectarse en la economía mundial de aquí a finales de 2010 ([11]). La burguesía no tiene ninguna otra "solución" y revela así su impotencia ([12]). La prensa internacional no se equivoca: "La crisis dista mucho de acabarse y habría que ser un redomado ingenuo para creer que las decisiones del G20 van a cambiarlo todo" (la Libre Belgique),  "Han fracasado en un momento en que la economía mundial está haciendo implosión" (New York Times),  "La reactivación dejó de piedra a la cumbre del G20" (Los Angeles Times).

Las estimaciones de la OCDE para 2009, generalmente tan optimistas, no dejan la menor duda sobre lo que le espera a la humanidad en los próximos meses, con G20 o sin él. Según aquélla, ¡Estados Unidos tendrá una recesión de 4 %, la Zona euro de 4,1 % y Japón de 6,6! Por su parte, el Banco mundial afirmó, el lunes 30 de marzo, que en 2009 habría una contracción del 1,7 % del PIB mundial, lo que constituiría el retroceso más fuerte nunca antes registrado de la producción mundial". La situación va pues a empeorarse en los próximos meses, cuando ya la crisis actual es peor que la de 1929. Los economistas Barry Eichengreen y Kevin O'Rourke han calculado que la baja de la producción industrial mundial es desde hace nueve meses tan violenta como en 1929, que la caída de los valores bursátiles es dos veces más rápida, así como el retroceso del comercio mundial ([13]).

Todas estas cifras contienen una realidad muy concreta y dramática para millones de obreros en el mundo. En Estados Unidos, primera potencia mundial, desaparecieron unos 663 000 empleos durante el mes de marzo, con un total que alcanza ya 5,1 millones de empleos destruidos en 2 años. Todos los países están hoy brutalmente golpeados por la crisis. En España, por ejemplo, el desempleo acabara sobrepasando ¡el 17 % en 2009!

Pero esta política no es simplemente ineficaz hoy, sino que, además, está preparando crisis aún más violentas en el futuro. En efecto, todos esos miles de millones se están fabricando mediante el recurso masivo al endeudamiento, de modo que estas deudas tendrán que ser reembolsadas un día (no tan lejano). Incluso los burgueses lo dicen: "Queda claro que la consecuencia de esta crisis es que habrá que pagar la factura: habrá pérdidas de riqueza, pérdidas de patrimonio, pérdidas de rentas, pérdidas de empleos... no es pensable, sería demagogia, decir que nadie va a pagar total o parcialmente esa factura" (Henri Guaino, consejero especial del Presidente de la República en Francia, el pasado 3 de abril) ([14]). Con la acumulación de deudas el capitalismo está sencillamente hipotecando el futuro económico.

¿Y qué decir de todos esos periodistas que se congratularon por la importancia recobrada del FMI? El G20 ha triplicado los medios financieros de esa institución, elevándolos a 750 000 millones de dólares con, además, la autorización de emisión de Derechos Especiales de Giro (DEG) ([15]) de 250 000 millones de dólares. Se entiende así por qué su Presidente, Dominique Strauss-Kahn, ha declarado que se trataba del "mayor plan de reactivación coordinado nunca antes decidido" en la historia. Misión se le dio "de ayudar a los mas débiles", en particular a unos países del Este al borde de la quiebra. Pero el FMI es una extraña tabla de salvación. La fama - justificada - de esta organización es la de imponer una austeridad draconiana en contrapartida a su "ayuda". Reestructuraciones, despidos, desempleo, supresión de subsidios de todo tipo, baja de pensiones... ése es "el efecto FMI". Esta organización acudió, por ejemplo, a salvar Argentina en los años noventa hasta... ¡el hundimiento de esta economía en 2001!

No sólo este G20 no ha hecho despejar el cielo capitalista, pero sí ha dejado entrever, en cambio, un porvenir con más nubarrones todavía.

El gran bluf de la moralización del capitalismo

Habida cuenta de la incapacidad patente de ese G20 de proponer verdaderas soluciones para el futuro, le resultaba difícil a la burguesía prometer una vuelta rápida al crecimiento y a un futuro radiante. Y está ahora produciéndose en las filas obreras una profunda aversión hacia el capitalismo y también una reflexión creciente sobre el futuro, de modo que la clase dominante se ha apresurado a responder, a su manera, a ese cuestionamiento. A bombo y platillo, el G20 ha prometido un capitalismo nuevo, mejor controlado, más moral, más ecológico...

La maniobra es tan grosera que cae en el ridículo. A modo de moralización del capitalismo, el G20 miró con gesto enfurruñado hacia algunos "paraísos fiscales", amenazando con posibles sanciones, en las que iba a pensar con urgencia de aquí a finales del año (¡sic!), para los países que no hagan un esfuerzo de "transparencia". Se señalaron con el dedo cuatro territorios inscritos en la famosa "lista negra": Costa Rica, Malasia, Filipinas y Uruguay. Se echó el sermón y se clasificó a otras naciones en "lista gris". En esa están, por ejemplo, Austria, Bélgica, Chile, Luxemburgo, Singapur y Suiza.

O sea, ¡que los principales "paraísos fiscales" están ausentes! Las islas Caimanes y su hedge funds, los territorios dependientes de la corona británica (Guernsey, Jersey, Isla de Man), la City de Londres, estados federados de EEUU como Delaware, Nevada o Wyoming... todos ellos son oficialmente más blancos que la nieve más blanca (y están pues en la lista blanca). ¿Cómo interpretar esta clasificación de los paraísos fiscales por el G20?, ¿como una estupidez o una payasada?.

Colmo de la hipocresía, a los pocos días de la Cumbre de Londres, la OCDE - responsable de esta clasificación - anunció la salida de los cuatro países de la lista negra, ¡a cambio de promesas de transparencia!

No hay nada de asombroso en toda esta historia. ¿Cómo podrían "moralizar" lo que sea esos grandes responsables capitalistas, verdaderos gángsteres desalmados? ([16]) ¿Y cómo un sistema basado en la explotación y la búsqueda de la ganancia por la ganancia podría ser "más moral"? Nadie se esperaba seriamente por otra parte ver surgir de este G20 un "capitalismo más humano". Eso no existe y los dirigentes políticos lo invocan como cuando los padres hablan de Papá Noel a sus hijos. Este tiempo de crisis revela al contrario, aún más crudamente, el rostro inhumano de este sistema. Hace casi 130 años, Paul Lafargue escribía "La moral capitalista (...) anatematiza la carne del trabajador; su ideal es reducir al productor al mínimo de las necesidades, suprimir sus placeres y sus pasiones y condenarlo al papel de máquina que produce trabajo sin tregua ni piedad" (el Derecho a la pereza) y podríamos añadir que la única "tregua" que le es posible es el del desempleo y la miseria. Cuando la crisis económica golpea, se despide a los trabajadores, echándolos a la calle como trastos inútiles. El capitalismo sigue siendo y siempre será un sistema de explotación brutal y cruel.

Pero la tosquedad de la maniobra es en sí misma reveladora. Demuestra que de verdad no tienen ya nada que proponer, que el capitalismo no aportará ya nada bueno a la humanidad, solo miseria y sufrimiento. Y es tan ilusorio imaginarse un capitalismo "ecológico" o "moral" como cuando se soñaba con que los alquimistas transformaran el plomo en oro.

Si este G20 demuestra algo, es que otro mundo capitalista no es posible. Probablemente la crisis conocerá altibajos, con momentos específicos de vuelta al crecimiento. Pero, básicamente, el capitalismo va a seguir hundiéndose económicamente, sembrando miseria y generando guerras.

No hay nada que esperar de este sistema. La burguesía, con sus cumbres internacionales y sus planes de reactivación, no forma parte de la solución sino del problema. Sólo la clase obrera puede cambiar el mundo, pero necesita para eso volver a recuperar su confianza en la sociedad que sólo ella puede alumbrar: ¡el comunismo!

Mehdi (16 de abril 2009)


[1]) Declaración de Pascal Lamy, Director general de la Organización mundial del comercio (http://www.lesechos.fr/info/inter/4850338-electrochoc.htm).

[2]) Informe intermedio de la Organización de cooperación y desarrollo económicos (http://www.oecd.org/dataoecd/18/1/42443150.pdf).

[3]) El G20 está compuesto por los miembros del G8 (Alemania, Francia, Estados-Unidos, Japón, Canadá, Italia, Reino Unido, Rusia) a los cuales se han añadido Sudáfrica, Arabia Saudí, Argentina, Australia, Brasil, China, Corea del Sur, India, Indonesia, México, Turquía, y la Unión Europea (y últimamente, gracias a Sarkozy, han añadido una silla plegable para España). Una primera cumbre se celebró en noviembre de 2008, en plena tormenta financiera.

[4]) Léase nuestra serie de artículos "Entender la decadencia del capitalismo" (http://es.internationalism.org/series/201).

[5]) Hay un mito muy propagado hoy, según el cual el New Deal de 1933 habría permitido a la economía mundial salir del marasmo económico. Y, conclusión lógica, habría que llamar hoy a un "New" "New Deal". En realidad, la economía norteamericana, entre 1933 y 1938, seguiría inactiva; fue el segundo New Deal, el de 1938, el que permitió reactivar la máquina. Ahora bien, este segundo New Deal no fue sino el inicio de la economía de guerra (que preparó la Segunda Guerra mundial). ¡Se entiende por qué no se habla mucho de éste!

[6]) Esta ley imponía la compra de bienes fabricados en Estados Unidos cuando se trataba de compras directas del Gobierno estadounidense.

[7]) Fuente: http://contreinfo.info/prnart.php3?id_article=2612.

[8]) Martin Wolf es un periodista económico británico. Es redactor asociado y comentarista económico en el Financial Times.

[9]) L'ère des "Kolossal" coup de pouce, publicado el 7 de abril.

[10])  Recordemos que un billón es, en español, un millón de millones (1+12 ceros). En otras lenguas puede significar mil millones (1+9), lo que en francés se llama "un milliard".

[11]) En realidad, para 4 billones de dólares, se trata de los planes de reactivación ya anunciados estos últimos meses.

[12]) En Japón, un nuevo plan de reactivación de 15,4 billones de yenes (116 000 millones de euros) acaba de decidirse. ¡Es el cuarto programa de reactivación elaborado por Tokio en un año!

[13]) Fuente: www.voxeu.org.

[14]) Sobre el papel del endeudamiento en el capitalismo y sus crisis, leer el artículo de nuestra Revista anterior "La crisis económica más grave de la historia del capitalismo".

[15]) Los DEG son una "canasta" monetaria de dólares, euros, yenes y libras esterlinas.

 Fue China el país que más insistió para que se emitan esos DEG. En estas últimas semanas, China ha multiplicado las declaraciones oficiales llamando a la creación de una moneda internacional que pueda sustituir al dólar. Y numerosos economistas del mundo han repercutido ese llamamiento, advirtiendo sobre la caída inexorable de la moneda norteamericana y las sacudidas económicas que va a provocar.

 Es cierto que el debilitamiento del dólar, a medida que la economía de EEUU se hunde en la recesión, es un verdadero peligro para la economía mundial. Al ser referencia internacional, es uno de los pilares de la estabilidad capitalista desde la posguerra. Sin embargo, la aparición de una nueva moneda de referencia (tanto el euro, el yen, la libra esterlina como los DEG del FMI) es completamente ilusoria. Ninguna potencia podrá sustituir a Estados Unidos, ninguna va a desempeñar su papel de estabilizador económico internacional. El debilitamiento de la economía norteamericana y su moneda significa por lo tanto mayor desorden monetario todavía.

[16]) Lenin calificaba la Sociedad de Naciones, otra institución internacional, de "guarida de bandoleros".