Crisis económica, Oriente Medio - Las aberraciones del capitalismo 'democrático'

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A favor o en contra de la "globalización"
o "mundialización", tranquilizadores o
alarmantes, los discursos sobre la situación internacional
y sus perspectivas son unánimes en una cosa: la democracia
sería el único sistema que permitiría hacer
progresar y prosperar a la sociedad, y el capitalismo sería
la forma acabada de la organización económica,
política y social de la humanidad: "El 2000 no ha
sido el verdadero primer año del siglo XX. En términos
sustanciales, el siglo XXI empezó en 1991 con la caída
del comunismo soviético, el hundimiento del orden bipolar y
el esplendor del capitalismo global como ideología
incuestionable de nuestra era"
(1).¿Y
qué ocurre con la multiplicación de las guerras
locales y de las matanzas? ¿Por qué aumenta
incuestionablemente, por qué se generaliza la miseria en el
mundo? ¿Por qué se incrementa el desempleo y la
degradación de las condiciones de existencia del
proletariado? ¿Cómo habrán de entenderse las
hambrunas, el incremento de las epidemias, la corrupción y
la inseguridad crecientes? ¿A qué se deben las
catástrofes "naturales" y las amenazas sobre el
medio ambiente a escala planetaria? Todo ello se debe a que el
capitalismo sigue ahí, por las relaciones sociales y las
relaciones de producción que impone, en las que las
necesidades humanas importan un comino y que solo persiguen un
único objetivo: la ganancia y "no simplemente la
obtención de ganancias en oro contante y sonante, sino la
obtención de ganancias en una progresión cada vez
mayor"
(2).

A estas objeciones nos encontramos con varias
respuestas.

La "mundialización" o
la fábula de la "democracia" para ocultar el caos
capitalista

Todo eso no serían más que
exageraciones de plañideras que se niegan a ver el
bienestar que proporciona el sistema actual. Esta es en general la
respuesta de los aduladores del capitalismo liberal. Para éstos,
las consecuencias desastrosas de la perpetuación del
capitalismo son el precio normal que hay que pagar en este sistema
social, el resultado inevitable de una ley natural que implica la
eliminación de los más débiles y la salvación
únicamente para los más fuertes.

O también que esas plagas del mundo
moderno en los albores del siglo XXI son reales, pero deben
considerarse ante todo como excesos o imperfecciones resultantes
de errores cometidos por dirigentes demasiado codiciosos y poco
preocupados por el bien común. Sería el resultado
del capitalismo "salvaje". Según estas ideas, se
necesitaría un control, una regulación bien
planteada, organizada por los gobiernos, por los Estados, por
organismos locales, nacionales o internacionales idóneos
(por ejemplo, a la manera de las célebres ONG,
organizaciones pretendidamente no gubernamentales). Ese control
podría amortiguar los efectos devastadores del sistema,
transformándolo en una verdadera organización de
"ciudadanos", convirtiéndolo en un paraíso
de paz y prosperidad para todos o casi. Esta respuesta, con
variantes, es en general la de la izquierda del aparato político
de la burguesía, de la socialdemocracia y de los ex
partidos estalinistas, de los ecologistas. Esas son las ideas del
ámbito "antiglobalización". También
hay en él corrientes izquierdistas que ponen en sordina su
fraseología revolucionaria tradicional para aportar una
contribución radical al concierto de la defensa de la
democracia. Así ocurre con toda clase de camarillas
trotskistas o ex maoístas, anarquistas o libertarias,
corrientes todas ellas más o menos retoños del
izquierdismo socialista, comunista, libertario de los años
70-80. Más allá de las diferencias, todo el mundo se
reivindica hoy de la democracia, desde la extrema derecha hasta la
extrema izquierda.

Los
contestatarios que en el pasado criticaban el circo parlamentario
se han quitado la careta desvelando su naturaleza de fervientes
defensores de la democracia burguesa que antaño
despreciaban. Muchos de ellos son hoy, en casi todos los países,
dirigentes del Estado, están en puestos de responsabilidad,
en honorables instituciones, organismos y empresas, muy bien
integrados en el sistema. Los demás, los que se han
mantenido en una oposición más o menos radical a los
gobiernos y a esas instituciones (3) denuncian los
excesos y errores del sistema, pero en el fondo nunca se plantean
cuál es su verdadera naturaleza.

Uno de los
mejores ejemplos de esa ideología nos lo da regularmente el
mensual francés le Monde diplomatique. Así,
el su número de enero del 2001, se puede leer: que "el
nuevo siglo empieza en Porto Alegre
[Brasil, donde se organiza
el primer Foro social mundial a finales de enero 2001]. Todos
aquellos que de una manera o de otra, cuestionan o critican la
mundialización neoliberal van a reunirse
[?] No ya
para protestar como en Seattle, Washington, Praga u otros lugares,
contra las injusticias, las desigualdades y los desastres que
provocan por todas las partes del mundo los excesos del
neoliberalismo. Sino para intentar, con ánimo positivo y
constructivo esta vez, proponer un marco teórico y práctico
que permita considerar una mundialización de nuevo tipo,
afirmando que otro mundo, menos inhumano y más solidario,
es posible"
(4).

En el
mismo número hay un artículo de Toni Negri, figura
de Potere operaio (5), el cual explica la idea de que
hoy ya no hay imperialismo, sino? ¡un "Imperio"
capitalista!. Lo expuesto parece mantenerse fiel a la "lucha
de clases" y a la "batalla de los explotados contra el
poder del capital". Pero solo es apariencia. El artículo
pretende sobre todo inventar una especie de nueva perspectiva para
la lucha de clases. Y así acaba cayendo de cabeza en lo
mismo de siempre: la necesidad de defender no se sabe qué
democracia en lugar de la "revolución" e
identificarse como ciudadanos en el lugar de la identidad de clase
del proletariado. "Esas luchas exigen, además de un
salario garantizado, una nueva expresión de la democracia
en el control de las condiciones políticas de reproducción
de la vida.
[?] La mayoría de esas ideas nacieron
durante las manifestaciones parisinas del invierno de 1995,
aquella "Comuna de París bajo la nieve"
[¡]
que exaltaba [?] el auto-reconocimiento subversivo de
los ciudadanos de las grandes ciudades".

Cualesquiera
que sean las intenciones subjetivas de esos protagonistas de la
contestación del sistema capitalista, de esos defensores de
la perspectiva de la democracia, lo único para lo que sirve
objetivamente todo eso, es para mantener las ilusiones de que se
puede reformar el sistema o transformarlo gradualmente.

Lo que la
clase obrera necesita comprender, en contra de esas viejas ideas
reformistas que se han vuelto a poner de moda, es que el
imperialismo esa "etapa suprema del capitalismo" como
decía Lenin, sigue dominando el mundo, afectando a "todos
los Estados, desde el más pequeño al más
grande" como decía Rosa Luxemburg, causa básica
de la multiplicación de las guerras locales y de la
proliferación de las matanzas por el ancho mundo, en
cantidad de regiones con conflictos militares. Ante las numerosas
preguntas e inquietudes que se hacen frente la vacuidad y lo
absurdo del mundo actual, ante la ausencia cada día más
patente de perspectiva que impregna toda la sociedad, ante este
ambiente abrumador de un vivir día a día, frente a
la tendencia a "cada uno para sí", la
descomposición del tejido social, la desintegración
de la solidaridad colectiva, la clase obrera necesita comprender
que la perspectiva del capitalismo no es la de un
mundo de ciudadanos
que una bonita democracia
haría vivir en paz, en medio de la abundancia y
la prosperidad. Lo que la clase obrera necesita entender es que la
sociedad actual es y sigue siendo una sociedad de
clases
, un sistema de explotación del hombre
cuyo motor es la ganancia y el funcionamiento dictado por la
acumulación del capital; entender que la democracia
es una democracia burguesa,
la forma más elaborada de la dictadura de la clase
capitalista.

Lo que ha
cambiado desde 1991 no es que el capitalismo haya triunfado sobre
el comunismo y que se habría impuesto como único
sistema social viable. Lo que cambió fue que el régimen
capitalista e imperialista del bloque soviético
se desmoronó por los golpes de la crisis económica y
frente a la presión militar de su enemigo, el bloque
occidental. Lo que cambió fue la configuración
imperialista del planeta que dominaba el mundo desde la
Segunda Guerra mundial. No fue el comunismo o un sistema
en transición hacia él
lo que se desmoronó
en el Este. En verdadero comunismo, que no ha existido nunca
todavía, sigue estando al orden del día. Y no podrá
ser instaurado más que mediante el derrocamiento
revolucionario de la dominación capitalista por la clase
obrera internacional. Es la única alternativa contra lo que
augura la supervivencia de la sociedad capitalista: el hundimiento
en un caos sin nombre que podría acarrear la destrucción
definitiva de la humanidad.

La "nueva economía", el
descalabro de la crisis que no cesa

Mientras
que los festejos del año 2000 ce organizaron con los
mejores auspicios en la euforia de la "nueva economía",
el año 2001 ha empezado con una inquietud claramente
afirmada en cuanto a la salud económica del capitalismo
mundial. Las nuevas ganancias prodigiosas se han desvanecido. Al
contrario, después de un año de sinsabores y
desilusiones, los ases del e-business y de la net-economía
han multiplicado las quiebras y despedido a mansalva en un
contexto general apático. Unos ejemplos: "Con el
enfriamiento de la nueva economía, ha habido un torbellino
de anuncios de despidos. Más de 36000 empleos han sido
suprimidos en los "puntocom" en la segunda mitad del año
pasado, incluidos los 10000 del mes último"
(6).

Ya hemos
analizado en varias ocasiones la situación de la crisis
económica (7). No vamos a volver a detallar esos
análisis, cuyas conclusiones se han vuelto a confirmar hoy.
En diciembre pasado, algunas revistas de la prensa internacional
titulaban cosas como "Caos" (8), o
"¿Aterrizaje brutal?" (9). Por detrás
de una fraseología hueca y tranquilizadora, la burguesía
necesita saber qué hay de las ganancias que puede esperar
de sus inversiones; tiene que rendirse ante lo evidente: la "nueva
economía" no es más que otro collar del mismo
perro de la "vieja economía", o sea, no un
producto del crecimiento sino de la crisis de la economía
capitalista. El desarrollo de las comunicaciones por Internet no
es la "revolución" prometida. El uso a gran
escala de Internet, tanto en los flujos comerciales y las
transacciones financieras y bancarias como en el seno de las
empresas y las administraciones, en nada cambia las leyes
inevitables de la acumulación del capital que exigen el
beneficio neto, la rentabilidad y la competitividad en el mercado.

Como cualquier otra innovación
técnica, la ventaja competitiva que otorga el uso de
Internet desaparece muy rápidamente en cuanto se generaliza
ese uso. Y, además, en el ámbito de la comunicación
y de las transacciones, para que la técnica funcione y sea
eficaz implica que todas las empresas estén conectadas, lo
cual significa que la innovación que representa el uso de
esa red destruye las ventajas que supuestamente proporciona.

Al principio, la gran "revolución
tecnológica" de Internet iba a permitir un desarrollo
colosal del "modelo B2C", siglas que significan
"business to consumer", o sea una relación
directa entre productor y consumidor. De hecho se trata
simplemente de consultar catálogos y hacer pedidos por
correspondencia electrónica por Internet y no por correo.
¡Vaya novedad! ¿Revolución tecnológica?
Muy rápidamente el B2C ha sido abandonada en beneficio del
B2B el "business to business", la relación
directa entre las empresas mismas. El primer "modelo"
apostaba por unas ganancias obtenidas mediante la correspondencia
por correo electrónico, poco rentable en fin de cuentas al
estar esencialmente dedicada al consumo de las familias. El
segundo debía servir para poner en relación directa
a las empresas. Las ganancias debían entonces venir de dos
"salidas mercantiles". Por un lado las empresas podían
ganar dinero, o más bien reducir sus gastos, mediante la
reducción de los intermediarios en sus relaciones. ¡No
es ya un verdadero mercado, sino una simple reducción de
gastos! Por otro lado, íbamos a asistir a la apertura de un
"mercado" fabuloso, el de la necesidad de proporcionar
mediante Internet los servicios idóneos (anuarios, listas,
catálogos, aplicaciones informáticas, medios de
pago, etc.); o sea, vuelven a entrar por la ventana los?
intermediarios expulsados por la puerta. ¡Gracias Internet!.

Es
evidente que tampoco aquí las ganancias se han presentado y
se han abandonado rápidamente esos "modelos"
económicos. Ha desaparecido el 98% de las starts up
de estos últimos años, esas empresas de la "nueva
economía" que iban a ser el ejemplo del radiante
porvenir del desarrollo capitalista. Y en las que han sobrevivido,
a los asalariados les abruma la decepción después de
la euforia del enriquecimiento (¡virtual!) de los dividendos
de las stocks options generosamente regaladas, trabajando
durante horas y horas. Es significativo que los sindicatos, que
hasta ahora han dejado esa mano de obra de lado, estén
ahora entrando con fuerza en el sector. Y no porque el
sindicalismo se haya convertido como por ensalmo en defensor de
los trabajadores(10), sino porque sería
peligroso dejar que se desarrollara la libre reflexión
entre unos trabajadores brutalmente despertados de sus dorados
sueños.

La
ideología de la net-economy es una clara ilustración
del atolladero en que está la economía burguesa, del
declive histórico de las relaciones capitalistas de
producción. En esa ideología, la ganancia debía
ahora obtenerse del desarrollo del comercio y ya no directamente
de la producción. El comerciante debía, en cierto
modo, cobrar más importancia que el productor. Pero ¿qué
ideología es ésa, sino una especie de aspiración
a volver a un capitalismo mercantil como el que existía a
finales de? la Edad Media?. En aquel entonces, el capitalismo
empezaba a desarrollarse gracias al auge del comercio, el cual iba
a romper las trabas de las relaciones feudales de producción
que encerraban las fuerzas productivas en la prisión del
sistema de servidumbre. Hoy, y desde hace más de un siglo,
el mercado mundial ha sido conquistado por el capitalismo y el
mercado mundial rebosa de una sobreproducción generalizada
incapaz de encontrar salidas suficientes. La salvación del
capitalismo no vendrá de un nuevo auge del comercio, lo
cual es imposible en las condiciones históricas de la época
actual.

Hasta
ahora solo hemos considerado en este artículo la
net-economy, debido a que su hundimiento durante el año
2000 fue lo más comentado de la crisis de la economía
capitalista. Pero como lo dice la revista citada arriba: "las
supresiones de empleo fueron mucho más allá que el
planeta "puntocom". Hubo más de 480000 despidos
en noviem-bre. General Motors ha despedido a 15000 obreros con el
cierre de Oldsmobile. Whirlpool ha reducido su plantilla en 6300
obreros y Aetna ha puesto en la calle a 5000"
(11).
En efecto, el año 2001 se ha abierto con una aceleración
considerable de la crisis. En Estados Unidos, Greenspan, director
de la Reserva federal, ha tomado medias de urgencia para intentar
atajar el espectro de la recesión. La "nueva economía"
está naufragando y la crisis de la "vieja economía"
prosigue sin descanso. Endeudamiento gigantesco a todos los
niveles, ataques cada día más duros contra las
condiciones de vida del proletariado a escala internacional,
incapacidad de integrar en las relaciones de producción
capitalistas a masas crecientes de desocupados etc., ésas
son las consecuencias principales de la economía
capitalista. Los Estados, los bancos centrales, las Bolsas, el
FMI, en general todas las instituciones financieras y bancarias y
todos los "actores" de la política mundial no
cesan de esforzarse por regular el funcionamiento caótico
de esta "economía de casino" (12),
pero los hechos son testarudos y las leyes del capitalismo acaban
siempre imponiéndose.

Así como en el ámbito económico
en el que los diferentes discursos sirven sobre todo para ocultar
el declive histórico del capitalismo y la profundidad de la
crisis, en el del imperialismo los discursos sobre la paz sirven
para ocultar el caos y los antagonismos crecientes a todos los
niveles. La situación actual en Oriente Medio es una clara
ilustración de ello.

La paz encallada en Oriente Medio

Cuando
salga esta Revista internacional, el plan que Clinton
quería imponer a toda costa antes de abandonar la
presidencia de Estados Unidos será papel mojado como era de
prever.

Ni siquiera los propios protagonistas de ese
"proceso de paz" saben cómo hacer frente a la
situación. Cada uno procura defender lo mejor posible sus
posiciones sin que ninguna de las partes sea capaz de proponer una
salida estable y un mínimo viable al embrollo de la
situación de guerra endémica que no ha cesado nunca
en esta parte del mundo. El Estado de Israel está dispuesto
a soltar lo menos posible de sus prerrogativas y la Autoridad
palestina bajo el mando de Arafat no podrá ceder nada que
aparezca como una capitulación de sus ambiciones.

El Estado de Israel defiende una posición
de fuerza adquirida desde su fundación en 1947 a través
de varias guerras contra los Estados árabes vecinos
(Jordania, Siria, Líbano, Egipto) con el apoyo indefectible
de Estados Unidos. El Estado de Israel, baluarte de la resistencia
del bloque imperialista occidental ante la ofensiva llevada a cabo
por el bloque imperialista ruso desde los años 50 (mediante
los Estados árabes que se sometieron a la URSS), se ha
forjado un puesto de gendarme en la región que no está
dispuesto a que se le discuta.

Pero la situación ha cambiado desde el
desmoronamiento del bloque imperialista ruso hace diez años.
Estados Unidos ha cambiado de orientación a su política
en Oriente Medio. El objetivo de la guerra del Golfo de 1991 fue
que se reconociera el estatuto de superpotencia mundial a Estados
Unidos frente las pretensiones de sus aliados del bloque
occidental, Gran Bretaña, Francia y, sobre todo, Alemania,
de marcar distancias con un padrino percibido ahora como demasiado
omnipresente. La disciplina de bloque ya no era necesaria, puesto
que la amenaza adversa había desaparecido. La guerra del
Golfo también tuvo otro objetivo, el de imponer el dominio
total de Estados Unidos sobre Oriente Medio.

En la época de reparto del mundo en
dos grandes bloques imperialistas, la administración de
Estados Unidos toleraba que sus aliados ocuparan posiciones
influyentes en el ruedo imperialista en ciertas partes del mundo.
Incluso delegó en algunos de ellos la labor de llevar a
cabo una política exterior que, aunque a veces apareciera
como opuesta a a los intereses estadounidenses, estaba de todos
modos obligada a insertarse en la órbita del bloque
occidental. En Oriente Medio, Gran Bretaña pudo así
gozar de una influencia preponderante en Kuwait, Francia en Líbano
y Siria, Alemania y Francia en Irak, etc. En 1991, la guerra del
Golfo dio la señal de la voluntad de Estados Unidos de
encargarse por cuenta propia de la "pax americana". La
Conferencia de Madrid de 1991, las negociaciones de Oslo a partir
de 1993, desembocaron en la firma de la declaración de
principio israelo-palestina en Washington de septiembre de 1993,
bajo la autoridad única de Estados Unidos. En mayo de 1994,
Arafat y Rabin firmaron en El Cairo el acuerdo de autonomía
de Gaza - Jericó, iniciando el ejército israelí
una retirada que iba a permitir la llegada triunfal a Gaza de
Yasir Arafat en julio de 1994.

Pero esta evolución provocó en
una parte de la burguesía israelí una verdadera
ruptura con la política de Estados Unidos por primera vez
en la corta historia de Israel. En noviembre de 1995, Rabin fue
asesinado por "un extremista". La llegada al poder del
Likud de Netanyahu empezó a entorpecer seriamente los
planes de la diplomacia norteamericana. Estados Unidos volverían
a coger las riendas en mayo de 1999 con la vuelta del partido
Laborista y Ehud Barak de Primer ministro, rematándose en
el acuerdo de Sharm el Sheij entre Arafat y Barak en noviembre de
1999. La cumbre de Camp David de julio de 2000, sin embargo, que
supuestamente iba a ser la culminación de la capacidad
estadounidense para imponer su paz en Oriente Medio, se torció
y acabó sin acuerdo. En este episodio, la política
de uno de sus antiguos aliados, Francia, fue claramente un intento
de sabotaje de la de Estados Unidos, quien así la denunció
sin rodeos. En Israel mismo se refuerza la resistencia al "proceso
de paz" a la americana con la ya tan conocida visita de Ariel
Sharon, viejo halcón del Likud, a la explanada de las
Mezquitas en septiembre de 2000, lo que va a dar la señal
de nuevos enfrentamientos violentos que se extienden rápidamente
por Cisjordania y Gaza. En octubre de 2000, una nueva cumbre en
Sharm El Sheij, que preveía el cese de las violencias, la
creación de una comisión de encuesta y la
reanudación de las negociaciones no llegó a nada en
el terreno en donde siguen la Intifada y la represión.

Hoy la situación no es la misma que la
de las guerras abiertas como la guerra de los Seis Días de
1967 o la del Kippur de 1973 cuando los ejércitos israelíes
se enfrentaron directamente con los de los Estados árabes,
en cuyo seno participaban los diferentes Frentes de liberación
de Palestina. Tampoco es la misma situación que la de 1982,
cuando Israel invadió Líbano e inspiró las
matanzas en masa de refugiados en los campos palestinos de Sabra y
Chatila a manos de las milicias cristianas, aliadas suyas (más
de 20000 víctimas en unos cuantos días). Era
entonces una situación en la que predominaba el corte
fundamental entre los dos grandes bloques imperialistas, por
encima de alguna que otra oposición circunstancial en el
seno de un mismo bloque. E incluso si Yasir Arafat, desde que
acudió por vez primera a la tribuna de Naciones Unidas en
1976, procuraba granjearse las simpatías de la diplomacia
de Estados Unidos, seguía siendo para ésta
sospechoso de connivencia con el "Imperio del Mal",
según la expresión del presidente americano de
entonces, Reagan, para calificar a la URSS.

Hoy lo que impera por todas partes es la
división. La burguesía israelí ya no se
considera indefectiblemente vinculada a la tutela de Estados
Unidos. Ya cuando la guerra del Golfo, una parte significativa de
ella, sobre todo en el ejército, se rebeló contra la
prohibición a Israel de replicar militarmente a los misiles
iraquíes lanzados sobre su territorio. Para el ejército
israelí que era y sigue siendo el más eficaz y
operativo de la zona fue una píldora amarga y humillante el
verse obligado a quedar pasivo y dejar su defensa en manos del
estado mayor norteamericano. Después, el "proceso de
paz", que ha puesto en casi igualdad a israelíes y
palestinos, que impone la retirada del ejército israelí
del sur de Líbano, que prevé la cesión de del
Golan, etc. no es un plato que aprecie la fracción más
"radical" de la burguesía israelí. Y ese
"proceso de paz" tampoco es aceptable tal como está
para el partido Laborista de Barak. Aunque este partido es más
cercano a Estados Unidos que el Likud y tiene, sobre todo, una
visión a largo plazo más realista sobre la situación
en Oriente Medio, no por ello deja de ser el partido de la guerra,
el que ha dirigido los ejércitos y las campañas
militares principales. Es, además, el partido bajo cuya
autoridad se han desarrollado las famosas implantaciones de
colonos en territorio palestino. Contrariamente a bastantes
tópicos y mentiras, la izquierda, el partido Laborista, no
tiene más inclinación hacia "la paz" que
la derecha, el Likud. Matices habrá, pero divergencias
fundamentales no hay entre esas dos fracciones de la burguesía
israelí. Siempre ha habido unidad nacional en la guerra
como en "la paz" (los acuerdos de paz con Egipto los
firmó la derecha a finales de los años 70).

Pero no es Israel el único país
que podría tener tendencias a hacer su propio papel,
intentando quitarse de encima la tutela norteamericana. Siria pudo
echar mano de Líbano vendiendo su comportamiento "neutral"
hacia Israel en la guerra del Golfo de 1991. Sin embargo, desde su
punto de vista, la anexión del Golan conquistado por Israel
en 1967 es impensable. Otro asunto suplementario para alimentar la
tensión. Y en el propio seno de la burguesía
palestina, la organización Fatah de Arafat y las más
radicales no están ni mucho menos de acuerdo entre ellas.
Toda la región, a imagen de la situación mundial, es
presa de la tendencia a que cada cual intente ir "por su
cuenta". La influencia muy preponderante de la diplomacia
estadounidense es, en realidad, muy superficial, sirviendo para
tapar una gran cantidad de polvorines siempre listos para estallar
en un contexto de sobrearmamento de todos los protagonistas de la
región.

En cuanto a las demás potencias
imperialistas, aunque no puedan abiertamente sabotear las
iniciativas de Estados Unidos a riesgo de encontrarse fuera de
juego, como ahora está ocurriendo con la diplomacia
francesa, por mucho que todas ellas hayan aceptado apoyar el
"proceso de paz", eso no quita de que, bajo mano, no
emprendan acciones para hacer zozobrar el plan Clinton, o
cualquier otro plan de la diplomacia norteamericana. El propio
Arafat llama a veces a la Unión Europea para que se
implique en las negociaciones, pues le gustaría no depender
únicamente de Estados Unidos para su supervivencia
política. Aunque, eso sí, a la hora de discutir, no
acude a la Unión Europea, sino al poder estadounidense.

En esa tendencia "cada uno para sí"
que hoy predomina, excepto Estados Unidos que lo hace todo por
mantener su estatuto de única superpotencia militar del
planeta y Alemania, la cual, en segundo plano, prosigue
discretamente una disimulada política imperialista para
incrementar su influencia, totalmente paralizada desde la Segunda
Guerra mundial y durante la "guerra fría",
ninguna otra de las grandes potencias puede tener una visión
a largo plazo. Y todavía menos otros Estados menos
poderosos. Cada cual procura defender sus intereses nacionales,
defenderse donde lo atacan, sobre todo minando y sembrando el
desorden en las posiciones del adversario. Ninguno de ellos es hoy
capaz de instaurar una política constructiva y duradera. En
Oriente Medio, la hora no es la de la estabilización de la
situación. Ni siquiera una "paz armada" como la
que pudo perdurar en Europa del Este durante la guerra fría
es hoy posible.

En cuanto a la posibilidad de crear hoy un
Estado palestino, el inconmensurable absurdo de la configuración
del proyecto mismo haría casi aparecer la organización
de los bantustanes de la Sudáfrica de la época del
Apartheid como una estructura social racional. Están los
territorios bajo el control exclusivo de la autoridad palestina:
son, en el mapa, unas cuantas manchas en Cisjordania junto con la
franja de Gaza, pero no entera. Después están los
territorios bajo control mixto, en los que Israel es responsable
de la seguridad: una cuantas manchas más en Cisjordania. Y
todo ello rodeado de los Territorios de Cisjordania bajo control
exclusivo de Israel, con carreteras específicas para
proteger a los colonos israelíes? ¿Cómo
podría hacerse creer que semejante aberración
contiene el menor ápice de progreso, lo mínimo de
satisfacción de las necesidades de la población,
algo que tenga que ver con el pretendido "derecho de los
pueblos a la autodeterminación"?

Toda la historia de la decadencia del
capitalismo ya ha demostrado hasta qué punto los Estados
nacionales que no lograron alcanzar su madurez durante la fase
ascendente del modo de producción capitalista, no han
podido constituir un marco económico y político
sólido y viable a largo plazo, como la URSS y Yugoslavia lo
han demostrado haciéndose añicos. Los Estados
heredados de la colonización se hacen trizas en Africa. La
guerra está infectando toda Indonesia. El terrorismo se
ceba en el sur de India, en Sri Lanka. La tensión es
extrema en las fronteras indo-pakistaníes, entre Tailandia
y Birmania. En Sudamérica, en Colombia impera la
inestabilidad. La guerra entre Perú y Ecuador vuelve una y
otra vez. Por todas partes se discuten las fronteras, al carecer
de la mínima solidez por no haber existido o no haber sido
verdaderamente aceptadas y reconocidas desde el siglo XIX.

En el
contexto actual, no solo "la patria palestina no será
nunca más que un Estado burgués al servicio de la
clase explotadora y opresora de esas mismas masas, con sus
policías y sus cárceles"
(13),
sino que además ese Estado no podrá ser más
que una aberración, un especie de Estado tampón, un
símbolo no ya de la formación de una nación,
sino de la descomposición que lleva en sí la
persistencia del capitalismo en el período histórico
actual. El reparto de soberanías en un entramado
indescriptible de zonas, ciudades, pueblos, carreteras, atribuidos
a unos u a otros, eso no es un "proceso de paz", sino un
campo minado para hoy y para mañana en el cual cualquier
conflicto puede estallar en cualquier momento. En una situación
en la que la irracionalidad del mundo actual es llevada a su
extremo.

oOo

El siglo XXI ha empezado con una nueva
aceleración de las consecuencias dramáticas para la
humanidad de la persistencia del modo de producción
capitalista. La prosperidad prometida por la "nueva economía"
al igual que la paz prometida en Oriente Medio no llegan nunca. Y
nunca llegarán, pues el capitalismo es un sistema
decadente, un cuerpo enfermo con perfusión, que no puede
llevar en su descomposición actual más que al caos,
a la miseria y la barbarie.

MG

1) "Ideas: No, Economics Isn't King",
F. Zakaria, Newsweek, enero de 2001.

2) Rosa Luxemburg, La acumulación del
capital, "Apéndice. En qué han convertido los
epígonos la teoría de Marx. Una anticrítica",
Grijalbo, 1978, p. 369.

3) En realidad, muchos de ellos ocupan
puestos "oficiosos" , como, en Francia, por ejemplo,
Krivine de la Ligue communiste révolutionnaire, trotskista,
o Aguiton, fundador del sindicato "de base" SUD-PTT, e
incluso funciones de consejeros ocultos en las administraciones de
la izquierda de la burguesía.

4) Le Monde diplomatique, enero de 2001,
"Porto Alegre", I. Ramonet.

5) Grupo extraparlamentario italiano de
extrema izquierda de los años 1960-70.

6) Time, 10 de enero de 2001, "This Time
It´s Different".

7) Ver los artículos de la Revista
internacional de los últimos años: "La nueva
economía: una nueva justificación del capitalismo"
(no 102), "La falsa buena salud del capitalismo" (no
100) "Detrás del 'crecimiento ininterrumpido', el
abismo" (no 99), la serie de artículos "Treinta
años de crisis abierta del capitalismo" (nos 96, 97 y
98).

8) Newsweek, 18/12/2000.

9) The Economist, 9-15/12/2000.

10) Ver nuestro folleto Los sindicatos contra
la clase obrera.

11) Time, íbidem.

12) Ver "Una economía de casino",
en Revista internacional nº 87.

13) "Ni Israel, ni Palestina, los
proletarios no tienen patria", toma de posición
publicada en toda la prensa territorial de la CCI.

Geografía: 

Cuestiones teóricas: