Respuesta al BIPR (II) - Las teorías sobre la crisis histórica del capitalismo

Versión para impresiónEnviar por email

En la International Communist Review nº 13, el BIPR respondió a nuestro artículo de polémica “El concepto del BIPR sobre la decadencia del capitalismo” aparecido en el nº 79 de nuestra Revista internacional. En la Revista internacional nº 82 publicamos la 1ª parte de este artículo demostrando las implicaciones negativas que tiene la concepción del BIPR sobre la guerra imperialista como medio de devaluación de capital y reanudación de los ciclos de acumulación. En esta segunda parte vamos a analizar la teoría económica que sustenta esta concepción: la teoría de la tendencia a la baja de tasa de ganancia.

La explicación de la crisis histórica del capitalismo en el movimiento marxista

Los economistas burgueses, desde los clásicos (Smith, Ricardo, etc.), se apoyan en dos dogmas intangibles:
- Primero, el obrero es un ciudadano libre que vende su fuerza de trabajo a cambio de un salario. El salario es su participación en la renta social a igual título que el beneficio con el que se remunera al empresario.

- Segundo, el capitalismo es un sistema eterno. Sus crisis son temporales o coyunturales, debidas a desproporciones entre las distintas ramas productivas, a desequilibrios en la distribución o una mala gestión. Sin embargo, a la larga, el capitalismo no tiene problemas de realización de las mercancías: la producción encuentra siempre su mercado, alcanzándose el equilibrio entre la oferta (producción) y la demanda (consumo).

Marx combatió a muerte esos dogmas de la economía burguesa. Demostró que el capitalismo no era un sistema eterno: “en el curso de su desarrollo, las fuerzas productivas de la sociedad entran en contradicción con las relaciones de producción existentes, o, lo cual no es sino su expresión jurídica, con las relaciones de propiedad en cuyo interior se habían movido hasta entonces. De formas de desarrollo de las fuerzas productivas que eran, estas relaciones se convierten en trabas de esas fuerzas. Entonces se abre una era de revolución social” (Marx, Prólogo de la contribución a la crítica de la economía política). Ese período de crisis histórica, de decadencia irreversible del capitalismo, se abrió con la Iª Guerra mundial. Desde entonces, aplastado el intento revolucionario mundial del proletariado en 1917-23, la supervivencia del capitalismo está costando a la humanidad océanos de sangre (100 millones de muertos en guerras imperialistas entre 1914-68), sudor (incremento brutal de la explotación de la clase obrera) y lágrimas (el terror del paro, las barbaries de todo tipo, la deshumanización de las relaciones sociales).

Sin embargo, este análisis fundamental, patrimonio común de la Izquierda comunista, no es explicado de la misma manera dentro del actual medio político revolucionario: existen dos teorías para explicar la decadencia del capitalismo, la teoría de la tendencia a la baja de la tasa de ganancia y la que se ha dado en llamar la “teoría de los mercados” basada esencialmente en la contribución de Rosa Luxemburgo.

El BIPR se adhiere a la primera teoría mientras que nosotros nos decantamos por la segunda ([1]). Para que la polémica sobre ambas teorías sea fructífera es necesario basarla en una comprensión de la evolución del debate dentro del movimiento marxista.

Marx vivió la época de apogeo del capitalismo. Pese a que entonces no se planteaba con el dramatismo que hoy tiene la crisis histórica del sistema, fue capaz de ver en las crisis cíclicas que periódicamente lo sacudían, una manifestación de sus contradicciones y un anuncio de las convulsiones que lo llevarían a la ruina.

“Marx señalaba que había dos contradicciones básicas en el proceso de acumulación capitalista. Estas contradicciones explicaban las crisis cíclicas de crecimiento por las que pasó el capitalismo en el siglo XIX. En un momento dado, impulsarían el declive histórico del capitalismo, precipitándolo en una crisis mortal que pondría la revolución comunista a la orden del día. Estas dos contradicciones eran la tendencia decreciente de la cuota de ganancia, dada la inevitabilidad de una composición orgánica del capital cada vez más alta, y el problema de la superproducción, o sea, la enfermedad innata del capitalismo de producir más de lo que el mercado puede absorber” ([2]).

Como luego veremos, “aunque Marx presentó el marco en el cual los dos fenómenos se conectaban íntimamente, nunca completó su examen del capitalismo. Por eso en sus diferentes escritos se da más o menos énfasis a uno u otro fenómeno como la causa básica de la crisis... El carácter inacabado de este aspecto crucial del pensamiento de Marx es lo que ha llevado a la controversia sobre las bases económicas de la decadencia capitalista en el movimiento obrero. Pero, como ya hemos dicho, esto no se debe a la incapacidad personal de Marx de terminar el Capital, sino a las limitaciones del período histórico en el que vivió” (2).

A finales del siglo pasado, las condiciones del capitalismo empezaron a cambiar: el imperialismo como política de rapiña y enfrentamiento entre potencias se desarrollaba a pasos agigantados, por otro lado, el capitalismo mostraba crecientes signos de enfermedad (inflación, aumento de la explotación) que ponían un fuerte contrapunto a un crecimiento y una prosperidad ininterrumpidos desde la década de 1870. En ese contexto apareció dentro de la IIª Internacional una corriente oportunista que ponía en cuestión la tesis marxista del derrumbe del capitalismo y apostaba por un tránsito gradual al socialismo a través de sucesivas reformas de un capitalismo que estaría “aminorando sus contradicciones”. Los teóricos de esta corriente concentraron su artillería precisamente contra la segunda de las contradicciones señaladas por Marx: la tendencia a la sobreproducción. Así, Bernstein decía: “Marx se contradice al reconocer que la causa última de las crisis es la limitación del consumo de las masas. En realidad, la teoría de Marx sobre las crisis no difiere en mucho al subconsumismo de Rodbertus” ([3]).

En 1902, Tugan-Baranowski, un revisionista ruso, arremetió contra la teoría de Marx sobre la crisis del capitalismo negando que éste pudiera tener un problema de mercado y señalando que las crisis se producen por “desproporcionalidad” entre sus diversos sectores.

Tugan-Baranowski iba aún más lejos que sus colegas revisionistas alemanes (Berstein, Schmidt, Vollmar, etc.). Retrocedía a los dogmas de la economía burguesa, concretamente volvía a las ideas de Say (ampliamente criticadas por Marx) basadas en la tesis de que “el capitalismo no tiene ningún problema de realización más allá de algunos trastornos coyunturales” ([4]). Hubo una respuesta muy firme en la IIª Internacional por parte de Kautski, que entonces todavía se situaba en las filas revolucionarias: “Los capitalistas y los obreros por ellos explotados ofrecen un mercado que aumenta con el crecimiento de la riqueza de los primeros y del número de los segundos, pero no tan aprisa como la acumulación del capital y la productividad del trabajo. Este mercado, sin embargo, no es, por sí solo, suficiente para los medios de consumo creados por la gran industria capitalista. Esta debe buscar un mercado suplementario fuera de su campo, en las profesiones y naciones que no producen aún en forma capitalista. ... Este mercado suplementario no posee ni con mucho, la elasticidad y capacidad de extensión del proceso de producción capitalista... Tal es en breves rasgos la teoría de la crisis fundada por Marx y, en cuanto sabemos, aceptada en general por los marxistas ortodoxos” ([5]).

Sin embargo, la polémica se radicalizó cuando Rosa Luxemburgo publicó La Acumulación de capital. En este libro, Rosa Luxemburgo trataba de explicar el desarrollo vertiginoso del imperialismo y la crisis cada vez más profunda del capitalismo. En el libro demostraba que el capitalismo se desarrolla históricamente extendiendo a regiones o sectores precapitalistas sus relaciones de producción basadas en el trabajo asalariado y que alcanza sus límites históricos cuando estas abarcan todo el planeta. A partir de entonces dejan de existir territorios nuevos que correspondan a las necesidades de expansión que impone el crecimiento de productividad del trabajo y de la composición orgánica del capital: “De este modo, mediante este intercambio con sociedades y países no capitalistas, el capitalismo va extendiéndose más y más, acumulando capitales a costa suya, al mismo tiempo que los corroe y desplaza para suplantarlos. Pero cuantos más países capitalistas se lanzan a esa caza de zonas no capitalistas susceptibles de ser conquistadas por los movimientos de expansión del capital, más aguda y rabiosa se hace la concurrencia entre los capitales, transformando esta cruzada de expansión en la escena mundial en toda una cadena de catástrofes económicas y políticas, crisis mundiales y revoluciones” ([6]).

Los críticos de Rosa Luxemburgo negaban que el capitalismo tuviera un problema de realización, es decir, olvidaban esa contradicción del sistema que Marx había afirmado encarnizadamente contra los economistas burgueses y que constituía la base de “la teoría de la crisis fundada por Marx” como había recordado unos años antes Kautski contra el revisionista Tugan-Baranowski.

Los contradictores de Rosa Luxemburgo se erigían en defensores “ortodoxos e incondicionales” de Marx y, muy particularmente, de sus esquemas sobre la reproducción ampliada presentados en el tomo II de el Capital. Es decir, desvirtuaban el pensamiento de Marx exagerando un pasaje de su obra ([7]). Sus argumentos fueron muy variados: Eckstein decía que no había problema de realización porque las tablas de la reproducción ampliada de Marx explicaban “perfectamente” que no había ninguna parte de la producción no vendida. Hilferding resucitó la teoría de la “proporcionalidad entre los sectores” diciendo que las crisis se debían a la anarquía de la producción y que la tendencia del capitalismo a la concentración aminoraría esa anarquía y por tanto las crisis. Finalmente, Bauer dijo que Rosa Luxemburgo había señalado un problema real pero que éste tenía solución bajo el capitalismo: la acumulación seguía el crecimiento de la población.

En ese periodo solo un redactor de un periódico socialista local, opuso a Rosa Luxemburgo la teoría de la tendencia a la baja de la tasa de ganancia. A su objeción ésta respondió así: “O bien, queda el consuelo, un tanto nebuloso, de un modesto ‘experto’ del Dresdener Volkszeitung, el cual después de haber aniquilado totalmente mi libro, declara que el capitalismo perecerá finalmente ‘por el descenso de la cuota de beneficio’. No sé como el buen hombre se imaginará la cosa. Si es que en un momento determinado, la clase capitalista, desesperada ante la escasez de los beneficios, se agotará colectivamente, o si declarará que, para tan míseros negocios, no vale la pena molestarse y entregará las llaves al proletariado. Sea de esto lo que fuere, el consuelo se evapora con sólo una afirmación de Marx: por la observación de que ‘para los grandes capitales, el descenso de la cuota de ganancia se compensa por la masa’. Por consiguiente, queda aún tiempo para que sobrevenga, por este camino, el rendimiento del capitalista; algo así como lo que queda hasta la extinción del Sol” ([8]).

Lenin y los bolcheviques no participaron en esta polémica ([9]). Es cierto que Lenin había combatido la teoría de los populistas sobre los mercados, una teoría subconsumista continuadora de los errores de Sismondi. Sin embargo, Lenin jamás negó el problema de los mercados: en su análisis del problema del imperialismo, aunque se apoye principalmente en la teoría de Hilferding sobre la concentración en el capital financiero ([10]), no deja de reconocer que aquel surge bajo la presión de la saturación general del mercado mundial. Así, en El imperialismo fase superior del capitalismo, respondiendo a Kautski, subraya que “lo característico del imperialismo es precisamente la tendencia a la anexión no sólo de las regiones agrarias, sino incluso de las más industriales, pues, la división ya terminada del mundo, obliga, al proceder a un nuevo reparto, a alargar la mano hacia toda clase de territorios”.

En la IIIª Internacional en degeneración, Bujarin en el libro El imperialismo y la acumulación de capital atacó las tesis de Rosa Luxemburgo en el contexto del desarrollo de una teoría que abrirá las puertas al triunfo del estalinismo: la teoría de la “estabilización” del capitalismo (que presuponía la tesis revisionista de que podía superar las crisis) y la “necesidad” de que la URSS “coexista” por un tiempo prolongado con el sistema capitalista. La crítica fundamental de Bujarin a Rosa Luxemburgo es que ésta se habría limitado a privilegiar la contradicción referida al mercado olvidando todas las demás, entre ellas, la teoría de la tendencia a la baja de la tasa de ganancia ([11]).

A finales de los años 20 y principios de los 30, “Paul Mattick, perteneciente a los comunistas de los consejos americanos, recogió las críticas de Henryk Grossman contra Rosa Luxemburgo. Grossman sostenía que la crisis permanente del capitalismo aparece cuando la composición orgánica del capital alcanza tal magnitud que hay cada vez menos plusvalía para alimentar el proceso de acumulación. Esta idea básica, aunque elaborada en ciertos aspectos nuevos, la defienden hoy en día grupos revolucionarios como CWO, Battaglia Comunista y algunos grupos surgidos en Escandinavia” ([12]).

La teoría marxista de la crisis no se basa
únicamente en la tendencia a la baja de la tasa de ganancia

Debe quedar claro que la contradicción que sufre el capitalismo respecto a la realización de la plusvalía juega un papel fundamental en la teoría marxista de la crisis y que las tendencias revisionistas atacan con particular saña esa tesis. El BIPR pretende lo contrario. Así, en su Respuesta nos dice que: “Para Marx las fuentes de toda auténtica crisis se encuentran dentro del sistema capitalista mismo, dentro de las relaciones entre capitalistas y trabajadores. El la presenta a veces como una crisis creada por la capacidad limitada de los trabajadores para consumir el producto de su propio trabajo ... El continuaba añadiendo que esto no era por la sobreproducción ‘per se’ ... Y Marx continuaba explicando que estas se producen por la caída de la tasa de ganancia ... La crisis devalúa capital y permite un nuevo ciclo de acumulación”([13]). Su seguridad es tal que se permiten añadir que “Los ‘esquemáticos ciclos de la acumulación’ en los cuales somos felices de estar prisioneros, ocurren exactamente tal y como Marx había dicho” ([14]).

Es una deformación del pensamiento de Marx decir que éste explica la crisis histórica del capital únicamente por la teoría de la tendencia a la baja de la tasa de ganancia. Por 3 razones fundamentales:

1. Marx puso el énfasis en las dos contradicciones (baja de la tasa de ganancia y sobreproducción):

  • estableció que el proceso de producción capitalista tiene dos partes, la producción propiamente dicha y su realización. Dicho llanamente, la ganancia inherente a la explotación, no es nada para el capitalista individual ni tampoco para el capitalismo en su globalidad, si las mercancías producidas no se venden: “La masa total de mercancías, el producto total, tanto la parte que representa al capital constante y al capital variable como la que representa la plusvalía, deben ser vendidas. Si esta venta no se efectúa o sólo se realiza de un modo parcial o tiene lugar a precios inferiores a los precios de producción, el obrero, desde luego, es explotado, pero el capitalista no realiza su explotación como tal” ([15]).
  • señaló la importancia vital del mercado en el desarrollo del capitalismo: “es necesario que el mercado aumente sin cesar, de modo que sus conexiones internas y las condiciones que lo regulan adquieran cada vez más la forma de leyes de la naturaleza... Esta contradicción interna busca su solución extendiendo el campo exterior de la producción” ([16]). Más adelante, se pregunta: “¿Cómo sería posible que la demanda de esas mercancías, de las que carece la gran masa del pueblo, sea insuficiente y haya que buscar tal demanda en el extranjero, en mercados alejados, para poder pagar a los obreros del país la cantidad media de subsistencias indispensables?. Porque el sistema específico capitalista, con sus interdependencias internas, es el único donde el producto excedente adquiere una forma tal que su poseedor no puede entregarse a consumirlo sino cuando lo ha vuelto a convertir en capital” ([17]).
  • condenó sin paliativos la tesis de Say según la cual no hay ningún problema de realización en el capitalismo: “La concepción que Ricardo ha adoptado del vacuo e insustancial Say de que es imposible la sobreproducción o, por lo menos, la saturación general del mercado, se basa en el principio de que los productos siempre se cambian por productos, o, como ha dicho Mill, la demanda sólo está determinada por la producción” ([18]).
  • insistió en que la sobreproducción permanente expresa los límites históricos del capitalismo: “La misma admisión de que el mercado se ha de ampliar junto con la producción es, desde otro ángulo, la admisión de la posibilidad de superproducción, porque el mercado está externamente limitado en el sentido geográfico... Es perfectamente posible que los límites del mercado no se puedan ampliar con bastante rapidez para la producción o bien que los nuevos mercados puedan ser rápidamente absorbidos por la producción de modo que el mercado ampliado represente una traba para la producción como lo era el mercado anterior más limitado” ([19]).

2. En segundo lugar, Marx estableció el conjunto de causas que contrarrestan la tendencia a la baja de la tasa de ganancia: en el capítulo XIV del libro IIIº de el Capital analiza las 6 causas que contrarrestan esa tendencia: aumento del grado de explotación del trabajo, reducción del salario por debajo de su valor, reducción del coste del capital constante, la superpoblación relativa, el comercio exterior, el aumento del capital-acciones.

  • Concebía la tendencia a la baja de la tasa de ganancia como una expresión del aumento constante de la productividad del trabajo, tendencia que el capitalismo desarrolla a un nivel jamás visto en anteriores modos de producción: “A medida que disminuye progresivamente el capital variable en proporción con el capital constante, se eleva más y más la composición orgánica del conjunto del capital y la consecuencia inmediata de esta tendencia es que la cuota de plusvalía, se traduce por una cuota de beneficio en continua disminución ... Por tanto, la tendencia progresiva a la disminución de la cuota de beneficio general es simplemente una forma, propia del régimen de producción capitalista, de expresar el progreso de la productividad del trabajo” ([20]).
  • precisó que no es una ley absoluta sino una tendencia que encierra toda una serie de causas contrarrestantes (antes expuestas) que nacen de ella misma: “de donde se deduce, en líneas generales, que las mismas causas que produce la baja de la cuota general de beneficio, provocan efectos contrarios que obstaculizan, atenúan y en parte paralizan aquella acción. No anulan la ley, pero amortiguan sus efectos. Sin estas causas, no se podría concebir no sólo la baja misma de la cuota general de beneficio sino su lentitud relativa. Por eso, esta ley sólo obra como una tendencia cuyos efectos sólo se manifiestan claramente en circunstancias determinadas y en el curso de largos periodos” ([21]).
  • en relación a la tendencia a la baja de la ganancia Marx subrayó la importancia primordial del “comercio exterior” y sobre todo de la continua búsqueda de nuevos mercados: “el mismo comercio exterior fomenta en el interior el desarrollo de la producción capitalista, y, a la vez, el descenso del capital variable con respecto al constante, mientras que, por otra parte, estimula la superproducción en relación con el extranjero, con lo cual produce, a la larga, el efecto contrario” ([22]).

3. Finalmente, en contra de lo que piensan el BIPR, Marx no vio la devaluación de capitales como el único medio que tiene el capitalismo para remontar las crisis, insistiendo una y otra vez en el otro medio: la conquista de nuevos mercados:

“¿Cómo vence esta crisis la burguesía?. De una parte, por la destrucción obligada de una masa de fuerzas productivas; de otra, por la conquista de nuevos mercados y la explotación más intensa de los antiguos” ([23]).

“La producción capitalista es una fase económica de transición llena de contradicciones internas que sólo se desarrollan y se hacen perceptibles en el transcurso de su propia evolución. Esta tendencia a crearse un mercado y anularlo al propio tiempo es justamente una de tales contradicciones. Otra contradicción es la ‘situación sin salida’ a que conduce, y que en un país sin mercado exterior como Rusia, sobreviene antes que en países que se hallan más o menos capacitados para competir en el mercado mundial. Sin embargo, en estos últimos países, esta situación aparentemente sin salida, se remedia con las medidas heroicas de la política comercial; esto es, en la apertura violenta de nuevos mercados. El último mercado nuevo que se ha abierto de este modo el comercio inglés y que se ha manifestado apto para animar temporalmente dicho comercio es China” ([24]).

El problema de la acumulación

Sin embargo, el BIPR nos da otro argumento “de peso”: “como hemos puntualizado antes, esta teoría (se refieren a la de Rosa Luxemburgo) reduce a un sinsentido el Capital de Marx ya que éste desarrolló su análisis asumiendo un sistema capitalista cerrado que está exento de ‘terceros compradores’ (y sin embargo fue capaz de encontrar el mecanismo de la crisis)” ([25]).

Es totalmente cierto que Marx señaló que “la introducción del comercio exterior en el análisis del valor de los productos anualmente reproducidos no puede crear sino confusión, sin aportar ningún elemento nuevo ya sea al problema ya sea a su solución” ([26]). Es verdad que en el capítulo final del libro 2º, Marx, tratando de comprender los mecanismos de la reproducción ampliada del capitalismo, afirma que debe prescindirse de “elementos exteriores”, que debe suponerse que no hay más que capitalistas y trabajadores, y partiendo de estos supuestos elabora las tablas de reproducción ampliada del capital. Estas famosas tablas han servido de “biblia” a los revisionistas para “demostrar” que “las manifestaciones de Marx en el 2º volumen de El Capital bastaban para explicar y agotar el fenómeno de la acumulación y que en estas páginas se demostraba de forma palmaria, por medio de esquemas, que el capital podía expansionarse de un modo excelente y la producción extenderse sin necesidad de que existiese en el mundo más producción que la capitalista, que ésta tenía en sí misma su propio mercado y que solo mi rematada ignorancia e incapacidad para comprender lo que es el ABC de los esquemas marxistas me podía haber llevado a ver aquí semejante problema” ([27]).

Es absurdo pretender que la explicación de las crisis capitalistas está encerrada en las famosas tablas de la acumulación. El centro de la crítica de Rosa Luxemburgo es precisamente el supuesto sobre el que se elabora: “la realización de la plusvalía para fines de acumulación es un problema insoluble para una sociedad que conste únicamente de capitalistas y obreros” ([28]). Partiendo de ahí, demuestra su inconsistencia: “¿Para quién producen los capitalistas lo que ellos no consumen; aquello de lo que ‘se privan’, es decir, lo que acumulan? No puede ser para el sustento de un ejército cada vez mayor de obreros, ya que en régimen capitalista el consumo de los trabajadores es una consecuencia de la acumulación; nunca su medio ni su fin... ¿Quién realiza pues la plusvalía que crece constantemente? El esquema responde: los capitalistas mismos y sólo ellos ([29]). ¿Y qué hacen con su plusvalía creciente? El esquema responde la utilizan para ampliar más y más su producción. Estos capitalistas son fanáticos de la producción por si misma, hacen construir nuevas máquinas para construir con ellas, a su vez, nuevas máquinas. Pero lo que de este modo resultará no es una acumulación de capital, sino una producción creciente de medios de producción sin fin alguno y es menester la osadía de Tugan-Baranowski para suponer que este carrusel incesante, en el espacio vacío, puede ser un fiel espejo teórico de la realidad capitalista y una verdadera consecuencia de la doctrina marxista” ([30]).

Por ello concluye que “Marx ha expuesto muy detallada y claramente su propio concepción del curso característico de la acumulación capitalista en toda su obra, particularmente en el tomo 3º. Y basta ahondar en esta concepción para percibir que el esquema inserto al final del 2º tomo es insuficiente. Si se examina el esquema de la reproducción ampliada, desde el punto de vista de la teoría de Marx, se halla, necesariamente, que se encuentra en varios aspectos en contradicción con ella” ([31]).

El capitalismo depende para su desarrollo histórico de un medio ambiente pre-capitalista con el cual establece una relación que comprende de forma indisociable tres elementos: intercambio (adquisición de materias primas a cambio de productos manufacturados), destrucción de esas formas sociales (aniquilación de la economía natural de subsistencia, separación de campesinos y artesanos de sus medios de trabajo) e integración en la producción capitalista (desarrollo del trabajo asalariado y del conjunto de instituciones capitalistas).

Esa relación de intercambio-destrucción-integración abarca el largo proceso de formación (siglos XVI-XVIII), apogeo (siglo XIX) y decadencia (siglo XX) del sistema capitalista y constituye una necesidad vital para el conjunto de sus relaciones de producción “el proceso de acumulación del capital está ligado por sus relaciones de valor y materiales: capital constante, capital variable y plusvalía, a formas de producción no capitalista. La acumulación de capital no puede ser expuesta bajo el supuesto de del dominio exclusivo y absoluto de la forma de producción capitalista, ya que, sin los medios no capitalistas, es inconcebible en cualquier sentido” ([32]).

Para Battaglia Comunista este proceso histórico que se desarrolla a nivel del mercado mundial no es otra cosa que el espejo de un proceso mucho más profundo: “aunque se parta del mercado y de las contradicciones que en él se manifiestan (producción-distribución, desequilibrio entre demanda y oferta) hay que volver a los mecanismos que regulan la acumulación para tener una visión más correcta del problema. El capitalismo en tanto que unidad productiva-distributiva impone que consideremos lo que ocurre en el mercado como una consecuencia de la maduración de las contradicciones que están en la base de las relaciones de producción y no al contrario. Es el ciclo económico y la necesidad de la valorización del capital lo que condiciona el mercado. Es solamente partiendo de las leyes contradictorias que regulan el proceso de acumulación como es posible explicar las leyes del mercado” ([33]).

La realización de la plusvalía, el famoso “salto mortal de la mercancía” que decía Marx, constituiría la “superficie” del fenómeno, la “caja de resonancia” de las contradicciones de la acumulación. Esta visión con aires de “profundidad” no encierra otra cosa que un profundo idealismo: las “leyes del mercado” serían el resultado “externo” de las leyes “internas” del proceso de acumulación.

Esa no es la visión de Marx, para quien los dos momentos de la producción capitalista (la producción y la realización) no son el reflejo el uno del otro, sino dos partes inseparables de la unidad global que es la evolución histórica del capitalismo: “la mercancía entra en el proceso de circulación no solamente como un valor de uso particular, por ejemplo, una tonelada de hierro, sino también como un valor de uso a un precio determinado, supongamos una onza de oro. Este precio que es, por una parte, el exponente del ‘quantum’ de tiempo de trabajo contenido en el hierro, es decir, de su magnitud de valor, expresa al mismo tiempo el buen deseo que tiene el hierro de convertirse en oro... Si no resulta esa transubstanciación, la tonelada de hierro no solamente deja de ser mercancía, sino también producto, pues precisamente es mercancía porque constituye un no-valor de uso para su poseedor, o dicho de otro modo, porque su trabajo no es trabajo real sino en cuanto es trabajo útil para los demás ... La misión del hierro o de su poseedor, consiste pues, en descubrir en el mundo de las mercancías el lugar en donde el hierro atrae al oro. Esta dificultad, el ‘salto mortal’ de la mercancía, queda vencida si la venta se efectúa realmente” ([34]).

Toda tentativa de separar la producción de la realización impide comprender el movimiento histórico del capitalismo que lo lleva a su apogeo (formación del mercado mundial) y su crisis histórica (saturación crónica del mercado mundial):

“Los capitalistas se ven forzados a explotar a una escala cada vez mayor los gigantescos medios de producción ya existentes... A medida que crece la masa de producción y, por tanto, la necesidad de mercados más extensos, el mercado mundial va reduciéndose más y más, y quedan cada vez menos mercados nuevos que explotar, pues cada crisis anterior somete al comercio mundial un mercado no conquistado todavía o que el comercio sólo explotaba superficialmente” ([35]).

Únicamente en el marco de esa unidad se puede integrar coherentemente la tendencia a la elevación continua de la productividad del trabajo: “El capital no consiste en que el trabajo acumulado sirva al trabajo vivo como medio para una nueva producción. Consiste en que el trabajo vivo sirva al trabajo acumulado como medio para conservar y aumentar el valor de cambio” ([36]).

Cuando Lenin estudia el desarrollo del capitalismo en Rusia procede con el mismo método: “Lo importante es que el capitalismo no puede subsistir y desarrollarse sin una ampliación constante de su esfera de dominio, sin colonizar nuevos piases y enrolar a los países viejos no capitalistas en el torbellino de la economía mundial. Y esta peculiaridad del capitalismo se ha manifestado y se sigue manifestando con enorme fuerza en la Rusia posterior a la Reforma” ([37]).

Los límites históricos del capitalismo

Los compañeros del BIPR piensan, sin embargo, que Rosa Luxemburgo se empeñaba en buscar causas “externas” a la crisis del capitalismo: “inicialmente Luxemburgo apoyaba la idea de que la causa de la crisis debía ser buscada en las relaciones de valor inherentes al modo de producción capitalista mismo ... Pero la lucha contra el revisionismo dentro de la social-democracia alemana parece que la condujo en 1913 a buscar otra teoría económica con la cual contrarrestar el aserto revisionista de que la tendencia a la baja de la tasa de ganancia no era válida. En la Acumulacion de capital concluyó que había una grieta en el análisis de Marx y decidió que la causa de la crisis capitalista es exterior a las relaciones capitalistas” ([38]).

Los revisionistas echaban en cara a Rosa Luxemburgo haber planteado un problema inexistente ya que, según ellos, las tablas de la reproducción ampliada de Marx “demostraban” que toda la plusvalía se realizaba al interior del capitalismo. El BIPR no recurre a esas tablas pero su método viene a ser el mismo: para ellos Marx con su esquema de los ciclos de la acumulación habría dado la solución. El capitalismo va produciendo y desarrollándose hasta que cae la tasa de ganancia y entonces el bloqueo de la producción que ocasiona esta tendencia se resuelve “objetivamente” por una depreciación masiva de capitales. Tras esta depreciación, la tasa de ganancia se restaura, el proceso vuelve a empezar y así sucesivamente. Es verdad que el BIPR admite que históricamente la evolución es, debido al aumento de la composición orgánica del capital y a la tendencia a la concentración y centralización del capital, mucho más complicada: con el siglo XX ese proceso de concentración, hace que las necesarias devaluaciones de capital ya no puedan limitarse a medios estrictamente económicos (cierre de fábricas y despido de obreros) sino que requieran enormes destrucciones realizadas por la guerra mundial (ver la 1ª parte de este artículo).

Esta explicación es, en el mejor de los casos, una descripción de los movimientos de coyuntura del capital pero no permite comprender el movimiento global, histórico, del capitalismo. Con ella tenemos un termómetro no muy fiable (hemos explicado, siguiendo a Marx, la causas contrarrestantes de la ley) de las convulsiones y la marcha del capitalismo pero no se comprende, ni siquiera se empieza a plantear, el porqué, la causa profunda de la enfermedad. Con el agravante ([39]) de que en la decadencia la acumulación está profundamente bloqueada y sus mecanismos (incluida por tanto la tendencia a la baja de la tasa de ganancia) han sido alterados y pervertidos por la intervención masiva del Estado.

El BIPR nos recuerda que para Marx las causas de la crisis son internas al capitalismo.

¿Quiere el BIPR algo “más interno” al capitalismo que la necesidad imperiosa que tiene de ampliar constantemente la producción más allá de los límites del mercado?. El capitalismo no tiene como fin la satisfacción de necesidades de consumo (al contrario del feudalismo que tenía como fin satisfacer las necesidades de consumo de nobles y curas). Tampoco es un sistema de producción simple de mercancías (formas que podían verse en la Antigüedad o hasta cierto punto en los siglos XIV-XV). Su fin la producción de una plusvalía cada vez mayor a partir de las relaciones de valor basadas en el trabajo asalariado. Esto le obliga a buscar constantemente nuevos mercados: ¿para qué? ¿para establecer un régimen de intercambio simple de mercancías? ¿para la rapiña y la obtención de esclavos?. No, aunque esas formas han acompañado el desarrollo del capitalismo, no constituyen su esencia interna, la cual reside en su necesidad de extender más y más las relaciones de producción basadas en el trabajo asalariado: “El capital, por desgracia para él, no puede hacer comercio con clientes no capitalistas sin arruinarlos. Ya sea vendiéndoles bienes de consumo, ya vendiéndoles bienes de producción, destruye automáticamente el equilibrio precario de toda economía pre-capitalista. Introducir vestidos baratos, implantar el ferrocarril, instalar una fábrica, bastan para destruir toda la vieja organización económica. El capitalista ama a sus clientes precapitalistas como el ogro a los niños: devorándolos. El trabajador de las economías precapitalistas que ha tenido la desgracia de verse afectado por el comercio con los capitalistas sabe que, tarde o temprano, acabará en el mejor de los casos, proletarizado por el capital, y, en el peor -y es cada día lo más frecuente desde que el capitalismo se hunde en la decadencia- en la miseria y en la indigencia” ([40]).

En el período ascendente, en el siglo XIX, este problema de la realización parecía secundario en la medida en que el capitalismo encontraba constantemente nuevas áreas precapitalistas para integrar en su esfera y por tanto vender sus mercancías. Sin embargo, el problema de la realización ha pasado a ser decisivo en el siglo XX donde los territorios precapitalistas son cada vez menos significativos en proporción a sus necesidades de expansión. Por eso decimos que la teoría de Rosa Luxemburgo “proporciona una explicación para las condiciones históricas que determinan concretamente la irrupción de las crisis permanente del sistema: cuanto más integra el capitalismo en su esfera de influencia las áreas no capitalistas, cuanto más crea un mundo a su propia imagen, menos capacidad tiene de extender el mercado y de encontrar nuevas salidas para la realización de la porción de plusvalía que no pueden realizar ni los capitalistas ni el proletariado. La incapacidad del sistema para expandirse como en el pasado abre paso a la nueva época del imperialismo y las guerras imperialistas, marcando el fin de la misión históricamente progresista del capitalismo y la amenaza para la humanidad de hundirse en la barbarie” ([41]).

Nosotros no negamos la tendencia a la baja de la tasa de ganancia, vemos su operatividad en función de una visión histórica de la evolución del capitalismo. Este está golpeado por toda una serie de contradicciones, la contradicción entre el carácter social de la producción y el carácter privado de su apropiación, entre el aumento incesante de la productividad del trabajo y la disminución proporcional del trabajo vivo, la mencionada tendencia a la baja de la tasa de ganancia... Pero estas contradicciones pudieron ser un estimulante al desarrollo del capitalismo en tanto este tuviera posibilidades de extender su sistema de producción a escala mundial. Cuando el capitalismo llega sus límites históricos, esas contradicciones de estimulantes que eran, se convierten en pesadas trabas, en factores que aceleran las dificultades y convulsiones del sistema.

El crecimiento de la producción en la decadencia capitalista

El BIPR nos hace una objeción realmente chocante “Si los mercados estaban ya saturados en 1913, si todos las salidas pre-capitalistas estaban exhaustas y no podían ser creadas otras nuevas (salvo un viaje a Marte). Si el capitalismo ha ido mucho más lejos en el nivel de crecimiento que el ciclo precedente ¿como es posible hacerlo todo esto para la teoría de Luxemburgo?” ([42]).

Cuando en nuestro artículo de polémica de la Revista internacional nº 79 pusimos en evidencia la naturaleza y la composición del “crecimiento económico” experimentado tras la IIª Guerra mundial, el BIPR nos lo critica en su “Respuesta” dando a entender que ha habido un “verdadero crecimiento del capitalismo en la decadencia” y cara a nuestro defensa de las posiciones de Rosa Luxemburgo dicen “ya hemos visto como resuelve la CCI el dilema: negando empíricamente que ha habido un real crecimiento” ([43]).

No podemos repetir aquí un análisis de la naturaleza del “crecimiento” desde 1945. Invitamos al BIPR a leer el artículo “El modo de vida del capitalismo en la decadencia” en la Revista internacional nº 56 que deja claro que “las tasas de crecimiento después de 1945 (las más altas de la historia del capitalismo) han sido un sobresalto de crecimiento drogado, huida ciega hacia adelante de un sistema con el agua al cuello. Los medios puestos en práctica (créditos a mansalva, intervencionismo estatal, producción militar siempre en aumento, gastos improductivos, etc.) para realizar ese crecimiento han llegado a su estancamiento”. Lo que queremos abordar es algo elemental para el marxismo: el crecimiento cuantitativo de la producción no significa necesariamente desarrollo del capitalismo.

El problema crónico, sin salida, que tiene el capitalismo en la decadencia es la ausencia de mercados nuevos que estén a la altura del crecimiento que impone a la producción el aumento constante de la productividad del trabajo y de la composición orgánica del capital. Este incremento constante agrava todavía más el problema de la sobreproducción ya que la proporción de trabajo acumulado (capital constante) es cada vez mayor en relación al trabajo vivo (capital variable, medios de vida de los obreros).

Toda la historia de la supervivencia del capitalismo en el siglo XX tras la derrota de la oleada revolucionaria de 1917-23, es la de un esfuerzo desesperado de manipulación de la ley del valor, vía el endeudamiento, la hipertrofia de gastos improductivos, el desarrollo monstruoso de los armamentos, para paliar esa ausencia crónica de nuevos mercados. Y la historia ha mostrado que esos esfuerzos no han hecho otra cosa que agravar los problemas y avivar las tendencias del capitalismo decadente a la autodestrucción: la agravación de la crisis crónica del capitalismo acentúa las tendencias permanentes a la guerra imperialista, a la destrucción generalizada ([44]).

En realidad, los datos de crecimiento “fabuloso” de la producción que tanto deslumbran al BIPR ilustran la contradicción insalvable que supone para el capitalismo su tendencia a desarrollar la producción de forma ilimitada mucho más allá de las capacidades de absorción del mercado. Esos datos lejos de desmentir las teorías de Rosa Luxemburgo las confirman plenamente. Cuando se ve el crecimiento desbocado y descontrolado de la deuda, sin parangón en la historia humana, cuando se comprueba la existencia de una inflación permanente y estructural, cuando se ve que desde el abandono del patrón oro el capitalismo ha ido eliminando alegremente cualquier respaldo a las monedas (actualmente Fort Knox únicamente cubre el 3% de los dólares que circulan en Estados Unidos), cuando se comprueba la intervención masiva del Estado para sujetar artificialmente el edificio económico (y ello desde hace más de 50 años) cualquier marxista mínimamente serio debe rechazar ese “fabuloso crecimiento” como moneda de ley y concluir que se trata de un crecimiento drogado y fraudulento.

El BIPR en vez de encarar esa realidad prefiere especular sobre las “nuevas realidades” del capitalismo. Así, en Su Respuesta se proponen abordar: “la reestructuración (y, nos atrevemos a decirlo, el crecimiento) de la clase trabajadora, la tendencia de los estados capitalistas a ser económicamente achicados por el volumen del mercado mundial y el aumento del capital que es controlado por las instituciones financieras (el cual es, al menos, cuatro veces mayor que los presupuestos de los Estados juntos) han producido una extensión de la economía mundial de los tiempos de Rosa Luxemburgo y Bujarin hacia la economía globalizada” ([45]).

Cuando hay en el mundo 820 millones de parados (datos del BIT, diciembre 1994) el BIPR habla de ¡crecimiento de la clase trabajadora!. Cuando crece de forma irreversible el trabajo eventual, el BIPR cual nuevo quijote ve los molinos de viento del “crecimiento” y la “reestructuración” de la clase trabajadora. Cuando el capitalismo se acerca más y más a una catástrofe financiera de proporciones incalculables, el BIPR especula alegremente sobre la “economía global” y el “capital controlado por las instituciones financieras”. Una vez más, ven el mundo al revés: su Dulcinea del Toboso de la “economía global” consiste en la prosaica realidad de un esfuerzo desesperado de esos estados “cada vez más achicados” por controlar la escalada de la especulación provocada precisamente por la saturación de los mercados; sus gigantes constituidos por el “capital controlado por las instituciones financieras” son globos hinchados monstruosamente por la especulación que puede desencadenar una catástrofe sobre la economía mundial.

El BIPR nos anuncia que “todo lo anterior debe ser sometido a un riguroso análisis marxista que toma tiempo el desarrollarlo” ([46]). ¿No sería más eficaz para el trabajo militante de la Izquierda comunista que el BIPR dedicará su tiempo a explicar los fenómenos que muestran la parálisis y enfermedad mortal de la acumulación a lo largo de la decadencia capitalista?. Marx decía que el error no estaba en la respuesta sino en la propia pregunta. Plantearse la cuestión de la “economía global” o la de la “reestructuración de la clase obrera” es enfangarse las arenas movedizas del revisionismo, mientras que hay “otras preguntas” como la naturaleza del paro masivo de nuestra época, el endeudamiento etc. que ayudan a encarar los problemas de fondo en la comprensión de la decadencia capitalista.

Conclusiones militantes

En la Iª Parte de este artículo insistimos en la importancia de lo que nos une con el BIPR: la defensa intransigente de la posición marxista de la decadencia del capitalismo, base granítica de la necesidad de la revolución comunista. Lo fundamental es la defensa de esa posición y la comprensión coherente y hasta el final de todas sus implicaciones. Como explicamos en “Marxismo y teoría de la crisis” (Revista internacional nº 13) se puede defender la posición sobre la decadencia del capitalismo sin compartir plenamente nuestra teoría sobre la crisis basada en el análisis de Rosa Luxemburgo ([47]). Sin embargo, tal postura implica el riesgo de sostener esa posición sin una coherencia plena, “cogida con alfileres”. El sentido militante de nuestra polémica es precisamente ese: las inconsecuencias y desviaciones del BIPR que les lleva a debilitar la posición de clase sobre la decadencia del capitalismo.

Con su rechazo visceral y sectario de las tesis de Rosa Luxemburgo (y de Marx mismo) sobre la cuestión de los mercados, el BIPR abre las puertas para que entren en sus análisis las corrientes revisionistas de los Tugan-Baranowski y cía. Así nos dicen que “los ciclos de acumulación son inherentes al capitalismo y explican por qué, en los diferentes momentos, la producción capitalista y el crecimiento capitalista pueden ser más altos o más bajos que en precedentes periodos” ([48]). Con ello retoman una vieja afirmación de BC en la Conferencia internacional de grupos de la Izquierda comunista según la cual “el mercado no es una entidad física existente fuera del sistema de producción capitalista que, una vez llena, detendría el mecanismo productivo, al contrario, es una realidad económica, al interior y al exterior del sistema, que se dilata o contrae según el curso contradictorio del proceso de acumulación” ([49]).

¿No se da cuenta el BIPR que con este “método” entra de lleno en el mundo de Say donde, fuera de desproporcionalidades coyunturales, “todo lo producido es consumido y todo lo consumido es producido”? ¿No comprende el BIPR que con esos análisis lo único que hace es dar vueltas a la noria “constatando” que el mercado “se contrae o dilata según el ritmo de la acumulación” pero que no explica absolutamente nada sobre la evolución histórica de la acumulación capitalista?. ¿No ve el BIPR que está cayendo en los mismos errores que Marx criticó: “el equilibrio metafísico de compras y ventas se reduce a que cada compra es una venta y cada venta es una compra, lo cual resulta un mediano consuelo para los poseedores de mercancías que no pueden vender ni, por lo tanto, comprar” ([50]).

Esa puerta que el BIPR deja entreabierta a las teorías revisionistas explica la propensión que tiene a perderse en las especulaciones absurdas y estériles sobre la “reestructuración de la clase obrera” o la “economía global”. También da cuenta de su tendencia a dejarse llevar por los cantos de sirena de la burguesía: primero fue la “revolución tecnológica”, luego vino el fabuloso mercado de los países del Este, más tarde fue el “negociazo” de la guerra de Yugoslavia. Cierto que el BIPR corrige esos desvaríos a toro pasado bajo la presión de las críticas de la CCI y de la evidencia aplastante de los hechos. Eso demuestra su responsabilidad y su vínculo firme con la Izquierda Comunista, pero los compañeros del BIPR coincidirán con nosotros que esos errores demuestran que su posición sobre la decadencia del capitalismo no es lo suficientemente consistente, está “cogida con alfileres” y deben cimentarla sobre bases mucho más firmes.

El BIPR coincide con los revisionistas adversarios de Rosa Luxemburgo en su negativa a considerar seriamente el problema de la realización, pero diverge radicalmente de ellos al rechazar su visión de una tendencia a la aminoración de las contradicciones del capitalismo. Al contrario, con toda justeza, el BIPR ve que cada fase de crisis en el ciclo de acumulación supone una agravación mucho mayor y más profunda de las contradicciones del capitalismo. El problema está precisamente en los períodos en que, según él, la acumulación capitalista se restaura plenamente. Frente a esos períodos, al considerar únicamente la tendencia a la baja de la tasa de ganancia y al negarse a ver la saturación crónica del sistema, el BIPR olvida o relativiza la posición revolucionaria sobre la decadencia del capitalismo.

Adalen
16-6-95

[1] Hemos desarrollado nuestra posición en numerosos artículos de nuestra Revista internacional; queremos destacar “Marxismo y teorías de las crisis” (no 13), “Teorías económicas y lucha por el socialismo” (no 16), “Las teorías de las crisis desde Marx hasta la IC” (no 22), “Crítica de Bujarin” (nos 29 y 30), la parte VIIª de la serie “El comunismo no es un bello ideal sino una necesidad material” (no 76). Los compañeros en su respuesta dicen que la CCI no prosiguió la crítica de sus posiciones anunciada en el artículo “Marxismo y teorías sobre las crisis” de la Revista internacional no 13. La simple enumeración de la lista de artículos anteriormente expuesta demuestra que el BIPR se equivoca totalmente cuando afirma que la CCI no tendría ningún argumento que oponer a sus propios artículos.

[2] “Marxismo y teoría de las crisis” en Revista internacional nº 13, subrayados nuestros.

[3] Bernstein: Socialismo teórico y social-democracia práctica. Rodbertus era un socialista burgués de mediados del pasado siglo que formuló su “ley” de la cuota decreciente de los salarios. Según él las crisis del capitalismo se debían a esta ley por lo que propugnaba la intervención del Estado para aumentar los salarios como remedio a la crisis. Los revisionistas de la IIª Internacional acusaban a Marx de haber cedido a las tesis de Rodbertus, llamadas “subconsumistas” y volvieron a repetir esa acusación contra Rosa Luxemburgo. Actualmente, muchos sindicalistas y también ciertas corrientes de la Izquierda del capital son seguidores no reconocidos de Rodbertus: afirman que el capitalismo es el primer interesado en mejorar las condiciones de vida obreras como medio de superar su propia crisis.

[4] Say fue un economista burgués de principios del siglo XIX que en su apología del capitalismo insistió en que éste no tenía ningún problema de mercado pues según en él “la producción crea su propio mercado”. Tal teoría equivalía a proponer el capitalismo como un sistema eterno sin ninguna posibilidad de crisis más allá de convulsiones temporales provocadas por “mala gestión” o por “desproporción entre los distintos sectores productivos”. ¡Como se ve los mensajes actuales de la burguesía sobre la “recuperación” no son nada originales!.

[5] Citado por Rosa Luxemburgo en su libro La Acumulacion del capital.

[6] La Acumulación del capital.

[7] Esta técnica del oportunismo ha sido luego retomada por su cuenta por el estalinismo y la socialdemocracia y demás fuerzas de la izquierda del capital (particularmente los izquierdistas) que utilizan descaradamente tal o cual pasaje de Lenin, Marx etc. para avalar posiciones que nada tienen que ver con ellos.

[8] Rosa Luxemburgo, op.cit.

[9] Conviene precisar que en la polémica suscitada por el libro de Rosa Luxemburgo, Pannekoek, que no era oportunista ni revisionista en esa época sino que por el contrario estaba con la izquierda revolucionaria de la IIª Internacional, tomó partido contra las tesis de Rosa Luxemburgo.

[10] Hemos explicado muchas veces que Lenin ante el problema de la Iª Guerra mundial y muy particularmente en su libro El Imperialismo fase superior del capitalismo defiende correctamente la posición revolucionaria sobre la crisis histórica del capitalismo (él la llama crisis de descomposición y parasitismo del capital) y la necesidad de la revolución proletaria mundial. Esto es lo esencial, sin embargo, se apoya en las teorías erróneas de Hilferding sobre el capital financiero y la “concentración de capital”, lo cual, particularmente en sus epígonos, debilitado la fuerza y coherencia de su posición contra el imperialismo. Ver nuestra crítica en Revista internacional nº 19 el artículo “Acerca del imperialismo”.

[11] Para una crítica de Bujarin, ver en Revista internacional nº 29 y 30, el artículo “La verdadera superación del capitalismo es la eliminación del salariado”.

[12] “Marxismo y teoría de las crisis” en Revista internacional, nº 13.

[13] “The Material Basis of Imperialism War, A Breif Reply to the ICC”, respuesta del BIPR a la CCI, en Internationalist Communist Review, nº13.

[14] Ídem.

[15] El Capital, libro IIIº sección 3ª capítulo XV pag. 643 edición española.

[16] Ídem.

[17] Ídem.

[18] Teorías de la Plusvalía, tomo II.

[19] Ídem.

[20] Marx, el Capital, Libro 3º, sección 3ª, capitulo XIII.

[21] Ídem.

[22] Ídem.

[23] Marx-Engels, El Manifiesto comunista.

[24] Cartas de Marx y Engels a Nikolai.

[25] ”A Breif Reply to the ICC”, respuesta del BIPR.

[26] Marx, el Capital, libro 2º, sección 3ª, capítulo XX.

[27] Rosa Luxemburgo, la Acumulación del capital.

[28] Ídem.

[29] En el libro 3º, Marx señala que “decir que sólo pueden los capitalistas cambiar y consumir sus mercancías entre ellos mismos es olvidar por completo que se trata de valorizar el capital, no de consumirlo” (Sección 3ª capitulo XV).

[30] Rosa Luxemburgo, la Acumulación del capital.

[31] Ídem.

[32] Ídem.

[33] IIª Conferencia de Grupos de la Izquierda Comunista, Textos preparatorios, volumen 1.

[34] Marx, Contribución a la critica de la economía política, capítulo II.

[35] Marx, Trabajo asalariado y capital, tomo I.

[36] Ídem.

[37] Lenin, el Desarrollo del capitalismo en Rusia, capítulo VIIIº, parte 5ª.

[38] “A Breif Reply to the ICC”, respuesta del BIPR.

[39] Ver los artículos de la Revista internacional, nº 79 y nº 82.

[40] “Crítica de Bujarin”, parte 2ª, en Revista Internacional, nº 30.

[41] “El comunismo no es un bello ideal sino una necesidad material”, VIIª parte, en Revista internacional nº 76.

[42] “A Breif Reply to the ICC”, respuesta del BIPR.

[43] Ídem.

[44] Ver la Iª parte de este artículo en la Revista internacional, nº 82.

[45] “A Breif Reply to the ICC”, respuesta del BIPR.

[46] Ídem.

[47] La Plataforma de la CCI admite que los camaradas puedan defender la explicación de la crisis basada en la teoría de la tendencia a la baja de la tasa de ganancia.

[48] “A Breif Reply to the ICC”, respuesta del BIPR.

[49] IIª Conferencia de Grupos de la Izquierda Comunista, Textos preparatorios, volumen 1.

[50] Contribución a la Crítica de la economía política, capítulo II.