La cuestión china y la Internacional (1920-1940) - La Izquierda comunista contra la traición de la Internacional comunista

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Del combate de la Oposición de izquierdas al rechazo
de las luchas de liberación nacional por la Fracción italiana

Ya hemos publicado une serie de artículos sobre la China pretendidamente «comunista» en la que hemos hecho resaltar el carácter contrarrevolucionario del maoísmo ([1]). Si volvemos aquí a tratar del combate que llevó a cabo el proletariado chino durante los años 20, hasta la terrible derrota que sufrió en particular en Shangai y Cantón, no solo es porque esa lucha fue significativa de la relación de fuerzas entre burguesía y proletariado a nivel internacional, sino también porque tuvo un papel importante en el movimiento revolucionario debido a los combates políticos determinantes que suscitó.

Como lo escribía Zinoviev en 1927: «Los acontecimientos en China tienen tanta importancia como los de Alemania en octubre del 23. Y si en aquel entonces toda la atención de nuestro Partido se concentró en Alemania, hoy día ha de ser lo mismo con respecto a China, tanto más porque la situación internacional se ha vuelto más compleja e inquietante para nosotros» ([2]). Y es con toda la razón si Zinoviev subraya la gravedad de la situación, preocupación compartida por todos los revolucionarios del mundo. En aquel entonces, efectivamente, los acontecimientos en China eran la señal del fin de la oleada revolucionaria mundial, mientras se estaba imponiendo cada día más el estalinismo en la Internacional comunista (IC).

Sin embargo, es la situación en China una de las cuestiones que va a permitir tanto la estructuración de la Oposición de izquierdas como la afirmación política de la Izquierda italiana (Bilan) en tanto que corriente de mayor importancia en la oposición internacional, antes de que empiece a desarrollar una actividad y un trabajo de reflexión política de inestimable valor.

La derrota de la revolución en China

Los mediados años 20 fueron un período crucial para la clase obrera y sus organizaciones revolucionarias. ¿Podía desarrollarse y triunfar todavía la revolución a nivel mundial? En caso contrario, ¿podría la revolución rusa sobrevivir a su aislamiento?. Estas son las preguntas que se plantea el movimiento comunista, y el conjunto de la Internacional comunista (IC) está pendiente de las posibilidades de revolución en Alemania. Zinoviev, que sigue siendo su presidente, subestima totalmente la amplitud de la derrota en Alemania ([3]). Declara que es un episodio más y que nuevos asaltos revolucionarios están a la orden del día en varios países. Es evidente que la IC ya no dispone de une brújula políticamente fidedigna; y es así como al intentar paliar el reflujo de la oleada revolucionaria, no hace sino desarrollar cada día más una estrategia oportunista. A partir de 1923, Trotsky y la primera Oposición denuncian esos graves errores, con trágicas consecuencias, pero sin llegar a hablar de traición. La IC sigue degenerando y, a finales de 1925, se rompe la troika Zinoviev-Kamenev-Stalin; la IC la dirige entonces el dúo Bujarin-Stalin. A la estrategia «golpista» que predominaba con Zinoviev sucede una política basada en la «estabilización» prolongada del capitalismo. Entonces se abre el «curso derechista» con sus políticas de frente único con los «partidos reformistas» en Europa ([4]). La IC desarrolla en China une política incluso por debajo de la que defendían los mencheviques con respecto a los países económicamente poco desarrollados como Rusia. Sostiene que la política del Kuomintang hacia la revolución burguesa es la que está al orden del día, que la revolución comunista no podrá hacerse sino después. Semejante posición llevará a los obreros chinos a la matanza.

Fue durante su período golpista, de ultraizquierdismo, cuando la IC acosará al Partido comunista de China (PCC) hasta que entre en el Kuomintang, declarado «partido simpatizante» en el Quinto congreso (Pravda, 25 de junio del 24). Ese «partido simpatizante» ¡será el verdugo del proletariado!.

La IC estalinizada «consideraba al Kuomintang como órgano de la revolución nacional china. Los comunistas iban hacia las masas bajo la bandera del Kuomintang. En marzo del 27, esta política permite la entrada de comunistas en el gobierno na-cional. Recibieron la cartera de Agricultura (tras haberse pronunciado el Partido contra cualquier revolución agraria, y a favor de “frenar la acción demasiado vigorosa de los campesinos”) y la de Trabajo, para canalizar a las masas obreras hacia una política de compromiso y de traición. El Pleno de Julio del PCC se pronuncia contra la confiscación de las tierras, contra el armamento de los obreros y campesinos, o sea a favor de la liquidación del partido y de los movimientos de clase de los obreros y por la sujeción absoluta al Kuomintang, para evitar a toda costa la ruptura con éste. Todos estaban de acuerdo con esa política criminal, desde las derechas con Pen Chu Chek hasta la presunta izquierda de Tsiu Tsiu-Bo pasando por el centro de Chen Duxiu» ([5]).

Esa política oportunista, que Bilan analizó perfectamente unos años después, fue la que provocó prácticamente la disolución del PCC en el Kuomintang, con la terrible consecuencia que fue la derrota y el aplastamiento de los obreros chinos. «El 26 de marzo, Chiang Kai-chek intentó una primera prueba de fuerza al detener a muchos comunistas y simpatizantes. (...) Este hecho no se comunicó al Comité ejecutivo de la IC; en cambio, se dio mucha importancia a las declaraciones antiimperialistas de Chiang Kai-chek en el Congreso del trabajo, en 1926. Este mismo año, las tropas del Kuomintang empiezan su avance por el Norte. Esto sirve de pretexto para hacer cesar las huelgas en Cantón, Hong Kong, etc. (...) Al acercarse las tropas de Shanghai estallaron insurrecciones en al ciudad. La primera del 19 al 24 de febrero, y la segunda, que triunfó, el 21 de marzo. Las tropas de Chiang Kai-chek no entraron en la ciudad más que el 26 de marzo. El día 3 de abril, Trotsky escribió una advertencia contra el «Pilsudsky chino» ([6]). El día 5 de abril, Stalin declara que Chiang Kai-chek se ha sometido a la disciplina, que el Kuomintang es un bloque, algo así como un parlamento revolucionario» ([7]).

El día 12 de abril, Chiang Kai-chek provoca otra prueba de fuerza, reprimiendo una manifestación con ametralladoras, matando a miles de obreros. «Tras este acontecimiento, el 17 de abril, la delegación de la Internacional comunista apoya en Hunan al Kuomintang de izquierdas ([8]) en el que participan los ministros comunistas. Ahí se asiste el 15 de julio a la reedición del golpe de Shanghai. No cabe duda de que triunfa la contrarrevolución. Sigue un período de masacres sistemáticas, se considera que fueron asesinados unos 25 000 comunistas». Y en septiembre del 27, «la nueva dirección del PCC (...) fija la insurrección para el 13 de diciembre. (...) Un Soviet es designado desde arriba. La sublevación se adelanta al 10 de diciembre. El día 13, es totalmente reprimida. La segunda revolución china es definitivamente aplastada» ([9]).

Obreros y revolucionarios chinos van a sufrir un infierno, este es el precio pagado por la política oportunista de la IC. « A pesar de todas las concesiones, la ruptura con el Kuomintang sucede a finales del 27, cuando el gobierno de Hunan excluye a los comunistas del Kuomintang, ordenando su detención». Después, «... la conferencia del Partido en agosto del 27 desaprobó definitivamente lo que se llamó la línea oportunista de la precedente dirección de Chen Duxiu e hizo tabla rasa de los antiguos dirigentes. (...) Entonces se abrió el período golpista, que se expresó en particular en la Comuna de Cantón en diciembre del 27. Todas las condiciones eran contrarias a una insurrección en Cantón. (...) Claro está que no se trata de disminuir en nada el heroísmo de los comuneros de Cantón, quienes lucharon hasta la muerte. Cantón no fue, sin embargo, un ejemplo aislado. Cinco comités regionales (...) se pronunciaron durante el mismo período a favor de una sublevación inmediata». Y a pesar de la ofensiva victoriosa de la contrarrevolución, «... el VIo Congreso del PCC, de julio del 28, siguió manteniendo la perspectiva de “luchar por la victoria en una o varias provincias”» ([10]).

La cuestión china y la Oposición rusa

La derrota de la revolución china fue la condena más grave de la estrategia de la IC tras la muerte de Lenin, y más todavía de la IC estalinizada. Trotsky subraya en su Carta al VIo Congreso de la IC, el 12 de julio de 1928 ([11]), que la política oportunista de la IC debilitó primero al proletariado en Alemania en el 23, para seguir engañándolo y traicionándolo en Inglaterra y por fin en China. «Esas son las causas inmediatas e indiscutibles de la derrota». Y continúa: «Para entender lo que significa el giro actual hacia la izquierda ([12]), hemos de tener una visión global no solo de lo que fue el deslizamiento hacia el centro derecha que apareció a las claras en 1926-27, sino también de lo que había sido el período precedente de ultraizquierdismo en 1923-25, que preparó ese deslizamiento».

En 1924, la dirección de la IC no para de repetir que la situación revolucionaria sigue desarrollándose y que «batallas decisivas estallarán en un porvenir cercano». «Basándose en esa apreciación fundamentalmente errónea, el Vº Congreso establece toda su orientación, a mediados del 24» ([13]). La Oposición manifiesta su desacuerdo con esa visión y «da la alarma» ([14]). «A pesar del reflujo político, el Vº Congreso se orienta claramente hacia la insurrección (...) 1924 (...) es el año de las aventuras en Bulgaria ([15]) y Estonia» ([16]). Este ultraizquierdismo de 1924-25 «desorientado ante la situación, fue brutalmente sustituido por un desvío derechista» ([17]).

La nueva Oposición unificada ([18]) nace entonces, por la unión de la antigua Oposición de Trotsky con el grupo Zinoviev-Kamenev, etc. Varios temas animan en aquel entonces (1926) las discusiones en el Partido bolchevique, en particular la política económica de la URSS, la democracia en el Partido... Sin embargo, la cuestión china es la que provoca los principales debates, la mayor división en el Partido.

A la línea de «bloque con el Kuomintang» mantenida por Stalin y defendida por Bujarin y el ex menchevique Martinov se opone la de la Oposición de izquierdas. Los temas debatidos tratan del papel de la burguesía nacional, del nacionalismo y de la independencia de clase del proletariado.

Trotsky defiende su posición en un texto, Las relaciones de clase en la revolución china (3 de abril de 1927). En él desarrolla:

  • que la revolución en China depende del curso general de la revolución proletaria mundial. Y en contra de la visión de la IC, que defiende el apoyo al Kuomintang para que cumpla la revolución burguesa, llama a los comunistas chinos a salir del Kuomintang.
  • que para realizar la revolución, los obreros chinos han de organizarse en soviets y armarse ([19]).

A este texto se añaden, el 14 de abril, las Tesis dirigidas por Zinoviev al Buró político del PCUS ([20]), en las que éste reafirma la posición de Lenin en cuanto a las luchas de liberación nacional, insistiendo en particular en que un PC no ha de subordinarse a ningún otro partido y en que el proletariado no debe meterse en el terreno del interclasismo. También reafirma la idea de que «la historia de la revolución ha demostrado que una revolución democrática burguesa, si no se transforma en revolución socialista, se encamina inevitablemente por la vía de la reacción».

Sin embargo, en esta situación en que el proletariado es derrotado no solo en China sino internacionalmente, la Oposición rusa ya no tiene la capacidad de invertir el curso degenerativo de la IC. Se puede afirmar que ya es derrotada en el mismo Partido bolchevique. «El proletariado conoce entonces su más terrible derrota» ([21]), en la medida en que los revolucionarios, los que hicieron la Revolución de octubre, poco a poco van a ser detenidos, mandados a presidio o asesinados. Pero hay más grave todavía: «el programa internacional es proscrito, las corrientes de la izquierda internacionalista son excluidas (...), una teoría reciente se afirma triunfalmente en la IC» (ídem): la del «socialismo en un solo país». Ya no tienen otro objetivo, Stalin y la IC, sino el de defender el Estado ruso. Al romper con el internacionalismo, la Internacional comunista desaparece entonces en tanto que órgano del proletariado.

China y la Oposición de izquierdas internacional

A pesar de haber sido derrotada, el combate de la Oposición en la IC fue fundamental. Tuvo repercusiones importantísimas a nivel internacional, en todos los PC. Y sobre todo, es probable que no existirían hoy las corrientes de la Izquierda comunista si ese combate no se hubiera entablado. En China, en donde los estalinistas lograron sin embargo impedir que se conocieran los textos de la Oposición, Chen Duxiu logró mandar su Carta a todos los miembros del PCC (fue excluido en agosto del 29, y su Carta es del 10 de diciembre de ese mismo año) en la que toma claramente posición en contra del oportunismo estaliniano sobre la cuestión china.

En Europa y el resto del mundo, ese combate les permitió estructurarse y organizarse a los grupos oposicionistas excluidos de los PC. Sin embargo se dividen rápidamente y no logran pasar del estado de oposición al de verdadera corriente política.

En Francia por ejemplo, el grupo de Souvarine «Circulo Marx y Lenin», el grupo de Maurice Paz «Contra la corriente» y el de Treint «Restablecimiento comunista» publican cada uno por su lado los documentos de la Oposición de izquierdas rusa, y agrupan las energías revolucionarias. Este tipo de grupos va multiplicándose en un primer tiempo, sin lograr desgraciadamente alcanzar una colaboración mutua.

También nace un agrupamiento tras la expulsión de Trotsky de la URSS, la Oposición de izquierdas internacional, un agrupamiento que, sin embargo, va a desperdiciar muchas energías revolucionarias.

En 1930, los grupos:

  • la Liga comunista (Oposición) en Francia con A. Rosmer,
  • la Oposición de izquierdas unificada del PC alemán con K. Laudau,
  • la Oposición comunista española, con J.Andrade y J. Gorkin,
  • la Oposición comunista belga, Hennaut,
  • la Liga comunista de Norteamérica, M.Schachtman y M. Abern,
  • la Oposición comunista (Izquierda comunista de Austria), D. Karl y C. Mayer,
  • el PC austríaco (Oposición), Frey,
  • el Grupo interior del PC austríaco, Frank,
  • la Oposición de izquierdas checa, W. Krieger,
  • la Fracción de izquierdas italiana, Candiani,
  •  la Nueva oposición italiana (NOI), Santini y Blasco,

se pronuncian a favor de las posiciones defendidas por Trotsky en 1927 y de las propuestas en su Carta al VIº Congreso de al IC en el 28. Firman, incluso, una declaración común «A los comunistas de China y del mundo entero» (12 de diciembre de 1930). Candiani ([22]) la firma en nombre de la Fracción italiana.

Esta declaración no contiene la menor concesión a ninguna política oportunista de colaboración de clases. «Nosotros, representantes de la Oposición de izquierdas internacional, bolcheviques-leninistas, siempre hemos sido adversarios de la entrada del Partido comunista en el Kuomintang, en nombre de una política proletaria independiente. Desde los inicios de la oleada revolucionaria, hemos exigido que los obreros tomen la dirección del sublevación campesina para llevar a cabo la revolución agraria. Nuestra posición fue rechazada. Nuestros partidarios han sido perseguidos, excluidos de la IC y, en la URSS, detenidos y exilados. ¿En nombre de qué? ¡en nombre de la alianza con Chiang Kai-chek!».

Lecciones sacadas por la Izquierda italiana

Aunque alcanza un buen nivel de claridad sobre las tareas del momento, la Oposición de izquierdas internacional – debido a su apego político sin la menor crítica a los cuatro primeros congresos de la IC – va a acabar cayendo en el oportunismo en cuanto se invierte por completo el curso revolucionario en los años 30. Eso no ocurre con la Fracción italiana, pues ésta se ha desmarcado claramente en los tres aspectos en discusión sobre los países coloniales: las luchas de liberación nacional, las consignas democráticas y la guerra entre potencias imperialistas en esos países.

La cuestión nacional y la revolución en los países de la periferia del capitalismo

Contrariamente a la resolución del IIº Congreso de la IC, la Oposición de izquierdas internacional en la Resolución sobre el conflicto chino-japonés (febrero del 32), la Fracción italiana plantea esta cuestión de forma radicalmente nueva en el movimiento comunista. En esta resolución rompe con la posición clásica sobre las luchas de liberación nacional ([23]).

«Punto 1. – En la época del imperialismo capitalista, ya no existen las condiciones para que se produzca una revolución burguesa en las colonias y países semicoloniales, que lleve al poder a una clase capitalista capaz de vencer a los imperialismos extranjeros (...).

Siendo la guerra el único medio para la liberación de los países coloniales (...), se trata de saber cuál es la clase llamada a dirigirla en la época actual del imperialismo capitalista. En el complicado marco de las estructuras económicas de China, el papel de la burguesía indígena es el de impedir que se desarrollen los movimientos revolucionarios de obreros y campesinos, de aplastar a los obreros comunistas precisamente cuando la clase obrera surge como la única fuerza capaz de llevar a cabo la guerra revolucionaria en contra del imperialismo extranjero».

Y sigue: «El papel de la clase obrera consiste en luchar por la instauración de la dictadura del proletariado (...).

Punto 4. – La Fracción de izquierda siempre ha mantenido que el eje central de las situaciones es el que se expresa en el dilema “guerra o revolución”. Los acontecimientos actuales en Oriente confirman esta posición fundamental (...).

Punto 7. – El Partido comunista chino tiene el deber de ponerse en primera línea en la lucha contra la burguesía indígena y sus representantes de izquierdas en el Kuomintang, los verdugos de 1927. (...) El Partido comunista chino debe reorganizarse basándose en el proletariado industrial, reconquistar su influencia sobre el proletariado de la ciudad, única clase capaz de arrastrar tras ella a los campesinos en la lucha consecuente y decisiva que llevará a la instauración de los verdaderos soviets en China».

Ni que decir tiene que se trata aquí, primero, de un rechazo a la política del Partido comunista chino estalinizado (que no tardará en ser, además, «maoizado»), pero también de una crítica abierta a las posiciones políticas de Trotsky, que lo llevarán más tarde a defender a China contra Japón en el conflicto imperialista que va oponer a ambos países.

Durante los años 30, la posición de la Fracción italiana se va precisando, como lo demuestra la «Resolución sobre el conflicto chino-japonés» de diciembre del 37 (Bilan, nº 45): «Los movimientos nacionales, de independencia nacional, que tuvieron una función progresista en Europa al expresar la función progresista que tenía en aquel entonces el modo de producción burgués, ya no pueden tener en Asia más que una función reaccionaria, la de oponer, durante la revolución proletaria, las conflagraciones de que son las únicas víctimas los explotados de los países en guerra (y) el proletariado de todos los países».

Las consignas democráticas

Con las consignas democráticas ocurre lo mismo que con la cuestión de la liberación nacional. ¿Siguen existiendo programas diferentes para el proletariado de los países desarrollados y para el proletariado de aquellos países en que la burguesía todavía no ha cumplido su revolución?.

¿Pueden seguir siendo «progresistas» las consignas democráticas, tal como lo defiende la Oposición de izquierdas internacional?. «En realidad, la conquista del poder por parte de la burguesía no coincide para nada con la realización de sus consignas democráticas. Al contrario, en la época actual asistimos al hecho de que en una serie de países no es posible el poder de la burguesía más que basándose en relaciones sociales e instituciones semifeudales. Sólo el proletariado puede destruir tales relaciones e instituciones, o sea realizar los objetivos históricos de la revolución burguesa». Es ésa, en cambio, una posición menchevique, en total oposición con la que Trotsky fue capaz de defender en los años 20 sobre las tareas de los comunistas en China (cf. cita de Trotsky).

La posición de la Izquierda italiana es radicalmente diferente, y su delegación la defiende a la Conferencia nacional de la Liga comunista en 1930 ([24]). Defiende la idea de que las consignas democráticas ya no están al orden del día en los países semicoloniales. El proletariado ha de luchar por la integridad del programa comunista, siendo la revolución comunista la que internacionalmente está al orden del día.

«Nosotros decimos que allí donde el capitalismo no dirige económica y políticamente la sociedad (por ejemplo en las colonias), existen las condiciones para una lucha del proletariado a favor de la democracia – durante un período determinado. Sin embargo (...) pedimos que se aclare, que se precise sobre qué bases de clase ha de desarrollarse esta lucha. (...) En la situación actual de crisis mortal del capitalismo, esto ha de precipitar la dictadura del partido del proletariado (...).

Pero en lo que toca a los países en que ya está hecha la revolución burguesa (...), esto conduce al desarme del proletariado ante las tareas que los acontecimientos permiten (...).

Se ha de empezar dando contenido político a la formula “consignas democráticas”. Pensamos que puede dársele éstas:

1)  consignas ligadas directamente al ejercicio del poder político por una clase precisa;

2)  consignas que expresen el contenido de las revoluciones burguesas y que no puede realizar el capitalismo debido a la situación actual;

3)  consignas que conciernen a los países coloniales en los que se mezclan los problemas de lucha contra el imperialismo, los de la revolución burguesa y los de la revolución proletaria;

4)  las “falsas” consignas democráticas, o sea las que corresponden a las necesidades vitales de las masas trabajadoras;

Al primer punto se refieren todas las fórmulas propias a la vida del gobierno burgués, tales como la “reivindicación de un parlamento y de su libre funcionamiento”, las “elecciones de administraciones territoriales y su libre funcionamiento”, “asamblea constituyente”, etc.

Al segundo punto se refieren en particular todas las obras de transformación social en el campo.

Al tercer punto los problemas de táctica en los países coloniales

Al cuarto las luchas parciales de los obreros en los países capitalistas».

La Fracción sigue tratando esos cuatro temas añadiendo que la táctica ha de adaptarse en función de las situaciones, manteniéndose firme sobre los principios.

Las consignas democráticas institucionales

(...) La divergencia política se ha revelado más claramente entre nuestra fracción y la izquierda rusa. Sin embargo, se ha de precisar que esta divergencia debe limitarse al campo de la táctica, como lo prueba el encuentro entre Lenin y Bordiga (...)».

En España, en Italia, como en China, la Fracción italiana se distingue claramente de la táctica utilizada por la Oposición de izquierdas.

«La transformación del Estado de monarquía en república, que antiguamente era el resultado de una batalla armada, se ha plasmado hoy en España en la comedia de la salida del rey tras los acuerdos entre Zamora y Romanones (...).

El hecho de que en España la Oposición adopte posiciones políticas a favor de la transformación supuestamente democrática del Estado anula toda posibilidad de desarrollo serio a nuestra sección a causa de los propios problemas de la crisis comunista.

El hecho de que en Italia el partido haya alterado el programa de la dictadura del proletariado y defienda el programa democrático de la revolución popular ([25]) ha contribuido en gran medida al fortalecimiento del fascismo.

Las consignas democráticas y la cuestión agraria

(...) una transformación (la liberación de la economía agraria de las relaciones sociales propias al feudalismo) de la economía de un país como España en economía del tipo de las que existen en otros países más avanzados no coincidirá sino con la victoria de la revolución proletaria. Esto no significa, sin embargo, que no tenga el capitalismo la posibilidad de poner en marcha esa transformación (...). La posición programática comunista ha de seguir siendo la de la afirmación íntegra de la «socialización de la tierra»».

La Fracción da muy poca importancia a las consignas intermedias referentes al problema del campo.

«Las consignas institucionales y la cuestión colonial

(...) Aquí queremos referirnos a aquellos países coloniales en que no existe todavía el capitalismo como clase gobernante, a pesar de la industrialización de parte importante de su economía».

Aunque sea necesario adaptar la táctica en ciertos países, no se trata para la Fracción italiana de dar consignas diferentes para el proletariado de China, de España o de países del centro del capitalismo.

«En China, ni cuando el manifiesto de 1930 ni tampoco hoy se trata de establecer un programa para la conquista del poder político (...), mientras que el centrismo ([26]) no cesa de hacer malabarismos políticos para hacer creer que son soviets sus falsedades sobre los fines y los movimientos de los campesinos.

Una vez más, no existe más que una clase capaz de llevar a cabo la lucha victoriosa, y es la clase obrera.

Las reivindicaciones parciales de la clase obrera

Los partidos burgueses y en particular la socialdemocracia insisten para orientar a las masas hacia la necesidad de defensa de la democracia y piden y obtienen – por culpa del partido comunista – el abandono de la lucha en defensa de los salarios y en general del nivel de vida de las masas, como ocurre por ejemplo actualmente en Alemania».

Aquí, la Fracción defiende la idea de que la clase obrera no ha de luchar sino es para defender sus intereses propios y debe quedarse firme en su terreno de clase, único terreno que permite avanzar a las masas hacia la lucha revolucionaria.

La guerra imperialista y los trotskistas chinos

Trotsky sobre este tema va a renegar las posiciones que había defendido en 1925-27, en La Internacional después de Lenin (así como en su declaración «A los comunistas chinos y del mundo entero» de 1930). Entonces defendía la idea de que para oponerse a la solución guerrera imperialista, el proletariado tenía que desarrollar sus propias luchas por sus intereses revolucionarios, puesto que «la burguesía había pasado definitivamente al campo de la contrarrevolución». Y dirigiéndose a los miembros del Partido comunista chino, añadía: «Vuestra coalición con la burguesía fue justa desde 1924 hasta finales de 1927, ahora ya no vale nada».

Sin embargo, durante los años 30, llama a los obreros chinos a «cumplir con su deber en la guerra contra Japón» (La Lutte ouvrière, nº 43, 23 de octubre de 1937). Ya afirmaba en el número 37 de esa publicación que «si hay una guerra justa, es la del pueblo chino en contra de sus invasores». Esta no es otra posición sino la de ¡los socialtraidores durante la Primera Guerra mundial!. Y añade: «Todas las organizaciones obreras, todas las fuerzas progresistas de China, sin ceder en nada en su programa e independencia política, cumplirán su deber hasta la muerte en esta guerra de liberación, independientemente de su actitud con respecto al gobierno de Chiang Kai-chek».

Bilan ataca con violencia la posición de Trotsky en su Resolución sobre el conflicto chino-japonés, en febrero del 32: «Trotsky, al defender en España y en China una posición de Unión sagrada cuando en Francia o Bélgica defiende un programa de oposición al Frente popular, es un eslabón de la dominación capitalista y no se puede llevar a cabo ninguna acción con él. Lo mismo vale para la Liga comunista internacionalista de Bélgica, que adopta una posición de Unión sagrada en España e internacionalista en China» ([27]).

La Fracción titulará incluso uno de sus artículos publicados en Bilan nº 46, en enero del 38: «Un gran renegado adornado con plumas de pavo real: León Trotsky» ([28]).

Esa regresión de Trotsky, que lo hubiese conducido (de haber vivido más tiempo y haber tomar posición sobre los conflictos guerreros con esa misma orientación política) al campo de la contrarrevolución, va a llevar a los trotskistas chinos primero y luego a toda la IVª Internacional a caer durante la Segunda Guerra mundial en brazos del patriotismo y del socialimperialismo.

El grupo que publica La Internacional, en torno a Zheng Chaolin y Weng Fanxi, es el único en mantener la posición de defensa del «derrotismo revolucionario», y por ello, algunos de sus miembros van a ser excluidos, y otros romperán con la Liga comunista de China (trotskista) ([29]).

Al concluir este artículo, es importante señalar que únicamente la Fracción italiana fue capaz de desarrollar argumentos para demostrar por qué ya no son progresistas las luchas de liberación nacional y que, al contrario, se han vuelto contrarrevolucionarias en al fase actual del desarrollo del capitalismo.

Le incumbirá luego a la Izquierda comunista de Francia y, tras ella, a la CCI, la tarea de reforzar esta posición dándole una base teórica sólida.

MR

[1] Revista internacional nos 81, 84, 94.

[2] Tesis de Zinoviev para el Buró político del PC de URSS, el 14 de abril de 1927.

[3] Cf. los artículos en números anteriores de esta Revista internacional sobre la Revolución en Alemania. Trotsky escribe que el fracaso de 1923 en Alemania es «una gigantesca derrota», en l’Internationale après Lénine, PUF, París.

[4] Así llamaban a los partidos socialistas o socialdemócratas que traicionaron durante la Primera Guerra mundial.

[5] Bilan no 9, julio del 34.

[6] Dictador polaco que acababa de reprimir a la clase obrera, fundador del Partido socialista polaco de tendencia reformista y nacionalista.

[7] Trotsky, l’Internationale après Lénine, op. cit.

[8] La existencia de un Kuomintang de izquierdas es una leyenda de la IC estalinizada.

[9] Harold Isaacs, la Tragedia de la revolución china – 1935-27, citado por Trotsky, l’Internationale après Lénine, op. cit.

[10] Bilan no 9, julio del 34.

[11] Cf. l’Internationale après Lénine, op. cit.

[12] Así nombraron el curso de la IC tras 1927.

[13] Subrayado de Trotsky.

[14] Trotsky.

[15] Sublevamiento que duró del 19 al 28 de septiembre antes de ser derrotado.

[16] En diciembre del 24 se organizó un sublevamiento. En él participaron unos 200 miembros del PC de Estonia que serán aplastados en unas cuantas horas.

[17] Trotsky, op. cit.

[18] A finales de 1925 se rompe la troica Stalin-Zinoviev-Kamenev. Entonces se forma un «bloque» de las oposiciones que se llamará Oposición unificada.

[19] Es sabido hoy que esa consigna no correspondía a la situación – y el mismo Trotsky cuestiona su validez (op. cit., p. 211) – puesto que el curso ya no era favorable a la revolución proletaria.

[20] Tesis que hubiesen debido ser discutidas en el VIIº Pleno de la IC y en el XVº Congreso del Partido comunista ruso.

[21] Bilan, nº 1, noviembre del 33. Esa derrota fue llamada por la Oposición rusa: el Termidor de la Revolución rusa.

[22] Enrico Russo (Candiani), miembro del Comité central de la Fracción italiana.

[23] Hoy todavía, a la componente bordiguista le cuesta recuperar la posición de la Fracción italiana y trata la posición de la CCI de «indiferentista».

[24] Bulletin d’information de la Fraction italienne, nº 3 y 4.

[25] Se trata de la política del «Aventino», que consistió para el PC en retirarse del parlamento dominado por los fascistas para reunirse en el Aventino con los centristas y socialdemócratas. Esta política fue denunciada por Bordiga como oportunista.

[26] Aquí se trata de la IC y de los partidos comunistas estalinizados.

[27] La única tendencia que adoptará la misma posición que la Fracción italiana y la Fracción belga de la Izquierda comunista estaba constituida por la Revolucionary Workers League (más conocida por el nombre de su representante, Oelher) y por el Grupo de trabajadores marxistas (también más conocido por el nombre de su representante, Eiffel).

[28] Nosotros no consideramos que Trotsky haya traicionado a la clase obrera, puesto que falleció antes de que estallara la Segunda Guerra mundial. Sin embargo, esto no vale para los trotskistas. Cf. nuestro folleto el Trotskismo en contra de al clase obrera.

[29] Cf. Revista internacional, no 94.