La visión marxista y la visión oportunista en la política de construcción del partido (II)

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Ante todo: una cuestión de método en la discusión

En la primera parte de este artículo "nos hemos esforzado por contestar a la tesis del BIPR según la cual organizaciones como la nuestra se habrían "alejado del método y de las perspectivas de trabajo que llevan a la composición del futuro partido revolucionario". Para ello, hemos tenido en cuenta los dos niveles en que se plantea el problema de la organización (cómo concebir la futura internacional y qué política llevar a cabo para la construcción de la organización y el agrupamiento de los revolucionarios); y en ambos niveles, hemos demostrado que es el BIPR, y no la CCI, quien se sale de la tradición de la Izquierda comunista italiana. En realidad, el eclecticismo que guía al BIPR en su política de agrupamiento recuerda más al de un Trotski metido en su construcción de la IVª internacional; la visión de la CCI, en cambio, es la de la Fracción italiana, la cual siempre combatió para que el agrupamiento se hiciera con la mayor claridad, y gracias a ello poder ganarse a los elementos del centro, a los indecisos" (1).

Sacábamos esas conclusiones al final de un artículo de 7 páginas, y que no tiene nada que ver con elucubraciones sin sentido, sino que son la expresión de un esfuerzo realizado por la defensa de un método de trabajo, el nuestro, y de una crítica firme pero fraterna hacia un grupo político que nosotros consideramos, sin la menor duda, que está del mismo lado de la frontera de clase que nosotros. Para ello, nuestros argumentos críticos en los debates con el BIPR siempre han tenido como base sus propios textos - que nosotros procuramos reproducir lo mejor que podemos en nuestros artículos. Nuestros argumentos se basan en una confrontación con la tradición común de la Izquierda comunista para así comprobar la validez de tal o cual hipótesis en la difícil labor de construcción de la vanguardia revolucionaria..

Como respuesta, Battaglia Comunista (BC), uno de los componentes del BIPR, ha publicado un artículo (2) que plantea más de un problema. En realidad, el artículo es una respuesta a la CCI, a la que únicamente se cita cuando no les queda más remedio. El conjunto del artículo es superficial, sin citas de nuestras posiciones, que son, en cambio, sintetizadas por BC reproduciendo algunas de una manera patentemente deformada (estamos dispuestos a pensar que eso se debería a una incomprensión de ellas y no a la mala fe).

En fin de cuentas, aparece claramente a través de ese artículo, que lo que busca BC son "efectos de estilo" para atraerse la simpatía de sus lectores y no plantear abiertamente las cuestiones y confrontarlas. BC parece negarse a situarse en el único terreno de confrontación posible, terreno en el que estaba construida nuestra respuesta, el método histórico.

Síntoma de esa actitud es el juicio de BC sobre nuestro artículo, el cual expresaría "acritud" y en el cual habría "bilis y calumnias"(3). Esta actitud de BC confirma plenamente, a nuestro entender, la crítica de oportunismo que hemos dirigido al BIPR en el artículo precedente, pues, históricamente, el oportunismo ha procurado evitar siempre los debates políticos serios pues ponen evidentemente de relieve sus propios fallos. En cuanto a nosotros, remitimos al lector a nuestro artículo anterior para que así pueda medir hasta qué punto la respuesta de BC es falsa cuando no de mala fe (4). No vamos a seguir a BC por ese camino, perdiéndonos en polémicas estériles e interminables. Vamos a procurar en este nuevo artículo dar elementos suplementarios sobre el tema de la construcción de la organización de los revolucionarios. Esto, a través de:

  1. una respuesta a la argumentación sobre el tema presentada por BC en su artículo;
  2. una respuesta a las críticas del BIPR sobre nuestro pretendido idealismo, el cual sería la causa de nuestra incapacidad y nuestra inaptitud para ser una fuerza digna de participar en la construcción del partido mundial.

Más sobre la construcción del partido

La segunda parte del articulo de BC intenta defender su propia política oportunista de construcción del partido internacional en oposición a nuestra manera de proceder. Vamos a recordar los elementos esenciales desarrollados anteriormente en respuesta a la crítica del BIPR sobre cómo crear secciones nacionales de una organización internacional. El BIPR escribe:

"Negamos por principio y con la base de las diferentes resoluciones de nuestros congresos, la hipótesis de que se creen secciones nacionales mediante germinación de brotes de una organización preexistente, aunque fuera la nuestra. No se construye una sección nacional del partido internacional del proletariado creando en un país, de modo más o menos artificial, un centro de redacción de publicaciones redactadas en otro país y, de todos modos, sin vínculos con las batallas políticas reales y sociales en el propio país." (subrayado nuestro) (5).

Y así respondíamos nosotros esa Revista internacional nº 103: "Es evidente que nuestra política de agrupamiento internacional está ahí ridiculizada intencionadamente, cuando se habla de "de brotes de una organización preexistente", de creación "en un país, de modo más o menos artificial, de un centro de redacción de publicaciones redactadas en otro país", una manera de inducir una especie de sentimiento difuso de rechazo a la estrategia de la CCI."

"(…) Según el BIPR, si surge un nuevo grupo de camaradas, supongamos en Canadá, que se acerca a las posiciones internacionalistas, ese grupo podrá sacar provecho de la contribución crítica fraterna, incluso polémica, pero deberá crecer y desarrollarse a partir del contexto político de su propio país, vinculado a "las batallas políticas reales y sociales en el propio país". Lo cual quiere decir para el BIPR, que el contexto actual y local de un país particular es más importante que el marco internacional e histórico determinado por la experiencia del movimiento obrero. ¿Cuál es, en cambio, nuestra estrategia de construcción de la organización a nivel internacional" (…) Haya uno o cien candidatos que quieren militar en un nuevo país, nuestra estrategia no es crear un grupo local que deba evolucionar en dicho territorio "vinculado a las batallas políticas reales y sociales en el propio país", sino integrar lo antes y mejor posible a esos nuevos militantes en el trabajo internacional de organización, dentro del cual, de manera central, se incluye la intervención en el país de los camaradas que en él se encuentran. Por eso, incluso con exiguas fuerzas, nuestra organización procura estar cuanto antes presente con una publicación local bajo la responsabilidad del nuevo grupo de camaradas, pues es, sin lugar a dudas, el medio más directo y más eficaz para ampliar, por una lado, nuestra influencia y, por otro, proceder directamente a la construcción de la organización revolucionaria. ¿Qué hay ahí de artificial? ¿Por qué hablar de no se sabe qué germinación de brotes preexistentes? Que nos lo expliquen."

Lo que de verdad sorprende es que, frente a nuestros argumentos, BC no es capaz de oponer el más mínimo argumento político. Lo único que dice es que… no se lo cree. Esta es, en efecto su postura: "¿Puede pensarse en una "expansión" multinacional de las organizaciones más fuertes y más representativas? No. Porque la política revolucionaria es una cosa seria: no puede uno imaginarse que una "sección" de unos cuantos camaradas en un país diferente del de la sección "madre" pueda ser concretamente un elemento de una organización de verdad [¿y por qué no?, NDLR].

"Hay que tener el valor de reconocer las dificultades para hacer funcionar realmente una organización a escala nacional; la coordinación misma de una "campaña" a escala nacional no siempre es completa: la distribución de la prensa en las condiciones organizativas nuestras, de "escasas fuerzas", se resiente del menor cambio en la disponibilidad de los militantes y solo podemos avanzar con los elementos concretos de la organización"

¡Ésa es pues la verdad!. BC cree que es imposible constituir una organización internacional simplemente porque ella misma es incapaz de gestionar una organización como la suya a nivel nacional. ¡No será porque BC no sea capaz que la cosa es imposible! La existencia de la CCI es un desmentido total a esa argumentación. BC habla de la dificultad de difundir la prensa a nivel internacional, pero es incapaz de ver (es solo un ejemplo) que la prensa en inglés y en español de la CCI (especialmente esta Revista internacional) se difunde en unos veinte países del mundo en los que no existe obligatoriamente una sección. No se da cuenta tampoco que nuestra organización es capaz, y así lo ha demostrado cada vez que ha sido necesario, de difundir, a la vez, el mismo panfleto en todos los países en los que está presente e incluso en otros. Una vez más, BC no ve una realidad patente, que la CCI es una organización unitaria de verdad, una organización que actúa, piensa, trabaja e interviene como cuerpo político único, como organización internacional, sea cual sea el tamaño de la sección de tal o cual país.

Todo eso da una idea del valor de los argumentos de BC cuando dice que " Hay que tener el valor de reconocer las dificultades para hacer funcionar realmente una organización", un argumento que se usa únicamente para negar la posibilidad de construir ya hoy una organización internacional, un argumento sin la menor base científica.

Pero hay más en el artículo de BC. De él emerge una idea perniciosa sobre la manera con la que debe desarrollarse una organización en un país:

"Además, una minisección, llegada del cielo, no tiene la posibilidad de implantarse en la escena política de ese país, posibilidad que sí tiene una organización - y en este caso poco importa que sea pequeña - que ha surgido de ese escenario político, orientándose hacia posiciones revolucionarias. (…) Los que no comprenden o fingen no comprender que la identidad política no basta para hacer una organización, una de dos: o no poseen el sentido de la organización, o les falta tanta experiencia organizativa que creen que la cuestión no viene al caso. (…) No se vuelve uno capaz de cumplir sus tareas si no se desarrolla la tarea primordial de arraigarse, aunque sea de forma limitada hoy, en la clase" (6). Nos inquieta, de verdad, el sentido de ese pasaje. Lo que se saca de lo expuesto por BC es que vale más tener un grupo "surgido de esa escena política [del lugar], orientándose hacia posiciones revolucionarias", sin que importe el grado de confusión al principio, que tener en el mismo territorio "una minisección caída del cielo".

El verdadero "arraigo" de una organización en la clase no se juzga en saber si sus posiciones son momentáneamente más o menos "populares" entre los obreros. Eso es inmediatismo y oportunismo. El arraigo verdadero se juzga a una escala histórica, entre la experiencia del pasado de la clase y su porvenir. El principal criterio de "arraigo" es la claridad programática y los análisis que permiten a una organización:

  • aportar una verdadera contribución frente a las confusiones que puede haber entre los obreros;
  • construirse sólidamente para el porvenir.

En eso estribó el debate entre Lenin y los mencheviques. Éstos querían recabar una influencia mayor abriendo las puertas del partido a elementos confusos y vacilantes. Fue también ése el debate, en los años 1920, entre la Izquierda italiana y la mayoría de la IC en relación con la formación de los PC (con bases "estrechas" según la idea de la izquierda o "amplias" según la de la IC), sabiendo justamente que la IC buscaba tener un "arraigo" en las masas obreras lo más rápido posible. Y lo mismo en cuanto a la posición de la Fracción frente a la de los trotskistas en los años 1930. El arraigo de la organización en la clase nunca debe hacerse rebajando los principios y quitándoles hierro. Esa es una de las grandes enseñanzas del combate de la Izquierda del que el BIPR se olvida hoy, como lo había olvidado ya el PC Internacionalista en 1945.

De hecho, lo insubstancial de la argumentación de BC se debe a que este grupo se niega obstinadamente a contestar a dos preguntas de fondo, preguntas que les habíamos planteado en nuestro artículo precedente:

  1. ¿Considera BC que el principio sobre la construcción de la organización que el movimiento obrero expresó en el pasado, y especialmente la Izquierda, era errónea? Y en este caso ¿por qué?
  2. Si BC no lo considera así, ¿le parece entonces que la fase histórica actual es radicalmente diferente de la los tiempos de Lenin y de Bilan (del mismo modo que hubo una diferencia de fondo entre el período ascendente y el período decadente del capitalismo), exigiendo un tipo de organización diferente? Y si es así, ¿por qué?

Seguimos esperamos la respuesta.

Acerca de nuestro pretendido idealismo

BC, ya se sabe, nos acusa de idealismo y de que analizamos la actualidad con ese enfoque. Últimamente, en una reunión pública de Battaglia comunista en Nápoles, a una petición de explicaciones sobre nuestro pretendido idealismo, BC contestó así: "Hay tres puntos que caracterizan el idealismo de la CCI:

"El primero es el concepto de decadencia: es un concepto que nosotros también usamos; pero no se puede explicar el conflicto de decadencia basándose únicamente en factores sociológicos. El problema es que puede explicarse la decadencia basándose en la tendencia decreciente de la cuota de ganancia. Nosotros decimos que el capitalismo sufre su decadencia no porque haya crisis (crisis cíclicas las ha habido siempre), sino porque ésta es una crisis particularmente grave. Decimos que la CCI es idealista porque el concepto de decadencia es abstracto, idealista. En segundo lugar, el análisis del imperialismo: cuando existía la URSS, estábamos acostumbrados a ver el imperialismo con dos caras, la URSS y los Estados Unidos. Uno de los dos polos desapareció, el otro domina en el plano militar, económico, etc. Hay sin embargo, en esta nueva situación, una tentativa de agrupamiento imperialista en Europa. ¿Cómo puede ahora la CCI explicar esta nueva fase hablando únicamente de caos? La CCI confunde las aspiraciones conscientes a predominar en el ruedo imperialista con el caos.

"La tercera razón es la cuestión de la conciencia y es lo más importante. Hemos oído cosas increíbles, cosas como que la clase obrera posee tal nivel de conciencia que ha podido impedir una tercera guerra mundial."

Suponemos que con esa crítica sobre el idealismo, BC quería acusar a nuestra organización de no estar en los problemas reales y dedicarse a delirar. Lo que nosotros comprendemos, en cambio, y eso es lo que intentamos demostrar, es que esa crítica de BC se basa en una comprensión deficiente y poco profunda de nuestros análisis políticos que solo se justifica por el deseo incontenible de querer desmarcarse de nuestra organización.

Intentemos pues a dar algunos elementos de respuesta, aunque evidentemente nos es imposible hacer aquí unas exposiciones apropiadas a temas tan amplios.

La decadencia del capitalismo. Es cierto que el análisis de la CCI es diferente del de BC. Es totalmente falso, en cambio, que para nosotros "el concepto económico de decadencia" se explique "basándonos únicamente en factores sociológicos". Los camaradas de BC saben perfectamente que, mientras que su posición se basa en la tendencia decreciente de la cuota de ganancia, la CCI se refiere a los aportes teóricos sucesivos de Luxemburg (7) sobre la saturación de los mercados y la práctica desaparición de los mercados extracapitalistas, lo cual no excluye ni mucho menos, el factor de la tendencia decreciente de la cuota de ganancia. Nuestra posición, por lo tanto, también tiene una base económica y ni mucho menos sociológica. De todos modos, más allá de ambas explicaciones económicas diferentes, el aspecto fundamental es que ambos análisis llevan a la misma visión histórica que es la de la decadencia del capitalismo, en la cual estamos totalmente de acuerdo. ¿Dónde está, pues, el idealismo?

Imperialismo y caos. Si, sobre este tema, la CCI defendiera efectivamente la posición que dice BC que tiene, no será creíble en absoluto. Para nosotros el caos guerrero no es un fenómeno en sí, sino la consecuencia precisamente de la desaparición de los dos bloques imperialistas después de 1989 y de la pérdida de la disciplina interna que implicaba su existencia, disciplina que, en la época de la guerra fría, había garantizado en fin de cuentas, a pesar de los peligros de guerra mundial, cierta "pacificación" en el seno de cada bloque y en el ruedo internacional.

Según BC, "la CCI confunde las aspiraciones conscientes a predominar en el ruedo internacional con el caos". ¡Ni mucho menos! La CCI, precisamente a partir de las aspiraciones conscientes de cada Estado para hacer prevalecer sus intereses imperialistas en el ruedo mundial, no solo de las grandes potencias, sino también de los países menores, ve en la situación actual una tendencia conflictiva cada vez más extendida y en todas direcciones, una tendencia de cada cual a enfrentarse a todos los demás, mientras que no existen, o al menos por ahora (y es algo que debe excluirse a corto plazo) nuevos bloques imperialistas que puedan reunir y orientar en una sola dirección las veleidades imperialistas de cada país (8).

En esta nueva situación, al ir desapareciendo la disciplina de la que hablábamos antes, cada país se ha lanzado a aventuras imperialistas enfrentándose cada vez más a los demás, de ahí el caos, es decir una situación sin control ni disciplina pero cuya dinámica fundamental es muy clara. ¿Es acaso nuestra posición disparatada e… idealista?

En fin, sobre la clase obrera que impide la guerra: recordemos, una vez más, que cuando afirmamos que la reanudación histórica de la lucha de clase iniciada en 1968 impidió que la burguesía fuera hacia la conclusión de la crisis del capital, o sea hacia una tercera guerra mundial, no queremos decir en absoluto que la clase obrera fuera consciente del peligro de guerra y se opusiera conscientemente a él. Si así hubiera sido, estaríamos sin la menor duda en una fase prerrevolucionaria, lo cual, evidentemente, no es el caso. Lo que sí queremos decir, en cambio, es que la reanudación histórica ha vuelto la clase obrera mucho menos manipulable por la burguesía que en los años 1940 y 1950. El no tener al proletariado a su plena disposición es lo que le ha planteado problemas a la clase dominante, impidiéndole lanzarse en un conflicto imperialista generalizado.

En efecto, en el período actual, incluso si la combatividad y la conciencia de clase están a un bajo nivel, la burguesía no tiene capacidad de encuadrar a los obreros de los países avanzados tras las banderas de la guerra (sean éstas la nación, el antifascismo o el anti-imperialismo). Para hacer la guerra no basta con disponer de obreros poco combativos, se necesitan obreros dispuestos a arriesgar su vida por algún ideal de la burguesía.

El BIPR, que hoy se las da de aleccionador, de sabelotodo, ha tenido y sigue teniendo notorias dificultades para analizar la situación internacional. Cuando la caída del bloque del Este, por ejemplo, BC no tuvo al principio las ideas muy claras que digamos. Atribuyó la "caída" del bloque del Este a un proceso que habría sido conducido por Gorbachov para redistribuir las cartas entre los bloques e intentar marcar puntos frente al imperialismo americano:

"Lo que se acaba, o se ha acabado ya, son los equilibrios de Yalta. Las cartas se están volviendo a repartir en medio de una crisis que, si ya golpea dramáticamente la zona del rublo, también va a seguir desarrollándose en el área del dólar (…) Gorbachov juega con habilidad en los dos tapetes: en el de Europa y en el de la otra superpotencia. La marcha hacia un acercamiento entre la Europa del Este y la del Oeste no es algo que vaya a tranquilizar a los USA y Gorbachov lo sabe" (de "Las cartas de redistribuyen entre los bloques: las ilusiones sobre el socialismo real se desmoronan", Battaglia Comunista nº 12, diciembre de 1989) (9).BC habló también entonces de apertura de nuevos mercados en los países del Este, que podrían dar oxígeno a los países occidentales: "El hundimiento de los mercados de la periferia del capitalismo, los de Lationoamérica por ejemplo, ha creado nuevos problemas de solvencia en la remuneración del capital…Las nuevas oportunidades abiertas en Europa del Este podrían representar una válvula de seguridad para las necesidades de inversión… Si se concreta ese largo proceso de colaboración Este-Oeste, habrá un nuevo oxígeno para el capital internacional" (10).

Cuando la burguesía rumana a principio de los 90, decide deshacerse del dictador Ceaucescu, recurriendo a una puesta en escena de lo más dramático para alentar en la gente la sed de democracia (que es la dictadura más eficaz de la burguesía), BC llegó a hablar de Rumania como de un país en el que estaban reunidas "todas las condiciones objetivas y casi todas las subjetivas para que pueda proseguir la insurrección y convertirse en verdadera revolución social, pero la ausencia de una fuerza auténticamente de clase ha dejado cancha abierta a las fuerzas favorables al mantenimiento de las relaciones de producción burguesas" (Battaglia Comunista nº 1, enero de 1990)

¿Y qué decir del artículo escrito por simpatizantes de Colombia y publicado por BC en la primera página de su periódico? Artículo en el que la situación en ese país es presentada como casi insurreccional y eso sin el menor comentario o crítica por parte de BC:

"En los últimos años, los movimientos sociales en Colombia (…) han adquirido un radicalismo y una amplitud considerables (…) Hoy, las huelgas se transforman en motines, las paralizaciones urbanas en revueltas, las protestas de las masas urbanas se concluyen con violentos enfrentamientos callejeros (…) Resumiendo: en Colombia, hay un proceso insurreccional en curso, desencadenado por mecanismos capitalistas y por la agudización y la extensión del conflicto entre los dos frentes militares burgueses" (extracto de Battaglia Comunista nº 9, septiembre de 2000, subrayado nuestro).

Cabe preguntarse a ese respecto dónde están los idealistas. ¿En nuestros artículos o en los análisis delirantes del BIPR? (11)

Últimos disparates sobre la decadencia

Hay cosas todavía más graves. Lo que hemos notado desde hace algún tiempo a ese respecto, es que BC lanza juicios despectivos sobre el campo proletario, el cual "habría fracasado por no haber estado a la altura de las tareas del momento" y, a la vez, es BC la que precisamente pone en entredicho, una tras otra, las piedras angulares de su análisis (y del nuestro) sobre el período histórico actual, dejando cada día más espacio a la improvisación del redactor que le ha tocado escribir el artículo. Hemos tenido nosotros que intervenir con tono polémico en los debates de BC para corregir un importante traspié sobre el papel de los sindicatos en la fase actual (12) que se contradecía con los propias posiciones históricas de BC. Pero he aquí que en el mismo artículo de Prometeo nº 2, nos encontramos con una serie de pasajes que vuelven a tratar el tema, sin hacer la menor mención a la polémica anterior, poniendo en entredicho el concepto mismo de decadencia del capitalismo, posición que une desde siempre a nuestros organizaciones, el BIPR y la CCI, y que es una herencia del movimiento revolucionario, de Marx, de Engels, de Rosa Luxemburg y de Lenin (de quienes, sin embargo, el BIPR se reivindica), de la IIIª Internacional y hasta las Izquierdas comunistas que de ésta surgieron tras la desaparición de la oleada revolucionaria en los años 20.

De hecho, el artículo define la situación actual de manera extraña, con "fases ascendentes del ciclo de acumulación" y "fases de decadencia del ciclo de acumulación" y no de período histórico de decadencia irreversible del capitalismo por oposición a la fase histórica precedente, con sus ciclos de crisis, sí, pero globalmente fase de desarrollo general: "Hay (…) un esquema. Es el que divide la historia del capitalismo en dos grandes épocas, la de la ascendencia y la de la decadencia. Casi todo lo que era válido para los comunistas en la primera ya no lo es en la segunda, precisamente por el hecho de que ya no es una fase de crecimiento sino de decadencia. ¿Un ejemplo? Los sindicatos servían y se justificaba que los revolucionarios trabajaran en ellos para ocupar su dirección; después ya no fue válido. Ni la sombra de una referencia al papel histórico institucional de mediación del sindicato; todavía menos a la relación entre ese papel y las diferentes fases del capitalismo, o del vínculo objetivo entre las cuotas de ganancia y el campo de la negociación (…) En las fases ascendentes del ciclo de acumulación, el sindicato, como "abogado" puede arrancar concesiones salariales y reglamentarias (pero inmediatamente recuperadas por el capital); en las fases de decadencia del ciclo, quedan reducidos a cero los márgenes de mediación y el sindicato, que sigue con la misma función histórica, se ve reducido a hacer de mediador, sí, pero a favor de la conservación, operando como agente de los intereses capitalistas en el seno de la clase obrera.

"La CCI, al contrario, divide la historia en dos partes: cuando los sindicatos son positivos para la clase obrera - sin especificar en qué terreno - y cuando se vuelven negativos.

"Esos esquematismos se verifican en la cuestión de las guerras de liberación nacional. "Y es así como la proposición formal de posiciones indiscutibles y, por lo tanto que, en apariencia, podríamos compartir, está acompañada de una divergencia sustancial, o incluso de una no pertenencia al materialismo histórico y de una incapacidad para examinar la situación objetiva" (13).

Puesto que esa parte del artículo está escrita refiriéndose explícitamente a la CCI, debemos nosotros hacer notar que BC tiene una memoria corta si ya ni siquiera se acuerda de las posiciones de base de la CCI sobre los sindicatos, posiciones desarrolladas en decenas y decenas de artículos y, en especial, en un folleto dedicado a ese tema (14), en el cual nos referimos ampliamente " al papel histórico institucional de mediación del sindicato" y a "la relación entre ese papel y las diferentes fases del capitalismo". Invitamos a los camaradas a leer o a volver a leer nuestro folleto para que se den cuenta hasta qué punto las afirmaciones de BC no tienen la menor base.

Nos parece, sin embargo, importante recordar lo que escribieron Marx y Engels hace siglo y medio:

"A cierto grado de su desarrollo, las fuerzas productivas materiales de la sociedad entran en contradicción con las relaciones de producción existentes o, utilizando un término jurídico, con las relaciones de propiedad en cuyo seno se habían desarrollado hasta entonces. Esas relaciones, tras haber sido formas de desarrollo de las fuerzas productivas, se transforman en trabas de esas fuerzas. Se llega así a una época de revolución social" (15).

Estamos dispuestos a creer que BC ha hecho un simple error de escritura, utilizando términos inapropiados al intentar contestar a nuestros argumentos. Si así no fuera, cabría preguntarse qué significa lo escrito por BC. ¿Significa que tras una fase de recesión y con la reanudación de un ciclo de acumulación la clase obrera puede contar de nuevo con los sindicatos para "arrancar concesiones salariales y reglamentarias"? Si así fuera, nos interesaría saber cuáles han sido, según ella, en las últimas décadas "las fases de ascendencia del ciclo de acumulación" y cuáles han sido las "concesiones salariales yreglamentarias" correspondientes, obtenidas por la clase obrera gracias a los sindi catos. También, respecto a las luchas de liberación nacional, que la CCI analizaría con un "igual esquematismo", ¿qué quieren decir los camaradas de BC? ¿Que podría apoyarse a Arafat u a otros con tal de que esté asegurado el ciclo de acumulación del capital y que no haya recesión? Si no es ésta la buena interpretación, ¿qué quiere decir BC?

Concluyendo

Hemos demostrado en este segundo artículo que no es la CCI la que tendría una visión idealista de la realidad, pero que sí es BC la que va dando tumbos en plena confusión teórica y que tiene un enfoque oportunista en su intervención. Tenemos la sensación de que todos los argumentos empleados por BC en su polémica contra "un campo político proletario que ya no está a la altura de las tareas del momento y que, por lo tanto, se ha quedado atrás" no son más que humo con el que ocultar sus propios descarrilamientos oportunistas, incluso en el plano programático, que empiezan a ser de lo más preocupante. Respecto a la tendencia actual del BIPR, en particular, a considerarse como "solo en el mundo" frente a un "un campo político proletario que ya no está a la altura de sus tareas", sería muy conveniente que los camaradas volvieran a leer el folleto y otros muchos textos que ellos han escrito en polémica contra los bordiguistas, textos en los que critican con mucha razón el que cada grupo bordiguista se considere como EL PARTIDO y todos los demás como basura. Por eso invitamos a BC (y al BIPR) a tomarse en serio nuestras críticas sin ocultarse tras acusaciones ridículas de que esas críticas se deberían a una descarga de bilis y cosas por el estilo. Procuremos estar todos a la altura de nuestras tareas.

Ezechiele, 9 de marzo de 2001

1. "La visión marxista y la visión oportunista en la política de construcción del partido", Revista internacional nº 103.

2. "La nueva internacional será el Partido internacional del proletariado", en Prometeo nº 2, diciembre de 2000.

3. Hay que notar que en el movimiento obrero, las acusaciones de "calumnia", "bilis", etc. son típicas de elementos centristas y oportunistas hacia las polémicas hechas contra ellos por las corrientes de izquierda (a Lenin lo consideraban como un "horrible calumniador" cuando entabló el combate contra los mencheviques. Rosa, de igual modo, fue acusada de "histérica" cuando entabló la pelea contra Bernstein y más tarde contra Kautsky sobre la huelga de masas). Mejor que acusaciones de ese estilo, le preguntamos al BIPR en qué son falsas nuestras críticas, o "calumniadoras". No basta con afirmar. Hay que demostrar. Por lo demás, el BIPR no es el más indicado para hacer ese tipo de críticas, pues no andan cortos en calificativos, en especial, sin el menor argumento, cuando les da por decir que nosotros ya no formamos parte del campo proletario. Es la historia de quien ve la paja en el ojo ajeno y no la viga en el suyo.

4. Hay que notar que los camaradas de BC recibieron nuestra primera respuesta con bastante rencor, porque ellos asocian el calificativo "oportunista" a "contrarrevolucionario". Esta asociación, para cualquiera que conozca la historia del movimiento obrero, es totalmente errónea, sin el menor fundamento. Es, como mínimo, expresión de ignorancia política. El oportunismo siempre ha sido identificado como deformación de posiciones revolucionarias, y eso dentro del movimiento obrero. Es la ambigüedad y la ausencia de claridad del bordiguismo (y de BC también) lo que les permite seguir llamando oportunistas a formaciones políticas que en realidad se pasaron al campo de la contrarrevolución, como así fue con los diferentes PC estanilistas, identificando así oportunismo y contrarrevolución.

5. BIPR, "Verso la Nuova Internazionale" (Hacia la nueva Internacional), en Prometeo nº 1, serie VI, junio de 2000, citado ya en nuestro artículo del nº193 de esta Revista.

6. "La nueva internacional será el Partido Internacional del proletariado".

7. Ver especialmente las dos obras principales de Rosa Luxemburg en las que desarrolla esa teoría:La acumulación del capital , y En qué han convertido los epígonos de la teoría de Marx: una anticrítica, obras ambas que se suelen publicar juntas.

8. Uno de los factores de más importancia por los cuales la formación de nuevos bloques no está a la orden del día es que no existen países capaces de rivalizar mínimamente con Estados Unidos en el plano militar. Se necesitarían años (quizás una década) para que un país como Alemania pueda disponer de una potencia militar creíble.

9. Para comprender mejor esa ausencia de visión por parte de BC, ver también "La "Tormenta del Este" y respuesta de los revolucionarios", Revista internacional nº 61).

10. Idem.

11. Recordemos también que cuando las huelgas en Polonia de agosto de 1980, la CWO lanzó la consigna de "¡Revolución, ya!" en su periódico, cuando, en realidad, la situación no era nada revolucionaria. Los camaradas de la CWO nos dijeron después que fue un accidente, que ese título fue cosa de un militante, sin el acuerdo de los demás miembros, y que el periódico fue inmediatamente retirado de la circulación. Aceptamos esas explicaciones, pero hay que reconocer, sin embargo, que en la CWO de entonces no había una gran claridad tanto política como organizativa, puesto que uno de sus miembros pudo pensar y escribir semejante absurdo sin que la organización pudiera impedir su publicación. El militante de marras debía ser probablemente alguien con bastante responsabilidad puesto que CWO le otorgó la de publicar el periódico sin control previo por parte de la organización o de un comité de redacción. Solo entre los anarquistas puede ocurrir ese tipo de patinazo individual o, también, en el Partido socialista italiano, en 1914-15, cuando Mussolini publicó sin avisar a nadie un editorial en Avanti llamando a participar en la guerra. Pero en aquel entonces, el Benito era nada menos que director del diario (y había sido comprado secretamente por Cachin con fondos del gobierno francés). En todo caso, la organización interna de CWO dejaba que desear en los años 80. Es de esperar que haya mejorado desde entonces.

12. Ver artículo "Polémica con Battaglia comunista: ¿han cambiado los sindicatos de función con la decadencia del capitalismo?", en Rivoluzione Internazionale nº 116 (publicación de la CCI en Italia)

13. "La nueva internacional será el Partido Internacional del proletariado", p. 8-9. 14. Los sindicatos contra la clase obrera, folleto de la CCI, con versiones en las diferentes lenguas de las secciones territoriales de la organización. 15. Marx y Engels, "Prefacio" a la Contribución a la crítica de la economía política.