Decadencia del capitalismo (IV) - Del capitalismo al final de la prehistoria

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En los artículos anteriores de esta serie, examinamos en detalle el resumen del método del materialismo histórico hecho por Marx en el Prólogo a la Contribución a la Crítica de la economía política (1859). Llegamos ahora a la última parte de este resumen: "Las relaciones burguesas de producción son la última forma antagónica del proceso social de producción; antagónica, no en el sentido de un antagonismo individual, sino de un antagonismo que proviene de las condiciones sociales de vida de los individuos. Pero las fuerzas productivas que se desarrollan en la sociedad burguesa brindan, al mismo tiempo, las condiciones materiales para la solución de este antagonismo. Con esta formación social se cierra, por lo tanto, la prehistoria de la sociedad humana."

La universalidad del método de Marx

Volveremos más adelante sobre los antagonismos específicos que Marx consideraba como propios de la sociedad capitalista y sobre los cuales basaba su veredicto de que el capitalismo, como todas las demás formas anteriores de explotación de clase, es un sistema social transitorio. Antes, sin embargo, vamos a contestar a acusación que se hace a los marxistas de que sitúan la ascendencia y el declive de la sociedad capitalista en el contexto de la sucesión de los modos de producción precedentes, o, en otras palabras, utilizan el método marxista para examinar el capitalismo como un momento de la historia humana. En las discusiones con personas de las nuevas generaciones que se están acercando a las posiciones revolucionarias (por ejemplo en el foro de discusión Internet libcom.org), ese método ha sido criticado porque haría una "narración metafísica" que desembocaría en conclusiones mesiánicas; en otros espacios de ese mismo foro ([1]), intentar sacar conclusiones sobre ascendencia y declive del capitalismo a partir de una perspectiva histórica más general se considera como un empeño que el propio Marx habría rechazado por tratarse de una búsqueda de "una teoría histórico-filosófica cuya gran virtud consistiría en ser suprahistórica".

Esa cita de Marx se utiliza a menudo fuera de contexto para defender la idea de que Marx nunca habría intentado elaborar una teoría general de la historia, y que su único objetivo sería analizar las leyes del capitalismo. ¿Cuál es el contexto de esa cita?

Está sacada de una carta de Marx al editor del periódico ruso Otiechéstvennie Zapiski (noviembre de 1877) en la que contesta a "un crítico ruso" que describía la teoría de la historia de Marx como un esquema dogmático y mecanicista según el cual cada nación estaba destinada a seguir exactamente el mismo esquema de desarrollo que el analizado por Marx a propósito del auge del capitalismo en Europa. Ese crítico...
"se siente obligado a metamorfosear mi esbozo histórico de la génesis del capitalismo en Europa occidental en una teoría histórico-filosófica de la marcha general que el destino impondría fatalmente a todos los pueblos, sean cuales sean las circunstancias históricas en que se encuentren" ([2]).

De hecho, esa tendencia era muy corriente entre los primeros marxistas rusos que solían presentar el marxismo como una simple apología del desarrollo capitalista y presuponían que Rusia debería realizar necesariamente su propia revolución burguesa antes de poder alcanzar la etapa de la revolución socialista. Es la misma tendencia que volvería más tarde a la superficie con el menchevismo.

En esa carta, Marx llega a una conclusión muy diferente: "Para poder apreciar en conocimiento de causa el desarrollo económico de la Rusia actual, aprendí el ruso y, luego durante años, he estudiado las publicaciones oficiales y otras relacionadas con ese tema. Y llegué a la conclusión siguiente: si Rusia sigue por el camino iniciado desde 1861, perderá la mejor de las oportunidades que la historia haya brindado a un pueblo, y acabará sufriendo todas las vicisitudes irremediables del régimen capitalista" (Ibíd., p. 1553)

En resumen, Marx no concebía en absoluto que su método para analizar la historia en general pudiera aplicarse de manera esquemática a cada país por separado, ni que su teoría de la historia fuera un sistema rígido de "progreso universal", que siguiera un proceso lineal y mecánico que se desarrollaría siempre en una misma dirección progresiva (aunque esto acabaría siendo efectivamente lo que, en manos de mencheviques y, más tarde, de estalinistas, éstos y aquéllos llamaban "marxismo"). Marx tenía razón cuando decía que Rusia podría evitar los horrores de una transformación capitalista gracias a la conjunción de una revolución proletaria en los países occidentales avanzados y de las formas comunales tradicionales básicas de la agricultura rusa. El que todo eso no acabara ocurriendo así no invalida ni mucho menos el método abierto de Marx. Además, su método va a lo concreto, tomando en consideración las circunstancias históricas reales en las que aparece determinada forma social. En esa misma carta también, Marx da un ejemplo de cómo trabaja:
"En diversos pasajes de el Capital aludo al destino que les cupo a los plebeyos de la antigua Roma. En su origen habían sido campesinos libres que cultivaban cada cual su propia parcela de tierra. Fueron expropiados a todo lo largo de la historia romana. El mismo movimiento que los separó de sus medios de producción y subsistencia acarreó la formación, no sólo de la gran propiedad, sino también de los grandes capitales monetarios. Y fue así como en poco tiempo se encontraron con que, por una parte, había hombres libres despojados de todo a excepción de su fuerza de trabajo, y por otra, para explotar ese trabajo, quienes poseían toda la riqueza adquirida. ¿Qué ocurrió?. Los proletarios romanos se transformaron, no en trabajadores asalariados, sino en una chusma de desocupados más miserables que los "blancos pobres" que hubo en el Sur de los Estados Unidos, y junto con ello se desarrolló un modo de producción que no era capitalista sino que dependía de la esclavitud. Así pues, sucesos notablemente análogos pero que tienen lugar en medios históricos diferentes conducen a resultados totalmente distintos. Estudiando por separado cada una de estas formas de evolución y comparándolas luego, se puede encontrar fácilmente la clave de esos fenómenos, pero nunca se llegará a ello mediante la ganzúa universal de una teoría histórico-filosófica general cuya suprema virtud consiste en ser suprahistórica" (Ídem, p. 1555).

En cambio, ese ejemplo no demuestra, ni mucho menos, que la teoría de Marx excluyera la posibilidad de diseñar una dinámica general de las formas sociales precapitalistas ni que, por consiguiente, fuera inútil y sin sentido ponerse a discutir sobre el ascenso y el declive de los sistemas sociales. La ingente cantidad de energía que Marx le dedicó al estudio de la "comuna" rusa y a la cuestión del comunismo primitivo en general durante sus últimos años de vida, y la cantidad de páginas que dedicó a analizar las formas de sociedad precapitalistas, en las Grundrisse y otros lugares, contradice totalmente esa opinión. La carta que se toma como ejemplo muestra claramente que Marx insistía en la necesidad de estudiar una forma social separadamente antes de establecer comparaciones y, de ese modo, "encontrar la clave" del fenómeno, pero lo que no demuestra es que Marx se negara a ir de lo particular a lo general para comprender el movimiento de la historia.

Y, sobre todo, el método presentado en Prologo a la crítica de la economía política impugna la acusación de que cualquier intento de situar el capitalismo en la sucesión de los modos de producción sería un proyecto "suprahistórico". En ese prólogo Marx expone como ve él, de manera general, la evolución histórica y anuncia claramente el objeto de su investigación. En el artículo anterior, examinamos el pasaje en el que se estudian las formas sociales antiguas (comunismo primitivo, despotismo asiático, esclavitud, feudalismo, etc.), mostramos cómo pueden sacarse algunas conclusiones generales sobre las razones de su ascenso y su declive, o sea, concretamente, sobre la instauración de relaciones sociales de producción que actúan en un momento dado como acicate y, en otro, como traba al desarrollo de las fuerzas productivas. En el pasaje del Prólogo que examinamos aquí, Marx utiliza una expresión simple - pero muy significativa - para subrayar que el objeto de su investigación es el conjunto de la historia de la humanidad: "Con este sistema social se termina por lo tanto la prehistoria de la sociedad humana.". ¿Qué es lo que Marx quería decir exactamente con esa expresión?

¿Fin de la historia o fin de la prehistoria?

Cuando se desmoronó el bloque del Este en 1989, la clase dominante del Oeste lanzó una ruidosa campaña de propaganda con el eslogan "el comunismo ha muerto". Estaba exultante y concluía que, por fin, Marx, el "profeta" del comunismo, se había desprestigiado. Fue Francis Fukuyama quien dio a esa campaña su barniz "filosófico" anunciando sin vacilar nada menos que "el fin da la historia", y el triunfo definitivo del capitalismo liberal y democrático el cual iba a aportar, a su manera sin duda imperfecta pero fundamentalmente humana, el fin de la guerra y de la pobreza y librar al género humano del fardo de las crisis catastróficas:
"A lo que estamos quizás asistiendo es no sólo al final de la Guerra fría, ni al final de un período particular de la historia de la posguerra, sino al final de la historia como tal... O sea, al punto final de la evolución ideológica de la humanidad y la universalización de la democracia liberal occidental como forma última del gobierno humano" (El fin de la historia y el último hombre, Fukuyama, 1992, traducido del inglés por nosotros).

Las dos décadas que siguieron a aquel acontecimiento, el cortejo de barbarie y de genocidios militares, el foso cada día mayor entre ricos y pobres a nivel mundial, la evidencia creciente de una catástrofe medioambiental que afecta al planeta entero, todo eso ha echado por los suelos la complaciente tesis de Fukuyama, una tesis que él mismo matizaría más tarde a la vez que otorgaba su apoyo a-crítico a la fracción dominante de los neoconservadores de Estados Unidos. Y hoy, con el estallido de una crisis económica profunda en el corazón mismo del capitalismo democrático liberal triunfante, semejantes ideas aparecen como lo que son: patrañas ridículas. Mientras tanto, Marx y su visión del capitalismo como sistema corroído por la crisis ya a nadie se le ocurre tratarlos como si fueran vestigios de un antiquísimo período ya trasnochado.

El propio Marx ya había hecho notar muy pronto que la burguesía había llegado a la conclusión de que su sistema era el final de la historia, el no va más, el alfa y omega, la meta final de la aventura y el devenir humanos, la expresión más lógica de la naturaleza humana. Incluso un pensador revolucionario como Hegel cuyo método dialéctico se basaba en reconocer el carácter transitorio de todas las fases y expresiones históricas, había caído en la trampa al considerar el régimen prusiano de entonces como el logro del Espíritu absoluto.

Como ya vimos en artículos precedentes, Marx rechazaba la idea de que el capitalismo, basado en la propiedad privada y la explotación del trabajo humano, fuese la expresión perfecta de la naturaleza humana; planteaba que la organización social humana fue, al principio, una forma de comunismo; consideraba que el capitalismo era una forma entre otras de una serie de sociedades divididas en clases que se habían implantado tras la disolución del comunismo primitivo, condenado también éste a desaparecer a causa de sus propias contradicciones internas.

El capitalismo, episodio final de la serie

El capitalismo es el episodio final de la serie, "la última forma antagónica del proceso social de producción, antagónica no en el sentido de un antagonismo individual, sino de un antagonismo que surge de las condiciones sociales en las que viven los individuos".

¿Por qué?, porque "las fuerzas productivas que se desarrollan en la sociedad burguesa proporcionan al mismo tiempo las condiciones materiales idóneas para resolver ese antagonismo" (Prólogo).

El término "fuerzas productivas" se ha visto con desconfianza desde que Marx lo utilizara. Y es comprensible en cierto modo para el siglo pasado, como lo hemos explicado en el capítulo anterior. La perversión del marxismo realizada por la contrarrevolución estalinista confirió a la nación de desarrollo de las fuerzas productivas un significado siniestro, evocador de la imagen de la explotación stajanovista y de la construcción de una economía de guerra de un desequilibrio monstruoso. Y, en las últimas décadas, la rápida evolución de la crisis ecológica ha puesto al desnudo el precio espeluznante que la humanidad está ya pagando por la continuación del "desarrollo" frenético del capitalismo.

Para Marx, las fuerzas productivas no son, ni mucho menos, una especie de potencia autónoma que determina la historia de la humanidad. Sólo lo son en la medida en que son el producto del trabajo alienado que se le va de las manos a nuestra especie humana que las ha ido desarrollando desde el principio. Pero tampoco esas fuerzas, movidas por formas particulares de organización social, son, por definición, hostiles a la especie humana como lo presentan los primitivistas y algunos grupos anarquistas en sus visiones dantescas. Al contrario, en cierta fase de su desarrollo costoso y contradictorio, son la clave para librar a la especie humana de milenios de dura labor y de explotación, a condición de que la humanidad sea capaz de reorganizar sus relaciones sociales para que la gigantesca potencia productiva que se ha desarrollado bajo el capitalismo, se utilice para satisfacer las verdaderas necesidades humanas.

Y esa reorganización es realizable porque existe, en el seno del capitalismo, una "fuerza productiva", el proletariado, que es, por vez primera, a la vez clase explotada y clase revolucionaria, al contrario de la burguesía, por ejemplo, que, aún siendo revolucionaria frente a la antigua clase feudal, era, a su vez, portadora de una nueva forma de explotación de clase. La clase obrera, en cambio, no tiene el menor interés en instaurar un nuevo sistema  de explotación pues ella no podrá liberarse si no es liberando a la humanidad entera. Como así lo escribe Marx en La Ideología alemana:
"...todas las anteriores revoluciones dejaron intacto el modo de actividad y sólo trataban de lograr otra distribución de esta actividad, una nueva distribución del trabajo entre otras personas, en cambio, la revolución comunista está dirigida contra el modo anterior de actividad, elimina el trabajo y suprime la dominación de las clases al acabar con las clases mismas, ya que esta revolución es llevada a cabo por la clase a la que la sociedad no considera como tal, no reconoce como clase y que expresa ya de por sí la disolución de todas las clases, nacionalidades, etc., dentro de la actual sociedad" ([3]).

Eso significa también emancipar a la humanidad de todas las cicatrices dejadas por miles de años de dominación de clase y, más allá, de los cientos de miles de años durante los cuales la humanidad estuvo dominada por la penuria material y la lucha por la supervivencia.

La humanidad llega pues a un punto de ruptura neto con todas las épocas históricas anteriores. Por eso es por lo que Marx habla de fin de la "prehistoria". Si el proletariado logra derrocar el imperio del capital y, tras un período de transición más o menos largo, crear una sociedad mundial plenamente comunista, a las generaciones siguientes de seres humanos les será posible construir su propia historia en plena conciencia. Así, con apasionante convicción, lo presentaba Engels en un pasaje del Anti-Dühring de modo muy elocuente:
"Con la toma de posesión de los medios de producción por la sociedad se elimina la producción mercantil y, con ella, el dominio del producto sobre el productor. La anarquía en el seno de la producción social se sustituye por la organización consciente y planeada. Termina la lucha por la existencia individual. Con esto el hombre se separa definitivamente, en cierto sentido, del reino animal, y pasa de las condiciones de existencia animales a otras realmente humanas. El cerco de las condiciones de existencia que hasta ahora dominó a los hombres cae ahora bajo el dominio y el control de éstos, los cuales se hacen por vez primera conscientes y reales dueños de la naturaleza, porque y en la medida en que se hacen dueños de su propia asociación. Los hombres aplican ahora y dominan así con pleno conocimiento real las leyes de su propio hacer social, que antes se les enfrentaban como leyes naturales extrañas a ellos y dominantes. La propia asociación de los hombres, que antes parecía impuesta y concedida por la naturaleza y la historia, se hace ahora acción libre y propia. Las potencias objetivas y extrañas que hasta ahora dominaron la historia pasan bajo el control de los hombres mismos. A partir de ese momento harán los hombres su historia con plena conciencia; a partir de ese momento irán teniendo predominantemente y cada vez más las causas sociales que ellos pongan en movimiento los efectos que ellos deseen. Es el salto de la humanidad desde el reino de la necesidad al reino de la libertad" ([4]).

En esos pasajes, tanto Marx como Engels reafirman la amplitud de su visión de la historia, mostrando la unidad subyacente de todas las épocas de la historia de la humanidad que han existido hasta hoy, mostrando cómo el proceso histórico, aunque se haya realizado más o menos inconscientemente, a ciegas, ha ido creando, sin embargo, las condiciones de un salto cualitativo no menos fundamental que el de la aparición del hombre en el reino animal.

Esa magnífica visión fue retomada por Trotski más de cincuenta años más tarde, en una ponencia a estudiantes daneses el 27 de noviembre de 1932, poco tiempo después de haberse exiliado de Rusia. Trotski se refiere al material aportado por las ciencias humanas y las naturales, especialmente los descubrimientos en psicoanálisis, para indicar más precisamente lo que implica esa etapa en la vida interior de los hombres.

"La antropología, la biología, la fisiología, la psicología han reunido montañas de materiales para erigir ante el hombre en toda su amplitud las tareas de su propio perfeccionamiento corporal y espiritual y de su desarrollo futuro. Gracias a la visión genial de Sigmund Freud, el psicoanálisis levantó la cubierta del pozo poéticamente llamado "alma" del hombre. ¿Y qué apareció? Nuestro pensamiento consciente es sólo una pequeña parte en el trabajo de las oscuras fuerzas psíquicas. Hay sabios buceadores que descienden al fondo de los océanos para allí fotografiar extraños peces. Para que el pensamiento humano descienda al fondo de su propio pozo psíquico, debe clarificar las fuerzas motrices del alma y someterlas a la razón y la voluntad. Cuando haya terminado con las fuerzas anárquicas de su propia sociedad, el hombre trabajará sobre sí mismo como en los morteros y las retortas del químico. Por primera vez, la humanidad se verá a sí misma como materia prima y en el mejor de los casos como un producto semiacabado físico y psíquico" ([5]).

En esos dos pasajes, se establece claramente una unidad entre todas las épocas históricas hasta nuestros días: durante ese tan largo período, el hombre es "un producto semiacabado físico y psíquico", en cierto sentido, una especie todavía en transición entre el reino animal y una existencia plenamente humana.

De todas las sociedades de clase del pasado, sólo el capitalismo podía ser el preludio de ese significativo salto, pues ha desarrollado las fuerzas productivas hasta un nivel en el que los problemas fundamentales de la existencia material de la humanidad (todo lo que es vital para todos los hombres del planeta) podrán por fin resolverse, permitiendo así a los seres humanos la libertad de desarrollar sin límites sus capacidades creadoras y hacer realidad su potencial verdadero y aprisionado. En esto, el verdadero sentido de "fuerzas productivas" se vuelve diáfano: las fuerzas productivas son fundamentalmente la potencia creadora de la humanidad misma que hasta ahora se han expresado de una manera limitada y distorsionada, y que tomarán su verdadero auge una vez que los límites de la sociedad de clase hayan sido superados.

Más aún, el comunismo, sociedad sin propiedad privada ni explotación, es la única base posible para el desarrollo de la humanidad puesto que las contradicciones inherentes al trabajo asalariado generalizado y a la producción de mercancías amenazan con desintegrar todos los vínculos sociales de la humanidad e incluso destruir las bases mismas de la vida humana. La humanidad vivirá en armonía consigo misma y con la naturaleza o no sobrevivirá. La afirmación de Marx en La Ideología alemana, libro redactado durante la juventud del capitalismo, se ha vuelto mucho más urgente e inevitable a medida que el capitalismo se ha ido hundiendo en su declive.

"Hemos llegado hoy al punto en que los individuos están obligados a apropiarse la totalidad de las fuerzas productivas existentes, no sólo para alcanzar la expresión de sí mismos sino, ante todo, para asegurar su existencia" ([6]).

El comunismo resuelve así el enigma de la historia: cómo asegurar las necesidades vitales para disfrutar plenamente de la vida. Y contrariamente a la ideología capitalista, los comunistas no consideran el comunismo como un punto final y estático. En Manuscritos económicos y filosóficos, de 1844, es cierto que Marx presenta le comunismo como "la solución al enigma de la historia", pero también lo considera como el punto de partida desde el que pueda iniciarse la verdadera historia del hombre.

"El comunismo es la posición como negación de la negación, y por eso el momento real necesario, en la evolución histórica inmediata, de la emancipación y recuperación humana. El comunismo es la forma necesaria y el principio dinámico del próximo futuro, pero el comunismo en sí no es la finalidad del desarrollo humano, la forma de la sociedad humana" ([7]).

El enfoque del futuro

De modo muy característico, el resumen que hace Marx de cómo considera la necesidad de observar el pasado acaba volteándose hacia un porvenir muy lejano. Y eso forma también parte de su método, que tanto escandalizaba a quienes piensan que plantear cuestiones a tal escala acaba necesariamente en "metafísica". Podría decirse, en realidad, que el futuro es siempre el punto de partida de Marx. Como lo explica en las Tesis sobre Feuerbach, el enfoque del nuevo materialismo, la base del conocimiento de la realidad por el movimiento proletario, no es la suma de los individuos que forman la sociedad burguesa, sino "la humanidad socializada" o el hombre tal como podría ser en una sociedad verdaderamente humana; en otras palabras, el conjunto del movimiento de la historia hasta hoy debe evaluarse a partir del comunismo del futuro. Es esencial tenerlo presente cuando se intenta analizar si una forma social es un factor de "progreso" o un sistema que hace retroceder a la humanidad. El enfoque que considera que todas las épocas de la humanidad hasta hoy pertenecen a su "prehistoria" no se basa en un ideal de perfección para el que la humanidad estaría inevitablemente programada, sino en la posibilidad material inherente a la naturaleza del hombre y a su interacción con la naturaleza - una posibilidad que puede fracasar precisamente porque esa realización depende en fin de cuentas de la acción humana consciente. Pero el hecho de que no haya garantía alguna de éxito del proyecto comunista no cambia el juicio que los revolucionarios, que "representan el futuro en el mundo del presente", deben hacer de la sociedad capitalista una vez que ésta hizo posible el salto hacia el reino de la libertad a escala mundial: el hecho de que esa sociedad se ha vuelto superflua, caduca y decadente como sistema de reproducción social.

Gerrard

[1]) Por ejemplo en http://libcom.org/forums/thought/general-discussion-decadence-theory-17092007

[2]) "Respuesta a Mijailovki", p. 1555, Oeuvres II, Editions La Pléiade. (traducido del francés por nosotros

[3]) La Ideología alemana, traducido por nosotros.

[4]) Anti-Dühring, "Socialismo, II - Nociones teóricas", www.marxist.org.

[5])  Este texto es la trascripción de una conferencia sobre la Revolución rusa dada, en lengua alemana, por Trotski en Copenhague en 1932, a invitación de una asociación de estudiantes socialdemócratas daneses. Hemos traducido este extracto de la versión francesa (http://marxists.org/francais/trotsky/oeuvres/1932/11/321125.htm). "Trotski tomó la palabra en alemán en el estadio de Copenhague ante 2500 personas. Tras la ponencia sobre la revolución de Octubre, sus causas y su significado, terminó por una exaltación del socialismo que significa "el salto del reino de la necesidad al reino  de la libertad", en el sentido de que el hombre, desgarrado por sus propias contradicciones, podría abrirse el camino de una existencia más feliz". El gobierno danés había prohibido la radiodifusión de la conferencia, alegando objeciones del rey y de la Corte..." (del apéndice escrito por Alfred Rosmer a Mi vida de Trostki).

[6]) La Ideología alemana, "B - La base real de la ideología".

[7]) Manuscritos económicos y filosóficos. Tercer manuscrito, "Propiedad privada y comunismo", [http://www.ucm.es/info/bas/es/marx-eng/44mp/].