Zimmerwald (1915-17): De la guerra a la revolución

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¿Quién se acuerda hoy de Zimmerwald, aldea suiza en la cual, en Septiembre de 1915 se reunió la Primera Conferencia Socialista Internacional desde que había comenzado la Primera Guerra Mundial? Y, sin embargo, ese nombre volvió a dar confianza a millones de obreros sometidos a los horrores de la guerra imperialista. Alistada en la guerra por los partidos obreros que ella había creado durante años y años de evolución pacífica del capitalismo, traicionada, obligada a matarse entre sí por los intereses de las potencias

¿Quién se acuerda hoy de Zimmerwald, aldea suiza en la cual, en Septiembre de 1915 se reunió la Primera Conferencia Socialista Internacional desde que había comenzado la Primera Guerra Mundial? Y, sin embargo, ese nombre volvió a dar confianza a millones de obreros sometidos a los horrores de la guerra imperialista. Alistada en la guerra por los partidos obreros que ella había creado durante años y años de evolución pacífica del capitalismo, traicionada, obligada a matarse entre sí por los intereses de las potencias imperialistas, la clase obrera internacional se había sumido en la crisis más profunda bajo los efectos del trauma más rudo y violento de su historia.

Zimmerwald fue la primera repuesta de amplitud internacional del proletariado ante la matanza de los campos de batalla, ante la inmunda carnicería en la que el capital la obligaba a participar. Fue el símbolo de la protesta de todos los explotados contra la barbarie guerrera. Fue la preparación de la respuesta revolucionaria del proletariado a la guerra en Rusia y Alemania. En Zimmerwald volvió a izarse la bandera del internacionalismo proletario que la unión sagrada había arrastrado por el lodo. Fue la primera etapa del agrupamiento de revolucionarios en el camino hacia la IIIº Internacional. Pro eso Zimmerwald forma parte de nuestra herencia y sigue siendo algo preñado de lecciones para el proletariado, lecciones que hay que recuperar para la revolución de mañana.

Las primeras reacciones

La Primera Guerra Mundial provocó la crisis más profunda del movimiento obrero. Esa crisis divide en dos a los Partidos Socialistas: una parte se pasa directamente a la burguesía adhiriéndose a la Unión Sagrada, la otra se niega a comprometerse en la guerra imperialista. La guerra plantea la cuestión de la explosión de esos Partidos y de una escisión. La formación de nuevos partidos revolucionarios y de una nueva Internacional que excluya a las fracciones pasadas al enemigo es algo que se plantea desde que la guerra estalla.

El 4 de Agosto de 1914, la votación de los créditos de guerra por los partidos socialistas alemán y francés, partidos determinantes en la lucha contra la guerra, fue el acta de defunción de la IIª Internacional. Las direcciones de esos partidos así como las de otros, como el belga o el británico, tuvieron la responsabilidad directa del alistamiento de los proletarios tras los estandartes del capital nacional. En nombre de la "defensa de la patria" y de "la unión sagrada contra el enemigo" arrastraron a millones de obreros a la primera gran carnicería mundial. Las resoluciones contra la guerra de los anteriores Congresos de la Internacional, en Stuttgart y Basilea, fueron pisoteadas y la bandera de la Internacional manchada con la sangre de los obreros enviados al frente. En la putrefacta boca de los social-patriotas, la consigna "proletarios de todos los países, uníos" se convirtió en "¡proletarios de todos los países, mataros los unos a los otros!"

Nunca antes la infamia de la traición había aparecido con tanto impudor. De la noche a la mañana, Vandervelde, presidente de la Internacional Socialista, se convertía en ministro del gabinete belga. Jules Guesde, en Francia, dirigente del partido socialista, se convertía en ministro. La dirección del Partido Socialista británico (BSP) llegó incluso a organizar por cuenta del gobierno la campaña de alistamiento militar.

La traición de los dirigentes de esos partidos no fue consecuencia de una traición de la Internacional, Sí esta se quebró fue a causa de su dislocación en partidos nacionales autónomos que apoyaron a sus burguesías respectivas en lugar de aplicar las decisiones de los congresos contra la guerra. Al dejar de ser un instrumento en manos de todo el proletariado internacional no era más que un cadáver. Su quiebra fue el remate de todo un proceso en el que el reformismo y el oportunismo acabaron por triunfar en los partidos más importantes. La traición de los dirigentes fue el remate de una larga evolución que no habían podido impedir las tendencias de Izquierda de la Internacional.

Fue la resistencia, limitada en un principio de algunos partidos, pero también dentro de los grandes partidos cuyas direcciones se habían vuelto social-patriotas, contra la Unión Sagrada, lo que había de plantear en los hechos la cuestión de la escisión. Algunos partidos fueron capaces de ir contra la corriente de histeria nacionalista, separándose con claridad de la corriente chovinista. El partido socialista serbio, desde el principio de la guerra, se declaró contra los créditos militares, rechazando de plano las ideas de la posibilidad de una guerra "nacional defensiva" para las pequeñas naciones. Como uno de sus dirigentes afirmaba: "Para nosotros... el hecho decisivo fue que la guerra entre Servia y Austria no era más que una pequeña parte de un todo, ni más ni menos que el prólogo de la guerra europea universal, y esta no podía tener otro carácter que claramente imperialista, y de ese estábamos profundamente convencidos"

Igual de significativa fue la actitud del SDKPIL de Rosa Luxemburgo, que llamó a la huelga en cuanto estalló la guerra, rechazando la idea de posibles guerras nacionales ó de "liberación nacional".

Pero el ejemplo más conocido de intransigencia internacionalista es el del partido bolchevique, cuyos diputados en la Duma, junto con los diputados mencheviques, votan en contra de los créditos de guerra, siendo deportados inmediatamente a Siberia. Desde el principio, se ponen de hecho en cabeza de la oposición más resuelta a la guerra, pues son casi los únicos que proclaman, en plena desmoralización de todas las fracciones revolucionarias, la necesidad de "transformar a guerra imperialista en guerra civil" como única consigna proletaria justa.

Es la única oposición de izquierdas que desde el principio muestra la perspectiva de la revolución y, para que sea posible, la necesidad de un agrupamiento de todos los internacionalistas en una nueva Internacional: La 2ª Internacionalistas ha muerto vencida por el oportunismo... A la 3ª. Internacional le incumbe organizar las fuerzas del proletariado para el asalto revolucionario de los Gobiernos capitalistas, para la guerra civil contra la burguesía de todos los países, por el poder político, por la victoria del socialismo" (Lenin, 1º de Noviembre de 1914).

Sin embargo, ningún partido, ni siquiera el bolchevique, pudo librarse de la crisis profunda del movimiento obrero que el trauma de la guerra había creado. En París, por ejemplo, una minoría de la sección bolchevique se alistó en el ejército francés.

Menos conocidas que los bolcheviques, otras organizaciones revolucionarias intentaron, a costa de una crisis más o menos grande, ir contra la corriente, consiguiendo mantener una actitud internacionalista. En Alemania:

  • el grupo "Die Internationale", formado de hecho en 1914, en torno a Rosa Luxemburgo y Liebknecht.
  • los "Litchtstrahlen", ó socialistas internacionalistas, de Borchardt, ya constituidos desde 1913.
  • la izquierda de Bremen (Bremenlinke) de Johan Knief, influenciada por Pannekoek y los bolcheviques.

La existencia de esos tres grupos muestra que la resistencia a la traición fue desde el principio muy fuerte en Alemania en el seno del mismo partido socialdemócrata. Fuera de Alemania y Rusia y de Servia y Polonia, hay que mencionar la importancia que tendrían en el futuro:

  • el grupo de Trotsky, concentrado primero en torno a la revista de Martov, "Golos", con su propia revista después, "Nache Slovo" en la emigración rusa en Francia, influenciada en un sentido revolucionario de parte del sindicalismo revolucionario francés (Monate y Rosmer) y la socialdemocracia rumana de Racovski.
  • El Partido Tribunista de Gorter y Pannekoek en Holanda, el cual desde el principio se adhiere a las tesis de los bolcheviques, llevando a cabo una vigorosa campaña contra la guerra y por una nueva Internacional.

Además de los social-patriotas y de los revolucionarios, se fue desarrollando una tercera corriente, producto también de la crisis de todo el movimiento socialista. Esta corriente, a la que se puede denominar de centrista, se expresa en toda una serie de actitudes de balanceo y vacilación; hoy radical de discurso, mañana oportunista, mantenedora de la ilusión de una unidad del partido que la lleva a intentar reanudar lazos con los traidores social-chovinistas. Los mencheviques, el grupo de Martov en París, conocerán esas vacilaciones, oscilando entre llamamientos a la revolución y posiciones pacifistas. Significativa es la política del Partido Socialista Italiano, intentado reanudar los lazos internacionales rotos por la guerra y votando en Mayo de 1915 contra los créditos de guerra. Y sin embargo se proclama "neutral" en la guerra con su consigna de "ni adhesión ni sabotaje". En Alemania, los mejores revolucionarios como Liebknecht, justifican todavía su ruptura con la Unión Sagrada ("Burgfriede") con consignas pacifistas: "por una paz rápida, que no sea humillante para nadie, una paz sin conquistas"

Será progresivamente y con gran trabajo como se desarrollará el movimiento revolucionario, recorrido también por dudas y vacilaciones, pues se encontraba confrontado a un Centro ("los indefinidos") que estaban todavía en el terreno del proletariado. La lucha contra a guerra iba a iniciarse con esos grupos que venían de ese centro y mediante la confrontación con éstos. El agrupamiento internacional de los revolucionarios que habían roto con el socialpatriotismo para formar una nueva internacional exigía la confrontación con los vacilantes y los centristas.

Esa fue la razón profunda de las conferencias de Zimmerwald y de Kienthal: primero volver a izar la bandera de la Internacional por el rechazo de la guerra imperialista y preparar las condiciones subjetivas, mediante la inevitable escisión en los partidos socialistas, de la revolución, lo único que podía acabar con la guerra.

La Conferencia Internacional de Zimmerwald

En medio del fragor de la guerra imperialista, que arrastraba a la muerte a millones de obreros, frente a la miseria espantosa que imperaba en una clase obrera sobreexplotada y poco a poco reducida al hambre, la Conferencia de Zimmerwald es el grito de convocatoria de los explotados víctimas de la barbarie capitalista. Al ser faro del internacionalismo, por encima de fronteras, de frentes militares, Zimmerwald es símbolo del despertar del proletariado internacional, traumatizado hasta entonces por la guerra; es estímulo de la conciencia del proletariado, el cual, una vez disipados los gases mortíferos del chovinismo, irá pasando poco a poco de la voluntad de paz a la toma de conciencia de su meta revolucionaria. A pesar de todas las confusiones en su seno, el Movimiento de Zimmerwald va a ser una etapa decisiva en el camino que lleva a la revolución rusa y a la fundación de la 1ª 3ª. Internacional.

En su origen, la idea de reanudar relaciones internacionales entre partidos de la 2ª. Internacional que rechazaban la guerra, había surgido en los partidos de los países "neutrales". Ya el 2 de Septiembre de 1914 se había desarrollado en Lugano (Suiza), una conferencia entre los partidos socialistas suizo e italiano, con el propósito de "combatir por todos los medios de extensión de la guerra a otros países". Otra conferencia de partidos "neutrales" tuvo lugar en Copenhague el 17 y 18 de Enero de 1915, con delegados de los partidos escandinavos y de la socialdemocracia holandesa (la misma que había excluido en 1909 a los revolucionarios tribunistas). Ambas conferencias, que no encontraron el mínimo eco en el movimiento obrero, se proponían reafirmar "los principios de la Internacional", una Internacional definitivamente muerta. Pero, mientras que los escandinavos y los holandeses, dominados por el reformismo, hacían un llamamiento al Buró Socialista Internacional, para que éste organizase una conferencia por la "paz" entre partidos social-chovinistas, los partidos italiano y suizo, en cambio, se comprometían, aunque tímidamente hacia la ruptura. Por eso, en Enero de 1915, el partido socialista suizo decidía dejar de pagar cuotas a la difunta 2ª. Internacional. Ruptura muy tímida, ya que en Mayo del mismo año, la conferencia de esos dos partidos, en Zurich, pedía en una resolución "que se olvidaran las debilidades y los errores de los partidos hermanos de otros países"; y eso por no hablar de las consignas de "desarme general" en plena carnicería guerrera ó de "ninguna anexión violenta (sic)" en plena guerra de latrocinio mutuo.

En realidad, será el renacer de la lucha de clases en los países beligerantes y el despertar de las minorías hostiles a la guerra en los partidos sociapatriotas, lo que impulsará el movimiento hacia Zimmerwald. En Gran Bretaña, en Febrero de 1915, comienzan las primeras grandes huelgas de la guerra. Al mismo tiempo estallan en Alemania los primeros motines contra el hambre, organizados por mujeres obreras que protestan contra el racionamiento. Las posturas contra la guerra se vuelven cada vez más determinadas. El 20 de Marzo de 1915, Otto Ruhle-futuro teórico del consejismo y diputado del Reichstag -que hasta entonces había votado por los créditos de guerra "por disciplina", vota ahora en contra junto con Liebknecht, a la vez que 30 diputados abandonan la sala del Parlamento. Más significativo es el desarrollo de las fuerzas revolucionarias. Junto a los "socialistas internacionales" que publican "Lichtstrahlen" (Rayos de luz) y cercanos a los bolcheviques y los "radicales", Spartacus, el grupo de Rosa Luxemburgo difunde cientos de miles de octavillas contra la guerra y publica la revista "Die Internationale". Es una actividad revolucionaria así lo que podría poner realmente las bases de un agrupamiento internacional.

Incluso en Francia, en dónde el chovinismo era particularmente fuerte, las reacciones contra la guerra comienzan a emerger. Es significativo que esas reacciones se debieran, a diferencia de Alemania, a la labor de los sindicalistas-revolucionarios, en torno a Monate, influenciado éste por Trotski y su grupo. En las federaciones del Isére, Ródano, entre los metalúrgicos y los maestros, estaba afirmándose una mayoría en contra de la Unión Sagrada. En el partido socialista mismo, fracciones significativas como la de la Haute-Vienne, seguían ese camino. Esas eran las premisas de Zimmerwald. Una escisión de hecho se estaba realizando progresivamente sobre la cuestión de la guerra y, como consecuencia de ello, sobre el apoyo a las luchas que inevitablemente iban a ser las premisas de la revolución. La cuestión de la ruptura con el social-chovinismo se estaba planteando. Las dos conferencias internacionales que hubo en Berna en la primavera de 1915 lo plantearon. La primavera, de mujeres socialistas, el 25-27 de Marzo, aunque declarara "la guerra a la guerra", lo planteó negativamente: la conferencia se negó a condenar a los socialpatriotas y a encarar la necesidad de una nueva Internacional. Por eso, la delegación bolchevique se negó a avalar esas ambigüedades y abandonó la Conferencia. La segunda, la de las Juventudes Socialistas Internacionales, lo planteó positivamente: Decidió fundar un buró Internacional de las Juventudes autónomas y publicar una revista "Jugend Internacionales", de combate contra la 2ª. Internacional. En un manifiesto sin ambigüedades, los delegados afirmaron su apoyo a "todas las acciones revolucionarias y a las luchas de la clase". "Es cien veces mejor morir en las cárceles como víctimas de la lucha revolucionaria que caer en el campo de batalla luchando contra nuestros camaradas de otros países, por las ansias de ganancia de nuestros enemigos".

Por iniciativa del comité director del partido italiano y de los socialistas suizos como Grimm y Platten, fue convocada para Septiembre de 1915 la primera conferencia socialista internacional. Sorteando y encarando a la policía, las calumnias de los socialpatriotas y la histeria nacionalista, treinta y ocho delegados procedentes de doce países se encontraron en la aldea de Zimmerwald, en las cercanías de Berna. El lugar de la Conferencia se había guardado en secreto para librarse de los espías de las diferentes potencias imperialistas. Es significativo que las delegaciones más numerosas fueran las de los emigrados de Rusia, bolcheviques, mencheviques y socialistas-revolucionarios, y de Alemania, los dos países claves de la revolución mundial.

La conferencia cobró una importancia histórica decisiva para la evolución de la lucha de clases y la formación de una izquierda comunista internacional.

En efecto de la conferencia salió una "Declaración común de socialistas y sindicalistas franco-alemanes", firmada por los sindicalistas franceses Merrheim y Bourderon y los diputados alemanes Lebedour y Noffman. Al llamar al "cese de la matanza", al afirmar que "esta guerra no es la nuestra", la declaración tuvo un efecto impresionante tanto en Alemania como en Francia. Iba mucho más allá que las intenciones de los firmantes, quienes no tenían mucho de revolucionarios sino que eran más bien elementos pusilánimes del centro, como Ledebaur, quien a pesar de los firmes llamamientos de Lenin, se negaba a votar en contra de los créditos de guerra, optando por "abstenerse". Pero, al proceder de socialistas de países beligerantes, la declaración apareció como una incitación a la fraternización entre los soldados de ambos lados.

Y, por fin, el Manifiesto redactado por Trotsky y Grimm, dirigido a los proletarios de Europa, por haber sido adoptado por socialistas de 12 países, iba a tener un impacto considerable entre los obreros y los soldados. Traducido y difundido en varias lenguas, en folletos clandestinos, el Manifiesto apareció como la protesta y oposición enérgica de los internacionalistas contra la barbarie: "Europa se ha convertido en inmenso matadero de hombres. Toda la civilización, fruto del trabajo de generaciones, se ha hundido. La barbarie más bestial planta su pie triunfante sobre todo lo que era orgullo de la humanidad". Denunciaba a los representantes de los partidos que "se han puesto al servicio de sus gobiernos, intentando, mediante su prensa y sus emisarios, ganarse el apoyo de los países neutrales a la política de sus gobernantes", y al Buró socialista internacional el cual "ha incumplido totalmente sus tareas". Por encima de las fronteras, por encima de los campos de batalla, por encima de los campos y las ciudades devastadas, ¡proletarios de todos los países, uníos!"