Última hora: la “revolución serbia” - Una victoria de la burguesía, no de la clase obrera

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Cuando íbamos a cerrar este número, la situación ha conocido una nueva conmoción en Yugoslavia. Queremos aquí expresar inmediatamente nuestra postura. Lo exige nuestra responsabilidad como organización revolucionaria del proletariado que somos, por muy breve que haya de ser nuestra toma de posición. Seguros podrán estar nuestros lectores de que muy rápidamente hemos de exponer nuestros análisis y nuestra intervención en general sobre esta cuestión, en particular en nuestras publicaciones territoriales.

Por lo visto, según los medios de la burguesía, gracias en particular a las imágenes de todas las televisiones de las pretendidas grandes democracias, estaríamos asistiendo desde hace unos días, en Belgrado, a un acontecimiento de la mayor importancia histórica: “una revolución democrática pacífica” realizada por el pueblo serbio, y a la caída de Milosevic, o sea al final de “la última dictadura nacional-comunista de Europa”. ¡Todo va muy bien en el mejor de los mundos capitalistas! Acontecimiento “histórico” alabado, saludado por todos los jefes de Estado y demás dirigentes de esas grandes potencias “democráticas”, los mismos que hace tan solo un año, desencadenaron la guerra, con sus destrucciones masivas y sus matanzas, asestando bombardeo tras bombardeo a Serbia y a Kosovo. ¡Oh!, cierto que es que todo era, recordemos, en nombre de la necesaria “injerencia humanitaria”, para impedir que Milosevic y sus matones siguieran perpetrando sus abyectos atropellos en Kosovo.

Ya entonces, inmediatamente, nuestra organización respondió a todos esos hipócritas, denunciándolos como lo que son: “bomberos pirómanos”, recordando sus responsabilidades, las de todos ellos, en el estallido de la barbarie, especialmente en esa región del mundo: “Los políticos y los “medias” de los países de la OTAN nos presentan esta guerra como una acción de “defensa de los derechos humanos” contra un régimen especialmente odioso, responsable, entre otros desmanes, de la “purificación étnica” que ha ensangrentado la antigua Yugoslavia desde 1991. En realidad, a las potencias “democráticas” les importa un comino el destino de la población de Kosovo exactamente igual que les importaba la suerte de la población kurda y de los shiíes de Irak cuando dejaron que las tropas de Sadam Husein los machacaran a su gusto después de la guerra del Golfo. Los sufrimientos de las poblaciones civiles perseguidas por tal o cual dictador siempre han sido el pretexto para que las grandes “democracias” declaren la guerra en nombre de una “causa justa” (Revista internacional, nº 97).

Más tarde insistíamos: “¿Quién, si no las grandes potencias imperialistas durante estos diez años, ha permitido a las peores camarillas y mafias nacionalistas croatas, serbios, bosnios y ahora kosovares que hayan desencadenado su histeria nacionalista sangrienta y la limpieza étnica en una vorágine infernal? ¿Quién, si no Alemania, animó y apoyó la independencia unilateral de Eslovenia y de Croacia, autorizando así y precipitando las oleadas nacionalistas de los Balcanes, las matanzas y el exilio de las poblaciones serbias y después bosnias? ¿Quién, si no Francia y Gran Bretaña, han avalado la represión, las matanzas de poblaciones croatas y bosnias y la limpieza ética de Milosevic y de los nacionalistas de la Gran Serbia? ¿Quién, si no Estados Unidos, ha apoyado y equipado después a las diferentes bandas armadas en función de la posición de su rival del momento? La hipocresía y la doblez de las democracias occidentales “aliadas” no tienen límites cuando se trata de justificar los bombardeos con lo de la “injerencia humanitaria” (Revista internacional, nº 98).

Si hoy a todos esos gángsteres imperialistas les faltan palabras para saludar “el despertar” del pueblo serbio, el cual ha tenido, dicen, “la valentía y el orgullo” de quitarse de encima a un dictador sanguinario, a través de sus discursos mentirosos, lo que sobre todo quieren hacer creer es que lo que está ocurriendo hoy sería la perfecta justificación de sus bombardeos asesinos del año pasado. Le Monde, eminente portavoz de la clase dominante en Francia, lo afirma sin ambages: “... al decidir tardíamente enfrentarse militarmente al poder serbio, Europa y Estados Unidos sin duda debilitaron y aislaron de su pueblo un poco más al amo de Belgrado.” Así, esas pretendidas grandes democracias, ¿no habrían tenido razón y no la tendrían en el futuro al intervenir por la fuerza en nombre de la indispensable “injerencia humanitaria”? Con el pretexto de “defender los derechos humanos en el mundo”, quieren así tener las manos libres para rivalizar entre ellas y, por eso mismo, multiplicar las matanzas y las destrucciones. Desde este punto de vista, lo que está ocurriendo en Belgrado (sin olvidar el uso que de la situación se hace en el plano ideológico) es ya un éxito para la burguesía.

Otro plano en el que la clase dominante también ha procurado marcar puntos es el de la “democracia” y su pretendida “marcha triunfal” contra todas las formas de dictadura. Según ella, los momentos “históricos” que estaríamos viviendo ¿no son una manifestación patente de ello? Esa matraca es tanto más eficaz hoy porque los medios burgueses no se han olvidado de señalar que, entre los principales responsables de la caída de Milosevic, entre los grandes impulsores de la victoria de la democracia, está la clase obrera serbia, la cual ha respondido al llamamiento “a la desobediencia civil” hecho por el vencedor de las elecciones; Kostunica, ese burgués nacionalista, cómplice, durante años, del sanguinario Karadjic en Bosnia, al que ahora nos presentan como gran martillo de dictadores. Así, se les ha dejado un amplio lugar en las columnas de la prensa burguesa a esos sectores obreros que, como los mineros de Kolubara, han organizado huelgas en defensa de la “causa democrática”. Si la clase dominante internacional alberga un vehemente anhelo es que ese ejemplo pudiera exportarse al mundo entero, especialmente a los grandes centros obreros de los países centrales del capitalismo.

En estos momentos, todo el mundo se llena la boca con la palabra “revolución” para definir la situación en Belgrado; una revolución para ilusos. La victoria de la “democracia”, o sea la de las fuerzas burguesas que la representan, no es sino la victoria de la clase capitalista y en absoluto la del proletariado.

Elfe, 7/10/2000