Medio político proletario - Aprender de las experiencias negativas

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Medio político proletario

Aprender de las experiencias negativas

¿Qué método, qué objetivos deben guiar hoy el trabajo de los revolucionarios que permitan el acercamiento de las organizaciones comunistas? El proletariado internacional ha vuelto a tomar el camino de la combatividad. Este hecho, constatado, agudiza la cuestión de la necesaria mayor unidad dentro del medio revolucionario. Es importante pues, que las organizaciones del proletariado hagan balance de lo realizado los últimos años en esa dirección y saquen lecciones que puedan utilizarse en el futuro. El objetivo de este artículo es contribuir a ese esfuerzo y va dirigido más concretamente a criticar la experiencia BIPR (Buró internacional por el partido revolucionario). No nos anima a esto otra cosa que la confrontación sincera y fraternal entre revolucionarios. No es un duelo con «la competencia». El objetivo no es criticar los hábitos o maneras de hacer del BIPR en sí mismo, sino ilustrar, a través de las dificultades de esta organización, los errores que no deben volverse a cometer.

Desde hace unos dos años ha  comenzado a agitarse en el seno del medio político proletario, aunque ciertamente de forma esporádica y vacilante, la conciencia de que los revolucionarios deben trabajar unidos si es que quieren estar a la altura de sus responsabilidades.

El Llamamiento de la CCI

En 1991, el IXº Congreso de la CCI publica un «Llamamiento al Medio Político Proletario». Llamábamos al combate contra el sectarismo que pesa sobre este medio y animábamos a que este combate se comprendiese como una cuestión vital para la clase obrera.

El mismo era reflejo de las primeras agitaciones, de un cambio de ambiente, que se estaba desarrollando en el medio proletario.

«En lugar del total aislamiento sectario vemos hoy, en los diferentes grupos, una mayor disposición a sacar a la luz sus críticas recíprocas, tanto en sus publicaciones como en las reuniones públicas. Además existe un llamamiento explícito de los camaradas de Battaglia Comunista a superar la actual dispersión, llamamiento con el que compartimos gran parte de sus argumentos y objetivos. Existe además una presión contra el aislamiento sectario que viene de una nueva generación de elementos –y esto debe animarnos al máximo– que la sacudida de los últimos dos años ha empujado hacia las posiciones de la Izquierda comunista y que se quedan estupefactos ante la extrema dispersión del medio y cuyas razones políticas no alcanzan a comprender». (...)

«Hoy, que el capitalismo en descomposición quiere hipotecar la unidad de la clase obrera metiéndola en el sinfín de enfrentamientos fratricidas que recorren el planeta desde los desiertos del Golfo Pérsico hasta las fronteras de Yugoslavia, la defensa de esa unidad es algo de vida o muerte para nuestra clase. Pero ¿Qué esperanza puede tener el proletariado en conservar esa unidad si su vanguardia consciente renuncia al combate por su propia unificación? Que no se nos venga diciendo que lo que queremos es «escamotear las divergencias de manera oportunista» o que hacemos un llamamiento a «una unidad incondicional en detrimento de los principios». Recordemos que fue justamente la participación en las discusiones de Zimmerwald lo que permitió a los bolcheviques reunir la Izquierda de Zimmerwald embrión de la futura Internacional comunista y de la separación definitiva con los social-demócratas».

El llamamiento continúa:

«No se trata de esconder las divergencias para lograr un “matrimonio de conveniencia” entre grupos, sino de comenzar a exponer y discutir abiertamente las divergencias que originaron la existencia de grupos diferentes. El punto de partida está en sistematizar la crítica recíproca de posiciones a través de la prensa. Eso puede parecer una banalidad pero aún hay grupos que dan la impresión de estar solos en el mundo cuando se lee su prensa. Otro paso que se puede dar inmediatamente es sistematizar la presencia y la intervención en las reuniones públicas de otros grupos.

Más importante es pasar a la confrontación en reuniones públicas convocadas conjuntamente por varios grupos ante acontecimientos de particular importancia como la Guerra del Golfo».

Pequeños pasos

Nuestro Llamamiento no ha tenido ninguna respuesta explícitamente favorable de parte de otras organizaciones proletarias. Sin embargo algunos pasos sí se han avanzado aquí y allá:
– El grupo bordiguista que publica Il Comunista y Le Prolétaire ha publicado sus polémicas con otras organizaciones bordiguistas y con Battaglia comunista (BC).
– La Comunist Workers Organisation (CWO) de Gran Bretaña ha abierto su prensa a otros grupos, ha participado con otros grupos en un círculo de discusión al Norte de Inglaterra y ha tomado la iniciativa, poco frecuente, de invitar a la CCI a una reunión de lectores en Londres.
– Durante los dos últimos años el Buró Internacional por el Partido Revolucio­nario (BIPR) formado por BC y CWO en 1984 ha acogido las publicaciones de la CCI en los puestos de venta que ellos colocan en la fiesta anual del grupo Lutte ouvrière en Paris[1].
– Battaglia publica BC Inform, una publicación restringida destinada a los grupos proletarios con información de todo el mundo.
– Algunos grupos proletarios (entre ellos BC, Programma y la CCI) han participado juntos en Milan en un acto de denuncia con ocasión de la visita de Ligachov (ex-miembro del Politburó de la URSS) a esa ciudad, invitado por los estalinistas. Aunque habría que criticar duramente esta acción no por eso deja de ser expresión de una cierta voluntad por romper el aislamiento.

Una voluntad que se concretó poco después en la participación de estos mismos grupos en una jornada de exposición de la prensa internacionalista y de debates.

Estas iniciativas son sin ninguna duda pasos en la dirección correcta. Pero ¿Son suficientes para decir que el Medio Político Proletario está en vías de darse los medios y de asumir las responsabilidades que la gravedad de la situación les exige? Pensamos que no.

En realidad, si bien saludamos la reciente «apertura» de los grupos proletarios constatamos que se trata más de una respuesta empírica, de un reflejo sano ante la nueva situación mundial que de un reexamen basado en un análisis profundo de las exigencias del período.

La necesidad de un método

El reagrupamiento de los revolucionarios no puede dejarse en manos del azar. Es necesario un método consistente que combine la apertura al debate con la defensa rigurosa de los principios. Tal método debe evitar dos peligros:
– Uno caer en lo que sería «debatir por debatir» o sea, diatribas académicas en las que cada cual suelta lo que le parece sin preocuparle si se crea o no una dinámica hacia el trabajo común.
– Otro, pensar que sería posible emprender ese «trabajo común» a partir de una base simplemente «técnica» sin clarificación previa sobre los principios, claridad a la que por otra parte no se puede llegar sin un debate franco.

Una falta de método puede excusarse en grupos jóvenes a quienes les falta experiencia en el trabajo revolucionario, lo que no es el caso en organizaciones que se reivindican herederas de la Izquierda italiana y de la Internacional comunista. Fijándose bien en la historia del BIPR se constata que: primero, no hay un sólido método para el reagrupamiento de los revolucionarios y segundo, que esa falta de método ha esterilizado los esfuerzos que se han hecho.

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Desde luego que no criticamos al BIPR por el gusto de hacerlo. Tenemos y hemos tenido nuestras propias dificultades, sobre todo a lo largo de los años ochenta. Somos conscientes de la terrible fragilidad del medio revolucionario hoy, y más si se compara esta debilidad con la enorme responsabilidad a la que está hoy confrontada la clase obrera y sus organizaciones políticas. Si volvemos una y otra vez a revisar los defectos pasados y presentes del movimiento, lo hacemos para corregirlos, preparándonos así, mejor, para enfrentar el futuro. Los revolucionarios no estudian la historia de su clase buscando «recetas» o «fórmulas mágicas» sino para sacar el mayor provecho de las experiencias históricas y utilizarlas en la superación de los problemas a los que se enfrentan actualmente. Cierto es que a veces se olvidan de que ellos mismos forman parte de esa historia. Battaglia comunista por ejemplo existe desde 1952 y la CCI es ya la organización política proletaria que se ha mantenido más años como un cuerpo internacionalmente organizado y centralizado en toda la historia de la clase obrera. Las Conferencias internacionales de los años setenta son tan parte de la historia del proletariado como las de Zimmerwald o de Kienthal. La historia del medio proletario, desde estas conferencias no es un asunto de interés «arqueológico» como afirma BC (Workers Voice nº 62). Este periodo constituye en realidad un terreno donde se experimentaron prácticamente las diferentes concepciones de la intervención y el reagrupamiento manifestadas a lo largo de esas Conferencias.

El proletariado tiene una tarea histórica que cumplir: tras destruir el capitalismo, construir la sociedad comunista. Para llevarla a cabo no dispone de otras armas que su conciencia y su unidad. De esto se deriva que los revolucionarios en esto tienen una doble responsabilidad: intervenir en la clase obrera para defender el programa comunista y trabajar por el reagrupamiento de los revolucionarios, expresión de la unidad de su clase.

La CCI no tiene ninguna duda sobre el objetivo de tal reagrupamiento: la formación del partido mundial comunista, de la última Internacional, sin la cual la victoria de una Revolución comunista es imposible.

El trabajo por el reagrupamiento tiene varias facetas ligadas entre sí, aunque distintas:
– La integración de individuos militantes en el seno de las organizaciones comunistas. Para éstas la actividad colectiva y organizada de los militantes sobre la base de una implicación común en la causa comunista es el principio básico de la actividad proletaria.
– Las organizaciones que están en los países centrales del capitalismo, donde la experiencia histórica del proletariado es más importante, tienen un particular responsabilidad para con aquellos grupos que surjan en la periferia en condiciones de mayor precariedad y aislamiento político. Estos grupos no podrán sobrevivir ni contribuir a la unificación mundial de la clase obrera si no se supera su aislamiento y se integran en un movimiento más amplio.
– En fin, todas las organizaciones comunistas, sobre todo aquellas que históricamente están emparentadas con las organizaciones obreras del pasado, tienen la responsabilidad de mostrarle a su clase que existe una frontera fundamental, una frontera de clase entre, por un lado, los grupos y organizaciones que defienden con firmeza los principios internacionalistas y por otro los partidos «socialistas» o «comunistas» cuya función exclusiva es reforzar el dominio de la burguesía sobre sus explotados. En otros términos, los comunistas deben definir y defender con claridad al medio político proletario.

Si queremos que los tímidos esfuerzos hechos hasta hoy sirvan para algo habrá que abandonar la falta de método, las actitudes oportunistas y el sectarismo, de las cuales, el BIPR ha dado muestras desde su fundación en 1984.

Las Conferencias internacionales de la Izquierda comunista

En este artículo no podemos detallar la historia de las Conferencias internacio­nales[2], pero sí que vamos a recuperar algunos elementos de ellas.

La 1ª Conferencia convocada por BC[3] fue en Milán (Mayo 1977). La 2ª lo fue en París (Noviembre 1978) y la 3ª también en París (Mayo 1980). Además de BC, CWO y la CCI participaron otros grupos que se situaban, también, en el campo de la Izquierda comunista[4].

Los criterios para participar en las Conferencias ya definidos y precisados en las dos primeras fueron los siguientes:
«– El reconocimiento de la Revolución de Octubre como revolución proletaria.
– El reconocimiento de la ruptura con la Social-democracia efectuada por el 1º y 2º Congresos de la Internacional comunista.
– El rechazo, sin reservas, del capitalismo de Estado y de la autogestión.
– El rechazo  de todos los partidos «comunistas» y «socialistas» en tanto que partidos burgueses.
– La orientación hacia una organización de revolucionarios que se refiera a la doctrina y la metodología marxistas como ciencias del proletariado.
– El rechazo a encuadrar a proletariado tras las banderas de la burguesía (en cualquiera de sus formas o maneras)»[5].

La CCI apoyaba, de las conferencias, la idea expuesta por BC en su carta de convocatoria:

«En una situación como la que vivimos, en la cual la dinámica de las cosas va más rápida que la del mundo de los hombres, la tarea de las fuerzas revolucionarias es, intervenir en los acontecimientos recuperando la voluntad de acción desde el terreno mismo y poniéndola en el que está preparado hoy para acogerla. Pero la Izquierda comunista fracasaría en su tarea si no se dotase de las armas más eficaces tanto teóricas como prácticas, es decir:

a) Ante todo salir de la situación de inferioridad e impotencia al que le han llevado el provincianismo de las querellas culturales preñadas de diletantismo y la estupidez incoherente que han ocupado el sitio de la modestia revolucionaria y sobre todo la degradación del concepto de militantismo, entendido como sacrificio desinteresado.

b) Establecer la base programática históricamente válida que para nuestro partido en la experiencia teórico práctica que se engendró en la Revolución de Octubre y a nivel internacional la aceptación crítica de las tesis del 2º Congreso de la IC.

c) Reconocer que no se llegará ni a una política de clase ni a la creación del partido mundial de la revolución, ni mucho menos a una estrategia revolucionaria si no se decide hacer funcionar desde el presente un Centro Internacional de enlace e información que sea una anticipación y una síntesis de lo que será la futura Internacional, como Zimmerwald o más aun Kienthal fueron el esbozo de la 3ª Internacional»[6].

«La Conferencia deberá orientar también cómo y cuándo abrir un debate sobre cuestiones como son el Sindicato, el Partido y tantas otras que dividen hoy la Izquierda comunista Internacional. Esto, si queremos que esto se concluya positivamente y sea un primer paso hacia objetivos más amplios y hacia la formación de un frente internacional de grupos de la Izquierda comunista lo más homogéneo posible y salir por fin de la torre de Babel ideológica, política y de un ulterior desmembramiento de los grupos existentes»[7].

BC daba a la Conferencia objetivos que iban aun más lejos: «... tenemos en cuenta que la gravedad de la situación general... exige tomas de posición precisas, responsables y sobre todo de acuerdo con una visión unitaria de las diferentes corrientes en el seno de las cuales se manifiesta internacionalmente la Izquierda comunista...».

Con todo eso BC, a lo largo de las Conferencias dio serias muestras de su incoherencia. Lejos de defender la necesidad de «Tomas de posición precisas, responsables», BC rechazó sistemáticamente cualquier toma de posición común: «Nos oponemos por principio a declaraciones comunes si no hay acuerdo político» (intervención de BC en la 2ª Conferencia)[8]; «No es el mayor o menor número de grupos firmantes de la resolución (sobre la Situación internacional propuesta por la CCI) lo que dará a ésta mayor o menor peso en la clase». (Intervención de BC en la 3ª Conferencia). Vale la pena recordar que la 3ª Conferencia fue poco después de la invasión de Afganistán por la URSS y que todos los grupos participantes estuvieron de acuerdo sobre la naturaleza imperialista de este país, sobre la inevitabilidad de la guerra bajo el capitalismo y sobre la responsabilidad del proletariado, al ser él la única fuerza capaz de hacer retroceder la marcha hacia la guerra. Todos estos elementos de acuerdo fueron suficientes para marcar claramente la línea divisoria entre la Izquierda comunista y quienes pedían a los obreros apoyo para uno de los dos campos enfrentados en Afganistán (el Bloque imperialista americano o la URSS): los trotskistas, los estalinistas, diversos demócratas, «socialistas»[9].

Tras el fracaso de las Conferencias BC escribía en 1983: «Las Conferencias han cumplido su tarea esencial, crear un clima de confrontación y debate a nivel internacional en el seno del campo proletario (...) nosotros las consideramos un instrumento de clarificación y de selección política en el seno del campo proletario»[10].

Pero ¿Qué acabó siendo el «Centro internacional de enlace e información»? ¿Dónde está el «Frente internacional de los grupos de la Izquierda comunista»?

El Buró internacional para el partido revolucionario

Evidentemente todo el mundo puede cambiar de opinión, incluso una «fuerza con una seria dirección» como le gusta definirse a BC. Tras haber definido un «campo revolucionario» de grupos serios (de hecho reducido a ellos mismos) situado en el seno de un «campo proletario» (que entre ellos incluye a la CCI, ¡gracias!), BC y la CWO deciden convocar una 4ª Conferencia internacional y fundar el BIPR.

Durante una de sus intervenciones en la 3ª Conferencia CWO declara: « Queremos llegar a una 4ª Conferencia que sea un lugar de trabajo y no sólo de simple discusión... trabajar juntos es reconocer un terreno común. Por ejemplo, un trabajo común no puede emprenderse más que con grupos que reconocen la necesidad de crear grupos obreros de vanguardia organizados sobre una plataforma revolucionaria».

En Revolutionary Perspectives nº 18, CWO anunció también su intención de «desarrollar discusiones y un trabajo común con vistas a reagrupar CWO con el PCInt (BC). Esto no quiere decir que estemos cerca de concluir tal proceso, ni tampoco que se hayan aparcado u olvidado los problemas que ese proceso conlleva, al contrario; pero sí, que nuestra reciente cooperación en la 3ª Conferencia nos permite ser optimistas en cuanto que una conclusión positiva va a realizarse». Proclaman pues la necesidad de una 4ª Conferencia internacional que «no reproduzca las limitaciones de las precedentes sino que sea la verdadera base que haga posible un trabajo político común a escala internacional».

Poco después se constituyó el BIPR. Se celebró la 4ª Conferencia pero se saldó con un fiasco total[11]. Así las cosas la experiencia no ha vuelto a ser retomada. No obstante, el primer número de la revista del BIPR, Communist Review, constata que: «En las Conferencias los grupos y organizaciones pertenecientes al campo político proletario se encuentran, convergen y se confrontan». La plataforma del Buró debía significar «un momento en la trayectoria hacia la síntesis de las plataformas de los grupos a nivel nacional».

¿Cual es la nueva situación nueve años más tarde? Las Conferencias internacionales han quedado en papel mojado. No se han reagrupado BC y CWO. Es más, según se deduce de su prensa no ha habido ni siquiera discusión entre ellos para resolver sus divergencias sobre la cuestión sindical, por ejemplo, o la parlamentaria. Los camaradas franceses del BIPR que en 1984 tenían «la intención de poner los pilares de una reconstrucción del tejido organizativo del movimiento obrero sobre las posiciones orgánicas que colocó el BIPR» han desaparecido sin dejar rastro. El único grupo que se incorporó al BIPR, el Lal Pataka (India) anegado en un cúmulo de confusas diatribas anti-BIPR, también ha desaparecido.

En los trece años transcurridos desde la 3ª Conferencia, el medio proletario ha estado sometido a violentas pruebas: muchas de sus fuerzas militantes, de quienes la clase obrera tiene tanta necesidad se han evaporado. Basta con mirar en que han acabado muchos de los grupos participantes en las Conferencias (incluso los que sólo participaron epistolarmente): Forbundet Arbetarmakt (Suecia), Eveil internationaliste (Francia), Organisation communiste révolutionnaire internationaliste (Argelia) han desaparecido. El Groupe communiste internationaliste (GCI) se ha aproximado al izquierdismo con sus ambigüedades sobre el apoyo a Sendero luminoso. Los Nuclei comunisti internazionalisti (NCI), a través de diversas mutaciones, que le han llevado a construir la OCI, han caído en el campo de la burguesía durante la Guerra del Golfo apoyando a Irak. Fomento obrero revolucionario (FOR) completamente estancado.

La desaparición de algunos de estos grupos traduce, es cierto, la necesidad de una inevitable decantación y no vamos ahora a rehacer la historia con un «si...». No cabe duda que el fracaso de la Conferencias suscribe la desaparición de lo que tenía que haber sido un lugar donde la Izquierda comunista podía haber definido y afirmado su naturaleza revolucionaria frente a las múltiples variantes del izquierdismo.

Para aquellos nuevos grupos que buscan una coheren­cia ha supuesto la desaparición de una sólida referencia que hubiera sido muy útil en medio de la vorágine ideológica de la descomposición capitalista. Hoy los grupos que surjan sin poder identificarse con las posiciones políticas de las organizaciones de la Izquierda comunista, están condenadas al casi total aislamiento y a todo lo que esto comporta en términos de estancamiento político, de desmoralización y de herida abierta a la infección por la ideología burguesa.

El BIPR ha sido incapaz de construir una alternativa a las Conferencias. Todo ha quedado en proyectos. Y del reagrupamiento anunciado entre CWO y BC sigue sin verse nada.

El BIPR en India

Si se quiere entender por qué el BIPR no ha concluido bien ningún reagrupamiento sólido, conviene echar una ojeada al intento de integración del grupo indio Lal Pataka en el BIPR.

El BIPR se ha hecho siempre ilusiones sobre la posibilidad de reagruparse con organizaciones procedentes del campo enemigo, particularmente del izquierdismo.

Estas ilusiones están además ligadas a la actitud ambigua, de la que BC no ha sabido librarse, hacia los movimientos de masas que se desarrollan en terrenos no proletarios. Es tarea de los comunistas «ponerse a la cabeza de los movimientos de liberación nacional» y «trabajar en el sentido de meter la cuña de las posiciones de clase en el seno de ese movimiento y no juzgarlo desde el exterior».

Estas posiciones las han vuelto a retomar en sus tesis sobre Las tareas de los comunistas en la periferia del capitalismo. La conclusión que sacan es la siguiente: «en estos países (de la periferia) la dominación del capital no alcanza aun a toda la sociedad, el capital no ha sumido  al conjunto de la colectividad en las leyes de la ideología burguesa como lo ha hecho en los países centrales. En los países de la periferia la integración política e ideológica de los individuos en la sociedad capitalista no constituye un fenómeno de masas como en los países centrales porque el individuo explotado, golpeado por la miseria y la opresión no es aun el individuo ciudadano de las formaciones capitalistas originales. Esta diferencia con los países centrales hace posible la existencia de organizaciones comunistas de masas en la periferia (...). Estas «mejores condiciones implican la posibilidad de organizar a las masas de proletarios en torno al partido proletario»[12].

Nosotros hemos dicho siempre que es un error fatal creer que los comunistas pueden de una manera u otra «ponerse a la cabeza» de los movimientos de liberación nacional, de las luchas nacional-revolucionarias o de cualquiera de esas luchas entre «naciones», cualquiera que sea el nombre que se les dé. Tales luchas son de hecho un ataque directo contra la conciencia del proletariado, disuelven la única clase revolucionaria en una masa «popular», lo que es un peligro particularmente importante en los países periféricos donde el proletariado es superado en número, con creces por el campesinado y por las masas de pobres sin tierra, sin trabajo.

Lo sabemos no sólo en teoría, sino por la práctica. La más antigua sección de la CCI, la venezolana, se forma en frontal oposición a las ideologías guevaristas de «liberación nacional» de moda en los años sesenta en toda la izquierda. Más recientemente nuestra experiencia de la formación de una sección en México ha confirmado, si era todavía necesario, que una sólida presencia comunista no se puede establecer si no es sobre los cimientos de un enfrentamiento directo con toda variante del izquierdismo y de establecer una rigurosa frontera de clase entre el izquierdismo, incluso el más «radical» y las posiciones proletarias.

De la «4ª Conferencia internacional» celebrada con los defensores del PC iraní hasta la fraternal con el grupo «marxista-leninista» Revolutionnary Proletarian Platform (RPP) de India, el BIPR no ha conseguido nunca establecer esa clara separación. No tiene desde luego nada de sorprendente que sean los izquierdistas mismos más conscientes de las divisiones que les separan de los comunistas. Por ejemplo, el RPP escribía al BIPR: «... sobre la cuestión de la participación en los sindicatos reaccionarios y en los parlamentos burgueses nos es difícil estar de acuerdo con vosotros o con cualquier corriente que rechace totalmente tal participación. Aunque reconocemos que vuestra participación es más sana que la de la CCI (quien considera a los sindicatos parte del Estado burgués y que como tales deben ser destruidos), nos parece que en el fondo lo que hay es una crítica de la posición bolchevique-leninista desde un punto de vista de «extrema-izquierda» y que parte de las mismas premisas teóricas que la CCI y corrientes similares»[13].

Ha querido la ironía que parezca que la CWO haya llegado ahora a nuestra posición sobre la imposibilidad que los grupos (no es el caso de los individuos) puedan pasar del campo burgués al campo proletario: «La política de estos grupos (trotskistas) se sitúa sin ninguna duda en el ala izquierda del capital y es un error enorme imaginarse que tales organizaciones pueden acabar en el campo del comunismo internacional»[14].

Pero ni CWO, ni BC, ni el BIPR han sido capaces de comprenderlo en su actitud hacia los militantes del PC iraní en el exilio (SUCM) o hacia la organización maoísta india RPP (y es útil recordar aquí que el maoísmo no ha pertenecido jamás al campo proletario). Al contrario, tras la exclusión de la CCI de la 3ª Conferencia Internacional y al día siguiente del fiasco de la 4ª teniendo como «invitado» único al SUCM, el BIPR se regocijaba de haber tenido con el RPP indio «una batalla política contra los partidarios (de la CCI)»[15], y de aceptar que la sección bengalí del RPP y su periódico dirigiesen sus pasos hacia el «comunismo internacionalista».

En el nº 11 de Comunist Review una «Toma de posición sobre Lal Pataka» resalta que «algunos espíritus cínicos pueden pensar que hemos aceptado al camarada demasiado rápidamente en el BIPR». Nosotros no pertenecemos a esos «espíritus cínicos». El problema por lo tanto no está en la «precipitación» del BIPR en aceptar al Lal Pataka si no en la debilidad congénita del propio BIPR. ¿Cómo va a poder el BIPR ayudar a otros a superar las confusiones y romper con la ideología burguesa si él mismo mantiene ambigüedades acerca de cuestiones como el sindicalismo y se muestra incapaz de trazar una clara demarcación entre comunistas e izquierdistas?. Vista la incapacidad de BC y de CWO par conducir sus propias discusiones hasta el reagrupamiento ¿cómo va a poder el BIPR convertirse en un sólido punto de referencia para quienes quieren evolucionar hacia posiciones comunistas? Los devaneos oportunistas del BIPR con el izquierdismo se acompañan, lógicamente, de una actitud sectaria hacia grupos que no están dentro de su «esfera de influencia». Veamos: el nº 3 de la Communist Review, que trata ampliamente de los grupos en India, no menciona para nada al grupo que publica Communist Internationalist ni al que más tarde publicará Kamunist Kranti, a pesar de ser grupos conocidos, al menos por CWO. Hacia 1991, Lal Pataka desaparece de las páginas de Workers Voice y es reemplazado por Kamunist Kranti: «Esperamos que en futuro puedan establecerse entre el Buró Internacional y Kamunist Kranti relaciones fecundas». Dos años más tarde todo hace creer que las relaciones han sido estériles pues en el Nº 11 de la Communist Review leemos: «Es una tragedia que pese a la existencia de elementos prometedores no exista aun un núcleo sólido de comunistas en la India». No había más que «atisbos de conciencia en medio del desorden». Entre tanto el núcleo de Communist internationalist ha pasado a formar parte de la... CCI. El BIPR podía contribuir mejor al reforzamiento de los revolucionarios si empezase a reconocer la existencia de otros grupos del movimiento.

El BIPR en el ex-bloque del Este

Tras los fracasos con los iraníes del SUCM y los hindúes del RPP, era de esperar que el BIPR  hubiese aprendido algo a propósito de las fronteras que separan las organizaciones burguesas y la clase obrera. Pero el Informe de la intervención del BIPR con el grupo austríaco Internationalistische Kommunisten (GIK) en los países del Este nos hace dudar.

Desde luego saludamos el esfuerzo del BIPR por defender las posiciones comunistas en la tormenta del ex-Bloque del Este (¿no es la de allí una situación que exige un «Frente internacional de la Izquierda comunista» empleando los términos de BC?). Pero ¿cómo no turbarse al ver las ilusiones que parece tener BC de que surja alguna cosa positiva de entre los viejos PCs? Leemos: «Nuestros camaradas han decidido ir a ver los restos del Partido «comunista» checo. Era peligroso ir a los estalinistas y decirles todo el odio que sentimos por su régimen capitalista de Estado, explotador de nuestra clase; pero valía la pena si íbamos a encontrarnos algún resto de posiciones de clase entre sus bases y desorientado y agonizante el Partido». Y hablando de otra reunión dicen: «las discusiones no han faltado (incluso hemos intercambiado ideas con representantes extranjeros de la IVª Internacional)»[16].

¿Cómo se puede tener un «intercambio de ideas» entre quienes se proponen resucitar el cuerpo podrido del estalinismo y la Izquierda comunista que quiere enterrarlo para siempre?. El informe del GIK en Workers Voice nº 55 se hace eco de la idea de que puede existir un mejunje de marxismo proletario y de ideología burguesa en el Este: «Existe un gran conocimiento de las ideas marxistas entre la población y ciertos elementos del análisis materialista no les son extraños a pesar de estar afectados por distorsiones burguesas y los mezclan con contenidos burgueses».

¿Pero desde el punto de vista de la conciencia de la clase obrera qué sentido tiene elegir entre un trabajador de Europa del Oeste que no ha oído nunca hablar del «internacionalismo proletario», y un trabajador del Este para quien este termino significa invasión de Checoslovaquia o Afganistán por parte de Rusia? Lo peor, es que el GIK prefiere la pesca entre las turbias aguas de los estalinistas reconvertidos que la intervención en el seno de la clase obrera:

«Más importante que nuestra intervención en la calle es nuestra intervención en el seno del nuevo KPD (Kommunistiche Partei Deutschlands) que se reformó en Enero de 1990. No hay una verdadera homogeneidad en su seno y el común denominador de todos sus fundadores es la voluntad de mantener los “ideales comunistas” (...) Muchos, en el seno del KPD (...) defienden a la RDA caracterizada como “un sistema socialista con errores”. Otros están divididos entre el estalinismo puro y otros apoyan las oposiciones antiestalinistas de izquierda (trotskistas y Izquierda comunista)»[17].

Una vez más, la distinción entre trotskismo e Izquierda comunista se escamotea, como si las dos pudieran pertenecer a una especia de frente común «antiestalinista». No será con este tipo de intervención con lo que se podrá contribuir a una ruptura neta y clara con el estalinismo y sus defensores trotskistas.

¿Un nuevo comienzo... o un poco más de lo mismo?

Que nosotros sepamos, en sus nueve años de existencia, el BIPR no ha conseguido realmente extender su presencia o hacer avanzar el reagrupamiento con la CWO, anunciado en 1980. La «primera selección de fuerzas» de la que habló BC poco después del fin de las Conferencias internacionales, se ha demostrado... muy selectiva. En el otoño de 1991 la CWO anunciaba: «La alternativa histórica de nuestra época está entre la actual barbarie capitalista que llevará a la destrucción de toda vida humana, y la instauración del socialismo por el proletariado (...) Participar en ese proceso exige una mayor concentración de fuerzas que las nuestras (o de aquellas que pueda poseer cualquier otro grupo del campo proletario). Por eso, nosotros nos disponemos a encontrar nuevos medios, basados en los principios, para mantener un dialogo político con todos aquellos que consideren que combaten por los mismos objetivos que nosotros». Trece años después de que BC y CWO asumieran «la responsabilidad que se debe esperar de parte de una fuerza dirigente seria», interrumpiendo las Conferencias internacionales, el rizo se ha rizado. Pero, parafraseando a Marx, si la historia se repite dos veces, la primera es en forma de tragedia, y la segunda en forma de comedia. El «nuevo comienzo» de la CWO no ha conducido, por el momento, más que a un medio reagrupamiento con el Communist Bulletin Group (CBG). ¿Pero acaso el GBC no es el tipo de grupo sobre el que BC escribía en abril de 1992:

«La importancia política de una división, que es a veces necesaria para ser capaces de interpretaciones políticas precisas y para definir las estrategias, ha abierto la puerta, en un cierto medio político y entre ciertas personalidades, a una exasperante práctica de escindir por escindir, a un rechazo individual de cualquier centralización, de toda disciplina organizativa, o de toda responsabilidad “embarazosa” en el trabajo colectivo de Partido»?

¿Como, la CWO que no ha perdido ocasión de denunciar el «espontaneismo» y el «idealismo» de la CCI, puede proponer una fusión con el CBG que, si le queda algún principio, se supone que es el de defender la Plataforma de la CCI? Con tal engendro sin principios, este nuevo esfuerzo del BIPR no puede acabar más que en un fracaso, como todos los precedentes[18].

¿Qué camino para el futuro?

Veinte años de experiencia, con sus aciertos y sus fracasos, en la construcción de una organización internacional presente en tres continentes y en una docena de países, nos han enseñado una cosa: no hay atajos en el camino hacia el reagrupamiento. La falta de comprensión mutua, la ignorancia de las posiciones de los demás, la desconfianza como legado de los trece años transcurridos desde el fin de las Conferencias internacionales, nada de esto desaparece de la noche a la mañana. Para reconstruir tan solo un poco de unidad en el campo proletario, ante todo nos hace falta volver un poco a la «modestia revolucionaria», por retomar un termino de BC, y comenzar a andar los pasos, muy limitados, que la CCI propuso en su LLamamiento: polémicas regulares, presencia en las reuniones públicas de los otros grupos, organización de reuniones públicas comunes, etc. Y, cuando sea posible reencontrar el espíritu de las Conferencias internacionales, habrá que haber sacado todas las lecciones del pasado:

«Habrá otras Conferencias. Nosotros estaremos y esperamos encontrar, si el sectarismo nos los ha matado hasta entonces, a los grupos que, hasta el presente, no han comprendido la importancia de estas Conferencias que acabamos de vivir, en ellas para aprovechar todas las lecciones de las mismas:
– importancia de estas Conferencias para el medio revolucionario y para el conjunto de la clase obrera;
– necesidad de tener criterios;
– necesidad de pronunciarse;
– rechazo de toda precipitación;
– necesidad de la discusión más profunda posible sobre las cuestiones cruciales enfrentadas por el proletariado.

Para construir un organismo sano, el futuro Partido Mundial, hay que tener un método sano. Estas Conferencias a través de sus puntos fuertes como a través de sus debilidades, habrán enseñado a los revolucionarios que “no ha de contrariarnos aprender”, como decía Rosa Luxemburg, en que consiste tal método»[19].

Sven

[1] Lutte ouvrière (LO), la principal organización trotskista de Francia, celebra anualmente un encuentro cerca de París, que tiene que ver más con una fiesta campestre que con un acontecimiento político. Para dar una imagen de tolerancia política, están autorizadas toda una serie de organizaciones de «izquierda» a tener stands para la venta de su prensa y a organizar reuniones públicas cortas para defender sus posiciones. La CCI ha participado siempre en estas «fiestas» con el fin defender las posiciones internacionalistas y denunciar la naturaleza antiobrera de los trotskistas. Hace tres años se produjo un incidente más fuerte que los de costumbre: un camarada de la CCI, durante un forum de discusión, desenmascaró las tentativas de LO de negar que había apoyado la campaña electoral de Mitterrand en 1981, de forma que la duplicidad de LO apareció claramente. Desde entonces la CCI tiene prohibido vender sus publicaciones o defender sus posiciones.

[2] Los textos y los Actas de estas Conferencias pueden obtenerse escribiendo a nuestras direcciones. Además hemos tratado en repetidas ocasiones las principales cuestiones planteadas por las Conferencias en los diferentes números de nuestra Revista internacional.

[3] Estas Conferencias fueron formalmente realizadas a iniciativa de BC. Pero BC no era el único grupo que participaba de la preocupación por el reagrupamiento. Revolution internationale, que se convertiría más tarde en la sección en Francia de la CCI, había lanzado ya un llamamiento a BC para que, en tanto que grupo histórico en el seno del proletariado, ella impulsara un trabajo de reagrupamiento de las dispersas fuerzas proletarias. En 1972, a iniciativa de Internationalism (más tarde sección en USA de la CCI) se inició un esfuerzo de Conferencias y de correspondencias que dieron como resultado, de un lado la formación de la CWO y de otro de la CCI en 1975.

[4] Si incluimos a los grupos que participaron por escrito y al menos en una Conferencia una vez, podemos citar a FOR, Fur Komunismen et Forbundet Arbetarmakt, de Suecia; Nuclei Leninisti Internazionalisti y Il Leninista, de Italia; Organisation communiste revolutionnaire internationaliste, de Argelia; GCI, L’Eveil internationaliste de Francia.

[5] Boletin preparatorio nº 1 de la 3ª Conferencia de grupos de la Izquierda Comunista (Noviembre 1979).

[6] A los Grupos internacionalistas de la Izquierda comunista, Milán, Abril 1976; en Textos y síntesis de la Conferencia internacional organizada por el PCInt (BC) en Milan, los días 30 Abril y 1 de Mayo de 1977.

[7] Segunda carta circular del PCInt (BC) a los grupos comunistas a propósito de un eventual encuentro internacional; Milán 15 de Junio 1976, en Textos y síntesis... (ídem nota anterior).

[8] Segunda conferencia de los grupos de Izquierda comunista: Textos preparatorios, resumen, correspondencia. Paris, Noviembre 1978.

[9] Acto seguido de nuestra «exclusión» de las Conferencias, en un artículo titulado: «El sectarismo, una herencia de la contra-revolución a superar», escribíamos:
«... Sectario, es para los revolucionarios, negar su existencia. Los comunistas nada tiene que esconder ante su clase. Frente a ella, de la que pretenden ser su vanguardia, asumen de forma responsable sus actos y sus convicciones. Por ello las próximas Conferencias han de romper con los hábitos «silenciosos» de las tres conferencias precedentes. Deberán saber afirmar y asumir CLARAMENTE, explícitamente, en textos y resoluciones cortas y precisas, y no en un centenar de páginas de actas, los resultados de sus trabajos, tanto se trate de esclarecer DIVERGENCIAS, como de POSICIONES COMUNES, compartidas por el conjunto de grupos. La incapacidad de las Conferencias pasadas para exponer claramente el contenido real de las divergencias ha sido una manifestación de su debilidad.
El celoso silencio de la 3ª Conferencia sobre la cuestión de la guerra es una vergüenza.
Las próximas Conferencias deberán saber asumir sus responsabilidades, si quieren ser viables» (...)  “¡Pero,  ¡atención!”, nos dicen los grupos partidarios del silencio. ¡“Nosotros no firmamos con cualquiera”!, ¡“Nosotros no somos oportunistas”!. Y nosotros les respondemos: el oportunismo es traicionar los principios a la primera oportunidad. Lo que nosotros proponemos no es traicionar un principio (el internacionalismo), SINO AFIRMARLO CON EL MAXIMO DE NUESTRAS FUERZAS». Revista internacional, nº 22, 3er Trimestre de 1980 (en francés).

[10] Respuesta de BC al «Llamamiento a los grupos políticos proletarios» de la CCI (1983).

[11] No podemos tratar aquí la triste historia de la 4ª Conferencia internacional. Remitimos a los lectores a los números 40 y 41 de la Revista internacional (edición en francés).

[12] Communist Review, nº 3, (1985).

[13] Workers Voice, nº 65.

[14] Workers Voice, nº 65.

[15] Communist Review, nº 3 (1985).

[16] Workers Voice, nº 53, septiembre 1990.

[17] Workers Voice, nº 55, el subrayado es nuestro.

[18] Puede ser, y es ya el caso. Los últimos números de Workers Voice, no contienen las «contribuciones regulares» del CBG que se anunciaban.

[19] Carta de la CCI a la CE del PCInt, tras la 3ª Conferencia, en 3ª Conferencia de los grupos de la Izquierda comunista, Mayo 1980; Proceso Verbal (Enero 1981).