Respuesta al MLP: Revolución socialista del proletariado contra autodeterminación nacional

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En números anteriores de la Revista Internacional (1), hemos publicado una considerable cantidad de correspondencia con el Partido marxista laborista de Rusia. Este intercambio se ha centrado principalmenteen el problema de la decadencia el capitalismo y sus implicaciones para ciertas cuestiones clave, como la naturaleza de clase de la revoluciónde Octubre y el problema de la “liberación nacional”.

Hemos recibido noticias de una escisión en el grupo. Ahora habría dos MLP, uno que se refiere a sí mismo como el MLP (Bolchevique), y otro –con el que hemos mantenido debate hasta ahora-, el MLP (Buró sur). Para tratar de clarificar una situación bastante confusa, y comprender mejor las verdaderas posiciones del MLP sobre cuestiones fundamentales del internacionalismo proletario, planteamos por escritoal MLP (Buró sur, BS) una serie de preguntas (en el resto del artículo, cuando mencionamos al MLP, nos referimos al MLP (BS), a menos que se indique lo contrario). Estas cuestiones se reproducen en la respuesta del MLP, que publicamos a continuación, después sigue nuestra respuesta a la carta del MLP, en la que nos concentramos de nuevo en nuestras diferencias sobre la cuestión nacional.

Hay una respuesta posterior del MLP, sobre la que volveremos en el próximo número de la Revista Internacional; también desarrollaremos nuestra respuesta a otras cuestiones suscitadas por la carta que publicamos aquí, en particular el antifascismo y la naturaleza de la Segunda Guerra mundial.

 

Carta del MLP

Camaradas

Aunque vuestra carta estaba dirigida al “Buró sur del MLP”, hemos dado a conocer sus contenidos a nuestros camaradas de la organización, aunque no vivan en el sur de Rusia.

Esta es nuestra respuesta colectiva.

¿Consideráis posible el apoyo a las luchas de liberación nacional en el siglo XX?

Sostenemos que, antes de hablar a favor o en contra de apoyar las luchas de liberación nacional en el siglo XX, habría que comprender lo que significan globalmente las luchas de liberación nacional. Pero a su vez, esto sería difícil si previamente no se ha dado una determinación más o menos clara de “nación”.

Además, en nuestra opinión, habría que clarificar cual fue la actitud de Marx y Engels ante esta cuestión en su época, así como cuál fue la posición de los bolcheviques-leninistas, tanto antes como después de la revolución de Octubre 1917. Finalmente, habría que considerar la evolución de las posiciones de la Comintern sobre estos problemas...

 ¿Reconocéis un “derecho de autodeterminación de las naciones”, o rechazáis esa fórmula?

El movimiento de liberación nacional es una cosa objetiva. Al alcanzar un alto nivel de desarrollo, indica que uno u otro pueblo se ha embarcado en la vía de su propio desarrollo capitalista, y que el correspondiente grupo étnico, o bien está en el umbral de convertirse en una nación BURGUESA, o ya lo ha traspasado.

En contraste con lo que manda la tradición bolchevique-Comintern, ofreciendo no sólo apoyo a los movimientos de liberación nacional como progresistas-burgueses, sino orientándose incluso a crear partidos comunistas (¡!) en los países atrasados, partidos que consisten en el campesinado bajo el liderazgo de la intelligentsia nacional progresista-revolucionaria; y a luchar por el establecimiento del poder de los soviets en ausencia o mínima presencia del proletariado industrial (la notable teoría del “desarrollo no capitalista”, o la “orientación socialista en los países en desarrollo”), el MLP (¡ no confundir con el MLP (B) !) considera que el apoyo a los movimientos de liberación nacional sólo crea la ilusión de solucionar los problemas sociales en el interior de las fronteras nacionales. En particular, esta ilusión se expresa en la consigna “marxista-leninista”: “De la liberación nacional a la liberación social”.

Sólo la revolución social podrá solucionar, entre otros, los problemas nacionales.

La participación en cualquier movimiento de liberación nacional, es decir, la lucha por la separación del Estado de una nación burguesa más, no es una tarea específica de los marxistas.

Al mismo tiempo, no nos oponemos a los movimientos de liberación nacional, por ejemplo, al movimiento político a favor de la separación  de Chechenia de Rusia, en el que participan activamente algunos miembros del MLP (B).

Si la mayoría de la población de una nacionalidad en un determinado territorio histórico ha decidido usar el “derecho de las naciones a la autodeterminación” contra la “expansión imperialista”, nosotros no nos declararemos en contra de esa posición con dos condiciones:

–  que la separación territorial frene la sangrienta carnicería con múltiples víctimas entre la población trabajadora de ambos bandos;

–  que la independencia estatal de una nueva nación burguesa, lleve más rápidamente a la situación en que, dentro de esa nación, emerja su propio proletariado industrial y se haga más fuerte; y entonces, desencadene su lucha de clase contra la burguesía nacional local, sin dejarse arrastrar por la ilusión de ninguna “liberación” que no sea social ¡Antes de que el proletariado de todos los países pueda unirse, el proletariado de esos países tiene simplemente que existir!

¿Consideráis que todas las fracciones de la burguesía son igualmente ­reaccionarias en el siglo XX –esto es, desde el principio de la Iª Guerra mundial-?, y si no es así ¿Cuál es vuestrocriterio?

Aquí también es preciso definir primero lo que se entiende por “reaccionario”. La palabra “reaccionario” en su sentido original significa “contrarrestar el progreso” o, más exactamente, “contrarrestar el avance hacia delante”. Está claro, sin embargo, que esta definición es muy general.

Como marxistas, podemos y tenemos que hablar de ese tipo de reacción que se opone al anhelo de acabar con el modo de producción capitalista-burgués, y globalmente con la sociedad de clase (propiedad privada y explotación), que impide al género humano avanzar hacia el comunismo.

Al mismo tiempo, los clásicos del marxismo nos enseñaron a comprender por qué el modo de producción capitalista fue progresista respecto a los modos de producción que le precedieron, y respecto a las estructuras socioeconómicas más atrasadas que coexisten con él en el marco de la sociedad de clases. También nos enseñaron a distinguir las etapas progresivas de desarrollo de este modo de producción. ¡En nuestra opinión, cualquier otro planteamiento sería escolástico y dogmático, pero no dialéctico-histórico!

En el siglo xx, la producción pequeño burguesa y campesina fue dando lugar a la producción capitalista a gran escala.  Desde el punto de vista del marxismo, las fuerzas productivas cambian la estructura social de la sociedad en el curso de su desarrollo. Esto es objetivamente progresista.

De aquí en adelante, en nuestra opinión, respecto al siglo xx, no se debería hablar de decadencia del capitalismo como tal, sino sólo del proceso por el que la forma Estado-nación del capitalismo sobrevive más allá de su necesidad histórica, y por tanto la posibilidad de desarrollo de una fase siguiente se ha agotado.

Y no podemos decir que con el comienzo de la Iª Guerra mundial, el capitalismo haya agotado inequívocamente su capacidad de desarrollo. En nuestra opinión, ese agotamiento solo se constata a partir de la segunda mitad del siglo xx. Evidencias claras de esto son la actual globalización y unificación económica de Europa, por ejemplo.

Ahora en nuestra época es cuando el capitalismo ha empezado a agotar su capacidad progresista.

Esto hace que se aproxime la hora de acabar con él a escala internacional por medio de la revolución social mundial.

(…)

Respuesta de la CCI

Los Comunistas y la cuestión nacional

Entre las diferentes cuestiones que se plantean en esta carta, hemos escogido responder primero a una cuestión que pensamos que es particularmente importante clarificar. También es una cuestión que se plantean los nuevos elementos y grupos que aparecen en Rusia. Se trata de la cuestión nacional, y particularmente la posición comunista sobre las luchas de liberación nacional y la famosa consigna de Lenin del “derecho de las naciones a su autodeterminación”. Aunque el MLP, en su respuesta a nuestra carta, sostiene que no apoya los movimientos de liberación nacional, porque  “sólo crean una ilusión de solucionar los problemas sociales en el interior de las fronteras nacionales”, al mismo tiempo considera que hay ciertas ocasiones en las que no se opondría a ellos. Como cuando  “la mayoría de la población de una nacionalidad en un determinado territorio histórico ha decidido usar el “derecho de las naciones a la autodeterminación” contra la “expansión imperialista”...”

Esas ocasiones son las siguientes: cuando la separación detendría una matanza sangrienta, o si el surgimiento de un nuevo Estado independiente llevara al crecimiento del proletariado en ese Estado, y más tarde al desarrollo de la lucha de clases contra la burguesía nacional local.

Esto significa concretamente para el MLP en sus propias palabras: “no nos oponemos a los movimientos de liberación nacional, por ejemplo,  al movimiento político a favor de la separación  de Chechenia de Rusia, en el que participan activamente algunos miembros del MLP (B)”.

Antes que nada, nos parece muy extraño que el MLP diga que no están en contra del movimiento de liberación nacional, pero al mismo tiempo no están a favor. ¿Acaso el MLP es indiferente, o simplemente se abstiene de combatir la ideología de la liberación nacional, aunque según sus propias posiciones, “sólo crea  una ilusión de solucionar los problemas sociales en el interior de las fronteras nacionales”? ¿Qué quiere decir el MLP cuando escribe que participar en los movimientos de liberación nacional “no es una tarea específica de los marxistas”? Además, el MLP tampoco se opone a las actividades de un miembro del MLP(B), que “participa activamente” en un movimiento separatista de Chechenia. ¿Qué tenemos que pensar de esto?

Para nosotros expresa una posición ampliamente oportunista sobre los movimientos de liberación nacional. Tenemos la impresión de que esta vaguedad en la toma de posición es sólo una apertura a la participación en esos movimientos de ciertos miembros del MLP. De hecho, la posición del MLP deja la puerta abierta al apoyo a cualquier movimiento de liberación nacional, porque siempre será posible encontrar algún criterio que aplicar.

Para el MLP sería posible argumentar que la separación nacional detendría una sangrienta matanza en muchas ocasiones. Por ejemplo, esta posición hubiera llevado lógicamente en 1947 a apoyar la separación de Pakistán de la India, para detener las masacres entre musulmanes e hindúes. La disputa posterior sobre Jammu y Cachemira entre Pakistán e India, es quizás también un buen ejemplo de cómo el “derecho de las naciones a la autodeterminación” (ahora en nombre del Acta de independencia británica) sólo lleva a más matanzas sangrientas. Hoy vemos cómo los peligrosos conflictos y las tensiones constantes entre Pakistán e India amenazan la densa población de la zona con millones de muertes si se desencadenara una guerra nuclear entre Pakistán e India –y esto sería un horror añadido a todas las muertes que ya ha causado el conflicto de Cachemira (2). Este ejemplo sólo es para mostrar lo absurdo y completamente a-marxista que es el criterio que plantea el MLP como una razón para “no oponerse” a la separación de un nuevo Estado.

El otro criterio que emplea el MLP es la hipótesis de que una separación llevaría al desarrollo de la industria, y consecuentemente al desarrollo del proletariado, y finalmente al incremento de la lucha de clases contra la “burguesía nacional local”.

Como el MLP no comparte el concepto de “decadencia del capitalismo” (la entrada del capitalismo en una fase de decadencia tras una fase progresiva), al menos hasta finales del siglo xx, cuando según ellos, se habría manifestado en la globalización del capitalismo y en la unificación económica de Europa; este otro criterio se aplicaría a diferentes casos de “liberación nacional” en el siglo xx. Por ejemplo en los años 70 hubo diferentes grupos en Europa que en muchos aspectos estaban próximos a las posiciones proletarias, pero que en lo que concierne a la cuestión de la liberación nacional, apoyaron “críticamente” al FLN (Frente de liberación nacional) en Vietnam, porque, según argumentaban, establecería un nuevo Estado burgués, que estimularía la industrialización y el desarrollo del proletariado. Tan pronto como resultara victoriosa la burguesía nacional, el proletariado debería volverse inmediatamente contra su propia burguesía. Esta falsa aplicación del marxismo era, y aún es hoy (en el mejor de los casos), una tapadera para ocultar las concesiones oportunistas a la ideología burguesa. Esta posición está muy cercana al trotskismo, que siempre encuentra una excusa para apoyar las denominadas luchas de liberación nacional, cuando actualmente en nuestra época sólo son el envoltorio de los conflictos imperialistas mundiales.

Estas precisiones iniciales, ponen de relieve la necesidad de recurrir a un marco marxista (al cual el MLP también recurre al principio de su respuesta a nuestras preguntas): ¿Cuál fue la actitud de Marx y Engels en relación a las luchas de liberación nacional, y cuál fue la posición de los comunistas sobre esta cuestión desde la Izquierda de Zimmerwald hasta la Comintern? Finalmente ¿Cuál tiene que ser la posición de los comunistas sobre esto hoy?

El Estado nación

El MLP sostiene correctamente que, antes de tomar posición a favor o en contra de las luchas de liberación nacional, es preciso comprender la naturaleza de esas luchas, y también tener una clara comprensión de lo que significa el concepto de nación para los marxistas.

El concepto de nación no es un concepto abstracto y absoluto, sino que solo puede comprenderse en el contexto histórico. Rosa Luxemburg da una definición de este concepto en su Folleto de Junius:

“El Estado nacional, la unidad y la independencia nacionales: estas eran las banderas ideológicas bajo las cuales se constituyeron los grandes Estados burgueses en el corazón de Europa en el último siglo. El capitalismo es incompatible con el particularismo de los pequeños Estados, con la dispersión política y económica. Para desarrollarse, al capitalismo le es necesario un territorio coherente, tan grande como sea posible y a un mismo nivel de civilización, sin lo cual no se podrían elevar las necesidades de la sociedad a un nivel requerido para la producción mercantil capitalista ni hacer funcionar el mecanismo de la dominación burguesa moderna. Antes de extender su red sobre todo el globo, la economía capitalista buscó crear un territorio unido dentro de los límites nacionales de un Estado” (Rosa Luxemburg, La Crisis de la socialdemocracia).

Marx y Engels, que comprendían bien esto, en diferentes ocasiones dieron argumentos para apoyar ciertas luchas de liberación nacional. Pero nunca como principio; sólo en los casos en que pensaban que la creación de nuevos Estados-nación podría conducir a un verdadero desarrollo del capitalismo contra las fuerzas feudales. La creación de nuevos Estados-nación sólo podía llevarse a cabo en Europa en esa época por medidas revolucionarias, y desempeñar un papel históricamente progresivo en la lucha de la burguesía contra el poder feudal:

“El programa nacional no jugó un papel histórico, en tanto que expresión ideológica de la burguesía en ascenso aspirante al poder en el Estado, hasta el momento en que la sociedad burguesa quedó, mal que bien, instalada en los grandes Estados del centro de Europa y creó los instrumentos y las condiciones indispensables de su política” (Ídem).

El método de Marx y Engels no estaba basado en ninguna consigna abstracta, sino siempre en el análisis de cada caso, en el análisis del desarrollo político y económico de la sociedad. «Marx no prestó ninguna atención a la fórmula abstracta del “derecho de las naciones a su autodeterminación”, y echó pestes sobre los checos y sus aspiraciones de libertad, aspiraciones que veía como una complicación nociva de la situación revolucionaria, que todo lo más merecía una severa condena, puesto que para Marx, los checos eran una nacionalidad agonizante, condenada a desaparecer pronto» (Rosa Luxemburg: “La cuestión nacional y la autonomía”, traducido por nosotros).

Marx y Engels no siempre estuvieron acertados en sus análisis, como demostró Rosa Luxemburg respecto al caso de Polonia.

La definición de una nación no se basa en algunos criterios generales abstractos, como un lenguaje y cultura común, sino en un contexto histórico preciso. En la socie­dad de clases, una nación no es algo homogéneo, sino que está dividida en cla­ses, con diferentes y antagónicas opiniones, cultura, moral, etc. La noción abs­­tracta de “derecho” de las naciones sólo significa los de la burguesía.

De ahí que no pueda existir algo semejante a una voluntad uniforme de una nación, una voluntad de autodeterminación. Detrás de esa consigna está la concesión a la idea de que, para alcanzar el socialismo, es preciso pasar por la fase democrática. Tras eso hay también la idea de que debería haber una forma de determinar la “voluntad” del pueblo. El MLP usa la expresión, “la mayoría de la población de una determinada nacionalidad”. En esta expresión hay dos conceptos abstractos. Primero, la “voluntad de la población”, presupone que habría una forma pacífica, por encima de los verdaderos antagonismos de clase, de decidir (puede que a través de un referéndum –como propusieron los bolcheviques) el destino de las naciones. Segundo, el uso del término “nacionalidad” es muy vago. Si denota un grupo específico étnico o cultural, la relación con la autodeterminación nacional está muy poco clara.

La nación es una categoría histórica, y la creación del Estado-nación juega un cierto papel para la burguesía históricamente. El Estado-nación no es sólo un marco para que la burguesía desarrolle y defienda su economía y su sistema de explotación, al mismo tiempo es también una ofensiva contra otros Estados-nación, para su conquista y dominación, para la supresión de otras naciones. Por eso el “derecho de autodeterminación de las naciones” es en la vida real un “derecho” por el que cualquier burguesía tiene el derecho a suprimir los “derechos” de otras naciones, otros grupos étnicos, lenguajes y culturas. El “derecho de las naciones a la autodeterminación” no es mas que una utopía abstracta que deja entrar por la puerta trasera el nacionalismo de la burguesía.

Discusión en la Izquierda de Zimmerwald

En la Izquierda de Zimmerwald –la corriente internacionalista que se opuso más resueltamente a la Iª Guerra mundial- surgió una discusión sobre la consigna del “derecho de las naciones a la autodeterminación”.

Esta consigna emanaba de la 2ª Internacional:

En la segunda Internacional, esa consigna tenía un doble papel: por un lado, se suponía que expresaba una protesta contra toda opresión nacional, por otro, mostraba la disposición de la Socialdemocracia a “defender la patria”. La consigna se aplicó a cuestiones nacionales específicas sólo para evitar la necesidad de investigar su contenido concreto y las tendencias de su desarrollo” (3).

Los militantes alemanes y polacos de la Izquierda de Zimmerwald rechazaron la consigna de los bolcheviques. Era una posición que los bolcheviques habían heredado de la socialdemocracia. Rosa Luxemburg, desde ya hacía tiempo –en 1896 en relación con el congreso de Londres de la 2ª Internacional, y luego junto con Radek y otros en el SDKPiL– criticó esa consigna, de la que pensaban que era una concesión oportunista. También en el Partido bolchevique hubo críticas, representadas por Piatakov, Bosh y Bujarin, a la consigna del “derecho de las naciones a la autodeterminación”. Estaban basadas en el hecho de que, en la época imperialista:

“La respuesta a la política imperialista de la burguesía tiene que ser la revolución socialista del proletariado; la socialdemocracia no tiene que plantear reivindicaciones mínimas en el terreno de la política exterior actual.

Es imposible por tanto, luchar contra la esclavitud de naciones si no es a través de la lucha contra el imperialismo; Ergo una lucha contra el imperialismo; ergo una lucha contra el capital financiero; ergo una lucha contra el capitalismo en general. Dejar de lado esa vía de cualquier forma, y plantear tareas “parciales” de  “liberación nacional” en los límites de la sociedad capitalista, desvía las fuerzas proletarias de la verdadera solución del problema y las une, codo con codo, con las fuerzas de la burguesía de los grupos nacionales correspondientes” (“Tesis sobre el derecho de las naciones a la autodeterminación”, Piatakov, Bosh, Bujarin, del libro La lucha de Lenin por una internacional revolucionaria).

Lenin tenía otra respuesta a esa cuestión que realmente apuntalaba todo el problema de plantear reivindicaciones mínimas y el lazo entre la cuestión nacional y la cuestión de la democracia.

“Sería un error radical pensar que la lucha por la democracia fue capaz de desviar al proletariado de la revolución socialista, o de esconderla o ensombrecerla, etc. Al contrario, de la misma forma que no puede haber socialismo victorioso que no practique la democracia plena, el proletariado tampoco puede preparar su victoria sobre la burguesía sin una lucha consistente y revolucionaria, en todas partes, por la democracia” (4).

En este pasaje hay cierta tendencia a combinar “democracia” con dictadura del proletariado, y más particularmente a ver las formas de la democracia burguesa en la futura dictadura del proletariado. Esto es falso a muchos niveles – y no sólo porque mientras que la dominación proletaria sólo puede mantenerse a escala mundial, la democracia capitalista es inevitablemente nacional en cuanto a la forma, y está inseparablemente ligada al Estado nacional. Mucha más importancia inmediata tuvo incluso la confusión entre la lucha por reivindicaciones democráticas –incluyendo los “derechos de las naciones”– y la lucha por el poder proletario y la destrucción del Estado burgués. Fue un error de Lenin retomar la vieja consigna socialdemócrata del “derecho de las naciones a la autodeterminación” –que realmente expresaba la vieja consigna oportunista de que el socialismo sólo podría alcanzarse por medio de la democracia, por la conquista pacífica del poder por la vía parlamentaria– y tratar de injertarla en un programa revolucionario. Esto también apoyaba indirectamente los argumentos de los mencheviques de que la revolución en Rusia tenía que pasar por un periodo de democracia burguesa antes de estar lista para el socialismo. Aunque Lenin y los bolcheviques sacaron conclusiones completamente diferentes de esta idea, puesto que apoyaron e impulsaron una lucha revolucionaria, mientras que los mencheviques se opusieron a cualquier lucha que, según su teoría, sobrepasara la “realidad objetiva” del capitalismo. Esta idea reformista tuvo aún gran influencia entre los bolcheviques, como revelaron las primeras reacciones de la mayoría de “viejos bolcheviques” en Rusia ante la revolución de Febrero. Esta posición –que las capas más radicales del partido no apoyaban- fue la posición dominante en los órganos dirigentes antes de que Lenin llegara a la estación de Finlandia en Petrogrado, e inmediatamente atacara esa expresión de oportunismo, que implicaba apoyar el gobierno de Kerenski y su esfuerzo de guerra. Lenin planteó este combate en sus famosas Tesis de Abril.

A partir de entonces, Lenin desarrolló una comprensión de que la revolución en Rusia no era meramente una revolución burguesa, sino la primera etapa de la revolución proletaria. Fue la práctica real revolucionaria de Lenin y los bolcheviques la que refutaría el dogma menchevique de la necesidad de una fase democrática antes de que fuera posible la revolución socialista. De hecho, la historia muestra (bien al contrario de lo que creía Lenin en 1916, cuando defendía el “derecho de autodeterminación”), que las ilusiones en la democracia fueron el veneno más peligroso contra la revolución, no sólo en Rusia, sino en casi todos los países afectados por la revolución rusa; la cuestión de la democracia fue el arma principal que empleó la burguesía para contrarrestar el movimiento revolucionario.

Rosa Luxemburg escribió lo siguiente contra la idea de que todos los países tienen que pasar por una determinada fase de su modo de producción para llegar a un nuevo modo de producción:

“Por tanto, históricamente hablando, la idea de que el proletariado moderno no podría hacer nada en tanto que clase autónoma y consciente sin crear primero un nuevo Estado-nación, es lo mismo que decir que, en algunos países, la burguesía antes que nada debería establecer un sistema feudal si por alguna casualidad no se hubiera implantado per se, o hubiera tomado una forma particular, como por ejemplo en Rusia. La misión histórica de la burguesía es la creación del Estado moderno “nacional”; pero la tarea histórica del proletariado es la abolición de este Estado como forma política del capitalismo, y en esa tarea, el proletariado se revela como clase consciente para establecer el sistema socialista” (La autonomía y la cuestión nacional, Rosa Luxemburg, subrayados nuestros).

Cuando el congreso de Londres, en 1896 adoptó la consigna del “derecho de las naciones a la autodeterminación”, Rosa Luxemburg afirmó que: “la posición nacionalista pasa de contrabando bajo la bandera internacional” (5). Aunque no hay que mezclar la posición de Lenin con la del social-chovinismo de los viejos partidos socialdemócratas que llamaron a la “defensa de la patria”, el esfuerzo de Lenin por hacer del “derecho a la autodeterminación” una parte del programa revolucionario, es un error.

La cuestión nacional en la revolución rusa

Hay que considerar la revolución en Rusia en un marco histórico y mundial, al mismo tiempo parte y señal de la revolución mundial. La Revolución de Febrero no fue la revolución burguesa necesaria antes de que pudiera producirse la revolución socialista, sino la primera fase de la revolución proletaria en Rusia, que estableció una situación de doble poder que preparó el siguiente paso de la toma del poder en Octubre. Esta es también más o menos la opinión de Lenin en las Tesis de Abril, y de hecho es una ataque contra la concepción mecánica, nacional y oportunista de la revolución proletaria. En el prefacio de Lenin a la primera edición (agosto 1917) de El Estado y la Revolución, plantea claramente su visión de la revolución rusa, cuando escribe:

“Por último, haremos el balance fundamental de la experiencia de la revolución rusa de 1905, y sobre todo de la de 1917. Esta última está terminando, al parecer, en los momentos actuales (comienzos de agosto de 1917) la primera fase de su desarrollo; pero toda esta revolución, en términos generales, puede ser comprendida únicamente como un eslabón de la cadena de revoluciones proletarias socialistas suscitadas por la guerra imperialista.”

También partiendo de esta visión, que considera que la revolución rusa expresa la dinámica de una revolución proletaria mundial, Rosa Luxemburg reiteró con más intransigencia aún, su crítica a la consigna del  “derecho de las naciones a la autodeterminación” y a su utilización por el partido bolchevique en el poder:

“En lugar de tender, según el espíritu de la política internacional de clase, que por lo demás ellos representaban, a reunir en una masa compacta las fuerzas revolucionarias sobre todo el territorio del imperio, en lugar de defender con uñas y dientes la integridad del imperio ruso en cuanto territorio revolucionario, de contraponer a todas las aspiraciones separatistas nacionales, como ley suprema de su política, la cohesión y la unión inseparable de los proletarios de todos los países en el seno de la revolución rusa, los bolcheviques, a través de la rimbombante fraseología nacionalista del “derecho a la autodeterminación hasta la separación estatal” no hicieron otra cosa que prestar a la burguesía de todos los países limítrofes el mejor de los pretextos, y hasta la bandera para sus aspiraciones contrarrevolucionarias. En lugar de poner en guardia a los proletarios de los países limítrofes contra todo separatismo por ser éste una mera trampa burguesa, ellos han desconcertado a las masas de aquellos países con su consigna librándolas así a la demagogia de las clases burguesas. Con esta reivindicación nacionalista causaron, prepararon, el desmembramiento de la misma Rusia y pusieron en manos de sus propios enemigos el puñal que ellos clavarían en el corazón de la revolución rusa” (La Revolución rusa, Rosa Luxemburg).

En todos los casos en que se aplicó la consigna de los bolcheviques del “derecho a la autodeterminación”, sembró ilusiones en la democracia y el nacionalismo –mitos sagrados que la misma burguesía ha pisoteado siempre cuando tuvo que luchar por su propia supervivencia contra la revolución proletaria. Ante este peligro, las burguesías nacionales siempre se han alejado de la idea de la independencia nacional y rápidamente han renegado de sus sueños nacionalistas para gritar pidiendo socorro a las potencias burguesas antagónicas para que las ayudaran a masacrar a “su propia” clase proletaria.

Al mismo tiempo, y precisamente por la misma razón, la historia entera de “la época de guerras y revoluciones” (el término de la Internacional comunista para la época de la decadencia del capitalismo) muestra que, allí donde el proletariado ha tenido ilusiones de llevar una lucha común con la burguesía, eso sólo ha llevado a masacres del proletariado. Finlandia y Georgia son ejemplos sangrantes de cómo la burguesía, tan pronto como consiguió su independencia, pidió inmediatamente apoyo para aplastar al bastión proletario en Rusia –todo ello bajo la bandera de la independencia nacional. En Finlandia se enviaron tropas alemanas para aplastar a la guardia roja finlandesa, y la revolución finlandesa se convirtió en una terrible derrota para el proletariado. El Ejército Rojo estaba obligado a ser “neutral”, según el tratado de Brest-Litovsk, y no intervino oficialmente (aunque muchos bolcheviques en el Ejército Rojo ayudaron a los guardias rojos finlandeses). La burguesía finlandesa movilizó a los campesinos pobres para combatir contra “el enemigo ruso” –muchos de los reclutados en la “Guardia Blanca” finlandesa, pensaban que estaban luchando contra las tropas rusas. En Georgia, los mencheviques (que ahora eran parte de la burguesía nacional que defendía el “derecho a la autodeterminación nacional”) también buscaron el apoyo del imperialismo alemán.

Los bolcheviques hicieron ciertos cambios sobre la cuestión nacional al principio de la revolución rusa, percibiendo la consigna como una mera necesidad táctica mas que un principio político. Esto se expresaba en que la consigna de la “autodeterminación”, no sólo se iba diluyendo más y más en el partido bolchevique mismo, sino que se abordó mucho más claramente en el primer congreso de la Tercera Internacional, que se focalizó mucho más en la lucha internacional del proletariado, en su independencia de todos los movimientos nacionales, no permitiendo que se subordinara a la burguesía nacional.

Pero con el desarrollo del oportunismo en la Internacional comunista, que estaba ligado a la creciente confusión entre la política de la IC y la política exterior del Estado soviético degenerado, hubo un verdadero retroceso sobre la cuestión nacional, una tendencia a perder de vista la relativa claridad del primer Congreso. Una expresión de esto fue la política de apoyar alianzas entre los partidos comunistas en Turquía y China y la burguesía nacionalista en estos países, lo que en ambos casos, llevó a la masacre del proletariado y a diezmar a los comunistas a manos de sus antiguos aliados “nacional revolucionarios”. Al final, los errores de los bolcheviques y Lenin sobre estas cuestiones, se convirtieron en una ideología en defensa de la guerra imperialista, particularmente por el trotskismo. Lo que en su día fue un error oportunista de los bolcheviques, ha permitido hoy a la izquierda del capital usar el nombre de Lenin para defender la guerra imperialista. En vez de volver a caer en esos errores, los comunistas tienen que basar sus posiciones en la crítica internacionalista más consistente que desarrolló la izquierda marxista, desde Luxemburg a Piatakov, y del KAPD a la Fracción de la Izquierda italiana.

Olof,15.06.03

 

1) Ver también otros artículos sobre el MLP en la Revista internacional nos 101, 104 y 111. Los cama­radas del MLP nos han dicho que la traducción correcta del nombre ruso de su grupo es Partido obrero marxista (Marxist Workers Party en inglés) y no Partido marxista laborista (Marxist Labour Party en inglés). Sin embargo, hemos conservado aquí las siglas MLP para mantener la continuidad con los artículos ante­riores.

2) Pakistán pide un referéndum para decidir a qué país pertenece esta región, mientras que India piensa que esa cuestión ya está resuelta.

3) Imperialismo y opresión nacional, tesis presentadas en 1916 por Radek, Stein Krajewski y M. Bronski, que pertenecían a la fracción del SDKPiL y tenían posiciones similares a las de Rosa Luxemburg.

4) Balance de la discusión Sobre la autodeterminación, Lenin, Obras completas, Progreso 1985, T. 30.

5) La cuestión polaca en el Congreso internacional de Londres, Rosa Luxemburg, 1896