Anarquismo y comunismo

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El anarquismo hoy tiene viento en popa. Tanto con el reforzamiento del anarcosindicalismo o como con la aparición de numerosos grupos reclamándose de las ideas libertarias, el anarquismo vuelve a tener cierto éxito en varios países (y a  aprovechar de un interés creciente por parte de los media burgueses). Este fenómeno se entiende perfectamente en el actual período histórico.

El hundimiento de los regímenes estalinistas a finales de los 80 permitió a la burguesía librarse a una campaña inigualada sobre el tema de “la muerte del comunismo”. Estas han tenido cierto impacto en la clase obrera, y también en estos que rechazan el sistema capitalista y desean su derrumbamiento revolucionario. Según estas campañas, la quiebra de lo que llamaban “socialismo” cuando no “comunismo” no sería sino la quiebra de las ideas comunistas expresadas por Marx que los regímenes estalinistas habían convertido en ideología oficial, claro está falsificándolas sistemáticamente.

Marx, Lenin, Stalin, un mismo combate: este es el tema que nos han machaconeado durante años y años todos los sectores de la burguesía. Y éste es precisamente el tema que la corriente anarquista ha ido defendiendo a lo largo del siglo XX, desde que se colocó en URSS uno de los regímenes más bárbaros al que ha dado luz el sistema capitalista. Para los anarquistas, que consideraron desde siempre que el marxismo era “autoritario”, la dictadura estalinista no era sino la consecuencia inevitable de la aplicación de las ideas de Marx. En este sentido, los éxitos actuales de la corriente anarquista y libertaria son el fruto de las campañas de la burguesía, la señal de su impacto en aquellos que sin dejar de rechazar el capitalismo, también han sido enganchados por el montón de mentiras que se nos arroja desde diez años. Así es como la corriente que se considera como la enemiga más radical del orden burgués debe buena parte de su éxito actual a las concesiones que va haciendo – y que siempre ha hecho – a los temas ideológicos clásicos de la burguesía.

Dicho esto, muchos anarquistas y libertarios se sienten un poco molestos. Por un lado les cuesta tragar el comportamiento que tuvo la mayor organización de la historia del anarquismo, la que tuvo la influencia más determinante sobre la clase obrera de un país, la CNT de España. Resulta por supuesto difícil reclamarse de la experiencia de una organización que tras decenas de años de propaganda de “acción directa”, de denuncia de cualquier participación al juego parlamentario burgués, de discursos definitivos contra el Estado – contra cualquier forma de Estado –, no fue capaz en el 36 más que de mandar varios consejeros al gobierno de la Generalitat de Cataluña y cuatro ministros al gobierno burgués de la República española. Ministros que no vacilaron en llamar a los obreros a rendir las armas y fraternizar con sus verdugos en cuanto se levantaron contra la policía de ese mismo gobierno (policía controlada por... ¡los estalinistas!). En pocas palabras, cuando los dieron una puñalada trapera. Por esto ciertos libertarios hoy intentan reclamarse de corrientes nacidas en el mismo anarquismo y en la CNT y que se opusieron a la política criminal de esta central sindical, tales como los Amigos de Durruti que combatieron en el 37 la línea oficial de la CNT española, y que esta misma CNT denunció como traidores y excluyó. Es precisamente para precisar el carácter de esta corriente particular que publicamos el artículo que viene a continuación, extracto del folleto España 1936 publicado por la sección de la CCI en España.

Por otro lado, algunos de los que se acercan de las ideas libertarias se dan cuenta sin gran dificultad de la vacuidad de la ideología anarquista e intentan tener otras referencias para reforzar las de los maestros clásicos (Prudón, Bakunin, Kropotkin, etc.). Y ¿que mejor referencia pueden encontrar que la del mismo Marx, del que hasta Bakunin se proclamó “discípulo” en sus tiempos? Animados por la voluntad de rechazar las mentiras burguesas que le echan la culpa al marxismo de todos los males que ha sufrido Rusia desde 1917, intentan oponer radicalmente a Lenin a Marx, lo que les coloca de nuevo bajo la influencia de las campañas que hacen de Stalin el fiel heredero de Lenin. Por esto, en su esfuerzo para promover un “marxismo libertario”, intentan reclamarse de la corriente de la Izquierda comunista germano holandesa cuyos principales teóricos, tales como Otto Rülhe primero y más tarde Anton Pannekoek, consideraron que la revolución rusa del 17 no fue sino una revolución burguesa, dirigida por un partido burgués – el Partido bolchevique – inspirado por un jacobino burgués: Lenin. Tanto los compañeros de la Izquierda holandesa como los de la Izquierda alemana siempre tuvieron claro que se reclamaban exclusivamente del marxismo y de ningún modo del anarquismo, y siempre rechazaron cualquier intento de conciliar ambas corrientes. Esto no impide ciertos anarquistas el intentar anexarlos a su ideología como tampoco impide a otros, con cierta ingenuidad, el intentar elaborar un “marxismo libertario”, realizando la imposible síntesis entre anarquismo y marxismo.

Es uno de estos intentos que publicamos, una carta redactada por un pequeño grupo francés llamado Izquierda comunista libertaria (GCL) para contestar a nuestro artículo “El comunismo de consejos no es un puente entre marxismo y anarquismo”, publicado en Internationalisme no 259 (publicación de la CCI en Bélgica) y en Révolution internationale no 300 (publicación de la CCI en Francia). A continuación, también publicamos amplios extractos de la respuesta (que no es exhaustiva) que les hemos hecho.

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