Campañas contra el "negacionismo" - El antifascismo justifica la barbarie

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Entre las armas que despliega la burguesía actualmente contra el desarrollo de los combates y de la conciencia de la clase obrera, la burguesía de algunos países, especialmente en Francia, está usando el tema del «negacionismo». Se llama «negacionismo» a las «teorías» de una serie de ensayistas que ponen en cuestión la existencia de las cámaras de gas en los campos de concentración nazis. Volveremos sobre este tema más en detalle en nuestro próximo número de la Revista internacional. Nos limitaremos aquí a dar unos cuantos datos de esta campaña para así poner de relieve el interés del artículo que en 1945 publicaron nuestros camaradas de la Izquierda comunista de Francia (GCF) en l’Etincelle (la Chispa) sobre ese mismo tema.

La tesis de la no existencia de cámaras de gas y, por ende, de que no habría habido voluntad de exterminio por parte del régimen nazi de algunas poblaciones europeas, especialmente la judía, ha sido propagada especialmente por el grupo «Vieille taupe», el cual se reivindicaba de la «ultraizquierda» (que no hay que confundir con la Izquierda comunista, de la cual esa ultraizquierda ha recogido algunas cosas). Para la «Vieille taupe» y otros grupos de esas mismas esferas, la existencia de cámaras de gas era una pura mentira de las burguesías aliadas que les sirvió para reforzar sus campañas antifascistas después de la IIª Guerra mundial. Esos grupos se daban la misión, al denunciar lo que ellos consideraban como mentira, de desenmascarar la función antiobrera de la ideología antifascista. Pero arrastrados por su pasión «negacionista» (¿o por otras fuerzas?) algunos elementos acabaron colaborando con sectores de la extrema derecha antisemita. Estos también consideraban que las cámaras de gas eran un invento, pero un invento del «lobby judío internacional». Eso fue agua de mayo para los sectores «democráticos» y «antifascistas» de la burguesía que han dado una gran publicidad a las tesis «negacionistas» para así reforzar sus propias campañas, estigmatizando esas tentativas de «rehabilitación del régimen nazi». Pero estos sectores no se limitaron a eso. Las referencias hechas por los «negacionistas de izquierda» a las posiciones de la Izquierda comunista que denuncian la ideología antifascista y especialmente al texto perfectamente válido que publicó a principios de los años 60 el Partido comunista internacional y titulado Auschwitz ou le grand alibi (Auschwitz o la gran coartada) han servido de pretexto a los diferentes apoyos de la democracia burguesa (incluidos algunos trotskistas) para desencadenar una campaña de denuncia de la corriente de la Izquierda comunista con expresiones del estilo de: «Ultraizquierda y ultraderecha, mismo combate» o «como siempre, los extremos se tocan».

Por su parte, la CCI, como todos los verdaderos grupos de la Izquierda comunista, no ha tenido nunca nada que ver con las aberraciones «negacionistas». Pretender relativizar la barbarie del régimen nazi, incluso para denunciar la mistificación antifascista, significa en fin de cuentas, relativizar la barbarie del sistema capitalista decadente, de la que ese régimen es una de las expresiones. Ello nos permite denunciar con tanta más firmeza las campañas actuales cuyo objetivo es desprestigiar ante la clase obrera a la Izquierda comunista, la única corriente política que defiende realmente sus intereses y su perspectiva revolucionaria. Ello nos permite entablar con tanta más energía el combate contra las mentiras antifascistas, las cuales se apoyan en la barbarie nazi para encadenar mejor a los proletarios al sistema que la engendró, un sistema, el capitalista, incapaz de engendrar otra cosa que la barbarie. Es el mismo combate que llevaron a cabo nuestros camaradas de la GCF cuando publicaron el artículo aquí reproducido.

Cuando se escribió el artículo, en junio de 1945, la burguesía aliada no había tenido todavía la ocasión de desplegar por completo su propaganda sobre los «campos de la muerte». El campo de Auschwitz, que se encontraba en la zona bajo control ruso, no se había ganado todavía la siniestra fama que después conoció. Tampoco las bombas atómicas «democráticas» y «al servicio de la civilización» habían arrasado todavía Hiroshima y Nagasaki. Ello no impidió a nuestros compañeros el hacer una denuncia muy contundente de la utilización ideológica, contra el proletariado, de los crímenes nazis por los criminales aliados.

L’Etincelle nº 6, junio de 1945

Buchenwald, Maidaneck

Demagogia macabra

El papel desempeñado por los SS, los nazis y su campo de la muerte industrial, fue el de exterminar en general a todos aquellos que se opusieron al régimen fascista y sobre todo a los militantes revolucionarios que siempre han estado en la vanguardia del combate contra la burguesía capitalista, sea cual sea su forma: autocrática, monárquica o «democrática», cualquiera que sea su jefe: Hitler, Mussolini, Stalin, Lopoldo III, Jorge V, Victor Manuel, Chruchill, Roosvelt, Daladier o De Gaulle.

La burguesía internacional que, cuando la Revolución rusa de octubre estalló en 1917, usó todos los medios posibles e imaginables para aplastarla, que quebró la revolución alemana en 1919 mediante una represión de una bestialidad inaudita, que ahogó en sangre la insurrección proletaria de China; la misma burguesía financió en Italia la propaganda fascista y después, en Alemania, la de Hitler; la misma burguesía puso en el poder en Alemania a ése que ella había designado, por sus intereses, para ser el gendarme de Europa; la misma burguesía se gasta hoy millones para «financiar la exposición de los crímenes hitlerianos», la filmación y la presentación al público de filmes sobre las «atrocidades alemanas», mientras las víctimas de esas atrocidades siguen muriendo a veces sin cuidados y los supervivientes no tienen ningún medio de vida.

Esa misma burguesía es la que por un lado pagó el rearme de Alemania y, por otro, engañó al proletariado arrastrándolo a la guerra con la ideología antifascista; fue ella la que de esa manera, tras haber favorecido la llegada al poder de Hitler, se sirvió hasta el final de él para aplastar al proletariado alemán y arrastrarlo a la guerra más sangrienta, a la carnicería más abominable que imaginarse pueda.

Es esa misma burguesía la que manda representantes con coronas de flores a inclinarse hipócritamente ante las tumbas de los muertos que ella misma ha provocado, porque es incapaz de dirigir la sociedad, porque la guerra es su única forma de vida.

¡ES A ELLA A QUIEN ACUSAMOS!

Es a ella a quien acusamos, pues los millones de muertos por ella asesinados no son más que el suma y sigue de una lista interminable de mártires de la «civilización», de la sociedad capitalista en descomposición.

Los responsables de los crímenes hitlerianos no son los alemanes, quienes, los primeros, en 1934, pagaron con 450000 vidas humanas la represión burguesa hitleriana y que siguieron soportando esa despiadada represión cuando, al mismo tiempo, empezó a ejercerse en el extranjero. Como tampoco los franceses, ni los ingleses, ni los americanos, ni los rusos, ni los chinos son responsables de los horrores de la guerra que ellos no han querido pero que sus burguesías respectivas les han impuesto.

En cambio, los millones de hombres, de mujeres asesinados en los campos de concentración nazis, salvajemente torturados y cuyos cuerpos se pudren por doquier, aquellos que han sido aplastados durante esta guerra en el combate, aquellos que han sido sorprendidos en medio de un bombardeo «liberador», los millones de cadáveres mutilados, amputados, destrozados, desfigurados, pudriéndose bajo tierra o al sol, los millones de cuerpos de soldados, mujeres, ancianos, niños... todos esos millones de muertos claman venganza. No claman venganza contra el pueblo alemán, el cual sigue sufriendo, sino contra esa infame burguesía, hipócrita y sin escrúpulos, la cual no ha pagado sino que se ha aprovechado y sigue burlándose, como un cerdo cebado, de los esclavos hambrientos.

La única postura para el proletariado no es la de contestar a los llamamientos demagógicos que tienden a continuar y acentuar el chovinismo a través de los comités antifascistas, sino la lucha directa de clase por la defensa de sus intereses, de su derecho a la vida, lucha de cada día, de cada instante hasta la destrucción del monstruoso régimen, del capitalismo.