Notas sobre la huelga de masas

En la serie La huelga de masas

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La oleada de huelgas del verano del 80 en Polonia fue con mucha razón descrita como un ejemplo clásico del fenómeno de la huelga de masas que analizó Rosa Luxemburgo en 1906. Semejante claridad de correlación entre los recientes movimientos en Polonia y los sucesos descritos por Luxemburgo en su  folleto Huelga de Masas, Partidos y Sindicatos (1) hace 75 años, impone a los revolucionarios reafirmar plenamente la validez del análisis de Luxemburgo que se puede aplicar a la lucha de clases hoy día.

Para proseguir en este sentido, en este artículo procuraremos ver hasta qué punto la teoría de Luxemburgo corresponde a la realidad de los combates actuales de la clase obrera.

Las condiciones económicas, sociales y políticas de la huelga de masas

Para Rosa Luxemburgo (RL), la huelga de masas era el resultado de una etapa particular en el desarrollo del capitalismo, la etapa que inicia este siglo. La huelga de masas “es un fenómeno histórico producido en un momento dado por una necesidad histórica que surge de las condiciones  sociales”.

La huelga  de masas no es algo accidental; no es el resultado ni de propaganda ni de preparativos que tendrían lugar de antemano; no se puede crear artificialmente; es el producto de una etapa definida de la evolución de las contradicciones del  capitalismo. Aunque RL se refiera a menudo a huelgas de  masas particulares, todo el sentido de su folleto consiste en mostrar que una huelga de masas no se puede ver de manera aislada; sólo toma su sentido como producto de un nuevo período histórico.

Este nuevo período era valido para todos los países. Al argumentar contra la idea de que la huelga de masas fuera particular al absolutismo ruso, RL demuestra que sus causas han de encontrarse no sólo en las condiciones de Rusia, sino también las circunstancias de Europa Occidental y de Norteamérica, es decir “en la industria a gran escala con todas sus consecuencias - divisiones de clase modernas, contrastes sociales agudos”. Para ella, la revolución rusa de 1905, en la cual tuvo tanta importancia la huelga de masas, no fue otra cosa sino la concretización, el “resultado general del desarrollo capitalista internacional en lo particular de la Rusia absolutista”. La revolución rusa era, según RL, el “preludio de una nueva serie de revoluciones proletarias en el Oeste”.

La condiciones económicas que generaron la huelga de masas, según RL, no se circunscribían a un país, sino que tenían un significado internacional. Esas condiciones habían hecho surgir un tipo de lucha con dimensiones históricas, una lucha que era un aspecto esencial del surgimiento de las revoluciones proletarias. En resumidas cuentas, según los propios términos de RL, la huelga de masas “no es sino la forma universal de la lucha de clases proletaria resultado de la presente etapa del desarrollo capitalista y de sus relaciones de producción”.

Esa “etapa presente” consistía en que el capitalismo estaba viviendo sus últimos años de prosperidad. El desarrollo de los conflictos interimperialistas y la amenaza de la guerra mundial, el fin de cualquier mejora gradual de las condiciones de vida de la clase obrera, resumiendo, la creciente amenaza contra la misma existencia de la clase obrera en el capitalismo, esas eran las nuevas circunstancias históricas que  acompañaban el advenimiento de la huelga de masas.

RL vio claramente que la huelga de masas era un producto del cambio en las condiciones económicas a un nivel histórico, condiciones que hoy día sabemos son las del final de la ascendencia capitalista, condiciones que prefiguraban las de la decadencia capitalista.

Ya existían entonces las fuertes concentraciones de obreros en los países capitalistas avanzados, acostumbrados a la lucha colectiva, y cuyas condiciones de vida y de trabajo eran las mismas en todas partes. Y, consecuencia del desarrollo económico, la burguesía se iba volviendo una clase más concentrada y se iba identificando de manera creciente con el aparato de Estado. Igual que el proletariado, los capitalistas habían aprendido a hacer frente juntos a su enemigo de clase.

De la misma manera que las condiciones económicas hacían más difícil para los obreros el obtener reformas a nivel de la producción, también las “ruinas de la democracia burguesa” que menciona RL en su folleto, hacían cada vez más difícil para el proletariado la consolidación de lo ganado a nivel parlamentario. Así púes, el contexto político, igual que el contexto económico de la huelga de masas, no era el contexto del  absolutismo ruso sino el de la decadencia creciente de la dominación burguesa en todos los países.

En lo económico, en lo social, en lo político, el capitalismo había puesto las bases para grandes enfrentamientos de clase a escala mundial.

El objetivo de la huelga  de  masas

En la huelga de masas no se plasmó un objetivo nuevo de la lucha proletaria. En ella quedó plasmado más bien el “viejo” objetivo de la lucha de manera apropiada a las nuevas condiciones históricas. La motivación que está detrás de cada combate de la clase obrera siempre seguirá siendo la misma: tratar de limitar la explotación capitalista en el seno de la sociedad burguesa y acabar con la explotación al mismo tiempo que con la sociedad burguesa misma. En el período ascendente del capitalismo, la lucha obrera estaba dividida entre su aspecto defensivo e inmediato por un lado y, por otro un aspecto de ofensiva revolucionaria que implicaba y que, a la vez, dejaba para el futuro.

Pero la huelga de masas, por las causas objetivas ya mencionadas (relacionadas con la imposibilidad para la clase de defenderse dentro del sistema) unió en la lucha esos dos aspectos del combate proletario. Por esto es por lo que, según RL, cualquier lucha pequeña aparentemente defensiva puede estallar en confrontaciones generalizadas, “en contacto con el vendaval de la revolución”. Por ejemplo, “el conflicto de los dos obreros despedidos de los talleres Putilov se transformó en prólogo de la mayor revolución de los tiempos modernos”. Y, recíprocamente, el surgimiento revolucionario, cuando no avanza, puede diseminarse en numerosas huelgas aisladas, que más tarde, fertilizarán un nuevo asalto general contra el sistema.

Igual que los combates ofensivos, las luchas generalizadas han fusionado con los combates localizados, defensivos, causando de este modo una reacción mutua entre los aspectos económicos y políticos de la lucha obrera en el período de huelga de masas. En el período parlamentario (es decir cuando el apogeo de la ascendencia capitalista) los aspectos económicos y políticos de la lucha estaban separados de manera artificial, también por determinadas razones históricas. La lucha política no “La dirigían las masas mismas en la acción directa, sino en correlación con la forma del Estado burgués, de modo representativo con la presencia de diputados”. Pero, “en cuanto las masas aparecen en escena”, todo esto cambia, porque “en una acción revolucionaria de masas, la lucha política y económica constituye una unidad”. Bajo estas condiciones, la lucha política de los obreros se vuelve lucha íntimamente ligada a la lucha económica, particularmente porque el combate político indirecto (por medio del parlamento) ya no es realista.

Al describir el contenido de la huelga de masas, RL pone en guardia sobre todo contra la separación de sus diferentes aspectos. La razón de esta advertencia está en que la característica del  período de la huelga de masas es la convergencia de las diferentes facetas de una lucha proletaria: ofensiva-defensiva, generalizada-localizada, política-económica, siendo el movimiento en su conjunto el que lleva a la revolución. La verdadera naturaleza de las condiciones a  las que responde el proletariado en la huelga de masas crea una interconexión indisociable entre estos diferentes aspectos de la lucha de la clase obrera. El querer disecarlos, querer por ejemplo encontrar “la huelga de masas política pura”, llevaría, “como en otro caso cualquiera, no a percibir el fenómeno en su esencia, sino a… matarlo”.

La forma de la lucha en el periodo de la huelga de masas

La meta de la forma de organización sindical (obtener mejoras en el seno del sistema) resulta cada vez más difícil de realizar en las condiciones que hacen surgir la huelga de masas. Como lo decía RL en su polémica con Kautsky, en este período, el proletariado no emprende una lucha con la perspectiva segura de ganar verdaderas mejoras. Demuestra con estadísticas que una cuarta parte de la huelgas no obtenían nada en absoluto. Pero los obreros hacían huelga porque no había otro medio para sobrevivir; situación que inevitablemente abría a su vez la posibilidad de una lucha ofensiva generalizada. Consecuentemente, lo obtenido con la lucha no consistía tanto en una mejora económica gradual, sino en el desarrollo intelectual, cultural del proletariado a pesar de las derrotas en lo económico. Por esto es por lo que, RL dice que la fase de insurrección abierta “no puede venir de ningún otro camino que el que  enseñan las series de ´derrotas´ en apariencia”.

En otras palabras, la verdadera victoria o la derrota de la huelga de masas no las determina ninguno de sus episodios sino su punto culminante, el sublevamiento revolucionario mismo. Así púes, no era una casualidad el que las realizaciones económicas y políticas de los obreros en Rusia, obtenidas por el vendaval revolucionario de 1905 y antes, hayan vuelto a ser arrancadas tras la derrota de la revolución.

Por consiguiente el papel de los sindicatos, obtener mejoras económicas en el seno del sistema capitalista, desaparecía. Hay otras implicaciones revolucionarias derivadas de la dislocación de los sindicatos por la huelga de masas:

  1. La huelga de masas no se podía preparar de antemano, surgió sin plan del estilo de “método de movimiento de la masa proletaria”. Los sindicatos, dedicados a una organización permanente, preocupados por sus cuentas bancarias y sus listas de adhesiones no podían ni siquiera plantearse el estar a la altura de la organización de la huelgas de masas, forma que evoluciona en y por la lucha misma.
  2. Los sindicatos dividieron a los obreros y sus intereses entre todos los diferentes ramos industriales mientras que la huelga de masas “fusionó a partir de diferentes puntos particulares, causas diferentes”, y de esta manera tendió a eliminar todas las divisiones en el proletariado.
  3. Los sindicatos sólo organizaban a una minoría de la clase obrera mientras que la huelga de masas juntó a todas las capas de la clase sindicados y no sindicados.

Cuando más se imponían las nuevas formas de lucha sobre las formas típicas de los sindicatos, más iban apoyando los mismos sindicatos el orden capitalista contra la huelga de masas. La oposición de los sindicatos a la huelga de masas se expresó de dos maneras según RL. Una era la hostilidad directa de  los burócratas como Bomelberg, además acentuada por la negativa del Congreso de los sindicatos en Colonia de ni siquiera ponerse a discutir sobre la huelga de masas. El hacerlo era, según los burócratas, “andar jugando con fuego”. La otra forma de esta oposición consistía en el aparente apoyo de  los sindicalistas radicales y de los sindicalistas franceses e italianos. Estaban mucho más a favor de un “intento” de huelga de masas, como si esta forma de lucha se pudiera plegar a la voluntad del aparato sindical.

Pero tanto los que se oponían como los que la apoyaban compartían sobre la huelga de masas el punto de vista de que no es un fenómeno que emerge de lo más profundo de la actividad de la clase obrera, sino que emerge de los medios técnicos de lucha decididos o rechazados según la voluntad de los sindicatos. Inevitablemente, los representantes de los sindicatos a todos los niveles no podían comprender un movimiento cuyo impulso no sólo no podían controlar sino que exigía nuevas formas antagónicas a los sindicatos.

La respuesta del ala radical y de la base de los sindicatos o de los sindicalistas a la huelga de masas era sin duda alguna un intento de estar a la altura de las necesidades de la lucha de clases. Pero era la forma y la función del sindicalismo mismo cualquiera que fuera la voluntad de sus militantes la que estaba superada por la huelga de masas.

El sindicalismo radical expresaba una respuesta proletaria en el seno de los sindicatos. Pero tras la traición definitiva de los sindicatos durante la primera guerra mundial y durante la ola revolucionaria que siguió, el sindicalismo radical también fue  recuperado y se convirtió en un arma valiosa  para castrar la lucha de clases.

No decimos que era ésta la concepción de RL en su folleto sobre la huelga de masas. Para ella, la quiebra del método sindicalista aún se podía corregir y esto aún se podía comprender entonces, cuando los sindicatos aún no se habían convertido en los simples agentes del capital que son hoy. El último capítulo del folleto surgiere que la subordinación de los sindicatos a la dirección del partido socialdemócrata podía frenar las tendencias reaccionarias. Pero estas tendencias eran incorregibles.

RL también veía el surgimiento en masa de sindicatos durante las huelgas de masas en Rusia como un resultado sano y natural de la ola de luchas. Pero hoy, cuando ya sólo la autoorganización es capaz de desarrollar verdaderas luchas, podemos darnos cuenta de que esa visión comprensible era, en los hechos, la repetición de una tradición rápidamente superada. Además, RL considera al soviet de Petrogrado de 1905 como una organización complementaria de los sindicatos. En realidad, la historia ha demostrado que estas dos formas eran antagónicas. Los consejos obreros iban a ser expresión de la época de huelgas de masas y de revoluciones. Los sindicatos eran los órganos de la era de las luchas obreras defensivas y localizadas. No es una casualidad si el primer consejo obrero surge en los surcos abiertos por las huelga de masas en Rusia. Estos órganos, creados por y para la lucha, con delegados elegidos y revocables, además de poder reagrupar a todos los obreros en lucha, podían centralizar todos los aspectos del combate económico y político, ofensivo y defensivo, en la ola revolucionaria. Fue el consejo obrero, anticipando la estructura y la meta de los futuros comités de huelga y asambleas generales, lo que por naturaleza, estaba más en conformidad con la dirección y los  objetivos de la huelga de masas en Rusia.

Aunque resultaba indispensable para RL el sacar todas las lecciones para la acción de la clase obrera en el nuevo período abierto con el nuevo siglo, los revolucionarios hoy día le deben la comprensión de las consecuencias para la organización de la huelga de masas. La de mayor importancia es que la huelga de masas y los sindicatos son, por esencia, antagónicos, consecuencia implícita aunque no esté explícita en el folleto de RL.

Las condiciones objetivas de la lucha de clases
en el periodo de decadencia del capitalismo

Hemos de tratar de comprender cómo aplicar al análisis de RL para el período actual de la lucha de clases, para ver hasta qué punto la lucha proletaria en el período de decadencia del capitalismo, confirma o contradice las líneas generales de la huelga de masas tales y como las analizó ella.

El período desde 1968 expresa el punto de culminación de la crisis permanente del capitalismo, la imposibilidad de expansión del sistema, la aceleración de los antagonismos interimperialistas; cuyas consecuencias amenazan a toda la civilización humana.

En todas partes, el Estado, con la terrible extensión de su arsenal represivo, toma a cargo suyo los intereses de la burguesía. Frente a él, encuentra a una clase obrera que aunque debilitada numéricamente con relación al resto de la sociedad desde los años 1900, está aún más concentrada, y cuyas condiciones de existencia se han ido igualando en todos los países hasta un grado sin precedentes. A nivel político, la “ruina de la democracia burguesa” es tan evidente que apenas si puede ocultar su verdadera función de cortina de humo del terror de Estado capitalista.

¿De qué modo corresponden las condiciones objetivas de la actual lucha de clases a las condiciones de la huelga de masas descritas por RL?. Su identidad reside en que las  características del actual período constituyen el punto más agudo alcanzado por las tendencias del desarrollo capitalista, que  empezaban a prevalecer en los años 1900.

Las huelgas de masas de los primeros años de este siglo eran una respuesta al final de la era de ascendencia capitalista y al amanecer de las condiciones de la decadencia del capitalismo.

Si se tiene en cuenta que estas condiciones han llegado a ser absolutamente patentes y crónicas hoy día, se puede pensar que lo que objetivamente impulsa hacia la huelga de masas es mil veces más amplio y fuerte hoy que hace 80 años.

Los “resultados generales del desarrollo capitalista internacional” que, para RL, eran la raíz del surgimiento histórico de la huelga de masas, no han dejado de madurar desde principios del siglo. Hoy día, resultan más evidentes que nunca.

Claro está, las huelgas de masas que describió RL no se producían estrictamente en el período de decadencia capitalista definido, en general, por los revolucionarios. Sabemos que la fecha de 1914 marca la época vital de la entrada del capitalismo en su fase senil  para las posiciones políticas que de ello derivan, que el estallido de la  primera guerra mundial fue la confirmación del callejón sin salida económico de los 10 años anteriores. 1914 fue una prueba irrefutable de que las condiciones económicas, sociales y políticas de la decadencia capitalista, estaban, a partir de entonces, plena y verdaderamente reunidas.

En este sentido, las nuevas condiciones históricas que hicieron surgir la huelga de masas al primer plano siguen estando vigentes hoy. De lo contrario, habría que demostrar en qué las condiciones con las que se enfrenta la infraestructura del capitalismo son diferentes de la que existían hace 80 años. Y resultaría muy difícil demostrarlo,  pues las condiciones del mundo en 1905 (agudización de las contradicciones interimperialistas y despliegue de los enfrentamientos generalizados de clase) están hoy más presentes que nunca. ¡La primera década del siglo XX no fue, ni mucho menos, el apogeo del capitalismo! . El capitalismo ya  era algo superado y se estaba encaminando hacia el ciclo crisis-guerra mundial-reconstrucción-crisis: “…la presente revolución rusa ocurre en un punto histórico que ya  ha pasado la cumbre, que está DEL OTRO LADO del  punto álgido de la sociedad capitalista”.¡Cuánta perspicacia en cuanto a las fases de ascendencia y de decadencia del  capitalismo por parte de ésta revolucionaria en 1906!

La huelga de masas y el periodo de revolución

Así pues, la huelga de masas es el resultado de las circunstancias del capitalismo en decadencia. Pero, para RL, las causas materiales que en última instancia fueron responsables de la huelga de masas no son completamente suficientes para explicar porqué este tipo de combate surgió en ese momento. Para ella, la huelga de masas es el producto del período revolucionario. El  período de decadencia abierta del capitalismo ha de coincidir con el movimiento ascendente y no derrotado de la clase, para que ésta sea capaz de utilizar la crisis como palanca para poner por delante sus propios intereses de clase gracias a la huelga de masas. Y a la inversa, tras una serie de derrotas decisivas, las condiciones de la decadencia van a tender a reforzar la pasividad del proletariado más que a engendrar huelgas de masas.

Esto permite explicar por qué el período de huelga de masas desaparece a mediados de los años 20 y por qué sólo ha vuelto a surgir recientemente, en el período actual, desde 1968.

¿Entonces, lleva el período actual a una revolución como en los años 1896-1905 en Rusia?. Sí, sin lugar a dudas.

1968 marcó el fin de la contrarrevolución y abrió una época que desemboca en enfrentamientos revolucionarios, no sólo en un país, sino en el mundo entero. Se puede decir que, a pesar de que 1968 marcó el final de la era de la derrota proletaria, sin embargo, todavía no estamos en un período revolucionario. Esto es verdaderamente cierto si por “período revolucionario” se entiende únicamente el período de doble poder y de insurrección  armada. Pero RL daba a “período revolucionario” un sentido mucho más  amplio. Para ella, la revolución rusa no empezó en la fecha oficial del 22 de Enero de 1905; traza sus orígenes a partir de 1896 (nueve años antes) es decir partir del año de las grandes huelgas de San Petersburgo. La época de la insurrección abierta de 1905 era para RL el punto de culminación de  un largo período de revolución de la clase obrera rusa.

En realidad, es la única manera de interpretar de manera coherente el concepto de “período revolucionario”. Si una revolución consiste en que una clase ejerce el poder a expensas de la antigua clase dominante, entonces el hundimiento subterráneo  de la antigua relación de fuerzas entre clases a favor de la clase revolucionaria es una parte vital del período revolucionario en el momento de la lucha abierta, de los choques militares, etc… Esto no significa que estos dos aspectos del período revolucionario sean exactamente lo mismo (1896 – 1905), sino que no se les puede separar arbitrariamente y oponer la fase de insurrección abierta a la fase preparatoria.

De hacerlo, seriamos incapaces de explicar por qué RL data el principio del movimiento de huelgas de masas en Rusia en 1896, o por qué da numerosos ejemplos de huelgas de masas en países en donde ninguna insurrección se produjo entonces.

Y además, la muy conocida afirmación de RL que dice que la huelga de masas era “la idea de adhesión” a un movimiento que había de “durar décadas” resultaría incomprensible si sólo se considera el período de insurrección en sí mismo como responsable de la huelga de masas.

Claro está, en el momento del derrumbamiento de la antigua clase dominante, las huelgas de masas llegarán a su máximo desarrollo, pero esto no contradice en absoluto el que el período de huelga de masas empieza cuando se abre por vez primera la perspectiva de la revolución. Para nosotros, esto significa que la época actual de huelgas de masas se inicia en 1968.

La dinámica  de la lucha actual

Ya hemos dicho que el contenido fundamental de la lucha proletaria sigue siendo el mismo pero que se expresa diferentemente según el período histórico. La tendencia de los diferentes aspectos de esta lucha (la tentativa de limitar la explotación y la de abolirla) a fundirse en las huelgas de masas, tendencia que describió  RL, está hoy impulsada por las mismas necesidades materiales que hace 80 años. La naturaleza que caracteriza a la lucha de estos 12 últimos años (es decir lo que diferencia la lucha desde 1968 de la lucha de los 40 años anteriores) consiste en la constante interacción de la defensiva y de la ofensiva, fluctuación entre enfrentamiento económico y político.

No se trata de que sea necesaria la existencia de un plan consciente por parte de la clase obrera; es el resultado del hecho de que tratar, aunque sólo sea, de preservar el nivel de vida, es algo cada día más imposible hoy. Por eso es por lo que todas las huelgas tienden a convertirse en una batalla por sobrevivir, “huelgas que van ampliándose, cada vez más frecuentes, que en su mayor parte se acaban sin victoria definitiva de ningún tipo, pero que, a pesar de ello o  a causa de ello, tienen mayor significado en tanto que explosiones de intensas y profundas contradicciones que surgen en el terreno político” (“Theory and Practice”, panfleto de News and Letters).

Son las condiciones de crisis abierta las que, como en los años 1900, ponen en primer plano la dinámica de la huelga de masas y empiezan a concentrar los diferentes aspectos de la lucha de la clase obrera.

Pero quizás, al describir la fase actual como un período de huelgas de masas, estemos en un error. ¿No han sido la mayoría de las luchas de estos doce últimos años convocada, llevada y acabadas por los sindicatos? ¿no significa esto que las luchas actuales son sindicales, que las motivan intereses estrictamente defensivos y económicos sin vínculo con el fenómeno de la huelga de masas?. Además de que las más significativas luchas de estos últimos años han quebrantado el encuadramiento sindical, semejante conclusión no conseguiría tomar en cuenta una característica básica de la lucha de clases en el período de decadencia del capitalismo: en cada huelga que parece controlada por los sindicatos, hay DOS fuerzas de clase en acción. En todas las huelgas controladas por los sindicatos hoy día, es un combate verdadero, aunque quede todavía oculto, el que se  está llevando entre los obreros y sus mal llamados representantes, los burócratas sindicales de la burguesía. Así pues, bajo el capitalismo decadente, los obreros tienen una doble mala suerte: no solo sus adversarios patentes como patronal y los partidos de derechas son sus enemigos, sino que también lo son sus supuestos amigos, los sindicatos y todo los que a éstos apoyan.

Hoy día, los obreros están impulsados por la crisis y la confianza que están tomando en sí mismos en tanto que clase invicta, a plantearse el problema de las limitaciones de la pura defensa económica y sectorial que quieren imponerles en sus luchas. La tarea de los sindicatos consiste en mantener el orden en la producción y acabar con las huelgas. Las organizaciones capitalistas procuran sin cesar desviar a los obreros hacia los callejones sin salida del sindicalismo. La lucha entre los sindicatos y el proletariado, a veces lucha abierta, pero más a menudo aún oculta, no es fundamentalmente una consecuencia de planes conscientes por parte de los obreros o de los sindicatos,  sino un resultado de causas económicas objetivas que, en último, les obligan a actuar a uno en contra de los otros.

Por consiguiente, el motor de la lucha de clases actual no se ha de buscar en la cantidad de ilusiones que los obreros tienen puestas en los sindicatos en un momento dado, ni en las más radicales acciones de los sindicatos para ajustarse a la lucha en un momento dado, sino en la dinámica de los intereses de clase antagónica de los obreros y de los sindicatos.

Este mecanismo interno del período que conduce a enfrentamientos revolucionarios,  con la fuerza y claridad crecientes de la intervención comunista, revela a los obreros la naturaleza de la lucha que ya han emprendido, mientras que la tentativa de los sindicatos para a la vez mistificar a los obreros y defender la economía capitalista que  se hunde cada día más en la bancarrota, llevará a los obreros a destruir en la práctica esos órganos de la burguesía.

Resultaría un desastre para aquel que se dice revolucionario el juzgar la dinámica de la lucha de los obreros según su apariencia sindicalista, como  lo hacen todas las variantes de la opinión burguesa. La condición previa para resaltar y clarificar las posibilidades revolucionarias de la lucha obrera reside evidentemente en reconocer que estas posibilidades existen verdaderamente. No es pura casualidad si el verano polaco de 1980, momento más álgido en  el período  actual de huelgas de masas desde 1968, ha revelado claramente la contradicción entre la verdadera fuerza de la lucha de los obreros y la del sindicalismo.

La oleada de huelgas en Polonia ha abarcado literalmente a la masa de la clase obrera en ese país, afectando a todas las industrias y actividades. A partir de puntos dispersos y de causas diferentes al principio, el movimiento se ha ido fundiendo, a través de huelgas de apoyo y acciones de solidaridad, en una huelga general contra el Estado capitalista. Los obreros empezaron a tratar de defenderse por sí mismo contra el racionamiento y la subida de precios. Frente a un Estado brutal, intransigente y a una economía nacional en quiebra total, el movimiento pasó a la ofensiva y desplegó objetivos políticos. Los obreros rechazaron los sindicatos y crearon sus organizaciones propias: las asambleas generales y los comités de huelga para centralizar su lucha, encaminando así la enorme energía de la masa proletaria. Es un ejemplo sin comparación de la huelga de masas.

El que la reivindicación de los sindicatos libres haya llegado a ser predominante en los objetivos de la huelga, el que los MKS (comités de huelgas interempresas) se hayan autodisuelto para abrir el camino al nuevo sindicato “Solidaridad”, no pueden ocultar la verdadera dinámica de millones de obreros polacos que hicieron temblar a la clase dominante.

Históricamente, el punto de partida para la actividad revolucionaria en 1981 consiste en reconocer que la huelga de masas en Polonia es anunciadora de futuros enfrentamientos revolucionarios, al mismo tiempo que se reconocen las inmensas ilusiones que aún tienen hoy los obreros en el sindicalismo. Los acontecimientos de Polonia le han atizado un duro palo a la teoría según la cual la lucha de clases de nuestra época es sindicalista, a pesar de las impresiones  producidas por apariencias superficiales.

Pero, si una teoría pretende que la lucha de la clase, por naturaleza, es una lucha trade-unionista, hasta en sus más altos momentos, otra teoría consiste en que estos momentos más altos que se expresan en la  huelga de masas, son un fenómeno excepcional, totalmente distinto en sus características de los episodios menos dramáticos de la lucha de clases. Según esta suposición, en la mayoría de los casos, la lucha de los obreros es simplemente defensiva y economicista y por ello cae orgánicamente bajo la égida de los sindicatos, mientras que, otras veces, en casos aislados como Polonia, los obreros pasan a la ofensiva, poniendo en primer plano reivindicaciones políticas, reflejando un objetivo que sería diferente. Además de su incoherencia -al implicar que la lucha proletaria puede ser sindicalista (es decir capitalista), o proletaria en diferentes momentos –esta visión cae en la trampa de la separación entre los diferentes aspectos de la huelga de masas – ofensiva-defensiva, económica-política y así, como lo decía RL, socava la esencia viva de la huelga de masas y la vacía de su contenido global. En el período de huelga de masas cualquier lucha defensiva, aunque sea modesta, contiene el germen o la posibilidad de un movimiento ofensivo, y cualquier lucha ofensiva se basa en la constante necesidad para la clase de defenderse. La interconexión entre lucha económica y política es idéntica.

Pero la visión que separa estos aspectos interpreta la huelga de masas de manera aislada –como una huelga con masas de gente que surgen de un golpe –como resultado fundamentalmente de circunstancias coyunturales, tales como la debilidad de los sindicatos en tal país o la mejora de tal o cual economía. Esta visión solo ve la huelga de masas como una ofensiva ligada a un asunto político, subestimando el hecho de que este aspecto de la huelga de masas se nutre de las huelgas defensivas, localizadas y económicas. Ante todo, este punto de vista no ve que hoy estamos viviendo en un período de huelga de masas, provocado no por condiciones locales o temporales, sino por la situación general de la decadencia capitalista que existe en cualquier país.

Sin embargo, el que algunos de los ejemplos de huelga de masas más significativos tuvieran lugar en países atrasados y del bloque del Este, parece acreditar la idea de la naturaleza excepcional de este tipo de luchas, igual que el surgimiento de la huelga de masas en Rusia en los años 1900 parecía justificar la visión según la cual no se vería surgir en Occidente.

La respuesta que dio RL a la idea de exclusividad rusa de la huelga de masas, aún sigue siendo perfectamente válida para hoy día. Admitía que la existencia del parlamentarismo y del sindicalismo por el Oeste podía por cierto tiempo frenar el impulso hacia la huelga de masas, pero no eliminarlo, porque ésta ha surgido de las bases mismas del desarrollo capitalista internacional. Si la huelga de masas en Alemania y otra partes tomó más un carácter “oculto y latente”, que un carácter práctico y activo como en Rusia, esto no puede ocultar que la huelga de masas es un fenómeno histórico e internacional. Este argumento se aplica hoy a la idea de que la huelga de masas no puede surgir en el Oeste. Es verdad que Rusia en 1905 representó un enorme paso cualitativo en el desarrollo de la lucha de clases igual que la Polonia de 1980 hoy.

Pero también es verdad que esos puntos fuertes, como en Polonia, están íntimamente ligados a las manifestaciones “oculta y latentes” de la huelga de masas en el Oeste, porque surge a raíz de la mismas causas y se enfrenta con los mismos problemas. Así  pues, aunque el parlamentarismo y los sofisticados sindicatos del Oeste puedan reprimirla, esas tendencias que estallan en enormes huelgas de masas como en Polonia no han desaparecido. Al contrario, las huelgas de masas a cielo abierto que, hasta hora, han sido contenidas en Occidente, habrán acumulado tanta más fuerza en cuanto se hayan derribado los obstáculos. En resumidas cuentas, es el nivel de las contradicciones del capitalismo lo que determinará la amplitud de la futura huelga de masas: “(… )cuanto más desarrollado esté el antagonismo  entre capital y trabajo, más efectivas y decisivas habrán de ser las huelgas de masas”.

Más que por una ruptura total y brutal con las luchas económicas y defensivas contenidas por los sindicatos, los saltos cualitativos de la conciencia, de la autoorganización de la huelga de masas progresarán en una espiral acelerada de las luchas obreras. Las fases ocultas y latentes de la lucha, que a menudo ocurrían después de confrontaciones abiertas, como pasó en Polonia, seguirán fertilizando los futuros estallidos. El movimiento fluctuante de avances y retrocesos, de ofensiva y de defensiva, de dispersión y de generalización, se irán volviendo más intensos, en relación con el creciente impacto de la austeridad y de la amenaza de guerra. Finalmente, “(…) en la tormenta del período revolucionario, el terreno perdido se vuelve a ganar, las desigualdades  se igualan y el paso de conjunto del progreso social cambia, duplica de golpe su avance”.

Sin embargo, si hemos presentado la posibilidad objetiva de la evolución de la huelga de masas, no se debe olvidar que los obreros tendrán que volverse más y más conscientes de la lucha que han emprendido para llevarla a su victoriosa conclusión. Resulta especialmente vital en lo que se refiere a los sindicatos, que se han ido adaptando durante este siglo para contener la huelga de masas. No es aquí donde se van a examinar todos los medios de adaptación que pueden utilizar los sindicatos; mencionaremos que generalmente toman las formas de falsos sustitutos para las verdaderas cuestiones: apariencia de generalización de las luchas, tácticas radicales sin la menor eficacia, reivindicaciones políticas para apoyar al payaso de turno en el circo parlamentario.

El desarrollo victorioso de la huelga de masas dependerá en última instancia de la capacidad de la clase obrera para vencer a la “quinta columna” que son hoy los sindicatos, igual que a sus enemigos “abiertos” como la policía, la patronal, los políticos, etc….

Pero el objetivo de este texto no consiste en definir los obstáculos de la conciencia  en el camino que lleva hacia la cumbre victoriosa de la huelga de masas. Consiste más bien en trazar las posibilidades objetivas de la huelga de masas hoy, a escala de la necesidad y de la organización económica.

Las formas de la lucha de clases hoy

El período de huelgas de masas tiende a quebrantar los sindicatos a largo plazo. La forma aparente de la lucha de clases moderna –la forma  sindicalista- sólo es eso, una apariencia. La verdadera meta de la lucha no corresponde a la función de los sindicatos sino que obedece a causas objetivas que impulsan a la clase en la dinámica de la huelga de masas. Entonces, ¿cuál es la forma adecuada, la más apropiada a la huelga de masas en nuestra época?: es la asamblea general de los obreros en lucha y sus comités elegidos y revocables.

Sin embargo, esta forma, que está animada del mismo espíritu que los soviets mismos, es la excepción y no la regla de la organización de la mayoría de las luchas de obreros hoy. Sólo es en el nivel más alto de la lucha que surgen asambleas generales y comités de huelga fuera del control sindical. Y hasta en estas situaciones, como en Polonia 1980, las organizaciones de los obreros a menudo acaban por sucumbir ante el sindicalismo. Pero no se pueden explicar estas dificultades de las presentes luchas afirmando que, a veces, son trade-unionistas, y otras que están llevadas a cabo por la dirección de la autoorganización proletaria. La única interpretación coherente  de los hechos consiste en que es difícil el surgimiento de la verdadera autoorganización obrera.

En este dominio, la burguesía tiene las siguientes ventajas: todos sus órganos de poder, económicos, social, militares, político e ideológicos ya están instalados de manera permanente, probados y comprobados desde hace décadas y décadas. Particularmente los sindicatos tienen la ventaja de desviar la confianza de los obreros gracias al recuerdo histórico de su naturaleza obrera, antaño. Los sindicatos también tienen una estructura organizativa permanente en el seno de la clase obrera. El proletariado sólo ha surgido hace poco de la más profunda derrota de su historia, sin ninguna organización permanente para protegerle. !Cuán difícil es entonces para el proletariado encontrar la forma más apropiada a su lucha! .Apenas el descontento ha levantado la cabeza, ya están los sindicatos para “encargarse de él” con la complicidad de todos los representantes del orden capitalista.

Además, los obreros no se ponen a luchar hoy para realizar ideales, para combatir deliberadamente a los sindicatos, sino por objetivos muy prácticos e inmediatos –para tratar de preservar sus medios de vida. Por eso es por lo que, en la mayoría de los casos hoy día, los obreros aceptan la autoproclamada “dirección” de los sindicatos. No ha de extrañar el que es principalmente cuando los sindicatos no existen o cuando están abiertamente en contra de las huelgas cuando surge la forma de la asamblea general.

Es únicamente después de repetidos enfrentamientos con lo sindicatos, en el contexto  de una crisis económica mundial y con el desarrollo en fuerza de la huelga de masas, el modo como la forma de la asamblea general se convertirá verdaderamente en la característica general y no en la excepción que sigue siendo aún en la presente etapa de la lucha de clases. En Europa del Oeste, esto significará el comienzo de los enfrentamientos con el Estado.

A pesar de esto, los obreros se enfrentarán con otros problemas aún cuando el control consciente elemental de su lucha ya haya dado un enorme impulso en el amino de la revolución. La presencia permanente de los sindicatos a nivel nacional seguirá siendo una enorme amenaza permanente para la clase.

Al no ser la huelga de masas un simple acontecimiento, sino la idea de adhesión a un movimiento que se extiende durante años, su forma, en tanto que resultado, no surgirá inmediatamente, a la perfección, de manera completamente madura. Tomará formas que responderán al ritmo acelerado del período de huelgas de masas, salpicado de saltos cualitativos en la autoorganización, así como de retrocesos parciales y recuperaciones, sometidos al fuego constante de los sindicatos, pero ayudados por la intervención clara de los revolucionarios. Más que cualquier otra, la ley histórica del movimiento de la lucha de clases hoy día no reside en su forma sino en las condiciones objetivas que la impulsan. La dinámica de la huelga de masas “no reside en la huelga de masas misma ni en sus detalles técnicos, sino en las dimensiones sociales y políticas de las fuerzas de la revolución”.

¿Significa esto que la forma de la lucha de clases no tiene importancia hoy, que no tiene importancia sí los obreras se  quedan dentro del marco sindical? En absoluto. Aunque el motor de estas acciones sigue siendo el interés económico, estos intereses sólo se pueden analizar gracias al necesario nivel de conciencia y de organización. Y el interés económico de la clase obrera - acabar con la explotación - requiere un grado de autoorganización y de conciencia jamás realizado por cualquier otra clase en la historia. Por consiguiente, armonizar su conciencia subjetiva con sus intereses económicos es la tarea primordial del proletariado.

Este artículo ha tratado de demostrar que el movimiento de Polonia en el verano de 1980 no era un ejemplo aislado del fenómeno de la huelga de masas, sino más bien la más alta expresión de una tendencia internacional general en la lucha de clases proletaria cuyas causas objetivas y dinámica esencial fueron analizadas por RL hace 75 años.

F.S.