Debates entre grupos «bordiguistas» - Una significativa evolución del medio político proletario

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Debates entre grupos «bordiguistas»

Una significativa evolución del medio político proletario

 

La ofensiva desarrollada por la burguesía contra el comunismo y contra las minorías revolucionarias aún dispersas que existen hoy, es para la clase dominante cuestión de vida o muerte. La supervivencia de este sistema sometido a convulsiones internas siempre más profundas depende de la eliminación de toda posibilidad de maduración del movimiento revolucionario –en la reanudación de la lucha del proletariado– que tiende a destruirlo para instaurar el comunismo. Para alcanzar ese objetivo, la burguesía ha de desprestigiar, aislar y en consecuencia aniquilar política cuando no físicamente, a las vanguardias revolucionarias indispensables para el éxito del proyecto revolucionario del proletariado.

Para hacer frente a esa ofensiva y poder seguir defendiendo la perspectiva revolucionaria, el esfuerzo unitario de todos los componentes políticos que se reivindican auténticamente de la clase obrera es indispensable. En la historia del movimiento obrero, la existencia de varios partidos revolucionarios –hasta en el mismo país– no es una novedad; pero hoy, las vanguardias revolucionarias están llegando a la cita con la historia en una situación de dispersión organizativa, lo que no actúa a favor de la perspectiva revolucionara sino más bien a favor de los intereses de la burguesía. Tal dispersión no puede ser superada de forma voluntarista y oportunista, en agrupamientos en nombre de la «necesidad de construir el partido». Solo puede reabsorberse progresivamente mediante la discusión abierta entre las organizaciones revolucionarias actuales, en un debate que permita hacer salir a la luz las diferentes cuestiones y alcanzar una convergencia creciente, política primero y luego organizativa, de gran parte de esas organizaciones. Por otro lado, la existencia de un debate público entre las organizaciones revolucionarias, por la prensa o directamente en reuniones, es una necesidad imperiosa para la orientación de las nuevas fuerzas que están surgiendo en este período. Y, en fin, refuerza el campo revolucionario que, a pesar de todas las variedades posibles e imaginables, se presentaría ante los proletarios como una fuerza solidaria que combate a la burguesía.

Se han de notar al respecto avances importantes y significativos, realizados desde hace unos meses por varias formaciones políticas. Citaremos dos como ejemplo, aunque ya hemos hablado de ellos en nuestra prensa:

– la denuncia por parte de todos los componentes significativos del medio proletario de la campaña burguesa de mistificación contra el folleto Auschwitz ou le grand alibi, acusado de negar la realidad de las cámaras de gas cuando precisamente este folleto denuncia tanto al nazismo y a la democracia como las dos caras de una misma moneda ([1]);

– la defensa común de la Revolución rusa y de las lecciones que sacar de ésta en la reunión publica común de la CCI y de la CWO (Communist Workers Organisation) en octubre del 97 ([2]).

Aunque los grupos que se reivindican de Amadeo Bordiga y que son conocidos como bordiguistas ([3]) no reconozcan la existencia de un medio político proletario –a pesar de que implícitamente lo reconozcan de vez en cuando ([4])–, son, por su propia historia, un componente importante de aquél. Esa parte del campo revolucionario, la más importante hasta principios de los años 80, fue afectada en 1982 por una explosión totalmente inédita en la historia del movimiento obrero, dando origen a nuevas formaciones también de inspiración bordiguista que han venido a añadirse a las escisiones bordiguistas ya existentes, reivindicándose todas de la raíz original y que se llaman todas más o menos Partido comunista internacional. Semejante homonimia, añadida al hecho de que los grupos que surgieron de la explosión del antiguo Partido jamás han analizado seriamente las causas de la crisis del 82, es hasta hoy una debilidad importante para el conjunto del medio político proletario.

Pero esto ya está cambiando. Se va manifestando una apertura en el campo bordiguista, puesto que se han publicado, en sus prensas, sobre el tema de las razones de la crisis explosiva de 1982, varios artículos de polémica con otros grupos del campo proletario, en particular con grupos de la misma tendencia. Resulta esto muy importante puesto que rompe con la tradicional actitud de cerrazón sectaria típica del bordiguismo de posguerra según la cual había que adherirse al «Partido» por un acto de fe, ignorando cualquier otra formación proletaria. El hecho de existir hoy varios partidos con «denominación de origen» ha impuesto a cada uno la necesidad de demostrarlo en los hechos, de ahí la necesidad de hacer el balance de la historia reciente del bordiguismo y de las posiciones políticas defendidas por los demás grupos del mismo movimiento. Esto es positivo para esos mismos grupos como también para todos aquellos elementos en búsqueda de una referencia política y que se preguntarán desde hace tiempo cuáles pueden ser las diferencias entre Programma comunista, il Comunista, le Prolétaire, Programme communiste o il Partito comunista (llamado Partido de Florencia), para no hablar sino de los grupos más importantes entre los que forman parte de la Izquierda comunista. El debate franco y abierto actual, severo y riguroso cuando se realiza, es la única vía que por fin permitirá eliminar los errores del pasado y trazar perspectivas para el porvenir.

En este artículo, no nos meteremos en todos los elementos del debate que promete ser rico e interesante, pues hasta incluye un grupo exterior al movimiento bordiguista, el Partito comunista internazionalista (que publica Battaglia comunista), en la medida en que ese debate tiene su origen en los años 43-45, es decir antes de la escisión de 1952 entre el ala bordiguista propiamente dicha y el grupo que, siguiendo a Onorato Damen, se ha mantenido hasta hoy con el nombre de Battaglia Comunista ([5]). Resulta sin embargo importante señalar unos cuantos elementos que le dan todo su valor a este debate.

El primer aspecto es que la cuestión organizativa es el meollo mismo de la discusión: leer los diferentes artículos de estos grupos pone en evidencia hasta qué punto están animados por esta preocupación. Sin entrar en el fondo de la polémica entre Il Comunista-le Prolétaire y Programma Comunista, tema sobre el cual no podemos honradamente pronunciarnos categóricamente de momento, ambos grupos al evocar lo que ocurría en el viejo Programma comunista antes del 52 ponen en evidencia una confrontación entre un componente inmediatista y voluntarista por un lado ([6]), y por otro un componente más ligado al largo plazo de la maduración de la lucha de clases. Y ambos también ponen en evidencia la importancia central de la cuestión organizativa: organización de tipo «partidista» en contra de cualquier veleidad «movimentista» según la cual el movimiento propio de la clase sería en sí necesario y suficiente para que triunfe la revolución.

En su publicación de enero del 97, Programma comunista hace referencia a la necesidad de entender la importancia de la paciencia, de no caer en el inmediatismo, lo que no puede sino ser compartido como principio general.

Il Comunista-le Prolétaire contesta: «El partido de entonces (...) abrió las puertas a los impacientes y los apresurados, haciendo surgir secciones de la nada, animando a las secciones a que construyeran grupos comunistas de fábrica en todos los lugares así como comités por la defensa de los sindicatos de clase, buscando y aceptando el crecimiento numérico de las secciones a costa de un laxismo organizativo político y teórico». También insiste en la necesidad de defender la organización y el militantismo de cada compañero, que nosotros compartimos plenamente y con lo cual nos solidarizamos:

«¿De qué os sirve, ex camaradas del Partido, hablar tanto de una paciencia que jamás habéis tenido?. A la hora de defender política, teórica y prácticamente el patrimonio de las batallas de clase de la Izquierda comunista, cuando se trató de llevar a cabo un combate político en el terreno, en contra de los liquidadores de todo pelaje del partido, asumiendo la responsabilidad de esa batalla y siendo un polo de referencia para todos aquellos compañeros desorientados y aislados por la explosión del partido, tanto en Italia como en Francia, Grecia, España, Latinoamérica, Alemania, Africa o Medio Oriente, ¿en donde estabais?. Habíais desertado, habíais abandonado ese partido que os enorgullecéis hoy de representar y de cuya gloria os apropiáis. ¿Dónde estaba vuestra paciencia tan necesaria para seguir interviniendo dentro de la organización y explicar sin descanso a la mayoría de los camaradas cuáles eran los peligros en aquellos períodos de tan grandes dificultades?» (Il Comunista, no 55, junio de 1997).

El segundo aspecto que le da valor al debate es la tendencia a encarar, por fin, el problema de las raíces políticas de la crisis : «[hemos de trabajar] sobre el balance de la crisis del partido, sacando conclusiones de todas las cuestiones que dejó abiertas en particular la crisis explosiva pasada : la cuestión sindical, la cuestión nacional, la cuestión del partido y de sus relaciones con los demás grupos políticos y con la clase, la cuestión de la organización interna del partido, la cuestión del terrorismo, la cuestión de la reanudación de la lucha de clases y de las organizaciones inmediatas del proletariado (...), la cuestión del curso del imperialismo» (ibid.).

Sobre esta cuestión, el grupo Le Prolétaire-Il Comunista dedica una larga parte de su revista teórica en francés, Programme communiste, a la crítica de Programma comunista (el grupo italiano) en un artículo sobre la cuestión kurda, a propósito de un artículo escrito en 1994 sobre el tema y en el que Programma defiende al PKK, aunque sea de forma crítica : «Esta fantasía nos recuerda las ilusiones en las que cayeron muchos camaradas, incluidos miembros del centro internacional del partido, cuando la invasión de Líbano en 1982 y que fueron el detonador de la crisis que hizo estallar a nuestra organización (...) Programma llega a caer en el mismo error que cometieron en aquel entonces los liquidadores de nuestro partido, El Oumami o Combat. Si hubiese hecho un balance serio de la crisis del partido y de sus causas en vez de esconderse en la ilusión de que siempre tiene la razón, quizás Programma hubiese entonces tenido la ocasión histórica de hacer un verdadero salto cualitativo: superar su desorientación teórica, política y practica, para recobrar la intervención correcta y no hubiese conocido semejante desventura» (Programme communiste, no 95).

Resulta particularmente importante esta polémica, porque, además de defender una posición clara en cuanto a las luchas de liberación nacional, por fin se reconoce que esta cuestión fue la clave del estallido de Programme communiste en 1982 ([7]). Este reconocimiento nos permite ser optimistas en cuanto al porvenir, porque como lo pone en evidencia el carácter del debate, ya no les será posible a los bordiguistas seguir como si nada y tendrán que sacar las lecciones del pasado. No es posible, sin embargo, fecharlo arbitrariamente en un período determinado.

Ya hemos aludido al hecho de que, en la polémica, los diferentes grupos han retrocedido hasta la constitución de la primera organización en los años 1943-45. Así, Programma Communista nº 94 abordaba la cuestión: «el partido reconstituido (...) no salió indemne de la influencia de las posiciones de la Resistencia antifascista y de un antiestalinismo rebelde (...). Esas debilidades condujeron a la escisión de 1951-52; pero fue una crisis benéfica, de maduración política y teórica». Se encuentra ese tipo de críticas hacia el partido de los años 50 en la otra rama de la escisión de la época, es decir en Battaglia comunista (ver nuestro artículo sobre la historia de Battaglia comunista en la Revista internacional nº 91).

En el mismo número, Programme communiste se refiere también a las dificultades encontradas por el grupo después de mayo de 1968: «Los efectos negativos de después del 68 afectaron a nuestro partido (...) hasta hacerlo estallar (...) El partido sufría la agresión de posiciones que eran una mezcolanza de obrerismo, de guerrillerismo, de voluntarismo, de activismo (...) La ilusión se extendía de que el partido (después de 1975 y la previsión de Bordiga de una “crisis revolucionaria” para el año 1975) podría, en breve plazo, salir de su aislamiento y adquirir cierta influencia».

Programme communiste no se quedó ahí, y en un notable esfuerzo de reflexión sobre sus dificultades pasadas, volvía en otro artículo ([8]) sobre el mismo período, artículo que merece ser examinado: «Cuanto más se encontraba el partido frente a problemas políticos y prácticos diferentes por su naturaleza, su dimensión o su urgencia (como la cuestión femenina, del alojamiento, de los desempleados, la aparición de nuevas organizaciones fuera de los grandes sindicatos tradicionales o los problemas planteados por el peso de cuestiones de tipo nacional en ciertos países) tanto más aparecían las tendencias a atrincherarse en un marco o en declaraciones de principio, en una rigidez ideológica».

Hay que saludar esa observación, que es signo de una vitalidad política y revolucionaria que intenta dar una respuesta a los nuevos problemas de la lucha de clases. Esa reflexión sobre el pasado del viejo Partido comunista internacional y, en particular, sobre la cuestión de organización, hecha por los camaradas que siguieron con una actividad después del estallido de los años 80, es muy importante para la izquierda comunista.

No vamos a extendernos más en este artículo. Queremos simplemente saludar y subrayar la importancia de este debate que se está desarrollando en el campo bordiguista. En artículos anteriores hemos procurado analizar los orígenes de las corrientes políticas que hoy forman el medio político proletario, abordando dos cuestiones políticas fundamentales. Esos artículos son: «La fracción italiana y la Izquierda comunista de Francia» (en la Revista internacional nº 90) y «La formación del Partito comunista internazionalista» (Revista internacional nº 91). Estamos convencidos de que el conjunto del medio político proletario debe abordar estas cuestiones históricas y salir de repliegue que la contrarrevolución de los años 50 le impuso. El porvenir de la construcción del partido de clase y de la revolución misma dependen en gran parte de ello.

Ezechiele


[1] Véase por ejemplo «Frente a las calumnias de la burguesía, solidaridad con le Prolétaire», Révolution internationale, no 273, noviembre del 97.

[2] Véase «Reunión publica de la Izquierda comunista en defensa de la Revolución de octubre», Révolution internationale, no 275 (y en otras publicaciones territoriales de la CCI, en particular Word Revolution no 210), así como en el órgano de la CWO Revolutionary Perspectives no 9.

[3] Las principales formaciones bordiguistas que existen hoy y a las cuales nos referimos en este articulo son, con sus principales publicaciones : El Partido comunista internacional que publica le Prolétaire en Francia, Il Comunista en Italia ; el Partido comunista internacional que publica Il Programma Comunista en Italia, Cahiers internationalistes en Francia e Internationalist Papers en Gran Bretaña ; Il Partito Comunista Internazionale que publica Il Partito Comunista en Italia.

[4] Programme communiste nº 95 por ejemplo ha tomado la defensa de la Izquierda comunista cuando fue criticado nuestro libro La Izquierda comunista de Italia por una revista trotskista inglesa Revolutionary History.

[5] Existe un folleto de Battaglia comunista sobre la escisión de 1952 y otro, más reciente, titulado Entre las sombras del bordiguismo y de sus epígonos, que interviene explícitamente en el debate reciente entre grupos bordiguistas.

[6] Dos de los grupos que en cierto modo son asimilables a este componente del antiguo Programme communiste acabaron en el izquierdismo –Combate en Italia y El Oumami en Francia. Felizmente desaparecieron de la escena social y política.

[7] Véase los artículos que hemos dedicado a la crisis de Programme Communiste en 1982 y que la CCI analizó como la expresión de una crisis más general del medio político proletario, en particular en las Revista internacional del no 32 al 36.

[8] Programme Communiste nº 94, «A la mémoire d'un camarade de la vieille garde: Riccardo Salvador».