Un año de luchas obreras en Polonia

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Las luchas obreras en Polonia representan el mayor movimiento del proletariado mundial desde hace más de medio siglo. Tras un año de combates, el balance es rico de enseñanzas para la clase obrera de todos los países y también para sus sectores más adelantados, los grupos revolucionarios. El objetivo de este artículo es el de hacer resaltar unos elementos para ese balance, así como despejar perspectivas. ¿Por qué limitarnos a "unos" elementos?. La razón es que

Las luchas obreras en Polonia representan el mayor movimiento del proletariado mundial desde hace más de medio siglo. Tras un año de combates, el balance es rico de enseñanzas para la clase obrera de todos los países y también para sus sectores más adelantados, los grupos revolucionarios. El objetivo de este artículo es el de hacer resaltar unos elementos para ese balance, así como despejar perspectivas. ¿Por qué limitarnos a "unos" elementos?. La razón es que esta experiencia del proletariado tiene tanta importancia y riqueza que no se puede tratar totalmente en el marco de un único artículo. Por otro lado, la situación creada en Polonia es tan nueva en ciertos de sus aspectos y sigue evolucionando con tal rapidez, que exige por parte de los revolucionarios la mayor apertura intelectual, mucha prudencia y humildad en cuanto a los juicios concernientes al porvenir del movimiento.

UN BALANCE QUE CONFIRMA LAS POSICIONES DE LA IZQUIERDA COMUNISTA

La historia del movimiento obrero es muy larga. Cada una de sus experiencias es un paso más en el camino empezado ya hace más de dos siglos. En ese sentido, si cada nueva experiencia se confronta a condiciones y circunstancias inéditas, una de las características del movimiento es que necesita en cada una de sus etapas para poder ir más allá, volver a descubrir los métodos y enseñanzas que ya fueron suyos en el pasado.

En el siglo pasado y en los primeros años del nuestro, estas enseñanzas del pasado formaban parte de la vida cotidiana de los proletarios, gracias en parte a la actividad y propaganda de sus organizaciones, sindicatos y partidos obreros. La entrada de capitalismo en una nueva fase de su existencia su decadencia obligó al movimiento de la clase a adaptarse a las condiciones recién creadas: la revolución de 1905 en el imperio ruso es la primera experiencia de la nueva época de la lucha de clases, la que debe concluirse por el derrumbamiento violento del capitalismo y por la toma del poder por parte del proletariado mundial. Ese movimiento de 1905 fue rico de enseñanzas para los combates siguientes, más particularmente para la ola revolucionaria que va de 1917 a 1923. Hizo descubrir al proletariado dos instrumentos esenciales de su lucha en el período de decadencia del capitalismo: la huelga de masas y la autoorganización en Consejos Obreros.

Por desgracia, si las enseñanzas de 1905 estaban presentes en la memoria de los obreros rusos en 1917, si el ejemplo de Octubre 1917 iluminó los combates del proletariado en Alemania, en Hungría, en Italia y en cantidad de países entre 1918 y 1923, hasta en China en 1927, el período que siguió atravesó una situación bien diferente. En efecto, la ola revolucionaria que acabó con la primera guerra mundial dejó sitio a la más profunda y larga contrarrevolución de toda la historia del movimiento obrero. Todas las enseñanzas de las luchas del primer cuarto del siglo XX han sido progresivamente olvidadas, salvo por unos pequeños grupos que han sido capaces de conservar y defenderlas contra viento y marea: los grupos de la izquierda comunista (la Fracción de izquierdas del partido comunista de Italia, el KAPD, los Comunistas internacionalistas de Holanda y los núcleos que políticamente se han acercado a esas corrientes).

Lo que más se destaca de los acontecimientos de Polonia, es decir de la mayor experiencia del proletariado mundial desde la reanudación histórica de sus combates a finales de los años 60, es la deslumbrante confirmación de las posiciones defendidas por la izquierda comunista durante decenas de años. Ya se trate de la naturaleza de los países llamados "socialistas", del análisis del período actual de la vida del capitalismo, del papel de los sindicatos, de las características del movimiento obrero en este período y del papel de los revolucionarios en ese movimiento, las luchas obreras en Polonia han sido una viva verificación de la exactitud de esas posiciones progresivamente elaboradas por las diferentes corrientes entre las dos guerras y que iban a encontrar su formulación más sintética y completa con la Izquierda comunista de Francia (quién publicó "Internationalisme" hasta 1952) y hoy en día con la CCI.

1. La naturaleza de los países llamados "Socialistas"

No todas las corrientes de la izquierda comunista han sabido analizar con la misma lucidez y prontitud la naturaleza de la sociedad que se estableció en URSS tras la derrota de la ola revolucionaria de la primera posguerra, y la degeneración del poder surgido de la revolución de Octubre en Rusia. La izquierda italiana habló durante años de "Estado obrero", mientras que ya desde los años 20, las izquierdas alemanas y holandesas habían analizado esa sociedad como "capitalismo de Estado". Pero el mérito común a todas las corrientes de la izquierda comunista ha sido afirmar claramente que el régimen político de la URSS era contrarrevolucionario, explotador del proletariado como cualquier otro capitalismo, que no había nada que defender en él y que la consigna de "defensa de la URSS" no era ni más ni menos que una bandera de adhesión a la participación a una nueva guerra imperialista; lo tuvieron que afirmar a pesar y en contra del estalinismo, claro está, y también del trotskismo.

Desde entonces, para el conjunto de las corrientes de la izquierda comunista, queda perfectamente claro el carácter capitalista de la sociedad en Rusia y en los demás países llamados "socialistas". Esta idea se generaliza tan rápidamente hoy en la clase obrera mundial que hay socialdemócratas que ni vacilan ya en atreverse a hablar de "capitalismo de Estado" cuando hablan de esos países, con el fin de ganarle la partida a los estalinistas e intentar preparar a los obreros para la defensa del Occidente capitalista ¡cómo no!, pero democrático y en contra del bloque del Este capitalista y totalitario.

En contra de las mistificaciones que estalinistas y trotskistas siguen alimentando en cuanto a la verdadera naturaleza de clase de esos gobiernos, la lucha de la clase obrera en Polonia es un arma decisiva. Esa lucha deja bien patente para los obreros del mundo entero que en el "socialismo real" del Este, como en todas partes, la sociedad está dividida en clases irreconciliables, que también existen explotadores que gozan de privilegios semejantes a los que tienen los explotadores en Occidente y también explotados que sufren una miseria y opresión crecientes a medida que va hundiéndose la economía mundial; denuncian con violencia las pretendidas "conquistas" obreras, que jamás vieron los obreros, salvo en los discursos de la propaganda oficial; demuestran la triste realidad de los "méritos" de la "economía planificada" y del "monopolio del comercio exterior" tan cantados por los trotskistas: esas grandes "conquistas" no han impedido la desorganización y el endeudamiento de la economía polaca. Y además, por sus métodos, y objetivos, esas luchas prueban prácticamente que la lucha proletaria es la misma en todos los países, porque se enfrenta en todas partes al mismo enemigo: el capitalismo.

La estocada aplicada por los obreros polacos a las mistificaciones en cuanto a la verdadera naturaleza de los llamados "países socialistas" es de grandísima importancia para la lucha del proletariado mundial, aunque la "estrella del socialismo real" haya perdido bastante de su brillo estos últimos años. En efecto, la mentira de la "URSS socialista" fue básica en la ofensiva contrarrevolucionaria del capitalismo antes y después de la Segunda Guerra Mundial, ya fuera para desviar las luchas proletarias hacia la "defensa de la patria socialista", ya con el fin de asquear a los obreros y hacerles dar la espalda a cualquier lucha o perspectiva revolucionaria.

Para poderse concluir, el movimiento revolucionario, cuyos signos precursores aparecen hoy, tendrá que tener muy claro que se enfrenta al mismo enemigo en todos los países, que no hay la más mínima traza de "bastión obrero", aún degenerado, por el mundo. Las luchas de Polonia le han permitido dar un gran paso adelante en ese sentido.

2. El actual período de la vida del capitalismo

La izquierda comunista, que se desprendió de la Internacional Comunista (IC) a lo largo de los años 20; siguió analizando el período abierto por la primera guerra mundial como el de la decadencia del capitalismo, en el cual sólo puede sobrevivir el sistema a través de un círculo infernal de crisis aguda, guerra, reconstrucción, nueva crisis .....

A pesar de todas las ilusiones en un "capitalismo ya liberado de las crisis" que los premios Nóbel de economía y compadres han podido propalar gracias a la reconstrucción de la última posguerra, la crisis golpea desde hace ya diez años a todos los países, permitiendo que tome cuerpo la Posición clásica del marxismo. La tesis de la estatalización de la economía como remedio a la crisis, sin embargo, ha sido durante largo tiempo defendida por los ideólogos de la izquierda, y ha tenido cierto éxito en sectores de la clase obrera. Pero ese remedio puede ser peor que la enfermedad misma, eso es lo que demuestran también las luchas obreras en Polonia, poniendo en evidencia el deterioro de la economía nacional. La quiebra en la cual se hunde el modelo capitalista oriental no tiene nada que ver con "la jugadas de los grandes monopolios" y demás "multinacionales". La quiebra de los modelos totalmente estatalizados es la prueba evidente que no es tal o cual forma, de capitalismo la que es caduca y podrida. Es el modo de producción capitalista global lo que se descompone y ya es hora de que deje el sitio a otro de producción.

3. La naturaleza de los sindicatos

Una de las más importantes lecciones de las luchas en Polonia se refiere al papel y naturaleza de las organizaciones sindicales que ya hicieron resaltar las izquierdas alemana y holandesa.

Esa luchas demostraron que la clase obrera no necesitan sindicatos para emprender el combate masivo y determinadamente. Los sindicatos que existían en Agosto de 1980 en Polonia no eran más que los auxiliares serviles del Partido gobernante y de la policía. Fue desde fuera y en contra de los sindicatos que la clase obrera emprendió la lucha en Polonia, dotándose de órganos de lucha, los MKS (comités de lucha basados en las asambleas generales y sus delegados elegidos y revocables), durante la lucha y no de manera previa.

Todo el trabajo de "Solidaridad" desde su principio demuestra que, aunque "Libre", "independiente" y beneficiando de la confianza de los trabajadores, los sindicatos no son más que los enemigos de la lucha de la clase. La experiencia que viven hoy en día los obreros polacos está preñada de enseñanzas para el proletariado mundial. Prueba de manera viva que no es solo a causa de la burocratización o de los dirigentes sospechosos por lo que la clase obrera se enfrenta a los sindicatos en todos los países del mundo. Desmiente que la clase obrera tenga que inventar nuevos sindicatos para escapar a las taras de los viejos, y destruye la idea que afirma que la lucha de clases les puede dar una vida proletaria. Recién nacidos en la lucha, teniendo a su cabeza a los principales dirigentes de la huelga de Agosto del 1980, el nuevo sindicato es incapaz de ir más allá que los antiguos y hace lo que hacen todos los sindicatos del mundo: sabotean las luchas, desmovilizan y asquean a los obreros, arrinconan el descontento en mitos "autogestionarios" y demás defensas de la economía nacional. Y aquí no se trata de "dirigentes sospechosos" o "incapaces" ni de "ausencia de democracia": la estructura sindical, es decir la organización permanente basada en la defensa de los intereses inmediatos de los trabajadores, no puede mantenerse al lado de la clase obrera. En el capitalismo decadente, época en la cual ya no son posibles las reformas duraderas en un sistema en putrefacción en el cual el estado tiende a integrarlo todo en su seno, a semejante estructura no le queda otro remedio que ser aspirada por el Estado, haciéndose un instrumento de su defensa y del capital nacional. Esa estructura se da los dirigentes y resortes que mejor corresponden a su función. El mejor militante obrero se transformará en un jefe sindical cualquiera en cuanto acepte ejercer un puesto en el aparato. La mayor democracia formal, tal como la que en principio se practica en "Solidaridad", nunca podrá impedir que un Walesa negocie directamente con las autoridades sobre las condiciones y modalidades de sabotaje de las luchas, pasándose la vida yendo de "bombero volante" por toda Polonia, en cuanto se prende cualquier incendio social.

El balance de un año de luchas en Polonia es claro. Nunca la clase obrera ha podido ser tan fuerte como antes de la llegada de los sindicatos, cuando eran las asambleas obreras quiénes tenían la entera responsabilidad del movimiento, quienes elegían, controlaban y hasta revocaban los delegados mandados a los órganos centralizadores del movimiento.

Desde entonces, la creación y el desarrollo de "Solidaridad" han permitido que los obreros sean incapaces de organizar una réplica fuerte y unificada contra la agravación de sus condiciones de existencia mucho más tremenda que la que provocó las huelgas del verano 1980. "Solidaridad" ha logrado hacer aceptar lo que los sindicatos del régimen estalinista no podían; ha logrado imponer: el alargamiento de la semana laboral (renunciando a los "sábados libres"), la triplicación del precio del pan, aumentos masivos de los precios de otros productos de primera necesidad y una penuria cada día menos soportable. "Solidaridad" ha logrado conducir a los obreros polacos hacia el atolladero de la autogestión que rechazaban éstos el año pasado, lo cual los llevará a nombrar ellos mismos aquellos que se encargarán de organizar su explotación (siempre y cuando sea compatible con las orientaciones del partido en el poder). "Solidaridad", por fin, al desmovilizar la menor lucha, ha preparado la actual ofensiva de las autoridades, la represión que están desencadenando y la censura sobre las luchas que están aplicando.

El proletariado polaco está hoy mucho más débil con su organización sindical "libre" en la cual "tiene confianza" que ayer, cuando no contaba con ningún sindicato que defendiera sus intereses. Y por muchas posibles "renovaciones" del sindicato que intenten hacer elementos más radicales que Walesa, eso no va a cambiar nada del asunto. El sindicalismo "de base" o "de lucha" ha dado sus pruebas en el mundo entero: su única función objetiva, sean cuales sean las intenciones de sus militantes, es la de volver a darle onda al nombre de un tipo de organización que no puede más que servir los intereses del capitalismo.

Esto es lo que ya afirman desde hace años las corrientes más lúcidas de la izquierda comunista. Esto es lo que tendrán que acabar por entender las corrientes comunistas que mantienen ilusiones dentro del proletariado sobre la posibilidad de dotarse de organizaciones de tipo sindicato, con explicaciones del tipo de "asociacionismo obrero" y demás parloteos.

Las luchas en Polonia, aunque hoy los obreros de este país estén bastante encerrados en la trampa de "Solidaridad", y precisamente por eso, han puesto el dedo en la llaga, en una de las patrañas más tenaces y peligrosas para el proletariado, la mistificación sindical. Les toca ahora a los proletarios y a los revolucionarios del mundo entero sacar las enseñanzas de ello.

4. Las características de las luchas actuales y el papel de los revolucionarios

En esta revista ya hemos tratado ampliamente ese tema (Huelgas de masas en Polonia 1980, n° 23; Notas sobre la huelga de masas, ayer y hoy, en este mismo número; El papel de los revolucionarios a la luz de los acontecimientos de Polonia n° 24), Por esta razón solo vamos a hacer resaltar dos puntos en este artículo:

  1. reanudando la lucha, el proletariado vuelve a hallar el arma de la huelga de masas;
  2. el desarrollo de la lucha en Polonia aclara la naturaleza de las tareas de los revolucionarios en el período actual de decadencia del capitalismo.

Fue Rosa Luxemburgo (véase artículo en este número[1]) quien en 1906, por primera vez, puso en evidencia las nuevas características del combate proletariado, y analizó en profundidad el fenómeno de la huelga de masas. Basaba su análisis en la experiencia de la revolución de 1905-1906 en Rusia y Polonia, donde ella vivía en aquellos momentos[2].

Por ironía de la historia, ha vuelto a ser en Polonia, y en el bloque imperialista ruso, en donde el proletariado ha vuelto a reanudar, con la mayor decisión, con ese método de lucha. No es totalmente debido a la casualidad. Como en 1905, el proletariado de esos países es de los que más sufren las contradicciones del capitalismo. Como en 1905, no existen en esos países estructuras sindicales o "democráticas" capaces de servir de tope ante el descontento y la combatividad obrera.

Más allá de estas analogías, sin embargo, es necesario poner en evidencia la importancia del ejemplo polaco de huelgas de masas, y en particular el hecho de que la lucha proletaria en la época actual no es resultado de una organización previa, al contrario de lo que ocurría en el siglo pasado y de lo que pensaban "los jefes sindicales" contra quienes polémico Rosa Luxemburgo; Hoy en día, la luche surge espontáneamente de la carne misma de la sociedad en crisis, su organización no le es previa, sino que se hace en la lucha.

Este hecho fundamental les da una función muy diferente a las organizaciones revolucionarias, con respecto al papel que jugaban en el siglo pasado. Cuando la organización sindical todavía era una condición para la lucha (véase La lucha del proletariado en la decadencia del capitalismo, "Revista Internacional", n° 23[3]), el papel de los revolucionarios era participar activamente en la construcción de estos órganos de lucha. Se puede considerar, en cierto modo, que en aquella época, los revolucionarios "organizaban" a la clase obrera en función de las necesidades de la lucha cotidiana en contra del capital. Pero cuando la organización es un producto de la lucha, cuando surge espontáneamente a partir de las convulsiones que sacuden a la sociedad capitalista, ya no se puede tratar de "organizar" la clase o de preparar sus movimientos de resistencia contra los ataques crecientes del capital. El papel de las organizaciones revolucionarias se sitúa entonces en un plano muy diferente: ya no es la preparación de las luchas económicas inmediatas, es la preparación de la revolución proletaria por la defensa en estas mismas luchas de sus perspectivas mundiales, globales e históricas, y más generalmente por la defensa del conjunto de las posiciones revolucionarias.

La experiencia de las luchas obreras en Polonia, las lecciones que están sacando de ella sectores importantes del proletariado mundial (ya a principios del año manifestaron los obreros de la FIAT en Turín al grito de ¡Gdansk!¡Gdansk!), son la viva ilustración de la manera como evoluciona el desarrollo de la conciencia revolucionaria de la clase obrera. Ya lo hemos dicho, varias lecciones de la lucha polaca ya formaban parte desde hace décadas del patrimonio programático de la izquierda comunista. Pero toda la propaganda paciente y pertinaz de los grupos de esa corriente durante décadas no ha tenido ni la menor influencia si se la compara a estos meses de lucha en Polonia, con respecto a la asimilación de estas mismas lecciones por parte del proletariado mundial. La conciencia del proletariado no precede a su ser, sino que acompaña su desarrollo. Este desarrollo solo se realiza por la lucha contra el capitalismo y por su autoorganización en el combate y para el combate.

El proletariado solo puede sacar todas las lecciones de su lucha pasada y presente cuando lucha masivamente, cuando empieza a actuar como clase. Eso no significa que las organizaciones revolucionarias no tengan ningún papel que jugar en este proceso. Su función es precisamente la de sistematizar estas enseñanzas, integrarlas en un análisis global y coherente, relacionarlas con toda la experiencia pasada de la clase y a las perspectivas de su combate. Sin embargo, su intervención y propaganda en la clase solo pueden encontrar un eco en las masas obreras cuando se enfrentan, en la práctica, por experiencia viva, a las cuestiones fundamentales planteadas por esa misma práctica.

Las organizaciones revolucionarias serán capaces de hacerse oír por la clase, de fertilizar su combate, si saben apoyarse en los primeros elementos de una toma de conciencia, de las cual ellos son por otra parte, una plasmación.

PROBLEMAS NUEVOS EVIDENCIADOS POR LAS LUCHAS EN POLONIA

Aunque los movimientos importantes del proletariado sean generalmente la ocasión para volver a descubrir métodos y lecciones que sirvieron ya en la historia del proletariado, no se ha deducir que la lucha de clases es una sencilla y monótona repetición del mismo guión. Al desarrollarse en condiciones constantes de evolución, cada movimiento de la clase enriquece con sus propias aportaciones su experiencia general. En momentos cruciales de la vida de la sociedad, tales como las revoluciones o los períodos clave entre dos épocas de éstas, ocurre que las luchas particulares aportan elementos nuevos tan fundamentales para el proletariado mundial que toda la perspectiva está afectada por ellos. Ese fue el caso de la Comuna de París, de las revoluciones de 1905 y 1917 en Rusia. La Comuna hizo descubrir al proletariado la necesidad de destruir de arriba abajo el aparato estatal de la burguesía. La revolución de 1905, que se situó entre la fase ascendente y la fase de decadencia del capitalismo, permitió a la clase inventar los instrumentos que necesitaba en el nuevo período, tanto para resistir a los ataques del capital como para ir al asalto del poder, o sea, la huelga de masas y los consejos obreros, Octubre de 1917 permanece como la única experiencia seria de toma del poder político en un país por el proletariado, experiencia que debe permitirle hoy enfrentar mucho más armado que en el pasado los problemas de la dictadura del proletariado, de sus relaciones con el Estado del período de transición y del papel del partido proletario en el conjunto del proceso revolucionario.

A pesar de su importancia, la lucha obrera en Polonia no ha aportado a la experiencia del proletariado elementos tan fundamentales como los que acabamos de evocar. Es necesario señalar no obstante unos problemas que ya se plantearon desde hace tiempo en el plano teórico, que nunca han sido resueltos decididamente por la práctica y que las luchas en Polonia vuelven a poner hoy en el primer plano de las preocupaciones de la clase.

En primer lugar, las luchas de Polonia son la ilustración de un fenómeno general que ya señalamos en nuestra prensa, una novedad en la historia del movimiento obrero: no se desarrolla la ola revolucionaria del proletariado a partir de una guerra (tal como se produjo en 1905 y 1917 en Rusia, en 1918 en Alemania y el resto de Europa), sino a partir del hundimiento económico del capitalismo, tal como Marx y Engels lo pensaron en el siglo pasado. Ya hemos analizado ampliamente en varios textos las características que las condiciones imponen a la ola actual de luchas obreras: movimientos duraderos, movilizados a partir de reivindicaciones esencialmente económicas (mientras que en 1917, por ejemplo, la reivindicación esencial -la paz - era directamente política). No volveremos a tratarlo aquí sino para constatar que esas nuevas circunstancias exigen por parte de los revolucionarios vigilancia, modestia, inteligencia crítica, estar lo bastante despiertos para no enredarse en viejos esquemas hoy en día caducos. En estos esquemas rígidos se han encerrado los grupos que siguen considerando que el próximo movimiento revolucionario surgirá de la guerra imperialista como en el pasado. Las luchas de Polonia son precisamente la demostración que no será capaz el capitalismo de dar sus soluciones propias a la crisis general de su economía, si no pone al paso a la clase obrera. Mientras las diferentes fracciones nacionales de la burguesía estén amenazadas en tanto que clase por la combatividad obrera, nunca, dejarán que sus propias luchas internas por la hegemonía mundial degeneren en una confrontación general que las debilitaría ante su enemigo común y mortal: el proletariado. Eso es lo que ha demostrado el año 1980: aunque su primera parte está marcada por una agravación sensible de las tensiones entre los dos bloques imperialistas, estas mismas tensiones - sin dejar de existir- pasan al segundo plano en las preocupaciones de la burguesía mundial tras las huelgas del mes de Agosto. Lo que más le importa hoy es coordinarse para hacer todo lo posible con el fin de ahogar la combatividad obrera. Y ninguno de sus sectores ha faltado a la lista. URSS y compinches mezclan maniobras militares y promesas de "ayuda fraternal" para intimidar a los obreros polacos, sin olvidar de denunciar a Walesa y Kurón cada vez que incesantes operaciones antihuelgas de éstos tienden a deshonrar sus apellidos. Los países occidentales otorgan créditos a fondo perdido y reparten productos alimenticios de primera necesidad baratísimos; mandan a sindicalistas con material propagandístico y buenos consejos a "Solidaridad"; hacen lo posible para acreditar la tesis de la intervención de las tropas del pacto de Varsovia si las cosas no se calman, delegan al canciller "socialista" austriaco Kreisty y al presidente de la Internacional Socialista Brandt para exhortar "al trabajo" a los obreros polacos.

En resumen, aunque los diferentes gángsteres que se reparten el mundo no dejan pasar la más mínima ocasión de liarse a tiros, están decididos a realizar la "unión sagrada" en cuanto se manifiesta el enemigo proletario. Tal como se ha iniciado, la lucha de la clase obrera es hoy el único obstáculo frente a una nueva guerra generalizada. Los acontecimientos de Polonia demuestran una vez más que la perspectiva no es la guerra mundial, sino la guerra de clases. La revolución venidera no surgirá de la guerra interimperialista, porque en realidad, ésta sólo podrá realizarse sobre el cadáver de la revolución.

El otro problema planteado por los acontecimientos de Polonia se refiere más específicamente a la naturaleza de las armas burguesas que tendrá que enfrentar la clase obrera en los países del bloque del Este.

Se ha podido constatar en Polonia que la burguesía del Este tuvo que adoptar, a pesar de sus pesares, la táctica corriente utilizada en Occidente: repartirse la faena entre equipos gubernamentales, por un lado, a quienes les toca "hablar claro" el lenguaje de la austeridad, de la represión y de la intransigencia (estilo Reagan o Thatcher), y por el otro lado, equipos de oposición con lenguaje obrero que se encargan, por su parte, de paralizar las réplicas obreras contra los ataques capitalistas. Pero mientras las burguesías occidentales tienen decenas de años de experiencia de este tipo de reparto de responsabilidades y disponen para ello de un sistema "democrático", las burguesías del bloque del Este, cuyo modo de dominación se basa en la existencia del partido-Estado dueño absoluto de todos los resortes de la sociedad, tiene dificultades mayores para hacer la misma jugada.

Ya sacábamos a relucir esta contradicción en 1980: "(...) Pero el régimen estalinista sigue sin poder tolerar, sin daños y riesgos, la existencia de esas fuerzas de oposición. Su fragilidad y su rigidez congénita no han desaparecido por tanto, por la gracia del estallido de la luchas obreras. ¡Muy al contrario!. Obligado a tolerar en sus entretelas a un cuerpo extraño, del que tiene necesidad para sobrevivir, ..., pero "que rechaza con todas las fibras de su organismo, el régimen está sumido hoy en las convulsiones más dolorosas de su historia" (esta revista n° 24, pág.5).

Desde entonces, al partido ha logrado estabilizar su situación interna en torno a Kania gracias a su IX Congreso y una vez más a la colaboración de las grandes potencias y también ha logrado estabilizar un modus vivendi con "Solidaridad". Tal modus vivendi no está exento de ataques y denuncias acerbas. Forman parte de la jugada que les permite ser creíbles en su papel respectivo, como en Occidente enseñando los dientes, el "malo" quiere demostrar que no nos vacilarán en reprimir si es necesario, y de este modo atraer la simpatía del público hacia el "bueno", quien se da un aire heroico desafiando al "malo".

Claro está que los enfrentamientos, entre "Solidaridad" y el POUP no son puro teatro como tampoco es puro teatro la oposición entre izquierdas y derechas en los países occidentales. En éstos, el marco institucional permite generalmente la "gestión" de estas oposiciones para que no amenacen la estabilidad del régimen y también para que las luchas por el poder sean contenidas y se solucionen con la fórmula más apropiada para enfrentar al enemigo proletario. En cambio, si la clase dominante ha logrado instaurar mecanismo de este estilo en Polonia, a través de mucha improvisación pero por ahora con éxito, nada prueba que se trate de una fórmula definitiva exportable hacia otros "países hermanos". Las mismas invectivas que sirven para dar créditos a un socio-adversario cuando éste es indispensable para el mantenimiento del orden pueden ser utilizadas para aplastarlo en cuanto ha perdido su utilidad (véase las relaciones entre fascismo y democracia entre las dos guerras mundiales).

Al obligar a las burguesías de Europa del Este a repartirse los papeles de un modo al cual son estructuralmente refractarias, las luchas obreras en Polonia han creado una contradicción viva. Todavía es demasiado temprano para prever como se resolverá. La tarea de los revolucionarios cara a una situación históricamente nueva ("una época de lo nunca visto", dijo Gwiazda, leader de Solidaridad) es estar atentos a los hechos con modestia.

LAS PERSPECTIVAS

Prever detalle por detalle como se desarrollará la situación es una tarea que escapa a la competencia de los revolucionarios. Pero en cambio, partiendo de la experiencia, han de ser capaces de despejar las perspectivas más generales del movimiento e identificar de antemano cada paso que ha de cumplir el proletariado en su avance hacia la revolución. Ese próximo paso, ya lo hemos definido en los días que siguieron las luchas del Agosto 1980 (Véase el panfleto internacional difundido por la CCI, Polonia, en el Este y el Oeste una misma lucha obrera contra la explotación capitalista, 6/9/80), es la generalización de las luchas a nivel mundial.

El internacionalismo es una de las posiciones básicas del programa proletario, incluso la más importante. Ya se expresó con fuerza en el lema de la "liga de los Comunistas" de 1847 y en el himno de la clase obrera. Sirve de frontera de clase entre las corrientes proletarias y las burguesas en las Segunda y Tercera Internacionales en degeneración. Esta importancia del internacionalismo no viene de un principio general de fraternidad humana, sino que expresa una necesidad vital de la lucha del proletariado. Ya podía escribir Engels en 1847: "La revolución comunista no será una revolución puramente nacional. Sucederá en todos los países civilizados al mismo tiempo..." ("Principios del Comunismo").

Los acontecimientos de Polonia evidencian esta afirmación. Demuestran la necesidad de la unidad mundial del proletariado frente a una burguesía quien por su lado, es muy capaz de concertarse y ser solidaria por encima de todos sus propios antagonismos imperialistas en cuanto ha de enfrentarse a su enemigo mortal. A este respecto, no podemos más que denunciar la consigna totalmente absurda de la "Communist Worker's Organisation", la cual, en el n° 4 de Worker's Voice llama a los obreros polacos a "la revolución ya". En ese artículo, la CWO pone cuidado en precisar que "llamar a la revolución hoy no es aventurismo típico de un botarate" diciendo que: "(como) el enemigo de clase ha tenido doce meses para preparar el aplastamiento de la clase y que los obreros polacos no han creado todavía la dirección revolucionaria consciente que la situación, exige, las posibilidades de victoria son mínimas".A pesar de su inconsciencia, la CWO se da por lo menos cuenta de que la URSS no dejaría que el proletariado hiciera la revolución ante sus mismas narices, pero encontró la solución: "Llamamos a los trabajadores de Polonia a emprender el camino de la lucha armada contra el Estado capitalista y fraternizar con los trabajadores de uniforme que sean mandados para aplastarlos". ¡Mira que bien! Vaya genialidad: basta con fraternizar con los soldados rusos. Cierto es que no hay que excluir esa posibilidad. Es una de las razones que explican por qué la URSS no ha intervenido en Polonia para meter en cintura al proletariado. Pero de ahí, a pensar que el Pacto de Varsovia ya no podría encontrar medios para ejercer una represión es hacerse increíbles ilusiones en cuanto a la madurez actual de las condiciones de la revolución en toda la Europa del Este y en el mundo entero. Pues de eso se trata: el proletariado no podrá hacer la revolución en un país más que si por todas las demás partes ya están en marcha. Y no será alguna que otra huelga que haya habido en Checoslovaquia, en Alemania del Este, en Rumania y hasta en Rusia desde Agosto de 1980 lo que puede permitir decir que la situación está madura en esos países para los enfrentamientos generalizados de clase.

El proletariado no podrá hacer la revolución "por sorpresa". Una conmoción así será el resultado y el punto culminante de una marea de luchas internacionales de las que hasta ahora hemos visto un tímido principio. Cualquier tentativa del proletariado en tal o cual país de echarse al asalto del poder sin tener en cuenta el nivel de las luchas en los demás países estaría condenada a un fracaso sangriento. Y los que, como la CWO, llaman a los proletarios a lanzarse a semejantes intentos son imbéciles irresponsables.

La internacionalización de las luchas no es solamente indispensable en tanto que etapa hacia la revolución proletaria, como medio de parar el brazo asesino de la burguesía contra los primeros intentos de toma del poder por el proletariado. Es una condición para que los proletarios polacos y de los demás países puedan superar las patrañas que los mistifican y los paralizan en su combate. Efectivamente, si se miran de cerca las causas del actual éxito de las maniobras de "Solidaridad", se puede comprobar que se debe esencialmente al aislamiento en que se encuentra todavía el proletariado en Polonia.

Mientras el proletariado de los demás países del bloque del Este, y particularmente el de Rusia, no se haya puesto a luchar, el chantaje de la intervención de los "países hermanos" podrá seguir funcionando, y el nacionalismo antiruso y la religión que le acompaña seguirán teniendo gran peso.

Mientras la práctica misma de una lucha mundial no haya hecho comprender a los proletarios que no tienen "economía nacional" que defender, que no hay posibilidad de mejora de la gestión de esa en el marco de un país y en las relaciones de producción capitalistas, los sacrificios en nombre del "interés nacional" serán aceptados, las patrañas sobre la "autogestión" encontrarán eco.

En Polonia, como por todas partes, el siguiente paso cualitativo de las luchas depende de su generalización a escala mundial. Eso es lo que deben decir los revolucionarios claramente a su clase, en lugar de presentar las luchas obreras en Polonia como resultado de condiciones históricas específicas de ese país, A este respecto, un artículo como el de "Programme Communite", n° 86 (revista teórica del PCInt), que se remonta a los repartos de 1773, 1792 y 1795 y al "heroísmo de Kosciuszko" para explicar las luchas actuales en lugar de ponerlas en el marco de la reanudación mundial de los cambares de clase, un artículo que pone al proletariado polaco como heroico heredero de la burguesía polaca revolucionaria del siglo pasado y desprecia la burguesía polaca de hoy por su sumisión a Rusia, semejante artículo, a pesar de las frases internacionalistas que contenga, no contribuye en nada en la toma de conciencia de la clase obrera.

Más que nunca, de lo que se trata es de afirmar claramente como ya lo hicimos nosotros en Diciembre de 1980: "En Polonia, el problema solo podía ser planteado, le toda al proletariado mundial resolverlo" (Revista Internacional, n° 24).

Es el propio capitalismo mundial el que, con la generalización de su hundimiento económico, está creando las condiciones de ese surgimiento mundial de la lucha de la clase.

F.M 3/10/81

[1] Ver Notas sobre la huelga de masas: http://es.internationalism.org/rint/1981/27_huelgamasas

[2] Ver el folleto de Rosa Huelga de masas, partido y sindicatos. Se puede encontrar en formato PDF en: http://www.marxists.org/espanol/luxem/06Huelgademasaspartidoysindicatos_0.pdf

[3] Ver http://es.internationalism.org/node/2265