Antigua Yougoslavia - Un paso adelante en la escalada guerrera

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Antigua Yougoslavia

Un paso adelante en la escalada guerrera

Ante la anarquía y el caos crecientes característicos de las relaciones burguesas a nivel internacional desde que se hundió el bloque del Este hace ya seis años, asistimos hoy a una fortísima presión por parte de Estados Unidos (EE.UU.) para reafirmar su liderazgo amenazado y su papel de gendarme del “nuevo orden mundial”, como ya lo hicieron cuando la guerra del Golfo. Entre las manifestaciones más significativas de tal presión, el cercano Oriente sigue siendo un terreno predilecto para las maniobras de la burguesía norteamericana. Ésta se aprovecha tanto de la fuerte tutela que ejerce sobre un Estado israelí aislado en la zona (y que por lo tanto no tiene más remedio que de seguir sus órdenes al pie de la letra) como de la situación de dependencia de un Arafat en postura muy incómoda, para acelerar el proceso de la “pax americana” y consolidar su control y dominio sobre esta área estratégica esencial, sometida como nunca a convulsiones.

El régimen debilitado de Sadam Hussein también es uno de los blancos favoritos de las maniobras de Washington. La burguesía norteamericana se prepara para incrementar su presión militar sobre el “matarife de Bagdad” ahora que alguna que otra rata huye del barco para refugiarse en Jordania (otra de las bases sólidas de los intereses norteamericanos en Oriente medio), y en particular dos de los yernos de Sadam, uno de los cuales era responsable de los programas militares irakíes. Esta adhesión permite a EE.UU. refrescar el recuerdo de su demostración de fuerza durante la guerra del Golfo y justificar el refuerzo de tropas norteamericanas basadas en la frontera con Kuwait, volviendo también a hacer correr rumores sobre arsenales bacteriológicos y preparativos de invasión de Kuwait y Arabia Saudí por parte de Irak. Sin embargo, la principal reafirmación de tal presión sigue siendo, tras tres años de fracasos, el restablecimiento espectacular de la situación de Estados Unidos en la antigua Yugoslavia, área central de conflictos en que la primera potencia imperialista mundial no puede permitirse estar ausente.

De hecho, la multiplicación y amplitud creciente de ese tipo de operaciones de policía no son sino la expresión de una huida ciega hacia la militarización por parte del sistema capitalista como un todo y de su hundimiento en la barbarie guerrera.

La realidad desmiente contundentemente el cuento que dice que la guerra y la barbarie desencadenadas en la ex Yugoslavia desde hace cuatro años no serían sino un vulgar asunto de enfrentamientos interétnicos entre pandillas nacionalistas. La cantidad de ataques aéreos contra las zonas serbias en torno a Sarajevo y demás “zonas de seguridad” (casi 3500 “acciones” durante los doce días de la operación llamada “Deliberate Force”) hace que esta operación sea la mayor intervención militar de la OTAN desde que se creó en 1949.

Las grandes potencias son las verdaderas responsables el desencadenamiento e la barbarie

Han sido las mismas potencias las que han estado manejando los peones unos contra otros en el tablero de ajedrez yugoslavo. Baste con considerar quién forma parte del “grupo de contacto” que pretende encontrar los medios para acabar el conflicto (EE.UU., Alemania, Rusia, Gran Bretaña y Francia) para darse cuenta de que está compuesto por las primeras potencias imperialistas del planeta, exceptuando a Japón y China demasiado alejados de la zona de conflicto.

Como ya hemos puesto de relieve: «fue Alemania, animando a Eslovenia y a Croacia a proclamarse independientes de la antigua confederación yugoslava, la que provocó el estallido del país, desempeñando un papel primordial en el inicio de la guerra en 1991. Frente al empuje del imperialismo alemán, fueron las otras cuatro grandes potencias las que apoyaron y animaron al gobierno de Belgrado a llevar a cabo una contraofensiva. (...) particularmente mortífera». Son «Francia y Gran Bretaña, con la tapadera de la ONU, [quienes] enviaron entonces los contingentes más importantes de cascos azules, los cuales, con el pretexto de impedir los enfrentamientos, lo único que han hecho es dedicarse sistemáticamente a mantener el statu quo a favor del ejército serbio. En 1992, el gobierno de Estados Unidos se pronunció a favor de la independencia de Bosnia-Herzegovina, apoyando a la parte musulmana de esta región en una guerra contra el ejército croata (también apoyado por Alemania) y el serbio (apoyado por Gran Bretaña, Francia y Rusia). En 1994, la administración de Clinton logró imponer un acuerdo de constitución de una federación entre Bosnia y Croacia contra Serbia y, al final de año, bajo la dirección del ex presidente Carter, obtuvo la firma de una tregua entre Bosnia y Serbia. (...) Sin embargo, a pesar de todas las negociaciones en las que aparece claramente la pugna entre las grandes potencias, no se alcanza el menor acuerdo. Lo que no podrá ser obtenido con la negociación, lo será por la fuerza militar. (...) La invasión de una parte de la Eslavonia occidental por Croacia, a principios del mes de mayo, así como la reanudación de los combates en diferentes puntos del frente (...); el inicio, en el mismo momento, de una ofensiva del ejército bosnio (...) Está claro que estas acciones han sido emprendidas con el acuerdo y a iniciativa de los gobiernos americano y alemán» ([1]). La reacción del campo adverso no es menos significativa de la intervención de las demás potencias.

En el texto citado ya desarrollamos ampliamente tanto el sentido como el contenido de las maniobras franco-británicas de común acuerdo con las fuerzas serbias, que se concretaron en la creación de la FFR y la expedición sobre el terreno de las tropas de ambas potencias bajo su propia bandera nacional. Al ser una operación de sabotaje de las fuerzas de la OTAN, esta maniobra ha sido una contundente afrenta para la potencia imperialista que pretende desempeñar el papel de gendarme del mundo.

Estados Unidos tenía que pegar muy fuerte para restablecer la situación a su favor, y para esto ha utilizado la población civil con un cinismo comparable al de sus adversarios. Todos esos bandidos imperialistas se combaten unos a otros con camarillas eslavas interpuestas, procurando mantener la sórdida defensa de sus intereses particulares respectivos a costa de las poblaciones utilizadas como rehenes permanentes, víctimas de los ajustes de cuentas de aquéllos.

Efectivamente, son las grandes potencias las verdaderas responsables de las masacres y del éxodo que desde 1991 ha precipitado a más de cuatro millones y medio de refugiados en interminables filas de hombres, mujeres, ancianos y niños despavoridos por los caminos, huyendo de una zona de combate a otra. Son las grandes potencias imperialistas las que, a causa de sus sangrientas rivalidades imperialistas, cada una por su lado, han animado a cometer las sucias faenas de “limpieza” y “purificación étnica” llevadas a cabo por las pandillas nacionalistas rivales en el terreno.

Y así fue como la Unprofor, apoyada por Francia y Gran Brataña, dio permiso para que los serbios de Bosnia eliminaran las «bolsas» de Srebrenica y Zepa en julio de 1995. Mientras ambas potencias polarizaban la atención sobre su “misión de protección” en Gorazde y Sarajevo, la Unprofor ayudaba a los serbios a vaciar aquellos enclaves de sus ocupantes. Nunca hubiese sido posible la expulsión de los refugiados sin esa ayuda. De hecho, la “protección” de los enclaves por la ONU permitió a los serbios concentrar su esfuerzo militar en las zonas de enfrentamiento más vitales. Y para que los enclaves pudiesen ser recuperados por las fuerzas serbias en el momento oportuno, la ONU desarmó previamente a las poblaciones en nombre de su “misión por la paz”. El propio gobierno bosnio fue cómplice de esos crímenes, demostrando lo poco que le importa su carne de cañon al haber amontonado a las poblaciones refugiadas dentro de las zonas de combate.

La burguesía norteamericana ha recurrido a esos mismos métodos sucios. Así es como EE.UU., para justificar la ofensiva croata en la Krajina, inundó los medios de comunicación durante el ataque con fotos tomadas por satélite que mostraban tierra recién movida, lo que suponía la existencia de hacinamientos de cadáveres dejados por las tropas serbias en la región de Srebrenica. También fueron imágenes horrorosas de la matanza cometida por un obús en el mercado de Sarajevo lo que justificó la réplica de la OTAN. El pretexto de la respuesta militar es claro como el agua clara: es efectivamente bastante improbable que Karadzic esté tan loco como para exponerse a represalias brutales al disparar obuses que ocasionaron 37 muertos y unos cien heridos en el mercado de Sarajevo. Cuando se sabe que los tiros vinieron precisamente de la misma línea de frente que separa los ejércitos serbio y bosnio (ambos campos se han echado mutuamente la culpa de la matanza), está permitido suponer que se trataba de una “provocación”. Una operación como la que desencadenó la OTAN con sus bombardeos no puede improvisarse y venía demasiado a punto para servir los intereses de Washington; no sería la primera vez que la primera potencia imperialista haya organizado ese tipo de montaje escénico. Puede recordarse, por ejemplo, que el presidente Lyndon Johnson pretextó el ataque de dos naves norteamericanas por un buque vietnamita del norte para emprender la guerra del Vietnam; años después se supo que tal ataque era un cuento y que la operación la había montado totalmente el Pentágono. Es un ejemplo perfecto de los métodos gangsteriles de las grandes potencias que fabrican pretextos de arriba abajo para justificar sus acciones.

Para EE.UU. se trataba de dar cumplida respuesta a las provocaciones franco-británicas, cuyas pretensiones de aguafiestas arrogantes y su creciente ardor guerrero se hacían cada vez más intolerables, mediante otras maniobras, otras trampas que demostraran su capacidad imperialista superior, su verdadera supremacía militar.

Enfrentada a su fracaso y al atasco de la situación en Bosnia durante tres años, la burguesía norteamericana estaba ante la necesidad de reafirmar su liderazgo a escala mundial. No era admisible para la primera potencia mundial, tras haber apostado por apoyar a la fracción musulmana que se ha revelado como la más débil, quedar fuera de juego en un conflicto primordial, en suelo europeo, uno de los más cruciales para afirmar su hegemonía.

Sin embargo, EEUU está ante una dificultad mayor que pone en evidencia la debilidad fundamental de su situación en Yugoslavia. El recurrir a cambios sucesivos de táctica, que se han plasmado en 1991 en el apoyo a Serbia, en 1992 a Bosnia y en 1994 a Croacia (a condición de que este país colaborara con las fuerzas bosnias), demuestra que no disponen de aliados fijos en la región.

Tras la ofensiva croata, la acción conjunta de EE.UU. y Alemania

Durante un primer tiempo, EE.UU. se ha visto obligado a apoyarse en la fracción más fuerte, Croacia, abandonando a su aliado de ayer, Bosnia, para poder salir del callejón sin salida en el que se encontraba, volverse a situar en el centro del juego imperialista y conservar un papel de primer orden. Washington ha utilizado la fracción croato-musulmana y la confederación de ésta con Croacia que había supervisado durante la primavera del 94. Su papel y el apoyo logístico del Pentágono han sido determinantes para el éxito de la guerra “relámpago” de tres días del ejército croata en la Krajina (gracias a la localización precisa por satélite de las posiciones serbias). EE.UU. ha sido, por lo demás, el único país en saludar públicamente el triunfo de la ofensiva croata. De este modo, se comprueba que la ofensiva croata en la Krajina fue preparada largo tiempo de antemano, organizada y dirigida con maestría a la vez por Alemania y por Estados Unidos. Pues, para ello, la burguesía norteamericana ha tenido que pactar paradójicamente con el «diablo», con su más peligroso gran adversario imperialista, Alemania, favoreciendo los intereses que le son de verdad más antagónicos.

La creación de un verdadero ejército croata (100000 hombres para ocupar la Krajina) ha estado fuertemente apoyada por Alemania, que ha actuado de forma discreta y eficaz, en particular suministrando material militar pesado procedente de la antigua Alemania del Este, a través de Hungría. La reconquista de la Krajina es un éxito y un paso adelante indiscutible para Alemania. Ha permitido, ante todo, a la burguesía germánica dar un gran paso hacia su objetivo estratégico esencial: tener acceso a los puertos dálmatas en toda la costa adriática, que le dan una salida hacia las aguas profundas del Mediterráneo. La liberación de la Krajina, y en particular de Knin, también abre a Croacia y a su aliado alemán una red ferroviaria y de carreteras entre el sur y el norte de Dalmacia. A la burguesía alemana tanto como a la croata también les interesaba eliminar la amenaza serbia sobre el enclave de Bihac, desde donde se puede cerrar el paso a toda la costa dálmata.

Al derrotar por primera vez a las tropas serbias ([2]), se debilitaba sobre todo a las potencias de segunda fila, a Francia y a Gran Bretaña, ridiculizando a la FFR y poniendo en evidencia su lamentable inutilidad, cuando se ocupaba de abrir sin resultado una estrecha vía de acceso hacia Sarajevo mientras el ariete croata derrumbaba la fortaleza serbia en la Krajina. Arrinconada en el monte Igman en una ridícula defensa de Sarajevo, no solo quedó momentáneamente desprestigiada en el ruedo internacional sino también para los propios serbios, de lo cual ha sacado provecho el otro rival, Rusia, la cual desde entonces se ha confirmado para los serbios como su mejor y más firme aliado.

Tras los bombardeos antiserbios, el forcejeo entre EEUU y las demás potencias imperialistas

La réplica de la burguesía norteamericana recuerda el guión de la guerra del Golfo. Aunque dirigido contra las posiciones serbias, el bombardeo intensivo de la OTAN era sobre todo un mensaje de reafirmación de la supremacía norteamericana directamente dirigido a las demás grandes potencias. Para EEUU era necesario acabar con todas las estratagemas guerreras ([3]) y todas las artimañas diplomáticas con Serbia de la pareja franco-inglesa.

Sin embargo, al pasar a la segunda fase de su iniciativa, Estados Unidos corría una vez más el riesgo de desprestigiarse. El plan de paz en que ha desembocado la ofensiva de la Krajina aparecía como una “traición abierta de la causa bosnia”, al confirmar el desmembramiento del territorio bosnio con el 49 % de las conquistas militares para los serbios y el 51 % para la confederación croato-bosnia, reparto que deja de hecho al resto de Bosnia como una especie de protectorado de Croacia. Semejante plan, verdadera puñalada trapera de sus aliados, no podía sino provocar la hostilidad del presidente bosnio Izetbegovic. Mientras el emisario norteamericano negociaba directamente en Belgrado, saltando por encima de Francia y Gran Bretaña, únicos interlocutores acreditados por Serbia entre las potencias occidentales desde hace tres años, fue con el mayor descaro por parte de los aliados de Milosevic ([4]) como ambas potencias creyeron poder aprovecharse de la ocasión para intentar ponerle la zancadilla a EE.UU., presentándose como las grandes e indefectibles defensoras de la causa bosnia y de la población asediada de Sarajevo ([5]). Así es como el gobierno francés intentó presentarse como un aliado incondicional de Izetbegovic recibiéndolo en París. Pero eso fue caer en la trampa montada por EE.UU. para darles una lección magistral a aquellas dos potencias. Aprovechándose del pretexto dado por los obuses disparados sobre el mercado de Sarajevo, Estados Unidos movilizó inmediatamente las fuerzas de la OTAN, poniendo a la pareja franco-británica entre la espada y la pared declarándoles muy probablemente en sustancia: “¿Quieren ayudar a los bosnios? ¡Estupendo! Nosotros también. Entonces han de seguirnos, porque somos los únicos en poder hacerlo, los únicos en tener los medios de imponer una relación de fuerzas eficaz contra los Serbios. Lo hemos demostrado al realizar en tres días el desenclave de la zona de Bihac, reconquistando la Krajina, lo que no habéis sido capaces de cumplir en tres años. Lo vamos a verificar una vez más liberando Sarajevo de la tenaza serbia, lo que vuestra FFR tampoco ha sido capaz de cumplir. Si os echáis atrás, si no nos seguís, será la demostración de que no sois más que unos fanfarrones, unos chillones incapaces, y perderéis todo el crédito que os queda en el ruedo internacional”. Este chantaje no dejó la menor salida a la pareja franco-británica que acabó participando en las operaciones de bombardeo contra sus aliados serbios y volviendo a poner a la FFR bajo el patrocinio directo de la OTAN. Aún evitando no causar pérdidas irreparables a sus aliados serbios, cada una de esas dos potencias reaccionó entonces a su manera. Mientras Gran Bretaña se hizo muy discreta, Francia no pudo evitar hacer el papelón de matón militarista, e intenta ahora presentarse, dedicándose a la escalada verbal antiserbia, como el más resuelto partidario de la fuerza, el mejor teniente de EE.UU. y el aliado más indispensable de Bosnia. Esas fanfarronadas, llegando incluso a dárselas de ser el principal artífice del «plan de paz», no logran ocultar que el gobierno francés ha tenido que achantarse y ponerse en su sitio.

De hecho, en la segunda parte de la operación, Estados Unidos ha actuado por cuenta propia obligando a todos sus competidores imperialistas a doblegarse a su voluntad. La aviación alemana ha participado por vez primera en una acción de la OTAN, pero ha sido a regañadientes. Ante el hecho consumado de la acción norteamericana en solitario, a la burguesía alemana no le quedaba otra solución que integrarse en una acción que no le sirve para nada en sus proyectos. E igualmente Rusia, principal apoyo de los serbios, a pesar de sus ruidosas protestas y sus espectaculares ademanes (petición de convocatoria el Consejo de seguridad de la ONU) contra la continuación de los bombardeos de la OTAN, ha sido totalmente impotente ante una situación que le ha sido impuesta.

Con esta acción, Estados Unidos ha marcado un tanto importante. Ha logrado reafirmar su supremacía imperialista haciendo ver su superioridad militar aplastante. Ha demostrado una vez más que la fuerza de su diplomacia se basa en la fuerza de sus armas. Ha demostrado que es el único capaz de imponer una verdadera negociación pues es el único capaz de poner en la balanza de las discusiones la amenaza de sus armas, de su impresionante arsenal.

Lo que esta situación confirma es que, en la lógica imperialista, la única fuerza real es la militar. Cuando el gendarme interviene, lo hace golpeando todavía más fuerte que las demás potencias imperialistas. Esta ofensiva se enfrenta, sin embargo, a una serie de obstáculos. La fuerza de disuasión de la OTAN es una pálida imitación de la guerra del Golfo:
- La eficacia de los bombardeos aéreos es limitada, lo cual ha permitido a las tropas serbias enterrar sin muchas pérdidas la mayor parte de su artillería. En la guerra moderna la aviación es un arma decisiva, pero ella sola no puede ganar una guerra. El uso de carros blindados y de la infantería sigue siendo indispensable.
- La estrategia americana misma es limitada: Estados Unidos no tiene el más mínimo interés en aniquilar las fuerzas serbias en una guerra total. Para EE.UU., el potencial militar de Serbia debe mantenerse para que un día pueda ser utilizado contra Croacia, en la óptica de su antagonismo fundamental con Alemania. Además una guerra a ultranza contra Serbia acarrearía el riesgo de envenenar las relaciones con Rusia y poner en entredicho su alianza privilegiada con el gobierno de Yeltsin.

Esos límites favorecen las maniobras de sabotaje de los «aliados», obligados por la fuerza a comprometerse en los bombardeos americanos. Ya han aparecido esas maniobras justo cuatro días después del acuerdo de Ginebra, acuerdo que debería haber sido el broche de la habilidad diplomática estadounidense.

La burguesía francesa se puso en primera línea de quienes exigían el cese de los bombardeos de la OTAN «para que los serbios pudieran evacuar sus armas pesadas», y eso que el ultimátum de EE.UU. exigía precisamente lo contrario: el cese de los bombardeos exigía la retirada previa de las armas pesadas de los alrededores de Sarajevo. Y mientras que Estados Unidos pretendía ir más lejos en la presión sobre los serbios de Bosnia, bombardeando el cuartel general de Karadzic en Pale, la Unprofor ponía trabas, oponiéndose a los bombardeos con «objetivos civiles» ([6]).

Los acuerdos de Ginebra firmados en 8 de septiembre por los beligerantes, bajo la batuta de la burguesía estadounidense y en presencia de todos los miembros del «grupo de contacto» no son, ni mucho menos, un «primer paso hacia la paz» como lo ha afirmado el diplomático americano Holbrooke. Lo único que esos acuerdos hacen es sancionar una relación de fuerzas en un momento dado. De hecho, es un paso más hacia un desencadenamiento de una barbarie cuyas atrocidades van a seguir pagando las poblaciones locales.

Como ocurrió cuando la guerra del Golfo, los media se dedican a propalar el cínico infundio de una guerra limpia, de «bombardeos quirúrgicos». ¡Siniestra patraña!. Pasarán meses, sino años, antes de que pueda desvelarse la amplitud y el horror que para las poblaciones locales han sido las nuevas matanzas perpetradas por las naciones más «democráticas» y «civilizadas».

En su mutuo enfrentamiento, cada gran potencia, tan asquerosamente una como la demás, nutre su propaganda belicista sobre Yugoslavia. En Alemania se evocan, en virulentas campañas antiserbias, las atrocidades cometidas por los guerrilleros chechniks. En Francia, en medio de una odiosa campaña belicista de geometría variable, una vez no se pierde la ocasión de recordar lo que hicieron los ustachis croatas junto a los nazis durante la IIª Guerra mundial, otra vez se evoca la locura sanguinaria de los serbios de Bosnia y de vez en cuando se vilipendia el fanatismo musulmán de los combatientes bosnios. Y así en otros países según el campo que se apoya.

El hipócrita concierto internacional de plañideras e intelectuales de todo pelaje que no han cesado de hacer vibrar la cuerda humanitaria exigiendo «armas para Bosnia» sólo ha servido y sigue sirviendo para que la población occidental dé su acuerdo a la política imperialista de su burguesía nacional. Pueden ahora estar contentos esos lacayos de la burguesía gracias a los bombardeos de la OTAN. Esos centinelas del humanismo han sido el refuerzo indispensable de las campañas televisivas con sus imágenes de las más horribles matanzas de la población civil. Esos pretendidos defensores de quienes sufren no son otra cosa sino vulgares banderines de enganche para la guerra; son los alistadores más peligrosos de la burguesía. Son de la misma calaña que los antifascistas de 1936 que enrolaban a los obreros para la guerra de España. La historia ha demostrado su función verdadera, la de abastecedores en carne de cañón en la preparación de la guerra imperialista.

Una expresión del hundimiento
del capitalismo en su descomposición

La situación actual es un verdadero fulminante que puede provocar un mayor  incendio de los Balcanes. Con la intervención de la OTAN, nunca antes se habían concentrado y acumulado tantas máquinas mortíferas en el territorio yugoslavo. La perspectiva actual es la del enfrentamiento directo entre los ejércitos serbios y croatas y no ya únicamente de milicias más o menos regulares.

Prueba de ello es la continuación de las operaciones militares por los ejércitos croatas, serbios y bosnios. Los acuerdos de Ginebra y sus consecuencias no harán sino caldear las tensiones entre los beligerantes. Cada uno de ellos va a intentar sacar la mayor tajada de la nueva situación:
- aunque el objetivo de los bombardeos masivos y mortíferos de la OTAN era acallar las ambiciones de las fuerzas serbias, éstas van a intentar resistir al retroceso preparándose ya a arreglar a su manera el destino de los enclaves de Sarajevo y Gorazde y del pasillo de Brcko;
- los nacionalistas croatas, animados por sus éxitos militares anteriores, apoyados por Alemania, van a intentar afirmar sus pretensiones para reconquistar la rica Eslavonia oriental, comarca situada junto a Serbia;
- las fuerzas bosnias lo van a intentar todo por no ser las víctimas propiciatorias del «plan de paz», prosiguiendo su ofensiva actual hacia el norte de Bosnia, la región serbia de Banja Luka.

La llegada de refugiados de todo tipo y a todas partes crea una situación de gran peligro que puede arrastrar a otras zonas, como Kosovo y Macedonia sobre todo, a la hoguera belicista, pero también a otras naciones europeas, desde Albania a Rumania, pasando por Hungría.

Como una bola de nieve, la situación conlleva una mayor implicación imperialista de las grandes potencias europeas, incluidos algunos países próximos de gran importancia estratégica como Turquía o Italia sobre todo ([7]).

Francia y Gran Bretaña, potencias por ahora reducidas al papel de alabarderos de teatro, van a dedicarse a poner múltiples trabas a los demás protagonistas, especialmente a Estados Unidos ([8]).

Se ha dado un nuevo paso en la escalada de la barbarie. Lo que presentan como una tendencia hacia el arreglo del conflicto es, al contrario, hacia desórdenes bélicos cada día más mortíferos en la antigua Yugoslavia. Y todo ello supervisado firmemente por las grandes potencias. Lo que se confirma es la acentuación de la tendencia a que cada cual arrime el ascua a su sardina, la dinámica de «cada cual a la suya» que predomina desde que se disolvieron los bloques imperialistas. Lo que también se expresa es una aceleración de la dinámica imperialista y la huida ciega en el aventurismo bélico.

La proliferación, el desarrollo multiforme de todas esas aventuras bélicas es el fruto podrido de la descomposición del capitalismo. Ocurre como con las metástasis de un cáncer generalizado: destruyen primero los órganos más débiles de la sociedad, allí donde el proletariado no tiene los medios a su alcance para oponerse a la infame histeria del nacionalismo. La burguesía de los países avanzados intenta sacar provecho del embrollo yugoslavo, del velo «humanitario» con el que encubre su acción para crear una atmósfera de unión sagrada. Para la clase obrera debe quedar claro que no tiene que escoger ni dejarse arrastrar hacia semejante ciénaga.

Los proletarios de los países centrales deben tomar conciencia de la responsabilidad principal de las grandes potencias, de la de su propia burguesía en el desencadenamiento de esta barbarie guerrera, de que se trata de un ajuste de cuentas entre bandidos imperialistas. Esa toma de conciencia es una condición indispensable para comprender sus propias responsabilidades históricas. Es la misma burguesía la que, por un lado, empuja a las poblaciones a exterminarse mutuamente y, por otro, precipita a la clase obrera en el desempleo, la miseria o al umbral insoportable de la explotación. Por eso, únicamente el desarrollo de las luchas obreras en su propio terreno de clase, en el terreno del internacionalismo proletario podrá ser el muro de contención a la vez contra los ataques de la burguesía y contra sus aventuras militares.

CB
14 de septiembre de 1995


[1] Revista internacional, nº 82, III-1995, «Cuanto más hablan de paz las grandes potencias, más siembran la guerra».

[2] Milosevic prefirió dejar el ejército croata asediar la Krajina sin mover un dedo, para así intentar negociar con EEUU el enclave de Gorazde y, sobre todo, negociar el cese de las sanciones económicas que pesan sobre Belgrado.

[3] Además del simulacro de «rapto» de soldados y observadores de la ONU, operación montada por Francia y Gran Bretaña con la complicidad de Serbia a primeros de junio, se ha de interpretar el bombardeo francés, en julio, sobre Pale, feudo de los serbios de Bosnia como represalia puramente teatral, para así ocultar la acción verdadera de la FFR, y esto es manifiesto cuando se sabe que los bombardeos no alcanzaron ningún objetivo estratégico y no entorpecieron en nada las operaciones militares serbias. En cambio, sí que sirvieron de pretexto para justificar el golpe de fuerza serbio sobre los enclaves de Srebrenica y Zepa.

[4] La pareja franco-británica se ha puesto del lado de Milosevic en un intento de explotar las disensiones que han surgido en el campo de los serbios de Bosnia : su apoyo abierto al general Mladic contra el “presidente” Karadzic y la presión que han ejercido sobre éste no tenían otro sentido sino el de darle a entender que los verdaderos adversarios de Serbia ya no eran los bosnios sino los croatas.

[5] Un hecho edificante: fue un periódico inglés, The Times, el que sacó a la luz, durante la conferencia de Londres, la existencia del famoso dibujo del croata Tudjman según el cual el territorio bosnio quedaba repartido entre Serbia y Croacia, desatándose así el furor de la parte bosnia.

[6] Como decía el periódico francés Le Monde del 14 de septiembre con delicado eufemismo: «Las fuerzas de la ONU, formadas esencialmente por tropas francesas, tienen la sensación de que, día tras día, se les van de las manos las operaciones en provecho de la OTAN. Es cierto que la Alianza Atlántica está llevando a cabo bombardeos aéreos sobre objetivos en decisión conjunta con la ONU. Pero los detalles de las operaciones son planificadas por las bases de la OTAN en Italia y por el Pentágono. El uso, el domingo pasado, de misiles Tomahawk contra instalaciones serbias en la región de Banja Luka (sin consultar previamente a la ONU ni a los demás gobiernos de las potencias asociadas a los bombardeos, NDLR) no ha hecho sino incrementar los temores [de aquéllas fuerzas]».

[7] Es significativo ver a Italia exigiendo una parte más importante en la gestión del conflicto bosnio y negarse a aceptar en su territorio, en donde están instaladas las bases de la OTAN, a los cazas furtivos F-117 americanos, protestando así contra su exclusión del «grupo de contacto» y de los organismos de decisión de la OTAN.

[8] Ante todo, para ser capaz de replicar a la ofensiva estadounidense al nivel apropiado para no quedar excluido de la zona, la actual pareja franco-británica deberá meterse todavía más en el engranaje militar.