Revueltas 'populares' en Argentina: Sólo la afirmación del proletariado en su terreno podrá hacer retroceder a la burguesía

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Los acontecimientos en Argentina entre diciembre 2001 y febrero 2002 han despertado un fuerte interés en los elementos politizados de todo el mundo. Discusiones y reflexiones se han producido entre obreros combativos en los centros de trabajo. Algunos grupos trotskistas han hablado de "inicio de la revolución"; dentro de la Izquierda comunista, el BIPR han dedicado numerosos artículos y en una "Declaración" han afirmado que "en Argentina, los estragos causados por la crisis económica han puesto en movimiento a un proletariado fuerte y determinado en el terreno de la lucha y de la autoorganización, capaz de expresar una ruptura de clase" (1).
El interés suscitado por la situación de efervescencia social en Argentina es perfectamente legítima y comprensible. En efecto, desde el desmoronamiento del bloque del Este, en 1989, la situación internacional no ha estado marcada por movimientos proletarios de masas como lo fueron por ejemplo la huelga en Polonia en 1980 o luchas como la de Córdoba (el "cordobazo") en Argentina en 1969. La primera plana de los acontecimientos ha estado dominada por la barbarie bélica (guerra del Golfo en 1991, Yugoslavia, Afganistán, Oriente Medio...), los efectos cada vez más crueles del avance de la crisis económica mundial (despidos masivos, desempleo, recorte de salarios y pensiones) y las diferentes manifestaciones de la descomposición del capitalismo (destrucción del medio ambiente, multiplicación de catástrofes "naturales" y "accidentales", estallidos de fanatismo religioso, racial, de la criminalidad, etc.).
Esta situación - cuyas causas hemos explicado detalladamente (2) - hace que muchos elementos politizados dirijan su atención a acontecimientos donde parece romperse ese abrumador dominio de las "malas noticias": en Argentina las protestas callejeras han provocado un baile de presidentes sin precedentes (5 en 15 días), se han dado la forma de asambleas multitudinarias "autoconvocadas" y han expresado ruidosamente su rechazo a "todos los políticos".
Los revolucionarios deben seguir atentamente los movimientos sociales para así tomar posición e intervenir allí donde la clase obrera se manifiesta. Es indudable que los obreros han participado en las movilizaciones que han sacudido Argentina y que algunas luchas aisladas han formulado claras reivindicaciones clasistas y han chocado con el sindicalismo oficial. Somos solidarios con esos combates pero nuestra mejor contribución, como grupo revolucionario, es ante todo despejar la mayor claridad en el análisis de esos acontecimientos. De esa claridad depende la capacidad de las organizaciones revolucionarias para realizar una intervención adecuada, refiriéndose constantemente al marco histórico e internacional definido por el método marxista. Lo peor que pueden hacer las organizaciones de la vanguardia del proletariado es sembrar falsas ilusiones en nuestra clase, haciéndole tomar sus derrotas por victorias y su debilidad como si fuera fuerza. Un error así, al contrario de ayudar al proletariado a recuperar la iniciativa, a desarrollar sus luchas en su propio terreno de clase, a afirmarse como única fuerza social antagónica al capital, lo único que hace es hacer su tarea todavía más difícil.
Desde ese punto de vista la pregunta que nos hacemos es: ¿cuál ha sido la naturaleza de clase de los acontecimientos en Argentina? ¿Se trata de un movimiento donde el proletariado ha desarrollado, como dice el BIPR, su "autoorganización" y su "ruptura" con el capitalismo?. Nuestra respuesta es rotunda: NO. El proletariado en Argentina se ha visto sumergido y diluido en un movimiento de revuelta inter clasista. Ese movimiento de protesta popular, en el que se ha anegado la clase obrera, no ha expresado la fuerza del proletariado, sino su debilidad. No ha avanzado hacia su autonomía política ni hacia su autoorganización.
El proletariado no necesita consolarse ni agarrarse a quimeras ilusorias. Lo que necesita es encontrar el camino de su propia perspectiva revolucionaria, afirmarse en el ruedo social como única clase capaz de ofrecer un porvenir a la humanidad y, a partir de ahí, llevarse tras él a las demás capas sociales no explotadoras. Para ello, el proletariado necesita mirar la realidad de frente, y no debe temer la verdad. Para desarrollar su conciencia y poner sus luchas a la altura de la situación histórica actual, no puede zafarse a la crítica y la reflexión a fondo sobre los errores que comete y las dificultades por las que atraviesa. Los acontecimientos en Argentina servirán al proletariado mundial - y al propio proletariado argentino cuyas capacidades de combate no se han agotado ni mucho menos - si saca una lección clara de ellos: la revuelta interclasista no debilita al poder burgués a quien debilita principalmente es al propio proletariado.


El hundimiento de la economía argentina una clara manifestación de la agravación de la crisis


No vamos a hacer aquí un análisis detallado de la crisis argentina. Remitimos para ello a nuestra prensa territorial (3).
Particularmente significativas de la situación son la brutal escalada del desempleo que ha pasado de un 7% en 1992 al 17% en octubre 2001 y en solo 3meses ha saltado al 20% (diciembre 2001) y la aparición por primera vez desde los tiempos de la colonia española del fenómeno del hambre en un país considerado hasta hace muy poco de "nivel europeo" y cuyas principales producciones son precisamente la carne y el trigo.
Lejos de ser un fenómeno local, provocado por causas como la corrupción o la voluntad de "vivir como europeos", la crisis argentina es un nuevo episodio de la agravación de la crisis económica del capitalismo. Esta crisis es mundial y afecta a todos los países. Pero eso no significa que les afecte a todos de la misma forma y al mismo nivel. "Aunque no perdona a ningún país, la crisis mundial ejerce sus efectos devastadores no en los más desarrollados, los más poderosos, sino en los que han llegado demasiado tarde al ruedo económico mundial y a los cuales la vía hacia el desarrollo económico ha quedado definitivamente cerrada por las potencias más antiguas" ("El proletariado de Europa Occidental en el centro de la lucha de clases" en Revista internacional nº 31). Además, ante la continua agravación de la crisis los países más fuertes toman medidas destinadas a defenderse de sus golpes y descargarlos sobre los países más débiles ("liberalización" del comercio mundial, "globalización" de las transacciones financieras, inversiones en sectores clave de los países más débiles aprovechando las privatizaciones, políticas del FMI etc.), es decir, todo lo que se ha llamado la "globalización". Esta no es otra cosa que un conjunto de medidas de capitalismo de estado aplicadas sobre la economía mundial por los grandes países para protegerse de la crisis y hacer recaer sus peores efectos sobre los más débiles(4). Los datos proporcionados por el Banco mundial (5) son elocuentes: entre 1980 y 2000 los acreedores privados recibieron del conjunto de países de América Latina 192000 millones de $ más que el monto que les habían prestado pero en 1999-2000, en solo dos años, esa diferencia ascendió nada menos que a 86200 millones de $, es decir, prácticamente la mitad de la diferencia producida en 20 años. Por su parte, el FMI otorgó entre 1980 y 2000 créditos a los países sudamericanos por un monto de 71300 millones de $ mientras que éstos le reembolsaron en ese mismo lapso de tiempo ¡86700 millones!.
Y sin embargo, la situación argentina no es más que la punta del iceberg: tras Argentina hay una serie de países, bastante importantes por diversas razones -papel en el suministro de petróleo, posición estratégica - que son candidatos a sufrir el mismo desmoronamiento económico y político: Venezuela, Turquía, México, Brasil, Arabia Saudí...


¿Movimiento autónomo del proletariado o revuelta interclasista ciega y caótica?


Como afirma el BIPR en su publicación italiana el capitalismo responde al hambre con más hambre. También deja claro que no hay ninguna alternativa en las múltiples fórmulas de "política económica" que proclaman gobiernos, oposiciones o "movimientos alternativos" como el Foro social de Porto Alegre. Las pócimas ingeniosas que estos demagogos ofrecen han sido descalificadas una tras otra por los hechos mismos en 30años de crisis (6) . Por eso concluyen con toda razón que "no hay que hacerse ilusiones: en el actual estado de cosas, el capitalismo lo único que es capaz de ofrecer es la miseria general y la guerra. Sólo el proletariado podrá atajar esa trágica deriva" (7).
Sin embargo, los movimientos de protesta en Argentina son evaluados por el BIPR de la siguiente forma: "[El proletariado] ha salido espontáneamente a la calle, llevándose tras sí a la juventud, a los estudiantes, a partes importantes de una pequeña burguesía proletarizada y pauperizada como él mismo. Todos juntos, han canalizado su cólera contra los santuarios del capitalismo, bancos, oficinas y sobre todo supermercados y otros almacenes que fueron asaltados como los hornos de pan de la Edad Media. A pesar de que al gobierno, esperando así intimidar a los rebeldes, no se le ocurrió mejor cosa que dar rienda suelta a una represión brutal, matando e hiriendo a mansalva, la revuelta no cesó, extendiéndose por todo el país, adquiriendo características cada vez más clasistas".
En las movilizaciones sociales que se han producido en Argentina ha habido tres componentes:

Primero, los asaltos a supermercados protagonizados esencialmente por marginados, gentes del lumpen y también por jóvenes parados.

Estos movimientos han sido ferozmente reprimidos por la policía, los vigilantes privados y los propios comerciantes. En una serie de casos han degenerado en robos de viviendas en barrios humildes o en saqueos de oficinas, almacenes (8) etc. La consecuencia principal de este "primer componente" del movimiento social es que ha conducido a trágicos enfrentamientos entre los propios trabajadores como lo ilustra el enfrentamiento sangriento entre piqueteros que querían llevarse alimentos y obreros almacenistas del Mercado central de Buenos Aires el 11 de enero (9).
Para la CCI, las manifestaciones de violencia en el seno mismo de la clase obrera (que en este caso son una ilustración de los métodos típicos de las capas lumpenizadas del proletariado) no son la expresión de su fuerza, sino, al contrario, de su debilidad. Esos enfrentamientos entre diferentes sectores de la clase obrera van, evidentemente, en contra de su unidad y de su solidaridad y sólo pueden servir los intereses de la clase dominante.

El segundo componente ha sido el "movimiento de las cacerolas".

Este ha sido protagonizado esencialmente por las "clases medias" exasperadas por el golpe bajo que ha significado el secuestro y devaluación de sus ahorros en el llamado "corralito". La situación de estas capas es desesperada: "entre nosotros, la pobreza se liga con el alto desempleo; en ella van cayendo además los "nuevos pobres", ex habitantes de la clase media, en virtud de una movilidad social descendente, inversa a la de la pujante Argentina migratoria de comienzos del siglo XX" (10). Empleados del sector público, jubilados, algún sector del proletariado industrial, comparten con los pequeño burgueses la misma puñalada del corralito: sus humildes ahorros conseguidos con el esfuerzo de una vida se han convertido prácticamente en humo; los complementos a unas pensiones de hambre se han volatilizado. Sin embargo, ninguna de esas características otorga al movimiento de las cacerolas un carácter de clase proletario sino que su naturaleza es la de una revuelta popular interclasista dominada por planteamientos nacionalistas y "ultrademocráticos".

El tercer componente lo forman toda una serie de luchas obreras.
Mencionemos, en particular: las huelgas de docentes en la gran mayoría de las 23 provincias argentinas; el combativo movimiento de los ferroviarios a nivel nacional; la huelga del hospital Ramos Mejías en Buenos Aires o la lucha de la fábrica Bruckmann en el Gran Buenos Aires, en los cuales ha habido choques tanto con la policía uniformada como con la policía sindical. Lucha de los trabajadores de Banca. Numerosas han sido también las movilizaciones de los desempleados que desde hace dos años vienen protagonizando cortes de carretera por todo el país (los famosos "piqueteros").
Los revolucionarios saludan evidentemente la enorme combatividad de que la clase obrera ha dado prueba en Argentina. Pero como lo hemos dicho siempre, la combatividad, por fuerte que sea, no es el principal y único criterio para tener una visión clara de la relación de fuerzas entre las dos clases fundamentales de la sociedad: la burguesía y el proletariado. La primera pregunta a la que debemos contestar es la siguiente: esas luchas obreras que han estallado por todo el país, ¿han desembocado en un movimiento unido de toda la clase obrera, un movimiento masivo capaz de superar los cortafuegos instalados por la burguesía (especialmente sus fuerzas de oposición democrática y sus sindicatos)? La realidad de los hechos nos obliga a responder claramente: NO. Y es precisamente porque las huelgas obreras quedaron dispersas y no han podido desembocar en un gran movimiento unificado de toda la clase obrera por lo que el proletariado en Argentina no ha sido capaz de ponerse a la cabeza del movimiento de protesta social y arrastrar tras sí, tras sus propios métodos de lucha, al conjunto de las capas no explotadoras. Al contrario, por su incapacidad para colocarse en la vanguardia del movimiento, sus luchas han quedado anegadas, diluidas y contaminadas por la revuelta sin perspectivas de las demás capas sociales, las cuales, por mucho que sean ellas también víctimas del desmoronamiento de la economía argentina, no tienen ningún porvenir histórico. Para los marxistas, el único método que nos pueda evitar la desorientación en una situación así se resume en la pregunta ¿quién dirige el movimiento? ¿Qué clase social tiene la iniciativa y marca la dinámica de los acontecimientos?. Solo si se es capaz de contestar correctamente a esa pregunta se podrá contribuir a que el proletariado avance en la perspectiva de liberarse a sí mismo y liberar a la humanidad de la trágica deriva a la que es conducido por el capitalismo.
Y aquí el BIPR yerra totalmente en el método. Contrariamente a su visión fotográfica y empírica, no ha sido el proletariado quien ha arrastrado a los estudiantes, a la juventud, a partes importantes de la pequeña burguesía, sino justamente lo contrario, la revuelta desesperada, confusa y caótica de un amasijo de capas populares la que ha anegado y diluido a la clase obrera. Un examen somero del planteamiento, las reivindicaciones y el tipo de movilización de las Asambleas populares de Barrio que han proliferado en Buenos Aires y se han extendido por todo el país lo prueba de forma fehaciente. ¿Qué pide la convocatoria de cacerolazo mundial del 2/3 de febrero de 2002 y que tuvo un eco entre amplios sectores politizados en más de 20 ciudades de 4 continentes? : "Cacerolazo global. Todos somos Argentina. Todo el mundo a la calle, New York City, Porto Alegre, Barcelona, Toronto, Montreal (agrega tu ciudad y tu país). ¡Que se vayan todos! FMI, Banco mundial, Alca, multinacionales ladronas, gobiernos /políticos corruptos, ¡Que no quede ni unos solo! ¡Viva la Asamblea popular! ¡Arriba pueblo argentino!" Este "programa", por mucha rabia que manifieste contra "los políticos", es el que estos están defendiendo todos los días, desde la extrema derecha a la extrema izquierda pues incluso los gobiernos "ultraliberales" saben darse toques de "crítica" al ultraliberalismo, las multinacionales, la corrupción etc.
Por otra parte, ese movimiento de protesta "popular" ha estado profundamente marcado por el nacionalismo más extremo y reaccionario. En todos los manifiestos de las Asambleas vecinales se repite hasta la náusea que el objetivo es "conseguir otra Argentina", "recuperar nuestro país por la base". En los sitios de Internet de varias Asambleas Vecinales se plantean debates de tipo nacionalista tales como ¿debemos pagar la deuda externa? ¿Cuál es la mejor solución, la pesificación o la dolarización?. En una WEB se propone loablemente la "formación y la toma de conciencia" de las gentes y para ello abre un debate sobre El Contrato social de Rousseau (11) y se pide una vuelta a los clásicos argentinos del siglo XIX como San Martín o Sarmiento.
Hay que ser muy miope (o buscar la seguridad contándose cuentos de hadas) para no ver que ese nacionalismo a ultranza también ha contagiado las luchas obreras: los trabajadores de TELAM encabezaban sus manifestaciones con banderas argentinas; en un barrio obrero del Gran Buenos Aires la asamblea contra el pago de un nuevo impuesto municipal comenzó y terminó entonando el himno nacional.
Al ser un movimiento interclasista, popular y sin perspectivas, no podía hacer otra cosa que preconizar las mismas soluciones reaccionarias que han conducido a la trágica situación en la que está hundida la población y con las que se han llenado la boca los partidos políticos, sindicatos, Iglesia etc. es decir, las fuerzas capitalistas contra las que el movimiento quiere luchar. Pero esa aspiración a repetir la situación anterior, ese buscar su poesía en el pasado, es una confirmación muy elocuente de su carácter de revuelta social impotente y sin porvenir. Como testimonia con toda sinceridad una participante en las Asambleas: "Muchos dicen que no tenemos propuestas, que lo único que sabemos hacer es oponernos. Y con orgullo podemos decir que es cierto, que nos oponemos al sistema establecido por el neoliberalismo. Como un arco tensado por la opresión, somos flechas disparadas contra el pensamiento único. Nuestra acción, estará sostenida, pie con pie por nuestros vecinos, para ejercer el más viejo derecho de los pueblos, la resistencia popular" (12).
En la propia Argentina, en 1969-73, el cordobazo, la huelga de Mendoza, la marea de luchas que inundó el país, constituyeron la clave de la evolución social. Sin tener ni mucho menos un carácter insurreccional marcaron el despertar del proletariado el cual a su vez condicionó toda la agenda política y social el país. Pero en la Argentina de diciembre 2001, a causa de la agravación de la descomposición de la sociedad capitalista, la situación no es la misma. El proletariado está hoy ante dificultades nuevas, ante obstáculos que tendrá que superar para poder afirmarse, impulsar su identidad y su autonomía de clase. Contrariamente al período de principios de los 70, la situación social en Argentina ha estado hoy marcada por un movimiento interclasista que ha diluido al proletariado y ha dejado, en el plano político, una huella efímera e impotente. Ciertamente el movimiento de las cacerolas ha conseguido una hazaña para el Guinnes cual es el derribo de 5 presidentes en 15 días. Pero todo eso no es sino humo de paja. Sea cual sea la camarilla en el gobierno sigue siendo la burguesía quien ejerce el poder en Argentina, como en todos los países del mundo. Actualmente, los sitios WEB de las Asambleas populares constatan amargamente cómo el movimiento se ha desvanecido como por encanto de tal forma que el astuto Duhalde ha logrado restablecer el orden sin haber siquiera atenuado la miseria galopante y sin que su plan económico suponga la más mínima solución.


La lección de los acontecimientos argentinos


En el presente periodo histórico que hemos calificado como la fase de descomposición del capitalismo (13), el proletariado corre un riesgo muy importante: el de la pérdida de su identidad de clase, la falta de confianza en sí mismo, en su capacidad revolucionaria para erigirse como una fuerza social autónoma y determinante en la evolución de la sociedad. Ese peligro es el producto de toda una serie de factores conectados entre sí:
- el golpe que fue para la conciencia del proletariado el hundimiento de los países del Este que la burguesía ha podido identificar fácilmente como "hundimiento del comunismo" y "fracaso histórico del marxismo y de la lucha de clases";
- el peso de la descomposición del sistema capitalista que erosiona los lazos sociales y favorece una atmósfera de competencia irracional incluso entre sectores mismos del proletariado;
- el miedo a la política y a la politización que es una consecuencia de la forma que tomó la contrarrevolución (a través del estalinismo "desde dentro" del propio bastión proletario y de los partidos de la Internacional comunista) y del enorme golpe histórico que significó la degeneración prácticamente sucesiva y en el lapso de una generación de las dos mejores creaciones de su capacidad política y consciente: primero los partidos socialistas y luego, apenas 10 años después, los partidos comunistas.
Ese peligro puede acabar impidiéndole tomar la iniciativa frente al desmoronamiento profundo de toda la sociedad, a la que conduce la crisis histórica del capitalismo. Argentina muestra con claridad ese peligro potencial: la parálisis general de la economía y convulsiones importantes del aparato político burgués, no han sido utilizadas por el proletariado para erigirse como una fuerza social autónoma, luchando por sus propios objetivos y ganando tras su estela a las demás capas de la sociedad. Sumergido dentro de un movimiento interclasista, típico de la descomposición de la sociedad burguesa, el proletariado se ha visto arrastrado a una revuelta estéril y sin futuro.
Por esta razón son muy peligrosas las especulaciones que han fomentado los medios trotskistas, autónomos, anarquistas, y, en general, del movimiento "antiglobalización" sobre los acontecimientos argentinos presentándolos como "inicio de una revolución", como "nuevo movimiento", como "demostración práctica de que otra sociedad es posible".
Lo más preocupante es que el BIPR se haya hecho eco de esas confusiones aportando su contribución a las quimeras sobre la "fuerza del proletariado en Argentina" (14).
Estas especulaciones desarman a las minorías que el proletariado hace surgir, que buscan actualmente una alternativa revolucionaria frente a este mundo que se hunde. Por eso mismo nos parece importante esclarecer las razones por las que el BIPR cree encontrar gigantes de "movimientos de clase" en lo que no son sino los molinos de viento de las revueltas interclasistas.
En primer lugar, el BIPR ha rechazado siempre el concepto de curso histórico con el cual hemos tratado de comprender la evolución de las relaciones de fuerza entre el proletariado y la burguesía en la presente situación histórica abierta con la vuelta al escenario social del proletariado en 1968. Al BIPR todo eso les parece puro idealismo, caer en "pronósticos y predicciones" (15). Su rechazo de este método histórico les lleva a una visión inmediatista y empirista tanto respecto a los hechos guerreros como a la lucha de clases. Vale la pena recordar el análisis que hizo el BIPR de la guerra del Golfo, presentada nada menos que como "comienzo de la tercera guerra mundial". Y fue con el mismo método "fotográfico" con el que presentaron la revolución de palacio que derribó el régimen de Ceaucescu (1989) casi como una "revolución". "Rumania es el primer país de las regiones industrializadas en el que la crisis económica mundial ha hecho surgir una verdadera insurrección popular cuyos resultados han sido el derribo del gobierno (…) en Rumania todas las condiciones objetivas y casi todas las subjetivas están reunidas para transformar la insurrección en una auténtica revolución social" ("Murió Ceaucescu pero el capitalismo sigue vivo", Battaglia communista, enero de 1990).
Está claro que el rechazo de todo análisis del curso histórico solo puede llevar a dejarse zarandear por los acontecimientos inmediatos. Sin método de análisis de la situación histórica mundial y de la relación de fuerzas real entre las clases lleva al BIPR lo mismo a considerar una vez que estamos al borde de la tercera guerra mundial y la otra que estamos al borde de la revolución proletaria. Siguiendo el "método" de análisis del BIPR, ¿cómo pasa el proletariado de la situación de encuadramiento tras las insignias nacionales con el que se prepara una tercera guerra mundial a la situación en la que está listo para el asalto revolucionario? Esto sigue siendo para nosotros algo misterioso yseguimos a la espera de que el BIPR nos explique con coherencia esos ban dazos.
Por parte nuestra, frente a este vaivén desmoralizante solo la brújula de una visión global e histórica permitirá que los revolucionarios no sean un juguete de los acontecimientos y eviten confundir a su clase haciéndole creer en los reyes magos.
En segundo lugar, el BIPR no cesa de ironizar sobre nuestro análisis de la descomposición del capitalismo afirmando que "sirve para explicarlo todo". Sin embargo, el concepto de descomposición es muy importante para distinguir entre revuelta y lucha de clase del proletariado. Esta distinción es crucial en nuestra época. La situación actual del capitalismo mueve efectivamente a la protesta, el tumulto, los choques entre clases, capas y fracciones de la sociedad. La revuelta es el fruto ciego e impotente de las convulsiones agónicas de la sociedad que no contribuye a la superación de sus contradicciones sino a su pudrimiento y agravación. Es la expresión de una de las salidas de la perspectiva general que desgaja El Manifiesto comunista de la lucha de clases a lo largo de la historia "que terminó siempre con la transformación revolucionaria de la sociedad o el hundimiento de las clases en pugna", siendo esta última alternativa la que proporciona la base al concepto mismo de descomposición. Frente a ello está la lucha de clase del proletariado que sí es capaz de expresarse en su terreno de clase, manteniendo su autonomía y avanzando hacia su extensión y autoorganización, puede convertirse en "el movimiento propio de la inmensa mayoría en provecho de la inmensa mayoría" (ídem). Todo el esfuerzo de los elementos más conscientes del proletariado y de forma más general de los obreros en lucha está en no confundir revuelta con lucha autónoma de clase, en combatir para que el peso de la descomposición general de la sociedad no arrastre la lucha del proletariado hacia el callejón sin salida de la revuelta ciega. Mientras el terreno de la revuelta lleva al progresivo desgaste de las capacidades del proletariado el terreno de la lucha de clase le conduce hacia la destrucción revolucionaria del Estado capitalista en todos los países.


La perspectiva del proletariado


Sin embargo, si los hechos de Argentina muestran claramente el peligro que corre el proletariado si se deja arrastrar al terreno podrido de la revuelta "popular" interclasista, el problema del desenlace de la evolución de la sociedad hacia la barbarie o hacia la revolución no se juega allí sino que tiene su epicentro en las grandes concentraciones obreras del mundo y muy especialmente en Europa occidental.
"Una revolución social no consiste simplemente en la ruptura de una cadena, en el estallido de la vieja sociedad. No es un hecho mecánico sino un hecho social indisolublemente ligado a los antagonismos de intereses humanos, a la voluntad y a las aspiraciones de las clases sociales y de su lucha" (16). Las visiones mecanicistas y materialistas vulgares ven en la revolución proletaria únicamente el aspecto estallido del capitalismo pero son incapaces de ver el aspecto más importante y decisivo - su destrucción revolucionaria por la acción consciente del proletariado, es decir, lo que Lenin y Trotski llamaban el "factor subjetivo". Aquellos enfoques materialistas vulgares son una traba en la toma de conciencia de la gravedad de la situación histórica marcada por la entrada del capitalismo en la fase última de su decadencia, la fase de la descomposición, de su putrefacción de raíz. Además ese materialismo mecánico y contemplativo les hace quedarse "satisfechos" con el aspecto "objetivamente revolucionario": la agravación inexorable de la crisis económica, las convulsiones de la sociedad, la podredumbre de la clase dominante. Los peligros que entrañan las manifestaciones de la descomposición del capitalismo (incluida la explotación ideológica que de ellas hace la clase dominante) para la conciencia del proletariado, para el desarrollo de su unidad y de su confianza en sí, son barridas de un plumazo de materialismo vulgar (17).
Pero la clave de una perspectiva revolucionaria en nuestra época está precisamente en la capacidad del proletariado para desarrollar en sus luchas ese conjunto de elementos "subjetivos" (la conciencia, la confianza en su porvenir revolucionario, su unidad y solidaridad de clase) que le permitirán contrarrestar progresivamente y acabar superando el peso de la descomposición ideológica y social del capitalismo. Donde existen las condiciones más favorables para su desarrollo es precisamente en las grandes concentraciones obreras de Europa occidental pues "las revoluciones sociales no se producen allí donde la clase dominante es más débil o su estructura está menos desarrollada, sino al contrario, allí donde su estructura ha alcanzado la mayor madurez compatible con las fuerzas productivas y donde la clase portadora de las nuevas relaciones sociales llamadas a sustituir a las antiguas es más fuerte... Marx y Engels buscaban e insistían en los puntos donde el proletariado es más fuerte, está más concentrado y es más apto para operar la transformación revolucionaria del mundo. Pues, aunque la crisis golpea más brutalmente a los países subdesarrollados no hay que perder de vista nunca que tiene su origen en la sobreproducción y por tanto en los grandes centros de desarrollo del capitalismo. Esta es una razón suplementaria de por qué las condiciones para una respuesta contra la crisis y su superación se encuentran fundamentalmente en esos grandes centros" (18).
De hecho, la visión deformada del BIPR sobre el contenido de clase de lo ocurrido en Argentina debe relacionarse con su análisis de las potencialidades del proletariado de los países de la periferia que se expresa, en particular, en sus "Tesis sobre la táctica comunista en los países de la periferia capitalista" adoptadas en el VIº Congreso de Battaglia communista (publicadas en italiano en Prometeo nº 13, serie V, junio de 1997). Según esas Tesis, las condiciones prevalecientes en los países de la periferia determinan en éstos "un potencial de radicalización de las conciencias más elevado que en las formaciones sociales de las grandes metrópolis", lo cual tiene como consecuencia que "queda la posibilidad de que la circulación del programa comunista entre las masas sea más fácil y el "nivel de escucha" obtenido por los comunistas revolucionarios sea más alto comparado con las concentraciones sociales del capitalismo avanzado". En la Revista internacional nº 100, en el artículo "La lucha de la clase obrera en los países de la periferia del capitalismo", rebatimos con detalle ese análisis que no vamos a repetir aquí. En lo que sí queremos insistir es en la visión falsa del BIPR de lo que significan las recientes revueltas en Argentina es una ilustración no sólo de su incapacidad para integrar la noción de curso histórico así como de la noción de descomposición del capitalismo, sino además de que esas Tesis son erróneas.
Nuestro análisis, por su parte, no significa, ni mucho menos, que despreciemos o subestimemos las luchas del proletariado en Argentina o en otras zonas donde el capitalismo es más débil. Significa simplemente que los revolucionarios, como vanguardia del proletariado que son y porque deben poseer una visión clara de la marcha general del movimiento proletario en su conjunto, tienen la responsabilidad de contribuir a que el proletariado y sus minorías revolucionarias tengan en todos los países una visión más clara y exacta de cuáles son sus fuerzas y sus limitaciones, de quiénes son sus aliados y cómo deben orientar sus combates.
Contribuir a esta perspectiva es la tarea de los revolucionarios. Para cumplirla deben resistir con todas sus fuerzas la tentación oportunista de ver, por impaciencia, inmediatismo y falta de confianza histórica en el proletariado, un movimiento de clase allí donde -como así ha sido en Argentina - solo ha habido una revuelta interclasista.

Adalen, 10-03-2002

1) Esta declaración se encuentra en el sitio de Internet del BIPR (http://www.internationalist.net/) y se titula "D'Argentine une leçon : Ou le parti révolutionnaire et le socialisme, ou la misère généralisée et la guerre" ("Una lección de Argentina: o partido revolucionario y socialismo o miseria generalizada y guerra"). Si dedicamos una buena parte de este artículo a rebatir los análisis del BIPR no es, ni mucho menos, debido a una hostilidad particular hacia esa organización, sino porque es, junto al nuestro, el componente principal del medio político proletario, lo cual nos impone la responsabilidad de combatir aquellas concepciones que estimamos erróneas y vehículos de la confusión para quienes se acercan a las posiciones de la Izquierda comunista. 2) Ver en Revista internacional: "Dificultades crecientes del proletariado tras la caída del estalinismo" (nº60); "¿Por qué el proletariado no ha hecho la revolución?" (números 103 y 104); "Informe sobre la lucha de clases" (nº 107). 3) Ver en particular los números 319 y 320 de Révolution internationale. 4) Ver en Revista Internacional nº 106 "Informe sobre la crisis económica". 5) Fuente: Banco Mundial, World Development Indicators 2001. 6) Ver el antes mencionado "Informe sobre la crisis económica" en Revista internacional nº 106 y "30años de crisis capitalista" en Revista internacional números 96 a 98. 7) Toma de posición del BIPR sobre Argentina antes mencionado. 8) Página 12, reportaba: "el dato, sin precedentes, de que en algunos barrios del Gran Buenos Aires los saqueos habían pasado de los comercios a casas". 9) Ver Révolution internationale nº 320, órgano de la CCI en Francia. 10) Tomado de un Sitio WEB de resúmenes de prensa argentina. 11) En sí mismo no es negativo el estudiar las obras de pensadores anteriores al movimiento proletario pues éste integra y supera en su conciencia revolucionaria todo el legado histórico de la humanidad. Sin embargo, no es precisamente un adecuado punto de partida para enfrentar los graves problemas actuales el comenzar por Rousseau. 12) Recogido de Internet: www.cacerolazo.org. 13) Ver las "Tesis sobre la descomposición" aparecidas en Revista internacional nº 62 y publicadas de nuevo en Revista internacional nº 107. 14) En cambio, el PCInt, en su número 460 de Le Prolétaire adopta una clara toma de postura ya desde el título mismo de su artículo "Los cacerolazos han podido derribar a presidentes. Para combatir el capitalismo, ¡se necesita la lucha obrera!" denunciando el carácter interclasista del movimiento y defendiendo que "sólo hay un camino para oponerse a esa política: la lucha contra el capitalismo, la lucha obrera que una a todos los proletarios basándose en objetivos no populares sino de clase, la lucha no nacional sino internacional, la lucha que se da como objetivo final no de reforma sino de revolución" (trad. del francés por nosotros). 15) Para ver nuestra concepción del curso histórico se pueden leer nuestros artículos en la Revista internacional nº 15, 17 y 107. Hemos polemizado con la concepción del BIPR en artículos en la Revista internacional nº 36 y 89. 16) Revista internacional, nº 31. 17) "Los diferentes factores que son la fuerza del proletariado chocan directamente con las diferentes facetas de la descomposición ideológica: - la acción colectiva, la solidaridad, encuentran frente a ellas la atomización, el "sálvese quién pueda", el "arreglárselas por su cuenta"; - la necesidad de organización choca contra la descomposición social, la dislocación de las relaciones en que se basa cualquier vida en sociedad; - la confianza en el porvenir y en sus propias fuerzas se ve minada constantemente por la desesperanza general que invade la sociedad, el nihilismo, el "no future"; - la conciencia, la clarividencia, la coherencia y unidad de pensamiento, el gusto por la teoría, deben abrirse un difícil camino en medio de la huida hacia quimeras, drogas, sectas, misticismos, rechazo de la reflexión y destrucción del pensamiento que están definiendo a nuestra época" ("La descomposición, fase última de la decadencia del capitalismo", Revista internacional nº 62, 1990 y nos107, 2001. 18) Idem.

Los acontecimientos en Argentina entre diciembre 2001 y febrero 2002 han despertado un fuerte interés en los elementos politizados de todo el mundo. Discusiones y reflexiones se han producido entre obreros combativos en los centros de trabajo. Algunos grupos trotskistas han hablado de "inicio de la revolución"; dentro de la Izquierda comunista, el BIPR han dedicado numerosos artículos y en una "Declaración" han afirmado que "en Argentina, los estragos causados por la crisis económica han puesto en movimiento a un proletariado fuerte y determinado en el terreno de la lucha y de la autoorganización, capaz de expresar una ruptura de clase" (1). El interés suscitado por la situación de efervescencia social en Argentina es perfectamente legítima y comprensible. En efecto, desde el desmoronamiento del bloque del Este, en 1989, la situación internacional no ha estado marcada por movimientos proletarios de masas como lo fueron por ejemplo la huelga en Polonia en 1980 o luchas como la de Córdoba (el "cordobazo") en Argentina en 1969. La primera plana de los acontecimientos ha estado dominada por la barbarie bélica (guerra del Golfo en 1991, Yugoslavia, Afganistán, Oriente Medio...), los efectos cada vez más crueles del avance de la crisis económica mundial (despidos masivos, desempleo, recorte de salarios y pensiones) y las diferentes manifestaciones de la descomposición del capitalismo (destrucción del medio ambiente, multiplicación de catástrofes "naturales" y "accidentales", estallidos de fanatismo religioso, racial, de la criminalidad, etc.). Esta situación - cuyas causas hemos explicado detalladamente (2) - hace que muchos elementos politizados dirijan su atención a acontecimientos donde parece romperse ese abrumador dominio de las "malas noticias": en Argentina las protestas callejeras han provocado un baile de presidentes sin precedentes (5 en 15 días), se han dado la forma de asambleas multitudinarias "autoconvocadas" y han expresado ruidosamente su rechazo a "todos los políticos". Los revolucionarios deben seguir atentamente los movimientos sociales para así tomar posición e intervenir allí donde la clase obrera se manifiesta. Es indudable que los obreros han participado en las movilizaciones que han sacudido Argentina y que algunas luchas aisladas han formulado claras reivindicaciones clasistas y han chocado con el sindicalismo oficial. Somos solidarios con esos combates pero nuestra mejor contribución, como grupo revolucionario, es ante todo despejar la mayor claridad en el análisis de esos acontecimientos. De esa claridad depende la capacidad de las organizaciones revolucionarias para realizar una intervención adecuada, refiriéndose constantemente al marco histórico e internacional definido por el método marxista. Lo peor que pueden hacer las organizaciones de la vanguardia del proletariado es sembrar falsas ilusiones en nuestra clase, haciéndole tomar sus derrotas por victorias y su debilidad como si fuera fuerza. Un error así, al contrario de ayudar al proletariado a recuperar la iniciativa, a desarrollar sus luchas en su propio terreno de clase, a afirmarse como única fuerza social antagónica al capital, lo único que hace es hacer su tarea todavía más difícil. Desde ese punto de vista la pregunta que nos hacemos es: ¿cuál ha sido la naturaleza de clase de los acontecimientos en Argentina? ¿Se trata de un movimiento donde el proletariado ha desarrollado, como dice el BIPR, su "autoorganización" y su "ruptura" con el capitalismo?. Nuestra respuesta es rotunda: NO. El proletariado en Argentina se ha visto sumergido y diluido en un movimiento de revuelta inter clasista. Ese movimiento de protesta popular, en el que se ha anegado la clase obrera, no ha expresado la fuerza del proletariado, sino su debilidad. No ha avanzado hacia su autonomía política ni hacia su autoorganización. El proletariado no necesita consolarse ni agarrarse a quimeras ilusorias. Lo que necesita es encontrar el camino de su propia perspectiva revolucionaria, afirmarse en el ruedo social como única clase capaz de ofrecer un porvenir a la humanidad y, a partir de ahí, llevarse tras él a las demás capas sociales no explotadoras. Para ello, el proletariado necesita mirar la realidad de frente, y no debe temer la verdad. Para desarrollar su conciencia y poner sus luchas a la altura de la situación histórica actual, no puede zafarse a la crítica y la reflexión a fondo sobre los errores que comete y las dificultades por las que atraviesa. Los acontecimientos en Argentina servirán al proletariado mundial - y al propio proletariado argentino cuyas capacidades de combate no se han agotado ni mucho menos - si saca una lección clara de ellos: la revuelta interclasista no debilita al poder burgués a quien debilita principalmente es al propio proletariado.

El hundimiento de la economía argentina una clara manifestación de la agravación de la crisis

No vamos a hacer aquí un análisis detallado de la crisis argentina. Remitimos para ello a nuestra prensa territorial (3). Particularmente significativas de la situación son la brutal escalada del desempleo que ha pasado de un 7% en 1992 al 17% en octubre 2001 y en solo 3meses ha saltado al 20% (diciembre 2001) y la aparición por primera vez desde los tiempos de la colonia española del fenómeno del hambre en un país considerado hasta hace muy poco de "nivel europeo" y cuyas principales producciones son precisamente la carne y el trigo. Lejos de ser un fenómeno local, provocado por causas como la corrupción o la voluntad de "vivir como europeos", la crisis argentina es un nuevo episodio de la agravación de la crisis económica del capitalismo. Esta crisis es mundial y afecta a todos los países. Pero eso no significa que les afecte a todos de la misma forma y al mismo nivel. "Aunque no perdona a ningún país, la crisis mundial ejerce sus efectos devastadores no en los más desarrollados, los más poderosos, sino en los que han llegado demasiado tarde al ruedo económico mundial y a los cuales la vía hacia el desarrollo económico ha quedado definitivamente cerrada por las potencias más antiguas" ("El proletariado de Europa Occidental en el centro de la lucha de clases" en Revista internacional nº 31). Además, ante la continua agravación de la crisis los países más fuertes toman medidas destinadas a defenderse de sus golpes y descargarlos sobre los países más débiles ("liberalización" del comercio mundial, "globalización" de las transacciones financieras, inversiones en sectores clave de los países más débiles aprovechando las privatizaciones, políticas del FMI etc.), es decir, todo lo que se ha llamado la "globalización". Esta no es otra cosa que un conjunto de medidas de capitalismo de estado aplicadas sobre la economía mundial por los grandes países para protegerse de la crisis y hacer recaer sus peores efectos sobre los más débiles(4). Los datos proporcionados por el Banco mundial (5) son elocuentes: entre 1980 y 2000 los acreedores privados recibieron del conjunto de países de América Latina 192000 millones de $ más que el monto que les habían prestado pero en 1999-2000, en solo dos años, esa diferencia ascendió nada menos que a 86200 millones de $, es decir, prácticamente la mitad de la diferencia producida en 20 años. Por su parte, el FMI otorgó entre 1980 y 2000 créditos a los países sudamericanos por un monto de 71300 millones de $ mientras que éstos le reembolsaron en ese mismo lapso de tiempo ¡86700 millones!. Y sin embargo, la situación argentina no es más que la punta del iceberg: tras Argentina hay una serie de países, bastante importantes por diversas razones -papel en el suministro de petróleo, posición estratégica - que son candidatos a sufrir el mismo desmoronamiento económico y político: Venezuela, Turquía, México, Brasil, Arabia Saudí...

¿Movimiento autónomo del proletariado o revuelta interclasista ciega y caótica?

Como afirma el BIPR en su publicación italiana el capitalismo responde al hambre con más hambre. También deja claro que no hay ninguna alternativa en las múltiples fórmulas de "política económica" que proclaman gobiernos, oposiciones o "movimientos alternativos" como el Foro social de Porto Alegre. Las pócimas ingeniosas que estos demagogos ofrecen han sido descalificadas una tras otra por los hechos mismos en 30años de crisis (6) . Por eso concluyen con toda razón que "no hay que hacerse ilusiones: en el actual estado de cosas, el capitalismo lo único que es capaz de ofrecer es la miseria general y la guerra. Sólo el proletariado podrá atajar esa trágica deriva" (7). Sin embargo, los movimientos de protesta en Argentina son evaluados por el BIPR de la siguiente forma: "[El proletariado] ha salido espontáneamente a la calle, llevándose tras sí a la juventud, a los estudiantes, a partes importantes de una pequeña burguesía proletarizada y pauperizada como él mismo. Todos juntos, han canalizado su cólera contra los santuarios del capitalismo, bancos, oficinas y sobre todo supermercados y otros almacenes que fueron asaltados como los hornos de pan de la Edad Media. A pesar de que al gobierno, esperando así intimidar a los rebeldes, no se le ocurrió mejor cosa que dar rienda suelta a una represión brutal, matando e hiriendo a mansalva, la revuelta no cesó, extendiéndose por todo el país, adquiriendo características cada vez más clasistas". En las movilizaciones sociales que se han producido en Argentina ha habido tres componentes:

Primero, los asaltos a supermercados protagonizados esencialmente por marginados, gentes del lumpen y también por jóvenes parados. Estos movimientos han sido ferozmente reprimidos por la policía, los vigilantes privados y los propios comerciantes. En una serie de casos han degenerado en robos de viviendas en barrios humildes o en saqueos de oficinas, almacenes (8) etc. La consecuencia principal de este "primer componente" del movimiento social es que ha conducido a trágicos enfrentamientos entre los propios trabajadores como lo ilustra el enfrentamiento sangriento entre piqueteros que querían llevarse alimentos y obreros almacenistas del Mercado central de Buenos Aires el 11 de enero (9). Para la CCI, las manifestaciones de violencia en el seno mismo de la clase obrera (que en este caso son una ilustración de los métodos típicos de las capas lumpenizadas del proletariado) no son la expresión de su fuerza, sino, al contrario, de su debilidad. Esos enfrentamientos entre diferentes sectores de la clase obrera van, evidentemente, en contra de su unidad y de su solidaridad y sólo pueden servir los intereses de la clase dominante.

El segundo componente ha sido el "movimiento de las cacerolas". Este ha sido protagonizado esencialmente por las "clases medias" exasperadas por el golpe bajo que ha significado el secuestro y devaluación de sus ahorros en el llamado "corralito". La situación de estas capas es desesperada: "entre nosotros, la pobreza se liga con el alto desempleo; en ella van cayendo además los "nuevos pobres", ex habitantes de la clase media, en virtud de una movilidad social descendente, inversa a la de la pujante Argentina migratoria de comienzos del siglo XX" (10). Empleados del sector público, jubilados, algún sector del proletariado industrial, comparten con los pequeño burgueses la misma puñalada del corralito: sus humildes ahorros conseguidos con el esfuerzo de una vida se han convertido prácticamente en humo; los complementos a unas pensiones de hambre se han volatilizado. Sin embargo, ninguna de esas características otorga al movimiento de las cacerolas un carácter de clase proletario sino que su naturaleza es la de una revuelta popular interclasista dominada por planteamientos nacionalistas y "ultrademocráticos".

El tercer componente lo forman toda una serie de luchas obreras. Mencionemos, en particular: las huelgas de docentes en la gran mayoría de las 23 provincias argentinas; el combativo movimiento de los ferroviarios a nivel nacional; la huelga del hospital Ramos Mejías en Buenos Aires o la lucha de la fábrica Bruckmann en el Gran Buenos Aires, en los cuales ha habido choques tanto con la policía uniformada como con la policía sindical. Lucha de los trabajadores de Banca. Numerosas han sido también las movilizaciones de los desempleados que desde hace dos años vienen protagonizando cortes de carretera por todo el país (los famosos "piqueteros"). Los revolucionarios saludan evidentemente la enorme combatividad de que la clase obrera ha dado prueba en Argentina. Pero como lo hemos dicho siempre, la combatividad, por fuerte que sea, no es el principal y único criterio para tener una visión clara de la relación de fuerzas entre las dos clases fundamentales de la sociedad: la burguesía y el proletariado. La primera pregunta a la que debemos contestar es la siguiente: esas luchas obreras que han estallado por todo el país, ¿han desembocado en un movimiento unido de toda la clase obrera, un movimiento masivo capaz de superar los cortafuegos instalados por la burguesía (especialmente sus fuerzas de oposición democrática y sus sindicatos)? La realidad de los hechos nos obliga a responder claramente: NO. Y es precisamente porque las huelgas obreras quedaron dispersas y no han podido desembocar en un gran movimiento unificado de toda la clase obrera por lo que el proletariado en Argentina no ha sido capaz de ponerse a la cabeza del movimiento de protesta social y arrastrar tras sí, tras sus propios métodos de lucha, al conjunto de las capas no explotadoras. Al contrario, por su incapacidad para colocarse en la vanguardia del movimiento, sus luchas han quedado anegadas, diluidas y contaminadas por la revuelta sin perspectivas de las demás capas sociales, las cuales, por mucho que sean ellas también víctimas del desmoronamiento de la economía argentina, no tienen ningún porvenir histórico. Para los marxistas, el único método que nos pueda evitar la desorientación en una situación así se resume en la pregunta ¿quién dirige el movimiento? ¿Qué clase social tiene la iniciativa y marca la dinámica de los acontecimientos?. Solo si se es capaz de contestar correctamente a esa pregunta se podrá contribuir a que el proletariado avance en la perspectiva de liberarse a sí mismo y liberar a la humanidad de la trágica deriva a la que es conducido por el capitalismo. Y aquí el BIPR yerra totalmente en el método. Contrariamente a su visión fotográfica y empírica, no ha sido el proletariado quien ha arrastrado a los estudiantes, a la juventud, a partes importantes de la pequeña burguesía, sino justamente lo contrario, la revuelta desesperada, confusa y caótica de un amasijo de capas populares la que ha anegado y diluido a la clase obrera. Un examen somero del planteamiento, las reivindicaciones y el tipo de movilización de las Asambleas populares de Barrio que han proliferado en Buenos Aires y se han extendido por todo el país lo prueba de forma fehaciente. ¿Qué pide la convocatoria de cacerolazo mundial del 2/3 de febrero de 2002 y que tuvo un eco entre amplios sectores politizados en más de 20 ciudades de 4 continentes? : "Cacerolazo global. Todos somos Argentina. Todo el mundo a la calle, New York City, Porto Alegre, Barcelona, Toronto, Montreal (agrega tu ciudad y tu país). ¡Que se vayan todos! FMI, Banco mundial, Alca, multinacionales ladronas, gobiernos /políticos corruptos, ¡Que no quede ni unos solo! ¡Viva la Asamblea popular! ¡Arriba pueblo argentino!" Este "programa", por mucha rabia que manifieste contra "los políticos", es el que estos están defendiendo todos los días, desde la extrema derecha a la extrema izquierda pues incluso los gobiernos "ultraliberales" saben darse toques de "crítica" al ultraliberalismo, las multinacionales, la corrupción etc. Por otra parte, ese movimiento de protesta "popular" ha estado profundamente marcado por el nacionalismo más extremo y reaccionario. En todos los manifiestos de las Asambleas vecinales se repite hasta la náusea que el objetivo es "conseguir otra Argentina", "recuperar nuestro país por la base". En los sitios de Internet de varias Asambleas Vecinales se plantean debates de tipo nacionalista tales como ¿debemos pagar la deuda externa? ¿Cuál es la mejor solución, la pesificación o la dolarización?. En una WEB se propone loablemente la "formación y la toma de conciencia" de las gentes y para ello abre un debate sobre El Contrato social de Rousseau (11) y se pide una vuelta a los clásicos argentinos del siglo XIX como San Martín o Sarmiento. Hay que ser muy miope (o buscar la seguridad contándose cuentos de hadas) para no ver que ese nacionalismo a ultranza también ha contagiado las luchas obreras: los trabajadores de TELAM encabezaban sus manifestaciones con banderas argentinas; en un barrio obrero del Gran Buenos Aires la asamblea contra el pago de un nuevo impuesto municipal comenzó y terminó entonando el himno nacional. Al ser un movimiento interclasista, popular y sin perspectivas, no podía hacer otra cosa que preconizar las mismas soluciones reaccionarias que han conducido a la trágica situación en la que está hundida la población y con las que se han llenado la boca los partidos políticos, sindicatos, Iglesia etc. es decir, las fuerzas capitalistas contra las que el movimiento quiere luchar. Pero esa aspiración a repetir la situación anterior, ese buscar su poesía en el pasado, es una confirmación muy elocuente de su carácter de revuelta social impotente y sin porvenir. Como testimonia con toda sinceridad una participante en las Asambleas: "Muchos dicen que no tenemos propuestas, que lo único que sabemos hacer es oponernos. Y con orgullo podemos decir que es cierto, que nos oponemos al sistema establecido por el neoliberalismo. Como un arco tensado por la opresión, somos flechas disparadas contra el pensamiento único. Nuestra acción, estará sostenida, pie con pie por nuestros vecinos, para ejercer el más viejo derecho de los pueblos, la resistencia popular" (12). En la propia Argentina, en 1969-73, el cordobazo, la huelga de Mendoza, la marea de luchas que inundó el país, constituyeron la clave de la evolución social. Sin tener ni mucho menos un carácter insurreccional marcaron el despertar del proletariado el cual a su vez condicionó toda la agenda política y social el país. Pero en la Argentina de diciembre 2001, a causa de la agravación de la descomposición de la sociedad capitalista, la situación no es la misma. El proletariado está hoy ante dificultades nuevas, ante obstáculos que tendrá que superar para poder afirmarse, impulsar su identidad y su autonomía de clase. Contrariamente al período de principios de los 70, la situación social en Argentina ha estado hoy marcada por un movimiento interclasista que ha diluido al proletariado y ha dejado, en el plano político, una huella efímera e impotente. Ciertamente el movimiento de las cacerolas ha conseguido una hazaña para el Guinnes cual es el derribo de 5 presidentes en 15 días. Pero todo eso no es sino humo de paja. Sea cual sea la camarilla en el gobierno sigue siendo la burguesía quien ejerce el poder en Argentina, como en todos los países del mundo. Actualmente, los sitios WEB de las Asambleas populares constatan amargamente cómo el movimiento se ha desvanecido como por encanto de tal forma que el astuto Duhalde ha logrado restablecer el orden sin haber siquiera atenuado la miseria galopante y sin que su plan económico suponga la más mínima solución.

La lección de los acontecimientos argentinos

En el presente periodo histórico que hemos calificado como la fase de descomposición del capitalismo (13), el proletariado corre un riesgo muy importante: el de la pérdida de su identidad de clase, la falta de confianza en sí mismo, en su capacidad revolucionaria para erigirse como una fuerza social autónoma y determinante en la evolución de la sociedad. Ese peligro es el producto de toda una serie de factores conectados entre sí: - el golpe que fue para la conciencia del proletariado el hundimiento de los países del Este que la burguesía ha podido identificar fácilmente como "hundimiento del comunismo" y "fracaso histórico del marxismo y de la lucha de clases"; - el peso de la descomposición del sistema capitalista que erosiona los lazos sociales y favorece una atmósfera de competencia irracional incluso entre sectores mismos del proletariado; - el miedo a la política y a la politización que es una consecuencia de la forma que tomó la contrarrevolución (a través del estalinismo "desde dentro" del propio bastión proletario y de los partidos de la Internacional comunista) y del enorme golpe histórico que significó la degeneración prácticamente sucesiva y en el lapso de una generación de las dos mejores creaciones de su capacidad política y consciente: primero los partidos socialistas y luego, apenas 10 años después, los partidos comunistas. Ese peligro puede acabar impidiéndole tomar la iniciativa frente al desmoronamiento profundo de toda la sociedad, a la que conduce la crisis histórica del capitalismo. Argentina muestra con claridad ese peligro potencial: la parálisis general de la economía y convulsiones importantes del aparato político burgués, no han sido utilizadas por el proletariado para erigirse como una fuerza social autónoma, luchando por sus propios objetivos y ganando tras su estela a las demás capas de la sociedad. Sumergido dentro de un movimiento interclasista, típico de la descomposición de la sociedad burguesa, el proletariado se ha visto arrastrado a una revuelta estéril y sin futuro. Por esta razón son muy peligrosas las especulaciones que han fomentado los medios trotskistas, autónomos, anarquistas, y, en general, del movimiento "antiglobalización" sobre los acontecimientos argentinos presentándolos como "inicio de una revolución", como "nuevo movimiento", como "demostración práctica de que otra sociedad es posible". Lo más preocupante es que el BIPR se haya hecho eco de esas confusiones aportando su contribución a las quimeras sobre la "fuerza del proletariado en Argentina" (14). Estas especulaciones desarman a las minorías que el proletariado hace surgir, que buscan actualmente una alternativa revolucionaria frente a este mundo que se hunde. Por eso mismo nos parece importante esclarecer las razones por las que el BIPR cree encontrar gigantes de "movimientos de clase" en lo que no son sino los molinos de viento de las revueltas interclasistas. En primer lugar, el BIPR ha rechazado siempre el concepto de curso histórico con el cual hemos tratado de comprender la evolución de las relaciones de fuerza entre el proletariado y la burguesía en la presente situación histórica abierta con la vuelta al escenario social del proletariado en 1968. Al BIPR todo eso les parece puro idealismo, caer en "pronósticos y predicciones" (15). Su rechazo de este método histórico les lleva a una visión inmediatista y empirista tanto respecto a los hechos guerreros como a la lucha de clases. Vale la pena recordar el análisis que hizo el BIPR de la guerra del Golfo, presentada nada menos que como "comienzo de la tercera guerra mundial". Y fue con el mismo método "fotográfico" con el que presentaron la revolución de palacio que derribó el régimen de Ceaucescu (1989) casi como una "revolución". "Rumania es el primer país de las regiones industrializadas en el que la crisis económica mundial ha hecho surgir una verdadera insurrección popular cuyos resultados han sido el derribo del gobierno (…) en Rumania todas las condiciones objetivas y casi todas las subjetivas están reunidas para transformar la insurrección en una auténtica revolución social" ("Murió Ceaucescu pero el capitalismo sigue vivo", Battaglia communista, enero de 1990). Está claro que el rechazo de todo análisis del curso histórico solo puede llevar a dejarse zarandear por los acontecimientos inmediatos. Sin método de análisis de la situación histórica mundial y de la relación de fuerzas real entre las clases lleva al BIPR lo mismo a considerar una vez que estamos al borde de la tercera guerra mundial y la otra que estamos al borde de la revolución proletaria. Siguiendo el "método" de análisis del BIPR, ¿cómo pasa el proletariado de la situación de encuadramiento tras las insignias nacionales con el que se prepara una tercera guerra mundial a la situación en la que está listo para el asalto revolucionario? Esto sigue siendo para nosotros algo misterioso yseguimos a la espera de que el BIPR nos explique con coherencia esos ban dazos. Por parte nuestra, frente a este vaivén desmoralizante solo la brújula de una visión global e histórica permitirá que los revolucionarios no sean un juguete de los acontecimientos y eviten confundir a su clase haciéndole creer en los reyes magos. En segundo lugar, el BIPR no cesa de ironizar sobre nuestro análisis de la descomposición del capitalismo afirmando que "sirve para explicarlo todo". Sin embargo, el concepto de descomposición es muy importante para distinguir entre revuelta y lucha de clase del proletariado. Esta distinción es crucial en nuestra época. La situación actual del capitalismo mueve efectivamente a la protesta, el tumulto, los choques entre clases, capas y fracciones de la sociedad. La revuelta es el fruto ciego e impotente de las convulsiones agónicas de la sociedad que no contribuye a la superación de sus contradicciones sino a su pudrimiento y agravación. Es la expresión de una de las salidas de la perspectiva general que desgaja El Manifiesto comunista de la lucha de clases a lo largo de la historia "que terminó siempre con la transformación revolucionaria de la sociedad o el hundimiento de las clases en pugna", siendo esta última alternativa la que proporciona la base al concepto mismo de descomposición. Frente a ello está la lucha de clase del proletariado que sí es capaz de expresarse en su terreno de clase, manteniendo su autonomía y avanzando hacia su extensión y autoorganización, puede convertirse en "el movimiento propio de la inmensa mayoría en provecho de la inmensa mayoría" (ídem). Todo el esfuerzo de los elementos más conscientes del proletariado y de forma más general de los obreros en lucha está en no confundir revuelta con lucha autónoma de clase, en combatir para que el peso de la descomposición general de la sociedad no arrastre la lucha del proletariado hacia el callejón sin salida de la revuelta ciega. Mientras el terreno de la revuelta lleva al progresivo desgaste de las capacidades del proletariado el terreno de la lucha de clase le conduce hacia la destrucción revolucionaria del Estado capitalista en todos los países.

La perspectiva del proletariado

Sin embargo, si los hechos de Argentina muestran claramente el peligro que corre el proletariado si se deja arrastrar al terreno podrido de la revuelta "popular" interclasista, el problema del desenlace de la evolución de la sociedad hacia la barbarie o hacia la revolución no se juega allí sino que tiene su epicentro en las grandes concentraciones obreras del mundo y muy especialmente en Europa occidental. "Una revolución social no consiste simplemente en la ruptura de una cadena, en el estallido de la vieja sociedad. No es un hecho mecánico sino un hecho social indisolublemente ligado a los antagonismos de intereses humanos, a la voluntad y a las aspiraciones de las clases sociales y de su lucha" (16). Las visiones mecanicistas y materialistas vulgares ven en la revolución proletaria únicamente el aspecto estallido del capitalismo pero son incapaces de ver el aspecto más importante y decisivo - su destrucción revolucionaria por la acción consciente del proletariado, es decir, lo que Lenin y Trotski llamaban el "factor subjetivo". Aquellos enfoques materialistas vulgares son una traba en la toma de conciencia de la gravedad de la situación histórica marcada por la entrada del capitalismo en la fase última de su decadencia, la fase de la descomposición, de su putrefacción de raíz. Además ese materialismo mecánico y contemplativo les hace quedarse "satisfechos" con el aspecto "objetivamente revolucionario": la agravación inexorable de la crisis económica, las convulsiones de la sociedad, la podredumbre de la clase dominante. Los peligros que entrañan las manifestaciones de la descomposición del capitalismo (incluida la explotación ideológica que de ellas hace la clase dominante) para la conciencia del proletariado, para el desarrollo de su unidad y de su confianza en sí, son barridas de un plumazo de materialismo vulgar (17). Pero la clave de una perspectiva revolucionaria en nuestra época está precisamente en la capacidad del proletariado para desarrollar en sus luchas ese conjunto de elementos "subjetivos" (la conciencia, la confianza en su porvenir revolucionario, su unidad y solidaridad de clase) que le permitirán contrarrestar progresivamente y acabar superando el peso de la descomposición ideológica y social del capitalismo. Donde existen las condiciones más favorables para su desarrollo es precisamente en las grandes concentraciones obreras de Europa occidental pues "las revoluciones sociales no se producen allí donde la clase dominante es más débil o su estructura está menos desarrollada, sino al contrario, allí donde su estructura ha alcanzado la mayor madurez compatible con las fuerzas productivas y donde la clase portadora de las nuevas relaciones sociales llamadas a sustituir a las antiguas es más fuerte... Marx y Engels buscaban e insistían en los puntos donde el proletariado es más fuerte, está más concentrado y es más apto para operar la transformación revolucionaria del mundo. Pues, aunque la crisis golpea más brutalmente a los países subdesarrollados no hay que perder de vista nunca que tiene su origen en la sobreproducción y por tanto en los grandes centros de desarrollo del capitalismo. Esta es una razón suplementaria de por qué las condiciones para una respuesta contra la crisis y su superación se encuentran fundamentalmente en esos grandes centros" (18). De hecho, la visión deformada del BIPR sobre el contenido de clase de lo ocurrido en Argentina debe relacionarse con su análisis de las potencialidades del proletariado de los países de la periferia que se expresa, en particular, en sus "Tesis sobre la táctica comunista en los países de la periferia capitalista" adoptadas en el VIº Congreso de Battaglia communista (publicadas en italiano en Prometeo nº 13, serie V, junio de 1997). Según esas Tesis, las condiciones prevalecientes en los países de la periferia determinan en éstos "un potencial de radicalización de las conciencias más elevado que en las formaciones sociales de las grandes metrópolis", lo cual tiene como consecuencia que "queda la posibilidad de que la circulación del programa comunista entre las masas sea más fácil y el "nivel de escucha" obtenido por los comunistas revolucionarios sea más alto comparado con las concentraciones sociales del capitalismo avanzado". En la Revista internacional nº 100, en el artículo "La lucha de la clase obrera en los países de la periferia del capitalismo", rebatimos con detalle ese análisis que no vamos a repetir aquí. En lo que sí queremos insistir es en la visión falsa del BIPR de lo que significan las recientes revueltas en Argentina es una ilustración no sólo de su incapacidad para integrar la noción de curso histórico así como de la noción de descomposición del capitalismo, sino además de que esas Tesis son erróneas. Nuestro análisis, por su parte, no significa, ni mucho menos, que despreciemos o subestimemos las luchas del proletariado en Argentina o en otras zonas donde el capitalismo es más débil. Significa simplemente que los revolucionarios, como vanguardia del proletariado que son y porque deben poseer una visión clara de la marcha general del movimiento proletario en su conjunto, tienen la responsabilidad de contribuir a que el proletariado y sus minorías revolucionarias tengan en todos los países una visión más clara y exacta de cuáles son sus fuerzas y sus limitaciones, de quiénes son sus aliados y cómo deben orientar sus combates. Contribuir a esta perspectiva es la tarea de los revolucionarios. Para cumplirla deben resistir con todas sus fuerzas la tentación oportunista de ver, por impaciencia, inmediatismo y falta de confianza histórica en el proletariado, un movimiento de clase allí donde -como así ha sido en Argentina - solo ha habido una revuelta interclasista.

Adalen, 10-03-2002

1) Esta declaración se encuentra en el sitio de Internet del BIPR (http://www.internationalist.net/) y se titula "D'Argentine une leçon : Ou le parti révolutionnaire et le socialisme, ou la misère généralisée et la guerre" ("Una lección de Argentina: o partido revolucionario y socialismo o miseria generalizada y guerra"). Si dedicamos una buena parte de este artículo a rebatir los análisis del BIPR no es, ni mucho menos, debido a una hostilidad particular hacia esa organización, sino porque es, junto al nuestro, el componente principal del medio político proletario, lo cual nos impone la responsabilidad de combatir aquellas concepciones que estimamos erróneas y vehículos de la confusión para quienes se acercan a las posiciones de la Izquierda comunista. 2) Ver en Revista internacional: "Dificultades crecientes del proletariado tras la caída del estalinismo" (nº60); "¿Por qué el proletariado no ha hecho la revolución?" (números 103 y 104); "Informe sobre la lucha de clases" (nº 107). 3) Ver en particular los números 319 y 320 de Révolution internationale. 4) Ver en Revista Internacional nº 106 "Informe sobre la crisis económica". 5) Fuente: Banco Mundial, World Development Indicators 2001. 6) Ver el antes mencionado "Informe sobre la crisis económica" en Revista internacional nº 106 y "30años de crisis capitalista" en Revista internacional números 96 a 98. 7) Toma de posición del BIPR sobre Argentina antes mencionado. 8) Página 12, reportaba: "el dato, sin precedentes, de que en algunos barrios del Gran Buenos Aires los saqueos habían pasado de los comercios a casas". 9) Ver Révolution internationale nº 320, órgano de la CCI en Francia. 10) Tomado de un Sitio WEB de resúmenes de prensa argentina. 11) En sí mismo no es negativo el estudiar las obras de pensadores anteriores al movimiento proletario pues éste integra y supera en su conciencia revolucionaria todo el legado histórico de la humanidad. Sin embargo, no es precisamente un adecuado punto de partida para enfrentar los graves problemas actuales el comenzar por Rousseau. 12) Recogido de Internet: www.cacerolazo.org. 13) Ver las "Tesis sobre la descomposición" aparecidas en Revista internacional nº 62 y publicadas de nuevo en Revista internacional nº 107. 14) En cambio, el PCInt, en su número 460 de Le Prolétaire adopta una clara toma de postura ya desde el título mismo de su artículo "Los cacerolazos han podido derribar a presidentes. Para combatir el capitalismo, ¡se necesita la lucha obrera!" denunciando el carácter interclasista del movimiento y defendiendo que "sólo hay un camino para oponerse a esa política: la lucha contra el capitalismo, la lucha obrera que una a todos los proletarios basándose en objetivos no populares sino de clase, la lucha no nacional sino internacional, la lucha que se da como objetivo final no de reforma sino de revolución" (trad. del francés por nosotros). 15) Para ver nuestra concepción del curso histórico se pueden leer nuestros artículos en la Revista internacional nº 15, 17 y 107. Hemos polemizado con la concepción del BIPR en artículos en la Revista internacional nº 36 y 89. 16) Revista internacional, nº 31. 17) "Los diferentes factores que son la fuerza del proletariado chocan directamente con las diferentes facetas de la descomposición ideológica: - la acción colectiva, la solidaridad, encuentran frente a ellas la atomización, el "sálvese quién pueda", el "arreglárselas por su cuenta"; - la necesidad de organización choca contra la descomposición social, la dislocación de las relaciones en que se basa cualquier vida en sociedad; - la confianza en el porvenir y en sus propias fuerzas se ve minada constantemente por la desesperanza general que invade la sociedad, el nihilismo, el "no future"; - la conciencia, la clarividencia, la coherencia y unidad de pensamiento, el gusto por la teoría, deben abrirse un difícil camino en medio de la huida hacia quimeras, drogas, sectas, misticismos, rechazo de la reflexión y destrucción del pensamiento que están definiendo a nuestra época" ("La descomposición, fase última de la decadencia del capitalismo", Revista internacional nº 62, 1990 y nos107, 2001. 18) Idem.